Capítulo 3
¡Hola mis lectores! Antes que nada me gustaría daros las gracias por leer mi loca historia, sé que a muchos de ustedes les dará miedo el payaso o como en mi caso les gustará (no soy la única que se ha enamorado de Pennywise! Sobre todo sabiendo que Bill Skarsgård está debajo!). Por último un especial agradecimiento a Syriaworld por su review, anímense y comenten! ¡Disfruten de la lectura!Judith, la valiente y fuerte Judith, la que presumía de no tener miedo de casi nada, ahora temblaba como una hoja y no daba crédito a lo que veían sus ojos.
El payaso estaba frente a ella con una macabra sonrisa y una mirada que poco se diferenciaba de la de un hambriento león mirando a su presa.
Ella simplemente cerró los ojos e intentó concentrarse en no sentir nada, pero él se lo estaba poniendo difícil, pues aunque no estaba apretándole el cuello, sí que la atrajo hacia él y le rozaba la oreja con su aliento.
-En algún momento tendrás que mirarme, Judith.- le susurró al oído.
-No eres real, eres producto de mi imaginación…
-¿Tú crees?
El payaso la soltó del cuello y en el lugar de sus manos ahora puso los labios succionando la piel expuesta. Ante esto Judith abrió los ojos muy confusa pues ella creía que iba a matarla en ese mismo instante, pero al parecer al payaso le gustaba jugar con ella.
Intentó apartarlo poniendo las manos en su pecho para empujarle, pero no consiguió moverlo ni un centímetro. Era más alto y fuerte que ella, esto último se lo reveló su tacto cuando posó las manos en su torso, notando una fuerte musculatura escondida bajo el plateado traje de payaso victoriano que llevaba.
Se escuchó la puerta de la entrada cerrarse y la voz de su madre diciendo que ya estaban en casa. El payaso se despegó de su cuello y giró la cabeza hacia la puerta de la habitación, luego miró a la ruborizada muchacha y con una mano enguantada se limpió la saliva del labio inferior, ella no pudo evitar mirar los labios del payaso y éste sonrió con picardía.
-Esto te recordará que soy muy real, preciosa.- y dicho esto desapareció de su vista.
Judith corrió hacia el espejo que había sobre el escritorio y vio una marca oscura en su cuello, se pasó los dedos por encima esperando que desapareciera, pero no fue así.
Entonces esta era la situación: Un payaso venido de algo parecido a un infierno o a saber Dios de dónde, había entrado en su casa, la había acorralado y le había hecho un chupetón en el cuello y ella no sabía cómo interpretar sus propias emociones.
Y si resulta que empiezan a desaparecer niños ahora ¿qué iba a hacer? Llamar a la policía y decir: "Agentes, han visto la película IT? Pues resulta que invoqué al payaso y ahora él está en el pueblo intentando matarnos a todos! A mí la primera!". Muy lógico…
Buscó un pañuelo en los cajones de la cómoda y se enrolló uno negro alrededor del cuello para ocultarles la evidencia a sus padres. ¿Y si lo hablaba con su amiga? Por lo menos ella sería la única que no la tomaría por loca, porque como se lo contara a ellos harían que la encerraran en un manicomio.
La tarde transcurrió con normalidad dentro de lo que cabe. Se dio una ducha, la cual le vino bien para despejarse un poco, además mientras se duchaba siempre ponía música en su móvil para relajarse y eso la ayudó a olvidar. Esta noche saldría con Cecilia para celebrar lo de su trabajo y eso distraería aún más su mente.
Se puso un vestido negro ajustado y un choker a juego, uno de esos collares pegados al cuello que tanto se llevaban en los 90. Era la ocasión perfecta para ponérselo, se maquilló un poco y pintándose los labios rojos sintió un escalofrío. Tuvo un pequeño flashback de esa mañana, pero lo cortó.
Cecilia estaba llamando a su móvil:
-Hey Judith, ¿estás lista?
-Sí, acabo de terminar ahora mismo de arreglarme.
-Ok, pues vete yendo para la puerta que en menos de 5 minutos me paso a por ti.
-Vale, hasta ahora.
Judith salió de la casa diciéndole adiós a sus padres, los cuales estaban en el salón viendo la televisión y no hicieron mucho caso. Se sentó en el escalón a esperar a su amiga y mientras tanto se puso a ver sus redes sociales.
Un sonido de cascabeles la puso en guardia y se levantó como un resorte, pero el colmo fue escuchar una risa inconfundible que venía de las rendijas de una alcantarilla cercana.
-Genial…- dijo haciéndose la valiente.- ¡pues a mí no se me ha caído ningún estúpido barco de papel así que no pienso acercarme!
-No, claro que no, pero tengo una cosa aquí abajo que sí te interesa. ¿La quieres?
-¿Qué cosa?- preguntó desconfiada.- No voy a ir.
-¡Oh, vamos! ¡Sígueme el rollo!- insistió.
Empezó a reírse cuando ella empezó a caminar hacia él. A una distancia prudencial se paró y se agachó a ver qué demonios quería, el payaso dejó de reírse y puso cara de pena.
-¿Ya? Esta mañana estábamos más cerca, mucho más.- dijo sonriéndole lentamente. –estás muy guapa, Judith.
- ¿Qué quieres, Pennywise?
-¡Oh! ¡Ella sabe mi nombre!- dijo haciendo como que le daba mucha vergüenza tapándose las mejillas con las manos. Ella alzó una ceja.
-Claro que lo sabía, ¿cómo crees que te llamé?
-¡Con esto!- dijo divertido enseñándole su móvil. Judith se miró la mano y efectivamente, no lo tenía ella. -¿Lo quieres de vuelta?
-¿Cómo has…? Bueno, pues quédatelo. No pienso meter la mano.- el payaso boqueó como un pez sin saber qué decirle y ella le sonrió.- ¡Adiós payasito!
Cuando la vio empezar a alejarse, Pennywise dio un salto y salió a la acera elevando las rejillas unos metros en el aire, las cuales produjeron un fuerte estruendo al volver a caer en el suelo.
Él la cogió del brazo y le dio la vuelta para encararla.
-A mí nadie me habla así, niña.- rugió enfadado a centímetros de su rostro, agarrándola por los hombros tratando de asustarla, pero ella le gritó de vuelta.
-¡A ti no te habla nadie porque eres un payaso cabrón!- no sabía de dónde había sacado tanto valor pero eso le gustaba a ambos.
- Esta mañana estabas muerta de miedo, ¡¿por qué ahora no?!
-Porque yo también sé jugar.- el payaso sonrió y desapareció. En ese momento los faros del coche de Cecilia alumbraron a Judith en mitad de la calle.
-¡¿Pero qué haces ahí?! Una cosa es que me esperases en la puerta de tu casa, no ahí parada que casi te atropello.
- Es que se me ha caído el móvil a la alcantarilla y estaba pensando en qué hacer.- contestó fingiendo al subir al coche. Le dio un par de besos a su amiga como saludo y ésta le respondió riéndo.
-¡Pero si lo tienes en la mano!
