La rosa de Versalles y sus personajes pertenecen a Ryoko Ikeda. Yo solo los uso para entretenerme

Encuentros

—¡Oscar!

—¿André?

André clavó su clara mirada en ella, haciendo que se le pusiera la piel de gallina, y que se formara nudo en el estómago. Para disimularlo, desvió la mirada

—¡Sálvame, Oscar!... ¡André quiere mojarme!

La fugitiva con un movimiento rápido, se colocó detrás de Oscar, usándola como escudo protector.

—¡¿Qué es lo que pasa aquí? – preguntó

—¡Explicaciones después! ... ¡este es el momento de la venganza!... ¡esta muchachita me las paga, porque me las paga!

¡ANDRÉ! – Oscar intentó detenerlo cogiendo su brazo, pero lo hizo con demasiada fuerza, el piso estaba mojado y perdió el equilibrio…

André actuó rápidamente, por reflejo, …para cuando Oscar se dio cuenta él ya la había rodeado con uno de sus brazos impidiendo que cayera al piso

Por un momento sintió el tiempo detenerse. Los ojos esmeralda destellaban y un mechón de pelo amenazaba con cubrirle un ojo. Su corazón comenzó a latir rápidamente, estaban tan cerca que casi podía sentir su aliento.

—¿te encuentras bien? –preguntó sin soltarla

—Si estoy bien— La piel de su rostro inmediatamente adquirió un tono carmesí

—¡Oigan!… ¿piensan quedarse así todo el día? – preguntó Antonieta conteniendo a duras penas la risa

—..Lo…lo siento— Oscar se desprendió del "abrazo" y se alejó, corriendo escaleras arriba

—¡OSCAR! –André gritó su nombre, pero ella no quiso detenerse

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Jeanne sólo tuvo que abrir la puerta para encontrarse a Nicolás hecho una furia, caminando como un león enjaulado dentro de su departamento. Ella había pasado buena parte de los últimos días ocupada, en mantenerse al tanto de lo que ocurría dentro de la comisión de investigación del ministerio de Transportes.

— ¡Estamos CONDENADOS! – exclamó La Motte –… todo se descubrirá…

—¿Es por eso que hoy pediste licencia por "enfermedad"? ...—preguntó desdeñosamente a su histérico amante, mientras se quitaba los zapatos—…llamas más la atención así… ¡eres más idiota de lo que pensé!...

Con paso seguro se dirigió hacia el gran ventanal del departamento y se reclinó en él con soltura mientras encendía un cigarrillo

—¡cálmate! …y escucha bien mis palabras, Nicolás…nadie descubrirá nada…— aseveró con acento reposado—…y aunque lo hicieran…todo está dispuesto de forma que la responsabilidad recaiga sobre Jarjayes…—explicó mientras dejaba salir una bocanada de humo por sus finos labios—…deja de comportarte como un cretino y vuelve al trabajo

Dejó el cigarro en el cenicero de la mesita auxiliar y dirigió sus pasos hacia el dormitorio

—Tengo el tiempo justo para arreglarme

—¿Piensas salir? — preguntó Nicolás sintiendo los celos a flor de piel

—El viejo tiene una reunión "extraoficial" con un miembro del comité investigador en una hora... – comentó mientras buscaba un vestido adecuado para la reunión

—¿En serio?

—Yo hice el contacto…al principio Jarjayes se negó por su estúpido sentido del honor, …—ágilmente comenzó a despojarse de su blusa y falda—…pero pude convencerlo de que lo mejor es saber de antemano cómo va la investigación…para evitar "lamentables confusiones"

—Cada vez tienes más influencia sobre el viejo…—dijo mientras recorría la vista por su figura—…si esto sigue así voy a ponerme celoso

—¡Son sólo negocios! – dijo a tiempo de ponerse un entallado vestido negro

Nicolás se acercó a ella para ayudarla con la cremallera

— Dime que podremos salir bien librados de esto Jeanne – le susurró al oído

—Claro que sí…—Un suspiro suave salió directamente de sus labios y comenzó a besarlo lentamente —...confía en mí…

Nicolás comenzó a devorarla con urgencia y pasión, atrayéndola contra su cuerpo, olvidando todos sus temores… perdiéndose en las sensaciones que ella despertaba

El timbre sonó y la voz del chofer del taxi que venía a buscarla se dejó escuchar, Jeanne suspiró con frustración

—Dejemos esto para más tarde –dijo mientras se soltaba de él—… ¡espérame!... ¡volveré pronto!

Sin decir nada más abandonó el lugar

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Oscar subió corriendo a su departamento, su ropa estaba mojada producto del encuentro, pero aquello no era el motivo de su prisa, el motivo era que estaba nerviosa, confundida, ¡furiosa!

Lo primero que hizo al entrar fue encender la calefacción, y cambiarse, para luego prepararse un chocolate. En la cocina, mientras esperaba a que el agua se calentara, recordaba lo ocurrido

Oscar tenía un gran defecto… su orgullo era enorme… y el recordar a Antonieta burlándose de ella, la enfurecía… las lágrimas pugnaban por salir, por eso se restregó los ojos con rabia en un vano intento de impedírselo

—Esos dos y sus tontos juegos… ¡IDIOTAS!

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André ya cambiado de ropa, se ocupaba de su hobby favorito, poner a punto la Moto Ducati que había heredado de su padre, pero esta vez no lo hacía con la expresión seria y sombría de siempre.

El sol brillaba con esplendor, y este parecía reflejado en su sonrisa soñadora

A sus espaldas, Alan lo observaba en silencio, contento por la transformación que había ocurrido en su amigo en esos pocos días

Al fin está superando la desgracia ocurrida con sus padres…

André parecía volver a ser el muchacho alegre y despreocupado, que había conocido años atrás.

Se levantó del sitio que ocupaba y apoyándose en el hombro de su amigo, le dijo

—Voy a darte una noticia, …en la revista Impacto, viene un reportaje completo del accidente del tren…incluso tiene una foto tuya sacando del túnel a la rubiecita aquella…mira…— le mostró el artículo—…en el pie de foto te proclaman el héroe anónimo del día… ¡¿Qué te parece?

André sonrió displicente

—¡¿Héroe yo? Creo que se equivocan los periodistas. A quien deben dar ese título es a ti, o a cualquiera de los que ya llevan su buen tiempo en la unidad… esa fue mi primera misión, solo cumplí con mi deber

Lo dijo distraídamente, mientras su atención se volcaba sobre la bujía de su motorizado

Alan, sin preámbulos, exabruptamente y casi increpándole, le contestó

—¡Déjate de modestias!... ¡sé hombre y fanfarronea un poco! ...—dijo dándole una palmada poco amable en la espalda—…si estuviese en tu lugar yo correría al puesto de periódicos para comprar todos los que me fueran posibles, para enviarlos a mis amigos y enemigos…y no solo eso…llamaría a los periodistas y les pediría que no me llamen "héroe anónimo", les deletrearía mi nombre y exigiría que lo publicaran.

André sonrió de costado, conocía lo suficiente a su amigo, como para saber que no haría algo así.

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Para cuando Antonieta regresó al departamento, Oscar ya estaba controlada

—¡Oscar!

—¿terminaste con tu ropa?

—sí…—se acercó a ella—…siento mucho lo que pasó…

—¡no hay cuidado!

—André también esta apenado, …quiso venir conmigo para disculparse, pero conociéndote, le dije que lo mejor era esperar a que te tranquilizaras un poco

Oscar se encogió de hombros y se fue a sentar en el sofá en silencio

—¿Es cierto que él fue quien te rescató? – Antonieta se acercó curiosa

—Así que ya te lo contó – dijo con fingida frialdad —…apuesto a que quiere impresionarla

—Sí, me lo contó….aunque no quiso darme detalles…

—Tampoco hay mucho que contar…

—¡Que no hay mucho que contar! ...—exclamó sorprendida—…si me hubiera pasado a mí, ya estaría buscando un escritor para escribir la novela de mi angustioso rescate

—¡No exageres!

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Atardecía. André no sabía por qué, pero le apetecía estar a solas, así que se escabulló como pudo de Alan y con el pretexto de surtir la despensa abandonó el departamento.

Necesitaba pensar…

Salió sin rumbo fijo, pero sus pies lo llevaron a un parque cercano, acabó sentando en uno de los bancos que había frente a una fuente.

Era un sitio agradable. Los pájaros retornaban a sus nidos y el viento mecía las ramas de los árboles suavemente.

El ruido del agua al correr por la fuente trajo a su mente el recuerdo de unos brillantes ojos mirándolo con furia contenida

es demasiado tarde para reaccionar o establecer una estrategia de defensa…

Sonrió para sí mismo, era sorprendente cómo un paseo por el parque había traído la esperada claridad a su mente y corazón

—…estoy perdido…

Entrecerró los ojos contemplando el atardecer, ya era hora de volver, Alan estaría esperándolo. Era hora de preparar la cena

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El teléfono sonó y Antonieta corrió a contestarlo.

—¿Fersen? – no pudo evitar que su voz sonara con disgusto al reconocer la voz

— ¿te molesta mi llamada, Antonieta?

La muchacha suspiró

— tu llamada es inoportuna…

—¿Aún me guardas rencor?

—Ya todo pasó…el pasado es pasado

—Entonces, hazme un favor…quiero hablar contigo

—Lo siento, pero estos días estoy demasiado ocupada con los exámenes…así que si me disculpas…

— ¡Antonieta, por favor no cuelgues! –suplicó. — yo solo quería decirte que… todo este tiempo lejos de ti… te he extrañado mucho… que siempre pienso en ti y en lo que sucedió… nunca pude aclararte lo que en verdad pasó

— No hay nada que aclarar, Fersen…— respondió tajantemente

— sé que fui yo quien lo echó todo a perder…que fui un cobarde…pero hubo una razón para actuar así….

—No me interesa conocerla

—Yo quisiera…al menos volver a tener tu amistad

—Estoy comprometida, Fersen… Luis y yo, vamos a casarnos

—Estoy informado

—Bueno, entonces ¡eso es todo!

—¿Es que no quieres volver a verme?

—¡quiero que me dejes vivir en paz! – colgó el teléfono con rabia

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Al día siguiente un auto deportivo recorría las calles a velocidad moderada, atrayendo la atención de las personas que a esa temprana hora caminaban por las calles del modesto barrio, no solo el auto, también la persona que conducía atraía las miradas

La persona que conducía aquel lujoso auto era nada más y nada menos que Hans Axel von Fersen, quien estaba de retorno a la ciudad después de una larga ausencia

Lo primero que había hecho era volver a la casa paterna, una mansión situada en las afueras de la ciudad

Todo el tiempo pasado lejos de su familia y amigos, le hizo pensar en su vida, y en las oportunidades que había perdido por no ser más decidido.

Mientras conducía su auto, no podía dejar de recordar…

Las imágenes de aquel funesto día volvieron a su mente….Antonieta y Oscar esperándolo en el puerto,…la repentina aparición de su padre Frederick, junto a René Jarjayes, madame María Teresa Loren, y Luis el novio de Antonieta

— …aun recuerdo la forma en que Madame Loren abrazó a Antonieta,…mientras Jarjayes abofeteaba a Oscar, por haberse interpuesto entre él y yo

El recuerdo de esa escena le hizo crispar las manos sobre el volante

—Ella me defendió con su cuerpo…fue por eso que todo se malentendió… pensaron que era ella quien pensaba huir conmigo…y Oscar… lo aceptó por proteger a Antonieta…

Sacudió la cabeza intentando alejar los recuerdos y el remordimiento

—Oscar…me porté muy mal contigo…

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Aún era temprano para ir a su trabajo, porque la galería de arte no abría hasta las nueve, pero era otro el afán que movía a André a estar listo para salir

—Volver a subir al tren le será difícil…—cerró los ojos evocando su rostro—…aunque parezca tan fuerte…algo dentro mío me dice que necesitará compañía, …—calculó los horarios—…tomo el mismo tren y luego hago un transbordo en la estación seis…tengo el tiempo justo

Con todo calculado salió de su departamento para darle encuentro

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En algún profundo rincón de su corazón Fersen siempre había sabido que la particular deferencia de Oscar hacia él, era algo más que amistad. Sin embargo después de tantos años sin un contacto constante, tenía el leve temor de que también con ella, las cosas hubieran cambiado

—Sería un problema que no esté dispuesta a ayudarme

Sus pensamientos se vieron interrumpidos, cuando vio aparecer a Oscar en la puerta del edificio de departamentos

La mejor de sus sonrisas seductoras se dibujó en sus labios, pero desapareció tan rápido como se había formado…un muchacho salía apresuradamente del mismo lugar y se acercaba a ella

— ¿Quién es él? – pensó, mientras se le formaba un nudo en su garganta

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—¡Oscar!

—¡André!

—¿Tomarás el tren de las siete a Belfort?

—Si

—También tengo que tomarlo… ¡vamos juntos!

Oscar dudó por un momento

—¡No me digas que aun sigues molesta por lo de ayer!

Oscar negó con la cabeza

—Entonces tengo el honor de ofrecerme para ser quien os resguarde por el peligroso camino hacia la estación del tren, madeimoselle…—dijo haciendo una perfecta caravana a imitación de un caballero de capa y espada

—¡No necesito guardia, señor!

—¡Testaruda! …—pensó con una sonrisa en los labios—… ¡vamos! ...harás que lleguemos tarde

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No solo Fersen observaba atento la escena, también lo hacía Alan

—ya veo el por qué saliste más temprano hoy amigo

Sonrió para sí mismo

Repentinamente el lujoso auto llamó su atención

—¡¿Qué le pasa a ese tipo? ...¿quién es?

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Fersen comenzó a seguirlos lentamente, atento a la interacción de ambos. El muchacho parecía hacer comentarios graciosos, al principio ella parecía confundida, pero después de unos momentos ya se la veía reír y retrucar lo que le decía, no era necesario escucharlos para darse cuenta de ello

Oscar no era alguien muy comunicativa…al menos no lo era cuando estábamos juntos… —pensó — …casi siempre me escuchaba en silencio…eso me gustaba…sentía que me entendía y que todo lo mío era importante para ella

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La temperatura seguía bajando y había una humedad invernal en el aire, Oscar continuaba sin notar la presencia de Fersen, estaba demasiado ocupada en el hecho de que André se había quitado su echarpe, para ponerlo alrededor de su cuello

—La clínica en la que estuviste, seguro que es de lo mejor, …pero eso no justifica que quieras volver a ella víctima de una pulmonía…— le dijo André guiñándole un ojo

Ella levantó uno de los extremos para sentir la textura, era tan suave y cálida

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—¡Ella nunca le permitía un trato tan familiar a ningún hombre! ...Oscar está tan cambiada… ¡ha cambiado demasiado!

Volvió a mirar al muchacho que la acompañaba, él le sonreía y se volvía hacia ella a cada rato, buscando hacerle ameno el camino hacia la estación, viendo esto, se reprochó a sí mismo el nunca haberse preocupado de ella lo suficiente como para hacerle pasar un buen rato

Repentinamente el muchacho de cabello negro consultó su reloj la tomó de la mano y ambos salieron disparados, posiblemente estaban retrasados

—¡Qué pasa contigo, Oscar!

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Ya en el interior del tren, André seguía haciendo de todo para distraer a Oscar

—Que feliz soy…nada me angustia…no tengo problemas…la vida me sonríe, …— canturreaba

—¡André! ...si sigues cantando así, nos echarán del tren –dijo conteniendo a duras penas la risa

La voz de él era la más desafinada que ella había escuchado en su vida ¿lo estaba haciendo a propósito?

—…doy gracias al cielo por todos sus dones…la, la – siguió tarareando, recibiendo a cambio una sonora risa de Oscar

—¿Cuándo ríes así?... ¿no se enamoran todos de ti?

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Sus ojos estaban perdidos en un punto infinito,…lo había escuchado suspirar un par de veces y sonreír tontamente, antes de declararse derrotado y dejar los papeles en los que estaba trabajando tirados sobre la mesa

Alan observaba detenidamente a su amigo, desde hace días, que actuaba de la misma forma, y tenía una idea de quien era la persona culpable. La chica que vivía en el quinto piso.

—¡Ya cayó!... ¡diablos! ...— se incorporó de su asiento, ya había hecho indagaciones acerca de quién era esa mujer y lo averiguado lo tenía preocupado —…oye André, estuve hablando con los chicos y pensamos que esta tarde, después de ejercitarnos podemos ir a dar una vuelta por ahí…tú sabes buscando acción

—Discúlpame, pero hoy no podré, ya tengo un compromiso con Bernard y Rosalie… ¡nos hemos puesto de acuerdo para secuestrar a Oscar y llevarla a pasarse un buen rato en la feria!

—No creo que una señorita de su tipo sea afecta a divertirse en ferias

—¿Por qué no?...

—¡Sencillo! ...porque ella es hija de uno de los empresarios más acaudalados del país

—Vive en el mismo edificio que nosotros, eso es prueba de que…

—¡Eso es prueba de que solo es una niña caprichosa! ...que solo quiere darle una rabieta a sus padres

—¡No la conoces! – exclamó André con molestia en la voz

—¡Claro!, olvidé que tú la conoces de toda la vida

—¡Ese no es el punto!

—El punto compañero, es que tu tonto romanticismo un día conseguirá perderte…algo que debes entender es que el poner tus ojos en una persona de su clase no va a hacerte feliz, …. ¡recuerda lo que le pasó a mi hermana!…

Alan dijo esa última frase con amargura, no le agradaba recordar el tiempo en el que su hermana Dianne, víctima del despecho por el abandono de su novio, casi había cometido una locura

—…ellos no son como nosotros, solo nos ven como un pasatiempo…cuando quieren algo serio… ¡buscan a uno de su clase!

—Dos cosas, Alan: primero: Oscar es solo una amiga mía…y segundo: ella no es como aquel idiota

—De acuerdo, si te molesta, no la compararé con él…pero por la forma en que la defiendes haces evidente que ella te atrae, … ¡hombre, cuántas veces le pasa eso a uno!

—¡Las cosas no son como piensas! – exclamó André

—Cálmate, lo siento…está visto que no oirás buenas razones…solo espero que tengas suerte y no estés equivocado….odiaría decir: te lo dije

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Debía haber sido sencillo negarse a ir, …para ella era común hacerlo, pero nunca nadie había insistido de la forma en la cual lo había hecho André

La feria no era muy grande, pero tenía una gran Rueda de la fortuna, tazas giratorias, carrusel, un túnel de amor y varios puestos de tiro al blanco, el grupo de amigos recorrió el lugar entre risas y bromas. Se detuvieron en varios puestos a probar fortuna.

Oscar y André resultaron tener muy buena puntería, por lo que Rosalie pronto se vio cargada de varios peluches. Bernard convencido de su total falta de talento en la materia optó por llevarse a su novia a un paseo por el túnel del amor, dejando enfrascados a sus amigos en una disputa en uno de los puestos de tiro al blanco.

Terminado el juego, ambos recibieron el mismo premio, unos preciosos caballos tallados en madera. Oscar eligió uno blanco y André se decidió por uno negro

—Ese par de tórtolos se tardará… ¿Quieres sentarte mientras esperamos?

—Ehh…si…

André la tomó de la mano y la llevó a la banca más cercana;

—¡La pareja perfecta! ...eso son Rosalie y Bernard – comentó André—…viéndolos uno puede estar seguro de que a pesar de lo que digan… ¡el verdadero amor si existe!

—Si, … sólo que para unos es todo felicidad…en cambio para otros…— cerró los ojos instintivamente, recordando—…simplemente no tenemos suerte, en esas cuestiones

André suspiró por lo bajo

—Entiendo…esas cosas a veces pasan

—Bueno, no hablemos de malos ratos…—dijo restándole importancia—…pero dime… ¿alguna vez te enamoraste?

—Emm…en realidad…—André no sabía que decir

—¡Vamos puedes confiar en mí!

—Bueno…a mí… ¡me gusta una chica! – respondió evadiendo su mirada

—Eso es obvio…lo que me preocuparía sería que te gustase un chico—Oscar bromeó para disimular su decepción

—¡OSCAR! – Exclamó ofendido— ¡ESA ES UNA AFRENTA A MI HONOR!¡¿CÓMO TE ATREVES?

—¡No nos digan que ahora se enfrentarán en un duelo de sables! – comentó Rosalie quien llegaba al lugar del brazo de Bernard

—¡Chicos llegaron a tiempo, André me estaba contando acerca de la chica que le gusta!, …— indicó Oscar

Rosalie sonrió, la debilidad de André ante Oscar era clara ante todos, solo la interesada parecía no darse cuenta

— ¡dinos André!... ¿es bonita? – preguntó en el afán de ayudarlo

La molestia que André había sentido hace unos momentos, se esfumó al sentirse obligado a contestar esa pregunta

—Bueno es… ¡hermosa!, …desde la primera vez que la vi, …no he podido quitarme su rostro de la mente

—Vaya…diciéndole esas cositas cursis, de seguro te será fácil ganártela – comentó Oscar mordazmente

Rosalie gimió para sí misma. En algún momento de su vida Oscar había aprendido a la perfección el arte de alejar de si, a cualquier chico

—Bueno…no es tan fácil…—retrucó André haciendo gala de calma—…ella no es como todas…ella…

—¡Bah! ...casi todas las mujeres caen con frases bonitas y galanterías…tú pareces ser un experto en esas cosas, así que no veo cual sea tu problema…a no ser que hayas intentado cantarle – comentó dejando al aludido sin palabras

Rosalie se preguntó si no había algo más que Oscar pudiera hacer, para arruinar las cosas con André.

Quizá podría darle un buen puñetazo…o empujarlo a las vías del tren… ¡solo le faltaría eso!…¡Ay André, espero que le tengas muuucha paciencia!

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Al día siguiente

—La estuve esperando, señorita…

Oscar le sonrió, otro día más y otra travesía a la estación juntos

—Espero que hoy te comportes más seriamente, ayer casi consigues que lleguemos tarde

—Primera vez que mi amado público se queja…. – dijo André en un fingido tono compungido

—¿Eh?

—¡Si! ...es la primera vez que un miembro de mi estimado público se queja de mis rutinas, Oscar! –dijo intentando sonar a broma

Caminaban hacia la estación, que solo estaba a unas cuantas cuadras, cuando el claxon de un deportivo sonó a sus espaldas

—¡Fersen!...

El rostro de Oscar se ruborizó, mientras André sin saber exactamente por qué sentía que su estómago comenzaba a revolverse