La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la adaptación.
¡Hola a todas! Hoy es mi cumpleaños y he querido actualizar algunas de las historias como sorpresa para vosotras espero que disfrutéis ;)
CAPÍTULO 3
CPOV
-Probablemente debería volver a mis tareas y seguro tú tienes cosas que hacer –comentó Nik apuntando hacia los recipientes junto a mi puerta-. Disculpa si te atrasamos.
-¡Oh, no! –respondí rápidamente –Iba a ir con mi hermana para el almuerzo pero hubo un… inconveniente y eerrmm… me vi en la necesidad de regresarme.
-De acuerdo, pero nosotros si deberíamos apurarnos, un placer Caroline, nos veremos por ahí, supongo –se despidió Nik.
-¡Hey! Mmm… -me volteé para tomar los refractarios y después tendérselos-. Por qué no los tomas, deben tener hambre y os llevará mucho tiempo instalaros y cocinar.
-No, como crees. No te preocupes, podemos pedir algo –negó amablemente Nik, en ese momento Kol le jaló del pantalón para llamar su atención.
-Yo si tengo hambre –susurró, aunque pretendió ser discreto fui capaz de oírlo.
-Yo también –continuó Bekah imitando el tono de Kol.
-Considéralo un obsequio de bienvenida –interrumpí-. No es mucho, solo un poco de ensalada y sándwiches de pollo teriyaki pero creo que será suficiente.
-¿Nik? –dijo Bekah. Ella y Kol cambiaban miradas entre los recipientes y Nik. Él suspiró y tomó los refractarios de mis manos.
-Gracias, Caroline… ¿niños?
-¡Gracias Caroline! -dijeron al unísono haciéndome reír.
-Cuando queráis –respondí alegremente.
Me giré para recoger mis llaves, estaba abriendo mi puerta cuando de reojo vi como Nik hacia malabares para mantener la comida y buscar en sus bolsillos las llaves. Me reí suavemente.
-¿Ayuda? –dije simplemente volteándolo a ver.
-Gracias –contestó aliviado mientras me pasaba los refractarios-. Juro que no seremos así todo el tiempo.
Le sonreí en respuesta, no quería volver a pasar vergüenza con él admitiendo que en realidad la idea de que me pidieran ayuda me emocionaba más de lo debido. Nik sacó la llave de su bolsillo derecho e instantáneamente abrió la puerta. Kol y Bekah prácticamente saltaron dentro, los dos en su entusiasmo tiraron las cosas que cargaban en la entrada del departamento.
-¡Uauuuu! –gritó Bekah-. Kol, Nik mirad –continuó corriendo hacia la ventana, debo admitirlo una de las cosas buenas del Post Street son sus visitas, incluso en el tercer piso.
-¡Oh Bekah! Ven a ver los cuartos –gritó Kol desde el pasillo, acto seguido un bólido de niña cruzó el departamento.
-Están muy emocionados –comenté a Nik que estaba metiendo las cajas del pasillo.
-No los culpo, los pobres han tenido meses difíciles- susurró, yo agarré valor y sin ser invitada me adentré más al apartamento para poner los refractarios en el pequeño desayunador de la cocina.
-Les encantará este lugar, cuando sirvan los elevadores deberás llevarlos a la azotea, la vista es increíble.
-Me aseguraré de hacerlo entonces.
-¡El baño tiene tinaaa! –gritó Bekah provocando la risa de Nik y la mía.
-¡Niiiiik! ¿Cuál va a ser nuestro cuarto? –preguntó Kol mientras corría de regreso a la sala.
-Después vemos ¿está bien? Necesito descargar nuestras cosas.
-Oh, vamos –contestó Kol medio desilusionado dirigiéndose a la puerta.
-No, Kol –lo detuvo Nik-. Necesito que te quedes con tu hermana, yo iré por las cosas, vosotros solo portaros bien comed algo y no salgáis de aquí.
-Yo puedo… -dije haciendo que Nik volviera su atención a mí-. Digo si quieres, yo puedo cuidar a tus…
-Hermanos –completó Nik divertido ante mi momento de duda, mi cara debió demostrar mi perplejidad porque Nik comenzó a soltar risitas-. Son mis hermanos.
-Claro –dije sonrojada, bajando la mirada poniendo especial interés en mis zapatos-. Bueno, puedo ayudarte, si quieres.
-Sería bastante abusivo de mi parte, ni 24 horas llevamos aquí y ya has de pensar que somos unos vecinos aprovechados –iba a protestar pero Nik continuó-. Sin embargo, apreciaría muchísimo que te quedarás con ellos, sino tienes nada que hacer, claro está.
-No, no hay problema.
-Gracias Caroline –dijo mientras caminaba hacia la puerta y cuando llegó se giró para verme-. También has de pensar que soy un terrible hermano, dejando a dos pobres criaturitas con alguien que apenas conocimos.
-¡Oh! no, no, sería incapaz…. –comencé a explicarme pero me detuve en cuanto escuché a Nik reírse.
-Fue broma, Caroline, confío en ti –me dijo sonriendo mientras salía del departamento-. Ahora, eso es lo extraño –susurró la última parte, haciéndome dudar si en verdad lo dijo o mi imaginación ya me estaba jugando otra broma de mal gusto como era su costumbre.
NPOV
Algo me pasaba, estaba seguro. En cuanto le dije esas palabras a Caroline me asombré de lo ciertas que eran. Confiaba en ella, pero por qué. No tenía ni más de media hora que la conocía y ya era capaz de confiarle a mis hermanos sin dudarlo siquiera. Durante toda mi vida he sido un desconfiado por naturaleza, las únicas personas en las que confiaba murieron hace cuatro meses y nunca nadie, por muy buenas intenciones que tuviera, se ha hecho merecedor de mi confianza. ¿Por qué ella?
Está claro que Caroline es hermosa por decir lo menos, jamás pensé llegar a decirlo pero si tuviera que describir a mi mujer perfecta, sería como ella: pelo rubio que se ve de un sedoso increíble, ojos azules sumamente expresivos, nariz fina, labios carnosos y perfectamente rosas, mejillas color crema con sorprendente capacidad de sonrojarse alcanzando un color adorable, figura delicada, piel cálida y visiblemente suave que hace que se te active el instinto de protección solo con verla. Y no solo eso, en el poco rato que llevaba de conocerla me di cuenta que era cariñosa, desinteresada, amable, comprensiva, tímida, sensible… simplemente encantadora. Sé que parezco un loco pervertido obsesionado por su siguiente víctima, pero es que hay en ella que me hace querer conocerla, hay algo que la hace diferente a las demás. Es por eso que me sorprendió que saltara a la conclusión de que soy padre, todo el mundo lo hace, pero el hecho de que fuera ella me hizo sentir… incómodo.
Algo me pasaba… con ella específicamente. Tal vez era porque era de las escasas dos personas que se han mostrado genuinamente interesados en ayudarme desde la muerte de mis padres: mi mentor y ella, solo que mi mentor ya tenía años de conocerme y habíamos formado una relación que se podría decir de amigos más que de colegas, fue una reacción esperada. ¿Pero Caroline? Solo tenía una sola respuesta en mi cabeza en esos momentos: Caroline es única.
Sonreí al pensar que no solo encontramos un buen apartamento sino también una increíble vecina, los enanos ya parecían adorarla y yo no podía estar más entusiasmado por la idea de tener a Caroline a escasos metros de distancia y ante la posibilidad de entablar una amistad con ella. Sin duda la estancia aquí cada vez se hacía más y más interesante.
Tuve que cortar mis pensamientos en cuanto toqué a la puerta del Sr. Cooper, hace rato mientras bajaba por la caja que Kol había olvidado y otras dos que extraje de camión, el señor amablemente me ofreció un carrito montacargas y la idea no podía ser más atrayente, estaba deseoso de acabar con la mudanza.
-Señor Salvatore, que puedo hacer por usted –el señor Cooper preguntó sonriéndome amablemente.
-Me preguntaba si aún está en pie la oferta del montacargas.
-Oh, claro, faltaba más –contestó saliendo de su departamento-. Vamos a la bodega que es donde los tengo guardados.
-Gracias.
Después de que el Sr. Cooper me entregara un carrito no perdí tiempo en cargarlo con cuantas cajas se pudiera y subirlo al departamento junto con una maleta de ruedecitas. En cuanto entré fui recibido por una de las escenas más tiernas que haya visto.
Mis enanitos estaban sentados en los bancos del desayunador, se veían graciosísimos en ese enorme taburete con sus piernecitas colgando. Caroline acababa de darle un vaso de lo que parecía zumo a Kol y se inclinó hacia Bekah para gentilmente limpiarle la boca con una servilleta, una sonrisa tierna en sus labios. Adorable.
-¿Todo bien, enanos? –pregunté para llamar su atención mientras descargaba el carrito.
-¡Nik! –dijo Bekah entusiasmada-. Caroline me dijo que ella me puede arreglar a Hippo.
-¿Qué le pasó a Hippo, princesa? –dije mientras seguía con mi tarea.
-Nos caímos juntos hace rato –respondió como si fuera la cosa más evidente del mundo.
-¿Y? –continué.
-Y se raspó su patita, mira se le salen los intestinos –alcé la vista justo para ver como Bekah sacaba el relleno de su peluche, no tuve más que reír, solo un niño de 4 años tan curioso y ávido por aprender como ella se le puede ocurrir semejante cosa.
Me acerqué para darle un beso en la cabeza y ella me correspondió con la más grande de sus sonrisas.
-Anda sigue comiendo –la incité cuando vi que su plato todavía tenía comida me gire para ver a Kol y le revolví suavemente su de por si alborotado cabello, estaba tan ocupado comiendo su sándwich que lo único que hizo fue desviar ligeramente su vista para verme y con la misma regresar a su objeto de atención.
Negué con la cabeza divertido antes de voltear a ver a Caroline, sus ojos brillaban en una mezcla de diversión, ternura y hasta podría decir que añoranza. Sus labios estaban curvados en una sonrisa tímida.
-Gracias –le dije honestamente apuntando hacia la comida-. Sé que no teníamos platos ni mucho menos zumo.
Ella se ruborizó instantáneamente, mordiéndose el labio inferior.
-No es gran cosa –respondió casi en un susurro.
Le sonreí amablemente, era tan fácil leer sus expresiones. Podría decir sin temor a equivocarme que no le gustaba ser reconocida por sus acciones. Y estaba más allá que equivocada si pensaba que esto no era la gran cosa, no tenía ni idea de lo mucho que sus pequeñas atenciones significaban para una familia con una historia como la nuestra.
-Has sido muy amable, lo menos que puedo hacer es darte las gracias –el rubor de Caroline se intensificó sorprendentemente, así que decidí dejar de incomodarla y seguir con la tediosa tarea-. No falta mucho, dos o tres vueltas más y acabo.
Caroline asintió tímidamente con la cabeza, le volví a sonreír antes de caminar para recoger el carro.
-Mmm… ¿Nik? –me llamó Caroline nerviosa.
-¿Si? –contesté volteando a verla.
-Yo pensé… que a lo mejor… ya sabes, podrías tener hambre y, bueno… -Caroline trastabilló después paró para tomar un respiro y continuó-. Se me ocurrió que podrías ir comiendo el sándwich mientras vas de regreso al camión.
Caroline me estiró un sándwich cuidadosamente envuelto en una servilleta, lo tomé ávidamente, la verdad es que estaba hambriento.
-Gracias –dije sencillamente.
-¿Quieres zumo? –preguntó aun tímida pero con una sonrisa en sus labios-. O puedo traerte agua, té helado, café, no sé qué más tengo per puedo revisar, aunque no tengo mucho pero algo es algo o puedo…
-Zumo está bien –le aseguré divertido. Increíble como sus nervios la hacían reaccionar, en un minuto lucha por encontrar las palabras y al otro se pone a balbucear como carretilla-. Me lo tomo cuando regrese, gracias.
-De acuerdo –contestó alegre y después regresó con mis hermanos.
Agarre el montacargas con una mano y me dirigí hacia las escaleras, en el trayecto me fui comiendo el sándwich, aunque atragantarse sería un mejor término, estaba tan rico que olvidé los modales y simplemente mastiqué como poseído.
La tarde pasó lenta y extenuante, más de lo que me hubiera gustado, resultó que al final no di las tres vueltas que había pensado sino ocho, porque, no tengo idea pero las cajas parecían multiplicarse. Me sentía adolorido de todo el cuerpo por lo que decidí llamar a la compañía de mudanzas para que uno de sus trabajadores recogiera el camión, la simple idea de manejar ese animalote de nuevo era todo menos atrayente.
Caroline insistió en prepararnos la cena y aunque yo me negué incansablemente, argumentando que ya había hecho bastante por nosotros en un solo día, acabé aceptando su propuesta. Al parecer había encontrado a alguien aún más necio y testarudo que yo, por imposible que parezca.
Después de tomar una ducha express, decidí usar el poco tiempo que tenía libre en algo provechoso antes de ir con Caroline. Arreglé a los monstruillos lo mejor que pude aunque por más que lo he intentado por meses, parezco un total inepto cuando trato de peinar a Bekah, simplemente esa tarea rebasa mis capacidades. Así que la pobre niña termina con dos opciones: verse mediocremente decente con su cabello suelto y una diadema o verse como si acabara de ser arrastrada por el suelo usando su cabello, con coletas chuecas, caídas y mal amarradas. Lo mejor del asunto es que era bastante chica como para preocuparse de su apariencia, así que puedo descartar cualquier daño psicológico producido por mi ineptitud.
Cuando terminé de luchar con las imposibles ligas de Bekah, nos dirigimos hacia el supermercado que se encontraba convenientemente a dos cuadras del edificio. Los enanos estaban felices caminando delante de mí agarrados de las manos y platicando alegremente de un cuento que Caroline les leyó mientras los cuidaba. Estaba sorprendido del cambio de Kol, ahora parecía que se dejaba llevar más por los instintos propios de un niño de seis años y no podía estar más contento por eso, solo era cuestión de tiempo y dedicación para que volviera a ser el mismo. Al parecer el cambio de casa iba a ser beneficioso en muchos sentidos.
Al llegar al supermercado, coloqué a Bekah en el asiento del carrito y tomé a Kol de la mano, recorrimos todos los pasillos buscando las cosas más esenciales. Para no perder la costumbre, todas las personas con que nos cruzábamos se nos quedaban viendo y algunas hacían comentarios de mal gusto como "eso le pasa por calenturiento" o "pues con cuantos años los tuvo si se ve tan joven" y nunca falta la mujer que decía que un hombre con niños chiquitos es sexy. Enfermizo.
Después de algunos debates sobre que cereal comprar, que aroma de champú les gustaba más, que sabor de helado querían probar hasta porque una manzana se veía más apetecible que la otra, fuimos capaces de salir de ahí. El regreso fue lento pero agradable, escuchar las ocurrencias de mis hermanos siempre es interesante. Cuando llegamos al edificio tomé inmediatamente la mano de Bekah por aquello de que se fuera a emocionar en las escaleras otra vez y nos dirigimos al apartamento.
Eran cerca de las 6:30 de la tarde cuando terminé de guardar las cosas que compramos, tenía la intención de empezar a mover las cajas que estaban por todos lados pero los enanos tenían otra cosa en mente.
-¡Ya es hora de ir con Caroline! –gritó Bekah desde el pasillo.
-No, princesa. Quedamos que a las 7:00.
-Pero yo quiero ir con ella –respondió haciendo ese infame pucherito casi imposible de resistir.
-Pero todavía no es hora enana.
-Porfiss… -siguió insistiendo ahora pestañeando rápidamente, creando una imagen que enternecería al más desalmado ser viviente.
-Vamos a ver si ya podemos ir y si no nos regresamos –sugirió Kol sumándose al chantaje emotivo con esa sonrisa inocente tan propia de él.
Suspiré derrotado, la verdad es que con Bekah no tenía ni pizca de posibilidad de ganar, ahora con los dos juntos era imposible. Además tampoco me iba a poner muy difícil si yo mismo ansiaba ver a Caroline de nuevo y sobre todo platicar con ella, empezar a conocerla.
-De acuerdo, vamos –dije tomando las llaves del departamento.
Ni siquiera había acabado de hablar cuando los dos salieron disparados hacia la puerta, tampoco se molestaron en esperarme para salir juntos, cuando llegué al pasillo del piso Kol ya estaba tocando la puerta de Caroline. Rodé los ojos ante la impaciencia de mis hermanos, estaba por cerrar el apartamento cuando escuché la puerta abrirse, instantáneamente Bekah gritó.
-¡Carolineee!
-Hola, pequeños. Pasad –dijo alegremente y mis hermanos ni tardos ni perezosos obedecieron inmediatamente.
-Estaban algo impacientes por venir, disculpa que lleguemos temprano.
-No hay problema, la cena estará lista en diez minutos máximos –hizo un gesto para que pasara, no me asombró encontrarme con un apartamento arreglado de manera simple pero sofisticada, todo parecía reflejar la personalidad de Caroline, en cuanto entrabas sentías esa sensación de tranquilidad y comodidad.
-Quieres que te ayude en algo –dije mientras la seguía a la cocina, los niños detrás de mí.
-No, tranquilo. Solo falta aponer la mesa.
-¡Ah! Seguro a Bekah y Kol no les importará hacerlo, ¿verdad? –me volteé para ver a mis hermanos con una ceja levantada como esperando a que me contradijeran, pero Kol simplemente se encogió de hombros y Bekah sonrió alegremente.
-De acuerdo –dijo Caroline, pasándole a cada niño dos vasos, ella cargó los platos con los cubiertos y servilletas y salieron de la cocina-. Nik podrías traer las copas.
-Seguro –respondí, cuando vi cuatro copas en la repisa me sorprendí. Iba a hacer el comentario pero me detuve en cuanto entre en al comedor y vi como Caroline les enseñaba amablemente a mis hermanos como poner la mesa y doblar las servilletas. Por alguna razón esa vista me provocó un estrujamiento en el pecho. Parecía todo tan natural, la forma en que mis enanos se relacionaban con Caroline y como ella los trataba como si los quisiera de toda su vida. Contuve el suspiro que amenazaba con salir y me obligué a cambiar de pensamientos antes de que estos se volvieron a un rumbo más peligroso.
-Acaso piensas servir alcohol a menores de edad –dije conteniendo la risa y agitando las cuatro copas antes de ponerlas en la mesa. Caroline me sonrió divertida y negó con la cabeza.
-No te preocupes, te prometo que no probaras ni gota de alcohol –me guiñó el ojo siguiéndome el juego, sus labios apretados tratando de no sonreír.
-¡Oh! Me siento alagado, eso quiere decir que aparento menos de 18 –Caroline rodó los ojos y mis hermanos soltaron risitas ante nuestro intercambio.
-No te emociones, Nik –dijo sonriente, caminó hacia la cocina y regresó un momento después tendiéndome una botella de vino-. ¿Puedes abrirla, por favor? Voy a sacar la comida del horno.
-Así que en serio piensas inducir al vicio a inocentes criaturas –hablé un poco más alto para que pudiera escucharme desde la cocina.
-Por quien me tomas, Nik –dijo cuándo regresó al comedor, su cara reflejaba total shock e inocencia que estuve a punto de disculparme, estaba por hablar cuando Caroline rompió a carcajadas-. Eres gracioso, Nik. Hubieras visto tu cara, no te preocupes tengo zumo de manzana espumoso para ellos… totalmente libre de alcohol.
-Ya decía yo, eres demasiado dulce para corromper menores –inmediatamente que dije eso, las mejillas de Caroline se pintaron de un rosa intenso que se me hizo de lo más atractivo. Ella dejó el recipiente que traía en las manos en el centro de la mesa y regresó casi corriendo a la cocina. Si seré idiota pensé cuando fui capaz de registrar que mis palabras la incomodaron.
Caroline regresó con otro refractario y aun sin voltear a verme lo colocó en la mesa. Idiota, idiota, idiota… traté de buscar un cambio de conversación pero mi cerebro se negó a cooperar. Seguía luchando por encontrar algún tópico seguro cuando Caroline habló.
-Niños, venid a sentaros… -después se giró para por fin verme, se sonrojo ligeramente en cuando nuestros ojos se encontraron-. Nik, lo más seguro es que Bekah no alcance la mesa, porque no tomas unos cojines de la sala.
-Buena idea –murmuré rápidamente, agradecí que me pidiera ir a la sala así tuve tiempo de aclarar mi mente. Cuando regresé con dos cojines, me di cuenta de cuan en lo cierto estaba Caroline, lo único que se veía de Bekah por sobre la mesa era de su nariz para arriba. Reí suavemente y me dirigí a asistirla. Con cuidado la cargué y coloqué los cojines en la silla, cuando la volví a sentar Bekah me dio un besito en la mejilla y me susurró un gracias. Le sonreí y besé su frente en respuesta, cuando me enderecé vi a una Caroline estática cargando una botella, sus ojos se veían llorosos.
-¿Estás bien? –pregunté consternado.
-¿Eh? Aaah si, perdón –contestó, se acercó a la mesa y le sirvió el jugo espumoso a los niños, después se volteó a verme-. Tienes una bonita familia.
-Lo sé, gracias –dije sinceramente. Ella me sonrió tan tiernamente con sus ojos aun cristalinos que me dieron ganas de abrazarla. Se sentó junto a Kol y enfrente de Bekah indicándome con la mano que ocupara el lugar junto a mi enanita.
-Espero que les guste –dijo mientras empezó a servir los platos. Debo admitir que desde que llegamos me di cuenta que olía delicioso pero cuando destapó los recipientes se me hizo agua la boca. Caroline había hecho lo que parecía filete mignon bañado en una salsa café con hierbas, puré de papa y espárragos para acompañar.
-Todo huele y se ve muy bien.
-¡Yumiii! –dijo Bekah. Kol estaba con los ojos sumamente abiertos viendo la comida su boca estaba en forma de "O". Me sentí mal por ellos… más bien por los tres, sino íbamos a restaurantes no había forma de que en casa comiéramos así. Para los tres todo eso representaba un cambio agradable.
Caroline alzó su copa para brindar.
-¡Por mis nuevos vecinos! –dijo sonriente.
-¡Por Caroline! –dijo Kol, haciéndola sonrojar.
-¡Por Carolineee! –terminó Bekah.
-¡Salud! –dije patéticamente no queriendo incomodarla con mis palabras, no estaba tan seguro que si yo brindaba por ella lo iba a tomar también como con los enanos.
Todos sonreímos, chocamos las copamos y bebimos alegremente.
-Y… -dije tratando de hacer conversación-. Todos los vecinos son como tú, digo amables y eso o hay alguno de que nos debamos cuidar.
Caroline rio suavemente antes de contestar.
-Siendo sincera no lo sé, no trato mucho con ellos a excepción de la Sra. Lucy que vive en el 301, es muy agradable aunque de ideas poco convencionales –negó con la cabeza antes de continuar-. Por otra parte, el señor de abajo, el del 204, él es muy poco tolerante. Lo mejor es no cruzarse en su camino.
-Eso es un consejo útil –dije como respuesta, ella asintió mientras comía. Por un rato estuvimos en silencio simplemente disfrutando la maravillosa comida, de vez en cuando Bekah o Kol comentaban lo rico que estaba todo y debo agregar que se volvieron locos con el zumo espumoso, jamás lo habían probado y les encantó.
Durante la charla pude conocer a Caroline un poco más, me contó que nació en Mystic Falls Virginia y se vino a San Francisco cuando tenía 13 años, aunque no fue muy detallista en esa parte, hasta pude ver un rastro de tristeza mientras hablaba. También me enteré que estudió en la facultad de letras y ciencias de la Universidad de Berkeley y que trabaja para el San Francisco Examiner aunque su gran sueño es trabajar en una editorial. Cada palabra que decía las escuchaba con autentico interés.
-No es por ser grosero o metiche, es simple curiosidad –le dije después de un rato-. Es solo que el departamento es bastante grande para una sola persona ¿vives con alguien o simplemente te gusta vivir en espacios amplios?
-Solía vivir con alguien –respondió tranquilamente, sus ojos mostraban diversión.
-¡Oh! Y que pasó –no pude evitar preguntar.
-Me dejó por otro –respondió encogiéndose de hombros.
¿Otro?
-¿Otro? –vocalicé mis pensamientos y tragué en seco para continuar-. Quieres decir que tu… pareja resultó ser… -dejé la frase sin terminar consciente de que había niños presentes.
Caroline rompió a carcajadas echando la cabeza hacia atrás para recargarla en el respaldo de la silla, sus manos sostenían su estómago. Pocos segundos después Kol y Bekah se encontraban también riendo a carcajadas sin saber porque, la risa de Caroline era contigiosa. Hasta yo me hubiera reído sino hubiera estado tan confundido ¿el novio la deja por otro hombre y ella se ríe? Cando se calmó un poco se enderezó y me vio, sus ojos estaban llorosos por tanto esfuerzo al reírse.
-Lo siento –dijo reprimiendo otra risa-. Es solo que esto es tan gracioso, no pude evitarlo, lo siento.
Yo la miré más confundido que antes.
-¿Qué es lo gracioso? –pregunté por fin.
-Tu cara –me dijo descaradamente volviendo a reír-. Y la vuelves a hacer… lo siento, Nik. Déjame explicarte.
-Por favor –contesté ya casi molesto por no entender absolutamente nada.
-Solía vivir con alguien… mi hermana, se mudó cuando su novio le pidió que vivieran juntos.
-Ooh -dije y después reí-. Eso tiene más sentido… y ¿no pensaste en buscar otro apartamento más chico?
Ella se encogió de hombros.
-La verdad no, me gusta el edificio además odio las mudanzas.
-Dímelo a mí –murmuré.
-Cierto… bueno, ¿Quién quiere postre? –dijo Caroline alegremente.
-¡Yoooo! –gritaron al mismo tiempo mis hermanos. Caroline les sonrió para después de pararse y limpiar la mesa.
Después de ayudarla a quitar toda la comida, nos volvimos a sentar a comer las crepes con chocolate y fresas que hizo Caroline, los niños tomaron leche, Caroline y yo capuchino. Esta demás decir que las crepes estuvieron deliciosas. Mientras disfrutábamos del postre a Caroline se le ocurrió jugar UNO, ella y Kol contra Bekah y yo. Pasamos un momento muy agradable riendo y bromeando, me sentía completamente cómodo y realmente feliz y despreocupado, como en mucho tiempo no me sentía. Me alegraba ver que mis hermanos parecían compartir mis emociones. Caroline encajaba tan bien con nosotros.
Pasado las nueve de la noche, Bekah y Kol se quedaron dormidos, como yo quería ayudar a Caroline a lavar los trastes, muy a pesar de sus negativas, acosté a los niños en los sillones de la sala aunque inmediatamente Caroline me dijo que los acostara en el cuarto que solía ser de su hermana. Cuando regresé a la cocina, Caroline estaba de espaldas a mí… lavando los trastes. Testaruda.
-Gracias por la cena, Caroline y por todo –dije mientras tomaba un trapo y comenzaba a secar los trastes, no la iba a dejar salirse con la suya. Ella no me contestó la volteé a ver y su semblante era serio y pensativo-. ¿Caroline?
-¿Hace cuánto fue? –susurró.
-¿Perdón?
-¿Hace cuánto tiempo murieron tus padres? –repitió esta vez volteándose para poder verme a los ojos.
-Tragué pesadamente.
Eso no me lo esperaba, para nada.
