Hellou. ¡Gracias por leer! Adoro que les este gustando la historia, de mi para ustedes.
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No quiero asistir. Poseo en mis manos una invitación, no una invitación cualquiera, sino de ella. De su boda y con "su boda." Me refiero a la de ese hombre que no conozco. Tomoyo me entregó la invitación argumentando que ella no podía por estar con los preparativos.
Las ganas de estar aquí son nulas, afuera de la iglesia dónde será la ceremonia, en mi coche estacionado a unos metros. Veo a nuestros amigos ahí, y al novio solo de espaldas, resaltando por un traje color blanco ridículo ¿Sakura le habrá dicho que los dos de blanco? No le puedo ver el rostro ya ha entrado al interior.
El día está triste, no hay sol, sólo niebla gris que adorna este adorable paisaje de promesas de amor. Puede que llueva, puedo usar de pretexto que me agarro la lluvia en el tráfico cómo un perfecto cobarde y que así no pude asistir. Pero no quiero admitir mi derrota, no aún.
Tengo que verte. Tengo que saber que de verdad eres feliz. Comprobar por mi lastimado ego, que me has olvidado. Que te muestres firme al tomar su mano. Que nada de aquella inocente mujer ha quedado para mí.
Me bajo de mi coche y camino a la iglesia. Tu llegada coincidió. Un coche se estaciona enfrente de ella. ¿No es en este momento en el que yo voy a raptarte cómo en las novelas que tanto te gusta leer? Porque eso hacen los héroes de las historias.
Pero yo no soy valiente como esos héroes.
Llevas puesto un vestido blanco precioso. Parece que caminas entre nubes, que avivas todo el lugar en cada pisoteada que das. Sonríes tímidamente con tus bellos labios aterciopelados, tú papá, oh, tú papá que me ha de odiar sonríe de par en par. He parado mi camino. Me he congelado, mis piernas no responden, no quieren andar. Pero estoy demasiado cerca para poder verte. Tomoyo está afuera de la iglesia, esperando y grabando este día importante en tu vida. Se saludan en un cariñoso abrazo y comienzas a soltar pequeñas lágrimas.
Pero para mi desgracia, no son lágrimas de tristeza. Son de regocijo, de bienestar, de plenitud… De amor. Y comienza a llover, pero parece que no puedo percibir las gotas de lluvia estruendosa, ustedes sí y rompen su abrazo. Tomoyo me ha visto, mi dedo índice en mi boca le da la señal de que no te diga. Por fin entras a la iglesia.
Con los ojos intactos las negras pestañas mías, mojadas, pegoteadas, como las tuyas, doy la media vuelta.
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-Li, ¿Eres tú?- Y así, una mujer de piel muy blanca con el cabello negro, pero ahora con otro corte en él está igual de sorprendida que yo.
-Hola, Tomoyo.- Sonrío, sin que note mi sorpresa.- Toma asiento. Puedes retirarte Mío.- Le indicó a mi enfermera.
-Está bien doctor. Estaré afuera si me necesita.- Desaparece en la puerta trasera del consultorio.
-¡Dios mío Li! ¡No puedo creer volver a verte!- Emocionada, chilla, como siempre lo ha hecho, pero con una persistente tos.
-Ni yo, pero te he visto y me alegro de verte completa, aunque enferma ¿Qué te trae por aquí?
-Una tos terrible y resfriado. No me deja trabajar.- Convaleciente toca su pecho congestionado.- Por si lo sabías, que lo más seguro es que no, soy la maestra de música en una primaria y mi voz es primordial.
-Entonces comencemos con el chequeo.- Me pongo de pie, tomando mi estetoscopio.
En la revisión, mi vieja conocida y yo comenzamos a platicar, quizá fueron como 4 años en los que no supimos nada del otro. Ella me decía lo que logró, que no se ha casado, pero que tiene pareja y es feliz. Yo solo me limito a decir que me va bien en el trabajo, ya que tengo mucho, pero que estoy bien.
-Toma, esta es la medicina que tomarás, si persiste puedes venir de nuevo y ojalá vuelva ser yo el que te revise.- Le doy una receta que guarda en su bolso.
-Muchas gracias, Li.- Me ve singularmente y suelta una risita.- Nunca pensé que si terminarías tú carrera. Mucho menos en la Facultad de medicina.
-Las personas cambian para bien, ¿No?- Suelto un suspiro.- Tenía que cambiar, podría haber terminado siendo un don nadie. Tengo mejores planes para mí ahora.
-Me alegra saber eso. Pareciese que no eres la sombra de ese muchacho altanero y mujeriego del que Sakura estaba ena—
Con solo escuchar su nombre en los labios de otra persona, me he estremecido. Ella también se da cuenta y corta esa oración.
-Oh, Li, lo siento, yo no quería mencionarla, sabes—
-Descuida.- Río fingiendo que nada me importa. Y no puedo evitar preguntar.- ¿La has visto?
-Sí, la semana pasada. Si te preguntas, ella está bien.- Sonríe Tomoyo. Ella además de nosotros dos, ha de saber la historia. Ella sabe que sintió y siente.
-Oh.- Me limito a decir. Me comienzo a desarmar. Quiero saber, si sigue con él. Podría suponer que aún tengo una tonta esperanza.- ¿Y ella sigue casada con él?
-Sí.- Bueno, ya no tengo ninguna esperanza a esa afirmación.- ¿Lo has de conocer no?
-¿Yo? ¿Por qué?
-Él al igual que tú es doctor. Mmm.- Muestra un gesto pensativo, buscando alguna respuesta.- De su nombre, no me acuerdo, solo su apellido… "Hiragizawa." ¿Tú no te acuerdas de su nombre?
-¿Por qué debería de saber su nombre si no tengo la menor idea de quién es?
-Porque en la invitación de su boda venían sus nombres.- ¿Acaso no la leíste?
-No, ni siquiera la abrí.
-¿Y cómo supiste en donde iba a ser?
-Le pregunte a Yamazaki esa vez
-Oh. Bueno, pues él es doctor, quizá si vuelvo a venir te diga su nombre.
-Está bien.- En realidad no tengo ganas de saberlo.- Cuándo vengas y nos volvamos a ver.
Tomoyo se despide de mi triste persona, anhelando volver a verme a mí y a mi exitosa vida que inventé y que le dirá a Sakura que nos topamos a lo cual digo que "eso estaría muy bien." Y continúo recibiendo pacientes, mujeres, hombres, y niños, ya que a falta del pediatra en el hospital vienen a medicina general. Pero hoy llega ese especialista.
El verla me hizo recordar el día de la boda de la cual huí y ver que los años no pasan en vano, Tomoyo sigue siendo de una singular belleza que cautiva a todos y ha crecido que tan solo unos pequeños rasgos infantiles se ven o percibes si la conociste a los 15. Es toda una mujer japonesa moderna. Pero nada se compara a la belleza infantil, encantadora, inocente, explosiva, de Sakura. Ignorada por ella siempre, pero todos quedaban arrastradamente hechizados a sus encantos. Este día, estos días la he pensado a morir. Hay días en los que no la recuerdo, que la evito en mi mente, pero hay días en los que ella quiere quedarse siempre, siempre haciéndome sufrir con el pasado y con el cariño que sueño.
¿Seguirá igual de bonita? No, de seguro está mucho más bonita. Puedo imaginarla, quizá tenga el cabello largo ahora, o más corto. Quisiera verla, pero sé que eso tendría que ser de manera casual, no puedo interferir en su vida de la cual ella me echó y vetó. Camino por los pasillos del hospital, yendo a la oficina de recursos humanos, para preguntar por ese pediatra que hace falta, hoy vino una señora y su pequeño niño totalmente enfermo, no digo que no esté capacitado, pero hace falta. Toco la puerta y el jefe Yamato, un hombre tanto regordete pero amable, está hablando con que podría ser un doctor por la bata, que no reconozco.
-Hey, Yamato ¿Qué sabes del nuevo especialista?- Pregunto al aire ignorando completamente al que está con él.
-¡Oh mira! Hiragizawa ha llegado tú jefe y representante, el doctor Li.- Yamato se pone de pie enfrente de su escritorio, sonriendo como siempre.- Li, ha llegado el especialista en pediatría.
Entonces, un hombre de mi misma altura pero no de mi misma masa corporal, un tanto más delgado se posa frente a mí, un cabello lacio y negro que parece ser azul, cómo sus ojos me saluda cortésmente con su mano derecha.
-Doctor Li, yo soy el doctor Eriol Hiragizawa, especialista en pediatría, mucho gusto. Perdón por la tardanza.
-El gusto es mío, Shaoran Li para servirte.
Y la conversación con Tomoyo regresa súbitamente.
Él al igual que tú es doctor.
De su nombre, no me acuerdo, solo su apellido… "Hiragizawa."
No puede ser… ¿O sí?
