Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar aquí n.n

Siguiente entrega y siguiente motivo, espero que les guste.

Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Ichigo/Rukia

Motivo: Cosas para hacer


V

Las cosas que deberías hacer

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-En este caso, las modalidades de confrontación son diversas –le explicó Rukia-. Tendrás que leer concienzudamente la situación para poder decidir la mejor estrategia.

Las clases teóricas impartidas en casa de los Kuchiki dos veces por semana tenían la inusitada cualidad de transcurrir pacíficamente. Dado el áspero entrenamiento físico al que la shinigami lo sometía el resto del tiempo, para Ichigo representaba un benevolente oasis de tranquilidad, aunque sólo le reportase enseñanzas superfluas.

-Entiendo –afirmó, pero el ceño fruncido delataba sus verdaderos pensamientos.

Rukia lo conocía demasiado bien para no notarlo.

-Si tanto te aburre la clase, siempre podemos dedicarnos a las tres series de doscientas flexiones de brazo –farfulló.

-No es que me aburra, pero creo que he reunido la experiencia suficiente para saber qué clase de consideraciones debo tener en cuenta a la hora de una batalla.

-Siempre queda algo nuevo por aprender, idiota.

-Pues hoy no es el caso, enana.

-¿Y qué debería hacer? ¿Explicarte por milésima vez cómo está compuesto el universo espiritual? ¿O repasar el reglamento del fútbol?

Ichigo se echó atrás en su silla con los brazos cruzados. Trató de permanecer calmado, lo peor que podía hacer era ponerse a la altura del enojo ajeno, sobre todo si la enojada era Kuchiki Rukia y poseía una katana de hielo.

-Sólo… hablemos, ¿quieres? Tomémonos un día de descanso para conversar –sugirió, una idea absolutamente improvisada con el fin de evitar otra de sus vanas discusiones, y se preguntó por qué diablos confiaba tanto en ello-. Deberías hacer que estos días fuesen de sosiego, de paseo, de recreación, deberías hacer un poco de espacio para interactuar como amigos.

-Tonterías –repuso Rukia sin dejarse ablandar. Si se ablandaba con Ichigo, estaba perdida.

Pero él también la conocía demasiado bien para creerse esa postura.

-Deberías hacer que de vez en cuando parezcamos personas normales, personas que después de salvar el mundo pueden dedicarse también a disfrutar de él.

Esta vez ella se le quedó mirando largamente, impresionada. El tipo había madurado bien.

Cierto, había venido a la Sociedad de Almas no sólo para mejorar como shinigami sustituto, sino para poder estar también con esa otra parte que lo constituía. Más allá de lo que él mismo dijera, Ichigo era mucho más complejo que una persona normal.

-¿Entonces hasta aquí las clases teóricas?

-Digamos que sólo las tomaré cuando las necesite –contestó él con civilidad-. Y nunca con dibujos, por favor.

-Idiota –masculló ella, aventándole un bollo de papel por la cabeza.

Ichigo lo esquivó con facilidad y sonrió de lado. Podía ser despótica y malhumorada, pero incluso así de ofendida a veces la encontraba inesperadamente bonita… Y que un mal rayo lo parta por tener de pronto esa clase de pensamientos.

Al notar el fracaso, Rukia arrugó otra hoja de papel, rencorosa. Pero el chico realmente era astuto, porque de inmediato interpuso como escudo un grotesco boceto de Chappy y ella ya no tuvo el valor de atacarlo.

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VI

Las cosas que deberías hacer tú

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Con el correr de los días también las clases prácticas disminuyeron de frecuencia. Ichigo aprendía realmente rápido pese a los exabruptos de una entrenadora agresiva, y con el tiempo ambos coincidieron en que ya habían ejercitado suficiente.

Sin embargo, en una de esas últimas jornadas irrumpió un Menos bastante problemático. Emergió en medio del Rukongai y durante un largo rato tuvieron que bastarse para socorrer a los espíritus indefensos mientras trataban de exterminar a la poderosa criatura.

Finalmente, cuando llegaron los refuerzos y acabaron con el intruso, pudieron echarse en un rincón solitario para descansar. O los Menos venían cada vez más reforzados o ellos empezaban a hacerse viejos.

-Vaya forma de entrenar –comentó él, reponiéndose gradualmente.

-Esta es la mejor forma de entrenar –corrigió Rukia.

-Reconviniéndome hasta el final, ¿eh?

-¿Pretendías que te diera la razón?

-Por una vez, no estaría mal.

-En tus sueños, idiota.

-En mis sueños –repuso él con malicia- tienes un carácter amigable, dócil y gentil.

-Insolente –le espetó ella, ruborizándose a su pesar-. Haz el favor de tener sueños más realistas, o deja de soñar definitivamente.

-¿Te molesta?

-¡La próxima vez que sueñes conmigo te daré una tunda del demonio!

-Enana engreída –repuso él, divertido con su reacción-. Soñaré lo que quiera y con quien quiera, maldita sea, incluso si no te gusta.

Ella se sintió molesta y contrariada. ¿Cómo es que habían pasado de eliminar un Menos a hablar sobre sueños inconvenientes?

-Deberías hacer que te revisen el cerebro, cabeza hueca –farfulló, demasiado confusa con la inopinada situación-. Deberías hacer que tu amiga no se sienta tan incómoda y deberías ofrecer una disculpa por meterte con su carácter.

-Jamás me disculparé contigo por eso.

-¡Entonces deberías aprender a hacerlo!

Y profirió una indignada exclamación. Sin embargo, en alguna parte de su ser también se sintió aliviada. El enfado era una buena salvaguarda para defenderse de las emociones que la agitaban desde que Ichigo reconociera que soñaba con ella, un territorio que le resultaba familiar a la hora de intercambiar con él.

-Deberías pasar menos tiempo conmigo, estúpido –le lanzó luego-. Eres tú el que quiso quedarse y el que se aburría como un hongo, por lo que accediste a entrenar bajo mi mando. ¡Ahora sopórtalo como un hombre!

Haciendo un último esfuerzo para contenerse, Ichigo desvió la vista y suspiró con fastidio. Guardó silencio durante algunos instantes, cuestionándose la facilidad con la que terminaban platicando siempre en esos engorrosos términos.

-Al diablo –murmuró, y sin agregar nada más se levantó y se alejó. En su corazón, no obstante, experimentó la inquietud de haber hablado de más o de haberse expuesto innecesariamente.

Rukia, en cambio, permaneció allí sentada atravesada por una nueva agitación. Era precisamente eso lo que Ichigo debería hacer: marcharse y dejar las cosas como estaban. Sin embargo, desechó esos pensamientos. El enfado se le esfumada rápido. La inquietud generada por aquellos extraños sentimientos, no obstante, al parecer no desaparecería con la misma celeridad.