THE LOSERS CLUB

Capítulo 3

Ya había pasado una semana desde el primer día de clases y los hermanos Bielshmith aun intentaban seguir el ritmo no solo de sus clases sino también de lo que supone adaptarse a toda una jerarquía social completamente nueva para ellos.

-¿Qué tal la escuela?- preguntó una mañana su abuelo mientras los tres desayunaban antes de salir al trabajo y a la escuela.

-Bien- contestó Ludwig

-Awesome- dijo Gilbert por su parte a lo que su abuelo los miró un poco decepcionado esperando escuchar otro tipo de respuesta.

-¿Están seguros? ¿Los profesores los tratan bien, nadie los molesta, son buenos con ustedes… no tienen deseos de darse de baja regresar a sus clases en casa y nunca jamás volver a salir de aquí?- preguntó casualmente su abuelo pasando sus ojos azules y penetrantes por sus dos nietos que negaron con la misma normalidad con su cabeza.

El mayor soltó un suspiro comenzando a picar con el tenedor sus huevos revueltos. Bien, su plan acerca de aterrorizar a sus pequeños para que quedaran con un severo trauma y con principios de agorafobia no estaba saliendo como él lo esperaba o sería acaso que…

-¿Ya han hecho amigos?- preguntó pensando que tal vez la razón de que sus niños estuvieran acoplándose a ese mini reclusorio que llamaba escuela, fuera que había alguna mala influencia rondándolos. Esos delincuentes con la cabeza llena de hormonas y drogas tal vez eran los responsables de andar envenenando las mentes puras e inocentes de Gilbert y Ludwig.

Una vez más los hermanos asintieron con la cabeza devorando sus desayunos a lo que su abuelo volvió a guardar silencio y siguieron comiendo dejando solamente escucharse el chocar de los cubiertos contra la vajilla hasta que los tres voltearon a ver la hora en el reloj de pared así que los chicos llevaron sus platos al fregadero antes de ir por sus mochilas para salir a la escuela.

-Esperen niños, yo los llevo hoy al colegio- dijo su abuelo con tono severo y los adolescentes voltearon a verlo girando sus cabezas tan rápido que bien pudieron haberse roto el cuello.

-¡No!- dijeron ambos al unísono

-¿Por qué no?- preguntó el jefe de la familia.

-Porque será vergonzoso, porque matarás todas nuestras posibilidades de vivir una adolescencia normal, porque NADIE es llevado al colegio por sus padres o sus abuelos, porque eso no es nada awesome, porque llegar contigo sería patético, no te ofendas ¿Y ya dije que poder eso no es nada awesome?- dijo Gilbert desesperado.

-A Ludwig no parece importarle- dijo el hombre mayor mirando al más pequeño de sus nietos poniendo todas sus esperanzas en él pero Ludwig rápidamente desvió sus ojos de los de su abuelo y comenzó a rascarse la nuca con un gesto parecido a la culpabilidad.

-Bueno… no es que no queramos que nos lleves es solo que… eh… no queremos desviarte de tu camino así que…- comenzó a decir el rubio.

-Nada de eso, vayan subiendo al auto que hoy yo los llevo a la escuela y si escucho una queja mas los doy de baja- dijo antes de que Gilbert pronunciara otra cosa así que el albino solo movió la boca haciendo ruidos inentendibles que eran groserías disfrazadas, soltó un gruñido y tomó de manera brusca su mochila abriendo la puerta dejando que esta azotara contra la pared.

-¡Nada de berrinches jovencito!- le espetó su abuelo que iba por las llaves.

Los tres subieron al auto, Gilbert fue a sentarse a la parte trasera enterrándose en el asiento esperando que nadie lo viera, cubriéndose con la capucha de su sudadera que parecía nunca lavar o cambiarla y aun murmurando cosas, al mismo tiempo Ludwig soltaba un suspiro y se sentaba en el lugar del copiloto, poniéndose el cinturón y solo viendo al frente esperando que nadie lo reconociera y por ultimo su abuelo se subió, acomodó el retrovisor y encendió el motor.

Los tres iban en un silencio bastante incomodo que solo era llenado por la melodía ochentera que sonaba de fondo gracias a que la radio estaba encendida, nadie hablaba y de vez en cuando se escuchaba alguna queja por parte de Gilbert que al ver que se acercaban a la esquina de la escuela saltó en su asiento.

-Déjanos aquí, la escuela está cerca- le dijo a su abuelo que soltó una risa sin humor.

-Claro que no, los dejaré en la puerta- amenazó el mayor.

-¡No! ¡Abuelo~!- gimoteaba Gilbert cuando veía que estaban más cerca de la escuela así que se agachó escondiendo su cabeza entre sus rodillas.

-Mequieromorirmequieromorirme quieromorir- repetía sin control al mismo tiempo que Ludwig solo se cubría la cara discretamente cuando llegaron al portón del colegio donde el resto de los alumnos iban entrando saludándose entre ellos.

-Ya llegamos, adiós y gracias por arruinar la poca normalidad que me quedaba- dijo Gilbert cuando salió del auto tan rápido como pudo y casi se echó a correr lejos del auto de su abuelo mientras que Ludwig sintiéndo la cara arder solo bajó también rápido pero disimuladamente.

-Lud- llamó su abuelo y el mencionado tuvo que detenerse maldiciendo a su hermano por haber huido sin él.

-¿Qué pasa?- preguntó con educación.

-Solo por curiosidad ¿Quiénes son sus amigos? Me encantaría conocerlos- dijo el hombre con su voz seria y algo intimidante, aún más que la del propio Ludwig que de inmediato pensó en un potencial matón de la mafia, un mangaka con terribles problemas para socializar fuera de su habitación, un ñoño de los comics, un imán de problemas y un muchachito homosexual que no podía decir más de dos frases sin usar la palabra "perra" para referirse a alguien. Definitivamente un grupo que su abuelo jamás… pero de verdad, jamás en la vida iba a aceptar como sus amistades.

Ludwig pidió perdón mentalmente antes de responder

-Son… ellos- dijo finalmente señalando a lo lejos a dos muchachos bien parecidos y que no eran otros más que Antonio y Francis que llegaban juntos a la escuela.

El de ojos celestes se despidió rápido y tratando de mantener el ritmo de sus pasos, fue apresuradamente hasta la escuela mientras que su tutor se quedaba fulminando con la mirada a los muchachitos antes señalados; los recorrió minuciosamente con la mirada esperando encontrarles tatuajes, perforaciones, marcas de inyecciones en los brazos que comprobaran que consumían heroína pero nada… estaban limpios, pulcros y guapos… demasiado sospechoso para ser jovencitos de entre quince y dieciocho años.

Queriendo parecer casual el hombre alto de semblante bastante intimidante se acercó a los jóvenes que conversaban entre ellos, carraspeó un poco para atraer la atención de ambos pero fue inútil ya que estaban bastante sumergidos en su charla así que no le quedó otra opción mas que pasarles un brazo por el hombro a cada quien quedando él en medio sobresaltando a los muchachos en el acto.

-Hola chicos ¿Ustedes estudian aquí?- preguntó el hombre intentando ser amigable aunque su ceño fruncido y esa aura asesina no le ayudaban mucho.

-¿Quién es usted?- preguntó Antonio temblando un poco.

-Solo el tutor de unos buenos y obedientes muchachos que estudian aquí y a los que no me gustaría ver en unos años desperdiciando sus vidas en la esquina de algún bar de mala muerte buscando mujerzuelas baratas y alcohol rancio solo porque en sus años de preparatoria se hicieron amigos de un par de vagos irresponsables que les dijeron "hey, saltarse un par de clases no te va a matar"- dijo el hombre arrastrando su voz profunda y tomando aire apenas terminó de hablar.

-Señor ¿Sabe que somos menores de edad y podemos denunciarlo por acoso si no nos suelta?- preguntó Francis sintiendo un horrible escalofrío recorrerle la espalda.

-No te preocupes chico, si me vas a denunciar con la policía que sea por intento de homicidio porque eso va a pasar si se atreven a mal aconsejar a mis niños- dijo el hombre enterrando sus dedos en los hombros de los chicos que se doblaron un poco por el dolor.

-Piensen en eso… Adiós muchachos, pórtense bien- dijo finalmente soltándolos y alejándose de ahí.

Tanto Francis como Antonio vieron al hombre irse hasta su auto y antes de subirse, este puso dos de sus dedos frente a sus ojos y luego los señaló a ellos como una clara amenaza que decía que los estaría observando.

-Antoine creo que estás de acuerdo que eso que acaba de pasar fue bastante raro- dijo Francis viendo al auto irse de ahí.

-Sí, yo pensé que era el padre de alguna de tus novias- comentó Antonio encogiéndose de hombros para seguir con su camino.

-Para nada mon ami, cuando salgo con alguna chica les hago firmar un contrato que dice que todo lo que pase entre nosotros es consensual- dijo el francés caminando con su natural elegancia.

-¿En serio haces eso?- preguntó Antonio que a pesar de llevar años siendo amigo de Francis este nunca dejaba de sorprenderlo.

-Por supuesto, cada clausula está bien escrita para que no ocurran cosas como esa y ya que hemos sacado el tema déjame decirte que acabo de encontrar a una nueva presa- dijo el rubio entre risas galantes haciéndose un mechón de su cabello detrás de la oreja.

-Es un muchachito bastante peculiar, tuvo el descaro de rechazarme cuando le propuse pasar una agradable tarde juntos… oh si supiera que eso solo me motiva a amarrarlo a mi cama y tocarle todo su virginal cuerpo, llenarlo de miel y…-

-Si, ya sé que pasa después de la miel, puedes ahorrarte el resto. Aunque es increíble, después de Arthur nadie te ha vuelto a rechazar- comentó Antonio mientras entraban a la escuela siendo recibido por los gritos de las chicas a las que ignoraron vilmente y siendo saludados por gente que en realidad ni siquiera conocían pero tampoco les importaba conocer.

-Ah… le petit Arthur no cuenta, él es asexual casi podría decir que se reproduce por esporas o algo así- dijo con fastidio el francés mientras seguía con su camino buscando con la mirada a su nueva presa.

-Entonces ¿Qué harás para conquistarlo?- preguntó Antonio que iba sonriente como siempre escuchando algunos corazones romperse detrás de ellos tal vez de algunas chicas que iban oyendo la conversación.

-Ya lo verás…- dijo Francis ensanchando su sonrisa encontrando por fin a Mathew quien estaba guardando algunos libros en su casillero y sacaba otros preparándose para las clases del resto de día.

Francis se sonrió, se acomodó las solapas de su saco nuevo y caminó cargando su maletín de cuero Ralph Lauren de dónde sacó una rosa roja que parecía cargar por docenas todos los días solo por si las dudas. Entrecerró los ojos cuando quedó detrás de Mathew el cual tras alcanzar a percibir algún tipo de colonia bastante fina, volteó solo para encontrarse con Francis que antes de decir algo lo saludó con un delicado y pequeño beso en la mejilla.

-Bonjour petit- dijo Francis arrastrando la voz para acentuar un poco el tono sensual de su saludo.

-Bonjour Francis- respondió Mathew no queriendo parecer descortés y pasándose el dorso de la mano por la mejilla con algo de disimulo.

-Nada me pone de mejor humor que ser saludado en mi propio idioma por alguien como tú- dijo el galo extendiendo la rosa a Mathew que la miró un poco dudoso y sin tomarla.

-Un pequeño presente para ti, tómalo como un detalle de un caballero a otro- dijo acercando aún más la flor casi obligando a Matt a tomarla así que el muchachito lo hizo.

-Wow… siempre he pensado que es muy varonil y caballeresco regalarle rosas a otro hombre… pero supongo que gracias- dijo Matt con su vocecita apenas audible que disfrazaba bastante bien la intención sarcástica de sus palabras.

-No tienes nada que agradecer, para mi es un placer- decía el francés ahora pasándole una mano a Mathew por el flequillo.

-Pues vaya placer tan raro y bueno… si me permites tengo que ir a clase- dijo Mattt queriendo escabullirse sonriéndole de manera forzada pero antes de poder escapar Francis se lo impidió tomándolo ligeramente por el brazo.

-Espera petit, también quería darte esto- el francés esta vez sacó de su maletín un sobre –Es una invitación para la fiesta que estoy organizando en mi mansión… ah, perdón, quise decir, en mi humilde casa; irá todo mundo y tú no puedes faltar… la pasarás muy bien- dijo soltándolo lentamente aprovechando para acariciar su brazo, luego volvió a darle un pequeño beso esta vez cerca de la comisura del labio dejando ir al chico que soltó un resoplido de alivio mientras veía a lo lejos a su hermano gemelo que iba acompañado de Yong Soo, el único amigo relativamente normal que su gemelo tenía.

-Toma Al, te la regalo- le dijo a su hermano cuando pasó a un lado de él dándole la rosa enfrente de Francis que vio aquello y la verdad a Mathew no le importó demasiado.

Alfred no tuvo ni tiempo de reaccionar cuando ya tenía la dichosa flor en la mano y escuchaba algunas maldiciones en francés junto con frases que decían "¡Ese mocoso…!" y cosas así mientras que Yong Soo no supo en que momento el rubio había sacado una rosa pues no vio a Matt pasar a su lado.

-¿Ahora eres un romántico?- preguntó el coreano con una media sonrisa señalando con la mirada la rosa que ahora Alfred cargaba a lo que el muchacho la levantó un poco pero antes de poder responder tuvo que detener su caminar pues casi chocaba con Natasha quien igualmente se detuvo al estar frente a él.

Alfred alzó la mirada y sus ojos se encontraron con aquel par de azules gélidos que lo miraban inexpresivos; la chica alzó una de sus delgadas cejas platino esta vez mirando con algo de despreció la rosa que Alfred tenía y que parecía estar extendiéndosela a la chica.

-¿Es para mí?- preguntó ella con su voz helada que hizo que el corazón de Alfred comenzara a latir desenfrenado y su cara comenzara a quemarle al tener frente a frente a la chica de sus sueños.

-¡No!- contestó él automáticamente a lo que la joven alzó ambas cejas.

-¡No, quiero decir si, es para ti!- dijo torpemente con la respiración agitada y su mano temblaba mientras sostenía la flor.

-Tranquilo tranquilo, vamos, Bruce Wayne nunca se ha puesto así cuando habla con las chicas ni siquiera cuando está frente a la inhumanamente sexy Gatubela; no puedes ser tan patético como para ponerte a temblar solo porque estás hablando por primera vez con la chica más hermosa de toda la escuela y con la que has soñado desde el primer día en que la viste. Eres un héroe Jones, eres un héroe de la vida real así que vamos demuéstrale que…-

-Patético- dijo finalmente Natasha interrumpiendo los pensamientos de Alfred y pasándolo de largo una vez más sacudiendo su larga melena alejándose de ahí haciendo resonar sus pasos y siendo abordada por otros chicos que recibieron un mismo trato.

-Mátame Yong Sooo, mátame y manda mi cuerpo al espacio justo como hicieron con Superman, deja que mi heroica anatomía ande flotando por el universo antes de tener que mostrar mi cara en este triste lugar otra vez- decía Alfred dramáticamente tirándose de rodillas al piso y llevándose las manos a la cabeza.

-Me gustaría hacer eso pero no tengo mucho tiempo, las clases empiezan en diez minutos- dijo Yong Soo con toda naturalidad escuchando un largo suspiro por parte de su amigo que se levantó del piso y se sacudió los pantalones para luego sacar su nuevo número de The incredible Hulk mientras metía la rosa en su mochila sin importarle realmente que se estropeara o se marchitara.

-¿Otra vez con tus comics? En serio Alfred cada día estás peor- le dijo Yong Soo esta vez un poco más serio.

-No tiene nada de malo…- se quejó el rubio como un reproche abriendo su comic y comenzando a leer mientras caminaban –Esto es mejor que la realidad- dijo frotando las hojas contra su cara con embeleso

-Oh Hulk, nadie mejor que tú comprende el dolor de ser marginado en una sociedad que no te acepta- decía exageradamente el rubio.

-¿Esos no serían los X-men?- dijo Yong Soo viendo feo a su amigo que comenzó a reír de esa manera tan estridente característica de él.

-Acertado comentario, parece que mi sabiduría se te ha contagiado un poco, sigue así y pronto podremos hacer un debate acerca de quién es más fuerte si la Liga de la Justicia o los Avengers- dijo alegre Alfred acomodándose sus lentes esta vez ganándose una mirada de sincera repulsión por parte del coreano.

-Eh… ¿Qué te parece si te digo que ese día nunca va a llegar?- le dijo el moreno con una media sonrisa algo forzada mientras que a lo lejos alcanzaba a ver Yao que iba tranquilamente por el pasillo.

-¡ANIKI! – gritó a todo pulmón Yong Soo sobresaltando un poco a Alfred por el tremendo grito del asiático que corrió hasta Yao saltando encima de él enganchándose a su espalda como una garrapata.

-¡Quítate de encima!- le exigió Yao que casi se iba de boca por el repentino peso del otro muchacho que paseaba sus manos por el pecho del mayor que se retorcía intentando liberarse.

-Aniki te fuiste tan temprano esta mañana que tuve que venir a la escuela solo- se lamentaba Yoong Soo que aún seguía pegado a Yao que usando un poco la fuerza bruta golpeó su espalda contra la pared… y Yong Soo fue quien amortiguó el golpe ya que aún estaba pegando a Yao.

-T.. tu amor duele a… aniki- decía Yongo Soo de manera entrecortada por el tremendo golpe, soltándose por fin de la espalda del chino que lo miraba enfurruñado.

-Y va a ser aún más doloroso si sigues saltando encima de mi así aru- se quejó Yao que se masajeaba el hombro como si el haber aplastado a Yongo Soo contra una pared hubiera sido apenas una calentamiento matutino.

-Es mi manera de darte los buenas días- decía el pelinegro siguiendo como un perrito a Yao mientras que Alfred había preferido solo alejarse de ellos de manera sigilosa antes de tener que enfrentarse a alguna llave asesina por parte del chino y campeón regional de artes marciales mixtas.

-De ser así prefiero que ni siquiera me saludes aru- decía enfadado el mayor acomodándose mejor su mochila en forma de pandita que acentuaba su ya de por si afeminada apariencia, aunque a diferencia de Feliks, todos sabían que Wang Yao no era alguien que tomara los halagos a su apariencia delicada como algo bueno, en realidad eran un sinónimo de fracturas, una visita al hospital y tal vez fisioterapias para toda la vida.

-Yao, buenos días- dijo entonces otra voz que hizo que Yao soltara una especie de suspiro de resignación al tener que saludar a Iván el cual parecía tan "alegre" como siempre.

-Hola aru- dijo Yao al mismo tiempo que Yong Soo fruncía el ceño y se ponía a un paso delante de Yao siendo ignorado por Iván quien seguía dirigiéndose solamente a Yao.

-Qué bueno que te encuentro, estos días he estado pensando en ti y en que deberías aceptar mi invitación para unirte al círculo Marxista Leninista, encajarías perfecto con nosotros- dijo Iván sin borrar su sonrisa.

-¿Estás diciendo eso solo porque soy chino aru?- preguntó Yao ofendido cruzándose de brazos moviendo sus dedos haciéndolos tronar.

-No, lo digo por la boina con la estrella roja comunista que a veces usas después de tus entrenamientos, la bandera china comunista que tienes dibujada en cada uno de tus cuadernos y por el símbolo de la oz y el martillo que pintaste en una de las paredes de atrás del gimnasio junto con los punks que se juntan ahí- contestó con toda naturalidad Iván sin dejarse intimidar y viendo como Yao parecía relajar su cuerpo.

-Oh… por eso… bueno puede que me interese un poco esa ideología pero…-

-Pero mi aniki tiene demasiadas cosas que hacer como para aparte unirse a su círculo ¿Verdad aniki?- intervino Yong Soo aguantándose las ganas de preguntarle a su primo si era verdad que andaba por ahí haciendo vandalismo escolar pintando paredes con los punks.

-Sí, los entrenamientos y los torneos me absorben así que tendré que decir que no aru- dijo Yao recordando aquella noche de locura y tal vez demasiada pintura en aerosol.

-Vamos Yao, llevo desde primer año invitándote a unirte, voy a empezar a pensar que me estás evitando- dijo Iván acercándose un poco más al moreno recargando su mano en la pared aprovechándose de su altura para bloquear el camino de Yao que arrugó ligeramente su entrecejo por aquella actitud un poco presuntuosa.

-Pues tal vez no te equivocas- dijo Yong Soo esperando algún tipo de tortura rusa por parte del ojivioleta, pensando que podría soportarlo después de todo no había sido el saco de arena de Yao por tantos años en vano.

A diferencia de lo que el coreano esperaba, Iván se limitó a clavar la mirada en Yao sin debilitar ni un ápice son sonrisa inocentona y hasta cierto punto infantil.

-Tal vez pueda pasearme por ahí cuando no tenga muchas cosas que hacer aru- respondió Yao finalmente cediendo ante los ojos violeta de Iván que soltó un par de risitas para luego acariciar la cabeza de Yao que se tuvo que agachar un poco por el peso de la enorme mano.

-Me alegra que digas eso…- el ruso pasó su mano de la cabeza del moreno a su rostro y de ahí a su cuello de manera que alcanzó a rozar la piel del asiático que sintió los vellitos de su nuca erizarse por los dedos fríos del más alto.

-Estaré esperándote- dijo en un tono más bajo que le provocó un estremecimiento al chino.

-Nos estamos viendo entonces- dijo Iván finalmente retomando su sonrisita extraña y despidiéndose de Yao regocijándose por la mirada asesina y tal vez ligeramente adolorida de Yong Soo

Iván sonrió para sí mismo satisfecho de haber hecho al menos un acercamiento más a Yao, la verdad es que para muchos no era un secreto que él estaba interesado en el chino pero aun así intentaba ser bastante reservado con respecto a ese tema o podría llegar a oídos de…

-Polsha- dijo en voz alta al ver a Feliks entrando a la escuela mirando su reloj de pulsera de Hello Kitty.

-Ugh… Rosja… y yo que pensaba que iba a ser un buen día, ósea tu presencia es augurio de mala suerte- dijo el rubio mirando con total desagrado al ruso que no debilitó su sonrisa en lo absoluto.

-Me alegra saber que así es porque nada me gusta más que verte llorando como mariquita por toda la escuela. Ah… ¿Recuerdas esos tiempos? Ya no eres tan divertido como antes- decía Iván caminando a un lado de Feliks pues para mala suerte de aquel curioso par, la campana acababa de sonar y ambos tenían la primera clase juntos.

-Huy perdón pero un día me compré un autoestima y se me ve di-vi-na~ me combina con todo, tal vez un día te regale una- decía el ojiverde mientras ambos caminaban juntos como si de verdad estuvieran teniendo una agradable charla, o al menos eso parecía por las sonrisas que los dos lucían.

-Siempre tan atento Polsha, de ser así entonces yo te obsequiaré un par de testículos como compensación- respondió Iván con la voz infantil que no cuadraba para nada con sus comentarios.

-No gracias, ya tendré los tuyos en la mano- dijo Feliks riendo amigablemente mientras que Iván le abría la puerta del salón dejándolo entrar primero.

-Seguro tienes sueños húmedos pensando en eso- dijo cerrando la puerta tras él y al estar dentro cada quien se sentó en extremos contrarios del salón.

Las clases pasaban con completa normalidad o como bien podría traducirse como el caos regular de todos los días en donde los maestros solo seguían dando clases gracias a que el sindicato había prometido terapias gratis y ansiolíticos por kilos para que siguieran trabajando, así que los profesores intentaban dar sus clases esperando no terminar el día con una visita a la sala de emergencias del hospital.

Sin embargo Ludwig y Feliciano tenían la fortuna de gozar de horas libres las cuales decidieron aprovechar en la biblioteca para repasar algunas de las clases… o al menos Feliciano intentaba eso pues se había pasado cuarenta minutos gimoteando con su cara enterrada entre algunos libros de física que en vez de fórmulas parecía tener jeroglíficos impresos en cada página.

-Tal vez mi hermano tiene razón y soy idiota- dijo el castaño tratando de descifrar la fórmula para calcular la velocidad de la caída libre.

-No te des por vencido tan rápido- le animó Ludwig que había terminado de repasar todos sus apuntes y había hecho un resumen y una guía de estudio para Feliciano que parecía tener su cabeza a punto de explotarle.

-Ve~ perdón por hacerte pasar tus horas libres conmigo pero no creo que tenga esperanza- decía Feliciano recargando sus brazos en la mesa y de paso su cabeza también renunciando por fin a esos libros.

-Desde un principio era una mala idea haberme inscrito aquí, a pesar de lo mucho que le insistí a mis padres y a mi abuelo de que no quería estudiar la prepa… soy tonto, no encajo con el resto y esto es demasiado difícil para mí… ve~ - decía Feliciano bajando el tono de su voz al mismo tiempo que esta parecía quebrársele mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de frustración.

-¿De verdad no querías seguir estudiando?- preguntó Ludwig pensando en sí mismo y en lo mucho que junto con su hermano habían insistido para entrar a la escuela, le era raro ver frente a él a alguien no quería tener nada que ver con ella.

Feliciano negó con la cabeza y se limpió los ojos y con ello las lágrimas que intentaban salir.

-Mis padres, el abuelo y mi hermano insistieron demasiado pero yo siempre he sabido que soy algo lento… el primer año apenas si logré aprobar y creo que fue gracias a que mi abuelo habló con algunos profesores, sigo aquí porque hicimos un trato; si yo termino la preparatoria ellos me dejaran entrar a la escuela de artes y hacer lo que yo quiera pero ahora que lo veo tal vez sea imposible matricular para esa escuela… de verdad… soy tan tonto ve~- dijo Feliciano empujando los libros lejos de él como si no quisiera saber nada de ellos. Volvió a erguirse sacando de entre la montañita de enciclopedias un cuaderno de dibujo comenzando a hojearlo.

-Tal vez debería dejar de dibujar también…- dijo pasando las hojas con sus dibujos a lápiz y carboncillo a lo cual Ludwig no pudo evitar echarles una mirada furtiva.

-¿Tú dibujaste esto?- preguntó Ludwig arrebatándole el cuaderno de manera brusca al ver el dibujo de un paisaje rural en donde se alzaba una iglesia, bastante diferente a lo dibujos de Kiku, este era realista, casi parecía una foto modificada. Ludwig fue pasando las hojas y cada una tenía paisajes, personas, incluso un dibujo de Lovino que aparecía con su eterno ceño fruncido pero no parecía enfadado a pesar de esto… como si se hubiera quedado quieto solamente para ser dibujado por Feliciano.

-Ya sé que no son tan buenos- dijo avergonzado el castaño a lo que el rubio le regaló una mirada severa que lo hizo temblar.

-Feliciano, espero que eso sea modestia- dijo el ojiazul pasando una a una las hojas –Me da pena decirlo pero esto… se ve bastante apetecible- dijo alzando frente a él el dibujo de un plato de pasta porque Feliciano era el único artista que conocía que podía dibujar un plato de espaguetis que se vieran tan deliciosos en el papel.

-¿En serio lo crees?- preguntó el italiano sorprendido por la opinión de Ludwig.

-Por supuesto- el alemán cerró el cuaderno y se lo volvió a entregar a Feliciano –No eres tonto Feliciano, es solo que la escuela no es tu fuerte pero eres realmente bueno en el arte- le dijo apenas dibujando una sonrisa en sus labios mientras que el otro muchacho se quedaba con sus ojos bien abiertos; era la primera vez que alguien aparte de su abuelo le hacía un cumplido.

-Aun así eso no te va a salvar de estudiar, tienes que pasar todas las asignaturas para entrar a la escuela de arte así que a repasar- le dijo esta vez extendiéndole de nuevo los libros de texto al mismo tiempo que Feliciano se le acercaba a él de nuevo violando todo tipo de espacio personal.

-Ludwig si no repruebo ninguna materia ¿Me dejarías dibujarte?- le preguntó con sus ojos almendra brillando emocionados obligando a Ludwig a hacerse hacia atrás.

-E… está bien…- respondió tartamudeando al poder sentir la respiración acelerada de Feliciano muy cerca de su piel, el chico sonrió y volvió a sentarse bien en su lugar volviendo a enfrentare al tan temido libro de física, esta vez dispuesto a descifrar todos sus secretos de aceleración, fuerza y esas cosas del diablo.

-Y dime Lud ¿Tú que quieres estudiar?- le preguntaba copiando algunas fórmulas en otro cuaderno.

-Administración tal vez, mi abuelo eso planea que estudie- respondió el rubio que solo supervisaba a Feliciano.

-Ve~ tú abuelo debe ser una persona muy estricta, me dio esa impresión cuando los trajo a la escuela esta mañana- dijo Feliciano que rápidamente comenzó a distraerse y empezó a garabatear las esquinas de su cuaderno y a ponerle caritas felices a los ceros.

-Ah… viste eso- dijo Ludwig queriéndose morir de la vergüenza pero manteniendo la compostura.

-No es que él sea estricto es solo que se preocupa demasiado por mi hermano y por mi, igualmente tiene muchas expectativas de nosotros así que yo he intentado llenarlas todas obedeciéndolo aunque a veces no es exactamente lo que quiero- dijo recordando todas las tardes que llegó a pasar con Gilbert mirando por la ventana viendo a los niños ir por la calle en grupitos al salir de la escuela, comiendo helados o solo jugando.

-¿Y qué es lo que tú quieres, qué expectativas tienes de ti?- preguntó inocentemente Feliciano descolocando completamente a Ludwig quien al igual que Feliciano era la primera vez pero que alguien le preguntaba que era lo que quería para sí mismo.

Inconscientemente el ojiazul miró su mochila de donde se asomaba el lomo de un libro, apenas si se alcanza a leer el autor: Goethe.

-Literatura… eso me gustaría estudiar- y por primera vez Ludwig rebeló uno de sus mas grandes secretos que bien podría costarle su cabeza si algún día se lo decía a su abuelo, el cual estaba seguro que lo desheredaba, le arrancaba la cabeza y echaba su cuerpo a una fosa común antes de que su adorado nieto estrella fuera a tirar por la borda un futuro brillante como administrador tan solo por estudiar alguna carrera bohemia con la cual jamás en la vida podría lucrar o recibir una buena remuneración económica que le permitiera vivir como Dios manda.

-Deberías hacerlo, estudiar literatura- le animó Feliciano con una de sus radiantes sonrisas que hizo a Ludwig forzar una mueca feliz.

-Tal vez en otra vida- contestó guardando bien su libro dentro de la mochila –Tengo que estar a la altura de las expectativas de los demás- dijo concluyendo el tema a pesar de que Feliciano parecía querer debatir esa idea aunque no pudo pues apenas abrió la boca un grueso volumen acerca de la historia mundial del siglo XX le dio de lleno en la cara dejándole marcado el título en la frente.

-¡Cállate Vargas! Estás en una maldita biblioteca así que cierren la maldita boca, llevo media hora escuchando su cháchara de señoras- les dijo entonces un chico de marcado acento británico que estaba armado con el resto de los volúmenes de historia mundial desde el siglo XV.

-Ahora guarden silencio o van a sentir el peso del conocimiento romperles la nariz ¿Entendieron?- preguntó a punto de arrojarles la historia de los últimos seis siglos en la cara.

-No tenías que hacer eso- le recriminó Ludwig viendo a Feliciano sollozar con la cara roja por el golpe.

-Oye nuevo, la biblioteca es mi territorio y mi territorio es silencioso- le advirtió Arthur Kirkland, el nerd agresivo que te aventaba libros en la cara para que respetaras el sagrado voto de silencio de la biblioteca, era una suerte que Sadiq jamás se paseara por ahí pues de ser así Arthur no podría hacer nada ante una invasión turca.

Arthur soltó un resoplido recogiendo el libro que tuvo que sacudir después de haber golpeado con él al chiquillo italiano que intentaba reprimir su llanto, el rubio de ojos verdes fue por los estantes guardando los volúmenes sabiendo que era observado por los otros alumnos que intentaban no hacer mucho ruido al respirar para no recibir algún librazo en la cara o el cuerpo.

Aunque Arthur no gozaba de un lugar privilegiado en la jerarquía social del Instituto W, había aprendido a defenderse de los abusones y a ignorar las burlas de otros así que para tener que evitar todo ese ambiente caótico y que le provocaba dolor de cabeza además de ser presa de insultos y sobrenombres, había hecho de la biblioteca su refugio aunque eso no lo ocultaba del todo de la presencia de cierto ser indeseable.

-¡Arthur mon ami!- Francis Bonnefoy se acercaba y su efecto en Arthur era que este frunciera sus espesas cejas rubias e intentara ignorarlo todo lo posible.

-¿Qué haces aquí? Pensé que era malo para tu imagen hablarme en público- masculló Arthur que acomodaba algunos libros y sacaba otros llevándolos a alguna mesa cercana.

-Tonterías Arthur, mi imagen no se puede ver estropeada por alguien a quien nadie conoce- dijo Francis restándole importancia al asunto con toda naturalidad y frescura para luego retomar su semblante afligido –Pero no vengo por eso, escúchame ¡Un chiquillo se ha atrevido a rechazarme y no solo eso, dijo que me odia! Osea a mi, Francis Bonnefoy ¿Cómo alguien puede odiar a alguien tan… perfecto como yo? No logro comprenderlo.-

-Es bastante fácil odiarte en realidad- comentó Arthur tomando asiento.

-Eso lo dices porque solo tú me odias pero él… ese muchacho no me dijo ni siquiera porqué ¿Será porque soy demasiado guapo?- preguntó Francis sentándose a un lado del ojiverde que arrastró su silla un poco más lejos.

-O será porque eres una criatura insoportable con el ego demasiado hinchado que parece pensar con el órgano que le cuelga entre las piernas antes que usar su cabeza, por cierto ¿Cómo se llama ese chico? creo que me empieza a caer bien- dijo Arthur con ese tonito ácido que era la razón de que no tuviera muchos amigos… o que no tuviera amigos en general.

-Mathew, estudiante de segundo año… cabello rubio, ojos azules, cuerpo aceptable… carita inocentona que ruega por ser desvirgado- comenzaba a describir Francis perdiéndose en sus ensoñaciones sin percatarse de la cara de asco que Arthur estaba poniendo

-Y una actitud inaceptable- agregó finalmente el ojiazul al recordar los dos encuentros con el muchachito -¿¡Porque!? ¿Por qué Arthur? Yo solo le quiero dar un poco de amor al mundo y él… este chico sin ninguna gracias viene y me rechaza, sigo sin poder creerlo- decía exageradamente afligido el galo soltando largos suspiros.

-Pues créelo cara de sapo, hay gente que te odia y mucho, como por ejemplo yo- dijo sonriéndole con cinismo antes de abrir su libro y volver a fruncir el ceño.

-Calla Arthur que tú en realidad te mueres por mí- le dijo Francis con voz empalagosa acercándose de nuevo a Arthur pasándole un brazo por la cintura pegándose al británico.

-¡Hey hey hey estás violando mi espacio vital!- le decía Arthur retorciéndose en el agarre de Francis que soltó un par de risas al ver a Arthur como si fuera una lombriz a la que le acabas de echar sal.

-Mejor lárgate a acosar a alguien más o mejor aún, lárgate a tú maldita clase- le espetó el ojiverde escuchando el reír empalagoso de Francis quien antes de soltarlo le dio una ligera mordida en la oreja al otro rubio que tembló por el contacto.

-Tienes razón, iré a mi clase y luego por el corazón de Mathew- dijo Francis a modo de despedida levantándose y saliendo de la biblioteca robando suspiros a su paso.

Arthur lo vio irse enfadado, se llevó la mano a la oreja justo donde recién acababa de morderlo el francés… poco a poco Arthur relajó su semblante a medida que sus mejillas dejaban ver un intenso rojo en ellas, volvió sus ojos a las páginas de sus libros y azotó su cabeza contra las palabras de Luis Pasteur y sus teorías.

-¿Por qué?... ¿Por qué él?- se preguntó en murmullos ¿Por qué de todas las personas del colegio… tuvo que enamorarse precisamente de Francis Bonnefoy?

El británico se quedó un rato más leyendo porque el estudio era la mejor manera de evadir emociones innecesarias como esas que le habían estado torturando desde hace tiempo; el ojiverde agradecía su gran poder de concentración porque así en vez de estar pensando en cierto cara de sapo y la lista de personas que tenían una reservación en su cama, podía entender mejor el proceso de Pasteurización y sacar un diez perfecto como cada año porque si en algo era bueno era en sacar notas perfectas ¿Quién necesitaba amigos y amantes cuando podías llenar tu soledad con un lugar en el cuadro de honor? Si, sonaba bastante patético pero Arthur intentaba convencerse de lo contrario.

Arthur se sumergió en su lectura, tanto así que para cuando cayó de nuevo en la realidad el timbre para el almuerzo estaba sonando y todos los que estaban en la biblioteca huían despavoridos de ahí para ir a tomar un poco de aire fresco, excepto él que prefería mil veces ese lugar que la caótica cafetería así que solo fue a dejar su libro para ir a tomar una lectura más ligera como Don Quijote de la Mancha o algo así.

El muchacho caminó por las estanterías pasando a un lado de los Nórdicos que leían todos a Descartes mientras soltaban alguno que otro comentario crítico sobre su lectura interrumpiéndose de vez en cuando para darle un trago a su café latte frío con vainilla y canela del Starbucks o acomodarse sus lentes de grueso armazón de pasta de los cuales solo los de Berwald tenían aumento.

-Oigan, ya saben que no pueden ingerir bebidas en la biblioteca- les dijo Arthur retomando su semblante amargado de siempre mirando a los muchachos que una vez más se acomodaron sus lentes y sus pañoletas que rodeaban su cuello.

-Seguir las normas es demasiado mainstream- dijo Din dándole un trago a su café ignorando por completo a Arthur.

-Las reglas solo son una jaula para el libre pensamiento creativo, no eres más que un esclavo de la sociedad si las defiendes- dijo entonces Nor con su tono de voz monótono.

-Y prefiero ser un esclavo de la sociedad antes que ser alguien que usa algún tipo de discurso pseudo intelectual para evadir el reglamento de la escuela; así que ese café a la basura, ya- les dijo Arthur tratando de mantenerse firme manteniendo una especie de lucha de miradas con Nor que finalmente desvió la mirada, tomó su café y su libro levantándose de la mesa para salir de la biblioteca.

-Vámonos antes de que nos vayamos a pinchar los dedos con los filosos ángulos de su mente cuadrada- dijo el rubio platino saliendo de la biblioteca dejando atrás a Arthur que soltó un gruñido mientras los escuchaba hablar al salir.

-Hablando de mentes cuadradas ¿Qué haremos con la invitación de Francis para su fiesta? No nos llevamos bien con él y aun así nos dio una- dijo Tino sacando del bolsillo de su pantalón la vistosa invitación del galo.

-Tírala por ahí nosotros no nos mezclamos con ese tipo de gente vacía- contestó el más joven del grupo a lo cual Tino tan solo se encogió de hombros e hizo caso tirando dicha invitación a la basura pero esta chocó con el borde del bote y cayó al piso. Unos minutos después dos personas al mismo tiempo quisieron recogerla.

-Ah… perdón- dijo Arthur apenado cuando su mano chocó con la de alguien más justo cuando estaba a punto de recoger la invitación.

-Como que no te preocupes, te la puedes quedar cariño- dijo Feliks levantando el sobre y extendiéndosela a Arthur quien tenía la cara roja.

-Eh… no es necesario, ni siquiera es mía- contestó él tosiendo para aclararse la garganta e intentando sonar normal haciendo sonreír con sorna a Feliks que aun así se le dio.

-Creo que tú la quieres más que yo ¿No?- y dicho esto el rubio se alejó mirando de reojo a Arthur que de nuevo estaba rojo de la vergüenza

Feliks caminó hasta la cafetería en donde todos sus amigos ya estaban reunidos así que corrió un poco con pasitos cortos y muy afeminados que le hicieron merecedor de algunas risitas burlonas por parte del resto de los alumnos ahí reunidos pero que no hicieron efecto alguno en el rubio que siguiendo con sus pasitos rápidos llegó hasta la mesa acostumbrada.

-Hola perras, ósea salúdenme que yo nunca los veo en las mañanas- dijo acercándose primero a Feliciano dándole un beso en la mejilla que el castaño correspondió, después a Alfred a quien tomó desprevenido y que se limpió la mejilla al instante, luego a Kiku que seguía como un cadáver recostado en la mesa y que no reaccionó como usualmente hacía (exigiendo que Feliks tomara responsabilidad de sus acciones), después le dio otro beso a Ludwig que saltó de su silla al sentir el contacto y miró con ojos desmesuradamente abiertos al polaco que ahora se dirigía a Lovino el cual le puso una mano en la cara al ojiverde antes de que se le acercara más.

-Atrévete y te mato- le dijo a lo que Feliks hizo pucheros molesto por esa actitud hasta que finalmente tomo la cara de Gilbert y le planto un gran beso en la mejilla y este al igual que su hermano, saltó en su asiento gracias al gesto tan ajeno a él.

Feliks estaba a punto de sentarse cuando reparó en Alfred otra vez.

-Dios mío, Alfred Ferguson Jones, hazte un favor a ti mismo y quítate esa horrorosa playera ya mismo- le demandó al rubio mientras que Gilbert y Lovino reían por el ridículo segundo nombre del americano.

-¡No digas mi nombre completo, no eres mi madre! Y no me la voy a quitar ¿Qué tiene de malo? Mi papá me la regaló- preguntó jalando su playera y mirando el viejo estampado del logotipo de Star Wars junto con todos los personajes que se veían algo deslavados.

-Tiene todo de malo, quítatela antes de que tus niveles de popularidad sigan cayendo y se vuelvan números negativos, ósea en serio- le criticó Feliks tomando asiento viendo a Alfred fruncir el ceño.

-No me importa, esto es una reliquia porque fue comprada el mismo día del estreno y ahora mismo miles de fans me están envidiando por el simple hecho de tenerla- dijo riendo estrepitosamente orgulloso de su vieja playera mientras que Feliks alzaba una ceja.

-Pues no creo que te vayan a envidiar tanto cuando seas un obeso mórbido de cuarenta años jugando World of Warcraft en el sótano de tu madre mientras usas esa cosa- le dijo el ojiverde.

-Hey, esos obesos son los mejores jugadores de World of Warcraft, refiérete a ellos con respeto- le regañó Alfred a lo que Feliks soltó un suspiro rodando los ojos para luego agitar rápidamente su cabeza tratando de ignorar a Alfred y su playera, así que volvió a retomar su sonrisa juguetona para darles un anuncio a sus amigos aunque antes de poder hacerlo fue interrumpido por alguien más. El polaco empezaba a pensar que ya se estaba haciendo costumbre eso de recibir visitas indeseadas en el almuerzo aunque esta tal vez no era tan mala.

Todos voltearon a ver la brillante presencia de Antonio Fernández Carriedo que estaba frente a ellos iluminándolos con su increíble sonrisa de comercial de dentífrico. De pronto todos se quedaron inmóviles a excepción de Lovino y Feliks, el primero estaba muy entretenido con su comida y el segundo muy entretenido en examinarle todo el cuerpo.

-Hola ah… Lovino ¿cierto?- dijo saludando al italiano que al escuchar su nombre volteó a ver al muchacho que soltaba algunas cuantas risas mientras se rascaba la nuca.

-Hola ah… el imbécil que no sé porque me sigue hablando ¿cierto?- respondió Lovino imitando al otro para luego fruncir de nuevo el entrecejo y seguir comiendo.

-¿Eso fue una broma?- preguntó el español totalmente desencajado por la actitud del otro castaño que se golpeó la frente con la palma de la mano pero prefirió no contestar.

-Como sea, vengo a invitarte a la fiesta de Francis se pondrá muy buena e irán todos así que me encantaría verte ahí también a menos que tengas otros planes que espero no sea así porque de verdad me gustaría pasar contigo un rato y… no sé, te estaré esperando- decía Antonio a veces desviando la mirada y otras jugando con algunos mechones de su despeinado cabello castaño.

-Pues consíguete una silla porque no…- pero antes de que Lovino terminara de hablar Gilbert y Feliks que se abalanzaron encima cubriéndole la boca impidiéndole hablar y respirar.

-Como que claro que va, ósea no se puede perder esta oportunidad- contestó Feliks en su lugar que junto con Gilbert estaban casi encima del muchacho el cual luchaba por escapar.

-Ahí va a estar kesesesese- coincidió Gilbert ya casi recostado encima de Lovino el cual se estaba poniendo un poco azul.

-¿En serio? Genial, entonces nos vemos. Gusto en saludarte otra vez Feliks, y genial cabello el tuyo- dijo el español despidiéndose del rubio y pasándole una mano por el cabello a Gilbert que sintió aquel gesto como si las manos de Dios mismo lo hubieran despeinado.

-¡¿Qué mierdas les pasa?!- explotó Lovino cuando los dos se hubieron quitado de encima -¡No pienso ir a esa fiesta!- gritaba mientras que el resto parecían volver a respirar pues habían contenido el aire todo el rato que Antonio estuvo ahí, como si el solo hecho de respirar fuera a ahuyentar al popular muchacho.

-Claro que vas Lovi~ osea te invitó él mismo en persona, no te invitó el amigo de un amigo que es conocido del primo del proctólogo de Antonio, como que te invitó el mismísimo Antonio, totalmente agradece a todos los Santos por una oportunidad que es una en un millón- decía emocionado Feliks.

-Pues se puede meter esa oportunidad por el culo porque yo no voy- espetó Lovino

-Tienes que ir porque si tú vas… entonces NOSOTROS vamos, tienes que hacerlo por tus amigos- le dijo Gilbert con una sonrisita maldosa.

-No eres mi amigo- contradijo Lovino aun enfadado.

-No seas tímido, somos los mejores amigos, así como seré mejor amigo de Antonio y Francis ¿Escuchaste lo que dijo? Dijo que mi cabello es genial, una clara señal de que quiere que sea su bro- dijo confiado Gilbert.

-No creo que haya querido decir eso- intervino Ludwig.

-¡Claro que si! Es sólo que estás celoso- contradijo el albino.

-Pero Antonio solo invitó a mi hermanito, no dijo nada de llevar a otros ve~… no somos tan afortunados- se lamentó Feliciano.

-Tú no te preocupes por eso Feli como que ya tengo todo eso solucionado- dijo Feliks inclinándose un poco sobre la mesa haciendo que todos a excepción de Kiku y su aparente estado de coma, se acercaran para escucharlo.

-Sé que palabras exactas decirle a Francis para que nos termine invitando a todos y bueno, ya tenemos a Antonio en el bolsillo; ósea que ustedes, yo y nuestra presencia en la fiesta semestral de Francis como que es un hecho- dijo Feliks orgulloso.

-Si claro ¿Y cómo sabes que Francis va a acceder?- preguntó entonces Lovino con una sonrisita incredula.

-Tengo mis fuentes, estoy en todo Lovi-love ¿A qué crees que vengo a la escuela? ¿A estudiar?- soltó una risa sin humor tras el comentario mientras que Gilbert parecía más excitado aun.

-Me agrada como piensas kesesese- le dijo a Feliks.

-Y a mí me agrada como pienso. Como que iremos a esa fiesta y…-

-Seremos la jodida sensación- completó Gilbert.

Feliks y Gilbert compartieron la misma sonrisa maquiavélica mientras se miraban el uno al otro y luego como si estuvieran coordinados se echaron a reír mientras chocaban palmas provocándole un escalofrío al resto del Losers club a quienes les asustó tanta química entre los dos, pues no podía salir nada bueno de dos enormes egos con deseos de sobresalir entre el resto y que para empeorar las cosas… pensaban igual.

Mientras tanto Kiku quien apenas si estaba poniendo atención a la charla irguió su espalda pues esta ya se le había adormecido un poco pero al hacer sintió un frío congelarle toda la nuca… temeroso volteó hacía atrás estremeciéndose al encontrarse con la aplastante mirada de Sadiq que justo en ese momento tenía su manga en la mano mientras que en la otra recargaba su mejilla y miraba sin ningún tipo de recato al asiático que volvió a su posición anterior queriéndose fusionar con la mesa, rogando para que de verdad pudiera convertirse en un ser inanimado antes de seguir bajo el acecho silencioso del turco.

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Tercer capítulo ¿Les gusto? Espero que sí porque me esforcé mucho en hacerlo y bueno, aquí apareciendo nuevos personajes y más embrollos. Oh por cierto no me odien por el AmeBel, sé que no es del gusto de todos pero me esforzaré para que al menos sea agradable leerlo yo sé que muchos deseaban UsUk pero oooohhhhh vamos, denle una oportunidad a esto o tal vez véanlo como un respiro de aire fresco entre la rutina, no sé espero que de verdad le den chance y mejor aún, que les agrade, no que se convierta en su OTP pero que al menos les robe una sonrisa.

Por otro lado MIIIIIIIIIIIIL MILLONES DE GRACIAS por todos sus reviews de verdad me hace así súper feliz que esto en serio les esté gustando, de verdad muchísimas gracias por darse un tiempo en su fin de semana para leer y espero les robe muchas risas porque ya saben, el que no ríe contamina; piensen en nuestro planeta y rían.

Antes de irme saludos y agradecimientos a Nakamura Yuripe porque inconscientemente ella y sus peripecias escolares sirvieron de inspiración para algunas partes de este capi.

Nos leemos la siguiente semana (si siguen leyendo esto, claro)