.
Día 3: Entrenando
.
Aún recuerdo la primera vez que entrenamos juntos, más allá de conseguir demostrar algo útil, todo lo que obtuve fue una serie de moretones por los golpes que yo misma terminé propinándome, porque sí, él no me había tocado ni una sola vez, solo había hecho una cadena de movimientos que puso todos los míos, torpes e inseguros, en mi propia contra. Desde ese día y ante mi rotunda derrota, insistí todos los días que pude en recibir entrenamiento; quería llegar a ser tan buena como el resto de mis compañeros de guardia y dejar de ser el hazme reír de los chicos por mi completa ''inutilidad''. Pero no conforme con eso decidí pedir en secreto algo de ayuda extra, una que no me vino nada mal. Fue así como llegó un día en el que le pedí a mi jefe de guardia una batalla simulada, quería demostrar todo por lo que había trabajado hasta entonces y por lo que me había esforzado hasta que mi cuerpo dejaba de responder, quería conseguir respeto. La noticia, como era de preverse, no se quedó ahí y en cosa de horas el rumor de nuestro enfrentamiento ya se había esparcido por todo el C.G.
Esa tarde en los jardines, donde ambos habíamos acordado aquella pelea, el lugar estaba repleto con todos los curiosos que querían saber cómo sería el desenlace de esta historia, incluso no faltó aquel que comenzó a realizar apuestas a costa de nosotros.
— ¿Nerviosa porque te harán papilla frente a todo el C.G.?
Ezarel me miraba con una sonrisa burlona, aunque a estas alturas ya estaba más que acostumbrada a ellas.
—Ya, no la molestes. Estoy seguro de que lo hará bien.
Valkyon colocó una mano sobre mi hombro en señal de apoyo y pude distinguir una ligera mirada cómplice que me dirigió por una fracción de segundo, sonreí ante aquello. Le agradecía internamente que hubiese intervenido; confiaba en lo que había aprendido, en mi maestro y el gran avance que había logrado tener hasta ahora, pero no por eso podía evitar estar nerviosa, así que agradecía que callara a Ezarel para que no empeorara mis nervios.
Sin agregar mucho más, ambos me desearon buena suerte y se marcharon con un gesto de despedida, justo en el momento en el que Nevra se acercaba a mí.
— ¿Estás segura de que realmente quieres hacer esto? Tal vez podríamos dejarlo para otro día; te juro que de verdad no sé cómo se enteraron todos.
Mencionó rascándose la nuca apenado. ¡Maldición! No podía creer siquiera lo adorable que se veía así. Suspiré para intentar calmarme y apartar aquel pensamiento y luego le sonreí en un intento por tranquilizarlo.
—Descuida, hoy es perfecto.
Así todos verán cuando te gane y ya nadie podrá decirme inútil otra vez.
Sí, sabía que estaba siendo arrogante, pero confiaba en mi mentor, solo me sentía un poco culpable por usarlo a él, pero luego buscaría la forma de compensarle, de seguro habría más de una.
—De acuerdo, pero recuerda que no podré ser lindo contigo si todos están mirando.
Soltó guiñándome un ojo, yo solo sonreí.
—Descuida, solo por esta vez no quiero que lo seas. Pero tranquilo, yo seré la que actúe lindo contigo.
Luego de nuestro pequeño duelo verbal, Karenn, quien decidió hacer de árbitro, nos dio la señal de comenzar la pelea.
Fue así como todos los presentes se quedaron en silencio mientras nosotros nos retábamos con la mirada esperando para ver quién sería el que partiría, ya con el primer golpe los gritos volvieron a estallar y el barullo y las frases de ánimos inundaron los jardines.
Los minutos pasaron y nosotros seguíamos mano a mano. El hecho de pedirle que practicara conmigo casi todos los entrenamientos me había ayudado a conocer sus movimientos y su forma de pelear, lo que me permitía copiar sus ataques e idear formas eficientes de evadir los suyos. Pero no estaba a su altura aún, lo sabía, mi cuerpo lo había notado, pero hacía todo lo que podía por intentar mantenerme en su rango; desgraciadamente aún no conseguía darle un golpe que pudiese darme la victoria y no podía seguir tampoco esquivando toda la tarde, ni él ni yo. Si bien mi resistencia había mejorado con creces desde mi primer día aquí, tampoco era inmutable al igual que la suya. Ambos estábamos jadeando y cubiertos de sudor, noté que él estaba tan exhausto como yo cuando tomamos algunos metros de distancia y aguardamos para coger algo de aire por unos instantes.
Entre nuestros espectadores pude ver a Valkyon y Ezarel en la primera fila por detrás de Nevra y al parecer, mi querido oponente se había percatado de aquello.
—No te descuides, preciosa. En una pelea eso podría ser fatal.
A pesar de sus esfuerzos había conseguido percibir el cansancio en su voz, en ese momento noté una sutil seña por el rabillo del ojo de parte de Valkyon y no pude evitar sonreír. Ese era el momento que había estado esperando.
—Tú deberías de escuchar tu propio consejo.
En ese momento y haciendo acopio de mis últimas fuerzas, eché a la carrera en su dirección y cuando se preparaba para atraparme me deslicé pasando de largo por uno de sus costados. Antes de que él consiguiese reaccionar le hice una barrida y en medio del golpe de adrenalina terminé por tumbarlo en el suelo y luego me posicioné sobre él, aprisionando con fuerza la muñeca de su mano que se aferraba a mi tobillo intentando en vano realizar un movimiento que volteara las cosas a su favor, más el grito de Karenn que resaltó por sobre los del gentío indicó que yo había ganado.
—Nada mal, preciosa, nada mal… Aunque estoy seguro de no haberte enseñado eso.
Mencionó entre jadeos y con una sonrisa imborrable en sus labios. Jamás creí que escuchar algo así viniendo de él podría llegar a sentirse tan bien.
—Digamos que… tengo mis propios trucos…
Sí, eso y una clase particular de pelea con Valkyon tres días por semana. Sin duda se la debía y le estaría eternamente agradecida por ayudarme.
