- Título: Quiéreme tal cual soy.
- Autor: Babi Cullen
Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- Esta historia es de mi completa autoría, aunque no los personajes de la saga.
2.- Escribo solo porque me gusta. No soy una experta y puede que tenga muchos errores, pero trato de hacer lo que se puede.
3.- Espero que a ustedes también les guste.
ENJOY!
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Capítulo 2
Después de esa noche las cosas cambiaron drásticamente en la casa de los Cullen.
Esme había dejado de trabajar por las tardes en la clínica odontológica para poder dedicarse a Edward y llevarlo a sus terapias y consultas con sus doctores, pero tampoco podía dejar de lado a su otro pequeño que también la necesitaba.
Por otro lado Carlisle se había encerrado en su trabajo y en cualquier otra situación para huir de lo que pasaba a su alrededor. Si salía temprano de la jornada laboral se iba al gimnasio, a la piscina o a las canchas de tenis con tal de retrasar lo más posible su llegada a casa. Casi no pasaba tiempo con su familia y trataba de estar lo más alejado de la realidad.
Las relaciones sociales de la familia también habían variado en estos años. Ahora solo asistían Esme y sus hijos, pero Carlisle no iba y siempre reclamaba por la asistencia de Edward a estas. Odiaba que la gente viera a su hijo, pero más le molestaba que sintieran compasión por él. Su hijo era normal o eso quería seguir pensando.
La relación entre Esme y Carlisle también se había quebrado. Ella no soportaba la actitud de su marido e incluso había pensado en el divorcio, pero su amor por aquel hombre era más grande y no se atrevía a hacerlo. Carlisle, por su parte, no soportaba que su mujer hiciera todas esas cosas sin preguntarle, pero tampoco se entrometía demasiado.
— ¡Estoy cansada de esto!— exclamó Esme con el pequeño Emmett en sus piernas y mirando de frente a su hermana. La desesperación ya la había sobrepasado y no sabía qué hacer.
— Hermanita, tranquila. Todo va a salir bien. Mira lo feliz que es Edward con todo lo que has hecho por él. Da igual si Carlisle no quiere asumir lo maravilloso que es su hijo, tu solo tienes que darlo todo por ellos— le tendió un vaso de agua para que calmara un poco su llanto.
— Pero es difícil. A veces todo esto me sobrepasa y Edward me exaspera... Estoy cansada— Carmen se levantó de su puesto y se fue a abrazar a su hermana con fuerza. Su hermana necesitaba que la confortaran y era la única forma que se le ocurría en ese momento.
Eleazar, quien iba pasando por el lugar en dirección a su habitación, se acercó para coger a Emmett de los brazos de su cuñada para que no se asustara por la situación y Carmen pudiera calmar con más facilidad a su hermana. Esme estaba mal y tenían que hacer algo al respecto, ella no podía seguir sufriendo por la estupidez del rubio.
— Voy a salir. Me llevo a los niños— le informó a las dos mujeres, abrazando a su sobrino y besando su frente. Ambas mujeres lo miraron por un instante y asintieron.
Esme se separó de su hermana y se acercó hasta su cuñado para besar a su hijo en la frente y asegurarle que todo estaba bien. Él la miró con sus profundos ojos grises y asintió, llevando su dedo pulgar hacia su boca para comenzar a succionarlo.
Eleazar le sonrió con compasión y salió del lugar para ir a buscar a Edward, quien dibujaba en la sala completamente ensimismado en su mundo. Le informó que saldrían a dar una vuelta y, pese que al principio no quiso y se quejó, terminó convenciéndolo al decirle que irían a su casa y que podría jugar con sus juguetes.
El camino a la casa se le hizo eterno y no aguantaba las ganas de gritarle sus cuantas verdades a su primo, pero tenía que calmarse para no asustar a sus sobrinos. Aun le costaba creer que Carlisle actuara de la forma en que lo estaba haciendo y quería solo golpearlo por ser tan estúpido, por no ver lo maravillosos que eran sus hijos y todo lo que se estaba perdiendo por su actitud infantil.
Al llegar a la enorme casa que pertenecía a su primo, se estacionó un poco alejado de la entrada. No quería que sus sobrinos se enteraran de todo lo que ocurriría en el interior de la casa. Les indicó que volvía dentro de poco, que lo esperaran en el auto. Edward le preguntó por qué no bajaban y este le respondió que primero iría encender las luces de su dormitorio, dejándolo encargado de su hermano menor que estaba profundamente dormido en su silla. Así podía mantenerlo tranquilo; pese a su condición Edward quería a su hermano y si le encargaban una labor con él era capaz de intentarlo.
Caminando rápidamente se acercó a la puerta de entrada y tocó al timbre para esperar a que su primo le abriera. Sabía por Esme que Carlisle hoy estaba en la casa, había preferido quedarse que ir a visitarlos, pues sabía que él no se andaría con rodeos y le diría sus cuantas verdades en la cara.
Pronto la puerta se abrió y un tranquilo Carlisle se presentó frente a él. Estaba vestido de manera casual y llevaba sus lentes de descanso puestos. El rubio no esperaba la visita de su primo y lo tomó completamente por sorpresa encontrarlo ahí y con cara de molesto.
— ¿Y tú? ¿Qué haces acá? — inquirió quitándose las gafas. Se notaba confundido.
— Vine a buscarte para que vayamos a casa— le respondió con seriedad, sin intensión de darle tiempo a negarse—. Toma un abrigo y vamos— Carlisle solo sonrió, incrédulo.
— Estás loco. Tengo trabajo que hacer— le contestó dispuesto a cerrarle la puerta en la cara, pero Eleazar lo impidió con su mano y trabándolo en la parte abajo con su pie— Quítate, Eleazar. No tengo tiempo para tus payasadas; de verdad estoy ocupado.
— Me importa un bledo si estas ocupado o no. Tienes una labor que apuesto es más importante, así que te vienes conmigo— lo tomó de la manga del sweater para arrastrarlo fuera de la casa, pero Carlisle se soltó al instante.
— Hablo en serio, Eleazar. No tengo tiempo para tus niñerías— reclamó nuevamente— Ahora saca tu pie de mi puerta y déjame seguir con mi trabajo— intentó de nuevo cerrarle la puerta en la cara a su primo.
Eleazar no aguantó más su ira y empujó la puerta con fuerza, llevándose a Carlisle con ella. El rubio fue impulsado hacia atrás, provocándole un leve dolor en la muñeca y haciéndole perder estabilidad, pero pronto lo tomaron del cuello de su sweater y lo estamparon contra la muralla y le siguió un golpe seco en la mejilla.
No alcanzó siquiera a darse cuenta de lo que había pasado cuando recobró los sentidos y vio a su primo frente a él gritándole como un enajenado. No alcanzaba a entender lo que decía pues aún estaba un poco aturdido por el golpe, pero pronto su voz volvió a hacer sentido en su cabeza.
— ¡Eres un maldito idiota que se está dejando llevar por el qué dirán y no ves todo lo que te estás perdiendo! ¡Deja de ser tan estúpido e intenta recuperar a tus hijos! ¡Aprovecha que aún son pequeños y te necesitan! — eran algunas de las cosas que le gritaba y que estaba comenzando a procesar— ¡Tu hijo mayor es una maravilla de niño! ¡Es listo, amable y un caballero, pero tú no has sabido verlo! ¡Tú no has querido verlo!
— ¿Y qué quieres que haga? ¡La gente es mala, brutal y no quiero que lo hieran por ser diferente!
— ¡Pero qué tonto eres, Carlisle! ¿Es que acaso no te das cuenta que el primero en lastimarlo has sido tú al hacerlo a un lado, al tratar de ocultarlo de la sociedad? ¿Crees que la gente no habla más de él al no estar tú a su lado, defendiéndolo? ¡No seas ridículo, Carlisle!
Eleazar estaba soltando todo lo que sentía en su interior y sin piedad, pero tenía que hacer que Carlisle entendiera cuál era su error y que tratara de enmendarlo tanto por él como por Esme y sus hijos.
Carlisle trataba de asimilar las palabras que su primo le gritaba y, en parte le encontraba razón ¿Pero qué hacer? ¡Tenía miedo! ¡No sabía que hacer frente a su hijo!
Su primo, al ver que ya no conseguiría nada más de este, lo soltó y dejó que cayera por la muralla hasta el suelo, dejándolo sentado sobre este y ensimismado en sus pensamientos. Él solo lo miraba en completo silencio. Ya había dicho todo lo que tenía para gritarle.
El castaño salió de la casa y se dirigió directamente al auto, desde donde sacó a los dos niños de sus asientos. Tomó a Emmett con cuidado para no despertarlo y le pidió a Edward que le cogiera la mano para encaminarse a la casa, no sin antes coger el bolso de los niños.
Al entrar, Edward vio a su padre directamente y le preguntó qué le pasaba, por qué se sentaba en el suelo. Carlisle volteó la mirada hacia ellos e inquirió qué era lo que ocurría a su primo.
— Te quedarás con ellos por un rato. Esme necesita descansar y tu pasar tiempo con ellos — soltó la mano del pequeño y le ayudó a colocarse de pie.
— Yo, no puedo… No sé— le respondió
— Eres médico. Estoy seguro que te habrán enseñado qué hacer con dos niños en tu pasantía por pediatría y podrás manejar la situación— le contestó, entregándole a un dormido Emmett junto con el bolso y luego posicionó su mano en la cabeza de su sobrino mayor— Te comportas, Edward.
— Siempre me comporto, tío Eleazar. No es necesario que me lo estés recordando cada vez que me ves— le contestó mirando hacia un lado y tratando de alejarse de su toque
— Adiós— se despidió y salió de la casa cerrando la puerta tras de sí.
Carlisle se quedó bloqueado mirando al cobrizo que estaba de pie frente a él y meciendo al pequeño de dos años que estaba dormido en sus brazos ¿Ahora que hacía?
— Iré… Iré a dejar a Emmett en su cuna. Tu… Haz lo que siempre haces— le indicó y subió escaleras arriba hacia la habitación de su hijo menor.
Lo recostó en la cuna, cubrió con las mantas y encendió la luz de la lámpara que estaba a lo lejos por si despertaba en la noche. No quería que se asustara al verse solo en su habitación.
Luego bajó las escaleras hacia la primera planta y llamó a Edward para saber dónde estaba, descubriéndolo en la sala de estar con una caja de lápices y muchas hojas a su alrededor. Pintaba distraídamente mientras hablaba cosas que, para Carlisle, no tenían sentido alguno.
— Cloude Monet: pintor francés. Nació el 14 de noviembre de 1840 y murió el 5 de diciembre de 1926. Fue uno de los creadores del impresionismo. Su obra más famosa es impresión, sol naciente— repetía una y otra vez el pequeño niño mientras tiraba trazos sobre la hoja y seguía hablando de otro pintores.
El rubio quedó impresionado por lo bien que dibujaba su hijo a pesar de tener solo cinco años. A lo mejor no eran grandes obras de arte, pero tampoco eran trazos sencillos y figuras geométricas descuadradas como las hacían la mayoría de los niños a su edad.
Se acercó a él y se sentó a su lado, admirando sus dibujos. Le preguntó si le gustaba pintar y el solo asintió, siguiendo con lo suyo.
Luego el pequeño le tendió una hoja e hizo rodar un lápiz. Quería que su papá dibujara con él. No quería que se fuera.
Desde esa tarde Carlisle se dedicó a pasar más tiempo con sus hijos. Con Emmett era fácil pues sabía cómo tratarlo y era mucho más fácil mantenerlo entretenido o suplir sus necesidades, pero con Edward era completamente distinto. No se sabía sus rutinas y tampoco se interesaba en aprenderlas, sino que simplemente lo hacía para que todos dejaran de hablar de él y lo criticaran por dejar a un lado a su hijo mayor.
Pero Carlisle ahora no lo hacía solo por el miedo al qué dirán, sino que ahora era algo más fuerte lo que le impedía poder acercarse completamente a su hijo. El estar con Edward y cuidarlo lo frustraba y estresaba al no poder controlarlo en sus momentos complicados o el simple hecho de que a él no le gustaran las cosas que a todos los niños de su edad si los mantenía entretenidos.
Esme había notado que Carlisle se acercaba, pero aún no se lo podía creer por completo. Era demasiado extraño que cambiara de un día para el otro y se tomara todo tan bien, que ya no le hiciera conflictos cada vez que lo llevaba a terapias y que llegara temprano a casa para estar con ellos, pero tampoco podía espantarlo y hacer que todo se fuera por la borda. Al menos, a lo mejor, lo estaba intentando.
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¡Hello, everybody! Lo sé, me tardé un siglo en subirles el capítulo… Pero tengo una buena excusa: estaba de vacaciones en el sur de Chile, en un lugar donde con suerte me llegaba internet para enviar whatsapp y no podía subirles el capítulo. Lo siento, de verdad.
Pero bueno, al menos ya tenemos el capítulo aquí ¿Qué les pareció? Carlisle, al parecer, está empezando a recapacitar y a considerar más a sus hijos en su vida. Puede que, después de todo, no sea tan malo y si los quiera de verdad ¿Y la pobre Esme? Ella es la que peor está pasándola en todo esto al tener que hacerse cargo de sus dos hijos y de todo lo que esto conlleva, sola. Pero es fuerte, como toda mamá.
Quiero agradecerles a candy1928, Adriu, Yolo, mellarkcullen, la chica o chico anónimo, JenniferPao, Marce Capuccino y cavendano 13 por dejar review la vez anterior o agregar a favoritos y seguir leyendo mis locuras.
También a mi amada amiga Jennifer, quien siempre está a mí y me apoya en cada una de mis locuras. Te adoro, amiga.
Sin otro particular, y esperando con ansias sus reviews, me despido.
Nos vemos la próxima semana.
Babi Cullen.
