—¡Por favor John, cálmate antes de entrar en la oficina de padre!—suplicó Maryland a su hermano.
Massachusetts negó con la cabeza, estaba tan enfadado que pensó que en cualquier momento iba a explotar—He intentado decírselo lo más educadamente posible Jane y no ha cambiado nada, veamos si en otro tono hace algo—
La niña negó con la cabeza frustrada, sabia que Massachusetts tenía razón, últimamente los piratas aterrorizaban a todas las colonias y John era de los que más furiosos estaban. En la colonia de John habían endurecido mucho las leyes contra la piratería consiguiendo que los piratas no vinieran tanto pero aun así seguían atacando barcos y no solo de Massachusetts.
—Solo conseguirás que se enfade—
—Muy bien porque yo ya lo estoy—
Jane lo miró preocupada, Maryland era una niña amable, tenía el pelo rubio del mismo dorado que América y sus ojos eran verde azulados, y la nariz y facciones de su otro padre Arthur.
John llegó a la puerta del despacho y llamo unas cuantas veces, más fuerte de lo que debería ser, la colonia miró a su hermano preocupada.
—Ve, yo estaré bien—no queriendo que se preocupara más.
La niña dudó pero asintió y fue en busca de su padre Alfred para que viniera por si tuviera que calmar las cosas, con paso rápido se fue.
La puerta se abrió dando paso a un molesto Inglaterra, cuando vio a su hijo furioso supo a lo que venía. Sin más lo dejo pasar, Arthur se sentó tras su escritorio mientras su hijo tomaba también asiento, ninguno dijo nada sin saber cómo empezar hasta que al final Inglaterra decidió hablar.
—Bueno ¿a que has venido Massachusetts? Estoy ocupado—esperando que se equivocara.
—Si, sé que estas ocupado pero esto es importante creo que lo sabes, se trata de los piratas—dijo la colonia intentando mantener la calma.
El imperio cerro los ojos cansado, sabía que este tema saldría, no era la primera vez que John o alguno de sus otros hijos e incluso Alfred sacaba el tema, ya lo había hablado antes pero los ataques continuaron. Pero no podía estar en varios sitios a la vez, sus tropas estaban desplegadas vigilando a sus enemigos lo que dejaba a los colonos para defenderse por sí mismos. Habían enviado efectivos para ayudarlos pero con las guerras empeoraban las cosas.
—Lo sé y como te dije a ti y a tus hermanos lo arreglaría pero ya sabes que con las guerras no damos abasto—
Massachusetts tuvo que morderse la lengua para evitar decir algo particularmente grosero. Estaba harto, Inglaterra anteponía esas guerras a su gente y familia.
—Lo entiendo pero mientras tú y las otras naciones os vais a la guerra nosotros tenemos que capear el temporal contra esos sucios piratas —
—Hijo sé que no te gustan los piratas pero no todos son así están los corsar...—
—¿Te refieres a piratas que son contratados por el gobierno? ¿cual es la diferencia?—preguntó irritado la colonia, no entendía por que su padre defendía a esos malditos corsarios.
Arthur se tensó. Sintiendo su ira empezando a emerger en él, pero trató de calmarse.
—Hay diferencia John son contratados para ir a por los barcos enemigos, trabajan para el gobierno—
—Si pero la diferencia entre ellos y los piratas es muy delgada padre. Y es que a diferencia de los piratas tu gobierno les da permiso a los corsarios para saquear y asesinar a personas que solo quieren trabajar—
Inglaterra ya había perdido su paciencia—¡Tú no sabes como funcionan las cosas John! ¿y crees que mis enemigos no hacen igual? ¿España o Francia? Esa compasión en este mundo y en los mares particularmente se paga caro—
Massachusetts lo miró con el rostro pétreo.
—Sé que el mundo no es fácil Inglaterra pero precisamente aprobar esos actos no ayudará, tampoco apruebo lo que hacen los otros países al contratar a corsarios. Yo odio a piratas y corsarios por igual y no me importa para que gobierno sean contratados los rechazo a todos, son todos iguales—
Inglaterra se levantó de su asiento furioso y Massachusetts hizo lo mismo mirándolo directamente a los ojos con desafío.
Cualquier otra nación o humano se habría puesto a temblar ante la famosa furia implacable del imperio Británico, incluso Francia o España mantenían las distancias, pero John no se amedrentó, jamás lo hizo y ahora lo miraba con determinación y furia. Arthur no sabía si admirar a su hijo o llamarlo estúpidamente valiente.
Inglaterra estaba colérico pero cuando vio los ojos furiosos y desafiantes de la colonia se calmó un poco, la gente pensaba que Massachusetts había heredado sus ojos pero eso no era del todo cierto. John tenía unos ojos verdes, esmeralda, con motitas doradas alrededor de sus pupilas, su madre Britania había tenido esa característica también. Ni él ni ninguno de sus otros hermanos había heredado esos ojos ni siquiera Irlanda.
Antes de que Inglaterra pudiera decir algo la puerta del despacho se abrió bruscamente revelando a un alterado y enfadado América, quien avisado por Maryland fue al despacho y se paró junto a la puerta y decidió que si hacia falta interrumpiría la reunión antes de que fuera peor.
—John vete, tu gobernador quiere hablar contigo de unos informes—
Massachusetts asintió y se fue.
América miró a Inglaterra con reproche.
—¡No me mires así ese niño necesita que le recuerden su lugar y no faltarme el respeto!—
—Sé que su comportamiento no era el mejor Arthur pero entiéndelo, él y los demás ya no saben que hacer sienten que no tienen voz en el gobierno entre los ataques de piratas y que no reciban suficiente ayuda no mejora la situación—
—Ya lo dije antes América en el estado actual no puedo enviar suficientes soldados y navíos—
—Lo sé pero también ayudaría que nos escucharais—
—Sois colonias Alfred así son las cosas—
América lo miró con una ira tan terrible como la del imperio, Alfred amaba a Arthur en serio pero en algunas ocasiones actuaba con poca sensibilidad y era demasiado autoritario con ellos.
—Lo que tú quieras imperio—con rabia la colonia se fue dejando al la nación isleña echando humo.
Inglaterra se acercó al armario de licores y se sirvió una cerveza, en cuanto se calmara un poco iría a hablar con John y le daría algún castigo por su comportamiento—
Unos días después del incidente todos estaban desayunando, las cosas estaban más calmadas pero todavía había tensión, América y Nueva Jersey intentaban que aligerar el ambiente contando anécdotas.
—La profesora estaba muy enfadada diciendo, Evelyn así no es como se comporta una dama—Nueva Jersey agitaba un dedo imitando a la mujer mientras los demás la escuchaban riéndose—¿Y sabéis lo que le dije? mire señora prefiero no ser una dama, las damas no pueden hacer cosas como sostener una rana. Entonces le mostré la rana que escondía en mi bolsa y la maestra se fue de allí gritando—
Ante esto todos en la sala estallaron a carcajadas incluso Elizabeth, aunque le gustaban las lecciones de etiqueta era demasiado hilarante y la profesora Brown era una mujer muy estricta y todos le tenían manía.
Inglaterra miro con severidad a Evelyn, le costaba mucho encontrar buenas profesoras y no necesitaba que las espantaran pero interiormente no pudo evitar reír un poco. Cuando era pequeño América también hacía esas travesuras.
—Evelyn—dijo poniendo un tono severo—No puedes hacer esas cosas a los maestros, estás castigada iras más tiempo a las lecciones durante esta semana—sonrió al ver la cara de su hija caerse, se sentía mal pero tenía que hacerse.
—Vamos Jersey—la animo Alfred—Solo es esta semana y además aunque divertido te has pasado—
—Hablando de ranas—dijo Inglaterra llamando la atención de todos—La rana y Canadá van a venir de visita—
A todos en la habitación se les iluminó la cara de alegría y emoción.
—¿Van a venir el tío Matthew y el hermano mayor Francia?—preguntó emocionado Robert, el chico castaño y pecoso rebotaba en su asiento.
—¡Georgia cálmate!—Inglaterra no podía entender como podían ponerse así de emocionados cuando venía ese francés pervertido, con Canadá entendía que se pusieran así. Pero ese francés del demonio no.
Canadá y Francia eran las únicas personificaciones aparte de ellos que sabían de las colonias personificadas y de que América les había dado a luz. Ni siquiera los hermanos de Inglaterra lo sabían, y que le partiera un rayo si algún día lo averiguaban.
Arthur podría ser paranoico pero no pudo evitar temer que si las otras naciones descubrían a las colonias, intentarían llevárselas o influir en ellas y conociendo a sus hermanos eran capaces de hacer algo así. Además temía que si las otras naciones se enteraban de la capacidad de Alfred de tener hijos, ellos querían tenerlos con él o intentar llevárselo y eso era algo que la nación celosa y algo posesiva no quería.
Si Canadá y esa rana lo sabían fue por que no tuvo opción. La colonia francesa visitaba a menudo a su hermano y se quedaba por largos periodos de tiempo junto a Francis. Arthur no tuvo otro remedio que confesarlo, decir que la cara de los dos era todo un poema sería quedarse corto, por primera vez Francis se quedó sin habla. Pero cuando se recuperaron dieron sus felicitaciones y Canadá se mostró emocionado de tener un sobrino o sobrina, los dos ayudaron en todos los embarazos de Alfred y ayudaron a criar a los bebes, ambos prometieron no decir de esto a nadie más.
Inglaterra no se fiaba de Francis, pero si de Matthew a pesar de ser una colonia de Francia. En ese momento llamaron a la puerta y oyó esa risita molesta que él conocía tan bien. Fue y abrió la puerta, revelando a la rana y a Canadá.
—Oh, Oh, vaya Mon petit lapin, sigues tan gruñón como siempre por lo que veo—Francia le sonrió, a Inglaterra le entraron ganas de estrangular a esa estúpida rana pero vio que al lado de Francis estaba Canadá que le sonrió amablemente.
—Hola Inglaterra me alegro de verte—
—Lo mismo digo Matthew, ven están deseando verte—la colonia francesa sonrió y se metió en la vivienda, Arthur le abría cerrado a Francia la puerta en las narices pero el otro anticipándose se apresuró a meterse en la vivienda. El ingles lo miró irritado mientras el otro le dirigió una burlona sonrisa.
—¡Hermano!—Canadá de repente se vio encerrado entre los fuertes brazos de su hermano—¡Que de tiempo, no sabes como te hemos echado de menos!—
Recuperándose de la sorpresa y después de separarse un poco y recuperar el aire Matthew le devolvió el abrazo, también lo había echado de menos a él y sus sobrinos.
—¡Tío Matt!—
—¿Es el tío Matt?—
—¡Si y el hermano mayor Francia!—
Las dos naciones fueron recibidas por las colonias quienes los asaltaron con preguntas y abrazos, Matthew sonrió a sus sobrinos con afecto.
—Mes petits—Francis con una cara que deba miedo fue a abrazarlos, pero Inglaterra con un aura asesina se interpuso.
—Mejor vamos al salón a tomar algo ¿no? Tendréis que estar cansados—dijo con una sonrisa escalofriante.
—Claro—dijo el francés nervioso.
Se sentaron en la sala y se pusieron al día contándose todo lo que les había pasado desde que no se veían. Mientras Francis escuchaba y al mismo tiempo le hacía una trenza francesa a Grace, Canadá tenía a Henry en su regazo, Matthew recibió un oso de madera de su sobrino Delaware y le dio las gracias.
—Y bueno Amérique como se han portado mes petits—Francis le sonrió coqueto a Alfred haciendo que la colonia se moviera incómoda en su asiento, Inglaterra echaba humo. Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no abalanzarse sobre esa rana.
—Se han portado bien rana—dijo dando mayor énfasis a la palabra, Arthur tampoco soportaba que Francia se pusiera así con Alfred su lado celoso salía a flote.
—Excepto que Evelyn y John se han metido en líos y están castigados—dijo James con una sonrisa. John fulminó con la mirada a Nueva York, él y su hermano siempre habían sido rivales tenían una relación algo parecida a la de su padre y a Francia, los dos siempre buscaban darse un golpe.
—¿En serio y que ha pasado?—preguntó Canadá curioso de qué nueva travesura habrían hecho sus sobrinos.
—Bueno Nueva Jersey espanto a la profesora metiendo una rana en la clase y prácticamente poniéndosela en la cara—
Al escuchar esto Francia se partió de risa hasta que se le saltaron las lágrimas y Canadá simuló una risa con un ataque de tos.
—Eso fue excelente Evelyn, ma fleur—la niña sonrió.
—¡No la animes rana lo que Evelyn hizo no merece elogios!—
—Ya pero es gracioso además ellos me escucharon cuando les dije que fueran revoltosos contigo—
—¡¿Que tu!? ¡¿que...—
Francia agitó la mano quitándole importancia.
—No hagas caso Arthur ¿y tú que mon petit John?—
La cara de Inglaterra se ensombreció y Massachusetts miraba fijamente su taza. La tensión volvió a la sala Alfred se preparó por si tenía que evitar algo.
—Está castigado sin salir hasta que yo le diga, por faltarme el respeto—
—Solo estaba intentando que hicieras algo con el problema que tenemos todas las colonias—
—¡Ya lo hemos hablado Massachusetts el tema está zanjado!—
John se levantó bruscamente y dejo la taza en la mesa molesto. Si me disculpan no me encuentro bien me voy—diciendo esto se despidió de todos y se fue a su habitación.
Canadá y Francia observaron esto preocupados también notaron como las otras colonias y el propio Alfred miraban a Inglaterra molestos. Al notar la mirada inquisitiva de las dos personificaciones les contaron.
—Vamos chicos a dormir—América harto de todo esto se fue acompañado de Matthew y los niños.
El francés se paso una mano por la cara frustrado con la terquedad del inglés una cosa era segura es que todos sus hijos tenían ese rasgo de él.
