Mil perdones, por tener mis historias abandonadas tanto tiempo pero las vacaciones, y la vuelta al trabajo han sido más duras de lo que esperaba. Muchas gracias por seguir leyendo y comentado.
Tenía que haber un error. Sí, la inepta de su secretaria había errado una vez más y aquella dirección era otra, porque ¿Por qué demonios iba a vivir el salvador del mundo mágico en un adosado en Chelsea? Aparcó su flamante coche a la puerta de la casa, y comprobó que no había errado pues el utilitario con el que había visto marcharse a Potter de su mansión estaba aparcado dentro de los límites de la casa. El camino enlosado de la acera era corto por lo que pronto estuvo frente a la pequeña portezuela de metal que daba acceso al jardín.
-¿Siempre llegas pronto? – preguntó Potter apoyado en una de las columnas del porche de la casa.
- Me enseñaron que la puntualidad no es una cualidad que se adquiera sino algo innato.
- Supongo, pasa ¿quieres café?
- Si no le has echado veneno como condimento… - dijo entrando tras de él y observando con detenimiento la casa familiar, ciertamente era sorprendente – Potter¿apostaste todo tu dinero a un mal caballo?
- ¿Perdón? – dijo saliendo de la cocina con dos tazas de café.
- ¿Qué si te arruinaste? Creía que la fortuna de los Potter era una de las más abundantes en Londres.
- Y lo era – dijo tomando asiento en una silla junto a la mesa de comedor – Pero ese dinero hacía más falta para reconstruir nuestro mundo.
- ¿Donaste todo tu dinero? – Preguntó atónito – San Potter al rescate, otra vez… - murmuró.
- No todo, me quedé con lo suficiente para comprar una casa y dejarle una buena cantidad de galeones a mis hijos. Además sigo siendo el dueño de Grimuald Palace y de la fortuna Black.
- Fortuna que debería ser mía – masculló – Tú no eres un Black.
- Pero mi padrino era el último de los herederos, y como primogénito tenía la potestad de hacer con ella lo que quisiera – dejó la taza sobre la mesa – pero no has venido a hablar de fortunas, y si quieres hacerlo, podemos meternos en un pleito sobre a quien pertenece la herencia de los Black¿busco el telefono de mi abogado?
-¿Nos hemos levantado de buen humor, no? – gruñó
- Eso parece…
- Pero si posees todo ese dinero¿Por qué vives en este cuchitril?
- Mi casa no es un cuchitril – siseó – Mis hijos y yo no necesitamos nada más, no quiero inculcarles nada más que una buena educación, y unos buenos valores que puedan utilizar cuando salgan al mundo real.
- ¡Que padrazo! – Ironizó – Yo hago lo mismo, pero permito que Scorpius tenga todo lo que se le antoje.
- Y estoy seguro de que pagas las consecuencias de ello – sentenció – Pero tampoco estás aquí para hablar de la educación de nuestros hijos, así que por favor – invocó su varita, y con un movimiento simple de muñeca, las pruebas acerca del caso de Draco, aparecieron sobre la mesa.
- Vaya… - susurró – tienes bastante.
- Te dije que me lo he tomado en serio – la taza de café levitaba a su lado, y tras darle un último sorbo la envió volando hacia la cocina – Esta semana he tenido tiempo para leer las cartas, y más o menos he separado las que considero más peligrosas – señaló un dossier que debía contener al menos tres docenas de cartas – Aquí están todas las pruebas que los aurores americanos recogieron sobre los ataques – frunció el ceño al ver la diminuta caja donde se guardaban las supuestas pruebas – ciertamente no es que hayan trabajado mucho, y por último aquí tengo las pruebas a las que sometieron el último paquete que recibiste.
- Oye, Potter… - Harry elevó la vista y lo miró fijamente - ¿Has hecho alguna otra cosa esta semana?
- Mmm… no, afortunadamente no hay muchos delitos en esta época del año.
- Me conmueve tu preocupación – respondió con fastidio.
- ¿Has traído lo que te pedí?
- Sí, aunque, en esta lista podrían estar cada uno de los magos del mundo mágico que me odian, y eso podrían llegar a los miles – se encogió de hombros – pero los he reducido a los que realmente están mal de la cabeza.
- Bien – tomó el pergamino que Draco le tendió - ¡Malfoy! – Chilló – te dije que tenía que ser una lista concisa, aquí hay más de cien nombres.
- Es lo más que he podido reducirla…
- … - Harry le observó y comprobó que sus palabras eran sinceras, y sintió un peso más sobre su conciencia, porque de verdad había gente que le odiaba, que odiaba a Malfoy de tal manera como para querer acabar con su vida, y se sintió desdichado, no por Malfoy, sino por él, porque no había pasado toda su vida luchando para que aún en su mundo siguiera habiendo ese tipo de odios.
- Está bien, tomará más tiempo del que esperaba, pero daremos con los más peligrosos.
- Si tú lo dices…
- Malfoy, estoy intentando ayudarte¿Comprendes?
- Está bien, entiende que me cueste entender que alguien quiera ayudarme – se removió en la silla – llevo años luchando para ser respetado, y ahora… tú llegas y tengo que aceptar tu ayuda sin rechistar, es… complicado.
- Lo entiendo pero…
- No es fácil aceptar ayuda, cuando nunca antes la has recibido – dijo casi en un susurro.
- … - Harry echó la cabeza hacia atrás un instante, intentando buscar la mejor manera para actuar, comprendía en cierta manera su forma de actuar, de la nada alguien le tendía una mano, y probablemente no estaba seguro de aceptarlo. La gente era desconfiada por naturaleza, el resto de la gente, porque él tenía confianza ciega en las personas a las que apreciaba. Llevaba ochos años pagando las consecuencias de aquello – Mira, se que es difícil, pero esto es por tu bien, así que, vamos a poner un poco parte de los dos¿te parece bien?
- Humm… - tomó la carpeta con las cartas clasificadas como más peligrosas y empezó a ojearlas.
- Lo que quiero que hagas, es buscar algo, no se un indicio de que esa persona te conoce – suspiró – realmente creo, que es alguien que ha tratado contigo, por estadística es más fácil ser atacado por una persona cercana, que por un desconocido.
- Realmente no tengo mucha vida social – le dijo mientras leía la primera de las cartas.
- ¡Vaya, quien lo diría! En tu posición…
- ¿Mi posición? – preguntó encarnando una ceja.
- Bueno, eres un empresario bastante respetable – se miró disimuladamente las manos, para no parecer interesado en lo que decía - he leído varios artículos en revistas de economía.
- Muggles, son revistas muggles.
- Si, pero eso no quita que ellos te tenga en estima, y te califiquen como "brillante y fresca presencia en el mundo de las finanzas" – citó.
- ¿Debo sentirme alagado? – Preguntó posando la carpeta sobre la mesa – Porque que alguien inferior a mi, vea lo que es más que obvio no me parece motivo para ver un cumplido en ello. Soy superior a ellos, hablan de una realidad.
- Si tan poco te gustan… - masculló - ¿Qué demonios haces viviendo y implantando negocios en su mundo?
- ¿Crees que he tenido otra opción? – giró el rostro y le miró con decisión - Potter, eres más estúpido de lo que recordaba – sus ojos destilaban ira, y rabia contenida – Fui un mortifago, pase por un juicio, la gente cree que soy un asesino¿Quién demonios iba a hacer negocios conmigo en el mundo mágico? – se puso en pie – No importa que fuera un crío, no importa que me obligaran, o que pidiera perdón públicamente, que fuera absuelto de la mayoría de los cargos, que rompiera yo mismo mi varita en señal de mi arrepentimiento – apretó los puños con fuerza, y giró el rostro, respirando agitadamente – Ellos me condenaron, fui, soy y seré un servidor de… de Voldemort, mi apellido siempre estará marcado.
- Pero el tiempo ha pasado, la gente…
- La gente olvida pero no perdona, Potter. ¿Sabes cuántas veces he tenido que cambiar a mi hijo de colegio desde que tiene once años? – preguntó airado – Ocho, Potter, ocho, simplemente porque es un Malfoy, ha pasado tantas veces por la enfermería del colegio que ya ni lo recuerda – abatido por la culpa se sentó de nuevo – A veces, a veces creo… que fui un estúpido al querer formar una familia, lo único que he hecho trayendo a Scorpius a este mundo es estigmatizarlo.
Los dossieres, las cartas y pruebas se habían quedado sobre la mesa abandonados y faltos de atención, porque Draco estaba en su particular mundo de culpa, y Harry, sentía un comezón en el pecho, un nudo en la garganta y una lástima terrible, por el que había sido su enemigo. Porque habían pasado más de veinticinco años desde la guerra, y nadie había olvidado del todo, porque la gente seguía llorando a sus muertos, porque aún había quienes clamaban venganza, y porque personas como Malfoy, seguían pagando por errores de adolescencia, cargando con una losa demasiado pesada, que ni siquiera dejaba de serlo con las nuevas generaciones.
- Creo que, me las llevaré a casa – dijo después de un rato – terminaré de leerlas y te las devolveré con alguna anotación si es que encuentro algo – giró el rostro y le miró directamente – No creo encontrar nada nuevo, las he leído cientos de veces…
- Quizás ahora…
- Quizás… - se encogió de hombros y le tendió la mano a Harry, un pequeño deja´vû le devolvió a la escuela, más de treinta años atrás, cuando la vida podía haberle cambiado en un instante – Gracias, una vez más, gracias.
- … - tomó la mano y la estrechó con fuerza – Las cosas están cambiado Malfoy, no siempre será así.
- Algún día, Potter, algún día – Draco salió por la puerta seguido de cerca de Harry que le observaba con algo de tristeza, y rabia, porque se sentía impotente, porque una vez más la vida le devolvía sus buenas acciones con una patada en la boca del estomago.
Harry se dio la vuelta, cerrando la puerta tras de él. En un segundo, un pequeño escalofrío recorriendo su espina dorsal, un temblor en la punta de sus dedos, y la magia que fluía cerca de él.
- ¡MALFOY! – gritó saliendo por la puerta.
- ¿Por Circe santísima, Potter que es lo que…?
Fue como si sus tímpanos estallaran, como si miles de voces se congregaran en torno a sus oídos y le chillaran a la vez, todo durante un segundo, y después solo un incesante pitido, un chirrido duro y largo que parecía no tener fin. Clavó sus rodillas en el suelo y se llevó las manos a la cabeza para mitigar el terrible sonido, pero no lo consiguió, cuando bajo las manos hacia su vista, un tanto borrosa, las sintió húmedas y manchadas. Sangre, que resbalaba entre sus dedos y goteaba en el césped.
- … - unas manos se cernieron sobre sus codos y tiraron de él arrastrándolo por el césped, el suelo tembló con fuerza, una vez más el ruido fue insoportable, pero él no podía oírlo porque aquel incesante pitido lo acallaba todo. Se sintió zarandeado, y levantó la cabeza, su vista nublada diviso una silueta morena, que se afanaba en gritarle, en hablarle, pero él no podía oír nada más que aquel incesante pitido - … - una nueva sacudida y una mano recorriendo su rostro, y la vio empapada en sangre, una mano que no era suya manchada con su sangre, y la silueta morena hablando, y él deseaba poder escucharle, poder pedirle ayuda.
Y entonces de repente Draco se vio así mismo desde otra posición, elevado sobre sus cabezas, fuera de su cuerpo. Y se vio herido y completamente aturdido, sin poder enfocar la vista y mirar a Potter que estaba frente a él, que le hablaba, parecía preocupado y alterado, pero él no le oía, solo el pitido, un estruendoso chirrido, le acompañaba como único sonido en sus reventados tímpanos. Y vio su coche, o lo que quedaba de él, arder en llamas, completamente calcinado, partido en dos, y sin poder comprender como ni porque perdió el sentido.
La tormenta había arreciado y el sol se veía en lo alto, parcialmente cubierto por unas nubes grisáceas, era el momento justo para salir a volar. Se ajustó las botas atándolas con fuerza en torno a sus tobillos, cogió los guantes aún sin estrenar y la escoba con la que había aprendido a volar. Tenía decenas de escobas mejores, pero aquella era especial, fue su padre quien le subió en aquella escoba con solo tres años, fue él quien le dejó volar solo por primera vez sobre aquella escoba, era su compañera más fiel, la que nunca le había fallado.
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Los pocos estudiantes que permanecían en su sala como y aún no habían salido rumbo al gran comedor para la hora del almuerzo le miraron con esa mezcla de curiosidad y desprecio que su apellido arrastraba, con la cabeza alta, el mentón desafiante y los ojos cargados de orgullo camino hasta la puerta, una vez traspasada, su cabeza cedió, sus hombros se encorvaron y sus ojos perdieron el brillo que habían adquirido. No merecía la pena seguir fingiendo algo que no era¿Quién querría ser un Malfoy en aquella época¿Quién querría cargar con el estigma de mortifago durante el resto de su vida? Nadie, pero él lo hacía, por su padre, porque se sentía orgulloso cuando veía la determinación en los ojos tan grises como los suyos, porque Draco Malfoy había sido un mortifago sí, pero había pagado por ello y luchaba con uñas y dientes por los suyos, porque no había hombre más entero que él a la hora de hablar de su familia y su apellido, porque Scorpius sabía que la culpa rondaba cada segundo de la vida de su padre, pero nunca en sus escasos dieciséis años de vida le había visto flaquear, ni una sola vez, porque Draco le inculcó, dignidad, respeto y orgullo por lo que era, y él debía aplicarlo. Aunque doliera, aunque significara estar solo, aunque quisiera salir corriendo y gritar que él no tenía la culpa de ser un Malfoy.
- ¿Vas a volar? – parpadeó confuso y enfocó la vista en la figura que tenía enfrente.
- Sí.
- Si me esperas, podemos ir juntos – James sonrió y Scorpius hizo una mueca un poco rara, le costaba tanto acostumbrarse a aquello, a poder hablar con alguien, a sonreír a alguien que no fuera su padre.
- Supongo… - se encogió de hombros.
- ¡Genial! Un uno contra uno al mejor de siete¿te parece?
- Sí – una tímida sonrisa se deslizo en sus labios.
- Vamos, acompáñame a los vestuarios, allí tengo mis cosas – Scorpius le siguió en silencio, mientras una vez más James, hablaba y hablaba. En realidad casi siempre era así, se encontraban en algún lugar del castillo, y James hablaba mientras que él escuchaba atento, sabía más de la vida del pelirrojo que de la suya propia, pero era un regalo para sus oídos oír hablar a alguien con tantas energías y tanta vitalidad, y sobre todo poder compartir el tiempo con alguien que no fuera su padre, o sus libros - … y quiero ir al mundial, pero mi padre dice que o vamos todos o no va nadie. Y francamente, me apetece muy poco ir con mis hermanos.
- Hmmm… - el pelirrojo entró en el vestuario y Scorpius se detuvo en la puerta.
- ¿Por qué no entras? – preguntó
- Esto es territorio prohibido para mí.
- En realidad son solo unos vestuarios – dijo asomando su cabellera pelirroja por la puerta.
- Mmm… son los vestuarios de Gryffindor – concretó.
- Ya ¿y?
- Que yo soy un Slytherin
- ¡Oh, por el amor de dios! – exclamó tomando del brazo a un asustado Scorpius y tirando de él hacia los vestuarios – Sienta, espera y si quieres cierra los ojos, no vayas a ser que tus ojillos de serpiente se quemen con tanto rojo y dorado.
- No me extrañaría – sus ojos viajaron por la pequeña estancia amueblada casi en su totalidad por casilleros pintados de los colores de la casa, con el nombre de cada uno de los jugadores del equipo grabado en sus puertas, la única pared que no estaba ocupada, abarcaba los seis lavabos y un enorme espejo, espejo donde Scorpius fijo su vista sin poder a moverla durante un largo minuto. James estaba desnudo, completamente desnudo, y rebuscaba en el interior de su casillero. El rubio abrió ligeramente la boca para que el aire entrara a través de ella, parpadeó una vez y contempló las curvas de los músculos en la espalda del pelirrojo, la cintura estrecha y las caderas ligeramente más anchas, y, tuvo que respirar hondo, cerrar los ojos, y contar hasta cinco, para al abrirlos de nuevo decidir que James Sirius Potter, tenía el mejor culo que sus castos ojos habían visto en toda su vida.
No es que Scorpius hubiera visto muchos traseros en su vida, pero tenía ojos y aunque la ropa fuera un molesto estorbo para ello, podía distinguir un buen trasero a leguas, y vaya a saber Merlín porque el de James le había pasado desapercibido. "Perfecto", pensó, irónicamente, el pelirrojo era la única oportunidad de tener un amigo que tenía, y resultaba que el condenado tenía un envidiable trasero. Él marcado por su apellido, con la carga de ser hijo y nieto de mortifago tenía que añadir una pequeña traba más a la envidiable normalidad que todo el mundo, salvo él, parecía vivir. Scorpius era gay, no marica, ni amanerado, simplemente gay, se sentía terriblemente atraído por el cuerpo masculino, no había nada en una mujer que llamara su atención, ni sus curvas, ni sus senos, nada. Prefería un torso duro, uno brazos fuertes y definitivamente un trasero como el de James.
- ¿Vamos? – pegó un brinco sobre el banco del madera en el que se había sentado y volvió al mundo real.
- Eh… sí
Salieron al terreno de juego a través del mismo vestuario por los túneles que los conectaba, era la primera vez que Scorpius estaba en aquel lugar, pese a que había habido varias pruebas para el equipo, y que sabía que con facilidad habría podido superarlas y convertirse en el nuevo buscador del equipo, no se sentía con ganas de enfrentar malas caras en los entrenamientos y mucho menos volver a sufrir un "accidente" como el que lo había mandado a la enfermería, con tres costillas rotas y un hombro dislocado, solo dos años atrás durante un partido en una de sus anteriores escuelas.
- ¡Genial!, tenemos la cancha solo para los dos - James se paró a su lado mientras ajustaba sus guantes sobre largos dedos – Vaya, creí que tendrías una escoba mejor – señaló la desvencijada Nimbus de Scorpius.
- Esta escoba te dará un buen repaso – se montó sobre ella y dando una enérgica patada en el suelo se elevó con facilidad.
- … - James lo observó pararse en el aire, suspendido unos seis o siete metros sobre el suelo, con el sol por encima de su cabeza, el viento ondeando al aire. Un repentino calor en su pecho le hizo agachar la cabeza, sacudiéndola con fuerza como si quisiera echar algo fuera de ella, más tranquilo montó en la escoba – Al mejor de siete – comentó al llegar a su altura – Solos, tú, yo y la snitch – abrió la palma de su mano y le mostró la pelotita dorada.
- Vas a morder el polvo Gryffindor de pacotilla – bromeó.
- Eso habrá que verlo, serpiente de medio pelo – apretó la snitch entre sus dedos y está comenzó a aletear la soltó y segundos después ambos se lanzaron como locos en su búsqueda.
Sus manos volvían a estar manchadas de sangre, había jurado que nunca más, que nadie derramaría una gota de sangre si él podía evitarlo, pero había fallado, le había prometido a Malfoy ayudarlo y a la primera de cambio le había fallado. Aún estaba algo aturdido por la explosión, los oídos le zumbaban y sus ojos le molestaban ligeramente, pero la explosión había atraído a numerosos curiosos, sobre todo muggles a su casa, la policía y los bomberos andaban por el lugar, y también las asistencias médicas que se habían detenido junto a la figura del rubio unos minutos antes.
- Harry… ¿estás bien? – tardó unos segundos en asociar el nombre de Hermione con el rostro que tenía frente a él - ¡Oh, dios, sangre¿Estás herido?
- No, no es mía – dijo temblando ligeramente - ¿Qué haces aquí?
- El departamento de cooperación con el mundo no mágico detecto la llamada a emergencias, y en cuanto la dirección se asoció a tu casa, todo el mundo se puso en marcha – señaló a varios hombres que camuflados entre los curiosos, empezaban a realizar su trabajo – No puedo creer, que alguien quiera hacerte daño… ¡Santo Merlín!
- No ha sido a mi contra quien han atentado – miró hacia la camilla donde acababan de subir a Malfoy – Tengo que…
- Pero Harry… ¡HARRY!
- ¿Cómo está? – preguntó nada más llegar a uno de los médicos que lo atendían, junto a él reconoció a un medimago de San Mungo.
- No parece tener nada grave, está más aturdido que otra cosa.
- Malfoy¿puedes oírme?
- … - Draco abrió los ojos y lo miró directamente y asintió con dificultad.
- Tranquilo, te llevaran a San Mungo y les lanzarán un Obvliate.
- No… no… - susurró.
- ¿Qué? – Harry se inclinó sobre él
- San… San Mungo… no
- Pero…
- No quiero que Scorpius se entere… por favor… - suplicó.
- Escucha, te llevarán allí y yo me encargaré de que tu hijo no se entere – el rubio lo miró con temor – Te lo prometo – tomó la mano del rubio entre las suyas y la apretó con fuerza – lo prometo.
- Observó como la camilla era conducida hacia la ambulancia, Draco alzó la cabeza y con palabras mudas, volvió a decirle.
- Por favor
Harry respiró hondo mientras la ambulancia se alejaba, cerró los ojos e hizo crujir su cuello, un segundo después estaba al mando de todo el operativo. Los aurores se dispersaron lanzando hechizos Confundus, Obvliate y algún que otro aturdidor a todo el que andaba por la zona.
- Quiero que llevéis el coche al laboratorio, y quiero a todo el equipo trabajando en ello.
- Pero Jefe – uno de sus aurores se acercó a él – Ha sido una explosión en un coche, la mayoría de los que trabajan en el ministerio, no tienen ni idea de lo que es…
- ¡Me importa una mierda! – rugió – Desde este instante este es el caso más importante para el departamento, quiero a todo el mundo disponible trabajando en él.
- ¡Maldita sea Potter! – uno de sus subordinados de más alto nivel se acercó a él – Solo fue un ataque a Malfoy, ese desgraciado se lo merecía.
- … - estrechó los ojos y le miró fijamente – Si aprecias en lo más mínimo tu trabajo, no volverás a hacer una insinuación así. Me importa una mierda el pasado de Malfoy, ahora es una victima más y va a ser tratada como tal. No escatimaremos recursos personales ni logísticos en este caso, y quien tenga algún problema con ello, puede pasar mañana por mi despacho para solicitar un cambio de destino.
Con gestos desconcertados los aurores terminaron de realizar su trabajo bajo la atenta mirada de Harry, que había decidido sentarse en las escaleras del porche de su casa. Sus manos seguían ensangrentadas, la sangre pura de los Malfoy estaba ahora en ellas, su mente sabía que él no había podido hacer otra cosa, pero la sensación agobiante en su pecho le indicaba que una vez más había vuelto a derramar sangre inocente. Como la de Remus y Tonks, o la de Fred. Muertos en la guerra, caídos en la que fue su mayor victoria, y la mayor brecha en su alma. Había cambiado tanto en aquellos días, había perdido tantas cosas que no podría recuperar que creyó volverse loco, pero no lo hizo, a duras penas salió adelante y vivir la vida que todo el mundo suponía que debía de vivir.
- Harry… ¿Qué ha sido todo eso? – Hermione parada frente a él lo miraba con gesto preocupado
- …
- Escucha, no se que ha pasado pero…
- ¿No irás a decirme tú también que Malfoy se lo merecía, verdad?
- ¡Merlín, no! Es horrible lo que ha ocurrido, pero tú nunca has actuado así con tus hombres, ellos están sorprendidos.
- Mis métodos tradicionales, no habrían conseguido nada. Ellos odian a Malfoy, porque es un Malfoy, porque su apellido esta ligado a Voldemort, pero… él también ha sufrido – suspiró – Hermione yo te lo conté, fue Voldemort quien le obligó a hacer todas aquellas cosas, tenía dieciséis años, como Albus¡Merlín!, como Rose ¿Qué crees que ellos harían si les amenazaran con matarnos?
- Obedecer – sentenció – Lo comprendo, pero hay gente que aún necesita culpara a alguien, mucha gente murió, muchos lo perdieron todos, y los Malfoy personifican la figura de Voldemort ahora que él está muerto.
- Pero ellos… Malfoy y su hijo, ellos… son inocentes. Dos victimas más de Voldemort. Creo que ya han pagado con creces formar parte de esa familia.
- Puede pero…
- Lo sé, lo sé – volvió a mirarse las manos – Necesito que la noticia no salga publicada en ningún medio¿podrías encargarte?
- Harry, es una noticia de alcance, el profeta querrá lanzar un número especial.
- Lo sé, pero le prometí a Malfoy que su hijo no iba a enterarse. Por favor Hermione, le debo eso al menos.
- Está bien, hablaré con algunos contactos que tengo.
- Si hace falta llamaré a Kingsley yo mismo.
- Tranquilo, yo me encargaré. Deberías darte una ducha y descansar, tus hombres se encargaran de todo esto.
- Gracias – le dijo.
- Te llamaré – observó la figura de su mejor amiga desaparecerse frente a él, mirando al cielo habló para si mismo más que para otra persona.
- No importa lo que me cueste – se puso en pie – Pero voy a encontrar al bastardo que intentó matar a Malfoy y juro que le haré pagar por ello.
La tormenta no iba a tardar en romper sobre ellos, porque en aquellos días de otoño era tan fácil pasar de la calma a la tempestad que nadie podía hacer nada. Scorpius hizo girar su Nimbus con un ligero movimiento hacia la derecha, estrecho los ojos fijando la vista en algún punto en el horizonte pero no había rastro de la maldita snitch y solo quedaba ese punto para decidir el vencedor, y si había algo que le gustaba de los Malfoy, es que no se dejaban vencer sin luchar, y tenía ese espíritu competitivo con niveles terriblemente altos.
- La tormenta está cerca – Jame se sitúo a su lado – deberíamos dejarlo para otro día.
- ¿Asustado, Potter? – encarnó una ceja y sonrió de medio lado, probablemente si James hubiera hablado alguna vez con su padre sobre su etapa en el colegio, y más concretamente de sus encuentros con Draco Malfoy, le habría hablado de ese tono arrastrado, de esa mueca de superioridad, y de esa increíble sonrisa - ¿Estás bien?
- … - sacudió la cabeza y reaccionó ante la cercanía del rubio – Sí… sí… pero deberíamos volver… - giró su escoba y emprendió el descenso.
Scorpius se mantuvo en el aire unos segundo más observando la figura que disminuía de tamaño a medida que se alejaba de él, sin comprender con exactitud que era lo que había pasado, era como si una especie de brecha acabará de abrirse entre los dos, y cada uno hubiera quedado a un lado, y él no tenía ni idea que terremoto interno había provocado aquello. Miró una última vez hacia las nubes que se acercaban con celeridad y plegándose sobre el mango de la escoba descendió con rapidez.
James seguía aturdido, aún no lograba entender ese sentimiento mitad culpa mitad éxtasis que se había propagado por su cuerpo solo unos segundos, pero sabía que había desconcertado al que había comenzado a ser su amigo ese curso, y aquello le molestaba, así que frenó su descenso, giró la escoba ciento ochenta grados y empezó el descenso.
- ¡James! – rugió Scorpius con la suficiente antelación para que el pelirrojo levantara la escoba y evitará el choque, el rubio consiguió decelerar lo suficiente para que el único choque que hubiera entre los dos fuera el de sus frentes - ¡Mierda! Casi te llevo por delante.
- … - aún con el corazón en la boca por el pequeño conato de accidente abrió los ojos para encontrarse con el rostro pálido y delicado de Scorpius, jamás había estado tan cerca de nadie, que no fuera alguna de las chicas con las que había tonteado, nunca había tenido la oportunidad de observar con aquella atención las pequeñas marcas en el rostro de alguien, como esa diminuta cicatriz sobre la ceja izquierda, o el pequeño lunar bajo una de las fosas nasales del rubio, o las innumerables y casi imperceptibles pecas que regaban las mejillas de su amigo – Scorpius… - susurró casi en sus labios.
- … - abrió con fuerza los ojos, y se agarró a la escoba para no resbalar pues el pequeño temblor de su cuerpo al recibir el aliento de James sobre su boca le había hecho perder el equilibrio. "Merlín, que pase algo, por favor, algo que me impida cometer una estupidez" – Está… está lloviendo – dijo tragando saliva cuando un par de gotas se colaron entre sus rostros, resbalando por sus mejillas.
- … - James le miró unos segundos más, con los ojos fijos en su rostro como si pudiera escudriñar algo detrás de aquella fachada que Scorpius se había empeñado en construir.
- James, vayamos la tormenta está demasiado cerca – se deslizó atrás sobre la escoba para poder poner rumbo al suelo, pero una mano detuvo el vuelo.
- Espera… - frunció el ceño - ¿Por qué eres así?
- ¿Así?
- Sí, así… es como si tuvieras un muro protegiéndote, y para llegar a ti hay que saltarlo – agachó la mirada – Es como si quisieras que no seamos amigos¿es eso lo que quieres?
- Yo… no… claro que no… - apretó los labios – Yo nunca he tenido un amigo, es difícil… para mi aceptar la ayuda o la compañía de alguien, siempre… siempre he estado solo… y ahora.
- Ahora ya no lo estás – dicho aquello le sonrió con cariño – venga, ahora si que debemos irnos, no quiero coger una pulmonía, tengo partido la semana que viene.
- Sí… - susurró.
Los dos tomaron tierra casi a la vez, pero Scorpius detuvo pronto sus pasos.
- Ve tú,yo… iré enseguida
- Pero…
- Vamos, no puedes ponerte enfermo ¡Corre!
- ¿Seguro?
- Sí
Bajo la lluvia que comenzaba a caer con fuerza Scorpius vio perderse la figura de su amigo, de James. Del chico más guapo que había visto nunca, del hijo de Harry Potter, del que se suponía que debía ser enemigo jurado, bien contra mal una vez más, y ellos estaban saltándose las reglas del orden del universo, y no importaba si estaba bien, o mal, solo parecía importar ellos dos.
