Confusión

Salieron de la escuela sin mirarse. Rukia caminaba detrás de Ichigo en silencio mientras observaba unos nubarrones grises juntarse en el cielo. Ichigo suspiró enojado.

- ¡Maldición Rukia! – gritó con fuerza sin dejar de caminar.

- ¡¿Qué hice ahora?! – ella gritó también. Ambos seguían caminando una detrás del otro.

- ¡Eres una maldita enana! ¡¿Qué pretendías con tu mensaje?!

- ¡Nada! ¡Idiota!

- ¡¿Y por qué me insultas ahora?!

- ¡POR QUE ERES UN MALDITO IMBECIL!

Silencio. Ambos se quedaron en silencio después del último grito desaforado de Rukia.

Ichigo dobló en un lugar que no era habitual, Rukia lo siguió extrañada… ¿dónde estaba yendo?

- ¿Por qué me sigues? – preguntó disgustado.

- Porque se me da la real gana

- Vete a casa, tengo cosas que hacer

- ¿Qué cosas?

- No te importa

- Vete al infierno – Rukia se detuvo y volteó para retomar su camino habitual a casa… ¿dónde iría ahora el descerebrado? ¿Acaso estaba así porque tenía otra chica y no quería decírselo por miedo a lastimarla?

Se detuvo un momento en seco. Giró y él ya no estaba. Un momento… ¿qué le importaba a ella dónde iba él? Refunfuñó y, cruzada de brazos, siguió su solitario camino a casa.

Al llegar, Yuzu la recibió con una gran sonrisa y un té. Karin miraba un partido de fútbol en la televisión, y apenas si le dijo "hola". Isshin estaba aún en la clínica, e Ichigo… ¿Ichigo? ¡A quién le importa dónde estaba Ichigo!

- Rukia-chan, ¿viste a Ichi-nii? – la pregunta fatídica la hizo Yuzu mientras picaba zanahorias. Menos mal que estaba de espaldas, porque no pudo ver cuando Rukia le dedicó una mirada mortal.



- No – en realidad lo había visto, pero no sabía dónde había ido, así que prefirió no entrar en detalle.

- Oh… necesitaba que fuera al mercado por unas cosas…

- Dime, iré yo – Rukia se levantó del cómodo sillón y se acercó a Yuzu. La niña la miró con una sonrisa.

- Gracias… - le dio una listita con lo que debería comprar y algo de dinero.

Salió de la casa con cara de pocos amigos… ¡cómo odiaba no saber dónde estaba Ichigo! Gruñó y apretó el monedero de Chappy que tenía en su mano…

Llegó al mercado y se sorprendió cuando lo vio parado en la puerta charlando animadamente con ¿Keigo? ¿Estaba con Keigo Asano? No… ¿Tanto problema se había hecho ella y él estaba con el descerebrado número dos? Maldijo nuevamente y peor aún, cuando se dio cuenta de que los dos entraban en el lugar… perfecto, ahora debería buscar otro sitio donde comprar porque no tenía ni la más remota paciencia para encontrarse con esos dos…

Algo la hizo detenerse cuando estaba volteando en la esquina, ya con las compras hechas… ¡No! ¡No podía ser! ¿O sí? Ichigo venía caminando detrás de ella… Al parecer no se había dado cuenta. Se arrinconó contra la pared y su corazón comenzó a latir con fuerza… ¿por qué? ¿No era él el que se comportaba como tarado? Cerró sus ojos hasta que escuchó la voz gruñona del chico.

- ¿Rukia? ¿Qué demonios haces aquí?

- ¿Qué crees? – le dijo de mala gana levantando las bolsas. Ichigo las agarró y rozó su mano en el movimiento. Rukia se sonrojó y recordó, sin darse cuenta, cómo él la había agarrado por la cintura la noche anterior.

Espera un segundo…

¡La había agarrado por la cintura y ella no lo había registrado hasta ese momento! ¡No! Otra vez los colores atacaban sus mejillas… ¡Gracias al cielo que unas gotas comenzaron a caer!

Pero esas gotas se transformaron en gotones…

Llovía a cántaros.

- Será mejor que nos apresuremos – dijo Ichigo escuetamente… ¿Y ahora qué le pasaba?

- ¿Qué te sucede? – insistió.

- Nada que te



- ¡Basta con eso! ¡Sí que me importa! – la lluvia ya los había empapado por completo. Ichigo se puso frente a ella, cara a cara, como la noche anterior. Rukia levantó su vista, que lejos de verse con lágrimas, demostraba su enojo.

- ¿Por qué te importa? – Ichigo se veía más que extraño… ¿a qué venía esa rara pregunta?

- Eh… por… ¡por qué me cabrea que siempre me evadas!

- ¿Evadirte? Sólo necesito un tiempo para estar solo… Rukia, siempre estamos juntos y tú sabes más de mí que yo mismo… ¿y qué hay de ti? ¿Qué se yo de ti? – Rukia abrió sus ojos – Tú… tú tienes una larga vida del otro lado, Rukia… yo soy un simple "ryoka" – dijo con desprecio – y ya no hay nada más que decir, ¿no? – Ichigo estaba realmente enojado… ¿y ahora qué bicho endemoniado le había picado? ¿A qué venía esta escenita?

- ¡Ichigo! – le gritó - ¿qué demonios te sucede? – lo tomó por los hombros, Ichigo la miró con sorpresa.

- ¿Ahora te rebajas a tocar a un ryoka? – le dijo con bronca, quitándole las manos con brusquedad y dándose la vuelta para comenzar a caminar.

- Ichigo… ¡Ichigo! ¡¿Qué te sucede?! – Ichigo seguía caminando bajo la lluvia con pasos ligeros. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué había dicho eso? Miró al cielo y una gota entró en su ojo izquierdo – Maldición – susurró y siguió a Ichigo con rapidez.

Cuando lo alcanzó, tocó su espalda. Ichigo se paró y la miró con detenimiento. Rukia abrió los ojos sorprendida.

- Ic… - no continuó. Sólo se detuvo en la mirada de Ichigo.

- Rukia… ¿qué estás haciendo aún aquí?

- ¿Qué pregunta es esa?

- ¡¿Por qué te quedaste aquí?! – gritó. Rukia no lograba comprender el conjunto de preguntas que el chico le vino haciendo durante esos dos días… "¿Por qué llorabas?", "¿Por qué me tomas la mano?", "¿Por qué te importa?", ¿Por qué te quedaste?"…

- ¿Por… qué? – bajó su mirada… ¿por qué se quedó? Que pregunta más difícil de responder…