Hola a todo el mundo y bienvenidos nuevamente a esto que es el tour por la mente de Eriol. No quise poner muchos recuerdos de Nakuru y Spinel, la verdad por falta de imaginación más que por otra cosa. Se que me he demorado eternidades en actualizar, pero es porque no sabía como seguir, ya que cuando tenía la idea lista, se me enredo tanto que al final no me gustó. Bueno, espero que me perdonen por no haber actualizado... estoy ahora mismo viendo como sigo mis otros fics, sobretodo el Heredero de ravenclaw y A pesar de Todo (este lo tengo olvidado desde hace añosssss) Dios, que mala soy con mis fics... pero es la universidad y esta imaginacion tan esquiva que tengo. En fin... espero que disfruten de este cap, que me salío mashusho...cuidense mucho...Atentamente,
Andreaeb182
Capitulo 3
Primera parada.
-Síganme todos y tengan cuidado por donde van, no quiero que nadie se pierda.- comencé a decir con voz alta, es que si se me perdía alguno de los turistas, me bajaban el sueldo y yo lo necesitaba enterito, así que todos apretujaditos, para que no haya errores.
-Pero no podemos respirar.- dijo una vocecilla en medio de la multitud.
-Pues se aguantan un poco más, que ya estamos llegando.- dije yo, es que los tenía a todos amarrados para que ninguno se me descarriara. Es que estas personas son peores que ovejas, se la pasan brincando de un lado para el otro, y yo soy el pobre idiota que me toca ir detrás de ellos.
Después de recorrer un no tan largo camino, por fin llegamos a donde teníamos que llegar. Un pequeño edificio de color rojo sangre con lunas pintadas por todos lados y muchas mariposas. Creo que Nakuru se pasó por aquí y lo decoró muy a su gusto. (n.nU)
-Bueno, lo mejor será ir entrando. Por favor entren despacio, de dos en dos y agarraditos de sus manitas que no quiero a ninguno extraviado por allí.- digo yo, mientras los suelto, pero ni cinco de atención me prestan, porque inmediatamente entran corriendo al edificio. Suspiro desanimado, y eso que el tour apenas empieza. Entro detrás de ellos y los veo sentados en las sillas dispuestas para ellos, mientras que me miran impacientes.
-ya voy, ya voy. Déjenme al menos tiempo para respirar.- digo yo, mientras me acerco a ellos. Se les nota emocionados, y no se porque, si este tour tampoco es que sea la gran cosa. Bueno, a quien engaño, son mis recuerdos, claro que es la gran cosa, pero tampoco para andar así de extraños.
Caminé a paso lento hacia ellos, quienes con cada segundo jodian más y más. Suspiré con desanimo, esta era la primera parada del recorrido y yo me encontraba agotado física y mentalmente en este momento. Por fin llegué a donde se encontraba esa multitud de inútiles, y apagué las luces. Con desgano me dirigí hasta donde se encontraba el proyector de películas, que parecía sacado de un museo. Ahora nada me quita la idea de que Nakuru se pasó por aquí. Solo a ella se le ocurre poner un aparatejo de estos. En fin, con un poco de magia lo pongo a andar y noto como las imágenes comienzan a aparecer en la pantalla blanca que hay al frente de nosotros.
Me siento en la primera silla que encuentro y me dispongo a ver mis recuerdos.
X3…x3…x3…x3…x3
Primer recuerdo.
Aparece en escena un Eriol de 11 años en una espaciosa habitación de la mansión en la que vivió durante su estadía en Tomoeda. Estaba sentado en su sofá favorito mientras cosía un traje de color negro con estampado de mariposas. Era de media tarde y el joven, tan solo sonreía sin decir palabra alguna, mientras continuaba con su trabajo con un instrumental como música de fondo.
-ahhhh, que tierno.- exclama una señora de edad.
-Cállese anciana y deje escuchar.- le responde un señor de la tercera fila, mientras comienzan a aparecer más imágenes.
-Amo, ¿todo esta listo?- pregunta alegremente Nakuru.
-Si, ya terminé tu yukata.- responde un Eriol de 11 años con una tierna sonrisa.
-Gracias, gracias, gracias.- grita feliz la guardiana lunar, mientras se lanza sobre Eriol y lo abraza cariñosamente, haciendo reír al joven mago.
-Nakuru, suelta al joven amo.- se escuchó una voz desde uno de los muebles de la habitación.
-Cálmate Spy, tan solo estoy dándole las gracias a Eriol.- le respondió la guardiana lunar, para luego sacarle la lengua al pequeño gato de color negro.
-te he dicho millones de veces que mi nombre no es Spy, es Spinel.- comenta con voz neutra, pero sin apartar la mirada del libro que esta frente a él.
-Lo sé, pero te queda mucho mejor Spy cuando estas así.- respondió la castaña con una sonrisa, a lo que el guardián del sol solo suspiró, haciendo sonreír nuevamente a su creador.
Recuerdo 2:
-Eriol… Eriol, mírame.- se escucha un grito. Se encontraban en ese momento en una pista de patinaje al aire libre. Era invierno y todo estaba cubierto por la hermosa nieve que caía en esa temporada.
-Te estoy viendo Nakuru.- le respondió un Eriol de 12 años mientras la observaba tranquilamente desde lo lejos. La castaña se encontraba en el borde de la pista, mientras intentaba aprender a patinar. Cuando por fin se soltó del borde de la pista, dio tres pasos antes de caerse estrepitosamente en el suelo. La gente que pasaba por su lado no pudo evitar reírse de la cómica escena, ya que la castaña había rodado sobre si misma y ahora se encontraba de cabeza.
-¿Y COMO NO REIRSE DE ESA CAIDA TAN IDIOTA?- se escucho decir del señor que llevaba la camiseta de Papi Chulo. Esa voz ya la podría reconocer en cualquier parte y en cualquier circunstancia.
-Señor, si es tan amable de guardar silencio.- le pido amablemente al señor, mientras las imágenes siguen pasando y veo como corro a ayudar a Nakuru a levantarse.
-Si, cállese viejo feo.- le grita una niña, que aparenta tener unos 8 años de edad. Estos niños cada vez son más precoces y más altaneros.
-SI CALLENSE, no ven que no me dejan escuchar la telenovela.- exclamó una señora enojada, mientras le pegaba un paraguaso al señor.
¿Telenovela? ¿De que rayos esta hablando esta señora? En fin, que importa, al menos logró callar a la gente. Así podré concentrarme otra vez en mis recuerdos.
Recuerdo 3:
-Eriol, Eriol.- se escucha un grito que proviene de la sala. Inmediatamente después Nakuru entra a la cocina apresurada. –Eriol, por favor ayúdame.- pide Nakuru desesperada. Eriol, quien se encontraba cocinando tranquilamente se gira para ver a la guardiana, con una pequeña sonrisa tranquilizadora. El joven estaba un poco más alto y su rostro poco a poco estaba perdiendo la redondez de la infancia. Ya se notaba que estaba entrando en la adolescencia, a la temprana edad de 13 años.
-tranquila Nakuru. ¿En que puedo ayudarte?- pregunta Eriol mientras se acerca a donde estaba la castaña.
-Necesito que me ayudes a hacer chocolates para Matt. Mañana es san Valentín y tú sabes lo mala que soy para preparar dulces. Y quiero que estos sepan exquisitos.- respondió atropelladamente la joven, sin detenerse para respirar. Eriol sonrió ante la respuesta tan típica de su guardiana y se giró para regresar a hacer su trabajo.
-No…-comenzó a decir el joven mago, cuando se vio apresado por los brazos de la castaña.
-Eriol, por favor.- lloriqueó Nakuru, mientras lo miraba con ojos de cachorrito.
-No puedo ayudarte ahora mismo, pero si quieres me esperas un rato y nos ponemos a trabajar. ¿Te parece?- completó el ojiazul.
-por supuesto. Te esperaré en la sala- Respondió la castaña para luego irse apresuradamente.
-Creo que la concientes demasiado, Eriol.- comentó el guardián del sol, mientras entraba a la cocina.
-Puede ser Spinel. Puede ser.- respondió Eriol con una sonrisa mientras continuaba cocinando.
-¿Y que le pasó a este idiota para pasar de ser tan maduro a ser lo que ahora es?- preguntó un joven que aparenta tener mi edad. Si que es metida la gente. ¿Qué les importa si soy maduro o no?
-Para su información, yo todavía soy maduro.- respondí mirándolos feo.
-Si, como no.- me contestó el mismo muchacho entrometido. Si no fuera porque me están pagando por esto, ya le habría callado la bocaza esa que tiene.
-Inténtalo para que veas lo que te pasa.- me gritó el mismo metido. Se me había olvidado que pueden escuchar mis pensamientos.
-Así es idiota.- me dijeron todos al unísono. Que humorcito que se gastan estos. Si siguen así no creo que aguante mucho tiempo con todo mi cuerpecito intacto.
-Bueno, bueno. Dejen de hablar y sigan mirando.-exclamé yo, logrando por fin que esta manada de gente, se callara.
Recuerdo 4:
Se ve un Eriol de quince años entrando a su mansión en Inglaterra. El ojiazul entra al lugar, regresando de una larga jornada en la escuela y se le ve una pequeña sonrisa. Abre la puerta y un fuerte sonido llega a sus oídos. Se trata de una canción nueva que suena en la radio y que últimamente es la sensación. Sonríe levemente y se encamina al salón de Baile. Abre la puerta y se queda de pie en su sitio. Sonríe levemente al ver a sus guardianes.
Nakuru se encuentra en el centro del salón bailando al ritmo de la canción, mientras obliga a Spinel, en su forma real, a seguirle el paso, sin prestar atención a las quejas del guardián solar. Hasta que el guardián, resignado, comienza a seguirle el paso.
Recuerdo 5:
Se ve un Eriol de 7 años jugando tranquilamente en su cuarto, cuando entra Nakuru corriendo preocupada y llorando.
-Eriol. Creo que Spy esta enfermo.- comenta Nakuru entre lágrimas. Eriol se las seca con sus manos y se dispone a ver a su otro guardián. Sale de su cuarto y ve una mota negra volar aceleradamente sobre su cabeza. El pequeño eriol comienza a saltar, intentando atrapar al pequeño "gato", cuando este pasa sobre él. Después de mucho corretear al guardián solar, logra atraparlo con ayuda de Nakuru.
-Nakuru, ¿Qué pasó?- preguntó Eriol mientras sostiene a Spinel entre sus manos y comienza a calmarlo con magia.
-No lo sé.- respondió la castaña más tranquila, pero aun así con miedo. –tan solo le di un poco del chocolate que me regalaste y luego se puso como loco.- completó la castaña, mientras observaba al otro guardián.
-Parece ser que Spinel no soporta las cosas dulces. Lo mejor será no darle más, sino queremos que se ponga hiperactivo de nuevo.- comentó el niño, con una sonrisa tranquilizadora en sus labios, para luego ser apresado por los brazos de Nakuru, quien asentía en silencio.
-Ahhh, que ternura.-exclamó soñadoramente una señora de edad.
-Bueno, eso es todo. No hay tiempo que perder. Así que andando.- dije yo mientras apagaba el proyector. En ese momento todo el mundo comienza a colocarse de pie y a observar lo que estaba a su alrededor.
En ese momento me percaté de la multitud de estatuas de Spinel Sun y de Ruby Moon que había en la habitación. Y también de la cantidad de señales de Coca Cola que se encontraban junto a cada estatua. Se veían también pinturas de diversos instantes de nuestra vida juntos. Todo bastante emotivo. De pronto un ruido sordo, como de algo al caer, me despertó de mi ensoñación. Me giré para ver que se trataba y me encontré con un niño que recogía una lata de Coca Cola de un dispensador, que yo ni siquiera había visto.
-¿Quiere?- me preguntó al verme observarlo detenidamente.
-No gracias.- le respondí educadamente al niño, para que este me sonriera y se fuera corriendo a donde se encontraba su mamá. Pero la verdad es que me sentía antojado de tomarme una gaseosa, así que me dirigí al dispensador e introduje una moneda en la ranura. Y en serio me dolió gastármela, ya que era una moneda nueva y brillante. De las que tanto me gusta coleccionar por lo bonitas que se ven.
-mmm, ¿Light o normal?- me pregunté a mi mismo.
-Creo que normal.- decidí luego de unos segundos. Presioné el botón de la Coca Cola normal, pero no funcionó. Lo volví a presionar, pero nada. Lo intenté una y otra vez, pero nada. Bueno, creo que será Light. Presioné el otro botón y no funcionó. ¿Ahora que? Lo intenté también varias veces pero no funcionaba.
-Cochina maquina de porquería.- mascullé en voz baja. Bueno, si no tendría mi gaseosa, al menos tendría de vuelta mi dinero. Presione el botón para la devolución de mi dinero, pero la cochina maquina se resistía a dármelo. Maquina ladrona de moneditas brillantes.
Poco a poco comencé a desesperarme, hasta que llegué al punto de coger y zarandear a la maquina una y otra vez, para ver si así funcionaba. De pronto escuché el sonido seco de una lata al caer. Me detuve y me agaché para ver mejor. Allí, en la canaleta, se encontraba una lata de Coca Cola, aunque lucía algo diferente, ya que en vez de ser roja o gris, era negra. No le di importancia, al fin y al cabo, siempre andan cambiando la presentación de estas cosas. Y que importa que sea blanca, roja o azul. Mientras supiera bien, y me quitara la sed, no importaba si traía marcianitos pintados.
-Coca Cola Zero.- leí en la lata. Mmm… otro nuevo producto, igual al anterior pero con otra presentación y otro nombre. Partida de rateros esos los de las grandes corporaciones. Abrí la alta y tomé un trago. Me supo igual. La verdad es que es la misma pinche coca cola de siempre. No entiendo para que le andan cambiando el nombre y presentándola como nueva, si es el mismo sabor de siempre. Bahh, que importa, mejor me la tomo y dejo de estar pensando pendejadas.
-Eso es cierto, ya estamos aburridos de escucharte quejarte de la mísera lata de Coca Cola. Larguémonos de este chuzo rápido.- exclamó impaciente un señor que se parecía bastante al hermano mayor de Sakura, pero con una década más de vida.
-Esta bien, esta bien. Vamonos.- dije yo, mientras los guiaba nuevamente al barco. Iban charlando animadamente mientras caminamos el trayecto de regreso a nuestro "querido barco", que nos esperaba con cadenetas y adornos de color rojo y negro. Supongo que Nakuru también se dio una vueltecita por aquí.
-Suban pronto, que no tenemos mucho tiempo y debemos ver otros recuerdos.- grité yo, mientras ayudaba a subir a un par de viejitas que eran bastante dulces y tiernas.
-Si quieres te das una vueltecita luego con nosotras, bombón. Claro, cuando te encuentres desocupado.- me dijo una de las viejitas, mientras la otra me guiñaba un ojo y hacia un sonido que quería asemejarse a un ronroneo. Sentí algo bajar por mi espalda, pero hice mi mejor esfuerzo por sonreírles amablemente mientras negaba imperceptiblemente para mi. No quiero meterme en más problemas, así que mejor evitar malas interpretaciones.
Cuando todos terminaron de embarcarse, prendí el motor y comenzamos a alejarnos del pequeño muelle que había en la isla y poco a poco lo vi alejarse. Suspiré cansado. Ya estaba agotado psicológicamente y apenas iba la primera parada.
