Amor entre especies
Capítulo 3 "Mi pequeño aliado"
Al día siguiente de la desaparición de Kaijimbo y la espada, Sesshomaru, Jaken y Leonardo salieron a buscar a aquel sujeto por los alrededores, dejando a Rin en un bello prado con una fogata y algo de comida que Leonardo le había dado a su hermanita para que no pasara hambre mientras los tres se iban a buscar al escurridizo ladrón de espadas.
La pequeña Rin no se podía quejar, tenía comida y agua suficiente para todo el día, y cuando se aburría, construía unos hermosos collares y coronas de flores. Aunque tuvo que esconderse de vez en cuando un par de aldeanos, que iban probablemente de regreso a su casa, pasaban cerca de la pradera.
No la podían culpar, tenia malas experiencias con los humanos y con los lobos, así que les huía mas que su hermano al agua fría.
Al caer la noche la hermosa luna llena contemplaba a la pequeña tuvo que avivar el fuego para calentar su cena y esperar a su nuevo grupo, aunque estaba un poco preocupada, ya que su amo y su hermano estaban tardando mas de lo normal, y no quería que algo malo les pasara.
Miro por largo rato el fuego de la fogata y suspiro sonoramente, intentando que, con eso, sus malos pensamientos se alejaran, solo quería que regresaran pronto.
-Ya se tardo mucho el señor Sesshomaru, y además mi Nii-chan me dejo muy pocos pergaminos para dibujar- Murmuro la niña mientras veía el par de pequeños dibujos que había echo el lapsus de tiempo que ella había estado sola. Pero justo en ese momento escucho los reclamos del viejo sapo, y de las sombras poco a poco se veían las sombras del resto del grupo acercándose a donde ella estaba, poniendo una cara de emoción al ver a sus amigos, y su amo regresar sanos y salvos.
Leonardo suspiro de alivio al ver a su hermanita sana y salva, mientras la niña corría hacia ellos con su inocente sonrisa, pero Sesshomaru se detuvo antes de que se acercaran más.
- ¡Rin no te muevas! -Exigió con voz dura el Youkai de mayor edad.
Rin se detuvo de golpe, quedándose como estatua en su lugar con los bracitos de lado y sobre uno de sus pies descalzos, y antes de que Leonardo preguntara que ocurría, sintió el aroma de un Youkai cerca de su hermanita, y Sesshomaru ya había volado hasta donde emanaba el olor y atacaba con sus garras.
Leonardo corrió en sus cuatro patas hasta ponerse delante de Rin y se colocó en posición de defensa mientras los pelos de su cabello se erizaban, en señal de amenaza.
Sesshomaru lanzo su ataque, destrozando algunos árboles y una figura dio un salto antes de que el Demonio la destrozara y aterrizo frente a ellos. Era una bella mujer de orejas puntiagudas, ojos rojos y el cabello oscuro largo sostenido por una coleta con el adorno de una pluma y vestía un Kimono de color blanco con púrpura carmesí.
Leo siguió en su posición sin confiarse de esa mujer, ya que por alguna razón su amo le dijo a su hermanita que no se moviera de su lugar y había atacado a la extraña. Noto que Jaken olfateaba el aire y mencionaba algo acerca de un tal Naraku y que había engañado al amo y una historia rara de un monje violento que la verdad, no le interesó mucho.
-Si este olor se me hace conocido, tiene un gran parecido con el de Naraku, el ser fraudulento que me tendió una trampa -Por el tono de voz tan aterciopelado, el pequeño niño Youkai tembló asustado al pensar lo que le haría al idiota que había tratado de utilizarlo.
-Ah, tú eres Sesshomaru, el hermano mayor de Inuyasha, te ves tan frágil y delicado.
El hombre no respondió nada ni su gesto cambio en lo más mínimo pero Leo sabía que si esa mujer no se apresuraba a decir lo que quería, el amo la destrozaría en un instante.
-Soy Kagura, una extensión de Naraku.
-¿Una extensión?- Susurro Leo confundido.
-Así es, y también la cabeza del demonio que le entregaste a Kaijimbo para que te forjara una nueva espada, los colmillos que usaste eran de Goshinki…
-¿Y eso que importa? ¿Solo has venido a contármelo? No le veo el caso.
Leo suspiro, no entendía muy bien que pasaba pero si esto no acababa pronto rodarían cabezas, o más bien rodaría la cabeza de la mujer de ojos bermellón. La Youkai saco un abanico blanco con franjas rojas y cubrió parte de su rostro en un gesto coqueto.
-¿No puedes detectarla? La espada que has estado buscando esta cerca de aquí –Apenas termino su frase, el viento soplo hasta elevarla por los aires y salir volando en una pluma gigante- Esa espada te pertenece! –Y se alejo volando dejando a los Youkai algo confundidos.
-Vaya, pero que actitud tan altanera, me parece una mujer de lo más vulgar –Jaken se había acercado dando su punto de vista y algo molesto con aquella mujer.
Leo miro como la mujer de pelo negro se iba del lugar en su pluma gigante. Estaba un poco confundido sobre porque esa mujer les daba esa información, no le veía el sentido que ella les ayudara pero si era una trampa, estaba seguro que Sesshomaru lo superaría. El Daiyoukai miro de reojo a la obediente niña que no había movido ni un musculo desde que él se lo ordeno, y suspiro algo divertido.
-Rin, ya puedes moverte –La chica sonrió divertida y se empezó a mover y danzar alrededor de los varones.
Sesshomaru la miro un instante antes de regresar su mirada al cielo por donde la hechicera de los vientos se había ido.
-Con que Tokijin –Murmuro el demonio a nadie en especial mientras que Jaken y Leo veían a Rin jugar en el pasto.
-Y… ¿Qué vamos a hacer? –Leo se acerco al demonio con una cara de confusión, después de llevarse una mano al rostro al ver a su hermanita tirarse al suelo.
Sesshomaru miro al niño y busco con la mirada donde podría estar la espada. Los niños y Jaken lo miraron con curiosidad. Y este se dio la vuelta para irse de vuelta para irse de vuelta a la fogata.
-Nos vamos en la mañana- Fue lo único que escucharon antes de seguirlo de regreso al campamento.
Ah-Un se había quedado atrás, pastando tranquilamente y Leonardo se acerco al pequeño saco que colgaba de su costado. Saco unas manzanas y le dio una a cada cabeza del dragón que devoraron encantados su premio.
-Mocoso, deja de malcriar a los dragones, son fieras bestias de combate, no mascotas –Le reclamo Jaken al Neko, pero se cayó al ver que Rin le acariciaba una cabeza al dragón y este ronroneo al sentir sus delicadas manitas sobre sus escamas, y Leo acaricio la otra para demostrarle que era un exagerado.
…
Al día siguiente no muy lejos de allí, un Hanyou de pelo largo de color blanco plateado con el fleco cubriéndole su frente con dos largos mechones a los lados, dos orejas de perro, cejas negras y gruesas, ojos de un color dorado, con una vestidura roja parecida a la de un sacerdote miraba ceñudo un lugar en especifico en aquel campo donde el día anterior había luchado con aquel herrero malvado que se había desintegrado por el poder de aquella maligna espada que estaba incrustada en el suelo, y ninguno se podía acercar sin marearse por aquellas energías malignas que despedía aquella arma, y era rodeado por un curioso grupo de personas: Un zorrito demonio de cabellos naranja, una hermosa mujer de pelo negro ondulado y de ropas como de papel, una mujer de cabello café oscuro y ojos del mismo color vestida como una aldeana común pero con un gigantesco bumerán en su espalda, un hombre vestido como monje de ojos azules y con el cabello negro atado en una pequeña coleta y con un cetro en su mano, una gatita adorable de dos colas de enormes ojos rojos y un diamante negro en la frente, y un anciano de ojos saltones con el poco cabello blanco atado en una coleta vestido con un kimono masculino verde a rayas.
Parecían discutir sobre algo referente a la espada oxidada que el de ropas rojas tenía a su lado pero a esa distancia nadie sabía de que estaban hablando.
De repente el cielo se obscureció y las nubes empezaron a tronar y lanzar rayos aunque no pareciera que iba a llover. En la mitad del cielo apareció un destello verde que luego saco una pequeña explosión que en cuanto se desvaneció revelo a Sesshomaru montado sobre un amenazante Ah-Un, que disparaban rayos, uno al cielo y el otro a la tierra justo sobre la espada maligna en medio del campo en un gesto más teatral que destructivo. Sesshomaru bajo de un salto impresionante del dragón para aterrizar frente a la espada que había recibido las descargas de los dragones.
Y al reconocerlo, el anciano se escondió atrás de Inuyasha aterrado de la presencia del nuevo individuo.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí? –Pregunto el de orejas de perro molesto por la indeseada llegada del otro peli plateado, y parecía listo para atacarlo en cualquier instante.
-Lo mismo quiero saber, yo solo he venido por esta espada, después de que acabaste con ese demonio se usaron sus colmillos para crear esta poderosa arma pero al parecer esta busca como acabar contigo.
El otro grupo se sorprendió de que Sesshomaru estaba tan bien informado de la situación y de hubo un demonio capaz de destruir la espada de Inuyasha. Y más por miedo a lo que pudiera hacer con esa espada que por que de verdad les preocupara la seguridad del Daimio le empezaron a decir que no se acercara a la espada.
Sesshomaru ignoro a los amigos de Inuyasha y tomo la espada con su única mano, provocando que las energías malignas se desvanecieran del ambiente para sorpresa de todos los presentes, dando a entender que Sesshomaru era más maligno y fuerte que la misma espada. Y eso solo causo más terror en la mirada del anciano de ojos saltones.
-En pocas palabras, la espada me ha elegido como su dueño… Desenvaina Inuyasha –Ordeno el Lord con su aterciopelada voz viendo con superioridad al menor- Quisiera comprobar algo.
Inuyasha saco su espada que inmediatamente se transformo en un enorme sable que tenía una hoja enorme que parecía el colmillo de algún animal de inmenso tamaño y se lanzo a pelear con el demonio de la luna en la frente. Pareciera que tenían la misma fuerza pero al parecer no era así ya que después de un rato, el medio demonio parecía muy lento y torpe con los movimientos de su espada. Al parecer esa era demasiada espada para ese Hanyou, y no podía con los poderes de aquella poderosa arma, así que era más que lógico que no fuese capaz de usarla correctamente.
La mujer del bumerán se acercaba corriendo para ayudarlo mientras sostenía su arma, pero se detuvo cuando unas cuchillas atravesaron frente a ella, apenas cortándole unos cabellos, y solo porque sus reflejos se lo habían permitido. La sorpresa de todos fue el ver a un pequeño Neko Youkai de no más de 6 años viendo serio a la mujer con unas cuchillas ninja en ambos brazos en una pose de de defensa impidiendo que diera un solo paso para ir hasta los dos hermanos que peleaban fieramente.
-No intervengas, humana… Esta batalla no te corresponde –Le murmuro frio el niño, Kagome tembló ligeramente ya que parecía ser un niño muy tierno, pero su manera de hablar, su posición y su mirada tan fría le recordaba mucho a la de Sesshomaru- Se que todos son amigos ese Hanyou y van a desear intervenir, así que quiero decirles algo muy importante.
Inuyasha no podía ver nada ya que estaba peleando con Sesshomaru y no podía descuidarse ni un segundo, pero él Youkai si podía ver como el niño afrontaba aquella situación y eso lo tenía muy orgulloso, pero en esos momentos lo único que deseaba era acabar de una vez por todas con ese medio demonio que solo arriba la reputación de su linaje. Pero si veía que el enano tenía algún problema con esos humanos, tendría que intervenir.
-Me imagino que nadie va a interferir en la pelea de ese hibrido y el amo Sesshomaru… Ya que si lo hacen, con mucho gusto… -El niño miro a cada uno de ellos con sus ojos fríos detalladamente, y una sonrisita de burla se asomo en su carita causando uno que otro escalofrió- También participare en la pelea.
Kagome tembló algo asustada por esa mirada y Totosai incluso retrocedió algunos pasos, ya que aunque las miradas de Sesshomaru eran mucho más amenazantes, era más perturbador ver que un niño de esa edad ya tuviera esa aura tan malévola.
El niño sonrió al ver que su misión estaba cumplida y volvió a ver la pelea, ahora su amo había despojado a ese hibrido de esa formidable espada, y de un golpe lo había mandado lejos. Leonardo solo podía pensar que todo lo que había oído de que era un inútil hibrido era verdad… Y que ahora le debía 5 pescados a Jaken por haber tenido la razón. Él había tenido la pequeña esperanza de que estuvieran equivocados, pero al parecer no era así. Solo era… Como decía su amo… Un estúpido hibrido.
-Su guerrero es patético –Les anuncio el gatito a los amigos de Inuyasha, antes de dar un par de saltos que lo dejaron tras Sesshomaru, listo para partir en cuanto este se lo ordenara. Vio a su amo ver el cuerpo de Inuyasha tratando de levantarse, pero al ponerse de pie corrió hacia ellos con las manos desnudas. Y aunque sus amigos le gritaban que se detuviera este los ignoro para intentar atacar a Sesshomaru. Este al ver que el menor iba a atacarlo, lanzo un poderoso ataque que lo mando a volar lejos de ambos, y con algunas heridas.
Leonardo sintió hasta lastima por el hibrido que a pesar de no tener oportunidad seguía peleando, tal vez hasta lo admiraba un poco por su resistencia… Pero no sabía si era muy valiente…O muy estúpido.
-¿Sabes qué? Ya fue suficiente… Vas a morir –La voz inexpresiva de Sesshomaru anuncio, para sorpresa del niño, que había pensado que solo iban a investigar las sospechas del Youkai y a recuperar la poderosa espada… Pero al parecer su paciencia se había agotado.
Sesshomaru corrió hacia Inuyasha listo para asestar el golpe definitivo, pero el pelaje del gatito se erizo y sus orejitas se tensaron al sentir el aroma del chico de ropas rojas que ahora se parecía al de su amo, y este también se había dado cuenta, ya que sus ojos se habían abierto a más no poder de la sorpresa. Se asusto un poco al ver la nueva cara de Inuyasha que ahora tenía los ojos rojos y el iris azul turquesa, sus colmillos se veían más grandes y ahora tenía una marca en la cara como las de Sesshomaru. Ah-Un se coloco frente al gatito para que subiera y se elevo para evitar que ese monstruo lo atacara, ya que se podía sentir la sed de sangre que despedía de ese ser.
Pero antes de que Sesshomaru lanzara su ataque o Inuyasha empezara a atacar, una gigantesca pared de fuego apareció para impedirle el paso al demonio que se detuvo en seco antes de tocar las llamas. El niño desde su posición logro ver que aquel anciano cobarde era el que lanzaba fuego por su boca y evitaba que esos dos siguieran peleando. Luego vio al resto de los "debiluchos" acercarse al menor de los hermanos perro y a la muchacha de ropa extraña decir algo que hizo que este cayera de cara al piso, dolorosamente, y luego lo subieron a una pantera gigante de color blanco, huyendo del lugar. Unos minutos después, el fuego se extinguió y Sesshomaru seguía en su lugar pensativo por los recientes acontecimientos.
El dragón de dos cabezas bajo junto con el gatito que, al llegar a tierra, corrió en sus cuatro patitas hacia el Daiyoukai, y poco después fueron alcanzados por el demonio Sapo.
-Sin embargo, si estaba tan empeñado en acorralarlo, ¿Por qué no los siguió?-Cuestiono el sapito acercándose a ambos, pero el niño lo piso y antes de que gritara le tapo la boca con sus manitas antes de que gritara y le mando una mirada asesina.
-"¿Quién iba a imaginar que Inuyasha me causaría temor por unos instantes?" –Pensaba Sesshomaru mientras recordaba el aroma y el aspecto de Inuyasha – "El cambio de Inuyasha fue algo muy drástico".
-¿Señor?- Cuestiono el pequeño al ver que su amo no respondía. Era evidente que era un cambio impresionante pero algo se prendía en la cabeza del niño… Si ese hibrido podía volverse un demonio completo… ¿Su hermanita tendría una oportunidad similar?
-¡Vámonos! –Exclamo el demonio empezando a caminar de regreso a donde Rin se había quedado, en un lugar seguro donde no la encontrarían los amigos de Inuyasha.
Leo subió a Ah-Un y emprendieron vuelo para llegar más rápido, ya que se ponía nervioso de dejarla sola aunque sea un segundo, pero al mirar hacia atrás pudo ver como la misma mujer del día anterior se alejaba en su pluma voladora ¿Acaso los estaba siguiendo?
Jaken alcanzo a agarrar la cola del dragón. Sesshomaru miraba al frente tratando de apartar esos absurdos pensamientos de que Inuyasha se había vuelto un demonio, pero al parecer no dejarían de atormentarlo mientras no obtuviera respuestas.
El grupo llego a un pequeño Lago donde la pequeña Rin jugaba salpicando sus piececitos dentro del agua y asustando a los peces que trataban de morder sus dedos, y eso la hacia reír tierna ya que a pesar de asustarlos seguían regresando.
-¿Quieres dejar de molestar a los animales antes de que te muerdan? –Leo había bajado de un salto del dragón y cargo a Rin antes de que perdiera un dedo por su tonto juego… Ok tal vez era exagerado… Pero la última vez que había estado cerca de un animal que quería morderla los habían matado, así que no se arriesgaría a que le hicieran daño. Aunque si les pasaba algo, el amo los reviviría de nuevo con esa espada, ¿No es verdad?
-¡Hermanito! –Ignorando, como siempre, los regaños de su hermano, abrazo al chico con una linda sonrisa y le dio un beso en la mejilla. Este suspiro y la bajo para que saludara al amo y al dragón.
Sesshomaru observo la tierna escena los hermanitos le daban, al ver que la niña le ofrecía unas flores con una sonrisa inocente sonrió internamente mientras las tomaba en su mano.
Rin le hizo una reverencia y tomo la mano de Leo para jalarlo a la fogata que Jaken había puesto para que empezaran a comer antes de que partieran a donde Sesshomaru les ordenara.
-Descansaremos aquí –Informo el Youkai mientras iba a sentarse a la sombra de un árbol, siendo seguido por Ah-Un.
-¡VIVA! –Festejo la pequeña Rin y abrazo al señor Jaken que se quejo y le jalo el cabello a la niña para que lo soltara.
Rin soltó al demonio, que ya iba a protestar, pero al ver los ojos llorosos de la humana que además se sobaba el cuero cabelludo lo hizo temblar al pensar…
Antes de que la primera lágrima atravesara el lindo rostro de Rin, o Leonardo sacara sus garras para amenazar al sapo, una piedra salió disparada a la cabeza de Jaken, tirándolo al piso.
Ambos niños miraron al sapo que tenía un chichón, y luego miraron la piedra que le había dado al demonio más pequeño, y luego alzaron la vista a donde había salido el inusual proyectil. Viendo que venía desde la dirección donde Sesshomaru se encontraba recostado con los ojos cerrados.
Trataron de aguantarlo, por Kami que trataron de aguantarla, pero poco después las risas de los dos pequeños empezaron a resonar por todo el campo, y se sostenían el vientre de la risa.
Y esa dulce risa de la pequeña, por alguna razón, lleno de confort el corazón del demonio, que se sintió como un tonto pero no dijo nada más. Sin que nadie lo viera, saco de sus ropas un saco de cuero rojo, seguramente de algún Youkai resistente y metió el pequeño ramo de flores en este.
Al llegar la noche Leo estaba acostado al lado de Rin que había quedado rendida desde que, al fin, se habían agotado sus energías, pero él seguía pensativo, no solo por lo de Inuyasha, sino que recordó a sus amigos. Miro a su hermanita, a diferencia de ellos que siempre estaban juntos y cada uno podía cuidarse por su cuenta, Rin dependía de alguien para que la protegiera… Por eso había muerto, el no había podido salvarla y ella no sabía defenderse sola… Y si de nuevo la dejaban sola… Ella no sabría protegerse… Él no podría protegerla…
Apretó los puños decidido. Esta vez sería distinto, no dejaría que ella volviera estar sola y si en algún momento lo llegara a estar, sabría defenderse esta vez.
Al día siguiente, Jaken junto con Ah-Un buscaban a los mocosos fastidiosos ya que iban a irse pronto, según ordenes del amo. Pero apenas él se dio la vuelta ese par de engendros de Satán habían escapado de su vista, y al parecer el dragón conspiraba contra el por qué en vez de ayudarlo pastaba tranquilamente apenas se detenían. Escucho unas risitas en un árbol cercano al lago del día anterior y se acerco listo para darles unos buenos coscorrones a ese par de mocosos malcriados, pero al llegar solo vio al pequeño Leo que veía hacia arriba como si fuera lo más interesante del mundo.
-¡Mocoso! Que acaso estas sordo, llevo todo la mañana buscándolos –El grito del sapo había lastimados sus sensibles, y lo miro enojado.
-Estábamos aquí, se lo dije pero usted como siempre está hablando con usted mismo y no nos hizo caso –Le dijo molesto el niño por despistado que era con ellos, es mas alguien podría secuestrarlos y él ni en cuenta.
-¡Cállate, enano! ¡Deberías tratarme con más respeto! Ya casi es hora de marcharnos, ahora dime ¡¿Dónde está tu hermana?! –Se quejo el sapo mientras sentía que la vena de su frente iba a explotar del estrés.
Leo alzo su dedo índice para indicar hacia arriba, el Dragón rápidamente siguió la dirección, y Jaken, con un poco de miedo alzo la mirada.
Arriba del árbol, Rin estaba colgada como murciélago, y saludo con la manita al ver a los dos Youkais que habían llegado, con una sonrisa- ¡Hola, señor Jaken!-, canturreo la niña. Y a Jaken casi se le sale el corazón por la boca.
-¡Rin! ¡QUE HACES ALLA ARRIBA, NIÑA LOCA! ¡TE VAS A MATAR! ¡BAJA DE AHÍ AHORA MISMO! –Grito aterrada la rana mientras corría alrededor del árbol buscando un lugar donde pudiera atraparla si se llegaba a caer, porque si no, Sesshomaru lo mataría.
-¡Pero debo terminar las flexiones que mi hermano me indico! –Le dijo la pequeña que miraba divertida la escena desde su altura.
Jaken se detuvo y se acerco al niño –¡ ¿Acaso quieres matarla?!-Se altero el sapo mientras lo sacudía –Si algo le pasa…- Pero el menor se sacudió el agarre del Youkai.
-Estamos entrenando señor Jaken, así que no interrumpa –Le dijo el niño mientras volvía a ver a su hermanita -¡Rin no bajaras de ahí hasta que hagas otras 10 flexiones, ¿entendiste?!
-¡HAI! –Le respondió tierna la pequeña y volvió a hacer el ejercicio que su hermano le había indicado -10, 9, 8, 7…
-¡RIN! ¡Deja de hacer eso! ¡Te vas a matar! –Ahora si iba a sufrir un infarto, desde esa altura esa niña se haría un horrible daño, y Sesshomaru lo mataría por no haberla cuidado.
Leo le dio un golpe a Jaken por interrumpir su entrenamiento y ambos empezaron una tonta discusión. La cual provoco que no escucharan como poco a poco la rama que sostenía a Rin se quebraba, y como ella estaba cantando sus abdominales no lo escucho hasta que…
-3…2… 1… -Termino con algo de dificultad, dado que no estaba acostumbrada. Suspiro aliviada de haber terminado. Pero cuando iba a bajar la rama se quebró y la niña cayó al vacio, soltando un grito de terror.
-¡RIN! –Gritaron al mismo tiempo ambos Youkais aterrados, intentaron correr hacia ella pero se tropezaron gracias al bastón de Jaken y cayeron al piso. Cerraron los ojos para no ver la estrepitosa caída de Rin al suelo. Pero al pasar unos segundos y no oír nada, abrieron los ojos esperando encontrar a Rin herida.
Pero vieron que justamente bajo el árbol estaban Sesshomaru que los miraba seriamente con una Rin en su brazo que lo abrazaba como si en eso se le fuera la vida.
-Señor Sesshomaru, usted es mi héroe –Dijo la niña muy alegre mientras lo abrazaba más.
Sesshomaru la bajo con cuidado y se dio la vuelta para alejarse de ahí.
-¡Vámonos! –Ordeno el Youkai mientras que Leo abrazaba a su hermanita y Jaken trataba de recuperar el aliento del susto que había recibido. Ah Un se acerco a Sesshomaru y luego los niños lo siguieron con una sonrisa. Jaken se quedo atrás unos segundos antes de seguirlos, lo más rápido que sus piernitas se lo permitían.
-Leonardo –Hablo el Youkai, obteniendo la atención del niño –Si vas a entrenarla, asegúrate de no ponerla en peligro, apenas está empezando.
El pequeño bajo la mirada, sintiéndose muy culpable, que pasaba si algo le pasaba a su hermanita por su culpa. Jamás se lo perdonaría –Y Leo- El niño se tenso como un soldado, esperando otra reprimenda –Buen trabajo ayer.
La mandíbula de Jaken casi cae al piso, al igual que la de los niños. Decir que eso era lo más amable que Sesshomaru le había dicho a alguien en su vida era decir mucho, y más siendo Jaken quien lo afirmaba.
La sonrisa que adorno la cara del niño era tan deslumbrante que casi no cavia en su carita. Y Rin le dio unas palmaditas de ánimo por ser tan bueno.
-Rin –La pequeña miro al Youkai esperando lo que él tuviera que decirle – Quiero que corras hacia esa colina hasta que te canses.
-¡Sí! –Dijo feliz la niña mientras iba corriendo al lugar que su amo le había indicado. Leo quiso seguirla pero la mirada de Sesshomaru le indico que la dejara.
Sesshomaru ya sabía a dónde dirigirse para obtener las respuestas que quería sobre el misterio de la sangre de Inuyasha y sin importar lo que tuviera que hacer, encontraría esas respuestas. Miro de reojo al niño que miraba decidido hacia el camino que seguían y luego a la niña que a pesar de sus cortas piernitas ya iba adelantada.
Y tal vez, le podría decir el secreto del por qué la diferencia de especies entre ambos pequeños, a pesar de que su sangre tenía el mismo olor.
