Note. este se lo dedico a Ethereal, porque creo que así me querrá más. (soy una perra egoísta)
Danger. Karin/Kiba. Más sexy de lo que hubiera podido imaginar
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Chapter three. They kill my will.
.Finally, we´d arrived to Melodic Melodrama.
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Lo segundo que se le pasa por la cabeza después de tanto tiempo hundida en la inopia más absoula, es que sus pies desentonan con el suelo. Se concentra hasta límites insospechados y se conciencia de que, definitiva y absolutamente, ese suelo debe ser la peor monstruosidad que ha creado el hombre. Karin también puede vislumbrar sus rodillas afiladas y blancas saliéndosele de la piel con timidez precaria, cómo si al estar saludándola desde tan abajo, todos fueran a pensar que eran sumamente idiotas (¿estáis tratando de difamarme, estúpidas? Karin deja de hablar con sus rodillas por que recuerda que su psicóloga dijo que eso no era normal, pero…¡Mierda! Es decir, la estaban mirando sumamente mal, no era su imaginación que aquellos apéndices escurridizos la estaban tomando por idiota absoluta)
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-Karin –le resuena lejano y demasiado brillante cómo para percibirlo entre tanta neblina producto de sus interesantes conversaciones internas. Por eso decide que ignorarlo será más fácil. Karin sigue subiendo la mirada hasta que da de lleno con su ombligo. No le pone pegas, es redondo, plano y definitivamente más bonito que el de Ino y el de Kin, la perra del grupo de por las tardes, que la mira por encima del hombro de sus chaquetas de cuero de marca no se qué, sus pantalones de no se cuál y sus zapatos de plataforma tan bonitos que si los miras más de dos segundos te harán llorar de frustación.
(La envidia es el palacio en el que vivo, la libertad es el aire que respiro).
Karin sonríe y se tranquiliza. Las palabras la llenan durante medio segundo. Hasta que Kiba decide que está cansado de verla ahí parada, en medio de su cocina, con la camisa negra abierta y las bragas negras, de encaje (los ojos de Kiba chispean) y una expresión de lo más siniestra.
-Karin –ella se sube las gafas con el dedo sobre el puente de la nariz, y le dedida una mueca que él interpreta cómo una sonrisa-,si sigues mirándo así de fijo el linoléo del suelo te vas a quedar bizca.
Le tiende una taza de té, bien frío, ella lo remueve y, con muslos trémulos, se sienta sobre la barra de granito verde de la cocina y agita sus piececitos de hada sobre el vacío con rapidez.
Su boca está llena de estrellas cuando habla.
-Yo no tengo la culpa de que este suelo sea horroroso –lo señala con el dedo mientras rumia algo más en voz baja. La camisa se abre y Kiba se percata de que no hay nada más que moratones y marcas de mordiscos por todas partes.
Todas.
Karin sigue su vista y decide que aquello no puede ser ignorado.
-¿Sabes? –se cierra la camisa, pero se cubre los pechos sobre la seda negra mientras se acaricia con cuidado-. Pensé que me estaba acostando con una especie de lobo antes.
Karin suena casual mientras pierde la cuenta y hace redondeles con las manos en el pecho. Kiba piensa que ella es mala. Muy mala.
(saliva)
-Siento si te hice daño –da un sorbo de té y se levanta, avanza hasta la posición de Karin, quedando él medio palmo sobre ella, que piensa que debería haberle venido la regla más tarde para ser más alta y tener más tetas…pero sobre todo para ser más alta. Kiba la mira dentro de los ojos con fuego líquido en las pupilas.
-Ya te he dicho que eso no me molesta –responde ella sin dejar de acariciarse cada vez más rápido. Se escucha y chasquido, es su cerebro recordando cosas importantes-. ¡Oh! Y el suelo es una macabra broma, mis pies son demasiado bonitos para pisarlo.
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-Aún y así deberías haberme dicho que… -se corta porque ella le besa despacio sobre los labios, raspándole con los dientes blancos como esquirlas de ...
Esto último se le escapa.
Karin le agarra del pelo con fuerza y le hace echar la cabeza hacia atrás, mirándole por encima de los hombros se siente poderosa, y por un momento, deja de pensar en sus rodilla y le mira más de cerca.
-No me hagas repetirlo –Karin se inclina hacia adelante y deja que el pelo rojo como la sangre le acaricie el cuello, sus dientes muerden los huesos de la clavícula con ahínco cuando vuelve a escuchar el gañido en su garganta.
Kiba piensa que Karin es…(malamalamalamalamala) y deja de pensar cuando ella le mete la mano dentro de los calzoncillos.
-Kiba –su nombre le suena pesado, caliente y húmedo, cuando su lengua le acaricia el esternón.
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Y claro, follan como dos poseídos hasta que no queda un lugar en la casa que no ha visto mordiscos, lametones y arañazos. La casa de los Inuzuka está hecha para dar cobijo a animales, desde siempre eso ha sido un hecho y, ya que la casa da cabida a criaturas de semejante calibre…¿por qué no aprovechar la situación?
La primera vez que llegan a la habitación de Kiba y se tumban en la cama, la cocina ha visto cientos de cosas que nadie jamás debería presenciar, hay un charco de té enorme en el suelo, y la mesa de madera está casi desvencijada (se han portado muy, muy mal).
Karin tiene sexo con las gafas puestas. Está completamente desnuda, sus piernas están abiertas sobre los hombros de él y no deja de pensar en que: "quiero ver cómo haces rimas con esto". Las palabras se le traban cuando le lengua la acaricia hasta hacerla daño.
Bom,bom,bom.
La sangre le bombea en los oídos y le hormiguea por el cuerpo. Hacen rimas cada vez que se mueven. Ella arriba, luego abajo, luego en la ducha (y el frasco del champú la deja una marca en el tobillo). El jardín es lo último, y cuando respiran el aire puro de la noche, la hierba se convierte en la mejor cama del mundo.
-Karin, Karin, Karin –cuenta tres veces antes de correrse mientras ella lo aprieta y sonríe con ternura, y sus gafas se le escurren por la nariz.
-Bonita rima –lo dice de forma entrecortada, luego desfallece entre sacudidas llenas de ondulaciones.
-No menos que tú mañana y ayer, pero nunca más que dentro de dos días –Kiba lo dice con despreocupación mientras se tiende en la hierba y la abraza con cuidado.
-Tenemos un problema con la libido –la voz de Karin suena seria cuando se tumba sobre él-, de la mía, digo.
Se quita las gafas.
-¿En serio? –no suena realmente cómo una pregunta, pero no puede resistirse.
-Quiero escucharte cantar, Kiba –sonríe.
-¿Y eso?
-No me hacen falta los ojos para sentir lo que es necesario –otra sonrisa.
Y él no puede hacer otra cosa más que complacer sus palabras.
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Chapter finale, the end.
