Capítulo 3: Procedimiento regular

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—¿Cómo eran papá y tú cuando empezaron a salir? —le preguntó Tobio a su madre una tarde durante la cena, cuando estaban los dos solos. Su padre se había ido en un viaje de negocios y a Tobio le pareció un buen momento para preguntar.

Su madre se enderezó. Tenía los ojos bien abiertos y una sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.

—¿Estás saliendo con alguien?

—No —respondió rápidamente. Sabía que el giro que tomaría esta conversación sería muy diferente si descubría que estaba enamorado de un chico—. Pero muchos de mis compañeros sí. Me dio curiosidad.

Su madre sonrió.

—Bueno, tu padre y yo éramos mucho mayores cuando comenzamos a salir, habíamos estado con varias personas antes de siquiera conocernos; así que podrías decir que ya éramos veteranos en el asunto.

Tobio arrugó la nariz.

—Así es como es para mucha gente, sabes. Tu primer amor rara vez es el último.

Y ahora no solo se sentía incómodo, también estaba reprimiendo un revoloteo en el estómago. Era absurdo, lo sabía. Una semana atrás le hubiese parecido imposible que Hinata pudiese corresponder sus sentimientos no-compañerísticos, pero la mención de que la felicidad que ahora sentía pudiese ser temporal le daba nauseas.

—¿Y? —insistió, para sacarla del tema de las relaciones que acaban— ¿Cómo eran?

—Normales, supongo. Íbamos al cine, hablábamos del futuro... pero así es como tienen citas los adultos —su madre se inclinó hacia adelante con un atisbo de sonrisa—. ¿Quieres que te hable de mi primer amor?

Tobio intentó no fruncir el ceño en desagrado pero la risa de su madre anunció su derrota. No quería escuchar sobre su primer amor porque, uno, no había sido su padre y, dos, solo enfatizaría el hecho de que la mayoría de las relaciones de secundaria se acaban. Está al tanto de ello, siempre lo ha sabido, pero la idea lo hace sentir vacío. En los dos días que han pasado desde que Hinata dijo aquellas impensables palabras (me gustas) se ha sentido como si algo se aligerara en su interior y el mundo parecía más brillante.

No es que algo hubiese cambiado realmente. Era una felicidad personal, una que podía abrazar durante las noches: le gusto a Hinata. No necesitaba que nadie supiera.

—¿Puedes explicarlo de una forma no-asquerosa? —preguntó. No sabía nada de nada sobre salir con alguien y sus dos primeros días de técnicamente estar haciéndolo eran prueba de ello. ¿Había algo que se suponía debía hacer por Hinata? ¿Llevar su bolso? No, eso era estúpido. Hinata era completamente capaz de llevar su propio bolso. Entonces, ¿qué podía hacer?

Nada en la cancha, se dijo. Esa era una línea que no podían cruzar y que no había cruzado ni una vez mientras albergaba su enamoramiento, no se preocuparía de hacerlo ahora. Tal vez podía aceptar ayudar a Hinata a aprender el saque en suspensión en su tiempo libre, pese a que la idea lo hacía apretar los dientes. No, pensó, primero debe mejorar con los saques básicos.

Este era el motivo por el que sus dos primeros días de estar saliendo fueron prácticamente iguales a los que los precedieron, con la excepción de esa sensación flotando en su estómago y una tendencia a ruborizarse cuando la mirada de Hinata se cruzaba con la suya: era malo en esto.

—Hacíamos lo normal —dijo su madre—. Chocolate en San Valentín, regalos en el Día Blanco, pasar navidad juntos, ir al templo en Año Nuevo. Largas caminatas. No teníamos suficiente dinero para ir a un montón de lugares, pero no importaba. Estar juntos era el paraíso.

Tobio apretó los labios. ¿Caminatas? Eso estaría bien, solo que... un poco común.

Su madre soltó una risa ahogada.

—Incluso tuve una de sus poleras. Solía dormir con ella en mi almohada.

El calor se agolpó en el rostro de Tobio y escuchó la voz de Hinata otra vez: me gusta como huele tu ropa. ¿Eso quería decir que... que Hinata había hecho eso? ¿Fue eso lo que quiso decir? La idea lo hizo querer hundir la cabeza en un balde de agua fría.

También lo hizo querer darle a Hinata cada una de las prendas que poseía.

—Lo importante —continuó su madre— es hacer solo aquello con lo que se sientan cómodos. No hay prisas. Que tus compañeros tengan su primer beso no significa que tú debas hacerlo. Sé qué es difícil de creer a tu edad-

—Capto la idea —se apresuró a decir antes de que su madre pudiese calmarlo más—. Yo no-no tengo apuro...

Una imagen centelleó en su cabeza (los labios de Hinata contra los suyos, sus cuerpos presionándose uno contra el otro) y Tobio olvidó como pensaba acabar esa oración. Era una fantasía, no un recuerdo, pero igual le quitó el aliento y se encogió de hombros sin poder hacer nada ante la falta de palabras. Su madre sonrió.

—Te avergoncé. Lo siento. Me alegra que me estés preguntando sobre estas cosas, Tobio.

Él la miró, sorprendido por lo suave que su voz se había vuelto. Se veía... aliviada.

Oh. Porque estaba mostrando interés en la gente. Hundió la cabeza. No soy antisocial, quiso decirle. Solo soy malo haciendo amigos.

Pero de seguro escuchar eso era igual de deprimente para un padre, ¿no?

Pero está bien, se imaginó diciendo. Hinata es bueno en eso.

No, no: mi novio es bueno en eso.

Le sonrió a la mesa y la conversación acabó allí.

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Tenía razón, cedió Tobio, sosteniendo su suéter frente a su nariz. Hinata se lo había devuelto el día anterior y él lo había dejado en el armario sin mayor ceremonia... solo para volver a sacarlo esta noche. Olía a Hinata, traía el aroma de su casa. Tobio se quedó con la prenda así, inhalando profundamente, como si con ello pudiese conjurar por arte de magia al chico de cabello naranja a su lado.

Solo que no podía. Se derrumbó sobre la cama. El día siguiente sería sábado y no se había agendado ningún partido de práctica. El fin de semana le bostezaba en la cara, vacío, completamente sin-Hinata.

No es que fuese raro que se viesen los fines de semana, pero siempre era con el pretexto de una práctica de vóley. No iban uno a la casa del otro porque no eran amigos: eran enemigos que por casualidad hacían todo juntos. Habrían estado cruzando una línea al invitarse a sus casas solo para verse.

Ahora estarían cruzando una totalmente diferente.

Gimió contra su suéter, acurrucándose en él, y se preguntó cómo se suponía que sobreviviría al fin de semana.

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—¿Tobio? —lo llamó su madre desde la puerta—. Alguien vino a verte. De tu equipo.

Su corazón comenzó a acelerarse. Estaba semivestido en su dormitorio, con el cabello húmedo por la ducha, y luchó por no trastabillar y echar a correr enloquecido al recibidor con el pecho descubierto solo para ver quién era. El suéter que le había prestado a Hinata estaba sobre su cama, se lo puso mientras corría a la puerta.

—Hinata —dijo sin aliento cuando vio con quien conversaba su madre. Su malhumor de la mañana prácticamente inexistente—. No dijiste que-

—¡Sorpresa! —soltó Hinata en su lugar.

Ya se había sacado los zapatos y parecía haber encantado a su madre, quien lo dejó pasar. Qué bien que lo quería tener aquí, pensó Tobio. Hinata llevaba capris y una polera a rayas y parecía el verano personificado gracias a su cabello desordenado levantado en todas direcciones.

—Ayer suspirabas un montón —agregó Hinata—. Supuse que estarías como un bebito por no tener partidos de práctica este fin de semana, así que...

S madre rió (traidora) y se giró hacia Tobio.

—Oh, señor, te conoce bien, ¿ah?

—Solo porque él es igual —Tobio soltó ente dientes—. O peor.

—Sí, bueno, adivina quién convenció al viejo entrenador Ukai de dejarnos usar su cancha más tarde.

Tobio abrió los ojos como platos.

—¿Lo hiciste?

Hinata sonrió. Tobio le sonrió de vuelta y se le acercó a zancadas para revolverle el cabello.

—Bien hecho.

Fue recién cuando retiraba su mano que notó la suavidad de su cabello contra su palma, al mismo tiempo que Hinata reconocía el suéter que él llevaba puesto: Tobio retiró su mano de un tirón y las mejillas de Hinata enrojecieron. La temperatura en el aire a su alrededor pareció aumentar.

—Y —siguió Hinata, dando una mirada a la madre de Tobio al tiempo que apretaba la tira de su bolso— traje mi consola, así que...

Creo —declaró ella— que este es un excelente momento para ir a la tienda por comida.

Hinata gritó de alegría y entró corriendo a la casa. Tobio miró a su madre, preocupado de que leyese la situación.

—No tienes que-

Ella le dio un empujoncito.

—Diviértete con tu amigo. Es lindo conocer a uno de tus amigos del vóleibol al fin. Creí que los estabas inventado.

—N-no...

Recibió un beso en la frente antes de que ella buscara las llaves del auto en el cuenco junto a la puerta. Un segundo después tomó su monedero y las bolsas de las compras y salió. Tobio le ordenó a su corazón que se calmara antes de caminar hacia donde Hinata, frente al televisor, y lo vio sacar un conocido cubo morado de su bolso.

—¿Un GameCube? Mi primo tenía uno de esos.

—Es viejo, pero pensé que podría ser divertido —Hinata alzó la vista, un rastro de color aun notorio en sus mejillas— ¿Si es que quieres...?

—¡Sí! —casi gritó— Idiota, ¿por qué no querría?

—En una de esas solo te gusta el vóley y patear perritos.

—Yo no... ¡¿Por qué crees que me gusta patear perritos?!

—Estoy bromeando, imbécil. Ayúdame a conectar esto.

Tobio le hizo caso. Logró alzar su mirada al rostro de Hinata cuando acabaron de conectar todo.

—Gracias por venir hoy. Y por organizar las cosas con el viejo Ukai.

Hinata ladeó la cabeza.

—Suena como si te hubiese hecho un favor —Tobio se encogió de hombros y miró hacia abajo—. Quería pasar el día contigo, sabes. Pensé en ello toda la noche y para cuando me desperté esta mañana, tenía un plan. No sabía si querrías que viniera a tu casa, así que debía tener una buena excusa.

—¿Por qué pensarías eso? —le preguntó Tobio tomando el controlador que el otro le tendía. Rodeó la mesita y se sentó en el sofá, en una esquina. Esperaba que Hinata hiciese lo mismo en la otra pero en lugar de eso se sentó justo a su lado, en el puesto del centro, y sus rodillas se tocaban. Algo revoloteó en su estómago.

—La última vez me echaste, ¿lo olvidas?

—Eso- ¡estaba avergonzado! ¿Quién no lo estaría?

Hinata empujó su pierna.

—Aun así.

En la pantalla apareció el logo de GameCube (la cancioncita llevó a Tobio unas cuantos años atrás en el tiempo) y luego Hinata apretaba cosas en el menú de un juego que Tobio nunca había jugado.

—¿Smash Bros.?

—¡¿No lo has jugado nunca?! Pensé que dijiste que-

—Solo explícalo. Estoy seguro que voy a entender.

Hinata dejó caer su controlador y pasó sus brazos bajo los de Tobio para sujetar el suyo de ambos lados, acomodando las manos de Tobio con sus dedos. Por un largo instante Tobio olvidó cómo respirar.

Solo es Hinata, idiota,se dijo a sí mismo. Siempre se tocaban, siempre, incluso antes de que los sentimientos de Tobio lo hiciesen sentir culpable, pero ahora se sentía distinto. Hinata sabía de sus sentimientos y ya no retrocedería con un insulto rápido si este le preguntaba por qué se quedaba rígido.

Por otro lado, ¿no se supone que disfrutes cuando tu novio te toca? Tobio bajó la vista a la coronilla de Hinata, su temperatura subiendo. Novio. Aun parecía imposible.

—Oye, ¿me estás escuchando? A para ataques normales, usas los análogos para cambiar de dirección... —le enseñaba, Tobio intentó poner atención esta vez. B para ataques especiales. Z para sujetar. No tenía idea si lo recordaría todo pero no acortó la explicación, podría quedarse sentado todo un día ahí, con las manos pequeñas de Hinata apresando las suyas, y sería feliz— ¡Listo! En todo caso vamos a empezar jugando en equipos, como no has jugado antes.

«¡Melee!», anunció el juego, tras lo cual apareció un menú para elegir personajes. Hinata cambió el equipo y eligió una bola amorfa y rosa como su personaje. «¡Kirby!», dijo alegremente el juego.

—Aquí, elige a Jigglypuff.

—Elijo... ¿qué?

—El otro rosado. Solo confía en mí.

Tobio le hizo caso, mirando molesto la pantalla. Todos los otros personajes se veían literalmente más atemorizantes que el que Hinata lo hizo escoger. Incluso la silueta negra. Sabía quién era Jigglypuff, claro, había jugado dos juegos diferentes de Pokémon en su DS, pero la bola rosada no parecía oponente para monos gigantes y humanos con espadas.

Clavó la vista en su controlador intentando recordar qué hacía qué hasta que Hinata acabó de ajustar la configuración. El juego comenzó: equipo rojo, Kirby y Jigglypuff contra equipo azul, Donkey Kong y Bowser.

—¡¿Por qué elegiste a los grandes?! —le gritó Tobio indignado cuando el reloj comenzó a moverse. Su personaje estaba en una plataforma flotante sobre alguna especie de base volcánica.

—¡No importa qué tan grande sean! Será más divertido así...

El juego comenzó y cortó su excusa. Su avatar saltó en la pantalla tal como él lo hizo en la vida real, mientras Tobio intentaba no confundirse con quién era quién. Evitó la lava y solo se tiró fuera de la pantalla una vez... y solo porque quería ver que tan lejos podía volar su bola rosada. Creyó estar pillándole el truco a eso de cachetear a Donkey Kong cuando saltó e hizo un ataque nuevo.

Y Jigglypuff se durmió.

Mientras la lava subía.

—¡¿Por qué no se mueve?!

—¡Es tu ataque especial!

—¡¿Mi ataque especial es quedarme dormido?!

—Elegir bien el momento importa-

Tobio vio como la lava amarillo-naranja subía, su personaje rebotando mientras se quemaba. Dejó salir una seguidilla de maldiciones e intentó no lastimarse más de lo que ya estaba. Hinata siguió convirtiéndose en bloques y golpeando a sus adversarios de un lado a otro, claramente dominando, mientras Tobio se movía con dificultad.

—¡¿Por qué tuve que elegir este?!

—¡Es divertido! Solía jugar este juego algunas veces y siempre era Kirby y… um.

—¿Qué?

Hinata rió avergonzado.

—Hacía como que Jigglypuff era mi novia y yo tenía que protegerla. Porque se parecen, ¿ves? Podrían ser novios.

Tobio tardó un momento en captar la idea, pero cuando lo hizo no pudo evitar reír.

—Idiota —murmuró, decidiendo jugar con su personaje para nada feroz con un poco menos de resentimiento. Hinata idiota, pensó, preguntándose porque sentía las palabras como una expresión de cariño.

—¿No estás molesto?

—Claro que no —aunque no podía decir que estaba contento porque era el motivo más idiota para estar feliz y no sentía un revoloteo en el estómago, claro que no.

Siguieron la batalla sin más palabras, cuando ganaron Hinata vitoreó por encima de la música de fondo. Terminaron esa partida con una victoria y comenzaron una nueva con los mismos personajes, está vez junto a un gran castillo.

—Ey, Kageyama —lo llamó Hinata.

—¿Hm?

—Deberías tomarlos y tirármelos. Como en el vóley.

Tobio bufó, mas lo intentó. Ambos perdieron mucha vida durante los intentos fallidos que siguieron, pero eventualmente Jigglypuff logró enviar a Donkey Kong hacia Kirby y Kirby lo aplastó con fuerza. Ambos soltaron una risa ahogada cuando al fin resultó, solo que la falta de aire de Tobio se debía más al grito de batalla de Hinata.

—¡Otra vez! —gritó este. Alternaba el golpear a sus enemigos con succionarlos en un agujero y Tobio no estaba seguro qué técnica lo hacía reír más. Comenzaba a dolerle el abdomen.

Una hora más tarde le dolía la cara de tanto sonreír. Habían dejado el juego en pausa y Tobio había ido a buscar unos refrescos. Hinata lo observaba, inclinado sobre el respaldo del sofá.

—Ey, Kageyama —lo llamó, y esta vez había cierto cuidado en su voz. Tobio esperó a llevar las bebidas antes de hacer un breve sonido de atención—. ¿Cómo funciona? —preguntó. Estaba sentado derecho, una pierna sobre el sofá para así girar su cuerpo hacia Tobio—. Los dos somos hombres. ¿Sabes cómo...?

Tobio bajó la vista al espacio entre ellos. Fue en este sofá en el que Hinata, sin querer, le sonsacó su declaración y todo comenzó a moverse desde allí. Tobio fue quién lo inició, pero no tenía idea qué seguía o cómo se suponía que debían salir, o siquiera qué significaba.

—Quiero decir, ¿que seamos los dos chicos quiere decir que uno debe ser la chica? —siguió Hinata, frunciendo el ceño, concentrado. Tobio lo miró fijo—. Porque creo que ese sería yo, porque tú eres más alto, pero la verdad no siento que-

—¡No! ¡Claro que no! Nosotros… ninguno de nosotros es la chica. No es como funciona.

—Pero qué hay sobre... —Hinata se ruborizó y sus siguientes palabras fueron tan bajas que casi no se oyeron— el sexo.

La mano de Tobio se extendió por su propia voluntad, encontrando la coronilla de Hinata y empujándola hasta que lo dejó paralelo al sofá, incapacitándolo de ver el brillante sonrojo en su rostro.

—¡Idiota! —Tobio se atragantó, puso su mano sobre su boca y nariz como si con ello ocultara su rubor.

—¡Qué! —gritó Hinata, intentando liberarse del agarre—. Lo busqué, vale, y en las relaciones g-gays-

—¡Por favor ya para!

Hinata dejó caer los hombros pero accedió, así que Tobio retiró su mano despacio.

—No digo que esté en contra —soltó malhumorado, antes de que Tobio pudiese estirar una mano para cubrir su boca. En su lugar Tobio prefirió mirarlo molesto.

—¿Estás así de impaciente? —preguntó, con el corazón palpitando acelerado. No quiero ser malo en nada de lo que hagamos, pensó desesperado. No quiero que dejes de verme como lo haces.

—No... porque ocurra pero... por saber. Cómo sería —se movió hasta quedar arrodillado frente a Tobio, moviendo las manos para enfatizar—. ¿Tú no?

—Tal-tal vez —se masajeó la mejilla con una mano con la esperanza de no seguir sonrojándose—. Pero no creo que sea algo por lo que debamos preocuparnos. Especialmente no ahora. Y, bueno, haremos lo que queramos cuando sea la ocasión de hacerlo.

Oh, Dios, el revoloteo en su estómago lo iba a enfermar. Esta conversación debía acabar, y pronto, pero Hinata estaba frunciendo el ceño otra vez.

—Vale, pero ¿quién le dará chocolates a quién en San Valentín?

—Quien quiera hacerlo, idiota. Acabo de decir que-

—Los quiero.

—¿Qué?

—Quiero chocolates en San Valentín. Tuyos.

Tobio lo miró en total desconcierto.

—Estamos en septiembre.

—¿Quieres decir que no lo harás?

—¡Lo haré, idiota! Si tanto los quieres, por Dios —desvió la mirada, seguro de que el sonrojo había regresado. No esperó que Hinata le saltara encima y lo empujara, sonriendo.

—¿Lo harás? ¿En serio?

—S-sí. Si aun estamos...

—Estaremos —afirmó Hinata de forma descuidada y Tobio lo miró asombrado. ¿Cómo podía estar tan seguro? ¿Era esa fe ciega de nuevo, la que le permitió rematar con los ojos cerrados cuando se conocieron?

Hinata pareció notar la duda en su rostro y retrocedió un poco. Aun estaba demasiado cerca, tanto como para que Tobio pudiese oler su champú y el tibio aroma de su piel. Cada detalle concerniente a Hinata le parecía atractivo estos días, los mismos detalles que solía odiar cuando se conocieron. No sabía cómo podía ser posible, a menos que nunca los hubiese odiado realmente.

—¿Kageyama? —Tobio vio sus labios formar su nombre, apenas escuchándolo. Una mano de Hinata reposaba cálida sobre su rodilla y comenzaba a hacerse difícil tragar, respirar incluso.

—¿Qué? —murmuró aturdido.

—¿Por qué estás... mirando...?

¿Era Tobio quien se inclinaba o era Hinata? Sus palabras se interrumpieron y su aliento tibio llenó el espacio entre los dos. Tobio sintió su cabeza ladearse y su mano alzarse para rozar el mentón de Hinata. El calor recorrió su cuerpo y entonces...

Reaccionó. Intentaba besar a Hinata, sin preámbulos ni consultas, y de golpe su espalda retrocedió hasta el respaldo del sofá, medio metro de distancia entre ellos.

Hinata se quedó viéndolo.

—Creí que tenías comida en la cara —soltó Tobio. Su voz pareció falta de aliento incluso para él.

—Ibas a besarme.

—No —y era cierto, porque no estaba seguro cómo y no quería ser malo en ello. Recogió el controlador—. ¿Cuánto falta hasta que vayamos donde el viejo Ukai?

Hinata suspiró y se alejó más o menos a donde estaba sentado mientras jugaban. Tobio cerró los ojos y tragó.

—Dos horas —respondió Hinata—. Deberíamos comer antes. De otra forma me dará hambre.

—Ya —dijo Tobio, aun un poco aturdido—. Claro.

Hinata le devolvió el sonido a la televisión pero, antes de quitarle la pausa al juego, le dio un empujoncito a Tobio.

—Ibas a besarme —insistió, en voz baja.

—No —murmuró Tobio en respuesta. Pero lo haré, pensó.

Y pronto, espero.

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Notas de la traductora: ¡Y es domingo! Me han llegado un montón de notificaciones por follow y favorite, así que de verdad ¡muchas gracias! En especial a quienes se han dado el tiempo de darse una vuelta por AO3, ah, que no me olvido de ustedes. Responderé sus comentarios ahora, por si dejaron alguno en el capítulo anterior, para que les den una mirada.

¡Cariños!

Saku*

2015.08.23