Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Magnolia822, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


"La cultura del lúpulo… es tan análoga sobre la cultura y uso de la uva que puede permitirse un tema para los futuros poetas." - Henry David Thoreau

Capítulo 3: Sobre Cerveza, Comida y Cabras

—Entonded, no me equivoqué, ¿o dí? —Emmett mastica ruidosamente su sándwich, haciendo que salten migajas a su pecho y su regazo. Envié a Seth a la ciudad para que nos comprara comida. Luego de andar de bocón sobre mi vida personal, era lo mínimo que podía hacer.

—¿Sobre qué? —pregunto, alzo una ceja con inocencia y me recargo en mi silla.

—Oh, no te hagas el tonto. Sobre Bella.

—No sabe nada sobre cerveza —gruño; no estoy dispuesto a darle la satisfacción que busca.

—Pero aprenderá. Pude ver que ya lo estaba entendiendo. Y por cierto, no me refiero a eso.

—¿En serio, Em? Eres el maestro de la sutileza. Me pregunto cómo se sentirá Rosalie si supiera que te fijas en otra chica.

—Ahh —dice haciendo un gesto con la mano—, por favor. Rose sabe que sólo tengo ojos para ella. Es sólo… una observación empírica.

—¿Una observación empírica?

Se encoge de hombros.

—Vimos Sherlock Holmes anoche. Robert Downey Jr es un tipo divertido. Lo que digo es que pienso que Bella será perfecta. Me dijo que hasta ahora le gustaba el lugar.

—Estuvo aquí por tres horas nada más —argumento, dándole una mordida a mi sándwich, hecho justo como me gusta. Seth debía estar intentando impresionarme.

—Sí, y pasó la mayor parte el tiempo con tu culo gruñón y no huyó del lugar gritando. A mi parecer eso la califica para el trabajo.

La verdad no sé por qué estoy discutiendo con Emmett sobre esto viendo que estoy de acuerdo con él. Puede que Bella no tenga experiencia, pero obviamente está dispuesta a aprender y tiene un buen paladar. También es entusiasta y divertida… y, sí, atractiva. Mucho. Fue jodidamente caliente verla beber de esa cerveza con sus labios llenos rodeando el pico de la botella.

También es joven. Muy joven. Y una empleada…

Sigo pensando en lo que pasó en las reservas antes de la llegada de Emmett. No me quedaba duda alguna de que había coqueteado conmigo, pero luego se puso nerviosa; pude verlo por la forma en que su mano temblaba ligeramente al sostener su copa. Y sí, no podía negar que me gustaba molestarla, pero no había nada apropiado en eso, en absoluto. Bella Swan estaba fuera de mis límites.

—Ya veremos —respondo al final.

—Entonces, ¿adónde se fue?

—A clase. Supongo que siguen con las clases hasta dentro de un par de semanas. —En realidad eso no era problema alguno ya que Bella me había asegurado que estaría disponible para la abertura del bar.

—¿Tiene exámenes finales? ¿Cuál es su especialización?

—Al carajo, no lo sé. Me sorprende que tú tampoco.

—Hombre, en serio eres idiota.

La cruda, la falta de sueño, y la locura en general de mi vida están empezando a hacer efecto, y decido que es mejor irme antes de causar más daños. No puedo recordar una época en mi vida en que las cosas fueran diferentes, aunque sé – empíricamente – que alguna vez existió.

—Sí, bueno, nunca te cases —murmuro mientras recojo la envoltura de mi sándwich, la hago bolita y la lanzo al basurero que está cerca de mi escritorio.

—Y bien… ¿puedo preguntar? ¿Qué pasó con Victoria?

En realidad no quiero hablar sobre eso, pero Emmett es mi hermano y también es mi socio en Cullen Creek. Incluso aunque yo tomaba la mayoría de las decisiones en el negocio, su dinero también estaba invertido aquí. Merece saber contra qué me estoy enfrentando.

—Pues, ¿quieres saber las noticias malas o las malas?

—Uh…

—La mala noticia es que todavía no se puede finalizar ya que sólo llevamos cuatro meses separados. Es ley del estado de Vermont. La otra mala noticia es que está pidiendo una pensión… mucho dinero. —Suspiro y me sobo la nuca.

—¿Cuánto?

—Demasiado. Más de lo que le voy a dar, de eso estoy malditamente seguro.

—Mierda, hombre. ¿Y qué vas a hacer?

—Estoy pensando en eso. Nos vamos a reunir de nuevo el mes que viene.

—¿Y qué pasa si no accedes?

—Entonces se va a juicio… y preferiría que no pasara. Apenas puedo costearme a Jenks en estos momentos.

—Carajo.

—Exacto.

—Pues Rose y yo estamos aquí para ti, carnal. Y mamá y papá, lo sabes.

—Sí, gracias.

—Deberías llamar a papá, sabes. Me llamó ayer; dijo que no respondías tu teléfono.

—Estaba ocupado. —Ocupado hundiéndome con cerveza de mierda en un bar de Loughman. Lo más cercano que servían a una cerveza artesanal es nacionalmente distribuida; tenía el nombre de un patriota de Nueva Inglaterra. Pero en ese momento no me podía importar menos.

—Pues ya sabes cómo es; estaba entrando en pánico, pero lo calmé.

—Bien, lo llamaré más tarde.

—¿Te vas? —pregunta Emmett cuando me pongo de pie, su boca está llena de la última mordida.

—Eso pensaba. Estoy jodidamente cansado. Llámame si pasa algo, ¿bien?

—Sí. ¡Vete! ¡Duerme! Todo está bajo control.

—Eso mismo dijiste la última vez —murmuro agarrando mi abrigo de detrás de la puerta y despidiéndome a medias de los chicos que están afuera cuando paso.

Afuera sigue haciendo frío y mis pensamientos inadvertidamente se van hacia Bella de nuevo. No llevaba abrigo, y vino a pie. La cervecería no está muy lejos para caminar hasta la ciudad, quizá veinte minutos, pero aún así. Es tiempo suficiente para resfriarte. Y ella seguía algo mareada… Sonrío un poco, pensando en ella entrando a clase de esa forma. Probablemente una lección diferente a lo que estaba acostumbrada.

Pronto me encuentro acelerando por la sinuosa carretera de acceso que lleva a la autopista. Se fue hace una hora, así que no hay posibilidad alguna de que siga caminando, pero aún así sigo buscándola. Lo último que necesito es que una empleada se enferme antes de la apertura.

Pero sí, hace mucho que se fue, así que giro a la derecha y me encamino a casa, hacia Appletree Bay.

El estacionarme frente a la casa Cape Cod de dos pisos donde Victoria y yo solíamos vivir me llena de sentimientos encontrados. Ésta había sido la casa de sus sueños. Cuando nos mudamos aquí hace cuatro años —justo cuando la cervecería estaba dejando los beneficios suficientes para vivir cómodamente—, a mí también me encantaba…, a pesar de la enorme hipoteca. Estaba justo en la orilla del Lago Champlain: acceso a la playa, una terraza… ¿Cómo podía no gustarme?

Pero ahora sólo me recordaba a ella. Hay muy poco de mí aquí. Probablemente sería mejor vender el lugar y conseguir algo más cerca de la ciudad.

El aire fresco me aclara un poco la mente mientras recorro el camino de piedra hacia la entrada y giro la llave en la puerta, pateando a un lado el correo acumulado y dejo caer mi maletín en el piso junto a las escaleras.

Ya había problemas en nuestro matrimonio cuando nos mudamos aquí aunque, en ese momento, no podía verlos. Ahora todo es tan obvio.

Ella se volvió loca decorando el lugar, comprando muebles nuevos, desarmando y remodelando la cocina, instalando un jacuzzi en la terraza recién construida. Luego comenzó con la ropa, zapatos... sólo quería marcas de diseñador aunque en realidad no podíamos pagarlas. Pero la dejé hacer lo que se le diera la gana, sólo para hacerla feliz.

En ciertas maneras lo entiendo. Victoria y yo comenzamos a salir en preparatoria, y no tuvo mucho mientras crecía. Sus padres estaban divorciados; ella y su hermana Bree vivían con su madre y su padre era un patán. Ni siquiera le mandaba un regalo en su cumpleaños. Cabrón.

Así que sí, entiendo que quisiera cosas lindas, pero cuando le dije que teníamos que reducir gastos por la expansión, empezó a resentirse y a agredir en silencio. Nunca olvidaré la noche que llegué a casa y la escuché en el teléfono con Bree diciendo mierdas de mí. Ella pensaba que yo era estúpido, que no tendríamos éxito y perderíamos todo. Le dije que lo estaba haciendo por nosotros, pero estaba más que claro que no tenía fe en mí. Sólo empeoró con el tiempo, pero sí, ése fue el principio del final. Pero claro, ahora que las cosas van bien ella busca su tajada. No es que me sienta amargado ni nada de eso.

Agarro un par de aspirinas del bote y me las paso con un trago de jugo de naranja directo del envase, y al carajo si no pienso en Bella Swan otra vez. Sus ojos… me recordaban algo. Chocolate y cebada… hmmm… una agradable cerveza café. Bella Brown. Suena bien.

Joder, Edward.

Necesito dormir, pero primero dejo un mensaje rápido en la contestadora de mis papás, diciéndoles que sigo vivo. Lo último que necesito es que aparezcan por aquí ahora. Actúan con simpatía sobre el divorcio, pero han estado felizmente casados por más de treinta años; de ninguna forma pueden entenderme de verdad. Es increíble para mí, ya que incluso en algunas maneras mamá y papá son completamente opuestos, que se complementen en esa forma que parece funcionar a la perfección. Me pregunto qué se sentirá ser así.

~SB~

Para cuando llega el viernes ya me siento un poco mejor. Los lúpulos frescos llegaron a tiempo, y ahora la IPA está fermentando de maravilla. Seguimos dentro del horario, lo cual es un jodido alivio. Considerando todo, las cosas en la cervecería parecen estar bajo control.

Hoy tengo planeada otra prueba de gusto para Bella, pero esta vez también planeo combinar comida con las bebidas. La mayoría de las personas no saben que una buena cerveza, como un buen vino, tiene una afinidad por ciertas comidas. También espero que esta lección le muestre a Bella cómo ayudar con recomendaciones si el cliente las pide, y también evitará que el alcohol la afecte tanto.

Después del almuerzo manejo a la tienda para comprar lo que necesito, y cuando cruzo la puerta con la bolsa de comida apenas pasadas las dos de la tarde, me sorprendo al ver que Bella ya está ahí. Está sentada en un taburete leyendo un libro y vistiendo su camiseta azul de Cullen Creek, pero baja el libro y se da la vuelta para verme cuando me escucha. Mis ojos son atraídos inmediatamente por sus piernas largas y torneadas. Está usando una falda con medias…, una falda muy corta. Las botas que tiene en los pies son Doc Martins, no esas mierdas peludas que usan todas las universitarias.

—Hola —dice sonriendo—. Lo siento. Llegué un poco temprano.

—No pasa nada.

—Seth se ofreció a pasar por mí, pero él tenía que llegar a las dos. Es una caminata larga de mi casa hasta aquí.

Esa revelación me irrita más de lo que debería.

—¿Qué tan larga? —pregunto, dejando la bolsa en la barra y sacando las cosas. Bella me mira con curiosidad.

—¿Hmm? —Era una pregunta bastante sencilla, si me lo preguntan, pero detecto un tinte de sonrojo en sus mejillas. Ella es un enigma; un momento coquetea descaradamente y de manera segura y en el siguiente actúa con timidez… Es algo… carajo… es lindo.

—¿Qué tan larga es la caminata? —aclaro.

—Umm… La última vez tardé 45 minutos de ida y otros 45 de venida

—¿Por qué no lo dijiste? Pude haberte dado un aventón —digo sonriendo.

Ahora ya está completamente sonrojada, pero en lugar de responderme, me sigue la corriente con una sonrisa.

—Hmm… lo tendré en mente para la próxima.

¿Qué carajo estoy haciendo? Regresa al trabajo, idiota.

Me aclaro la garganta, concentrando mi atención en sacar las cosas.

—¿No tienes carro?

—Sí. Tengo una camioneta vieja, pero está muerta. No sé si es la batería u otra cosa, pero no enciende, y no tengo dinero para remolcarla a un taller o arreglarla si logro llevarla hasta allá.

Bella se pone de pie y se acerca a la orilla de la barra, agarrando algunos de los artículos que dejé ahí. Está cerca de mí y es tan bajita que puedo ver la parte de arriba de su cabeza. Está usando un broche pequeñito en el cabello, pero aún así está agarrado en una coleta. Me pregunto cómo se verá suelto alrededor de sus hombros.

—Pues necesitas arreglarla. Llegarás tarde a casa en fines de semana, y estará oscuro… No puedes depender siempre en alguien para que te lleve a casa.

—Ya lo sé —replica con voz irritada, retrocede un paso y cruza los brazos—. Y lo haré, en cuanto comience a recibir mi sueldo.

—Sí, deberías hacerlo.

—Bien, papá. Dios.

Bella está sentada de nuevo en un taburete moviendo las piernas. Eso me distrae.

—Sabes —dice, mirándome doblar la bolsa de papel y tirarla—, de verdad deberías usar bolsas reusables cuando compras. Eso de ahí —Hace un gesto en dirección a la basura—, probablemente mató un árbol de la selva. ¿Sabes cuántas medicinas para salvar la vida podrían no ser nunca descubiertas si acabamos con la selva? Muchas. ¿Y todas las especies sin descubrir? Todo para que tengas una bolsa en que llevarte queso de cabra a casa. —Bella alza el ofensivo queso y arruga la nariz.

—¿Sólo te desagrada mi uso de bolsas de papel, o también es por el queso?

—Es por ambos.

—¿Algunas vez has probado el queso de cabra, Bella?

Lo deja en la barra con una mirada de desagrado palpable.

—No. No lo he probado. No como cosas hechas de cabras.

—¿Qué eres, vegetariana o algo así? —Pienso en la salchicha ahumada. Ni siquiera pensé en la posibilidad de que tuviera restricciones alimenticias.

—En realidad soy vegetariana, pero sí como queso. Es sólo la idea de leche de cabra lo que me inquieta.

—Pues —digo incapaz de resistirme—, es mejor que lo superes porque eso es lo que vas a comer hoy.

—¡Qué! ¡Demonios, no! —Tiembla y cruza los brazos de nuevo con un puchero en el rostro. Se ve joven y jodidamente adorable.

—¿Puedo preguntar por qué te inquieta?

—Tengo un trauma.

—¿Con el queso?

—No, idiota. —Se tapa la boca con las manos, y tengo que morderme la parte interna de mi mejilla para no reír—. Lo siento —murmura.

—No pasa nada. Me han dicho cosas peores. —Y sí que era cierto—. Bueno, entonces si no es el queso, ¿son las cabras?

—Sí. Tenía cinco años. Mi papá me llevó al zoológico y yo estaba muy emocionada… amo a los animales. Bueno… como sea. Llegamos ahí y me estoy divirtiendo. Estoy acariciando a un burrito, esos burritos miniatura de Sicilia… increíble, y también hay unos corderitos muy bonitos y un bebito de vaca con una lengua muy larga y morada… y pollitos chiquititos amarillos y patitos peluchones… Era el sueño húmedo de todo niño. Jodidamente maravilloso.

—Pareces tener un recuerdo bastante claro de eso.

—Edward —dice Bella alzando una ceja, — ¿no has escuchado que una experiencia traumática se queda con una persona para siempre?

—Lo siento. Sigue. —Se está haciendo cada vez más difícil el no sonreír.

—Bien. Y luego tienen estos pequeños dispensadores de maíz seco que cuesta un peso, ¿sabes? Y le ruego a mi papá por pesos.

»"Papá, papá, papá, quiero darle de comer a los animales". Porque, sí, era una niña estúpida y los amaba.

Bella es toda una narradora. Habla con tanto entusiasmo y, sí, ahora estoy mirándola con una jodida sonrisa.

—Entonces, ¿te dio monedas?

—Tenía todo un montón. Y estoy saltando de alegría porque ahora podré alimentar a los animales. Y luego llegamos a la parte donde tienen a los recién nacidos. Hay un corral con cabras bebés a las que puedes alimentar con pequeños biberones para bebés llenos de leche, así que claro que le ruego a mi papá y me compra uno.

—Por supuesto.

—Sí. Charlie no es gran fan de los animales así que abre la reja y entro yo sola. Pero soy chaparra. Muy chaparra. Y en cuanto esas cabras me ven con el biberón, me atacan. Cabras bebés, mi trasero. Esas cosas son asesinas. Me empujan y luchan por el biberón, pero yo me aferro a él como si mi vida dependiera de ello. Para cuando mi papá logra llegar a salvarme, ya estoy cubierta con leche, lodo y popo de cabra. Fue asqueroso. —Retrocede estremeciéndose y, joder, me estoy riendo porque es la mierda más graciosa que he escuchado en años.

Bella me lanza dagas con la mirada.

—No es jodidamente gracioso.

—Lo siento. Cierto, no te debes reír de experiencias traumáticas. —Pero tengo problemas para detenerme. Esto es buenísimo.

—¡Oye!

—Lo siento, lo siento. Lo siento, chica cabra.

Bella rueda los ojos.

—Dios, no lo olvidarás, ¿cierto?

—No. Y de todas formas todos los empleados de aquí tienen apodos.

—¿Cuál es el tuyo, Jefe?

—Edward.

Camino detrás de la barra y comienzo a acomodar la comida, excepto las salchichas, en platos desechables mientras Bella me ve con escepticismo. Corto pequeños pedazos de baguette y los unto con queso de cabra y miel, y los adorno con rodajas de higos frescos porque, sí, me gusta el gourmet y esas mierdas. Es más fácil preparar el resto de la comida que sólo requiere ser desenvuelta. Cuando termino me disculpo un momento para ir por las cervezas ya que todavía no hemos puesto los barriles detrás de la barra. Cuando regreso con un paquete de doce cervezas combinadas de la nevera, atrapo a Bella oliendo el baguette con queso de cabra como si fuera un animal temeroso. Lo suelta cuando me aclaro la garganta.

—No dejes que mi presencia te detenga.

Me mira de abajo arriba con el ceño fruncido.

—Estoy bien. En serio.

—Bella, te garantizo que te gustará esto. A todas las chicas les gusta.

—¿En serio? —pregunta con una sonrisa cuando abro las cervezas y las pongo detrás de cada comida que les corresponde—. Asumo que eres un experto.

Sin tener ni idea de cómo responderle, decido cambiar de tema.

—Sí… bueno, la lección de hoy…

—Se ve menos apetecible que diseccionar un feto de cerdo en biología.

Alzo la ceja sirviendo la primera cerveza en su correspondiente vaso.

—¿Eso es lo que estudias?

—Estoy estudiando una especialización en Ciencia sobre animales para veterinaria. Más que nada animales grandes.

—¿Y eso es? ¿Caballos, vacas… y cabras? —sonrío.

Bella suspira y rueda los ojos.

—Entre otras cosas. Y por cierto, Jefe, ¿no te enseñaron que repetir hasta el cansancio el mismo chiste viejo es un hábito molesto?

—No, no me lo enseñaron. Aprendí todo lo que necesitaba de David Letterman.

—Misógino.

Con reticencia ignoro el último comentario, ya que en realidad necesitamos ponernos a trabajar.

—Bien. Hoy vas a probar el resto de nuestras cervezas y a aprender un poco sobre combinarlas con comida. Y, claro, la mejor manera de aprender es probándolas, ¿cierto?

Bella asiente con menos entusiasmo.

—De acuerdo. La primera cerveza que probaste la última vez… ¿la recuerdas? —alcé la botella de Hefeweisen.

—Um, sí —dice—. Fue hace tres días.

—Qué bien. Esta vez quiero que la pruebes con esto… —Le paso el vaso y un paquete de fresas. Bella agarra una y se la lleva a los labios, y un poco de jugo se escurre por su barbilla. Antes de que pueda decírselo, estira la mano buscando una servilleta, se sonroja y se limpia la cara.

—Ahora bebe.

—Mmm —murmura con apreciación—, sabe muy bien.

—La Hefe es una cerveza ligera, así que sabe bien con todas las frutas, cosas dulces y mariscos. Sé que no comes mejillones, pero también sabe jodidamente fantástica con esos. A mí me gusta con nueces.

Bella le da otra mordida a la fresa y otro trago a la cerveza. —Apuesto a que sí.

Creo que finalmente me doy cuenta de que Bella tiene una mente bastante pervertida. Su sentido del humor es un poco inmaduro, pero me gusta. ¡Carajo!

—Bien. Sigamos. Siempre vas a empezar cada degustación con la cerveza más clarita y vas siguiendo hasta las más oscuras, a menos de que el cliente pida cierto tipo en especial.

—Como una degustación de vinos.

—Exacto. ¿Has ido a una?

—Sí, en Washington, de donde soy. Hay muchas vinaterías muy buenas allá. Pinot Noir del bueno.

—Qué bien. Ése es bueno.

Bella sonríe complacida.

—Bien, vamos con la siguiente. Es una de las que más se vende, la Three Frog IPA —le digo pasándole el vaso—. No está tan fresca como me gustaría, ya que es de un lote más viejo, pero es suficientemente buena para intentarlo.

Acepta el vaso que le ofrezco y bebe; su rostro se contrae sorprendido.

—¡Está muy amarga! —exclama.

—No eres fan de la IPA, ¿huh? —Sorprendentemente no me ofende, aunque es una de mis cervezas favoritas.

—Es… no está mala —se retracta—. Sabe mucho a hierbas… un poco frutal. Con muchos lúpulos.

—Bella, está bien tener tus preferencias personales, sólo no le digas a los clientes que crees que apesta. —Le paso la bolsa de papas y un tarro de salsa picante, y Bella me sorprende al untar una enorme cantidad de esa cosa en la papa antes de poder advertirle lo mucho que pica. Sonríe y hace un ruidito de apreciación antes de comer más.

—En realidad esto le da un sabor mejor. Amo las cosas picantes —dice.

—Puedo verlo. Bueno, como sea, la IPA en realidad va bien acompañada con cualquier tipo de comida picante ya que la amargura de los lúpulos resalta el sabor. Deberías aprender a tomarle el gusto.

—Sí, trabajaré en ello.

Luego Bella prueba la cerveza Raspberry Wheat y sonríe. Ahora ya puedo ver con más claridad sus preferencias de sabor. Le gustan las cervezas oscuras de malta y las ligeras con sabor frutal y no amargas.

—Ahora esto sí me gusta. Es la que bebo siempre en el bar.

Eso me sorprende.

—¿En serio?

—Sí, es una de mis favoritas.

—No, me refiero a que si vas al bar… ¿A mi bar?

—Todo el tiempo… con Alice.

—Nunca antes te he visto ahí, chica cabra.

Bella frunce el ceño un poco y regresa su lindo sonrojo. Jodido infierno… estoy empezando a amar hacerla sonrojar, incluso aunque ahora no fue intencional.

—Sí, bueno… —Quiero saber qué va a decir, pero no termina. En lugar de eso le paso el plato que tiene queso de cabra y rodajas higo con baguette. Me mira con horror fingido.

—En realidad no esperas que pruebe esto, ¿verdad?

Asiento agarrando uno y metiéndomelo a la boca.

—Síp.

—Eres cruel.

—Oye, cuando aceptaste el trabajo te dije que era un cabrón.

—Cierto.

—Toma un bocado, mastica y traga. Ahora eso es una orden.

—Lo haré, si prometes no llamarme chica cabra.

—Dejaré de llamarte chica cabra si no te gusta. Y la única forma en que lo descubrirás es probándolo. Eso se llama un compromiso.

—Carajo. —Cierra los ojos y se tapa la nariz, llevándose el pan a la boca y dándole una tentativa mordida. Es maravilloso ver su expresión cambiar de completo disgusto a confusión y, finalmente, a deleite. Abre los ojos sorprendida.

—Te gusta. Te lo dije.

—Mierda. Yo… sí. Es… —Le da otra mordida, más grande esta vez, y luego se lo traga con un sorbo de cerveza—. La verdad no sabe nada a lo que pensé. Es tan cremoso… un poco agrio… no sabe a cabras. Y la miel y el higo… saben muy bien.

Intento no sentirme demasiado complacido, pero me permito una pequeña sonrisa.

—Qué bien. Pues esta mierda va a la perfección con la Raz Wheat. Y si les dices eso a los clientes, pensarán que eres una genio.

—Soy una genio.

—Y modesta también.

Sonríe un poco agarrando otro pedazo de baguette.

—¿Esto significa que seguirás llamándome… ya sabes… así?

—Sólo en privado —digo antes de poder detenerme. Bella alza una ceja. ¿Qué carajo me pasa?

La siguiente cerveza es nuestra Copper Ale, la cual iba a combinar con salchichas, aunque ahora no puedo por el inconveniente vegetarianismo de Bella, así que sólo yo como un poco mientras probamos la cerveza, ella se ve completamente asqueada.

—¿Cómo te puedes comer eso? Está hecho de tripas de cerdo.

—Las tripas de cerdo saben bien.

—Asco.

Finalmente sólo nos queda la única cerveza que no ha probado; nuestra Oatmeal Porter. Es un poco más dulce y menos agria que la Imperial Stout que ella probó hace unos días, y si le gustó ésa, va a amar esta. Eso espero.

—Ahora esta mierda va bien acompañada de cualquier tipo de carne asada o guisado —explico—. Pero también va bien con postres, especialmente con el chocolate.

Bella abre los ojos como platos y sonríe dándole un trago.

—Mmm… sabe bien.

—Espera hasta que la pruebes con esto —digo, dándole un pedazo de la barra de chocolate oscuro orgánico. Lo acepta y muerde un pedacito de una esquina.

—No me digas que tampoco te gusta el chocolate.

—Amo un chingo el chocolate, ¿bromeas? Es sólo que me gusta saborearlo, por eso siempre le doy pequeñas mordidas.

Quiero reírme de ella y decirle que toda la barra es suya si la quiere, pero estoy disfrutando al ver sus mordiditas. Le da un trago a la cerveza y gime, y me alegra estar detrás de la barra porque definitivamente a mi polla le están interesando esos sonidos que está haciendo. Jodido infierno. Tenía que elegir el chocolate, ¿verdad?

—Vaya… es… vaya… increíble. Hace que la cerveza tenga un sabor más a café… Y sí, es dulce sin ser empalagosa. —Hay un poco de chocolate en la comisura de sus labios y su lengua sale para lamerlo, y sí, a mi polla también le gusta eso.

—Me alegra que… te guste. —La verdad estoy un poco agitado. ¿Está haciendo esas mierdas a propósito?

Antes de tener tiempo para considerar la respuesta a esa pregunta, escucho las ruidosas voces de Emmett y Seth, y después veo sus cuerpos aparecer por una esquina.

—¡Prueba de degustación! ¡Joder, sí! —exclama Emmett cuando ve la comida.

—¡Hola, Em! Hola, Seth —los saluda Bella, dejando su vaso en la barra cuando se acerca Seth. No puedo escuchar lo que están diciendo porque Emmett es muy ruidoso.

—Queso de cabra e higos, ¿huh? Nunca antes había visto que trajeras estas mierdas. —Agarra un pedazo de baguette y me da un codazo antes de desaparecerlo dentro de su boca.

—Va bien acompañado con la Raz Wheat —explico.

—Claro, claro.

Le hubiera respondido de forma sarcástica, pero me distraigo con las risitas de Bella; se está riendo de algo que dijo ese niño. Y él se ve jodidamente complacido de sí mismo.

—¿Edward? —Bella se gira hacia mí—. Um… si ya terminamos aquí, ¿está bien si me voy con Seth?

No. Quiero decirle que de ninguna jodida manera hemos terminado y que seré yo quien le dé un aventón cuando terminemos. Pero no lo hago.

—Sí, adelante. Pero para la próxima asegúrate de poder quedarte tu horario completo. —Intento hacer esa declaración como algo casual, pero quizá sale un poco mal.

—Pero pensé que dijiste…

—Está bien. —Agito la mano—. Nos vemos después.

—Bieeen. —La mirada de Bella se pasea entre nosotros tres, y nos sonríe de manera forzada—. Ven, Seth. Vámonos.

Seth sonríe e incluso tiene las bolas para ayudarla a ponerse el abrigo. Chingada madre.

Bella se gira una última vez y se despide con un gesto de la mano. Sus ojos atrapan los míos por un segundo antes de salir por la puerta.

Emmett me da un codazo.

—Mierda, carnal. El queso de cabra y los higos… fue muy obvio.

—No sé de qué demonios estás hablando.

—Como sea, Edward. Ya sabes lo que dicen sobre la negación.

—Eso no es de tu maldita incumbencia.

—Gracias —dice, agarrando las papas y la salsa—. Acabas de validar mi argumento.

Un rato después, luego de que ya todos se fueron, estoy limpiando y me doy cuenta de que Bella olvidó su libro. Me sorprendo un poco de que sea On the Road, uno de mis favoritos. ¿Lo necesita para alguna clase?

Tengo el repentino impulso de llevárselo, ¿pero no sería extraño que apareciera en su casa? Sé que puedo encontrar su dirección entre sus papeles…, pero incluso yo sé que eso es un abuso de confianza y probablemente demasiado extraño.

Pongo el libro de lado mientras termino de limpiar, completamente indeciso sobre qué hacer. ¿Debería o no debería?

Carajo.


¿Ustedes qué opinan? ¿Debería llevárselo o no? Estuvo interesante esa tarde que pasaron juntos…

La narración de esta historia es un poco diferente ya que transcurre en tiempo presente en lugar de pasado, es por eso que algunas expresiones cambian. Y sí es un poco Olderward: Edward tiene 29 años y Bella 22, aunque no es tanta la diferencia.

¡Gracias a todas por sus comentarios! ^^

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