Parte II

PDVD.

El sol del alba entro por las grandes ventanas en arco como el viento del otoño abrazaba mi piel. Me cubrí un poco más con las sabanas de seda, en mi estado de somnolencia no podía pensar en nada, en nada, excepto en ella.

En su piel almendrada y su cara angelical. Siempre llevaba un velo haciéndola lucir más virginal, más pura, cosa que había cambiado. Su piel era tan suave y su cabello eran tan largo y sedoso, y su cuerpo ¡Oh mi Dios!, su cuerpo era algo digno de apreciar, cada curva, cada centímetro de su piel era digna de acariciar. Sus dotes de mujer solo la hicieron lucir más bella de lo que me imagine que seria y su sonrisa, su sonrisa podría hacer que abdicara al trono solo para contemplarla hasta el final de mis días.

Por instinto estiré mi brazo esperando encontrar una hermosa princesa de curvas delicadas, pero valla fue mi asombro cuando encontré la cama vacía, de inmediato mis ojos se abrieron para ver su lado de la cama vacía y frio, sin embargo, sobre su almohada de plumas descansaba una roja y dulce manzana, sonreí, el día en que nos conocimos el final de nuestra cabalgata había sido en el huerto de manzanos donde ella fingió que las recogía para el rey. Al pensar en él mi semblante cambio y mi cuerpo se tensiono como imágenes de la espalda de mi bella Roza, aparecieron en mi mente.

Ese hombre era un pequeño bastardado, que si se le ocurría volverle a poner un dedo encima a mi mujer su cabeza sería un hermoso trofeo en mi casa de campo en Rusia. No tenía el derecho de tocarla, ¡por lo más sagrado! No tenía derecho de tocar a ninguna mujer, no por ser criados por barbaros debíamos actuar como uno.

Me levante para comenzar un nuevo mi día, mi cuerpo se sentía vitalizado y lleno de energía. Me moría por ver a mi Roza y besarla; sabía que no era correcto y podía ser culpado de traición por robarle la mujer a otro, pero ¿qué elección tenía yo? Desde que la vi entrar con ese vestido oscuro y su cara angelical por las puertas del salón me había obsesionado con su belleza, había escuchado que era hermosa, pero nadie me había dicho hasta qué punto. Las puertas de madera de mi habitación sonaron, y enseguida una criada entro haciendo reverencia, la detalle un poco y pronto la reconocí, era la criada de Rose.

—Buenos días, mi señor — Ella hizo otra reverencia como su cabeza se mantuvo todo el tiempo agachada.

—Buenos días, Mia.

—Siento molestarlo mi señor, pero el rey me ha enviado a darles un mensaje, mi señor les informa que la boda queda cancelada hasta nuevo aviso — el asombro fue marcado en mi cara, pero era una máscara para que aquella criada se lo creyera, de igual manera mientras viviera esa boda jamás se iba realizar, sin embargo, la curiosidad me pico y me encontré preguntando:

—¿Qué ha pasado mi lady? ¿por qué vuestro rey ha pospuesto tan esperada boda?

—La reina a enfermado — ella dijo con melancolía en su voz, esta vez mi asombro fue real.

—¿Qué le ha pasado a la madre de vuestra princesa? — eso explica porque Rose, no se encontraba en la cama.

—Ha caído gravemente enferma, en la noche le ha subido una alta fiebre que aún no se la han podido bajar, su abuela es quien la ha mantenido estable.

—¿Y el rey ha cancelado sin ningún problema?

—No mi señor, él quería seguir con lo planeado diciendo que era una simple gripe que sus curanderos cuidarían, sin embargo, Rose y su padre se han opuesto, este último respaldando a su hija, nuestro rey no está feliz, pero ha aceptado. — por supuesto que el infeliz no estaba alegre, él quería cansarse con Rose, lo antes posible, así Turquía pasaría a su poder, solo si el pobre supiera.

—Estaré en unos minutos con el Rey Abe, —Dije y Mia, asintió. Ella se dispuso a marchar, pero la detuve como le entregué unas ramas medicinales —Asegúrate de poner esto en el té de la princesa, ayudara a sus heridas — ella me miro con curiosidad, seguramente pensando cómo me había enterado de las heridas de la princesa, pero como buena servidora que era no pregunto y dando una simple reverencia se marchó.

Entre en la recamara, las tenues brisas filtradas por la seda de las largas cortinas aireaban el lugar. En la gran cama de dosel de madera descansaba la hermosa doncella de cabellos rojos como fuego; a los pies de la cama estaba parado su rey con cara de preocupación y aun lado arrodillada y con un trapo en sus manos descansaba mi pequeña preciosa mujer.

—Belikov — El rey saludo a modo de educación.

—Su majestad — me hice a su lado como vi a Rose, cuidar de su madre.

Ella iba vestida con un vestido sencillo, sin enaguas ni corsé, algo me decía que no era amante de ellos. Su cabello estaba nuevamente protegido por un largo velo de color zafiro y su cuello era adornado por preciosos zafiros; ella estaba arrodillada en la gran cama como ponía paños humedecidos en yerbas en la frente de su madre quien dormía tranquilamente.

—¿Qué ha pasado a vuestra mujer? —pregunte sin dejar de mirar la cara de tristeza y los ojos rojos de mi pequeña niña.

—en la noche le ha subido la fiebre y no ha parado de vomitar desde entonces — dijo con lamento.

—¿peste? — pregunte.

—Si fuera peste todos los presentes aquí estaríamos contagiado — Respondió mi abuela como entro con algo en las manos. — es una simple gripe que debemos cuidar — ella me giño un ojo y camino hasta donde estaba Rose.

Vi como mi amada se retiró un poco, más no se alejó de su madre y le dio espacio a mi abuela quien se sentó y tomo su la cabeza de la madre de Rose, esta gimió en el dolor y vi como mi bella niña se estremeció. Mi abuela le dio de beber lo que supuse fue un té mientras Rose, limpiaba lo que caía de sus labios a su pecho, me dolió verle así, ella no merecía más tristeza, ya había pasado por mucho, ella merecía ser feliz.

—Rose, querida — Su padre la llamo y ella le miro viéndome por primera vez, una débil, pero dulce sonrisa apareció en sus labios dedicada a mí, su padre no la noto y si lo hizo la ignoro.

—¿Si, padre? — ella pregunto cómo se bajó de la cama y camino hasta donde estábamos nosotros.

—¿Por qué no sales a dar un paseo con él Sr. Belikov?, así respiras un poco y descansas los pies.

—¿Pero y madre? — ella miro a la cama donde estaba su madre y mi abuela con melancolía.

—No se moverá y debe descansar, yo me quedare con ella, puedes ir y luego regresar, cenaremos aquí, los tres de nosotros, como una familia — la última parte se le quebró la voz, sin embargo, mantuvo su postura de autoridad.

—De acuerdo — ella beso la mejilla de su padre quien cerro sus ojos en deleite, algo me decía que no era muy común que ella lo hiciera — vendré al atardecer y cenaremos juntos. —Su padre asintió y yo tomando su brazo como el caballero que era me marche con ella fuera de la habitación.

Caminamos por los largos pasillos del castillo sin decir palabra alguna. Rose, no estaba muy habladora y respete su silencio; seguro que si mi madre enfermara yo me sentiría igual o peor, mi madre era una parte esencial en mi vida, con ella compartía una conexión que no compartiría con nadie, el día que ella me faltara una parte mía se iría para siempre.

Rose, se desvió y entro en un salón que estaba desierto, al cerrar las puertas ella se abalanzó sobre mí y enterró su cara en mi pecho y sollozo, la acune en mis brazos como acariciaba su espalda dándole consuelo, ella se aferró a mi como si yo fuera su salvavidas, como si yo fuera la cura a sus males.

—Todo estará bien mi pequeña — dije acariciando su espalda y besando su frente.

—¿Y si no? ¿y si ella muere, Dimitri? — ella comenzó a alterarse como las lágrimas manchaban sus mejillas de porcelana.

—Hey, Hey — dije como tomé su cara en ambas manos — nada le pasara solo es un poco de gripa que se puede tratar, los curanderos la sanaran y en unos días todo será como antes. — ella me miro con sus ojos oscuros surcados de lágrimas y me brindo una pequeña sonrisa.

—¿Lo prometes? — pregunto esperanzada en mi respuesta, yo besé sus delicados labios color rosado y pegando mi frente a la suya le dije en voz baja:

—Lo prometo.

—Un mes ha pasado y la reina aún no se levanta de la cama — le dije a mi abuela como caminábamos entre la nieve que había comenzado a caer.

—La paciencia es una virtud, ella se repondrá, yo lo sé — dijo como miraba hacia el frente. La parte baja de su vestido estaba húmedo por la nieve derretida, sin embargo, a ella no le importo.

—Si ella muere, Ro… la princesa no lo soportaría — pensé en mi hermosa Roza, el ultimo mes había sido una pesadilla para ella y su cuerpo estaba pagando las consecuencias, cada día la veía más pálida y estaba un poco más delgada.

—Lo hará, ella es más fuerte de lo que ustedes piensan — mi abuela se detuvo y me miro — sin embargo, debes preocuparte más por ella que por la reina, hoy al anochecer ellos viajaran de nuevo a Turquía yo me iré con ellos y cuidare de ella hasta que esté bien y pueda volver a Rusia.

—¿Qué pasara con Rose? — pregunte, la ansiedad se apodero de mí, sin Abe, cerca al rey no le sería difícil desposar a Rose, sin perder el tiempo.

—Ella permanecerá una semana más, si en una semana su madre no mejora viajara contigo a Turquía y se quedara allí afrontando lo que viene.

—El rey la desposara nada más los carruajes se alejen.

—No tiene derecho alguno de hacerlo, Abe, lo ha ordenado, no dejara que su hija se despose hasta que él esté presente.

—Sabes que eso no le importa a Reed, él la quiere ya y pasara por encima de Abe, si le es posible, una vez que la haya desposado, no habrá poder alguno que los separe. — dije con un poco de histeria.

—Calma pequeño saltamontes — Mi abuela me acaricio el rostro como cuando era un niño — siempre te adelantas a las circunstancias, la princesa no se desposara con el rey por que el no será su esposo, la alianza nunca se realizara ¿crees que el rey no se dio cuenta de la paliza que le proporciono a su hija hace un mes? El viejo Abe, es una pequeña serpiente escurridiza y si no lo ha ejecutado es porque se está guardando para algo.

—¿Qué quieres decir? — pregunte en la confusión.

—algunas muertes deben ser realizadas a manos de quien menos se lo esperan, la vida es de paciencia y si tú quieres estar con la bella princesa deberás tener mucha.

La mire en el asombro y el terror, mi vieja abuela era una mujer callada y algo distante, pero nada se le escapaba, no había secreto que ella no descifrara ni alma que ella no entendiera. Sin embargo, siempre fue reservada y nunca menciono nada, siempre fue una mujer discreta.

—¿Crees que me he de enfermar como mi madre? — Rose, pregunto cómo yacía desnuda entre mis brazos, este amanecer después de dos semanas le pude volver hacer el amor y fue mágico, fue como la primera vez.

—No, mi pequeña niña, estas cansada y por eso te sientes débil — dije acariciando sus curvas y sus cabellos sedosos que se esparcían por las amplias sabanas de lino blanco.

—¿Qué haremos, Dimitri? — ella pregunto cómo se acurrucaba más contra mi cuerpo.

—en tres días partiremos a Turquía y una vez que tu madre mejore nos iremos a Rusia — voltee su cuerpo y me posicione sobre ella enterrándome en su cuerpo una vez más, como ella gimió en el placer y el éxtasis. Mire su cara y no pude dejar de ver las ojeras bajo su rostro y su tez pálida — y allí te desposare y te hare muy feliz — dije besando sus dulces labios, como nuestras caderas se movían en el más delicioso pecado.

—Suena como un sueño — ella sonrió iluminando sus ojos oscuros perdidos en el deseo y la pasión — ya quiero ser tu esposa — Dijo en un gemido entre cortado. Ella miro el lugar y dijo — ya me quiero ir de aquí.

—Lo sé, pero en tres días partiremos y todo será más fácil. — moví mis caderas un poco más difíciles haciéndola gemir de placer y cerrar sus ojos, me quedé quieto admirando la obra de arte que tenía bajo mi cuerpo. Ella abrió sus ojos y en voz baja respondió:

—Tienes ra… — ella no termino como retiro mi cuerpo del suyo y corrió hacia un cuenco de barro y vómito, me pare a gran velocidad y me hice a su lado mientras mi bella niña botaba todo lo de su estómago, no era la primera vez que pasaba, su criada me había dicho que este patrón se llevaba repitiendo hacía varios días. — agua.

Elle pidió y yo corrí hacia la mesa de madera y le serví un poco de agua en una copa que ella bebió ávidamente. Su cuerpo cayó sobre el piso de roca y yo la tomé como un bebe en mis brazos y la acosté sobre la cama. El amanecer estaba próximo y en unos minutos debía abandonar la habitación antes de que el castillo despertara y nos descubrieran.

Mi hermosa niña no abrió sus ojos, yo acaricie su cabello y murmure palabras de amor mientras su cuerpo se recuperaba y se quedaba dormido. No le tomo mucho tiempo, al cabo de unos minutos ella cayo como pluma en un profundo sueño, no se me hacía extraño, de unos días para acá vivía constantemente agotada, mi abuela decía que era por la preocupación del último mes. No quería dejarle, pero debía, antes de una semana nadie podía saber lo nuestros, porque el caso contrario, seriamos acusados de traición y seriamos acusado de muerte. Bese sus labios, arrope su cuerpo y vistiéndome me fui como el sol iluminaba su angelical cuerpo.

PDVR.

—¡Princesa, princesa! — la puerta fue golpeada con ímpetu y aceleré. Abrí mis ojos un poco mareada y confundida; mi estómago, al igual que cada mañana se sentía pesado y parecía que algo quería salir de el —¡Princesa, abridme por favor! — La voz de Mia, sonó con urgencia y algo de miedo lo que hizo que me levantara tomando una bata y corriendo abrir la puerta.

Cuando lo hice mi criada entro como alma que lleva satanás y cerró las puertas de madera, su mirada era frenética y cuando vio que estábamos solas comenzó a buscar en mi baúl un vestido, encontró uno que fue muy ligero y me lo entrego en las manos.

—Majestad debe vestirse y marcharse de aquí lo antes posibles — ella argumento alterada, su piel bebe se vio tornada de un rojo carmesí y surcada de sudor.

—¿Pero, que os pasa mía? — pregunte como ella me ayudaba a vestir.

—El rey ha ordenado su pronta ejecución — como las palabras abandonaron su boca mi cara palideció, esto no era correcto, había algún error.

—¿pero por qué ha mandado hacer algo como eso?

—El curandero que la ha visitado ayer ¿lo recuerda? — Asentí y ella dijo — él ha descubierto que está mal con usted y se lo ha contado al rey.

—¿Qué hay de malo a mí? he cogido una gripe leve —Mia, dejo de amarrar mi vestido y camino hasta estar enfrente de mi mirándome con esos ojos azul bebe.

—¿Realmente no sabe lo que le pasa majestad? — al negar con la cabeza ella suspiro y una lagrima salió de sus ojos —Su majestad, usted no está enferma—, ella me tomo de las manos olvidando por completo quien era y sonriéndome en la dulzura me dijo —usted se encuentra en estado de gestación, está esperando un bebe.

Mis ojos se abrieron tan grandes que pensé que se me salían de las cuencas, yo estaba embarazada, estaba llevando el hijo de Dimitri y mío dentro de mí, instintivamente llevé mis manos a mi abdomen y sonreí, dentro de mi crecía nuestro pequeño amor, por eso los últimos días me sentía enferma, no era que estuviera realmente enferma, era que mi cuerpo se estaba adaptando a la nueva vida que albergaba en mí; mi madre y los libros lo llamaban enfermedad de la mañana, sin embargo, no era que estuviera muriendo, al contrario, mi cuerpo le daba vida a otro pequeño ser.

—Princesa, debe marcharse, un carruaje la está esperando, el rey ha salido de caza con el príncipe Belikov. — al escuchar el nombre de Dimitri volví al mundo real.

—¿Dimitri esta con él?

—Si su majestad, el rey piensa informarle que al atardecer ha ordenado su ejecución, ya sabe, él es el prometido de su hermana.

—No puedo irme sin hablar antes con él, tiene que saber lo que está pasando — comencé a salir de la habitación, pero Mia me detuvo.

—No puede su majestad, si él la encuentra los matara a ambos, debe irse y no mirar atrás por el bien suyo y de su hijo.

—Dimitri, tiene derecho a saberlo — ella me dio una mirada de compasión y con voz entrecortada dijo.

—el príncipe acepto contraer nupcias con la princesa mañana al atardecer.

—No — susurre como tome mi estómago y retrocedí —eso no es verdad, él no puede casarse con ella ¡esto no es verdad! —grite como las lágrimas salieron de mis ojos y me desplome sobre el piso de piedra.

—Princesa, — Mia, cayo a mi lado y sobo mi espalda — siento que tenga que pasar por esto, pero si no se va ahora, los soldados la encarcelaran y al atardecer morirá —mire a la joven doncella y vi su preocupación, ella había sido solidaria conmigo y una especie de amiga.

—Huye conmigo — le dije como me ponía de pie, si tenía que criar este bebe sola, su ayuda podría servirme de mucho.

—Majestad, yo no puedo hacer eso — ella me miro y sonrió, me brindo una sonrisa de despedida —Fue un placer servirle en este tiempo.

Por aquí, debe estar aun en su habitación — la voz de un hombre se escuchó. Mia, me miro con los ojos abierto.

—Corra, corra y no mire atrás, en la parte trasera la está esperando un carruaje, ignórelo y vallase en el caballo, se alejará más rápido, no valla a su país, su madre aún está enferma y su padre es vulnerable, atacara sin piedad y matara a las suyos, huya lo más lejos posible, salga de la frontera de esta aleda, pero no cruce la de Turquía, en la mitad de ambos hay un pequeño pueblo refúgiese allí hasta que su padre la busque.

—¿pero… pero como sabrá mi padre que estoy viva? — pregunte como sentía las botas de los soldados golpear contra la piedra del suelo.

—Yo me encargare de avisarle, pero debe huir — ella me beso en ambas mejillas y de su cuello se quitó una cadena con una cruz en ella — es para él bebe que espera, déselo como un obsequio mío — ella sonrió como una lagrima salió de su ojo. Yo me enredé la cadena en mi cuello y comencé a caminar a paso acelerado en forma contraria, antes de marcharme me di media vuelta y vi a Mia, por última vez.

—¿estarás bien? — tenía un nudo en la garganta y unas ganas inmensas de llorar, algo me decía que este día apenas había comenzado.

—Mejor que nunca — ella sonrió radiante, tome una última mirada de ella, su cabello estaba reluciente y su piel bebe resplandecía en la jovialidad, lucia hermosa.

por aquí — a lo lejos vi los soldados correr y esa fue mi salida, corrí por las escaleras hacia abajo, pero antes de poderme alejar lo suficiente logré escuchar lo que estaba pasando.

¿Por qué tanta prisa muchachos? — pregunto Mia, entre sonrisas.

Mia Rinaldi, queda acusada y sentenciada a muerte por vuestra princesa — y acto seguido escuche como ella grito mientras la espada atravesaba su piel, no lo vi, pero lo sentí, instintivamente lleve una de mis manos a mi vientre y con la otra tape mi boca para no dejar escuchar el sollozo y el grito de dolor que amenazó con salir

Mia, había muerto por mí, se había sacrificado para darme tiempo, para darme dos míseros minutos de tiempo para escapar y no los iba a desperdiciar, su muerte no iba a ser en vano y en ese momento jure regresar y vengarme, vengar su muerte y la de muchos inocentes.

Por aquí, no debe ir muy lejos — escuche correr a los soldados y eso fue lo que necesite para salir de mi estado y correr escaleras abajo.

Las escaleras parecían eternas, y tanto dar vuelta me comenzó a marear, sin embargo, no me detuve y corrí a todo lo que mi cuerpo me daba. Al llegar a la parte trasera divise el caballo, estaba solo, el castillo aún no se levantaba, era un poco temprano y los criados seguían dormidos. Eran unos 10 metros desde la puerta hasta la puerta principal donde el caballo me esperaba, podía sentir las pisadas de solo soldados y el tiempo agotarse.

Dimitri… si Dimitri, estuviera sabría que hacer… basta, él no está, él se casara, solo te utilizo como a una mujer barata para luego desecharte, debes sacarlo de tu vida, ahora solo son tú y tu bebe y debes luchar por él.

Tomé aire y corrí no sin antes tomar un cuchillo de gran tamaño, mis pies dolían y tenía rasguños que las paredes en espiral habían dejado en mí, sin embargo, no preste atención y corrí… y lo logre. En toda la salida como Mia, lo había dicho me esperaba un caballo, el mismo caballo que había sido testigo de cómo había surgido mi amor por Dimitri, y su lujuria por mí.

Llegue al caballo y de un brinco me monte, no sé si era la adrenalina o mi agilidad, pero no me tomo mucho hacerlo y cuando estaba sobre él pude ver el panorama. El rey venía con sus ropas de caza enojado y gritando ordenes mientras Dimitri, y Avery, caminaban a su lado, la escena me rompió por dentro, verlo me destruyo un poco y verlo a su lado me mato por completo, sin embargo, no tenía tiempo para lamentos y con ese pensamiento cabalgue.

La única salida era donde ellos estaban, no había soldados a caballo por lo que me daría una pequeña ventaja la cual debía aprovechar, sin mirar atrás cabalgue empuñando el cuchillo en mi mano, ese hijo de perra se iba acordar de mi hasta nuestro siguiente encuentro. Dimitri, me vio venir, y su cara se arrugo en la confusión y la angustiad.

Bella, Rose Marie, ¿A dónde crees que vas?— el rey dijo entre dientes, sin embargó no le respondí, solo mire a Dimitri y con la voz entrecortada susurre.

—Te amo — y mirando con desprecio al rey lance el cuchillo incrustándolo en su pierna, la cual le atravesó de lado a lado.

—¡Perra! — Grito como aulló de dolor mientras su hermana corría a su ayuda.

—Mi señor, debéis hacerte revisar la herida, no sea que la infección te mate, y si tu pobre corazón se acongoja sin saber si realmente estoy en cinta, pues si mi señor, estoy en cita y no dejare que nos haga daño a ninguno de los dos — esta última parte la dije mirando a Dimitri, quien abrió sus ojos en el entendimiento; él iba a decir algo que no lo deje ya que cabalgue sin mirar a atrás, sin embargo, antes de abandonar el castillo escuche dos cosas que jamás olvidare:

—traedme a esa perra sin vida —ladro el rey, pero su grito fue opacado por un grito de dolor y desesperación como las pisadas corrían tras el caballo.

—¡Roza!

Las horas fueron días, y los días pronto fueron una semana, no había escapatoria, no había pueblo más allá de la aldea y no había frontera con Turquía, no había más que bosque y rio a lo largo, el olor salino del mar desapareció y el bosque se múltiplo, estaba hambrienta y herida. Al salir del castillo caí de mi cabello torciéndome un pie ¿Qué paso? No lo recuerdo, solo sé que mi caballo se alteró y me tumbo torciéndome un pie y llenándome de moretones.

El agua no era un problema, puesto que había seguido el rio, de pequeña mi padre me enseño que donde hay ríos hay vidas, al parecer hasta el rey de Turquía se equivoca. La comida era diferente, había mucha vegetación, pero no mucha comida, la poca comida que encontraba eran frutos y mucho no los comía por miedo a que fueran venenosos.

El invierno pego con todo su furor congelándome de a poco, las pocas ropas que me acompañaban no eran suficientes, cada noche me refugiaba bajo el calor de mi compañía animal y su pelaje me mantenía calidad, mi fiel caballo nunca me abandono, aunque tuvo más de una oportunidad, no sabría si ella sabía que estaba en cinta, pero me defendió y protegió de todo peligro.

Al tercer día me perdieron la pista, deje de correr y de escuchar sus pisadas, sin embargo, no dormía tranquila, cada vez que cerraba mis ojos podía escuchar las pisadas de los caballos de los guardias que venían por mí, podía sentirlo siguiéndome las pisadas y en algunos momentos de somnolencia podía llegar a ver cómo me atrapaban y me mataban mientras Dimitri disfrutaba al lado de su esposa.

—ha esta hora ya deben estar casados — Musite como sobaba el hocico de mi animal, este relincho como si eso fuera consuelo.

El alba toco el frondoso bosque que me rodeaba anunciando un nuevo amanecer, un nuevo día. Me levante y camine hacia el rio y decidí limpiarme un poco, no podía hacer mucho por mis ropas, pero por mi rostro si podía hacer algo. Cuando terminé me levanté, pero me sentí mareada, el mundo comenzó a girar y por poco y me caigo.

—¿pero qué? — mire a mi caballo que relincho, estaba brincando desesperadamente, intente llegar, pero sentí un líquido bajarme por las piernas, cuando mire mi falda esta, estaba llena de sangre—no, no — comencé a repetir, pero el mareo empeoro, intente llegar a mi caballo, pero antes de lograrlo todo fue negro como el mundo me consumió.

PDVD.

—Debéis calmarte hijo — Mi abuela dijo como me vio caminar de un lado a otro, desconsolado, desesperado.

—No me pidáis eso, ella está allí afuera, en el bosque, en cinta con mi hijo, es pleno invierno, nadie la ha visto y ha pasado una semana — dije en voz baja mirando como caía la nieve sobre los prados que en cierta época del año son de un rico verde.

—la acusaron de traición, el rey la iba a ejecutar.

—¡No tenía el derecho, también es mi hijo! — dije rugiendo con dolor.

—¿la habéis seguido después de que se marchó? — mi abuela pregunto con dureza —¿lo habéis hecho? ¿la habéis seguido cuando huyo para salvarse a ella y a vuestro hijo?

—No —Musite, ella asintió y se dio media vuelta disponiéndose a marchar.

—Entonces no lloréis por haberla perdido, si sobrevivió al clima, es un milagro, pero nadie sobrevive a estas nevadas y tú mejor que nadie lo sabe, solo reza para que encuentre el descanso eterno, pero, sobre todo, reza para que te perdone por haberla dejado marchar — y con eso ella marcho dejándome con la pena y la perdida de mi amada y mi hijo no nacido.

Las horas se volvieron días y los días pronto fueron una semana, no hubo respuesta, no hubo rastro y nadie la vio, los guardias se retiraron al tercer día ya que las bajas temperaturas no ayudaban y el rey la declaro muerta, mi abuela tenía razón, nadie sobrevivía a las bajas temperaturas. El dolor me carcomía, mi niña, mi bella doncella había desaparecido sin dejar rastro llevándose con ella nuestro ángel, nuestro pequeño ángel.

—Mi príncipe — la voz de Avery, se escuchó como entro en mi habitación sin tocar ni anunciarse. La sentí ponerse a mi lado llamando mi intención, sin embargo, no se la di. — mi hermano quiere saber cuándo nos hemos de casar, está impaciente y yo también mi señor. — ella poso su elegante mano adornada por joyas sobre mi brazo, pero yo me retire, su solo tacto me recordaba que nada estaba bien.

—Aún tengo cosas que atender — dije como caminé hasta mi buró y me serví una copa de vino.

—¿Cuánto tendré que esperar? — pregunto ella contoneando su vestido por mi gran habitación, mire la copa y vi mi reflejo en el oscuro vino y mirando de nuevo a sus ojos grises respondí.

—9 meses, deberás esperar 9 meses.

PDV DESCONOCIDO.

—¿estas cómoda? — le pregunte a la bella doncella que había rescatado unos meses atrás.

Ella estaba sentada al frente de la chimenea calentándose. Febrero había llegado y con él un poco más de nieve. La miré un poco, era una joven muy hermosa, usaba un vestido humilde que le había hecho con algunos de mis vestidos y se ajustó perfectamente a su embarazo, pensé que había perdido al bebe, cuando su caballo me llevo hacia donde ella se encontraba y la vi envuelta en sangre pensé que había perdido a su bebe, gracias a los dioses no fue así.

—Muy cómoda, gracias nana — ella me sonrió como sus ojos se iban cerrando.

—Deberías descansar un poco pequeña Rose, es algo tarde — ella asintió y se colocó de pie caminando hasta mí.

—Feliz noche, nana — beso mis mejillas y espero mi bendición, cuando se la di se dispuso a marchar, pero antes me pregunto:

—¿Mañana me entrenaras? — todas las noches era los mismo, solo que esta vez la respuesta no sería la misma.

—Mañana lo hare — ella me dio una sonrisa radiante iluminando su bello rostro —¿puedo preguntar por qué lo deseas? ¿aun deseas vengarte de ese hombre? — omití decir la palabra para que ella ignorara de cuanto sabía yo. La vi llevarse las manos a su cuello donde descansaba una tierna cruz de oro, sus ojos se pusieron tristes y algo decididos como ella respondió.

—cuando nazca mi hijo, iré y lo buscare y el pagara con su vida lo que le hizo a la de Mia, y la mía — ella camino hasta donde mí y me cogió las manos con dulzura — y de ahí regresare a casa y tu vendrás conmigo — sonreí y bese su mejilla como le murmure.

—un paso a la vez saltamontes, ve y descansa y ya mañana hablaremos — ella sonrió y se fue descansar y olvidarse de la tristeza que la cubría por dentro por no tener a su amado a su lado.

Recogí la sobra de las comidas y se la di a los perros. Afuera, una torrencial lluvia comenzó a caer, aún faltaba otro mes más de intensa nevada por lo cual coloqué un poco más de leña para que la casa estuviera calidad para mi pequeña y dulce niña. Recogí un poco más de suciedad y me dispuse a marcharme a dormir, mañana sería un largo e intenso día.

Estaba por subir las escaleras de madera cuando alguien toco la puerta, no me asuste, nadie sabía de la existencia ni ubicación de la casa y quien lo hacía era de confianza. Tome el largo tul de mi falda y baje, deje la vela que tenía en mi mano sobre la mesa que había al lado de la puerta y retire el cerrojo de está dejando ver a mi invitado de media noche, cuando este me vio, sus ojos se abrieron en el sombro.

—Ya te estabas tardando mucho.

PDVR.

—Debes levantar más tu brazo, eso te dará estabilidad para combatir — mi nana aconsejo como se acercaba sigilosamente para atacarme. Actualmente tenía 4 meses de embarazo y con cada día que pasaba me volvía más lenta.

—es pesada — me queje como deje caer la espada y mi cuerpo sobre el pasto verde. Mi nana me siguió el ejemplo y se sentó a mi lado.

—Nadie dijo que sería fácil, pequeña flor — resople y ella me reprendió — eso no es digno de una princesa.

—Ya se me olvido como ser una —Admití mirando hacia el bosque — a veces, cuando cierro mis ojos y pienso en mi vida de hace unos meses, parece fantasía, parece que no es mi vida y estuviera viendo por los ojos de otra persona.

—pero no lo haces —argumento — es tú vida, eres una princesa, heredera al trono de Turquía y tú hijo es el heredero al trono de Rusia.

—No somos de un lado ni del otro — dije acariciando mi estómago, — me he quedado embarazada sin casarme, cuando estaba comprometida con otro hombre, no creo que mi padre me perdone y no creo que la familia de Dimitri me acepte.

—¿Por qué pensáis eso hija mía? — pregunto mi nana dándome a beber un poco de leche con miel.

—Porque son de la realeza como mis padres, debe ser igual de estrictos con las normas, cuando me vean no pensaran que soy una princesa — dije mirando a sus cálidos ojos —pensaran que soy una deshonra y una vergüenza por haberme quedado embarazada sin casarme.

—¿Quién dice que ser madre es una deshonra? Según entiendo Rusia es gobernada por mujeres, el único hombre de la casa real es Dimitri.

—ellas estuvieron casada, mi padre dice que la reina madre es muy estricta, supongo que la madre de Dimitri debe ser igual.

—No puedes adelantarte pequeña, espera que pase los días y cuando hagáis todo lo que tengas que hacer puede pensarais si queréis ir a casa o a Rusia.

—¿No pensáis que soy un mounstro por planear la muerte de un hombre? — pregunte con un poco de temor, mi nana era lo único que tenía en la vida en este momento.

—una mujer tiene que hacer lo que tiene que hacer, supongo — ella miro hacia la cabaña y sonriendo dijo — él te acusa de traición por acostarte con otro hombre, pero el comete doble pecado, está matando a la única heredara de Turquía y al siguiente al trono de Rusia, por ley debe morir por traición a ambos reinos, sobre todo cuando en Rusia el sexo antes del matrimonio no se considera traición a nadie.

—¿Crees que es correcto que haga lo que pienso hacer? — pregunte para estar segura de que no estaba cometiendo un pecado.

—Debes honrar la mente de aquella doncella que os salvo vuestra vida y él debe pagar por atentar contra la corona.

—eres un alma de Dios, nana.

—No sé si lo sea, pero sí sé que te debo preparar, así que anda, ponte de pie y a entrenar.

PDVD.
9 meses después.

Deje unos hermosos lirios sobre la roca pulida y con un nombre sobre ella, era sencilla, nada que demostrase que había sido una princesa. Dos semanas después de su marcha llegaron con el cadáver de una mujer en descomposición y comido por los lobos, sus cabellos eran oscuros y largos, no había duda, era ella.

El rey le mando hacer una tumba como si fuera cualquier aldeano, a petición de mi abuela quien dijo que le diera un poco de respeto a la memoria de un cristiano, él acepto. Fue la peor sepultura que se le puede dar, no hubo tropas, ni música, no hubo caballos, ni cortejo, solo un sepulturero y yo mirando a lo lejos.

En una semana serán 9 meses, 8 desde su partida; mi pequeño ángel ya debería haber nacido, debería estar en mis brazos mientras mi bella esposa duerme por estar agotada y feliz. Deje las flores como escuche los pasos acercarse, no me di la vuelta, ya sabía quién era, a lo lejos vi a mi abuela mirarme y asentir con su cabeza.

—En una semana se cumple el tiempo que me pediste, he sido muy paciente mi señor, pero necesito una respuesta — su voz sonó baja y dulce, una máscara, la máscara que su hermano le obligaba a usar para ocultar su verdadero yo.

—Ha sido muy paciente mi princesa — dije como le di la cara y aprecié sus delicados y engañosos rasgos — y como el caballero y futuro heredero que soy, en una semana antes de que el sol se esconda te habré desposado, preparad todo mi bella lady.

—Me habéis hecho la mujer más feliz de estas tierras — ella sonrió victoriosa, y yo solo asentí.

—te veré en una semana bella lady— asentí besando su mano como me marché sin mirar atrás,

PDV DESCONOCIDO.

—Pequeña, debéis pujar cuando te lo diga ¿de acuerdo? — Rose, asintió tomando la mano de mi joven hijo.

El parto se había adelantado y él bebe estaba a punto de llegar, Rose, gritaba y gemía de dolor, su cuerpo estaba bañado de sudor y las sabanas se mancharon como la sangre las tocaban —¡Puja, ahora! — ordene y ella hizo su mejor esfuerzo pujando con todo lo que le daba.

—¡Ahhh! — gimió como se dejó caer sobre su cama. Mi hijo limpio su sudor con un poco de agua fría como le daba consuelo con sus ojos.

—¡Puja! — volví a ordenar, una mata de pelo marrón se asomó señalando la nueva vida que llegaba al mundo — vamos Rose, ya casi está aquí, ¡puja! — y ella lo hizo dando todo de sí.

La cabeza salió y con cuidado saque el resto de su cuerpo, era muy pequeño y hermoso; su cuerpo estaba lleno de sangre, y sus ojos cerrados, pero su pequeño cuerpo tenia pequeños espasmo cuando este lo toco el frio que lograba penetrar las llamas del calor. Miré a la madre quien sonreía y miraba a la pequeña bendición que tenía en mis manos, las lágrimas surcaron mis ojos como fui testigo del milagro de la vida. Corté el cordón con una navaja y le di tres suaves palmadas a su espalda y el llanto lleno la estancia llenando de vida el lugar.

El llanto de la pequeña vida fue como la más hermosa melodía para los presentes, su llanto nos recordó el milagro de la vida y como un ser con solo mirarte a los ojos podía convertirse en tu mundo entero. Rose, tomo a su bebe en brazos y lo arropo con la sabana de lino blanco la cual se manchaba con la sangre de su bebe. Mi hijo, el cual se encontraba a su lado sonreía, estaba un poco en shok, pero era normal, no todos los días vez a una hermosa doncella en labor de parto, sin embargo, mantuvo la calma y me ayudo en todo lo que le solicite.

Y mientras los tres sonreíamos en la dicha y el gozo, nadie se daba por enterado de lo que pasaba en el castillo próximo a mi casa, nadie escuchaba los gritos de lujuria y placer que rebotaban entre las paredes piedra de aquel lúgubre y oscuro castillo, y mientras él bebe lloraba, una joven y bella doncella gritaba en el éxtasis mientras, su amante de cabellos chocolate la hacía suya sin ser su esposa.

PDVD.

Los manteles de oro fueron perfectamente colocados, la vajilla de plata estaba pulida a la perfección y las copas de cristal estaban en su máximo resplandor. Usaron flores de todos los tamaños y colores, no hubo persona que no hubiera sido invitada y no había plato que no se cocinó. El vestido de novia fue elaborado por 15 sastres diferentes, era de blanco marfil y tenía miles de perlas. Telas y telas de la india llegaron en una gran embarcación y algunas joyas preciosas les fueron regaladas a la futura reina de Rusia.

El atardecer se divisaba en el horizonte que pintaba sus árboles de un rico naranja, el calor era abrazador, el verano estaba en su pleno esplendor regalándonos días soleados y calurosos. Mi traje negro brillaba bajo la luz de los últimos rayos del sol, el traje, al igual que el de novia fue echo a la medida, sin embargo, sin tanto esplendor y tanto detalle. Peine mi cabello hacia atrás y lo sujete a la nunca con una banda echa en cuero, enfunde mi espada y me coloque las medallas de guerra que había obtenido defendiendo a mi país, mis botas de caza llegaban hasta casi a las rodillas y están relucía bajo la luz de las velas, estaba listo para dar el ''si quiero''

—¿Puedo? — mire hacia la puerta y una gran sonrisa se ilumino en mi cara como vi a la persona que divisiva allí.

—Por supuesto, madre.

Mi hermosa madre entro en la estancia llenándola de belleza y elegancia. Su precioso vestido de color rojo se arrastraba por los pisos de roca, su larga cabellera se alzaba en un peinado en trenzas y sobre este su corona prominente se alzó no dándole cabida a las preguntas de quien era. En su cuello un elaborado collar de rubíes y en su vestido un listo con la insignia de nuestro hogar, mi madre era la personificación y la bondad en persona.

—¿Cómo estas, hijo mío? — ella pregunto cómo acomodo mi traje y las insignias.

—Tan feliz como puedo estar — ella me dio una mirada de compresión y una sonrisa triste.

—Algunas cosas deben pasar por algo.

—Desearía que fuera diferente — mire hacia la ventana y con voz melancólica le hable —desearía que fuera para ella, desearía quien fuera ella la que usara ese vestido y la que hubiera elegido la vajilla y las flores — mire de nuevo a mi madre con lágrimas en los ojos —solo desearía que fuera ella quien camine al altar… que caminara con nuestro hijo en brazos. — los ojos de mi madre se aguaron un poco, sin embargo, mantuvo la postura.

—¿Quién te dice a ti que le hubiera gustado esto? —ella miro hacia el lugar y una cara de desprecio se hizo evidente en su rostro limpio — ¿Quién te dice que hubiera sido feliz en medio de tanto circo?, porque me has de disculpar hijo mío, pero lo que esta doncella ha hecho se llama circo, esta no es la unión que hubiera deseado para ti, y estoy segura de que Roza, tampoco la hubiera deseado.

—¿Qué hubiera querido ella? — mi madre sonrió y me limpio una lana invisible del traje.

—¿Quién sabe?, pero la elegancia y serenidad de la gran princesa de Turquía era conocida en cada reino, mientras que la futura reina es escandalosa y extravagante, la princesa era cortes, humilde y sofistica, las características perfectas de una reina.

—¿Cómo sabéis tanto de ella?

—Hace muchos años la conocí, cuando estabais en la guerra viajé a Turquía y la conocí, era una niña de 10 años y era muy hermosa y serena. Ella nunca supo que yo era reina, no acostumbraba vestirme así, ella pensó que era una criada y sin embargo me trato con dulzura y cordialidad, tu tenías 18 años, estabas en el ejército.

—Nunca me hablasteis de ella, solo una vez te escuche mencionar que era muy hermosa.

—Nunca te hable porque era una niña, sigue siendo una niña.

—Era una niña — le recordé con pena.

—Era una niña, hasta que te conoció.

—Es fue su peor error —dije con agonía en el alma.

—o su mayor bendición.

—No creo que su padre lo llamaría así, sin mi…—fui interrumpido por la criada que entro en la habitación.

—Siento interrumpíos mis señores, pero todos están esperando por vosotros.

—Iremos en un momento — mi madre le sonrió y la joven criada asintió con la cabeza —¿listo? — ella pregunto con una sonrisa como beso mi mejilla. — me siento muy orgullosa de ti.

—gracias, madre — ella me tomo del brazo y juntos salimos de la habitación.

Miles de velas iluminaron el lugar, las sillas largas de madera se elevaban con elegancia con sus largos y profundos tallados. Vestidos de lana se divisaban desde la entrada hasta el altar, y allí, sobre el altar un ser humano despreciable y avaro sonreía en el triunfo y gozo, su pie de palo descansaba sobre un banquillo de madera, sonreí en la dicha, pues, Rosé, había acertado y su pie, al ser traspasado por el cuchillo, se había infectado y lo habían tenido que amputar.

Esa es mi chica.

Mi madre camino conmigo hasta donde el cura quien asintió en respeto a nuestra llegada, mi madre y yo hicimos lo mismo mostrando respeto a Dios. El rey se levantó con ayuda de su bastón y bajo a nuestro encuentro sonriendo, realizo una leve inclinación a mi madre con algo de dificulta, esperando que esta por respeto a él la correspondiera, pero se llevó la sorpresa de que no fue así, mi madre se quedó derecha demostrando su poder.

—Disculpe mi reina, pero cuando un caballero, en este caso un rey está presente, vosotros debéis mostrad respeto — él dijo con su orgullo de hombre.

—¿Quién aquí es el caballero? ¿usted? — pregunto mi madre mirándolo con odio —¿Quién es proclamado rey? — él la miro con odio y se quedó callado — ¿ha visto usted como vive sus aldeanos? ¿ha visto usted la hambruna que padece su pueblo? Un rey no olvida a los suyos, y si ellos mueren de hambre, un rey debe morir como ellos.

—¿y que sabe una mujer de ello? ¿qué sabe usted de ello? —presunto Reed, entre dientes —¿Qué sabe una mujer de como gobernar un país?

—Soy reina de Rusia, mi madre es la madre reina, y ambas hemos gobernado por más de 40 años, mi pueblo nada en riquezas y mi gente no muere de hambre, se mas que tú, un hombre que se proclama rey de una aldea que ni aparece en los mapas.

—Ambas habrán gobernado muy bien vuestro reino, pero al finalizar la noche su reino pasara a mis manos.

—en eso te equivocáis mi señor, la única condición que le impuse a Dimitri, para casarse con vuestra hermana fue que abdicara a su derecho como rey — los ojos del rey se abrieron en asombro y enojo.

—¿No lo habéis hecho? — pregunto en la furia, sin embargo, no respondí ya que mi madre lo hizo.

—Dimitri, os ha hecho una promesa y hoy la ha de cumplir, sin embargo, no puedo olvidar como has ordenado la ejecución de la princesa haciéndola huir en cinta y muriendo de frio en el bosque.

—¡ella me ha sido infiel, ha sido adultera! — el rey rugió atrayendo la vista de todos los presentes.

—¡¿Qué considera usted por adultera?! — pregunto mi madre con el mismo nivel de voz, algunas mujeres exclamaron en el asombro, nadie le hablaba a un rey así y menos una dama —Ella no era su esposa y nunca lo seria, ¿usted realmente cree que el rey la dejaría desposarse con usted después de la golpiza que le dio? Además, usted ha mandado a matar a un real, alguien poderoso y demasiado rico y encima estaba en cita.

—Era una simple mujer, a diario nacen millones, una más una menos, ¿eso qué? — el rey sonrió con arrogancia.

—esa simple mujer llevaba a mi nieto dentro si — mi madre le dijo sin gritar ni inmutarse con la mayor serenidad posible, sin embargo, él la miro y rápidamente me miro a mi en el escepticismo y el odio.

—¡Tú! —grito —¡has sido todo el tiempo tú, tú te has osado a colocar una mano en mi mujer! — el intento tirarse sobre mi sacando su espada, pero fue un intento fallido ya que dos guardianes lo retuvieron, miré sus uniformes y sonreí en el gozo, ellos estaban aquí.

Las puertas de madera se abrieron como alguien con una capa negra y ocultando su rostro entro, tras él, el rey y la reina de Turquía entraron escoltados por 20 soldados, las personas caminaban con paso decidido y se acercaron a nosotros, la sala quedo en un total estado de silencio, el único sonido que percibía era la agitación del rey al mirar a Abe, su rostro estaba serio, pero sus ojos contaban otra historia. La persona encapuchada llego a nosotros y se retiró la capa dejando al descubierto su angelical rostro.

—Hola, cariño — ella me saludo con una sonrisa que valió mi existencia.

—Hola, Roza — la sala exclamo como nuestros labios se encontraron en el más lindo y puro beso. — te extrañe — musite contra sus labios como retiraba un mechón de su cabellera.

—Solo fue una noche — ella dijo sonriendo a su vez.

—Para mí fue una eternidad ¿Cómo está mi preciosa Evelina?

—Profundamente dormida, una de las criadas la está cuidando en la casa de campo. — musito mi preciosa esposa solo para que yo la escuchara. Iba a decir algo más, pero fui interrumpido por un grito de odio y desesperación.

—¡Tu! ¿¡cómo te atreves!? ¡Pensé que habías muerto!

—Algunos muertos regresan de sus tumbas — ella dijo como miro a los soldados — sentadlo en su silla — ordeno con furia y veneno en su voz.

Los soldados hicieron lo que se les ordeno y sin ningún esfuerzo lo sentaron en su silla forrada en oro, ambos guardianes lo retuvieron como el intentó zafarse —¡soltadme, soy vuestro rey! — grito, pero nadie le ayudo.

Rose, tomo la espada que estaba enfundada en mi cintura y con decisión subió al estrado, una exclamación se escuchó a lo largo de la sala como la gente supo lo que iba hacer, el rey la miro y pude ver temor en sus ojos, por primera vez pude ver a un hombre temerle al poder de una mujer. Rose, con la elegancia que la caracterizaba llego a lo alto del estrado y mirando al rey con voz fría y neutra hablo.

—Reed Lazar — ella proclamo y miro a su padre y madre quienes asintieron en la confirmación — por el poder que me posee la corona turca — ella miro a mi madre y abuela quienes también asintieron con la cabeza en su aprobación,— y por el poder que me confiere la corona rusa como su futura reina, os condeno por traición e intento de asesinato a la realeza de ambos países, la cual deberá pagar con su vida — La sala exclamo y una que otra persona grito como Rose, levanto su espada sin ninguna dificultad y tomo impulso.

—¡Que! ¡No podéis hacer esto! — el grito en el desespero intentando zafarse y defenderse, pero era inútil.

—Eso mismo dije cuando me azotaste hasta dejarme la piel en carne viva, no has sentido piedad de mí, y yo os prometo que no sentiré piedad de ti.

—por favor mi señ…— no termino la frase como la navaja cortó su cuello separando su cabeza de su cuerpo y salpicando de sangre a los guardias y a mi bella esposa.

La cabeza salto de escala en escala hasta que toco la superficie y rodo por el pasillo hasta terminar a los pies de una doncella vestida de blanco manchando su vaporoso vestido color marfil. Avery, miro la cabeza de su hermano antes de gritar en la agonía y desesperación, nadie la consoló. Rose, bajo de la tarima y de su capa saco una daga, la reconocí, era la daga que guardaba mi abuela y la misma daga que acabo con la vida de mi abuelo, la punta de la daga estaba envenenada y un solo corte de ella seria letal para la persona.

—¡Perra! — Avery grito como corrió a su encuentro, pero no la toco, cuando estaba lo suficientemente cerca la daga atravesó su piel perforándola por dentro y matándola al instante, pero antes de que su vida esfumara mi esposa le dijo:

—esto es por la vida de Mia, su muerte ha sido vengada — y con esa misma frialdad se alejó de ella como el cuerpo de la doncella cayo a los pies de la cabeza de su hermano.

Corrí al lado de Roza, como vi que su cuerpo se desplomo en el cansancio, la tome en mis brazos y limpie su sudor, ella me dio una sonrisa cansada, pero una sonrisa de libertad, al fin era libre, al fin éramos libre.

—Todo ha pasado — dijo mirándome con lágrimas en los ojos.

—Todo ha acabado — dije como besé sus labios.

—Hoy cumplimos tres meses de casados — yo sonreí como la ayudé a poner de pie y la mantuve agarrada a mi lado.

—Cómo olvidarlo.

Tres meses y medio atrás.

La tormenta había empeorado, mi caballo estaba hambriento al igual que yo. El frio había aumentado y ni la lana que llevaba me lo quitaba. El mapa estaba errado, no había cabaña cerca del castillo, mi abuela definitivamente había perdido la cabeza. Estaba por darme por vencido en mi búsqueda hasta que la humilde y acogedora casa apareció a mi vista, cabalgue allí y me baje de un brinco y corrí a tocar, cuando la puerta se abrió mis ojos se abrieron del asombro.

—Ya te estabas tardando mucho. — mi madre apareció usando ropas humildes.

—Madre — fue lo único que logre decir, ella me sonrió y se hizo a un lado dejándome pasar.

—No te asombre mi pequeño saltamontes.

—¿Qué haces aquí? — pregunte como camine hasta la chimenea para calentarme un poco.

—Tu abuela dijo que necesitarías un poco de ayuda, mintió en lo de poco — ella sonrió y me comenzó a preparar algo cálido.

—Ella me envió aquí — dije pensativo — dijo que aquí había algo que me pertenecía y se encontraba aquí.

—cuando te hayas cambiado esas ropas podrás subir y buscar en la habitación principal, allí estará lo que tu abuela estaba hablando, yo me iré a dormir, al final del pasillo se encuentra tu habitación. — ella se iba a marchar, pero yo tenía una última pregunta.

—¿De quién es esta casa? — pregunte mirándola alrededor de ella.

—Esta fue la casa en que tu abuela nació y vivió su infancia hasta que se casó con tu abuelo.

—Pensé que mi abuela era rusa.

—Y lo es, por casamiento eso la convierte en una, pero ella nació aquí, no es de allí, ni de Turquía, simplemente es de aquí, no sé el nombre del lugar, nunca me lo ha dicho, hace unos días me escribió y dijo que me necesitaba, cuando llegue me ha contado lo que ha pasado y por ello estas aquí, me iré a descansar, felices sueños hijo mío — ella me beso en la mejilla y subiendo las escalas desapareció de mi vista.

Me cambie mis ropas ostentosas por otras más humildes y cómodas, me calenté un poco al fuego y resguarde mi caballo y le di un poco de comida. Cuando había terminado subí las escalas que rugían a mi paso y llegué a la planta de arriba, el lugar era pequeño, pero acogedor y estaba muy limpio. Mi madre había dicho que en la habitación principal me encontraría con lo que estaba buscando, así que entre muy despacio, el lugar olía a flores y a cera derretida, sobre la cama un cuerpo se divisaba, pensé que era el de mi madre y me acerque apagarle la vela que había, pero cuando lo hice mi cuerpo se paralizo.

Sobre la cama de gran tamaño y de infinidad de sabanas descansaba mi hermosa y pura doncella, sus cabellos estaban esparcidos por cualquier lugar y las colchas la cubrían por completo, su cara estaba pacífica y su respiración era pausada. Sentí mis mejillas húmedas y cuando me las toque me di cuenta de que eran lágrimas, estaba llorando, sentía como si un peso se me hubiera sido quitado, mi Roza, mi preciosa Roza estaba viva.

Con cuidado de no despertarla retiré las colchas y las lágrimas aumentaron como vi su abdomen, allí, bajo una delicada tela descansaba mi pequeño bebe, nuestro pequeño milagro. Las lágrimas aumentaron como me adentre en la cama y la tome en mis brazos, ella se revolvió y se despertó, pero no del todo, aún seguía bastante dormida.

—Dimitri — ella musito entre sus labios aun un poco somnolienta.

—Oh mi Roza —dije como la atraje más a mi pecho.

—¿Dimitri, porque me has abandonado? — ella pregunto con voz acongojada, eso me mato un poco más.

—Nunca te he dejado mi pequeña niña.

—¿me amas aun? —pregunto resguardándose mas en mi pecho.

—Con cada parte de mi corazón.

—Bien —dijo como bostezo —por que seremos padres — una ruidosa sonrió de mi pecho como me sentí dichoso y completo —¿Dimitri?

—Dime, Roza — dije como acaricié sus cabellos.

—Estoy cansada — y acto seguido bostezo.

—Duerme mi bella mujer.

—¿Estarás cuando me despierte en la mañana? —pregunto con voz apagada.

—Por el resto de mi vida. — y ella se quedó dormida, en mis brazos, donde pertenecía.

—¿estas nervioso? — Pregunto mi madre como ordenaba mi camisa de lino blanco.

—No, estoy ansioso — dije sonriendo.

—Ella estará aquí pronto — Mi abuela entro y me beso en ambas mejillas —haz echo bien mi querido nieto, Rusia tendrá una extraordinaria reina.

Dicho esto, mi preciosa niña entro luciendo un vestido de gaza hasta sus pies de color blanco, su abdomen se vio envuelto y cubierto por la delicada gaza resaltando su embarazo, su cabello iba suelto cayendo a sus caderas en ondas naturales, y sobre su cabello era una preciosa tiara de diamantes que le había regalado mi madre, la cual había sido su primera tiara.

Rose, camino al altar donde la esperaba con paso lento, tan lento que quise correr y tomarla en mis brazos, pero una mirada de mi abuela me detuvo. Al llegar ella las velas la iluminaron haciéndola lucir como una diosa, mi diosa y pronto mi mujer, ante los hombres como ante Dios.

Ella llego a mi lado y mi abuela procedió a dar la ceremonia, leyó algunos pasajes bíblicos y explico la maravilla de estar casados y de habernos encontrado en este mundo de lujuria y perdición, no escucha, solo tenía ojos y oídos para Roza, quien me miraba con sus ojos brillantes y llenos de amor. Mi abuela por fin me permitió besarla y lo hice, cerrando nuestro pacto, de estar juntos para toda la vida.

cinco meses después.

La luz del alba entro por las gruesas cortinas de seda de color pastel, a mi lado una bella doncella dormía plácidamente privada del mundo exterior, sonreí al verle, la atraje a mi pecho y ella se removió un poco, más no se despertó, lucia pacífica y serena. Su cuerpo desnudo calentaba el mío cubriéndome de los males del mundo. Cerré mis ojos, pero un llanto de tristeza se escuchó.

Solté a mi esposa con cuidado y me levanté con delicadeza tomando algo para cubrir mi desnudez. Camine lo escasos paso que me separaba de una hermosa y tallada cuna de madera y mire en su interior, allí, dos ojos oscuros y surcados de lágrimas me recibieron agitando sus pequeñas manos al aire.

—¿Qué pasa mi pequeña flor, por que lloras? —ella me miro ladeando su cabeza y dejando de llorar al reconocer mi voz. La tome en mis brazos acunándola en mi pecho, era tan pequeña y frágil — todo está bien mi pequeña niña, papá está contigo — acune a mi pequeño milagro y camine con ella hasta nuestra gran cama depositándola a un lado de su madre.

Mi pequeña Evelina, movió su cabeza y al ver dormir su a madre sonrió mostrando la falta de sus dientes, sonreí con ella. Mi hija iba para dos meses y al verla, imágenes de su nacimiento me llegaron a la mente, sostuve la mano de mi esposa todo el parto, mientras limpiaba su sudor, verla en tanto dolor me partía el alma, pero cuando el llanto de nuestra pequeña se escucho fue como si una parte de mí que estaba apagada, hubiera emergido entre la oscuridad y me hubiera llenado de vida, ver llegar al mundo a Evelina, fue el regalo más grande que los dioses me pudieron brindar.

—Eve, a mami no se le jalan los cabellos — mi hermosa esposa dijo aun con los ojos cerrados, pero con una sonrisa en sus labios como mi pequeña niña encerraba en su puño una pequeña cantidad de cabello de su madre y lo jalaba para llamar su atención.

Los ojos de mi esposa se abrieron y miraron a su pequeña hija con una sonrisa dulce en sus ojos, Eve, se llevó su pequeño dedo a la boca y se lo comenzó a chupar —Alguien tiene hambre — dije como la tome en mis brazos y retire los cabellos de su pequeña mano antes de que se cortara.

—Ella siempre tiene hambre — mi esposa se rio como una niña mientras se sentaba en la cama dejando ver su desnudes, era hermosa, como una obra de arte.

Tomo a nuestra pequeña hija y besando su cabecita comenzó a tomar del pecho de su madre con rapidez. Camine hasta donde estaba mi esposa y tome asiento tras de ella como ella se acomodó en mi pecho, bese su cabellera y suspire en la tranquilidad.

Nuestra hija bebió de su delicado pecho hasta que sus ojos se cerraron, su cuerpecito tomo peso como Rose, le saco los gases y la dejo en el centro de la cama. Nos quedamos como estábamos, mirando como el sol alumbraba las hermosas tierras de Rusia.

—¿Crees que seré una buena reina? —Roza, pregunto con preocupación en su voz, le di la vuelta y nuestros ojos quedaron al mismo nivel.

—Serás una excelente reina, como eres una excelente madre— su sonrisa fue tan grande que ilumino el lugar.

Su mano fue a mi mejilla y la acaricio con delicadeza, como si yo fuera su más grande tesoro en la vida —Te amo Dimitri, y te debo mi vida y la de nuestra hija.

—Te amo mi pequeña niña, para siempre. —y la bese como el alba nos envolvió una vez más, siendo el único testigo del amor que nos profesábamos el uno al otro, allí, entre sabanas de lino y vidas nuevas, guardando nuestra imagen para la eternidad.

FIN.


Ok, eso fue todo mis bellas lectoras. Apreciaría que una ultima vez me regalaran sus hermosos comentarios. Gracias a todas aquellas que la leyeron me y dejaron uno en el capitulo anterior, como también a las lectoras silenciosas, gracias nuevamente y les mando un beso.

¡Hasta la próxima!