Podía soportar muchas peleas, muchos ¡abajo!, incluso saldría victorioso en una batalla si su cuerpo solo contara con una gota de sangre, pero esto estaba acabando con toda su fortaleza, esta situación lo estaba hundiendo, no aguantaba más sus lágrimas caían al mismo tiempo que los pedacitos de su frágil corazón, lo que sus ojos vieron, fue el más doloroso golpe que haya recibido en su vida, ni siquiera no ser aceptado cuando era niño le había dolido tanto como eso.

—Kagome, entonces ¿qué contestas a la propuesta que te he hecho?—las orejitas de Inuyasha comenzaron a bambolearse y él comenzaba a sentir curiosidad hacia esa propuesta.

—Koga, eres muy amable, pero me cuesta trabajo definir en este momento mis sentimientos, espero y puedas comprenderme. —Koga se acercó suavemente a los labios de la jovencita depositando un roce algo parecido a un beso.

—¿Es por ese mitad bestia? Kagome no tienes por qué seguir sintiendo lástima por esa bestia testaruda—ella se quedó en silencio conteniendo sus lastimosas lágrimas, para no derramarlas delante de Koga, lo que menos quería era que Inuyasha se enterara de lo que pensaba hacer.

Kagome había decidido darle una oportunidad a Koga, y él, el Hanyou más poderoso, quien había sobrepasado los poderes de su padre el gran Inu no Taisho, no podía hacer nada para evitarlo, se quedó perplejo ante el atrevimiento de Koga, y lo peor Kagome no lo rechazó, él esperaba que sus sentimientos fueran correspondidos por ella, todos sus planes para conquistarla se habían ido por la borda.

Sintió un enorme deseo de reclamarle y pedirle una explicación, pero su orgullo era más grande y si eso es lo que ella quería, pues entonces que se quedara al lado de ese maldito lobo. Comenzó a caminar por inercia y sin rumbo.

—Maldita seas, Kagome, ¿Por qué? aceptaste a ese lobo sarnoso, será que nunca fuiste sincera conmigo…—golpeaba a diestra y siniestra, ya no podía soportar que trataran de arrebatarle a Kagome.

—Tranquilo Inuyasha, con violencia no arreglarás nada, por el contrario empeoraras las cosas ¿Dime que ha pasado ahora entre la señorita Kagome y tú?—el monje se acercaba muy despacio hacia él.

—Me pides calma, cuando la hembra que amo eligió a otro para que sea su compañero ¿Qué harías tú?, si te dieras cuenta de que nunca le importaste a Sango aún cuando sin pensarlo dos veces has arriesgado tú vida por salvar la de ella.

—Pues siendo así, creo que estas pasando por un mal momento, pero tengo entendido que para ustedes los demonios es importante la marca en una hembra y dudo mucho que la señorita Kagome acepte que sea Koga quien lo haga. Además nunca le has dejado muy en claro tus sentimientos, sino todo lo contrario.

—Déjame solo, Miroku—Inuyasha seguía caminando, sus pasos lo llevaron hasta el árbol sagrado, ese mismo donde conoció a Kagome, al principio la odio por recordarle a Kikyo, pero poco a poco comenzó a ganarse su corazón, sin pensarlo pasó sus dedos en una caricia sobre la huella que su propio cuerpo había hecho.

—Inuyasha—la voz de Kagome era débil, pero audible para él.—necesito hablar contigo.

—¿Vienes a decirme que te vas con el lobo rabioso?—la aludida se sorprendió, acaso él se había vuelto loco.—pues te felicito, ahórrate tus estúpidas explicaciones y lárgate de una buena vez.

—Sólo quería que supieras que lo hago por ti, ahora puedes buscarla para cumplir con tu promesa.

Ante este comentario Inuyasha se alteró y comenzó a gritar tratando de aparentar que le daba lo mismo.

—Pues muchas gracias, por mi puedes largarte con Koga, con Sesshomaru o con quien se te la gana, no me importa.

—Eres un idiota, siempre pensando cosas que no son.

Kagome, se dio la media vuelta y se alejó con el corazón roto. Ella sabía que esa no había sido la mejor manera de solucionar las cosas pero estaba tan triste, tenía la esperanza que con el tiempo Inuyasha se olvidara de Kikyo y le diera una oportunidad a ella para amarlo, pero no fue así y él ya tomó su decisión.

Por el resto de la tarde ambos se evitaron, Kagome estaba dispuesta a regresar a su época, cuando Sango la detuvo.

—Kagome antes de que te vayas ¿podemos hablar?

—Está bien Sango—ambas se sentaron a unos metros del pozo.

—¿Qué pasó?, de verdad ¿vas a aceptar a Koga?

—No, de hecho Koga no sabe que me voy, y no creo volver a regresar.

—Es por Inuyasha ¿cierto?

—Sí, Sango, hace dos noches, Inuyasha se alejó del lugar donde dormíamos y lo seguí porque tuve un mal presentimiento y no me equivoqué, él y Kikyo se estaban besando… sentí un dolor muy grande en el pecho y me alejé de ahí.

—Bueno, Sango me voy, espero que seas feliz y siempre te recordaré. —Kagome empezó a dirigirse hacia el pozo, pero una voz la detuvo.

—Entonces ya no viste, que la separé bruscamente de mi, ni escuchaste que le pedí que se alejará de mí, porque no es ella la hembra que he de marcar como mía.

—Ambas mujeres giraron la cabeza, y vieron a Inuyasha parado con los brazos cruzados.

Kagome se dio la vuelta y camino hasta quedar frente a Inuyasha, estaba emocionada por lo que acababa de escuchar, pero no quería hacerse ilusiones otra vez. Inuyasha la observó unos minutos en silencio.

—Pero eso ya no importa Kagome, porque tú has elegido a Koga e incluso ya te beso.

—¿Qué? De que hablas yo nunca hubiera aceptado un beso de Koga.

—No mientas más Kagome, lo vi con mis propios ojos.

—Si hubiera pasado lo recordaría, pero durante todo el día había estado pensando en ti Inuyasha. Así que si me beso no lo sentí.

—Entonces ¿No vas a ser la hembra de Koga? Es que yo supuse que tú lo habías elegido a él—Inuyasha esperaba impacientemente la respuesta.

La chica se alzó de puntas para alcanzar una de las orejas del Hanyou y susurrarle.

—La única marca que yo aceptaré debe estar hecha con tus colmillos

Esa declaración provocó un fuerte sonrojo en Inuyasha, quien poco a poco fue atrapando a Kagome entre sus fuertes brazos, la chica estaba tan cerca de su pecho que podía escuchar claramente los frenéticos latidos de su corazón.

—Cierra tus ojos Kagome, esto no va a dolerte—ella obedeció

Inuyasha se acercó lentamente al cuello de Kagome, sus ojos color ámbar se maravillaron al notar el tenue color níveo de la piel de la que estaba a punto de ser su hembra. Ella dio un pequeño respingo al sentir su respiración en contacto con su piel, sintió como suavemente un par de colmillos se hundían en ella haciendo una pequeña hendidura. Él simplemente degustó el tibio liquido que emano de su mordida, haciendo que sus colmillos adquirieran un brillo notable, señal de que ese macho había elegido por fin a su hembra. A partir de ese momento la conexión que existía entre ellos se hizo más notoria y sus sentidos se agudizaron más.

Koga había corrido lo más rápido que sus piernas le habían permitido cuando sintió el aroma de Kagome entrelazado con el aroma de su peor enemigo y cuando llegó ante ellos era demasiado tarde, observó detenidamente los colmillos de él y el cuello de ella y no cabía duda alguna, Kagome ya no podía ser su hembra, es más entre los demonios estaba prohibido siquiera voltear a ver a una hembra que ya estuviera marcada. Esa era sin duda u derrota, ese detestable perro había ganado la batalla por el amor de la chica.

A lo lejos entre los árboles, una sombra se aleja, tocándose el cuello deseando haber sido ella quien hubiese recibido esa marca.