Nota: Hola a todos!, aquí vengo con el segundo cap de este nuevo fic ^^. Muchas gracias por sus reviews a todos, realmente espero que les guste esta historia. No se preocupen por Rammnus, no lo voy a abandonar, sólo ando buscando a la musa de mi querido Rammnus, que se me perdió. Pero, como les digo no se preocupen que sí lo terminaré. Cuídense mucho!

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Crónica 2.

Llega una desconocida. El Shinigami se descontrola.

Caminó hasta la cama y se sentó en el borde. Sentía los pares de ojos clavados en su nuca pero nada lo distraía de lo que veía frente a él. La chica le llamaba poderosamente la atención.

Se quitó el guate negro y tocó la mejilla de la joven. Estaba ardiendo en fiebre y jadeaba suavemente. Hyoga, quien estaba apoyado en el marco de la puerta y de brazos cruzados, frunció el ceño. Jamás había visto a Shun tan concentrado en algo, menos en alguien.

-¿Sucede algo?- preguntó Hyoga.

-…No- dijo Shun, aún distraído.

Dejó la mejilla de la joven para tocar su frente. Se concentró al máximo y cerró los ojos. Sintió el fuerte latido del corazón de la chica retumbar en sus oídos. Siguió adentrándose hasta percibir la onda de vibración del alma de la joven. Si esta era muy elevada entonces no tendría que ayudarla a cruzar al otro lado.

En ese momento, se encontró con un muro y sintió, en su mente, cómo miles de agujas se clavaban en su cuerpo. Quiso retroceder, pero un abrazo férreo lo aprisionó.

En la habitación, tanto los médicos como la enfermera se retiraron dejando solos a los cuatro Ángeles y la chica. Hyoga sintió el cosmos de Shun agitarse.

Dentro de la mente del peliverde, éste seguía trabado en una batalla con la joven. Buscó todas las formas posibles de zafarse del agarre del extraño poder sin lastimarla, pero le era absolutamente imposible y ahora ella lo estaba lastimando a él.

-¡Maldición, suéltame, no quiero lastimarte!

En la habitación, Hyoga se alarmó cuando vio a Shun temblando.

-Algo anda muy mal- dijo Hyoga.

-Está tardándose demasiado-dijo la pelirrosa.

Shun seguía enfrascado en la batalla. Decidió tratar de levantarse de la cama, pero se encontró con que no podía ni siquiera quitar la mano de la frente de la chica. Sintió como una serpiente se enrollaba alrededor de su cuerpo, apretando con mucha más fuerza en el área del pecho y cortándole la respiración. Un quejido y un poco de sangre saliendo por la comisura de sus labios fueron suficientes para que Hyoga decidiera separarlos definitivamente, pero la peliplata, el otro ángel que se encontraba en la habitación, le cortó el paso.

-Ten cuidado con lo que vas a hacer- dijo ella.

-Si no vas a ayudarme a saber qué demonios está pasando entonces apártate de mi camino, Selene- sentenció Hyoga.

La mirada gélida celeste del rubio se cruzó con los ojos plateados y sin pupila de la joven. Aún cuando el cosmos del Hyoga destilaba hostilidad ella no se dejó intimidar por él, pero la respiración cortada de Shun los obligó a ambos a dejar su confrontación de lado.

Hyoga tomó al peliverde por el hombro, tratando de llamar su atención, mientras Selene puso su mano sobre la de Shun, en la frente de la chica para percibir lo que sucedía entre ellos.

-Se está ahogando- dijo Hyoga.

-Están peleando-dijo Selene- o debería decir que ella trata de matarlo.

-¿Cómo puede hacer eso?- preguntó la pelirosa.

-En su mente, por eso su cuerpo reacciona. Si ella lo mata en su mente su corazón dejará de latir.

-Gracias por la clase, pero ¿puedes hacer algo?- dijo Hyoga, exasperándose.

-Los dos lo haremos, pero te advierto, parece salvaje así que es probable que vernos sólo ponga a Shun en un peligro mayor, puede tomarlo de rehén y nos tocará negociar. A este paso lo matará.

-Ya veremos quién muere primero- sentenció Hyoga.

Selene tomó la mano de Hyoga y ambos invadieron la mente de la desconocida.

Todo era oscuridad, no podían ver nada más salvo a Shun siendo ahorcado por una extraña energía blanca y a punto de perder la conciencia.

-¡¿Quiénes son, qué quieren?!

-Estas entre amigos, no queremos lastimarte, suéltalo, por favor- dijo Selene.

-¡Él invadió mi mente!

-Sólo intentaba conocer tu estado de salud, no pretendía lastimarte. Por favor, suéltalo.

-Suéltalo, en este instante- siseó Hyoga.

Selene volteó a mirar a Hyoga.

-No eres precisamente el árbol de la paciencia- dijo Selene.

-Ya que tienes la capacidad para hacer eso, debes poder reconocer lo poderoso que es él- continuó Hyoga, ignorando a Selene-no está haciendo nada para lastimarte y lo estás matando. Si quisiera, hace mucho se hubiera liberado de tu miserable técnica y te hubiera matado antes de darte cuenta. Yo sí puedo ver qué tan fuerte eres y no eres rival para él ni para mí, así que te recomiendo, si quieres seguir viviendo, que lo sueltes inmediatamente. Nosotros saldremos de aquí ahora, pero te aconsejo que no me obligues a regresar.

Hyoga había enviado las negociaciones al demonio. Tanto Selene como la desconocida podían sentir la enorme hostilidad que emanaba del rubio. Aquello no era un consejo, era una amenaza latente y no dudaría ni un segundo en hacerla realidad.

-Vamos, Selene- dijo Hyoga.

-Sí.

Luego ambos abrieron los ojos y se separaron de la chica y Shun. Un par de segundos después una onda de energía emergió de ella.

Selene y Ariel lograron apartarse a tiempo para evitar el golpe contra los muebles que también se movieron a causa de la onda. Hyoga atrapó a Shun entre sus brazos, pero le fue imposible evitar el impacto y ambos fueron lanzados a metros de distancia fuera de la habitación y cayeron pesadamente en el suelo.

Ariel corrió hasta donde cayeron los chicos, mientras Selene verificaba el estado de la desconocida.

-Parece que está dormida- dijo Selene.

-¿Hyoga, estas bien?- preguntó Ariel.

El rubio estaba demasiado aturdido para responder. Había caído de espaldas al suelo, soportando todo el peso del peliverde sobre su cuerpo. La tos descontrolada de Shun le devolvió a la realidad.

-Si…creo que sí. ¿Shun?- dijo Hyoga, tratando de levantarse.

Shun era incapaz de responderle, su cuerpo aún luchaba por recuperar el aire y el dolor en el pecho era demasiado aturdidor. Después de un par de minutos su respiración se normalizó. Ambos seguían sentados en el suelo, Ariel los acompañaba y la habitación se había llenado de nuevo de médicos y enfermeras.

-Parece que la chica vivirá ¿verdad?- preguntó Ariel a Hyoga.

-Vivirá…

La voz fría y oscura del peliverde les llamó la atención. Ariel se apartó inmediatamente, asustada de lo que veía. Hyoga no podía verlo porque Shun estaba de espaldas a él pero sí podía sentir la ola de rabia y hostilidad a su alrededor.

-Mientras no se cruce en mi camino, vivirá.

Luego Shun se levantó tomando la mano de Hyoga en el camino y levantándolo con su propio impulso. El rubio no podía ver a Shun a los ojos, los mechones rebeldes cubrían sus ojos verdes, pero sabía cómo debían verse ahora. Sin decir más emprendió su camino hacia su habitación, mientras Hyoga lo veía retirarse y Ariel trataba de controlar el temblor en su cuerpo.

-Avísale a la princesa lo que sucedió, qué Selene se encargue de la chica, ¿Entendido?- dijo Hyoga.

-S…sí-dijo Ariel.

Shun entró a la habitación, tiró la puerta, pero esta no llegó a cerrarse con la fuerza que él hubiera querido.

-Exageraste en tu caballerosidad ¿no?- preguntó Hyoga, cruzando los brazos y recargándose de la pared.

-¿Qué demonios significa eso?- preguntó Shun.

-Podías detenerla, su poder es insignificante al lado del tuyo, pero no lo hiciste.

Shun no respondió, se quitó el uniforme, quedando sólo con el pantalón. Hyoga no pretendía seguir discutiendo, pero ver los moretones cruzar el pecho del peliverde lo irritó aún más.

-¿Tantas ganas tienes de morir, Shun?

Shun sintió como si una ola de rabia invadiera su cuerpo, desde su estómago y subiera por su garganta hasta evolucionar en un alud de groserías y maldiciones que drenaran toda la frustración y furia que le había provocado la chica, pero la mirada fría y, muy en el fondo, preocupada del rubio lo detuvo en seco y la rabia se esfumó como el humo. Ambos se quedaron en silencio, hasta que Shun bajó la mirada.

-Discúlpame, ella…sólo me agarró desprevenido. No se supone que tendría que encontrarme con eso.

El silencio continuó. Hyoga había aprendido a entender cada pequeña cosa que el peliverde hacía. No le estaba mintiendo, pero algo escondía y estaba claro que no tenía ningún deseo de expresarlo. El rubio suspiró, sintiéndose derrotado se encogió de hombros.

-Descansa. Asumo que tendremos reunión en un par de horas, antes del festival.

Luego, Hyoga salió de la habitación dejando solo al peliverde, quien se sentó en la cama y se hundió en sus pensamientos.

Unas cuatro horas después, como Hyoga había predicho se solicitó una reunión entre los Senescales y los Ángeles. El rubio entró de último, junto con Shun.

El salón era completamente circular, al igual que la enorme mesa que reunía a los 25 miembros del consejo: Los trece Senescales, la princesa y los 11 Ángeles.

-Muy bien, ya que estamos todos reunidos, procederé a exponer los temas a tratar- dijo Mikael, el primer Senescal, un hombre de amplia barba castaña y ojos azules hundidos en unas pobladas cejas y un marcado acento francés- El primero y más importante es que algunos volcanes están mostrando indicios de actividad; han alterado su "sueño" desde que la guerra de los pilares ocasionó el desorden climático en el que vivimos, pero sólo ahora Alain ha detectado que dichas actividades suponen un peligro para los habitantes de Mithrandir y para los poblados cercanos a esas zonas en otros continentes. Están cerca de ciertos distritos por lo que es necesario prestarles especial atención. En las carpetas que tienen frente a ustedes están todos los casos que debemos atender, mañana se les asignará una zona a cada pareja.

El siguiente asunto a tratar es que hemos conseguido a algunos de los ingenieros y trabajadores de la torre Eiffel, la estatua de la libertad y las pirámides.

-¿Qué significa eso?-preguntó Shun.

-Significa que podremos mantener al menos esas estructuras. Aún seguimos buscando en la población otras personas que hayan estado involucradas en el mantenimiento de las otras llamadas "Maravillas del mundo".

Shun suspiró de fastidio, aunque sólo Hyoga lo escuchó. Volvió a fijarse en la información de la carpeta, no le llamaba en lo absoluto la atención el mantener a las dichosas maravillas del mundo.

-¿"Shun y compañía"?- preguntó el peliverde- ¿Con quién se supone que voy?

-Eso es lo vamos a discutir ahora, Shun- dijo suavemente la princesa.

Shun fijó la vista en la mujer de largo y rizado cabello dorado, ojos azules y mejillas sonrosadas. No le agradaba para nada el tono, suave pero misterioso con el que le hablaba la princesa. Le recordaba demasiado a esa otra mujer que él ahora detestaba.

-¿De qué se trata esto, princesa?- preguntó Hyoga.

-Por favor, háganla pasar- indicó la princesa.

La puerta se abrió y entró lentamente una joven de brillante cabello negro, mejillas sonrosadas y labios rojos. El corazón de Shun pegó un brinco cuando sus ojos verdes se encontraron con los dorados de la chica que hasta hace unas horas atrás estaba ardiendo en fiebre en su cama y aun así lo había atacado en su mente. Hyoga percibió el cambio en el cosmos del peliverde.

-¿Estás diciendo que ella va a ser un Ángel?, ¿ya saben quién es?- preguntó Hyoga con incredulidad.

-No exactamente, aparentemente ni siquiera ella sabe quién es y no será un Ángel, al menos por el momento. Está claro que posee habilidades especiales y basándonos en las coordenadas y en el estado en el que la encontramos es probable que haya escapado de algunas de las instalaciones del "Loto Negro". Aunado a eso está el hecho de que tiene tatuada la flor en su cuerpo- dijo la princesa.

-Eso no la convierte en un víctima, necesariamente-replicó Hyoga.

-Exactamente. Es por eso que, independientemente de lo que sea considero que en manos de Shun es donde mejor estará. Selene intentará penetrar en su mente en un intento porque recupere la memoria. En el caso de que sea una víctima debemos asumir que el loto intentará recuperarla. Si es un enemigo, Shun se encargará de ella. Será tanto su guardián como su carcelero.

Hyoga estaba en absoluto desacuerdo con aquello. Estaba seguro de la reacción de Shun y no confiaba ni en la chica ni en el peliverde para llevarse bien.

-Ella lo atacó, tenia claras intenciones de matarlo ¿cómo esperan que dos almas armonicen después de eso?- protestó Hyoga.

-Ya habrá…

-¿Eso es todo?- dijo Shun.

-¿Disculpa?- dijo el segundo Senescal, Janiel, un hombre de piel oscura y ojos negros.

-¿Qué si es todo lo que se va a discutir hoy?- dijo Shun.

El tono cortante y vacío del peliverde era prueba suficiente para Hyoga de que tenía razón al conocer de antemano la reacción del menor. Por primera vez en mucho tiempo el rubio sonrió con malicia cuando vio a Shun levantarse sin siquiera esperar la respuesta de sus "superiores". Los segundos de incómodo silencio se vieron interrumpidos por la risa burlona de Gabriel, el cuarto Ángel, un joven de origen español, de tez bronceada, cabello castaño oscuro y ojos dorados.

-Vaya que es problemático. Te deseo suerte, Zoe- dijo Gabriel.

-Es suficiente, Gabriel- Dijo el primer senescal- Retírense, senescales. Tenemos un festival que atender.

-Ariel, toma mi lugar, yo te alcanzaré más tarde- dijo Hyoga

-Entendido- dijo Ariel.

Luego los Senescales y los Ángeles se retiraron, dejando solos a Hyoga, la princesa y la chica desconocida, quien sentía que se hundía en el suelo debido a la penetrante y gélida mirada del rubio.

-Hyoga, yo…

-Supongo que no tengo que decirte que está furioso, Misha.-dijo Hyoga.

-No, no es necesario.

A Zoe le sorprendió la repentina confianza entre los rubios. De pronto se sintió sobrante.

-¿Puedes explicarme a qué viene todo esto?, sabes bien que yo puedo encargarme de ella perfectamente.

-Y tú sabes que necesito que haya un equilibrio en los Ángeles, entre la energía masculina y femenina. Por eso están en parejas cuyas almas sean armónicas entre ellas. Yo sé que tú puedes encargarte de Zoe, tu alma noble y amable puede sincronizarse con casi cualquiera de los otros Ángeles, pero tú ya tienes a Ariel como tu compañera e incluso al mismo Shun, lo cual es sorprendente, tomando en cuenta que ambos son igual de dominantes, él se deja guiar por ti. Sin embargo, como te dije, yo necesito que haya un equilibrio y Shun es el único que no tiene compañera. Es necesario que la tenga, si desea continuar con los Ángeles.

-¿A qué te refieres con eso?- preguntó Hyoga en tono cortante.

Misha frunció el ceño, cerró sus pequeños puños, estaba preocupada por la reacción de Hyoga.

-Si Shun no logra sincronizar con otra alma que no sea la tuya tendrá que dejar de ser un Ángel.

El silencio de Hyoga alteró los nervios de las dos chicas.

-Misha, hace mucho tiempo hice una promesa. Le prometí a un hermano que cuidaría de Shun, que nunca lo abandonaría. Por un tiempo fue un deber y casi una carga. Pero después se convirtió en un deseo.

- Si, lo sé.

-No, no lo sabes. Si Shun se va de aquí, yo me iré con él. No puedo asegurar que mi corazón se quede contigo porque como te digo, ya no es un deber sino un deseo. No sé quien salvó a quien.

-Hyoga…

-No es amenaza ni una advertencia. Tú debes hacer lo que sea mejor para el imperio, eso lo tengo muy claro y asumo que tú también. Sólo es un aviso.

Luego, el rubio se giró para retirarse, no sin antes enfocar a la desconocida.

-Más te vale que te comportes. Si serás su compañera significa que estas bajo mis órdenes y hasta ahora no me caes nada bien así que ten cuidado con lo que haces.

Zoe sintió el peso de aquella mirada, de ese poder tan enorme que había sentido la primera vez que lo vio en su mente, esa capacidad para imponerse como un líder. Aun cuando las palabras del rubio le chocaron no fue capaz de responderle, ni decir de mirarlo a los ojos.

-Hyoga…- dijo Misha suavemente- Entiendo perfectamente lo que dices, pero también creo que no puedes mantenerlo entre tus alas para siempre.

El rubio no volteó a mirarla, cuando supo que ella había terminado de hablar salió de la sala.

Fuera del castillo se celebraba el festival, pero Hyoga no se dirigía hacia las calles de Mithrandir sino a las habitaciones, específicamente la de Shun. Al no encontrarlo se sentó en su cama y se concentró lo suficiente como para sentir el cosmos del peliverde. Una enorme fuente de rabia chocó contra él; se levantó y se encaminó hasta el salón de entrenamiento.

En el salón había un grupo de hombres, todos altos y fuertes, entrenando para ingresar a los equipos de apoyo de los Ángeles. El peliverde entró sin ser notado por nadie, se quitó la parte superior del uniforme, quedando sólo con el pantalón negro que tenía dos líneas plateadas a cada lado de las piernas. Luego tomó las vendas y se cubrió las manos con ellas lentamente mientras el grupo notaba su presencia.

-¡Oye, tú¡ ¿Vienes para entrar en los equipos también?- preguntó uno.

No obtuvo ninguna respuesta de Shun. El grupo no podía ver bien al peliverde. Solo lo veía de perfil, ajustándose las vendas en las manos, no veían sus ojos porque estaban cubiertos por los mechones de cabello, pero podían notar los rasgos suaves y las mejillas sonrosadas que delataban su juventud.

-¡Hey, niña bonita!

Ahora sí lograron obtener la atención del peliverde. Éste acababa de terminar de vendar sus puños hasta el antebrazo y se giró lentamente hacia ellos. Los músculos de su rostro se movían bajo su piel, los ojos brillaban de furia.

-¿Eso es conmigo?- preguntó.

-Bueno, no veo otro quinceañero por aquí.

Ciertamente Shun era el más joven de todos los hombres que se encontraban en el salón. Aquellos eran veteranos de guerra, hombres que pertenecieron a la milicia de su país y que ahora buscaban formar parte de los equipos de apoyo de los Ángeles para proteger a lo que quedaba de la humanidad, ya que no pudieron hacerlo de aquella fuerza, alienígena para ellos, que arrasó con casi toda la raza humana. Pero, estaba claro que no sabían quiénes eran los Ángeles.

Luego, entró otro grupo, todos vestidos de negro y azul, eran los examinadores que iban a evaluar al grupo. Una chica de cabellos castaños y ojos café se acercó hasta Shun. Se sonrojó hasta más no poder al ver al peliverde sin camisa, con el pantalón, las botas negras que le llegaban hasta las rodillas y las vendas negras cubriendo sus puños y parte de los brazos. Shun sonrió con malicia.

-¿Jessi, vienen a evaluar a alguien?- pregunto Shun, cortésmente.

-Sí, señor.

-No me llames, señor, soy un año mayor que tu. ¿A quién?

-A ellos…señor.

Shun volvió a sonreír con malicia, mientras arqueaba una ceja y se cruzaba de brazos, haciendo que sus músculos se tensaran. El grupo de militares les devolvió el gesto.

-¿A ellos?, ¿para entrar a dónde, al geriátrico?

A los militares no les cayó nada bien la broma del peliverde. El grupo de ocho se acercó hasta él, sonándose los nudillos.

-Me parece que vamos a tener que enseñarte modales, quinceañero- dijo el aparente líder del grupo, un hombre alto y corpulento, de largo cabello negro, piel morena, y ojos negros.

-Hum…ya lo creo que lo harán. Está bien, Jessi- dijo Shun, sin apartar la mirada del sujeto- Yo los evaluaré.

Luego Shun les dio la espalda y caminó hasta el centro del enorme salón.

-¡¿Qué diablos están haciendo, están locos?!- susurró Jessi al grupo.

-Sé cuando causo miedo, ese tipo no se inmutó- dijo el líder.

-¿Por qué habría de tener miedo? ¡Es el Shinigami!- susurró Jessi, exasperada.

-¿El qué…?

-Bueno ¿Van a venir o qué?- preguntó Shun.

La actitud asustada de la chica no hizo mella en los militares que buscaban venganza por el insulto del "quinceañero". Shun vio las placas en los cuellos, mientras el grupo lo rodeaba.

-Militares- dijo Shun- ¿Eran tropa?

-Exacto. Peleamos juntos, morimos juntos. Como hermanos.

Shun sintió un dolor agudo en su pecho que lo obligó a bajar la vista. Como si las palabras del veterano se clavaran como dagas envenenadas en su corazón.

-Genial, es precisamente lo que necesito- dijo Shun, aún cabizbajo y ocultando su ojo izquierdo con la palma de su mano- mas maldita poesía. Muy bien, vengan todos, muéstrenme lo que saben hacer.

Shane, el líder de la tropa frunció el ceño al ver el único ojo visible del peliverde: la esclerótica, antes blanca ahora era negra mientras que el iris era amarillo. Luego, Shun apartó la mano de su rostro y Shane vio que ambos ojos eran del mismo color. De pronto, el quinceañero parecía demasiado aterrador.

-¿No tienes miedo, verdad?- dijo Shun, con voz ronca y sonriendo con malicia.

Sin aguantar un segundo más la actitud grosera del peliverde los ocho militares, todos tan altos y más corpulentos que él, se lanzaron al mismo tiempo, dispuestos a darle su merecido.

Cuál fue su sorpresa que no pudieron ni siquiera tocarlo. Shane le lanzó un puñetazo, pero Shun lo esquivó y lo tomó por la muñeca para lanzarlo contra los otros tres que lo atacaron por detrás. Usó tanto su fuerza como el impulso de Shane, por lo que logró tumbar a los cuatro al piso.

El resto se abalanzó contra él, pero una serie de patadas y rodillazos los envió el mismo lugar que el primer grupo.

-¿Eso es todo lo que tienen? Son unos inútiles- dijo Shun.

Los ocho militares se levantaron dispuestos a enfrascarse del nuevo en la lucha, sin importarles que Shun los hubiese superado en fuerza y rapidez. Jessi y el resto de examinadores veían la lucha tan desigual: Eran ocho contra uno, pero la fuerza de Shun los dejaba muy mal parados. Ocho militares, veteranos, simples humanos no tenían ninguna posibilidad contra él.

-¡Basta!

Todos, excepto Shun, voltearon en dirección de la voz que los interrumpía.

-¡Ca…capitán! Yo…lo siento, no pude detenerlo- balbuceó Jessi.

-¿Capitán?- se preguntó Shane.

-Está bien, Jessi, yo me encargo. Retírense.- dijo Hyoga, sin apartar la vista del único que no lo miraba.

Shane pensó que debía estar viendo mal. El otro, al que la chica había llamado capitán se veía tan joven como el peliverde, el cual no le mostraba el menor indicio se obediencia. Hyoga se quitó la chaqueta del uniforme, dejándose sólo la camisa blanca, se desabrochó los primeros tres botones y se la arremangó hasta los codos.

Caminó hasta quedar a unos metros del grupo de militares que lo veía con confusión. Estos vieron el tatuaje en el antebrazo derecho del rubio, pero esto no les llamó la atención, puesto que no conocían su significado.

-Siento mucho los inconvenientes, por favor, regresen mañana para otra evaluación- dijo Hyoga.

-¿Y tú eres?- preguntó Shane.

-Mi nombre es Hyoga y soy el primer Ángel, el Capitán de los Ángeles.

-¿Tú fuiste militar?-preguntó Shane con incredulidad.

-No, Coronel Richardson, si tiene algún problema con esos nombres, le aconsejo que lo hable con la princesa, fue su idea. Si tiene algún problema con los que podrían ser sus superiores le aconsejo que lo hable conmigo, el Teniente no parece estar de buen humor hoy- dijo Hyoga, inyectando veneno en cada una de sus palabras.

-¿Teniente?- preguntó.

-Su nombre es Shun y es el segundo Ángel. Nuestros números y rangos se colocan en base a nuestra fuerza, los tatuajes en el antebrazo lo indican. Dependiendo de los resultados de cada uno de ustedes mañana se decidirá a cual equipo de apoyo pertenecerán. Estoy seguro de que sus habilidades y experiencia serán de mucha ayuda para nosotros y se les dará el valor que se merecen. Ahora, si me disculpa.- dijo Hyoga, seriamente.

El rubio apartó la mirada del militar, indicándole que la conversación se había terminado. Shane miró a Shun, pero este sólo le devolvió una sonrisa cargada de desprecio acompañada por sus extraños ojos amarillo y negro.

Cuando quedaron solos, el peliverde volteó el rostro hacia Hyoga. Lo fulminó con la mirada, pero el rubio le devolvió el gesto con la misma potencia. Esos ojos amarillo y negro, prueba del poder del Shinigami, no eran del agrado de Hyoga. Sentía que Shun se perdía por completo en esa oscuridad, no quedaba nada del dulce santo que él quería como un hermano cuando se convertía en el segundo Ángel.

-¿En qué coño estabas pensando?- preguntó Hyoga.

-No sirven- dijo Shun.

Aquello era una guerra de fuerzas. Cada alma, cada cosmoenergia se imponía a la otra. Shun descargaba toda su rabia y su frustración contra Hyoga y éste sólo la repelía con la misma fuerza.

-No tienen la culpa de nada- dijo Hyoga.

-¿Y quién la tiene? Soy yo, ¿no?- dijo Shun, colocándose de frente a él- ¡¡soy yo quien tiene la maldita culpa de todo!!

Shun encendió su cosmos. Este ardía en furia, sus ojos brillaban de furia y de deseos por drenar toda la rabia que sentía.

-¡No sólo me ordenan, se imponen. Dijeron que nunca lo harían, que nunca nos separarían, esa era la única maldita condición que puse. Ella dio su palabra!

-Cálmate.

-¡¡CALLATE!!-gritó Shun.

Su cosmos estalló en furia destruyendo el suelo debajo de él.

-¡¡No quiero escucharte!! ¡¡Lárgate, Hyoga!!

-¡¡No voy a irme a ningún maldito lugar, te guste o no, tendrás que hablar conmigo!!- gritó Hyoga, encendiendo su cosmos también.

Shun se fue contra él con toda su fuerza, impactándole el puño en la mandíbula al rubio, el cual le respondió con un puñetazo en el estomago que lo dejó en el suelo y sin aliento. Hyoga se alejó un par de metros mientas Shun volvía a cargarse de furia, se limpiaba la sangre de la boca y se lanzaba de nuevo contra él. Cuando estuvo a menos de un metro, repentinamente desapareció de la vista de Hyoga, reapareciendo detrás de él.

-¡Demonios!- pensó Hyoga.

Le fue casi imposible esquivar el golpe. Se giró rápidamente para luego brincar hacia atrás y alejarse lo suficiente para que el suelo recibiera el puñetazo del peliverde, el cual inmediatamente se fue de nuevo contra él.

-¡Es demasiado rápido!- pensó Hyoga, mientras lo esquivaba- Aún cuando tenemos cinco años sin pelear excepto en los entrenamientos, sigue peleando como nunca, es demasiado difícil esquivarlo, incluso para mí.

-Me estas aburriendo, Hyoga- dijo Shun, con obstinación y prepotencia.

Esquivarlo pasó de ser demasiado difícil a imposible cuando Shun incrementó su velocidad y golpeó de nuevo a Hyoga tirándolo al suelo. Éste logro levantarse y justo cuando el peliverde estaba por golpearlo de nuevo Hyoga atrapó el puño con su mano y alzó la mirada hacia Shun. Luego tomó la muñeca de Shun y lo jaló con todas sus fuerzas usando el mismo impulso para levantarse. Shun perdió el equilibrio y cayó entre los brazos del rubio. La acción del mayor lo dejó atónito pero no drenó su rabia.

-Suéltame- siseó Shun.

El tono de su voz era una amenaza demasiado clara, pero Hyoga no pensaba obedecerle.

-Por favor, cálmate- dijo suavemente el rubio.

Podía sentir a Shun temblando de rabia entre sus brazos. Era una jugada sucia, lo sabía, pero también estaba absolutamente seguro que detrás de esos ojos aterradores aún estaba el dulce santo que él había jurado proteger.

Shun luchaba por mantener la rabia encendida, pero sabía de antemano que Hyoga había ganado. Él no era capaz lastimarlo, los golpes no iban dirigidos a él, nunca usó toda su fuerza o toda su velocidad, nunca intentó alcanzarlo. Buscaba más el suelo para destruirse las manos que el cuerpo del rubio. Cerró los puños hasta lograr que la sangre brotara de ellos pero a este punto la rabia se había disipado y sólo quedaba el dolor y la frustración.

-Háblame, por favor, dime por qué estas tan molesto-susurró Hyoga.

Cerró con fuerzas los ojos, tratando inútilmente de evitar que las lágrimas brotaran de ellos.

No podía decírselo. No podía decirle que no sólo le molestaba que le impusieran a aquella chica, sino que odiaba sentir que lo alejaban de lo único que consideraba importante. Que él solo se quedaba ahí, en contacto con la raza humana por él.

Shun sabía que si se largaba como él quería, Hyoga lo seguiría. Pero eso significaba separarlo de Misha y él no era capaz de hacer eso. No era capaz de alejar a Hyoga del amor y la felicidad. La odiaba porque ella no lo detendría. La odiaba porque ello lo convertía en el responsable de que Hyoga le diera la espalda a la única oportunidad de tener una vida, si se quiere, normal. No podía permitirlo.

Sentía que si había alguna manera de que él pudiese ayudar a Hyoga entonces haría todo lo que estuviese en sus manos. Aún cuando eso significara quedarse para siempre ahí, siempre que Hyoga fuera feliz, él lo haría.

Shun sabía que se aferraba a él porque era lo único que le quedaba, pero ahora el rubio tenía otras razones para vivir y sonreír. Si tenía que enterrar este nuevo dolor, por Hyoga, él lo haría.

No, definitivamente no podía decirle nada de eso. Sólo abrazó al rubio fuertemente, temiendo que se esfumara, como un sueño. Como un sueño en el que crees que esa persona tan importante para ti es tan fuerte que es imposible que algo pueda pasarle, que te juró que siempre estarían juntos y repentinamente se iba sin dejarte tiempo a asimilarlo. Lo abrazó temiendo que se fuera como lo había hecho él. Liberó el nudo que tenía en su garganta y lloró como no lo había hecho en cinco años.

Hyoga abrazó a Shun con más fuerza. Ambos se dejaron caer el suelo. Shun hundió el rostro en el pecho del rubio mientras éste acariciaba sus cabellos cariñosamente.

-Tonto. No sabes que yo sé todo lo que sientes. No sabes que no voy a abandonarte, no importa lo que pase. No importa quién o qué se aparezca en nuestras vidas, no voy a abandonarte jamás- pensó Hyoga.

-Shun- dijo Hyoga, ahora en voz alta- No eres una carga, eres lo más importante que tengo y eso nunca cambiará. No lo dudes, por favor.