Capítulo 3

Esto iba a pasar

John se iba adaptando a las tareas manuales. La caza y la pesca eran sus habilidades más notorias, pero no se defendía nada mal en otras áreas. La época de cosecha estaba llegando a su fin debido al invierno que se aproximaba.

Las colonias avanzaban lentamente, aunque tenían bastantes problemas con los asentamientos al ser climas a los que no estuvieran acostumbrados entre tantos otros factores que había de por medio. Aun así, tenían un acuerdo pacífico con los Powhatan, incluso, hasta habían llegado a comerciar con sus cosechas a cambio de herramientas que facilitaran sus labores, como las hachas y los cuchillos. Sin contar que el asentamiento de la tribu, que era uno de los más grandes, quedaba fuera de toda urbanización.

Los colonos habían aceptado y algunas otras aldeas, llevando peticiones similares, también. Pero no todos llevaban el mismo pacifismo del jefe Nonoma. Los mattaponis eran una de las tribus que no estaban de acuerdo con la llegada del hombre blanco. Y aun bajo las condiciones pacíficas que se habían acordado, habían llegado a alguna intervención entre tribus y colonos para seguir manteniendo la paz entre las dos civilizaciones.

Mientras John salía con otros hombres de la tribu a cazar, Pocahontas dejó sus trabajos en la cosecha y salió a explorar como había hecho tantas otras veces, que su curiosidad y su espíritu libre le impedían estar demasiado tiempo en actividades repetitivas como la cosecha.

Se alejó sin que Nakoma pudiera detenerla, trabajando el doble para cumplir con la parte de su amiga.

Pocahontas se fue por el bosque, a ver a la abuela sauce seguida por Flip y Mikko, deteniéndose a mitad de camino cuando vio a uno colonos armados, escondiéndose detrás del grueso tronco de un árbol. De ahí, se quedó mirando todo y con su habilidad felina para desplazarse por el bosque que conocía tan bien como la palma de su mano, se fue acercando para saber qué es lo que estaban diciendo.

La mujer se horrorizó cuando escuchó del ataque a su aldea y a las que los rodeaban ¿Dónde estaba la lealtad a su palabra? ¿O es que entre los blancos, mantener una promesa era algo insensato? A ella se le heló la sangre, pensando en los suyos, en su gente, en todo lo que habían construido aun con la invasión de aquellas personas que iban destruyendo la naturaleza para poder vivir en ella, una ideología diferente a lo que ella tenía en mente de lo que era vivir en la naturaleza, pero se habían puesto de acuerdo en respetarse, habían llegado a un acuerdo pacífico ¿por qué romperlo ahora? Ya incluso, habían comprobado que las únicas riquezas en su tierra, eran las tierras. Los aborígenes no tenían más riquezas que lo que la madre naturaleza les daba.

Miró a su alrededor, no había nadie, por lo que iba a marcharse y alertar de lo que pensaban hacer en su hogar ¡debían detenerlos! Y de alguna forma que no implicara que alguien se viera herido.

—¿Adónde crees que vas? —La interceptó un hombre levantándola del brazo, por la espalda. Había visto a Pocahontas, pero se había mantenido en silencio hasta ahora que ella intentaba escapar.

Pocahontas no era tonta, sabía que estaba en desventaja si intentaba hacer algo contra aquellos hombres, que ya sólo superándola en número, la dejaban sin nada qué hacer. Por eso, ni si quiera mostró resistencia al ser llevada con su jefe, aunque no oculto su desagrado en ningún momento, no iba a actuar como una niña buena, pero intentaría ganar tiempo y hallar una forma de protegerse y proteger a los demás, sólo esperaba que esto que le acababa de ocurrir no fuera algo que terminara desencadenando una tragedia.


El olor a leña quemada se podía sentir aun fuera de la cabaña de madera a la que la habían llevado. Tenía las manos atadas en la espalda y en el caballo, tampoco habría podido hacer mucho. Mikko y Flip habían logrado escapar y esperaba, volvieran con ayuda.

La bajaron del caballo y en cuanto tocaron la puerta, un hombre de porte elegante salió a atenderlos alegando que estaba en un importante asunto. Se paró en seco al ver a la mujer con ellos, mirando con desdén a uno de los hombres.

—¿Por qué trajeron a una indígena hasta aquí?

—Un pequeño descuido y ella escuchó todo —dijo en un susurro y mirando al suelo jugando con sus dedos índices.

Por su lado, ella no actuaba de la misma forma y mantenía la mirada firme y al frente, sin importarle que estuvieran ante el líder de los cara pálida o no. Pocahontas sabía que no debía perder ni su orgullo ni dignidad por nadie, después de todo, los que estaban obrando mal eran ellos.

La dejaron con él y se retiraron tan rápido como habían visto la mirada fulminante de su superior. Lo mejor era que huyeran lo más rápido posible y siguieran con su trabajo como si nada hubiese pasado, aunque seguramente, les iba a caer la reprimenda más tarde.

Los últimos rayos del sol se posaron en el suelo, perdiéndose en un horizonte lejano mientras el comandante de los colonos miraba a Pocahontas y movía la cabeza negando y pensando qué hacer.

—¿Cuál es tu nombre? —Se frotó la barbilla caminando de un lado a otro. Ella vio su oportunidad para correr, pero no lo hizo al sentir demasiado cerca a los otros dos.

—Pocahontas

—¿El guerrero Pocahontas del que tanto se hablaba en la corte es una mujer? Es ridículo

—Con todo respeto, el único al que encuentro ridículo es a usted —respondió aguda la mujer recibiendo una mirada fulminante del colono— se supone que tendríamos una convivencia pacífica.

—El rey quiere hacer una limpieza del territorio y eso incluye a los salvajes. Podrías encajar bien en la sociedad si te vistieras bien y aprendieras unos pocos modales —se encogió de hombros al decirle eso mientras caminaba alrededor de la mujer.

Pocahontas no lo dijo expresamente, pero su mirada lo expresaba claramente como diciéndole: ¿estás seguro de que se lo dices a la persona correcta? Ella no tenía intenciones de cambiar por encajar y eso lo tenía bien claro. sus raíces estaban en esa tierra, con esas personas, con la naturaleza y no iba a renunciar a ellas porque un colono se lo dijera.

—Muy bien, te enseñaré. De todas formas, eres una mujer. Tu padre te cambiaría por un poco de comida y unas joyas —se burló descaradamente y ella no lo soportó. Era ese el momento o no lo haría nunca.

Se echó a correr y aunque el colono no había hecho intento de seguirla, al sacar su látigo y lanzarlo al pie de la indígena, fue suficiente para hacerla caer.

—Me caes bien —le dijo sonriente hincándose a su lado—puedes ser la razón para que iniciemos la limpieza. 'Ellos atacaron primero y no tuvimos opción' ¿suena bien, no?

La levantó del suelo y la llevó al interior de la vivienda, encerrándola en una pequeña habitación sin ventilación alguna más que un hueco que tenía la puerta.

Estaba atrapada y aunque revisó el habitáculo completo, no llegó a encontrar ningún sitio flojo o lo suficientemente débil para escapar.

Se sintió vencida, así no iba a poder hacer nada para ayudar y por el contrario, sólo podía ser la razón para que muchas vidas se perdieran.


—Nakoma ¿Y Pocahontas? —Le preguntó John al ver a la mujer volver con una cesta repleta.

—¿No estaba contigo? Se fue temprano y asumí que fue a buscarte.

John no la dejó terminar. Aquellas bellas tierras ya no eran tan seguras como antes y ante la falta de la mujer en la tribu, había pensado lo peor, dejando todo atrás para salir a buscarla. Nada le iba a impedir hallar a su mujer, así tuviera que pasar toda la noche y los días siguientes buscándola, la iba a hallar.