¡Hola gente! :D Ok, me siento muy apenada por la espera a la cual los sometí, pero me comenzaron las clases en la universidad y simplemente la carrera que escogí es muy difícil y debo dedicarme demasiado a ella, además que siempre he sido muy buena alumna y no debo descuidarme en lo absoluto, mucho menos ahora. De verdad me sentía muy presionada con la cantidad de exámenes y lo largo que resultaba el contenido de cada uno de ellos x.x No estoy de vacaciones ni nada, pero encontré el tiempito de ponerme al día con este fic, además del comentario de una amiga que me impulsó a terminar de escribir este capítulo y empezar el siguiente \o/ Gracias queridita, sabes que es contigo ;)
Espero que este capítulo lo encuentren de su agrado y que haya valido pena la espera. Desde ya les advierto que mi trama generalmente es extensa y realmente espero no aburrirlos u.u
Disclaimer: Death Note no me pertenece, es propiedad de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata (genios :D). Por supuesto, saben que Matt pertenece a Mello y nuestro querido rubio, a su vez, es un rebelde 'con' causa, pero que acepta que el único capaz de controlarlo es nuestro querido cachorrito Matty *-*
Casi se me olvida x.x Gracias por sus reviews, story alerts y favorites que me alegran la vida muchísimo y por los que me emociono tontamente xD
Ahora, disfruten el capítulo mis queridos lectores :)
...
Chained
Encadenados
Chapter 3: With The Hands in The Nicotine
Capítulo 3: Con las Manos en la Nicotina
Se movía a través de los pasillos con una parsimonia y un sigilo exagerados que llegaban a ser sobreactuados. Empezaba a oscurecer y la silueta de su sombra era la única que podría alertar a los demás de su presencia, debido a que parecía una pantera al acecho, un felino silencioso y elegante. Sólo adoptaba esa postura cuando sabía que lo que estaba a punto de hacer era de "vida o muerte".
Aún le faltaba un tramo bastante largo para llegar a su destino: la puerta principal. Sí, no podía ser más original y salir por un pasadizo o algo así. Era un descarado, ¿Qué podía hacérsele? Siguió caminando de puntas mientras respiraba pesadamente y se desplazaba pegado a la pared. Pasillo tras pasillo, se ocultaba entre plantas puestas en las esquinas de ellos y, corría silenciosa y fugazmente si llegaba a toparse con alguien.
Faltaba muy poco para salir de la prisión que era ese orfanato. Tocó el bolsillo de su abrigo para comprobar si realmente llevaba lo más importante. Sí, ahí estaban, el dinero y su identificación falsa que tanto trabajo le había costado hacer en su momento. Continuó con su camino.
Último pasillo, corrió descuidada y desesperadamente hasta el final de este. Se asomó a ambos lados y todo estaba despejado. Fijó su vista al frente y tan sólo a tres metros estaba su salida y escapatoria. Se relamió ansioso los labios y sus piernas empezaron a moverse lo más rápido que podía hasta ella. Llegó y su cuerpo chocó provocando un ruido sordo contra la puerta por no poder frenar a tiempo. Se asustó, se volteó y recostó a ella mientras nerviosamente veía de un lado a otro con la respiración acelerada. Suspiró aliviado, no había nadie. Se giró de nuevo y le dio vuelta a la manija con porte antiguo. Sonrió socarrón. Era predecible, nunca cerraban la puerta hasta dos horas más entrada la oscuridad.
Salió, al fin era libre… relativamente. Ahora le faltaba recorrer el patio y saltar la cerca. Adoptó la posición de cómo si estuviera en las olimpiadas y se preparara para una carrera de velocidad en unos diez metros planos… y arrancó.
Se detenía entre los arbustos y miraba a ambos lados de manera fugaz para luego continuar con su carrera. Parecía un criminal huyendo de la prisión. Sus piernas daban grandes zancadas a gran velocidad y sentía como empezaba a sudar. Cada gota que mojaba su cara y hacía que su cabello se pegase a su rostro. La oscuridad se hacía más abrazante y sus ojos se adaptaban a ella. Miraba a todos lados como un felino corriendo del peligro.
Cinco metros hasta la reja. Estaba agazapado detrás de unos matorrales. Fijó su destino con su vista. Era un felino al acecho… y emprendió su carrera de nuevo. Odiaba la gimnasia, pero ciertamente para algo servía y le había dado resistencia, además de la capacidad de escalar esa vieja reja negra. Dio unos cuantos saltos, subió piernas y brazos de manera sincronizada haciendo fuerza mientras sus pequeños músculos de adolescente se tensaban. Llegó hasta arriba, tomó impulso y saltó cayendo estrepitosamente en el suelo, rodando unos cuantos metros de la reja hasta casi llegar a la calle.
Su respiración era agitada, se puso de pie y sin perder su papel de criminal en su cortometraje mental, miró a ambos lados entornando sus ojos. Nadie lo había visto. Suspiró aliviado y empezó a caminar tranquilamente por la acera mientras se sacudía las ropas. Alejándose poco a poco de esas rejas que lo retenían todo los días dentro. Sinceramente, la emoción de fugarse y la posibilidad de atraparte con las manos en la masa eran demasiado excitantes como para pedir permiso para salir. Además que nunca se lo darían para hacer lo que haría.
—Debería ser un doble de riesgo… es emocionante. O representar a un criminal fugándose en un cortometraje… o por qué no a James Bond en la próxima película del agente 007… Tengo el porte… La próxima vez trataré de salir menos teatralmente, es agotador —se decía a sí mismo en voz baja mientras caminaba por las oscuras calles de Winchester.
...
Escuchó un golpeteo en la puerta. Bufó con fastidio. Era algo tarde para que lo molestaran. Volteó su cabeza ligeramente para apreciar el reloj en la mesita de noche y le indicaba que eran las ocho y media de la noche. Otra vez los golpeteos más fuertes e insistentes.
Rabieta mental por parte del chico mientras se ponía de pie y le daba su última mordida a la tableta de chocolate dejándola en la cama. Se aproximó a la puerta y la abrió. No disimuló su asombro al ver la cara redondita y amigable de la chica frente a él.
—¡Mello, al fin abres la puerta! —exclamó la chica parada en el pasillo.
—¿Se podría saber por qué rayos se supone que vienes a perturbas mi tranquilidad, Linda? —espetó secamente el rubio mirándola con el ceño fruncido.
—Ay, no te pongas así de rabioso —dijo la castaña haciendo una mueca. —Es importante… ¿Matt está aquí?
—¿Para qué rayos quieres saber? —preguntó tajante sin querer conocer realmente la respuesta. Aún la veía con la mirada fría mientras adoptaba cada vez una expresión más amenazante. —Acaso, ¿quieres terminar lo que habías comenzado el otro día y llegar a violarlo? —dijo burlista e irónico con un deje de molestia en su voz.
—¡¿Q-Qué? —preguntó perpleja ante las ocurrencias del adicto a los chocolates. —¡No digas estupideces, Mello!
—Oh, vamos. ¿Ya te dieron tu diploma de acosadora sexual profesional? —preguntó con una sonrisita punzante creyendo que se salía con la suya.
—Te creí muchísimo más inteligente —empezó a decir la chica mientras trataba de auto-controlarse y no darle una patada en su virilidad a Mello. Sabía que una buena forma de herirlo sin necesidad de recurrir a la reprimenda física, debido a su osadía y descaro, era golpeando su orgullo.
—¡Soy mucho más inteligente que…!
—No, no lo eres —sentenció Linda interrumpiendo. —Eres un cerdo pervertido que cree que al hablar con alguien, ya esa persona tiene intensiones ocultas. Eres un idiota, depravado y degenerado que necesita aprender un poco más sobre las relaciones humanas.
El rubio se tensó notablemente enojado. Apretaba sus puños hasta que sus nudillos se tornaban blanquecinos por la falta del paso de sangre a ellos. Su mandíbula se tensó debido a que también mordía con mucha fuerza. Si pudiera matar a Linda con la mirada, ya la chica estaría descuartizada en todo el pasillo. No sólo había osado molestarlo cuando trataba de relajarse después de la estresante noticia de esa mañana y el día de clases, sino que también le había dicho que no era inteligente, que era un cerdo, pervertido, degenerado, depravado e idiota antisocial; todo eso acompañado con su irritante voz de mocosa chismosa. Antes que le replicara e insultara hasta al inexistente perro de la chica, ella volvió a hablar:
—Roger hará inspección en las habitaciones —dijo con una pequeña sonrisita sobradora al ver a Mello tan irritado.
—¡¿Y ESO A MÍ QUÉ ME IMPORTA, MOCOSA GORDA Y ENANA? —estalló el rubio. Pero increíblemente se estaba "conteniendo" un poco. La chica rió irónicamente. Cuando estaba molesto no se le ocurrían mejores insultos que los típicos adjetivos despectivos.
—Debería importarte. Matt no está y si lo encubres serás culpable y te castigaran al igual que a él. Si lo acusas, Roger te dirá que era tu responsabilidad velar por él al ser su compañero y él un recién llegado. Desde donde lo veas, Roger te quitará tus chocolates, Mello —le dijo tranquilamente la muchacha que no quería caer ante sus estúpidas provocaciones. El rubio frunció el ceño, ella tenía razón. Como sea, igual iba a pagar por las cosas que hiciera el perro.
—Sólo tengo que buscarlo, no es como si se hubiera…
—¿Fugado? —completó la castaña. —Mello, lo vi saliendo de Wammy hace rato. Estaba en el patio y se comportaba como un criminal que huía de la justicia. Tuvo suerte que Roger o algún profesor no lo viera. Sobreactuaba en exceso, cosa que sólo lo delataba —concluyó volteando los ojos recordando lo estúpido que lucía el pelirrojo. Mello suspiró con molestia mientras cerraba sus orbes y meditaba un poco.
—¿A qué hora vendrá Roger?
—A las diez, justo después de cerrar la puerta principal. Tiene hora y media para llegar, pero salió hace menos de quince minutos y quién sabe cuanto va a tardar… Si no llega…
—Maldición. Tendré que ir a buscarlo —soltó entre dientes con disgusto. —¿Sabes a donde iba?
—No… pero, lo conoces un poco ¿sabes para donde iría al escaparse?
—¡A una tienda de videojuegos! —exclamó Mello después de un rato en el cual miró de soslayo el televisor mientras sentía que una luz celestial lo iluminaba.
—Hay una cerca de aquí…
—¡Sé donde queda! —concluyó secamente el rubio interrumpiendo a la castaña y cerrándole la puerta en la cara casi estampándola contra su rostro. Tendré que ponerme algo para salir a buscar al negligente e insensato de mi estúpido y necio perro que no sirve para nada.
—¡Podrías por lo menos agradecerme ¿no? —se escuchó la voz histérica de Linda desde afuera.
—¿Por que lo haría? —susurró Mello sin ánimos de alborotarle más la lengua a la chica, ya que si lo hacía jamás saldría a buscar a Matt.
Linda bufó con fastidio y decidió irse. Realmente no le interesaba en lo absoluto si a Mello lo castigaban o no, porque siendo él ya debería estar más que acostumbrado. Tampoco conocía demasiado a Matt —realmente en lo más mínimo a excepción de dos pequeñas platicas, o interrogatorios mejor dicho, que tuvo con él y en los cuales casi le saca las palabras con cucharita debido a que él se sentía un tanto acosado— como para justificar su preocupación hacía que lo descubrieran, pero aún así pensaba que sería muy malo para el recién nombrado tercero en la línea de mejores alumnos que lo atraparan haciendo algo tan grave como escaparse quién sabe a donde durante la noche. Además, que el pelirrojo lucía como un buen chico —aparte de lo lindo que era— y de seguro tenía una "muy buena" justificación para sus actos.
Mello a su vez, empezó a escalar la montaña de ropa apilada delante de su closet para sacar algo decente que ponerse para fugarse y salir a las frías calles de Inglaterra. Mientras lo hacía repasaba algo que había pensado hace poco, ¿desde cuando Matt es MÍ perro?, se dijo paralizándose en el acto.
Obviamente le encantaba mandarlo y llamarlo como si fuera su mascota ya que indirectamente lo denominaba como de su propiedad. Además, no podía negar que le encantaba pensar en la idea de que realmente pudiera ser suyo. Es un perro muy mal adiestrado, pensaba Mello mientras la ropa volaba por toda la habitación. Debería entrenarlo para que aprenda quien es su amo aquí, concluyó con una sonrisita perversa.
Al fin la había encontrado, la chaqueta de cuero negra que le había enviado de regalo esa tarde L. Realmente le encantaba. El detective parecía conocer sus gustos a la perfección, así como también lo que querían decir sus acciones. Estaba seguro que L se había percatado de algo, no sabía exactamente de qué, pero había notado algo con respeto a él y Matt, ya que era obvio que el rubio nunca llegaba a interesarse por nadie ni era demasiado llevadero con las personas. Además de su estúpidas reacciones. Aún se reprendía mentalmente y le daban ganas de cachetearse por eso.
Se puso la chaqueta, tomó también un pantalón negro que le quedaba relativamente entallado a las piernas. Decidió dejarse su franela holgada al igual negra —tenía predilección por ese color, por si no era obvio—, se puso los pantalones, tomó una pequeña cadena plateada y se la guindó de este para que quedara colgada de un lado de sus piernas. Calzó converse negras con blanco y se puso la chaqueta.
Cogió unas cinco barras de chocolate de la enorme dotación que le había enviado el detective al enterarse de su disminución en la mesada. Mello se regocijaba internamente y a pesar de que Roger pensaba que L lo malcriaba al enviarle eso, el detective entendía lo mal que alguien se sentía si lo apartaban de su vicio, en su caso particular, el dulce en general.
Eso también lo hacía recordar lo emocionado que se había puesto Matt al ver instalado en la habitación un enorme televisor pantalla plana de unas cuarenta pulgadas de color plateado. El pelirrojo parecía un niño chiquito saltando por toda la habitación como un conejo, para luego sentarse delante de él y derramar saliva al ver la calidad de alta definición con la cual se apreciaban las imágenes. Había pasado el resto de la tarde jugando con su X-Box a menos de treinta centímetros de la pantalla. Mello juraría que sus ojos se había "achicharrado".
El de los goggles también se ganó un par de golpes por parte de su compañero porque parecía un zombi freak ahogándose en baba ante las maravillas de la era digital. Como sea, después de un rato se había parado, tomado algo que se encontraba dentro de uno de sus bolsos, apagado el juego y sin darle ninguna explicación ni dirigirle la mirada se había ido, y hasta ahora no lo había visto para enterarse por una niñata chismosa que se había fugado.
El rubio salió de la habitación, era un cuarto piso y no podía saltar desde la ventana a esa altura. Levantó la capucha algo afelpada de su chaqueta y bajó dos pisos. Al estar en el segundo, abrió una ventana de un pasillo. El viento frio entró y lo hizo estremecerse ligeramente. Lo que hago por ti, imbécil… Pero ¡que rayos!, lo hago por mí y mis chocolates, no por él, pensó mientras se montaba en ella y saltaba hacía afuera para impactar en unos cuantos arbustos abajo. Se puso de pie y empezó a correr para salir de ahí. Matt se arrepentiría toda la vida por obligarlo a hacer eso. La reprimenda no iba a ser nada agradable.
...
Matt salió de una tienda con una sonrisa triunfante mientras palpaba el bolsillo de su suéter y el de su pantalón completamente repletos de cajetillas de cigarros. Quién sabía cuanto tiempo iba a pasar sin poder salir solo libremente para comprarlos debido a estar encadenado al psicótico rubio. Aunque ahora que lo pensaba ¿a Mello le molestaría que él fumara? Bueno, trataría de no echarle el humo encima y asunto resuelto… Aunque, tendría que decirle que salieran de la habitación para hacerlo y convencerlo iba a ser demasiado difícil. Suspiró con fastidio, iba a ser un completo rollo poder fumar con Mello encadenado a su muñeca.
Definitivamente fue mucho más fácil conseguir que el vendedor le diera las cajetillas que el poder fumárselas, ya que ni siquiera necesitó sacar su identificación. Creo que me fumaré unas tres esta noche antes de que por la mañana Watari nos encadene, suspiró con pesadez el chico de ojos verdes. El encargado le había creído al decirle que tenía dieciocho años pero que era algo bajo. El abrigo ancho lo hacía ver más robusto y los goggles al ocultarle parte de sus aniñadas facciones le daba un aire un tanto mayor. Además, definitivamente el tipo tenía demasiado humo en el cerebro.
Empezó a caminar con lentitud a través de las desoladas y oscuras calles. Si mal no recordaba, una cuadra adelante se encontraba una tienda de videojuegos así que pararía un momento allí. No tenía mucha certeza de qué hora era, pero el orfanato se encontraba cerca, así que no tardaría demasiado en llegar.
Dobló la esquina de la cuadra y algo muy particular llamó su atención. Alguien de su misma estatura, vestido totalmente de negro, venía caminando hacía la dirección en la cual se encontraba la tienda. Pudo ver que unos cuantos mechones rubios sobresalían de la capucha sobre su cabeza y además de eso, iba farfullando cosas con molestia, dando grandes zancadas y masticando incesantemente una tableta de chocolate. Definitivamente era Mello, ese corte de niña era demasiado inconfundible al igual que su peculiar obsesión por el cacao muy característica. Lo vio adentrarse en la tienda y se extrañó un poco, pero decidió seguirlo, de igual manera iba para allá.
—Así que planeas regalarme un videojuego a pesar de no ser mi cumpleaños. Que considerado, Mells —le susurró una voz al oído de forma melosa mientras Mello permanecía de espaldas a tres pasos de la entrada de la tienda observando a todos lados para ver si su perro estaba ahí.
Grande fue el susto de Mello que casi da un grito de la impresión, pero se contuvo y se volteó fugazmente dándole una patada en la entrepierna al "acosador" que resulto ser nada más y nada menos que Matt. Claro, quién más me llama de esa manera tan empalagosa y tiene una voz de imbécil, se dijo a sí mismo mirándolo con fastidio.
Matt había caído de rodillas con una gran expresión de dolor reprimido en su rostro. Se había mordido los labios para no gritar. Se tumbó en el suelo revolcándose en él, dando pequeños quejidos que hacían denotar su malestar. Una pequeña lágrima escapó de sus ojos mientras sostenía la parte de su anatomía lastimada. El dolor lo carcomía, pero lentamente fue pasando.
—¡Eh, niña! Quita a tu acosador de la entrada que la obstruye para los demás clientes—espetó un adolescente que era el encargado.
—¡Párate de ahí tarado! ¡Das lastima! ¡Eso te pasa por tratar de sobrepasarte conmigo! —le gritó tomándolo por la capucha de su suéter y levantándolo bruscamente a medias, pero luego cayó en cuenta de algo… —¡¿Cómo rayos me llamaste, maldito freak ciego? —le gritó con la voz más gruesa que pudo salir de su garganta y tumbando de nuevo al pelirrojo al piso.
Mello se dio la vuelta totalmente rojo de la ira y apretando tanto sus dientes que parecía que chirriarían. Cerró sus puños y empezó a acercarse amenazadoramente al despachador que había osado llamarlo niña. El chico se encontraba totalmente ignorante y no notaba el aura asesina que rodeaba al rubio, que amenazaba con lanzársele encima de un momento a otro.
Matt se puso de pie rápidamente, aunque aún le doliera su entrepierna, ya que notaba lo que sucedería prontamente. Volteó a su derecha y milagrosamente ahí se encontraba el videojuego que había ido a comprar, lo tomó y fugazmente sacó dinero de su bolsillo. Todo pasó como en cámara lenta. Mello se abalanzó sobre el mostrador y agarró al sujeto por el cuello de la camisa para estamparlo contra el estante detrás de él mientras un montón de videojuegos se venían abajo, Matt agarró al rubio —que estaba perdiendo la cordura— por la cintura, abrazándolo desde atrás y le lanzó en el rostro el dinero al encargado que miraba a Mello totalmente asombrado y aterrado por la cara de psicótico que tenía en ese momento el adicto a los chocolates.
El gamer forcejeó un buen rato con Mello y logró quitárselo de encima al joven que le gritaba como un paranoico, ya que este se retorcía en los brazos del pelirrojo y como si de un felino se tratara, gruñía y quería arañar al dependiente.
—¡Me llevo este! —gritó Matt cansadamente mientras con un brazo rodeaba a Mello y con el otro agitaba la caja con el juego para su PSP. El encargado de la tienda suspiró con alivio mirando el dinero esparcido por el suelo y el mostrador.
Matt se llevó arrastras a Mello, no sin antes forcejar aún más, recibir un sinfín de arañazos por parte de este e ignorar al tipo que les decía que tenían que ordenar el desastre ocasionado. Una vez afuera, el pelirrojo aún abrazaba a Mello por la espalda y lo jalaba por la calle, a pesar que este ya lucia un poco más calmado. Matt había logrado entre tanto forcejeo guardar su tan preciado juego.
—¡Suéltame de una maldita vez! —gritó el rubio moviendo sus brazos para todas direcciones de forma fugaz.
—Promete que no me vas a volver a patear —le dijo Matt cautelosamente al oído debido a que aún lo abrazaba fuertemente.
—¡Argh! ¡Está bien! —espetó mordazmente después de sentir el aliento cálido de Matt recorrer su oído y parte de su cuello mientras se sonrojaba porque pensaba en lo bien que se sentía estar entre los brazos del chico.
Matt suspiró y lo soltó para adoptar una distancia prudente. Mello se volteó al rato cuando ya su rostro había tomado su color natural. Miró a Matt de una manera amenazante apretando sus puños y acercándose unos pasos a él. El chico retrocedió instintivamente.
—¡Mello! Y… ¿Q-Qué haces aquí? —preguntó nerviosamente rascándose su cabeza.
—¡¿Cómo que qué hago aquí, estúpido sarnoso? ¡Vine porque eres tan idiota que te fugaste justo cuando Roger va hacer inspección! —gritó el rubio exasperado arrugando la nariz en el acto.
—¡¿A que hora? —preguntó Matt alarmado empezando a caminar en dirección hacía el orfanato.
—A las diez.
—¿Qué hora es?
—Tantas cosas electrónicas que posees y ni siquiera tienes un estúpido reloj —dijo Mello irónico.
—Y tú tampoco, al parecer —gruñó de mala gana.
—Tengo un muy buen sentido del tiempo que transcurre y si no me equivoco, debe de faltar como una hora para que sean las diez ¡así que, mueve tu lento trasero! —soltó mientras se adelantaba rápidamente y tomaba la muñeca del otro para ir más rápido.
—Sabes… es adorable que te preocupes por mí…
—¡Deja de decir estupideces!
—Es obvio que si no lo hicieras, ¿para qué saldrías a buscarme quién sabe a donde? —le dijo con una sonrisita que Mello consideraría boba y estúpida.
—¡Lo hice porque Linda tenía razón al decirme que si Roger descubría que te habías ido, yo también pagaría las consecuencias de tu negligencia y falta de neuronas! —espetó el rubio secamente porque ni él mismo quería creerse la idea de que estaba preocupado por Matt.
—Así que ella me vio…
—Sí, sí, como sea… ¿Para qué rayos saliste? En lo que a mi respecta, sólo paseabas tu estupidez por la ciudad… ¡Y sígueme el paso, perro! —gritó soltándolo bruscamente mientras se adelantaba. Matt empezó a sacar de su bolsillo su cajetilla para después encender un cigarrillo. —¡Responde! —exigió volteándose y mirando al chico detrás de él que iba caminando calmadamente mientras fumaba. —¡Pero, ¿Qué haces? —gritó aproximándose a él para darle un manotazo y tumbarle el cigarrillo de la mano.
—¡¿Qué te pasa, Mello? —gritó con rabia mirando a donde el cigarrillo cayó en el suelo.
—¡Eso podría matarte!
—Es mi problema si muero joven o no —dijo el pelirrojo evadiéndolo y adelantándose un poco.
—¡¿Tu problema? Yo te pregunto a ti ¡¿Cuál es tu problema? ¿Fumas? ¿Desde cuando fumas? —preguntó Mello exaltado mientras lo tomaba de la manga y lo jalaba para que lo viera.
—¿Por qué te interesa? Y… ¿Desde cuando haces tantas preguntas inútiles? —preguntó tajante mientras se encargaba de sacar otro cigarrillo.
—¡Responde! —exigió evadiendo las preguntas del chico mientras lo veía encenderlo.
—Desde los diez —contestó con simpleza encogiéndose de hombros para después darle su primera bocanada. Mello abrió los ojos desmedidamente asombrado, pero decidió controlar la molestia que le ocasionaba el resiente descubrimiento que había hecho con respecto a Matt. Realmente no quería saber exactamente por qué detestaba que el chico fumara cuando le daba igual que otras personas lo hicieran.
—¿Saliste a comprarlos? No los había visto en estas tres semanas —dijo un poco menos exasperado, pero aún así algo molesto.
—Así es… Es mi vicio y no entiendo como osas desperdiciar un exquisito tubo de nicotina de este modo. Eres un demente. No sabes lo que me costó salir de ese orfanato —decía empezando a caminar de nuevo.
—Si Roger se enterara te expulsaría…
—¡Al diablo con Roger! —interrumpió haciendo un ademán con la mano.
—¿Qué te pasa? Vivirías en la calle —decía tratando de alcanzarlo.
—No permitiría que el tercero lo hiciera…
—Espera un segundo, no se suponía que eras todo cortés y lindo… —empezó a decir imitando la voz de un niño bueno.
—Lo soy, pero nadie podrá separarme de lo único que me tranquiliza un poco.
—¿Eso te tranquiliza? —dijo el rubio haciendo un gesto de asco mientras señalaba el tubo de nicotina. —Pero siempre eres muy tranquilo… En exceso diría yo. Tanto que llegas a ser exasperante.
—No lo entenderías… —susurró para sí mismo. —Son como mis chocolates personales —completó encogiéndose de hombros con una sonrisa mientras exhalaba humo por la boca y la nariz.
—¡No compares al chocolate con esa asquerosidad, Matt! Podría darte cáncer pulmonar —le espetó con molestia mientras trataba de espantar el humo con la mano debido a que una pequeña brisa se lo había lanzado en la cara.
—Y a ti un coma diabético —contraatacó con simpleza mientras el otro volteaba los ojos con irritación. —Como sea… Por si no presté mucha atención, creí escuchar que dijiste que yo era 'todo cortés y lindo' —canturreó con una sonrisita.
—Sí, eres un maldito niño bueno —dijo Mello entre dientes con fastidio.
—Pues, gracias.
—Pero, ¿Qué rayos pasa con-…? —empezó a decir para después callar en el acto. Había aceptado que Matt era 'lindo' y sabia perfectamente que el pelirrojo se había dado cuenta de ello y a eso se debía su sonrisita boba. ¿Sonrisita boba? ¿Por qué sonríe así? Cálmate Mello, él es un idiota y los idiotas tienden a sonreír de manera estúpida y boba, se dijo a sí mimo mientras se sonrojaba nuevamente. ¡Maldición! Mi cara está permanentemente roja desde que este pendejo llegó a mi vida.
—¿Crees que soy lindo, Mells? —preguntó en un susurro Matt acercándose al rostro del rubio y mirándolo con la cabeza ladeada con una tímida sonrisa.
Mello levantó la vista ya que se había quedado viendo a un punto inexacto de la acera lejana mientras pensaba. El pelirrojo posó su mano derecha bajo su barbilla mientras le sonreía sin ningún tipo de sarcasmo ni arrogancia, a diferencia de cómo lo haría él.
Cuando Mello se dio cuenta de la cercanía, instintivamente le dio un empujón al chico estampándolo duramente contra una ordinaria pared y lo apartó de él para después empezar a caminar dando grandes zancadas con la cabeza gacha, el ceño fruncido y el insistente rubor carmesí de sus mejillas. Matt se quedó un momento parado viéndolo alejarse, un tanto dolido por su acto a pesar de suponer que reaccionaria de ese modo. Se decía que era un estúpido por hacer eso. Debía controlar la forma en la cual se acercaba a él porque ya lo había hecho dos veces en la misma noche y había resultado golpeado por alguna extremidad del chico.
Mello era un chico, rudo, grosero y ordinario en el trato. Un tanto andrógino pero un chico heterosexual al fin y al cabo —o eso pensaba Matt a pesar de no verlo mostrar interés por ninguna chica en particular—, que podía dejarlo en el hospital antes de que él pudiera articular una palabra. Debía medir sus acercamientos y respetar su espacio personal. Mello no tenía la culpa de que Matt se sintiera algo atraído y confiado con él. Debía evitar incomodarlo porque no quería que lo odiara más de lo que ya lo hacía, o eso creía.
El rubio se giró y vio al otro que lucia abstraído, aún parado a unos cinco metros de él. Mello suspiró y se regresó para tomarlo bruscamente de la mano mientras entrelazaba sus dedos de manera innecesaria con los del otro.
—Anda, vámonos. No te quedes —dijo sin rudeza mientras lo jalaba por la calle sin mirarlo. Ciertamente creyó reaccionar de manera precipitada como siempre lo hacía. No tenía necesidad de empujarlo de esa forma sin ninguna razón congruente, así que lo remedió de ese modo. Por lo menos, esa era la manera en la cual él creía remediarlo, mostrarle que no le incomodaba su tacto.
Matt sonrió un poco y se dejó guiar apretando su mano. Recorrieron unas calles más aún tomados de la mano y llegaron hasta la entrada del orfanato. Mello soltó al gamer y se cruzó de brazos, gesto que le recordó al otro a un niño caprichoso y apenado. Como pudieron escalaron hábilmente la reja y cayeron al otro lado sin ningún problema.
—¿Qué hora crees que sea?
—Ni idea, pero debe faltar poco para las diez… Mejor nos apuramos —contestó Mello en el mismo tono bajo que usaba el pelirrojo mientras lo guiaba a través de la oscuridad de la noche. Podían ver las ventanas del orfanato que daban luz al exterior, pero aún estaba un tanto lejos como para que los iluminara.
—¡¿Escuchaste eso? —preguntó de pronto la voz alarmada de Matt en un murmullo.
—¿Qué? —preguntó más concentrado en su camino que en otra cosa.
—¡Eso! ¡Hay algo ahí! —exclamó guindándose inconscientemente de uno de los brazos del rubio y señalando a lo lejos.
—¡Matt, suéltame…! —el reclamo del chico se vio interrumpido porque, ciertamente en un arbusto que se encontraba como a unos diez metros de ellos, había algo.
El rubio enfocó su vista y sus oídos en ese punto. En definitiva podían escuchar como algo se movía entre sus hojas. No había mucho viento en ese momento como para afirmar que era eso. El silencio se hizo más pesado desde que ninguno había hablado, tan sólo escuchando el murmullo de las hojas y algo que parecía una especie de… ¿gruñidos?
—¡A la mier-…! —empezó a exclamar el pelirrojo al ver como de entre los arbustos salía un enorme perro negro de raza pitbull que enseñaba sus dientes con rabia y los miraba amenazadoramente con intensiones de atacarlos.
Mello tomó al pelirrojo por la muñeca y empezaron a correr lo mas rápido que las piernas les permitían al ver como salían de las sombras otro dos perros iguales de color pardo oscuro con pinta de estar endemoniados.
—¡¿Por qué ese maldito vejete pondría perros para que vigilaran Wammy? —espetó Mello con cólera y algo de miedo, el cual dejaba salir como ira.
—¡Se acercan! —gritó Matt que trataba de seguirle el paso al otro, pero ciertamente Mello lo jalaba mucho más de lo que sus aptitudes para la carrera le permitían igualarlo.
Los chicos habían empezado a correr por el camino de piedra que daba hasta la entrada del orfanato, pero para acortar distancia entraron en otro tramo de jardín en el cual tenían que empezar a esquivar y saltar los arbustos que se les atravesaban, lo cual les dificultaba la carrera y los perros ya estaban demasiado cerca como para que llegaran antes a la entrada. El escándalo que estaban armando con sus ladridos era demasiado, así que obviamente los descubrirían, pensaba Mello mientras seguía sacando a relucir en sus pensamientos a la madre de Roger que de seguro estaba ya debajo de la tierra, pero la cual no se salvaba de sus insultos.
—¡Maldición! ¡Mi nuevo PSP! —gritó Matt ya que el aparatito se había resbalado de su bolsillo entre tanto jaleo.
Mello lo jaló aun más, pero luego sintió como el pelirrojo lo arrastraba hacía atrás deteniendo un poco su carrera. Matt gritó y el rubio se volteó asustado para notar que uno de los perros lo mordía en el tobillo derecho y lo tumbaba al suelo desasiendo el agarre que tenía sobre su muñeca.
—¡Mello! ¡Ayúdame! —gritó ya que el chico se había quedado un tanto paralizado y Matt trataba de soltarse inútilmente emitiendo quejidos de dolor.
El rubio notó como el jean de Matt empezaba a teñirse ligeramente de rojo alrededor de los dientes del endemoniado perro que osaba a ponerle las patas encima a su negligente e inútil pelirrojo. Se agachó, rápidamente tomó una piedra y se la arrojó al canino dándole justo en la frente, lo que hizo que soltara al chico. Los otros se acercaban a ellos y tomó lo primero que vio y se los lanzó, que era el PSP de Matt, para luego arrojarles también unas cuantas de sus barras de chocolate fugazmente, queriendo distraerlos lo suficiente como para lograr que el otro se incorporara.
Mello tomó rápidamente a Matt y lo levantó. El pelirrojo se apoyó en él pasando su brazo por sus hombros y cuando se disponían a seguir andando después de que Mello le había pasado un brazo por la cintura para ayudarlo a caminar más rápido, escucharon como alguien silbaba y llamaba a los salvajes animales, los cuales les dirigieron unos últimos gruñidos y se fueron corriendo a la dirección en la cual provenía el sonido.
Los chicos suspiraron un poco más calmados al verlos alejarse y Mello se dio la vuelta rápidamente al notar como la luz de una linterna iluminaba los alrededores. Empezaron a andar rápidamente hacía el lado izquierdo del orfanato alejándose de la entrada. Matt no quiso preguntar hacía donde se dirigían porque de seguro el rubio sabía perfectamente a donde iban; como tampoco quiso comentar acerca del ligero temblor de la mano que lo sostenía por la cintura. Trataban de hacer el menor ruido posible ocultándose algunas veces entre algunos arbustos convenientemente debido a que, el que Matt reconoció como Roger, se acercaba un poco al lugar donde estaban ellos. Extrañamente ya no iba con los perros, pero sí con dos vigilantes. Quizás suponían que se trataban de alumnos y para evitar lo que ya le había sucedido al tobillo de Matt, decidieron llevárselos.
Le habían dado la vuelta al orfanato con el mayor cuidado para no pisar algo que hiciera demasiado ruido como para que los encontraran. En ese parte había una puerta vieja de madera por la cual entraron y cerraron, después de abrirla con un delgado alambre que Mello tenía en su bolsillo. Por la luz que entraba por la ventana, notaron que estaban en el depósito de comida de Wammy.
—Vamos, aquella puerta del otro extremo da hasta la cocina. Luego pasaremos por el comedor y subiremos a nuestra habitación. Si tenemos suerte nadie nos verá y de seguro Roger aún está muy ocupado buscando al "intruso" —susurró Mello con la voz algo tensa mientras iban al otro lado de la habitación. El gamer asintió sin emitir ningún sonido, pero el rubio se percató de cómo hacía una mueca. —¿Te duele mucho?
—No es la gran cosa… —susurró Matt con una pequeña sonrisa y Mello al verlo sólo pudo acercarlo más a su cuerpo afianzando el agarre en su cintura para después abrir la puerta delante de ellos. El pelirrojo notó como su mano ya no temblaba y, él lucia más seguro y tranquilo.
Entraron a la cocina y después de llevarse unos dos paquetes de papitas, salieron y entraron al comedor que estaba a oscuras. Caminaron sigilosamente a través de el y al llegar a las escaleras, Mello tuvo que ayudar a Matt haciendo más fuerza para que no apoyara tanto su tobillo, el cual estaba sangrando mucho, impregnando aun más su pantalón rasgado. Eran jóvenes y llenos de energía —quizás el gamer no tanto por aplastar todo el día su trasero frente a una pantalla y fumar— así que no les importaba que sus habitación se encontraran en el cuarto piso, pero en ocasiones como estas —o cuando Mello iba a llegar tarde a clases— es cuando deseaba que su habitación estuviera en la planta baja.
Llegaron a la habitación después de las trabajosas escaleras y parecía que aún no había comenzado la inspección debido a que las luces del pasillo estaban apagadas. Entraron y vieron que ya eran las diez con veinte.
Mello sentó cuidadosamente a Matt en su cama y empezó a buscar rápidamente algo entre sus cosas.
—¿Q-Qué estás haciendo? —preguntó el pelirrojo un tanto azarado mientras ponía su pierna sobre la cama para ver su herida.
—Quítate el pantalón —fue lo único que le dijo Mello en tono autoritario mientras Matt agrandaba sus ojos. —¡Está lleno de sangre! —explicó viendo el rostro del otro.
Matt asintió. Como pudo se quitó los zapatos, las medias —una de ellas casi completamente roja— y el pantalón, mientras que Mello sacaba de una gaveta un pequeño botiquín de primeros auxilios. El pelirrojo lo miró interrogante pero no dijo nada mientras el rubio se acercaba y se ponía a analizar la herida de su tobillo.
—Es para cuando no quiero que Roger note alguna herida. No voy a la enfermería —explicó al notar la mirada sobre él. No tenía por qué darle explicaciones pero simplemente lo hizo.
—Te metes en una cantidad excesiva de problemas —era una afirmación, no una pregunta.
—Así es —aceptó sin mucho ánimo.
La herida en el tobillo del gamer no era peor debido al pantalón, la calceta y a que los perros, a pesar de lucir tan amenazantes, no parecieron querer hacerle verdadero daño. Si se veía un tanto mal pero no sangraba tanto ya que prácticamente todo había quedado en el jean, así que las cobijas de la cama no se mancharon. Mello tomó un algodón y lo mojó con un poco de agua oxigenada para limpiarla un poco. Luego tomó otro y lo empapó de alcohol.
—Va a arderte un poco —fue la simple advertencia del chico y Matt asintió para después sentir el fuerte escozor en su tobillo. La piel estaba un tanto desgarrada, pero en unos días cicatrizaría y asunto resuelto. Era obvio que no iba a poder caminar muy bien debido a la molestia, pero ya se inventarían algo. Después, Mello vendó su tobillo y cuando terminó se puso de pie y guardó sus cosas. —Ponte tu pijama que Roger debe estar por venir —dijo señalando la parte de debajo de la puerta, por la cual se colaba un poco de la luz del pasillo. Mello iba a entrar al cuarto de baño cuando escuchó:
—Después que te bañes yo también lo haré. Quién sabe en cuanto tiempo podremos bañarnos con total privacidad —comentó el pelirrojo y Mello se volteó para mirarlo con el ceño fruncido para después comprender a que se refería, darse la vuelta con un rápido movimiento y cerrar de un portazo la puerta del baño.
¡Mierda! ¡Matt tiene razón! Si la cadena de las esposas es demasiado corta… ¿Qué vamos a hacer para bañarnos? Y… si es un poco larga podemos estar detrás de las cortinas, pero… ¡Maldición! La tentación de querer verlo seria demasiada… L, no puedo odiarte pero… ¡¿Qué rayos pasa por tu cabeza?, pensaba muy exaltado el rubio apoyado contra una pared del baño.
Ciertamente cuando estaba afuera había evitado verlo demasiado a pesar que él mismo le había dicho que se quitara el pantalón permitiéndole ver lo formadas que estaban sus piernas de adolescente ya que sólo traía unos pequeños bóxers verde oscuro. Esto va a ser un infierno para mis hormonas… ¿Por qué tenía que ser Matt?
...
A la mañana siguiente, Mello no había pegado los ojos más de tres horas en toda la noche debido a que no paraba de pensar en las incomodas situaciones que se les presentarían. Incomodas para mí, no para Matt. Para él sólo soy un chico más y ya está. No tiene ni idea de las cosas inapropiadas que he estado pensando con respecto a él en toda la noche, pensaba perplejo ante sus propios pensamientos.
La noche anterior Roger había llegado justo después que él se bañara y Matt se había hecho el dormido mientras el anciano regañaba a Mello por su desorden y le recordaba que a primeras horas de la mañana Watari los encadenaría. El viejo lo miraba a él y al manojo de sábanas que era Matt con un poco de desconfianza, pero el rubio seguro de sí mismo pensaba que era imposible que hubieran descubierto que ellos dos habían salido.
Ciertamente Mello se fugaba, pero nunca había llegado más allá de las diez como para notar que Wammy era custodiada por perros… Su hilo de pensamientos se vio interrumpido por unos firmes y corteses golpeteos en la puerta. Suspiró y con resignación se puso de pie para abrirla. Era Watari, el cual comenzó a hablar animadamente con él.
Matt se despertó al rato por un murmullo de voces. Generalmente dormía con audífonos, pero esa noche había olvidado ponérselos. Saludó al hombre educadamente y luego se encaminó a bañarse debido a que eran las ocho y las clases comenzaban dentro de dos horas porque hoy sólo tenían dos en el horario. El chico trataba de caminar bien pero no lo lograba y cuando Watari le preguntó que le sucedía sólo respondió que había dormido con el pie en una posición rara y le dolía.
Después de bañarse, el viejo les avisó que era la hora y salió momentáneamente de la habitación para buscar las esposas que los mantendrían encadenados. Mello estaba muy nervioso pero su expresión era imperturbable y Matt pasaba sus manos por su cabello nerviosamente mientras sus goggles reposaban guindando en su cuello. El rubio se había bañado hace un rato y agradeció que Matt también lo hubiera hecho antes de encadenarlos, quería atrasar ese momento lo más que se pudiera.
Al rato regresó, y para el alivio de Mello, la cadena era de un metro aproximadamente. Esposó a Matt en la mano izquierda y a Mello en la derecha. Después despidió de ambos chicos prometiéndoles que les darían sus saludos a L.
Ambos se quedaron estáticos y tensos mirando a la nada después de que Watari los había dejado ahí. No tuvieron mucho tiempo para meditar la situación porque Roger entró y los saludó con esa mirada escrutadora que tanto molestaba al rubio.
—¿Listos para su castigo? —preguntó después de saludarlos.
—¡¿Qué castigo? —espetaron los dos al unísono mientras los nervios de verse atrapados los invadían, pero Roger después señaló las esposas mientras los miraba aun más desconfiado.
—Será una completa mierda estar encadenado a este inútil, pero que más da —dijo desganadamente Mello mientras se acercaba a sus cosas y como consecuencia se llevaba a Matt arrastras el cual saltaba en un pie.
—¡Ten más cuidado! ¡Me duele el pie!
—¡Cállate!
Roger movió la cabeza en señal de desaprobación y los dejó solos pensando en que esa era una completa locura. Él ya era demasiado viejo como para estar aguantándose esas cosas.
...
¡Fin del capítulo tres! \o/ No me regañen que sé que la trama va lenta, pero simplemente es algo que no puedo evitar debido a mi forma de escribir x.x (que espero que les esté gustando, por cierto *-*).
So… Espero que les haya gustado, si es así déjenme un review y eviten que un tierno animalito resulte herido(?) Ok no, es broma xD Si quieren hacerlo perfecto \o/ Denme su opinión y apiádense de esta pobre escritora T.T
Suficiente, que melodrama xD
Respuestas a sus adorables reviews abajo. Me despido:
Atte.: Yulieth Jeevas :3
PS.: Ningún canino resultó lastimado en la realización de este capítulo(?) Whatever xD Bye!
Scar Lawliet: ¡Mandame una mermelada!(?) Ese es mi adorable saludo xD Ok, ahora sí, HOLA! Me alegra mucho que el cap anterior te haya gustado *-* y tu panda ojeroso es lo máximo \o/ xD Cuando la relación de Matt y Mello se vea mas afianzada se sabrá con exactitud lo de los goggles de Matt, pero que bien que ya tengas una idea de lo que ocurre ;) Espero que este cap te haya gustado y me dejes un review *ojitos de Matty* ¡Cuídate mucho y nos leemos luego!
Ayiw-KuN-88: Hola querida, persona :D Justo ahora entiendo muy bien por lo que estas pasando con la universidad T.T Quién me manda a mí a escoger una de las carreras a las cuales debo dedicar más tiempo x.x Bueno, pero me gusta y eso es lo importante \o/ Yo también me pregunto ¿Por qué diablos no existen hombres como Matty? ¡Por Kira, es simplemente perfecto! *-* Tengo otra cosa en común contigo y es que también tiendo a gruñirle al mundo, pero eso no viene al caso xD Me alegro que el cap anterior te haya gustado y espero que consigas algo de tiempito para leer este y dejarme un pequeño review :D Oh, yo también te deseo toda la suerte del mundo y quiero que sepas que me has caído bien ;) ¡Cuídate mucho, besos y nos leemos luego! :3
ellie77: ¡Hola! Muchas gracias por el comentario y me alegro que te guste. Espero que la continuación no te haya hecho esperar y que sigas pensando que va bien encaminado el fic. Cuídate mucho y nos leemos luego :)
Kuree06: Muchas gracias por el review y ya ves que aquí está la continuación :D Espero que te siga gustando y me dejes más reviews dándome tu opinión. Cuídate :)
Crayolas En Mi Nariz: ¡Hola, sweetheart! Espero no haberte hecho esperar tanto por una continuación x.x Como sea, gracias por el review *-* Yo también desearía con toda mi alma estar encadenada a ellos *pensamientos indecorosos llegan a mi mente* xD ¿Qué se le hace? Son tan sexys porque no existen. Ironías de la vida T.T Te confieso que al final del cap anterior quería poner un ligero Light x L pero lo dejé así seriecito para las personas a las cuales no les agrade la pareja. Pero ¡es verdad! L quiere experimentar con Matty y Mello para ver si puede seducir a Light(?) :O Que bueno que te haya gustado el cap anterior y espero que opines lo mismo de este y me dejes un review *-* Cuídate mucho, nos leemos luego :D
EmiFer: ¡Hola, querida! Me alegra muchooooooooo que la idea de aplicar el encadenamiento a Matt y Mello te parezca original *-* Muchas gracias por el review y espero que este cap haya colmado tus expectativas u.u Sé que querías ver algo mas interesante pero mis tramas se desenvuelven muy lentamente x.x De igual modo ya están encadenados y el próximo se pone interesante según lo que tengo pensado ;) Cuídate y nos leemos luego :D
d4rk-st3phy: Gracias por el review *-* Me alegran la vida xD y si te gusta que ellos peleen, de eso habrá de sobra en el fic, así como también el romance entre mis queridos niños prodigio *-* Espero que te guste este y me dejes un review si es así. Nos leemos luego, cuídate :)
mihael jeevasxxx: ¡Hola! ¡Muchas gracias por el review! :D Yo también AMARIA que me encadenaran a cualquiera de ellos *-* y también creo que los violaría en el primer día xD Espero que este cap te haya gustado y no hayas esperado tanto por el x.x Cuídate mucho y nos leemos luego \o/
Jaswhit N Perlock INC: Ahhh Espero que no hayas esperado tanto por la continuación x.x Para todas tus dudas habrá una respuesta prontamente en el fic ;) ¡Muchas gracias por tu review! \o/ Y shiiii Mello es tan lindo siendo Mello *-* xD Espero que este te guste y me dejes tu opinión. Nos leemos luego, cuídate :D
Aliz Louis: Queridita mía, te presioné para que dejaras un review en mi fic(?) xD Pero que bueno que te haya gustado *-* Además tú me exiges continuaciones y no quiero decepcionar a mis lectores x.x Como ya debiste de suponer, lo de arriba es por ti \o/ Debemos ver Death Note juntas ya que es tan endemoniadamente enviciable xD Que bien que te hayas enamorado de esta pareja y de sus personalidades tan disparejas *-* Es uno de mis OTP's :D Yo también te deseo mucho existo *-* .l. xD xoxo
