Aquí una semana mas, para concluir la intriga!!! XD
Sin nada más con lo que mortificaros: nus vemo! XD
CAPÍTULO III:
Hacía frío. Había humedad y un intenso olor a moho. Tenía la piel helada y le habían quitado el peto y la camisa. Seguro que los habrían tirado de cualquier manera, los muy cerdos. Ya estaba imaginando su impoluta camisa blanca convertida en un harapo mugriento. No necesitaba comprobar lo demás, sabía que no tenía los cinturones de munición y su arma. Eso último sí que le molestó. Soltó un quejido de dolor al comprobar que no podía moverse. Habían encadenado sus muñecas con grilletes a algún lugar por encima de su cabeza. Estaban a la altura justa para mantenerle arrodillado, pero no tanta para permitirle tumbarse. No tenía fuerza para ponerse de pie, y le habían vendado los ojos para evitar que pudiera orientarse. Pese a ello, el intuitivo pirata sabía que no estaba solo allí, y no era precisamente un preso quien le acompañaba en silencio en algún rincón de aquella celda.
-¿Preso en un calabozo del imperio? Por favor – murmuró débilmente para sí con ironía.
-¿Un poco tarde para empezar, quizás? – el eco metálico de una voz grave enfundada en un yelmo resonó en la cámara. Balthier ladeó la cabeza hacia donde provenía -. A la vista está que eso tiene arreglo.
-Muy considerado por su parte, señor…
-Juez – zanjó -. Alguien de tu clase no tiene porqué tener el privilegio de conocer mi nombre – se quitó el casco mientras hablaba, y Balthier sonrió con cinismo.
-Puede que vuestro nombre esté fuera de mi alcance – levantó la cabeza, desafiante -. Pero me temo que sí tengo el privilegio de poder saber porqué se me encarcela… y también que el tiempo que podéis retenerme sin pruebas no excede de un día.
-Conoces bien las leyes, ladrón.
-Es bueno saberlas en semejante oficio – cómo le dolía la cabeza. Era casi como sentirse morir.
-Basta de palabrería – el suave rechinar de su armadura delató que se ponía en pie. Dio un par de golpes en la puerta de madera. Otro soldado entró, acercándose hasta donde estaba el pirata. Balthier no dio signos de intimidarse -. Dinos qué buscabas en la torre Draklor.
-¡Ha! Eso no es muy persuasivo, juez – un enguantado puño se incrustó en su estómago, obligándole a doblarse en busca de un aliento que no podía regresar a sus pulmones. Estuvo boqueando un buen rato, y ninguno de aquellos hombres se rió siquiera.
-No tengo ganas de mancharme las manos con sangre plebeya – dijo la nueva voz -. Es evidente que fuera lo que fuera no estaba en el despacho del señor Bunansa y por eso fue por tanto a la mansión de los Demen.
-Magnífica… deducción… - intervino Balthier, sin aliento -. ¿Te… hicieron Juez por… eso? – le abofetearon con el guantelete de metal, rompiéndole el labio inferior. Giró lentamente el rostro de nuevo, sonriendo con coraje mientras sentía la sangre caliente deslizarse por su mentón.
-Qué rata tan arrogante… - dijo el primer Juez -. Sal fuera – ordenó a su compañero. Tardó unos segundos en obedecerle y cerrar la puerta tras de sí. El pirata escuchó cómo deslizaba la silla hasta delante de él, apoyando una de sus pesadas botas armadas en ella -. Escúchame – ordenó -. No tengo ganas de estar días y días enteros aquí dentro, y créeme: puedo hacer que sean días y días, y serán días y días si no me das lo que quiero – le cogió del pelo y le obligó a levantar el rostro -. Los que son como tú saben la clase de aberraciones que otrora pasaban aquí dentro.
-No sabes lo equivocado que estás haciendo esa clase de comentarios – recibió otra bofetada, en el mismo labio partido. Un siseo de dolor se deslizó de ellos. Aún seguía sosteniendo su cabeza por el pelo.
-Tú en cambio seguro que sabes los horrores en los que podría entretenerme torturando tu cuerpo – Balthier apretó los dientes al sentir su aliento en la cara. No olía mal, pero no poder mirarle a los ojos le enfurecía. Atado y cegado, tenía que ser una imagen deliciosamente patética -. Creo que voy a disfrutar mucho sodomizándote.
-Esas prácticas se abolieron en Arcadia hace mucho – su cabeza estaba a punto de estallar, y la sangre no dejaba de deslizarse por su cuello.
-Es cierto – reconoció el juez tras una risa larga y fría, sin vida -. Puede que allí arriba sí – señaló la ciudad que se erigía sobre sus cabezas -, pero aquí abajo está exactamente igual de oscuro que entonces – el pirata no se amedrentó. Finalmente le soltó, alejándose de él. Balthier contuvo un suspiro de alivio -. Una vez más, dime qué…
-¡Si no tienes autoridad para impedirme pasar, te recomiendo que te apartes de la puerta, soldado! – fuera de la celda un hombre gritaba, colérico. Sin duda, al juez que hasta hacía un momento había estado con ellos. La puerta se abrió de golpe, logrando que ambos se sobresaltasen. Balthier habría dado lo que fuera por poder ver la cara del que le estaba interrogando, o por tener al menos la camisa puesta. Limpia, eso sí -. ¡Soy el Juez Magistrado Gabranth, y exijo saber qué está ocurriendo aquí! – estaba que le llevaban los demonios.
El pirata a penas contuvo un rictus de desprecio al oír quién era el recién llegado. No estaba muy seguro de querer agradecer su intervención.
-Señor, estaba…
-¡No necesito que me explique lo que estaba haciendo, lo que quiero saber es por qué no he sido informado al respecto!
-Gabranth… ¿A qué debo el placer de su visita? – los tres jueces se giraron hacia Balthier. Uno de ellos se estremeció imperceptiblemente ante la desoladora imagen que presentaba, olvidándose de su demanda.
-Juez Magistrado Gabranth para ti, reo insolente – el interrogador se dispuso a golpearle otra vez.
-No se atreva a ponerle la mano encima – Gabranth detuvo su brazo con brusquedad, y un silencio gélido se instaló en la mazmorra. El juez le miró interrogante -. Ya ha hecho más que suficiente – dijo con más suavidad pero con el mismo tono helado, soltándole -. Y a no ser que quiera que dé constancia a Lord Larsa sobre su evidente abuso de autoridad, más vale que se marchen de aquí. Ambos – añadió con severidad.
-Sí, Juez Magistrado. Como ordene.
La puerta se cerró de nuevo, y escucharon en silencio los pasos de los oficiales, aleándose. Del yelmo del Juez salió un suspiro, y acto seguido miró al preso. Las muñecas de Balthier estaban inmovilizadas por encima de su cabeza, tras su espalda. Aquellos bastardos le habían tapado los ojos, y despojado de parte de la ropa. Unas pequeñas gotas de sangre se encontraban entre sus rodillas, goteando del labio partido. Se precipitó sobre él, incapaz de tolerar por más tiempo la imagen de aquellas cadenas marcando su piel. Nunca le había parecido tan vulnerable.
Al liberarle, se desplomó en el suelo, apoyando las manos en las frías baldosas. Después de unos segundos se quitó la venda de los ojos él mismo. Miró al Juez que continuaba arrodillado a su lado en aquel mugriento suelo, algo sorprendido de que siguiera allí.
-¿Estás esperando algo? – no le contestó -. No tengo nada de Draklor, Gabranth. Ya debes saberlo.
-Eso no me importa – respondió lentamente, sin ignorar el tono de desprecio con el que se le hablaba.
-¿Y qué quieres entonces? ¿Que tengamos un minuto de palabras corteses sobre asuntos banales antes de dejarme libre? – bufó, echándose hacia atrás para apoyarse en la fría pared. Se limpió el rastro de sangre con la mano.
-Ya eres libre. Puedes… irte cuando quieras – se levantó. Él no tenía autoridad para retenerle contra su voluntad, y tampoco era capaz de ello. ¿Cómo explicarle… todo? Aquél no era el momento y el lugar, pero perderle de vista sería perderle para siempre. Sólo necesitaba una excusa.
-No voy a irme aún – el pirata también se levantó, pesadamente recostado en el muro. Aún le dolía un poco el torso -. Tú eres una de las cosas que he venido a buscar. Quiero hablar contigo, Gabranth – el Juez le miró con una actitud algo perpleja. Ladeó la cabeza.
-¿Te parecería mi despacho un lugar más apropiado, pirata? – se dirigió a la silla, donde estaban su peto y su camisa pulcramente doblada. También estaban allí sus cinturones con munición. Se lo tendió todo sin brusquedad, tranquilo. Balthier le miró con desconfianza al no ver su fusil -. Tu arma está allí también.
-Me parece bien, Juez – declaró con sorna una vez vestido, ajustándose los puños -. Espero que tengáis bastante tiempo libre esta tarde: no pienso irme de manos vacías.
Bueeeno, pos hala, despachados hasta la semana k viene. Los coments, como siempre, bienvenidos sean ^^.
Bye bye!!! =)
