¡Hoooola! nuevo cap. ¡Espero que les guste!
Bemyteenagedream2nightdraco
Capítulo 3: Un extraño en el bosque
Estaba hojeando, con aburrimiento, una revista en la tienda de cómics. Su mente divagaba acerca del extraño sueño que tuvo en la mañana. Lo atribuyó al shock generado al ver la estatua del demonio triangular, el día anterior.
Pero ¿y la persona herida en el bosque? Resuelto a investigarlo en ese preciso instante, giró, chocando con una joven veinteañera.
-Disculpa, no te había visto- respondió Dipper, avergonzado, mirando la punta de sus zapatillas.
-¡Ey Dipp! No fue nada, no te disculpes.
Sorprendido, levantó la mirada para ver a la hermosa pelirroja, quien le regaló una de sus sonrisas pecosas, al ser reconocida.- ¡Wendy! Wow. ¿Eres tú? Estás… distinta-
Wendy se había convertido en una bella, encantadora y esbelta mujer, admirable a la vista, a pesar de que seguía usando sus características camisas de leñador y sus botas.
Dipper no pudo evitar recordar que esa fue una de las razones por las cuales se enamoró de ella.
Enamorado.
Mejor dicho cuando creía, ingenuamente, estar enamorado. No fue hasta un año después, cuando reconoció que, lo que había pensado que era amor en un primer momento, sólo era profunda admiración y cariño hacia la chica.
Fue en ese mismo año cuando su madre se enfermó y él descubrió que no le gustaban las chicas. Su padre, al notarlo incluso antes que él lo reconociera, intentó sin éxito claro está, volverlo "normal."
Lo incentivaba continuamente a salir con alguna de las amigas de Mabel o lo invitaba, a veces, a ver alguno de esos aburridos partidos de fútbol americano que tanto lo enloquecían a él.
-…quería saber si ibas a ir- Alejó sus pensamientos al notar que la chica le había hablado y él no la había estado escuchando.
-Disculpa, ¿qué? Últimamente ando distrayéndome fácilmente- reconoció Dipper con algo de vergüenza.
-Te decía que me encontré con Grenda, Candy y Mabel en la cafetería, cuando Pacífica entró a contarnos acerca de la fiesta que daría la próxima semana, en su Mansión. Mabel me dijo que estabas aquí, así que vine a preguntarte si ibas a ir.
-No sé Wendy, no me siento de ánimos para salir de fiesta realmente.
-Es precisamente por esa razón por la cual deberías ir- respondió la muchacha, viéndolo con afecto. –Mabel me contó un poco acerca de cómo lo estabas pasando. Sólo quería decirte que las personas que, en verdad te apreciamos, vamos a aceptarte no importa quién seas o que suceda, ¿está bien?- dijo la pelirroja, colocando una mano sobre su hombro.
Dipper asintió, conmovido. –Te prometo que lo pensaré.-
-De acuerdo. Hasta entonces- dijo Wendy, despidiéndose de él mientras se dirigía hacia la salida del lugar.
Dipper la siguió con la mirada, hasta que estuvo fuera de su alcance. Sonriendo, decidió que tenía un misterio por resolver.
"Tal vez no fue tan mala idea volver" se dijo, emprendiendo la marcha hacia el bosque.
….…
Bill se hallaba durmiendo, plácidamente, al costado de un árbol. No había podido moverse ni un centímetro. Su nuevo cuerpo aún seguía doliéndole y ahora, para su suerte, se encontraba entumecido al haber pasado varias horas, en la misma posición, en el incómodo suelo.
Abrió un ojo, para observar el cielo. El sol estaba escondiéndose detrás de las montañas. Pronto, la luz de la luna no bastaría para iluminar todo el bosque.
Bill tenía conocimientos de todos los secretos del universo, al ser un demonio de alto rango. Por lo que era consciente de las bestias que vivían en los rincones del bosque de Gravity Falls, los cuales solían darse festines con los turistas con ansías de aventuras o algún grupo de jóvenes perdidos.
No podía pasar la noche allí.
-Siendo ahora sólo un simple mortal, no tendrían que hacer muchos esfuerzos para matarme- Pensó en lo extraño que sería la muerte para un demonio inmortal como lo era él, cuando al bajar la vista del cielo y colocarla en el camino, vio a un chico de cabello castaño, dirigiéndose hacia él.
Debía ser uno de esos chicos perdidos o con demasiadas agallas como para entrar al bosque en la oscuridad.
Decidido a ignorarlo y a punto de hacerse invisible con una pequeña porción de su magia, Bill notó algo extraño en ese muchacho.
Se le hacía increíblemente familiar.
Dejó que se acercará, mientras lo estudiaba cuidadosamente.
…
Dipper había resuelto investigar quién era la "persona herida" en el bosque. Sin embargo, a medida que se adentraba en él, se dio cuenta de lo estúpido y raro que sonaba.
Porque, ¿cuántas posibilidades había de que un sueño fuera verdad?
Levantó la mirada del suelo, para evitar caerse tontamente como el día anterior. En ese momento, vio al joven que, desde el suelo, lo observaba con sospecha.
Se detuvo. Su corazón empezó a palpitar con fuerza.
El joven se encontraba en pésimas condiciones, pero podía notarse los fuertes músculos de sus brazos, a través de su desaliñada camisa. Su piel, pese a tener restos de sangre y tierra, era pálida, más que la suya, y parecía ser suave al tacto. Dipper deseó acariciarla para corroborarlo.
Tenía una barbilla prominente y una nariz pequeña. Sus pómulos estaban ligeramente ruborizados, al igual que su frente y nariz, a causa del sol. Sus labios eran rosados y finos. Sin embargo, lo más llamativo en él eran sus ojos.
Wow.
Nunca había visto unos ojos como esos. Eran de un extraño color miel.
Profundos, cálidos y muy expresivos.
Hermoso.
Fue lo único que Dipper pudo pensar mientras lo recorría con la mirada.
Detuvo el escaneo que le hacía, cuando observó su mirada pasar de sospecha a duda.
-Emm…hola, ehh… ¿te encuentras bien? Esas heridas se ven realmente mal. Podría… podría curarlas, si quieres- Dipper agradeció no tartamudear al hablar. Se sentía nervioso ante la mirada del joven.
Él continuó mirándolo con duda, sin responderle. Parecía enfrascado en sus pensamientos.
Dipper recordó que no se había presentado, por lo que lentamente se sentó a un lado del chico, sonriéndole de manera nerviosa, intentando tranquilizarlo y tranquilizarse él mismo.
-Me llamo Dipper…Pines. No soy de aquí. Soy de Piedmont, una ciudad en California y emm…- Se calló.
"Tal vez estoy hablando mucho" pensó dudando, al notar la expresión sorprendida en la cara del otro.
Se había enderezado completamente. Sus ojos estaban abiertos de par en par y tenía la boca ligeramente abierta.
….
¡¿DIPPER PINES?!
El mocoso. Ese maldito mocoso que logró derrotarlo. Lo odiaba tanto. A él y a toda su familia.
El estúpido demonio azul no lo hubiera convertido en humano si no hubiera estado tan vulnerable, por culpa de la familia Pines.
"Podría utilizar lo que me queda de magia y destruirte"- pensó con odio, mientras lo miraba, sin expresión alguna para evitar sospechas.
Lo había tomado completamente desprevenido. De todos los habitantes de ese pueblucho tenía que encontrarse con el humano que más odiaba, y en estas condiciones.
"Si lo destruyera en este mismo instante, terminaría con uno de mis problemas." Bill alejo sus pensamientos e intentó calmarse.
Era un humano ahora y uno muy débil, tenía que tratar de encontrar más alimento y un lugar, alguna de esas casas, en lugar de pensar en formas de destruirlo.
Una idea cruzó por su mente. Miró al chico.
"¡Eso es! Tengo que convencerlo de que me traiga lo que quiero."
Le sonrió ampliamente a la persona delante de él. Tenía que ser amigable y simpático.
-Ey Pines. Mi nombre es Bill.- dijo sin dudar. Ese niño no sospecharía nada. Era demasiado tonto, por lo que recordaba. –Yo tampoco soy de aquí. Soy de California también. Entré al bosque y me perdí. Intente escalar un árbol para ver el camino, pero no me fue muy bien, ya ves. Me caí, ¿puedes buscarme una casa y alimento nutritivo? Mi cuerpo se encuentra muy cansado.-
"Lo hice bien. Esto de ser humano es pan comido."-pensó, satisfecho, el demonio.
Vio al chico mirarle con cierta duda, antes de sonreírle. Le indicó que no se moviera, que ya vendría con las cosas necesarias para él, por lo que Bill esperó, de buen humor, al ver lo fácil que era engañar a Pino.
