Después de unas buenas vacaciones de Navidad, ahora sí puedo decirlo: por fín el capítulo 3.


Capítulo 3: De nuevo en el Ministerio

-Señor Ministro – dijo la voz de Dianne detrás de Kingsley – Su lechuza acaba de llegar con un mensaje de Harry Potter.

Kingsley suspiró. "El chico ya habrá leído lo que han comunicado en El Profeta, esa Seeker…".

-Tráemela, haz el favor.

Dianne se acercó al escritorio con la carta. Tras leerla, Kingsley comentó:

-Anula la cita de las ocho.

-¿La del Ministro Muggle, señor? – preguntó estupefacta Dianne.

-Ésa. – confirmó – Dígale a la secretaria del Ministro Muggle que tuve unos asuntos urgentes y si puede posponerla para mañana. En una hora he de recibir al Señor Weasley con Harry Potter.

-B… Bien, como usted diga, señor.

En la Madriguera todo era un barullo. La Señora Weasley trataba de vestir adecuadamente a Harry para visitar al Ministro mientras el resto de la familia Weasley conversaba sobre lo publicado en el Profeta. Cuando el Arthur Weasley había llegado para cenar, alegó que no se había enterado de lo que ha ocurrido y con tanto trabajo no se preocupó de leer El Profeta. Alarmado acordó con Harry de visitar al Ministro a la mañana siguiente junto con Harry. Todo eran preguntas y no surgía ninguna respuesta.

Cuando la Señora Weasley finalizó de elegir la ropa de Harry y éste vestirse, el chico bajó al rellano donde le esperaba el Señor Weasley junto con los demás.

-¿Por qué sólo va Harry? - protestó Ron.

-Porque no podemos entrar todos de golpe en el Ministerio, Ron. Luego os contaremos la charla con Kingsley. – dijo el Señor Weasley -Volveremos en cuanto aclaremos esto.

Ambos se alejaron de la Madriguera y al llegar a un prado cercano, Harry se agarró al brazo del Señor Weasley y desaparecieron.

Unos segundos más tarde, en Londres, un señor y un chico se aparecieron enfrente a una cabina roja con aspecto de estar fuera de servicio.

-Ya sabes cómo funciona, ¿no Harry?

-Sí, Señor Weasley.

-Adelante pues.

Los dos bajaron por la cabina momentos más tarde al Ministerio de Magia. Harry no lo había visto desde su última visita, cuando tenía que robar el guardapelo a Umbridge hace unos meses. Ahora, pudo distinguir que la estatua dónde había antes unos magos sobre una montaña de muggles, elfos y demás criaturas que Voldemort consideraba inferiores; ahora había unas estatuas de magos, centauros, elfos y muggles abrazados y sonrientes como si fueran amigos de toda la vida sobre un escrito que rezaba "La magia en beneficio de todos".

Se percató de que todo el mundo le miraba al pasar. Cuando llegaron al ascensor nadie quiso entrar junto el Señor Weasley y El Elegido salvo dos aurores que los escoltaron nada mas pisar un pie en el Ministerio. El ascensor se detuvo en la primera planta y una voz dijo "Primer piso: Ministro de la Magia y Personal de Apoyo".

Unos minutos más tarde sonó un golpe en la puerta del despacho del Ministro.

-Adelante – dijo Kingsley desde su mesa.

-Buenos días Kingsley – dijo el Señor Weasley tras entrar.

-Arthur, Harry. Bienvenidos – y mostrándoles las sillas enfrente su escritorio agregó – sentaos, por favor.

Los dos se sentaron y tras un breve momento de silencio Harry comenzó a hablar:

-Disculpe señor Ministro…

-Llámame Kingsley, Harry, ya nos conocemos bastante como para andar con caballerosidades.

-Gracias, señor… Kingsley. Yo… me preguntaba si…

-Por lo que sé – interrumpió nuevamente el Ministro al ver que el chico estaba dubitativo – toda la información que publicó ayer el profeta no es del todo cierta.

-¡Disculpe?¿Del todo? – preguntó el Señor Weasley.

-En efecto Arthur, es peor. Voldemort no convirtió su cadáver en polvo dado que realmente no hubo cadáver alguno. Por lo que parece uno de los aurores encargados de custodiar su cuerpo ha visto como Voldemort se levantaba unas horas después de su supuesta muerte y se marchaba volando mientras gritaba, eso sí, sin su antigua varita ya que afortunadamente la hemos destruido. Por desgracia alguna información se filtró en el Profeta y así se han esparcido los rumores.

-¿Me estás diciendo que Voldemort después de sufrir la maldición asesina no ha muerto? – preguntó el Señor Weasley claramente asustado.

-Creo que Harry es quién debería comentar la primera hipótesis de cómo ha ocurrido, Arthur.

Harry se dio cuenta de que no había dejado de mirar el suelo mientras escuchaba tan mala noticia. Él no se había figurado que Voldemort hubiese echo otro Horrocrux, siete eran el número que tanto ansiaba su terrible adversario. Su cerebro comenzó a funcionar a toda velocidad y le vino un pensamiento a la cabeza: Voldemort no sabía que hubo un Horrocrux puesto involuntariamente dentro de su cuerpo.

-Horrocruxes – dijo al fin el chico.

-¿Qué? – dijeron el Ministro y el Señor Weasley a la vez.

-Harry por lo que nos has comentado acerca de cómo Voldemort consiguió sobrevivir la última vez, ya estaba todo zanjado. ¿No dijiste que todos los horrocruxes de Voldemort fueron destruídos? – preguntó Kingsley.

-Si… pero creo que Voldemort no sabía que dentro de mí hubo uno e intentaría hacer un supuesto séptimo Horrocrux.

El Señor Weasley le puso una mano en el hombro y le comentó:

-Repasemos entonces. El diario de Tom Riddle, el guardapelo, la copa, la diadema, la serpiente de Voldemort y el anillo de su abuelo. ¿Luego pues Voldemort sólo sabía la existencia de esos seis?

Harry asintió.

-Esto cambia muchas cosas Kingsley – dijo Arthur.

-En efecto, tenemos que movernos – dijo el Ministro poniéndose en pie.

-Esperen – comentó Harry.

Ambas personas quedaron mirando al chico.

-Creo que algo no encaja… - dijo Harry – La primera vez que Voldemort intentó matarme sobrevivió gracias a los Horrocruxes pero su cuerpo desapareció dejando su alma vagando por el mundo mientras buscaba qué poseer. Cuando leí el profeta pensé que fue eso pero ahora que usted, Kingsley, me ha dicho que realmente no perdió su cuerpo, pienso que hay alguna otra manera de su supervivencia que se nos escapa.

-Cierto Harry – dijo el Ministro – ahora que lo dices esto no fue como la última vez, pero de momento no tenemos nada mejor que la teoría de un octavo Horrocrux. Me informaré de ello de todas maneras.

Unos minutos más tarde Harry ya estaba por los pasillos del Ministerio volviendo con el Señor Weasley cuando un hombre se les acercó. Los aurores que les escoltaban cogieron al hombre antes de que éste alcanzara a Harry.

-Esperen – dijo Arthur – le conozco.

El señor se les acercó.

-Buenos días, Arthur.

-¿Cómo te encuentras Ragnor?

-Bien, bien. Gracias.

-Me alegro, ¿Cómo llevas el departamento de Misterios?

-A eso quería venir yo a comentarles, Arthur. – y dirigiéndose a Harry agregó – hemos recibido una nueva profecía, señor Potter y creemos que se dirige a usted ¿podría acompañarme un momento?

-¿Profecía? – dijo Harry.

-Sí, habla sobre tres llaves y un portal pero lo más curioso es que se mencionan las Reliquias de la Muerte.

-¿Las Reliquias?

-Sí, eso creo. Y como usted tiene la varita de sauco… ejem… pensamos que la profecía tiene que ver con usted, señor Potter.

-Ya no la tengo – mintió Harry.

-Ya, bueno, er… pero usted fue la última persona que la usó, ¿no?

-Si…

-Simplemente me gustaría comprobar, ya que se encuentra aquí, señor Potter, si podría coger o no la profecía.

Harry miro al Señor Weasley que asintió al chico.

-Bien, vamos pues – dijo Harry.

Cuando bajaron al Departamento de Misterios, Ragnor les guió por unas salas que bien conocía Harry desde su quinto año en Hogwarts hasta que llegaron a la de las profecías. Ragnor les mostró un estante dónde había un cristal en forma de huevo en el que descansaba sobre un pedestal que rezaba "¿?". Ragnor tocó con su varita la profecía y de ella salió un pergamino.

-Solamente yo puedo hacer esto – agregó al ver una mirada de curiosidad del chico y tras abrir el pergamino dijo – le leeré la profecía: "Una figura se alzará por encima de todo mortal trayendo a la vida aquello que más ama. Dos llaves para abrir el portal y una tercera para salir de él usará. El paso entre la vida y la muerte será violado y el ciclo de las Reliquias concluirá."

Tras finalizar, el hombre miró a Harry y le preguntó:

-¿Le suena de algo?

Harry negó con la cabeza. Ragnor entonces le indicó que intentara coger la profecía pero nada más tocarla, el huevo cristalino emitió una onda que alejó la mano de Harry. El chico sobresaltado cayó al suelo.

-Veo que no se refiere a usted – dijo Ragnor mientras ayudaba a Harry a levantarse.

El Señor Weasley le pidió entonces el pergamino dónde estaba la profecía a Ragnor.

-No lograrás leer nada, Arthur. Es una magia muy extraña que sólo dejan a una persona ajena al significado de las profecías el poder leerlos.

-Ya veo – dijo el Señor Weasley cuando cogió el pergamino sin lograr ver escrito alguno.

-Bueno, espero no haberle robado tiempo alguno, señor Potter.

-No se preocupe, señor Ragnor, parece que hoy tenemos un día lleno de incertidumbres – dijo Arthur.

Unas horas más tarde ya estaban en la Madriguera contando todo lo sucedido en el Ministerio, incluyendo la extraña profecía.