Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.


٩(●.•)۶٩(●.•)۶٩(●.•)۶Capítulo beteado por Shades٩(●.•)۶٩(●.•)۶٩(●.•)۶


Capítulo 3:

A la defensiva

Santo pecado es el deseo de tus caderas.

Y el vértice cálido y siniestro

Archivo de mis fantasías.

Tan cerca siempre del cielo y del infierno

Y del infierno.

Eh tratado de encontrar la analogía

Para ponerle algún nombre

A este caos que has causado

Que me gusta y me fastidia y me ha dado por llamarlo

Solo:

Santo pecado.

Ricardo Arjona / Santo pecado

Bella POV.

Detenme mi niña, hazlo o no podre detenerme.

No lo hagas, no te detengas —pude sentir su aliento cálido en mis labios. Cerro sus ojos y yo lo imite.

Y en ese preciso momento en que todos mis astros se habían alineado a nuestro favor, la puerta se abre de par en par. Edward se separo de mí y su semblante se destiño a un tono pálido, más de lo que ya era.

¡Oh mierda, mierda, mierda!

Mis pies parecían estacas. No podía moverme, sentía como que todo el aire de mis pulmones se había esfumado de una sola vez. Una sensación de pánico se desplazo por todo mi pecho, extendiéndose por mi cuerpo. No sabíaa donde iba a terminar esto, pero de lo que estaba completamente segura, era que las cosas iban a cambiar, no sabia si para bien o para mal.

—Se puede saber ¡¿Qué demonios están haciendo?! —miré en dirección a Edward y este al ver mi semblante, se aclaró la garganta y camino hacia la puerta en dos zancadas, tomando del brazo a aquella persona la metió de un tirón y cerro la puerta.

—Primero y principalmente cuida tu vocabulario y… —dijo Edward, pero ella lo interrumpió.

— ¡Oh vamos! ¿Enserio? —ella negó— yo puedo cuidar mi vocabulario, pero usted cuide esa boca y esa lengua ¿acaso le estaba haciendo una lobotomía a Bella?

— ¿Qué demonios Alice? —ella comenzó a reírse, maldita chica loca— Deja de decir estupideces… Edwa – El padre Edward solo estaba… ayudándome a… a… —cada vez metía mas la pata.

—Yo sé muy bien lo que vi, a mi no me tomes el pelo, tengo cara de idiota, pero no lo soy, tengo unos cuantos rodeos encima —suspiré y volví a mirar a Edward, este estaba tomándose del cabello, con cara de lamento. Si él se arrepentía, bien, pues yo no lo hacia.

— ¡Alice, por favor! No digas nada… nosotros… —ella se adelanto hacia donde estábamos y Edward se posiciono a mi lado, tomándome de la mano. Bien, él estaba conmigo.

—Alice, se lo que viste y yo no te voy a mentir, solo… solo que si tienes pensado hablar, yo no me opondré, asumiré las consecuencias, pero por favor danos un poco de tiempo, no… —ella lo interrumpió.

— ¡Oh por favor cállense! Déjenme hablar… —ella se aclaró la garganta— ¿Enserio piensan que yo los delataría? ¡Pues no! —De pronto comenzó a dar saltitos a nuestro alrededor— ¡Me encantan! Ustedes dejan mucho que decir, su química se puede sentir a quilómetros de distancia… deberían de cuidarse un poco más, ahora fui yo la que los descubrió, pero puedo haber sido alguna monja ¡se imaginan su cara! —y comenzó a reírse.

— ¡Alice no es gracioso! ¿Pero enserio no dirás nada? —pregunté un poco insegura.

—Nope… pero solo con una condición.

— ¿Cuál? —preguntamos Edward y yo a la misma vez.

—Que yo haga de su celestina, cuando se quieran ver… por favor, yo los puedo ayudar —miré a Edward y en realidad me parecía justo. Además ella ya lo sabía. Él dudo pero luego asintió.

—De acuerdo. —dijo un poco incomodo, Edward— solo… por favor trata de ser discreta, no… —Alice lo miro fingiendo parecer ofendida.

— ¿Por quien me tomas? Ya les dije que no diría nada, y con eso va también mi discreción —ella camino hacia la puerta y antes de abrirla se dio la vuelta—Ahora me voy… supongo que tendrán de algo que hablar… Bella nos vemos en la barraca, tratare de llevarte algo de comer, ya que te lo has perdido todo —Edward negó con la cabeza.

—Por eso no te preocupes, yo me encargare de que ella coma—Alice asintió con una picara sonrisa. Fruncí mi seño, la mente de Alice era medio retorcida. Cuando ella se fue me di la vuelta y miré a Edward.

— ¿Enserio paso todo lo que paso? —Él asintió, con una sonrisa tirando de sus labios— Tengo que irme, alguien nos podría ver, y no quiero tentar a la suerte —Edward se acercó y me quiso tomar por los hombros. Lo esquive dando pasos hacia atrás— No, no… no creo que sea conveniente—él se apresuró y me tomo con un poco más de fuerza.

—No Bella, sé que fui estúpido queriendo negar esto que siento—dijo tocándose el pecho con su mano—. Pero, debes saber que nunca antes me había pasado lo mismo, por favor tenme un poco de paciencia, mientras lo resolvemos y averiguamos hasta donde podemos llegar, solo… solo por favor no te vayas… por favor— ¿A dónde mierda podría ir? Él estaba aquí, pidiéndome, rogándome que no me fuera, quería que estuviéramos juntos, averiguando hasta donde podía llegar lo nuestro ¿Cómo mierda podía negarme a eso? ¿Cómo podía negarme a él?

Sin mas deje que él se acercara y me atrajera hacia su rostro, con sus manos envolviendo mi rostro. Se inclino y el beso comenzó, como uno de los más castos de la historia, solo acariciando mis labios como si fueran plumas. Poco a poco el beso se convirtió en algo demandante por parte de los dos, sus labios se abrieron con la clara intención de dejar salir su lengua y mierda que si no la quería dentro de mi boca. Abrí mis labios y deje que mi lengua saliera en busca de la de él. La conexión era envidiable, las sensaciones que recorrían por mi cuerpo se instalaron en un solo punto, en un centro.

No sabia en que momento, habíamos caminado hasta la puerta. Edward me tenía contra esta y sus manos estaban en mi cintura, acariciando esa parte sin mover sus manos de allí. Sabia que no quería incomodarme, por lo que tomando valor, agarre una de sus manos e hice que comenzara a acariciar ascendiendo poco a poco. Cuando su mano estuvo en la base de mi pecho la solté, quería que él mismo decidiera que quería hacer. Él con la duda en sus ojos me miro pidiéndome permiso. Asentí mirándolo, fundiéndome en su mirada.

No se puede describir que sentí cuando su mano se poso en mi pecho. Un jadeo salió de mi boca logrando que él cerrara sus ojos y apoyara su frente en la mía y no sabia si me había parecido a mi o él había gemido, fue tan imperceptible que no supe si había escuchado bien.

—Edward… —me removí un poco, quiere que me siguiera tocando.

—Bella, yo… —él aparto la mano muy delicadamente, posicionándola sobre mi costado, donde dio un apretón— Vayamos despacio, yo… no… — ¿Qué estaba haciendo?

¡Edward es un sacerdote, Isabella! ¡Ellos son castos! —me reprendí en mi cabeza.

Edward era un hombre hermoso, pero él había decidió dedicar su vida a Dios en la adolescencia. Por lo que deduje que él aun era una persona pura, en todo los sentidos de la palabra ¡Eres una calentona, tonta Bella! Pero quien me podía condenar, cuando tenía a semejante espécimen de hombre frente a mi, mis hormonas estaban muy pero muy alborotadas.

—Lo siento… yo… no se que me pasa— ¡Hazte la tonta!

—No pasa nada… solo… solo que este no es el momento —tomó mi rostro en sus manos y me miró— ¿Todavía sigues pensando en irte? —negué con la cabeza. Ya lo teníamás que claro. Querer mantenerme lejos de él seria una tortura y no estaba dispuesta a pasar por eso, no cuando él sentía lo mismo por mi.

—Debo volver… se preguntaran en donde estoy y tu debes ir a comer… vamos que te llevare al comedor y les diré que te den de comer —hice una mueca con mi boca.

—No tengo hambre.

—No te estoy preguntando si tienes hambre, te estoy diciendo que vas a comer… así que, déjame ver si hay alguien cerca para que salgamos —él se dio la vuelta y salió del cuartito cerrando la puerta.

No podía creer lo que me estaba pasando, él había confesado sentir cosas por mi, por una estúpida chica con problemas de autoestima y tendencias a lastimarse… las mariposas en mi panza estaban mas inquietas que nunca, no dejaban de moverse. Me sujete la panza con ambos brazos ¡Las malditas no dejaban de hacerme cosquillas!

Edward asomo la cabeza por la puerta y me hizo señas para que saliera.

Al salir me apresure a caminar hacia el comedor, él venia a unos pasos alejado de mi y antes de llegar se acomodó junto a mí y con su mano roso la mía. Una poderosa electricidad recorrió todo mi brazo hasta instalarse en medio de mi pecho. Mis mejillas se sonrojaron. Entramos en el comedor y algunas monjas, incluyendo a la vieja cerda de mierda de Kansas, estaban comiendo. Al vernos a mi y Edward, los dos juntos, esta se paro y se dirigió a nuestro encuentro. El rostro de la vieja se había puesto colorado. Seguro que pensaba que yo había hecho algo y Edward me traía para que ellas se encargaran de mí.

Una irónica sonrisa se apodero de mi rostro— ¡Aléjate vieja… ahora tengo alguien para que me defienda de tus arrebatos de vieja menopáusica!

—Padre Edward… me disculpo de ante mano sí la aquí presente… Srta Swan, ha hecho algo indiscreto —ella me tomo muy fuerte del brazo y me alejo de Edward. Por lo que él, al ver el movimiento tan brusco de ella me sujeto de la mano y me alejo de un tirón de su lado.

—Hermana Kansas, no le permito que la vuelva a tomar de esa forma… Isabella no se porto mal, ni nada por el estilo, ella simplemente se atraso por quedarse a hablar conmigo, yo la retuve en una conversación —Edward hablaba en tono frio— ha sido culpa mía —la hermana Kansas lo miraba boquiabierta. Deduje que era porque él nunca había reaccionado de esa forma con alguna de ellas.

—Lo lamento padre Edward, no… no volverá a pasar —dijo dudando, pero mirándome con ojos intensos.

— Por favor, necesito que le den algo para almorzar —dijo mirando hacia las mesas, donde las monjas estaban almorzando.

—Pero padre…

—Hermana Kansas, por favor, no me haga repetirles las cosas dos veces, esto no tendría porque decirlo, así sea Isabella o alguna otra chica que venga a comer después de horario, quiero que no se le niegue nada, siempre y cuando haya algún motivo por el cual la muchacha no pudo asistir al almuerzo como todas las demás —la mandíbula de la vieja se apretaba, pero aun así asintió, me hizo un gesto para que me sentara alejada del grupo de monjas y le pidió a otra que me sirviera un plato de comida y me senté, dudando y sin ganas de comer por las miradas que todas esas frígidas me estaban lanzando.

Edward se sentó a mi lado y espero a que la hermana Kansas se alejara. Tomó el tenedor y lo puso en mi mano. Realmente no me sentía con ganas de comer, la boca del estomago se me había cerrado. Miré a Edward nerviosa, no me sentía muy cómoda en este lugar. No quería comer, porque sabía que sí lo hacia lo vomitaría. Edward pudo ver mi cara descomponiéndose y finalmente desistió.

—No me siento muy bien… me gustaría recostarme un rato —dije sin mirarlo, aquí debía disimular las ganas de tirarme encima de él.

—No hay problema… yo tengo unas cosas que hacer, pero prometo buscarte antes de irme a dormir.

— ¿Y cómo lo haremos? —pregunté esta vez mirándolo. Él se quedó un segundo pensando y de reojo mire hacia las monjas. Nada. Él siguió susurrando— Ven a la capilla después de que todos se hayan dormido, y si alguien te llega a ver y te pregunta porque estas fuera de tu cama, le dices que vas a rezar un rato porque no puedes dormir, la capilla esta abierta toda la noche —en sus ojos había un destello muy bien conocido por mi. Nunca se lo había visto, pero a veces me confundía, no sabia si era cariño u otra cosa.

—De acuerdo… ahí estaré —este asintió y ambos nos pusimos de pie. Y nos dirigimos hacia la vieja chismosa de Kansas, que al vernos ya se estaba levantando.

— ¿Sucede algo Padre…? —pregunto mirándolo, ignorándome completamente.

—Isabella no se siente bien… la dejare en su barraca y luego me iré a la reunión con el obispado, necesito que hoy se acuesten temprano a las chicas, recuerde que mañana hay excursión —la moja asintió—. Bien, nos retiramos, adiós.

—Adiós padre Edward —y sin más nos dimos la vuelta y nos fuimos hacia la barraca.

Estuvimos mas diez minutos besándonos y prometiéndonos vernos pronto. Sus manos no me soltaban, me tenía aferrada hacia su pecho. Él era precioso, jamás me cansaría de que me besara o de besarlo, podía quedarme horas y para mi estaría perfecto.

Entrada la noche, cuando habíamos terminado de cenar y de asearnos las monjas nos dirigieron hacia las barracas. Mis nervios se habían acrecentado, sentía un nudo en mi estomago y lejos de echarme para atrás, me alentaba, me daba ánimos para seguir y poder verlo… era una sensación agradable lo que sentía en mi panza. Me quede a charlar un rato más con las chicas, sintiendo la penetrante mirada constante de Alice. Las chicas comenzaron a acostarse y de a una comenzaron a dormirse. Me quede leyendo unos minutos y cuando todas estuvieron dormidas, me encamine hacia el baño. Me aplique un poco de mascara para pestañas y cuando me di al vuelta para salir de ahí, di de lleno con el rostro de Alice…

— ¡Alice me asustaste, Jesús!

—Lo siento ¿vas a algún lado? — ¡mierda!

—Uhm… yo… no, solo…

—Bella, ¿acaso te aplicas mascara solo para dormir? —suspiré ¡mierda!

—De acuerdo… yo… me voy a encontrar con Edward —los ojos de ella se abrieron como plato y su boca se amplio con una radiante sonrisa.

— ¡Oww Bella! ¡Es tan romántico! ¿Por qué no me dijiste? Les dije que los podía ayudar —ella daba saltitos.

—Lo sé, es que estaba esperando que se durmieran.

— Sí me hubieras avisado, hace rato hubieras estado con Edward yo te hubiera ayudado.

—Lo siento… bueno… creo que ya… ¿me voy? —ella me hizo señas para que aguardara un segundo y camino hacia el lavabo. Abrió un cajoncito del mueble y saco lo que parecía un brillo labial, rodé los ojos.

—Solo te falta esto —me lo aplicó—y… esto —dijo lo ultimo soltando mi cabello húmedo y con sus dedos formo un poco mejor las ondas— ¡Listo! Ahora sí, puedes irte ¡Oh Dios, esto me parece tan excitante! —gritó un poco.

— ¡Shhh! Baja la voz…

—Lo siento —y soltó un gritito.

Cuando en silencio salí de la barraca, me dirigí por la parte de atrás de todas las casas de los sacerdotes. Me tropecé una vez, pero no caí. Cuando llegue a la capilla la puerta estaba entreabierta. Miré hacia todos lados y me asegure de que nadie me siguiera o hubiera alguna persona. Cuando no vi nada me metí dentro, cerrando la puerta.

Todo me parecía muy oscuro, solo las velas del altar estaban encendidas, todo era muy tétrico y daba un poco de miedo. Caminé hacia el altar y miré hacia arriba, me sentí un poco rara al ver esa imagen de Jesús. Quite mí vista de ese lugar—Piensa en Edward, Bella, solo en él —me dije en voz baja.

Sentí una mano aferrándose con fuerza a mi muñeca y halándome. Cuando me di cuenta de quien era, suspire…

— ¡Edward! —dije acercándome hacia él, pasando mis brazos por su cuello. Quise darle un beso, pero él me aparto.

—Aquí no, ven… —lo seguí y nos metimos en uno de los confesionarios mas alejados y escondidos.

El cubículo no media más de metro y medio por uno. Este era de madera y dentro donde se suponía debía estar el sacerdote, había una sobresaliente de madera forrada con algo acolchado y sobre tapizada con terciopelo. Edward se sentó y halo de mi cuerpo hacia su regazo. Me senté sobre sus piernas y abrace su cuello con mis brazos. Mis dedos comenzaron a acariciar su cabello y este recostó su cabeza sobre la madera. Un suspiro dejo sus labios y dio de lleno en mi rostro, era tibio. Sus labios se separaron y la tentación de morderlos me azoto, como un látigo. Me moje los labios pasando mi lengua por ellos. Me incline sobre sus labios y deje un casto y dulce beso. Mis labios comenzaron a danzar de manera delicada, solo rozando nuestras bocas. Las manos de Edward que me envolvían y estaban sobre mi cadera, me apretaron aquel lugar. La posición en que estábamos, era cómoda, pero no era la que quería no para hacer lo que tenia ganas. Sabía que no llegaríamos tan lejos. Quedaríamos a medio camino.

Me moví de su regazo y me senté a horcajadas sobre él. Apenas abrí mis piernas y me senté, sentí la necesidad de moverme sobre él, de sentir fricción en aquella parte. Edward estaba muy excitado, lo sentí por su tremenda erección; me aferre a su espalda y lo bese con todo el deseo que sentía. Sin pedir permiso invadí su boca con mi lengua y la suya no tardo en darme batalla. Me moví hacia adelante creando fricción sobre él y un jadeo salió de sus labios. Me separé de él y lo miré a los ojos. Ese brillo que había visto hoy temprano en el comedor, había vuelto a aparecer y ahora podía darme cuenta de que significaba, Edward sentía lujuria.

La lujuria es usualmente considerada como el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual, o un deseo sexual desordenado e incontrolable. Pero me gustaba más como lo definió Dante Alighieri; él consideraba que lujuria era el amor hacia cualquier persona, lo que pondría a Dios en segundo lugar. Y así era, así lo sentía yo y estaba segura que Edward también lo podía sentir. Lo veía en sus ojos ¿habría Edward dejado a Dios en segundo lugar por mí?

Me seguí excitando, tanto yo como él, friccionando nuestros cuerpos, especialmente, mi centro contra su miembro. Sentía mi centro muy mojado, y quería que él me tocara en ese lugar, pero no quería apurar mucho más las cosas, con esto era demasiado. Me movía hacia adelante y hacia atrás, ejerciendo presión en cada movimiento. Edward bajo sus manos hacia mi trasero y lo tomó con delicadeza, como sintiendo vergüenza ¿Enserio, en este momento?

—Más fuerte, amor… tómame mas fuerte —dije jadeando sobre su boca. Y así lo hizo. Me apretó el culo y me arrastro hacia él con fuerza. Haciéndome gemir como perra.

Allí mismo en la oscuridad del confesionario, fue donde nos estábamos confesando nuestro amor. Donde sin vergüenza estábamos usando nuestro libre albedrio, un lugar de lo más apropiado dentro de lo errado y bajo la mirada de mártires y santos, nuestras bocas se fundían en una danza frenética y sin fin. El calor se había vuelto asfixiante en ese cubículo. La temperatura había aumentado, gracias a nosotros. Desabotone los primeros botones de de la camisa de Edward y retire el alzacuello que limitaba mi deseo. No lo quería estando ahí para lo que tenía pensado hacer.

Enterré mi rostro en su cuello y chupe aquella zona llena de sensibilidad. Edward gimió y tiró el cuello hacia un lado. Mi lengua jugaba, mis labios mordían tirando su piel, para luego succionarla…

—No… no puedo más… Bella… —dijo Edward, sujetando mi rostro y hablando sobre mi boca, jadeando.

—No te detengas, amor… déjalo ir —respondí jalando su cabello.

Él volvió a sujetarme el trasero y con fuerza me arrastro dos veces mas, logrando que yo llegara al nirvana en un abrir y cerrar de ojos, y él elevando sus caderas se enterró en mi centro gruñendo para luego jadear como poseso. El había tenido su primer orgasmo conmigo, gracias a mí.

La línea del bien y el mal estaba demasiado lejos para detenernos ahora. Lo que había pasado ya no tenia retorno. Luego de susurrarnos palabras de amor y de pasar una rato abrazados y dándonos caricias el sueño comenzaba a pasar factura. Tuve que sacar fuerza de donde no tenía para poder irme. Edward me acompaño hasta la puerta y con un beso en mis labios y luego en mi frente me despedí.

Al llegar, sorprendentemente me costo dormirme, simplemente no pude pegar un ojo en toda la noche.

Aun seguía recordando en mi cabeza, pasando imágenes como si fueran las escenas de una película, una y otra y otra vez. Todavía podía sentir sus labios en los míos, sus brazos rodeándome y sosteniéndome. Todo me parecía irreal.

Cuando logre dormirme ya estaba amaneciendo, las primeras luces del alba se filtraban por las rendijas de la ventana, haciendo un espectáculos de sombras; pero antes de eso me había fijado donde dormían las chicas. Cuando había llegado todas dormían, Alice era la única que cuando estaba dormida seguía trabajando su cerebro, pues dormida decía: Prada… Coco Chanel… Jimmy Choo… Ella era una chica única. Luego estaba el tema de Rosalie y mi hermano. Él se había portado como un cretino con ella. Tenia que hablar con él, urgentemente. Me dormí con la imagen del rostro de Edward, y con él soñé.

Hoy era domingo y por suerte nos levantábamos mas tarde que lo habitual, ya que la misa solo se daba en la tarde. Me había perdido la excursión de la mañana, por lo que tendría que aguantarme mas tarde a la pesada de Kansas.

Pasado el mediodía ya me estaba cambiando luego de darme una ducha, con una tonta sonrisa en mi cara, tomé la ropa que me iba a poner de la maleta, ya que no teníamos guardarropas en las estar bonita pero sin dejar mi estilo de lado, me vestí con una bermuda de jeans negra y una camisa verde musgo, decidí levantarme el cabello el una coleta desordenada, mire la hora y eran las 15:35 pm faltaba poco para la misa, así que me dirigí al comedor del convento y tome una manzana.

Me senté a comer mi manzana en la puerta de la capilla donde se celebraban las aburridas misas; aburridas porque yo lo único que veía era a Edward… Edward, Dios esto era irreal, a mamá le daría un infarto sí se enteraba de lo que estaba haciendo.

—Que hace una damita sola, en la puerta de la capilla —me sobresalte al escucharlo. Inmediatamente me levante de un salto y me di la vuelta.

—Pa… Edward, yo… bueno… esperaba que abran la capilla —él alzó una de sus perfectas cejas.

— ¿Ah si…? y se puede saber para qué —preguntó dando dos pasos hacia mi. Miré sus labios y un inaudible jadeo salió de mi boca. Y esa sensación de cosquilleo comenzó a desparramarse por mi cuerpo, instalándose en mi parte inferior.

—Yo…me voy a confesar —finalmente dije.

— ¿Enserio? ¿Pecaste? — ¿me parecía a mí o él había sacado su lengua y la había pasado por sus labios?

— Sí, pero no me arrepiento —dije acercándome a él. Edward sonrió y se hizo a un lado, abriéndome paso.

—Ok entonces, entra y espérame en el confesionario que yo ya voy —sin esperar que dijera nada más pase delante de él moviendo un poco mas de lo usual mis caderas.

Me adentre en la capilla para donde estaban los confesionarios, me metí dentro de uno y aguarde a que vinera el "padre". Estaba deseando repetir lo de anoche.

Espere y espere por lo que parecieron unos diez largos minutos y él no llegaba, hasta que decidí salir e ir a buscarlo, donde lo había dejado.

Nunca espere ver la escena que vi…

Una chica lloraba desconsoladamente sobre el pecho de mi sacerdote, algo dentro de mí se encendió de pronto, algo que hacia mucho que no me pasaba… Avance lentamente hasta donde ellos pero aun así no me veían, hasta que pase por su lado, mirando fijamente a los ojos del Padre Edward, en ese momento me vio.

Su mirada fue rara, como pidiendo disculpas, de pronto mis ojos me picaban, fruncí el ceño y seguí de largo pasando junto a ellos, hasta llegar a mi barraca. Me sentía cansada, frustrada, adolorida y… ¿celosa? De eso no estaba segura. Mi pecho me dolía pero, no sabia a que podía atribuirle ese sentimiento, simplemente dolía ¿Por qué tenía que abrazarla? Me recosté en mi cama y cuando estaba por dejarme ir en la inconsciencia del sueño tocaron la puerta.

Me levanté con los ojos hinchados por las lágrimas sin derramar, los sentía pesados e irritados. Abrí la puerta y ahí estaba, pude ver atreves de su sotana como su pecho subía y bajaba; su respiración estaba agitada, y su mirada… su mirada parecía de suplica.

—Pa-padre Edward ¿Qué hace aquí? —mis ojos se habían abierto como platos. Él era increíble.

— ¿Por qué no me esperaste? —su voz sonó un poco dura, eso me hizo ponerme muy nerviosa ¿él estaba enojado? ¿Y yo qué? Lo veía con una chica abrazado y era él quien se enojaba.

—Yo… no… usted estaba ocupado ¿no? —me hice la que no me importaba. Caminé dos pasos hacia atrás. Edward aprovecho la oportunidad y se metió dentro cerrando la puerta.

—No, solo estaba consolando a una de las chicas, su padre tuvo un accidente y se acababa de enterar, eso es todo… acaso… acaso ¿estas celosa? —lo miré a los ojos y este tenia el ceño fruncido. Pero ¿estaba celosa? Por supuesto que estaba celosa…

— Yo… no, claro que no.

—No lo parece… ¿estuviste llorando? —dijo entrando completamente en la barraca y acercándose hasta donde yo estaba poniéndome sus manos sobre mis hombros. Me removí nerviosa, no quería, pero debía admitir que me había equivocado ¡Era tan estúpida!

—No… yo no… yo pensé que… —realmente no sabia que decir. Me encogí de hombros y agache mi cabeza.

— ¿Qué pensaste? —sus dedos tocaron mi rostro y cerré los ojos a su tacto ¿Por qué era tan insegura?

—Nada, solo… ¿Qué necesita? —dije alejándome de él. Me sentía muy tonta. Nunca aprendía de las cosas, siempre sacaba conclusiones antes de tiempo.

— ¿Qué te pasa? ¿Por qué me hablas de esa forma? ¿Te arrepientes? —la cosa no pasaba por ahí, yo no me arrepentía de nada, pero siempre había algo que no me dejaba pensar con claridad. Las palabras que me habían dicho aquella vez "esa persona" habían caldo hondo en mi ser.

—Yo… no sé, verte de esa forma con esa chica, me hizo ver lo insignificante que soy… —sentí sus brazos envolviéndome por detrás y su nariz aspirando el aroma de mi cabello ¿Por qué siempre hacia eso?

— ¿Qué? Oh Isabella tu eres una mujer hermosa, ¿sabes?... en estos días aprendí a ver a través de tus ojos, y puedo reconocer tu hermosura tanto por dentro como por fuera, eres fuerte y no te dejas amedrentar por nada ni nadie. Tu inseguridad hace que todo lo que piense de ti me lo replanteé y la verdad que eso no me gustaría ya que fueron todas esas cualidades las que me atrajeron de ti —lo miré anonadada por las cosas que decía de mi persona—. No quiero que estés mal, o pienses que tu no vales nada, eso me… enoja, mucho —se me acercó y me tomó el rostro entre sus manos—; necesito que ambos estemos fuertes, lo que se esta por venir no nos puede tomar con las defensas bajas, recibiremos ataques de todos lados y te quiero a mi lado, fuerte como el hierro… por favor, no dudes de nosotros —me abrazo y su rostro se escondió en el hueco de mi cuello.

—Lo siento… —susurré. Las lágrimas que había estado reprimiendo hacían acto de presencia, me atormentaba mi pasado, yo era así por culpa de "él" fue su culpa todo lo que me había pasado. Sus palabras no las podía olvidar, se repetían en mi cabeza una y otra vez…

"Eres una idiota, no sirves ni siquiera para echarme un polvo… porque simplemente no te quitas la vida, nos harías un gran favor a todos."

—Shhh… Bella tienes que decirme que te atormenta, para yo poder ayudarte —Edward me susurraba al oído. Pero no era el momento de contarle, aun no m sentía preparada para que se diera cuenta que era una chica con problemas.

—Estando así me ayudas, por ahora solo necesito estar así, mas adelante te lo contare… lo prometo —él se separó y me besócastamente.

—Bien, pero quiero que sepas, que yo no me arrepiento de nada ¿tu lo haces? —en sus ojos había algo de temor.

— No —sentencia rápidamente.

—Ok, eso es todo lo que necesitaba escuchar —y sin mas me beso con tanta pasión que literalmente me quito el aire, un jadeo salió de mi boca en busca de oxigeno. Sin dejar de darme pequeños besos en mírostro me abrazo por la cintura y escondió su cara en mi cuello y juro que me sentí desfallecer cuando lo sentí oler esa zona.

—Me tengo que ir, pero mas tarde te hare llegar un mensaje y te esperaré donde te indique ¿esta bien? —dijo dándome la cara y sonriéndome se aparto.

—Sip —en mi voz se notaba lo relajada que me había puesto. Él tenía ese efecto en mí.

—Bien, me voy —hice un puchero a lo quesonrió y volvió a besarme, pero esta ves mas pausado, disfrutando de ese momento.

Pase la tarde esperando la nota, esta llego por medio de Alice. Ella muy sonriente, me la entrego, estaba encantada de hacer de Cupido. El lugar que decía la nota en donde me tenía que reunir con Edward era: el campanario.

Era un lugar difícil de acceder, no por que ahí no pudiera entrar nadie, sino que para llegar hasta la cima, se necesitaba de una gran agilidad, se debían subir varias escaleras y como el campanario media casi veinticinco metros de altura las monjas no subían y los sacerdotes menos; el único que hacia sonar las campanas era Edward. Era el lugar indicado para dos amantes.

Luego de esperar a que todas se durmieran "menos Alice" por supuesto, que era la que me ayudaba, me prepare y salí disparando de las barracas hasta llegar ala base del campanario. Suspiré al ver lo alto que era y me dispuse a entrar, mirando antes a mí alrededor, cerré bien la puerta y comencé a subir la escalera en caracol que estaba pegada a las paredes. Llegue agotada a la cima donde había una pequeña puertita de metro y medio de altura. Cuando tomé aire y modere mi respiración agitada, entre.

Al entrar, todo a mi alrededor estaba bañado por luces de velones, era hermoso. Dos campanas gigantes estaban situadas en medio del espacio. Miré hacia afuera por un espacio que estaba entre las campanas y la vista me dejo flipada. Era impresionante. Grandes colinas se veían la distancia y la luna estaba encima de estas como vigilando la noche. Este lugar me relajaba, me…

—Hola… —pegue un salto y me di rápidamente la vuelta.

¡Oh por todos los santos… apiádense de mi!

Edward estaba al costado de una campana, vestido con unos pantalones de lino negro y una camisa del mismo material y color, con los primeros botones desabrochados… ¡Puta madre, iba descalzo!

La lujuria volvía a apoderarse de mi cuerpo, todos y cada uno de los vellos de mi cuerpo se habían erizado ante la mirada hambrienta de Edward. Ninguno de los dos decía palabra alguna, no hacia falta. Las manos de Edward daban la clara señal de su resistencia. Estas estaban hechas puños. Un fuego abrazador se expandió por mi cuerpo, formando una calienta humedad entre mis piernas. Lo necesitaba, necesitaba de sus besos. Mandé todo a la mierda y me lance a él.

Edward sin toda la porquería de ropa que siempre llevaba era mucho más fibroso y duro. Lo besédesesperada, abriendo mi boca para darle batalla con mi lengua. El gustoso me recibió. Hale su cabello de una forma no muy delicada y este gruño sobre mis labios.

Este lugar prometía darnos lo que necesitábamos para dejar fluir nuestra pasión y nuestros sentimientos. El campanario seria nuestro cómplice de ahora en más. Aquí solo seriamos Edward y yo.


Despues de tanto, aqui estoy devuelta reportandome... gracias por la espera, y espero que difruten.

ya saben, par su opinion me pueden dejr un review.

proxima actualizacion "TU Y TU ASQUEROSO ENGAÑO"

Se las quiere

***Gis Cullen***