Disclaimer: Pokémon no me pertenece, es propiedad de Satoshi Tajiri


El día ha estado muy silencioso, no he visto a Will por ningún lado, ni siquiera a la entrada o en el primer receso, por lo que puede haber faltado a clases. Suspiré angustiada recordando lo que cierta castaña, que no me agrada mucho que digamos, me dijo esta mañana.

¡Oye, Karen! —me llamó entrando en el baño de mujeres la chica castaña de segundo año.

¿Qué sucede? —pregunté indiferente retocando mi maquillaje frente al gran espejo

¿Que rayos traman tú y Willy? —Preguntó seria cruzándose de brazos—, lo que están haciendo no es nada gracioso.

Fruncí el ceño, guarde mi lápiz labial en mi estuche desviando mi mirada hacia ella, ¿de qué estaba hablando?

Podrías explicarme por favor—pedí tratando de no rebajarme a su nivel.

Esto, explica esto—me mostró la pantalla de su teléfono con lo que parecía ser un mensaje, me acerqué un poco para leerlo—, no es graciosa su bromita.

Al leer el mensaje de la pantalla se me revolvió el estómago ¡¿Que Will le mandó que a Blue?!

Abrí los ojos como plato señalando el teléfono—Te lo mandó... ¿a ti?—estaba estupefacta ¿Por qué Will le mandaría algo así a ella?

No, no me lo mando a mí—respondió guardando su celular encogiéndose de hombros. Suspiré relajada—, se lo mandó a Silver.

—… ¿Qué? —me quedé impactada, con la boca abierta y sin saber que decir—. W-Will no me di-dijo nada—atiné a decir.

Entonces esta broma la ideó solo Will—se quedó pensativa unos segundos, me miró curiosa, tal vez mi reacción debe de ser cómica—, ¿no sabías que tu mejor amigo era gay?—soltó sin delicadeza.

Pues no, nunca me dijo nada, y esto me está poniendo mal. No puedo dejar de pensar en ello. Pero también está la posibilidad de que todo sea una broma de parte de Blue y Silver, una represalia por las burlas, ¿no? Aunque la castaña no se queda atrás con eso, en algunas ocasiones se lo merecía. Me recosté sobre la mesa sin importarme las quejas del profesor. ¡Estoy pasando por dudas emocionales!¡Que no me moleste con problemas algebraicos!

Mi pequeño sirviente, ¿por qué sigues sin confiar en tu dama?

Pasaron dos horas más y seguía sin ver a Will, lo cual ya me estaba preocupando un poco. Estaba en el pasillo frente a mi casillero ingresando la clave en el peculiar candado floreado que destaca entre los demás, guardé un par de libros y saqué de ahí mi libro de matemática, que comparado con el de Will es como un pequeño libro de bolsillo. Al cerrarla distinguí por el rabillo del ojo cierta cabellera roja que llamó mi atención. Sep, era Silver que se estaba acercándose a su casillero que estaba cerca del mío, quien de alguna manera se ha ganado mi desagrado más que antes. Acomodé mi mochila en mi hombro, bufé comenzando a caminar en dirección de él.

—Hola, platita—saludé falsamente pasando mi mano por su cabello, como él estaba de espalda no pudo evitar mi movimiento. Caminé rápidamente hacia el comedor ya que era la hora del almuerzo. Por lo que escuche él lanzó un bufido.

En el casino me encontré con Will a solo un par de mesas de la entrada, pero extrañamente no estaba solo. Estaba con Green y Blue. Fruncí el ceño molesta, me di media vuelta y me fui. Esos idiotas son nuestros "enemigos" ¡y se está relacionado con ellos! La idea de que todo esto no era más que una broma no pasó desapercibida en mi mente. ¡Ni crea que se va a salir de esta! Creó que tenía muy mala cara ya que todos me miraban extrañados o me evitaban por el pasillo, excepto una persona, Silver.

—Oye, Karen—se acercó a mí con semblante serio a mitad del pasillo—, ¿a qué rayos juegan?

—Si me dieran una moneda por cada vez que me preguntaran eso—comenté molesta—, aunque esa es mi línea—pensé en decir.

— ¿Cuantas tendrías? —preguntó con curiosidad.

Suspiré relajándome un poco—. Dos.

El chico carraspeó un poco, pero aun seguía con su mirada seria—. Tengo una duda, Karen.

— ¿Cuál sería?

— ¿Cuál es tu número de teléfono? —soltó sin más, me impresionaba la seriedad y calma que trasmitía pero más lo que me estaba preguntando, ¿para qué lo quería?

—Cinco. Cuatro. Siete. Ocho. Tres. Ocho. Uno. Seis. —respondí, ya no quiero bombardearme la cabeza con más dudas.

El chico se quedó pensativo unos segundos para luego dibujársele en su rostro una sonrisa ladina.

— ¿Qué es gracioso? —fruncí el ceño, creo que mi frente quedara con muchas arrugas hoy.

—Nada, nada importante—comenzó a caminar sin dejar de sonreír dejándome en medio del pasillo, al pasar al lado mío se detuvo—, el sirviente es un idiota, ¿no? —dicho esto se marchó.

Will es un idiota, pero ¿por qué a él le importa?