Capítulo 2
Arturo vagaba por los pasillos del castillo tratando de calmar su atormentada mente. Había estado deprimido desde que Merlín se había ido. Nada había logrado calmarlo y ahora un fuerte vacío se había formado en su interior. Ni el intenso entrenamiento, las cacerías o sus deberes como rey habían logrado distraerlo de lo sucedido, no importaba lo que hiciera, no encontraba el modo de darle un cierre.
Suspirando, Arturo se detuvo mirando por una de las ventanas que daban hacia el exterior del castillo tratando de controlar sus ya desorganizadas emociones mientras el sol lo golpeaba cálidamente. 'Ningún hombre vale tus lágrimas' se dijo Arturo a sí mismo, últimamente se había vuelto un mantra que cada día perdía más su significado.
La culpa volvió a invadirlo. Merlín no era cualquier persona, él fue su mejor amigo, su hermano, la primera persona que vio más allá de sus títulos, el primero en tender una honesta mano amiga hacia él sin esperar nada a cambio, y ahora, él simplemente se había esfumado porque Arturo había sido demasiado idiota y ciego para entenderlo.
El rey se apresuró a limpiar sus ojos mientras sentía que se le humedecían con el recuerdo de las consecuencias de sus errores al mismo tiempo que trataba de serenarse. Lo peor de todo, es que sabía que Merlín había sido su amigo, pero al mismo tiempo seguía sin estar totalmente seguro de quién había sido en realidad ese hombre. ¿Sirviente? ¿Idiota? ¿Torpe? ¿Consejero? ¿Sabio? ¿Amigo? ¿Hechicero? ¿Quién era? ¿Qué lo motivó a quedarse en Camelot? ¿Por qué vino? ¿Cuándo aprendió magia? ¿Quién le enseñó? ¿Qué hizo por él, por Guinevere, por los caballeros, por Camelot? ¿La magia era malvada? No. ¿Sí?
Él sólo estaba seguro de una cosa: esa esfera de luz que lo salvó hace tantos años mientras buscaba la flor Morteus para sanar a su envenenado sirviente había sido cosa suya. De alguna manera su amigo había conjurado esa luz salvándolo de una muerte segura. Incluso en un estado cercano a la muerte, él permaneció al lado de Arturo. 'Estaré feliz de ser tu sirviente hasta el día de mi muerte' sonó la decidida voz de Merlín entre los pensamientos del rey.
"¿Arturo?" llamó una suave voz a sus espaldas.
Lentamente el rey se volteó sorprendido. "Guinevere" reconoció el rey tratando de sonreírle a su esposa.
"¿Qué haces aquí? Creí que estarías en tus cámaras" dijo Gwen mirándolo con preocupación.
"Necesitaba salir y despejar la mente" respondió lacónicamente el rey. "¿Y tú?"
"Igual, paseando" respondió brevemente la reina mientras continuaba viendo a su esposo con preocupación "Olvidaste que almorzaríamos juntos hoy" dijo de repente la reina alzando la ceja.
"¿Era hoy?" preguntó el rey sorprendido y bastante apenado por su distracción.
"Vamos, Arturo" sonrió la reina tomando su mano y encaminándose hacia sus habitaciones.
-oOo-
Una vez en sus cámaras, Gwen llamó a uno de los sirvientes pidiendo que le llevaran de comer tanto a ella como el rey. Cerrando la puerta, la reina vio como su esposo veía pensativo y con tristeza por la venta hacia el patio de la ciudadela.
"Esto no puede continuar así, Arturo. Camelot necesita a su rey" dijo resuelta la reina mirando seriamente a su esposo.
Arturo se volvió hacia su reina dirigiéndole una intensa mirada. "¿De qué estás hablando, Guinevere?" preguntó el rey frunciendo el ceño.
"Sabes bien de lo que estoy hablando" le dijo Gwen pacientemente acercándose a su esposo mirándolo con simpatía.
"Guinevere…"
"Sé que no ha sido fácil después de hace un año, pero no puedes continuar así. Tienes que tratar de seguir adelante, de encontrar la paz y darle un cierre" dijo la reina dulcemente tomando la mano de su esposo.
Sorprendido por esto, el rey desvió la mirada de su esposa hacia el suelo sin saber que podía decirle. Él sabía que ella tenía razón, que no podía seguir en este estado, pero él no sabía que podía hacer. Así no es como debería comportarse un rey, ¿desde cuándo se había vuelto una niñita sensible? Había luchado muchas batallas, había visto morir a mucha gente. Lo de Merlín no era distinto, pero dolía más de lo que debería.
"Tú lo escuchaste, ese día" dijo el rey aún sin ver a su esposa mientras sentía que el nudo en su garganta volvía a apretarse un poco más "Antes de acabar con Morgana, cuando le dijo…Eso fue mi culpa, yo lo conduje a esto. Murió creyendo que lo odiaba" terminó el rey con la voz ronca.
Gwen sabía de lo que estaba hablando su esposo. 'No hay futuro para ninguno de los dos'; las últimas palabras de Merlín resonaron en la mente de la reina oprimiendo dolorosamente su corazón, con lágrimas en los ojos, Gwen abrazó tiernamente a su esposo mientras frotaba la espalda de Arturo tratando de consolarlo. "No lo es. No es tu culpa, Arturo. Nunca lo fue" susurró la reina dulcemente.
El rey no sabía que podía decirle, claro que era su culpa, él destruyó la esperanza y fe de su leal e idiota sirviente. Fue en ese momento que ya no pudo contenerlo más. Después de tanto tiempo, y con un solo gesto, la reina había derrumbado las barreras que había puesto para lidiar con su dolor. Él lloró, sostenido únicamente por su esposa.
-oOo-
Arturo dormitaba tranquilamente en su cama recargado en el hombro de Gwen después de haber llorado finalmente a su amigo perdido. Gwen sólo dejó a su esposo para avisar que el rey se encontraba indispuesto y que nadie debía de molestarlos.
Distraídamente, Gwen miró hacia la ventana mientras acariciaba la nuca de su esposo. No era tarde, pronto sería la hora de cenar. 'Por fin' pensó tranquilamente la reina sintiendo la tranquila respiración de Arturo. Sabía que en ningún momento su esposo había llorado a Merlín, se mantuvo fuerte como se esperaría de su estatus y su deber, aunque no fuera lo más sano. Por más fuerte que fuera, él seguía siendo humano. 'Él está en camino de sanar' suspiró la reina mientras besaba su coronilla.
"Guinevere"
"¿Sí Arturo?"
"He estado pensando" dijo el rey con una voz ronca y plana "sobre la magia. No sé que pudo haberlo motivado a aprenderla, y tal vez nunca lo sabremos. Sé que nunca lo conocimos en realidad, pero aún así quiero hacer algo por él".
"¿Qué tienes en mente?" Le preguntó la reina mirándolo atentamente.
"Yo...retiraré la prohibición de la magia" dijo Arturo mirando hacia los oscuros ojos de su esposa.
