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Parte 3:

Las confesiones, el beso y la huida

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Pasaron varias semanas para que el tema de la desaparición de Hiccup quedara en el olvido, pero no para el resto de la pandilla.

Un amigo nunca se olvida.

Hasta que de repente se difundió la noticia de su muerte.

La versión fue que se había accidentado en un ferri en Noruega, lo que dio oportunidad de leer el testamento.

Donde sus amigos y Gobber fueron los beneficiados.

Con eso, el caso quedó cerrado.

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Después de varios intentos logramos comunicarnos con él a través de Astrid. Como ella había predicho, estaba en el mundo de ella, nosotros le llamamos "El mundo oculto" porque en definitiva no teníamos idea de lo que había allí.

Obviamente Astrid logró decirle dónde esconderse y que le diera información de cómo podían derrotar a ese depredador al que el resto de los dragones empezaron a llamarlo "Drago".

Se sabía que se comía a los a los miembros de aquel mundo en forma de humano o dragón, y también a los animales e incluso que había asesinado a algunos habitantes de Berk, pues había muchos desaparecidos en el pueblo y supusimos que era por eso.

Él seguía la sangre, ahora todo coincidía porque Tuff se había raspado la rodilla antes de desaparecer.

Con esas pistas comenzamos a buscar los portales que podían abrirse, o al menos los puntos más débiles.

Los siguientes meses fueron una aventura diaria para nosotros, o al menos para mí.

Me resistí, pero fue inútil. Me había enamorado de un dragón, y de una mujer. De una dragona.

Ni en mis sueños más locos habría imaginado esa posibilidad y vaya que mi creatividad infantil sobrevoló demasiado, pero nunca se percató de tal posibilidad.

Astrid por el contrario experimentó un mundo que tampoco conocía. La amistad con Ruff y Heather la animó mucho, pero por las noches se sumergía en un trance, tratando de comunicarse con los de su especie.

Una noche de tormenta la electricidad se fue en el pueblo.

Lo cual impidió que encendieran los abanicos y la televisión, por lo que usamos una vieja técnica de juegos que Snotlout inventó una tarde cuando éramos niños.

-…entonces ¿qué prefieres? ¿enfermarte del azote de Odín o… quedarte ciega? –pregunté hipotéticamente.

Ella lo pensó un poco mientras el malvavisco se derretía en el tenedor pegado a la vela que pusimos en la mesa.

-mmm, esa está difícil, pero creo que prefiero enfermarme del azote de Odín.

-Pero es incurable.

Ella sonrió coqueta, o tal vez no sabía lo que implicaba ser coqueta, pero era natural. –En ese caso supongo que tendrías que hallar la cura para mí.

-Claro que sí. –me salió del alma esa respuesta, haciéndola ruborizar. –Aunque, si quedaras ciega creo que serías igual de ruda y temeraria.

-Sin ver no podría volar, dejaría de ser la protectora de mi mundo.

-No, pero podrías sentir. Verías con el corazón. Y si el corazón es ciego, ¿quién necesita mirar?

Mucho tiempo después hablaríamos de esa noche, y la recordarías con ternura porque fue en medio de esas preguntas hipotéticas que ambos confirmamos nuestro amor.

Desvió la mirada de nueva cuenta, ahora era su turno.

-¿Y tú? ¿qué prefieres? ¿Perder… una pierna o perder un amigo?

Su pregunta me desestabilizó mucho la verdad.

-No se vale decir que perder un amigo si el amigo es Snotlout, él es tu primo.

Me impacta que atine mis posibles respuestas.

Reí un poco pero confesé. –Perder una pierna.

-¿De veras?

-Claro, si pierdo una pierna puedo apoyarme en mi amigo.

Al parecer quedó satisfecha.

-Me toca, dime… ¿perder un hijo, o perder al amor de tu vida?

Ni supe porqué hice esa pregunta, pero ella respondió como quiera.

-Es difícil, ambas opciones serían difíciles. Por una parte, si perdiera un hijo creo que me quebraría, pero probablemente tendría más hijos. Pero si pierdo al amor de mi vida mi hijo sería mi consuelo.

-Sigue las reglas, tienes que elegir.

Lo pensó un momento.

-¿El bebé nacería?

-Mmm, dije perder, así que puede ser que antes de nacer.

-Bueno… supongo que perder al bebé, pero no me convence la respuesta. –sinceró afligida, el simple hecho de mencionar eso causaba dolor.

-Bien.

-Sigo yo. –se adelantó con su faceta de competitividad. -¿Qué prefueres? ¿Estar con el amor de tu vida aunque corra peligro contigo, o… alejarte de ella y ver que esté a salvo?

-Alejarme. –respondí apenas terminó. –No soportaría verla sufrir.

Creo que esa pregunta fue indirecta a lo que sentía por ella. Tarde o temprano ella se iría, y no la iba a seguir, por suerte me equivoqué en esa creencia y ahora estamos juntos.

Sonrió con ternura hacia mí, tiempo después cuando le pregunté acerca de lo que creía que iba a contestar ella me dijo que no tenía idea, pero que le sorprendió que no fuera envidioso.

Se estaba poniendo algo incómodo el asunto, así que decidí cambiar las preguntas, volviendo a las más locas.

-¿Qué prefieres? ¿Un ataque de cosquillas o ignorar a tu corazón el resto de tu vida?

-¡Un ataque de cosquillas! ¡Los dragones no podemos ignorar el corazón! –me respondió para después comer el malvavisco derretido.

Una idea cruzó por mi cabeza.

-A ver si es verdad.

No sé de dónde saqué valor, pero me lancé sobre ella y comencé a darle cosquillas por la cintura.

Sé que no era tan cosquilluda como yo, pero era inevitable. Se levantó de la silla y empezamos a corretear por la casa, hasta que la atrapé y ella empezó a carcajearse, tomando la revancha ella empezó a hacer lo mismo conmigo, hasta que caímos al suelo, yo encima de ella, deteniéndonos poco a poco porque nos fuimos quedando sin aire.

Sé que era algo extraño que siguiéramos así, pero ni ella ni yo deseábamos movernos.

Sentí su respiración en mi rostro y ella la mía. Nos miramos a los ojos, la luz no hacía falta, todo era irrelevante.

-Sigo… -me dijo, acariciando mi mejilla mientras yo rodeaba inconscientemente su cintura. -¿Qué prefieres? ¿Besarme y descubrir conmigo lo que pasará, o quedarte con la duda?

La estreché más.

"Besarte"-es lo que iba a decir, pero no dije nada. Sólo la besé.

Unimos nuestros labios y poco a poco incrementamos la velocidad de nuestros movimientos.

Sabía dulce.

Tal vez por el sabor de los bombones que degustamos poco antes, no me detuve a pensar las razones, sólo disfrute. Y vaya que lo disfruté.

Ese fue el mejor beso de mi vida.

Ella enredó sus manos en mi cabello mientras con la otra sujetaba mi espalda.

Yo la rodeé y tras unos movimientos estrechamos nuestras manos.

Sin saber porqué dejé en paz sus labios y comencé a bajar por su cuello.

-Hiccup… -fue la primera (la primera de muchas otras veces) que dijo MI nombre con ese tono de voz.

No sé qué fue lo que encendió en mí, pero en definitiva me costó tranquilizarme.

Ella notó mi duda, y en respuesta me abrazó más.

-Sigue... sigamos.

Traté de acariciarla con delicadeza, aun no me atrevía a ir más allá de las prendas, no era el momento, ambos lo sabíamos, al menos yo lo sabía y eso era suficiente para mí; pero sus apasionados besos no me ayudaban en nada.

-Hiccup… debo decirte algo importante. –me dijo en medio de suspiros.

Me alegré de que tomara la palabra.

-Dime.

-Mi poder… mi poder lo puedo compartir. Es lo que los investigadores buscaban, eso lo sabes.

-¿Cómo?

-Un dragón comparte su poder si desea hacerlo, pero sólo puede hacerlo a través de...

No terminó de decir porque nuestro radio empezó a sonar.

Nos miramos, como si nos doliera romper ese momento y la verdad es que así era.

-Código rojo, aquí la berserker, ¿el jefe y la lady por allá?

Nos pusimos de pie, las palabras de Heather al otro lado de la línea me dieron mal espina.

-Aquí el jefe, ¿qué pasó? –seguía agitado por lo que acababa de pasar también lo noté en Astrid.

-Chicos, van para allá. –advirtió. –Los investigadores lograron detectar la esencia de Astrid, por la cantidad de portales que hemos abiertos para encontrar a Tuff y pusieron como punto de localización los alrededores de tu casa.

-¿Cómo supiste?

-Ruff usó la computadora de Tuff y usó su sistema de hackeo… en cuanto lo descubrió me lo dijo. La misión empezará en veinte minutos.

-¡Es todo lo que tenemos para escapar!

-Cuídala, no nos digan a dónde van, así podremos pasar las pruebas de los detectores. –Heather colgó con preocupación en su voz.

Astrid me miraba absorta.

-Tienes que escapar. –le dije, yendo hasta donde había guardado una mochila con provisiones, esperando ese ataque.

-El único lugar seguro es mi mundo, Hiccup. –intentó decirme. –Pero ya no sé si quiero ir de nuevo.

Su mirada, esa mirada me volvía loco. -¿Qué dices?

Se relamió los hinchados labios. –Ya no sé si irme, o quedarme contigo.

Intenté sonreír, pero en lugar de eso la volví a besar, pero esta vez no había tiempo.

-Tú perteneces allá, debes irte. Hallaremos la forma.

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Notas de la autora:

Mini actualización, fue lo más romántico que se me ocurrió de momento, ya saben que me cuesta un poco escribir AU, en fin… creo que el que sigue ya es el último capi y por fin sabremos cómo es que Hiccup "desaparece"

Gracias por leer

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 1 de mayo de 2018