Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 2
Edward
Tenía dieciséis años cuando mi hermano Emmett murió.
Emmett tenía veintiuno.
Siempre habíamos estado muy unidos, al menos hasta que él cumplió dieciocho y conoció a Rosalie, su hermosa novia.
Rosalie era una preciosa amazona rubia de veinticinco que deslumbró y volvió loco a Emmett.
Solo tres meses después de conocerla, y a pesar de la firme oposición de Esme y Carlisle, Emmett abandonó sus planes de ir a la universidad y se fue a vivir a casa de Rosalie.
Mi hermana, Alice, acababa de nacer y mi madre se había volcado al cuidado de la niña, pero la relación con Emmett se volvió tensa y eso la desestabilizaba.
Así fue que me encontré en el medio de la relación entre mis padres y mi hermano.
Yo entendía las ganas de Emmett de independizarse pero había algo en Rosalie que no acababa de gustarme.
Emmett no lo aceptó y ello llevó a que nuestra relación se fuera deteriorando a pasos agigantados.
No servía que yo viera la forma en que mi hermano cambiaba a lo largo de esos tres años. Y no para bien.
Su cuerpo, siempre atlético y musculoso se fue debilitando. Bajó abruptamente de peso y su rostro se volvió macilento.
Su mirada era vidriosa y vaga. Ya no hablaba casi conmigo, y las pocas veces que lo hacía era de forma incoherente.
Fumaba y bebía y más de una vez lo había encontrado completamente borracho.
Cuando ese estado se le pasaba, se volvía agresivo y malhumorado.
Poco a poco nuestra vida se fue volviendo tensa.
Yo no podía evitar ver a mi madre consumirse lentamente y discutir con mi padre cada noche.
Y siempre el detonante era Emmett.
No fue sino hasta después de su muerte que supe las razones de estas constantes discusiones.
Carlisle acabó prohibiéndole a Emmett que viniera a casa, y a Esme que fuera a verle.
Cada día, cuando volvía del instituto, me encontraba a mi madre aovillada en el sofá del salón llorando desconsolada.
Y yo no sabía qué hacer.
Por mucho que intentara hablar con Emmett, éste se cerraba y se negaba, según decía, a hablar con un chiquillo sobre los problemas de los adultos.
Sus palabras me dolían.
Mi hermano. Mi idolatrado hermano mayor se estaba convirtiendo en una persona que yo desconocía.
Algunas veces discutíamos hasta llegar a golpearnos, pero nunca llegábamos a ponernos de acuerdo.
Pero nuestra relación se desintegró el día que me quedé viéndolo follar con su novia.
Entonces yo tenía quince. Había ido a buscarle al departamento que compartía con Rosalie porque Esme estaba desesperada por verle.
Había golpeado varias veces a la puerta pero no había obtenido respuesta.
Al tocar el pomo la puerta se había abierto y sin pensarlo había entrado.
Allí estaba mi hermano tumbado sobre el raído sofá, completamente desnudo. Su novia, la rubia belleza de cuerpo escultural sentada sobre él cabalgándolo completamente desnuda.
Para un chico de quince años como yo, cuyas experiencias sexuales se remitían a unas pocas chicas adolescentes delgaduchas y sin pechos, esa imagen me había puesto duro.
Rosalie había levantado la vista y me había visto allí de pie, mirándolos embobado.
No había dicho nada, sino que había continuado con su tarea, llevando sus manos a sus enormes pechos botantes y los había acariciado y tironeado de los pezones, excitándome, mientras me miraba con una sonrisa lasciva.
Ella jadeaba y gemía sin quitar la vista de mi rostro.
Instintivamente había llevado mi mano a mi bragueta y la había abierto liberando mi delgada erección.
No había tenido que meneármela más que dos o tres veces para correrme con un gruñido que llamó la atención de mi hermano.
Emmett había detenido a Rosalie y la había bajado de su regazo. Se había girado y me había visto allí.
Furioso me había gritado y después de darme un puñetazo me había sacado de su casa, mientras su novia me miraba lasciva metiendo sus dedos en su coño.
Me había quedado sentado frente a su portal, sin saber qué hacer.
Se suponía que tenía que hablar con él y pedirle que fuera a ver a Esme, pero en lugar de eso, me había quedado mirándolo como un voyeur.
Dos horas después le había visto salir de la casa.
Podía haber jurado que mi única intención había sido tener a Rosalie como aliada para convencer a Emmett de ir a ver a Esme, pero parte de mí sabía que solo deseaba volver a ver a esa preciosura.
Rosalie había abierto la puerta cubierta por una enorme camiseta de los Lakers, y me había sonreído como si me esperase.
—Hola, Edward —había dicho con su voz melosa.
—Hola, Rosalie —le había respondido sintiéndome un colegial.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Esme me ha pedido que convenza a Emmett de que le visite. Necesito que me ayudes a hacerlo.
—Ven, entra, querido —había dicho y me había hecho pasar al salón donde hacía un par de horas había visto a esa chica desnuda sobre mi hermano —Sabes que Emmett se molestó un poco por lo que sucedió antes, ¿no?
—Sí, lo sé —había reconocido avergonzado —Lo siento, Rosalie, no quería hacerlo.
—No te preocupes, querido. Pero dime, ¿por qué lo hiciste?
Completamente sonrojado le conté la verdad.
—Nunca en mi vida había visto una mujer tan hermosa como tú.
Rosalie sonrió con deleite.
—¿Te gustaría volverlo a ver? —ofreció tomando los bordes de su camiseta.
Me había mirado interrogante antes de continuar.
—Mucho —le había confesado en un murmullo.
Rosalie se quitó la camiseta y quedó completamente desnuda frente a mí.
Era sin dudas la mujer más hermosa que había visto, incluidas las de las revistas que guardaba bajo mi colchón.
Tenía un cuerpo escultural con las curvas justas en los lugares justos.
Unos pechos enormes con unos pezones erectos y aureolas amplias y rosadas.
Su coño estaba perfectamente depilado y parecía el de una muñeca.
Rosalie debió notar la aceleración de mi respiración y mi erección apretando contra mis pantalones.
—¿Quieres tocar? —ofreció y tuve que tragar saliva para no lanzarme sobre ella.
—Me encantaría —grazné.
—Toca lo que quieras, cielo —ofreció tumbándose en el sofá.
Había deslizado mi mano hasta ella y con lentitud había acariciado sus pechos y su vulva.
Rosalie había separado las piernas y había llevado sus manos a las mías.
—Déjame enseñarte cómo hacerlo, querido.
Llevó una de mis manos a su pecho y me obligó a sobarlo antes de pasar al otro. Tironeó sus pezones enseñándome cómo hacerlo.
Su otra mano, tomó dos de mis dedos y los introdujo en su coño empapado.
Con su supervisión la masturbé y la vi correrse con gritos desaforados.
Me hubiera corrido en los pantalones si Rosalie no hubiese sido más rápida y hubiese abierto mis pantalones para llevar su boca a mi pene y succionarme hasta tragar la última gota de mi semen.
Esa había sido la primera vez que había tenido sexo con la novia de mi hermano.
Durante los meses siguientes, la había estado visitando casi cada día.
Rosalie me había enseñado lo que era el sexo, y lo habíamos hecho de todas las formas que se le habían ocurrido.
Para cuando Emmett nos encontró, yo llevaba casi un año teniendo el mejor sexo que hubiera podido imaginar. Con su novia.
Emmett había entrado en su departamento para encontrar a su novia de rodillas frente al sofá y a su hermano follándosela desde atrás.
Nunca imaginé que podía recibir tal paliza de parte de mi hermano.
Mis moretones duraron una semana. Los de Rosalie, con su piel de porcelana, un poco más.
Los días siguientes, Emmett se había negado incluso a hablar conmigo.
Esme me rogaba cada día que le pidiera a Emmett que le llamara, pero Rosalie no hacía más que decirme que Emmett se estaba volviendo loco.
Harto de ver la tristeza de mi madre, y el perenne estado molesto de mi padre, fui a su departamento una tarde.
—¿Dónde está Emmett, Rosalie? —pregunté en cuanto me abrió.
—Lleva desde ayer encerrado en la habitación —respondió con desprecio —Ayer estaba furioso, como un loco. Gritó y despotricó antes de meterse a la habitación.
—¡Emmett! —le llamé acercándome a la puerta de la habitación que estaba trabada.
—Es un cabrón. Ya le puedes decir que se largue de mi casa, si piensa seguir tratándome de esta forma —gritó la mujer furiosa tumbada sobre el sofá viendo la televisión.
—¡Emmett! ¡Abre la puerta! —grité sin obtener respuesta —Venga, Emmett, abre. —Nada —Abre, cabrón. No estaremos peleados toda la vida.
Seguía sin responder, ni siquiera para insultarme.
Empecé a preocuparme.
—Abre, Emmett, o tiraré la puerta abajo. —amenacé.
Emmett no contestó. Me tiré contra la puerta y nada.
Lo hice dos, tres veces, hasta que finalmente la cerradura cedió y la puerta se abrió con estrépito.
Sobre la moqueta mugrienta de la habitación, completamente desnudo, estaba el cuerpo inerte de mi hermano.
—¡Emmett! —grité y me abalancé sobre él. —¡Rosalie! ¡Llama a emergencias! —ordené.
Emmett no tenía pulso, y su rostro estaba vomitado.
Junto a él, dos jeringuillas.
Supe al tocar su cuerpo helado que estaba muerto, pero no podía dejar de sacudirle buscando hacerle reaccionar.
Cuando los paramédicos llegaron, mi padre les acompañaba junto a un oficial.
—¡Papá! —grité con desesperación tirándome a sus brazos mientras los médicos trabajaban sobre mi hermano.
—Sal de aquí, Edward —ordenó con voz átona.
—No puede estar muerto, papá —rogué sintiendo las lágrimas correr por mi cara.
—Sal de aquí, Edward —repitió y me empujó fuera de la habitación antes de cerrar la puerta tras él.
Me senté en el salón junto a Rosalie, y no pude dejar de sentirme culpable por su muerte.
—Le dije cientos de veces que usara dosis más pequeñas —dijo ella con desinterés, sentada junto a mí, mientras fumaba despreocupada.
La miré estupefacto y sintiendo la rabia hervir dentro de mí.
—¿De qué coño estás hablando?
—Las drogas no te matan si eres cuidadoso.
—¿Qué estás diciendo, gilipollas? —grité —Esto es por nuestra culpa —rugí —¿No lo entiendes? Estaba furioso por lo que hicimos. Destrozado por ver a su novia follando con su hermano.
—¡Oh, por Dios, Edward! No seas ingenuo. A tu hermano le importaba una mierda a quién me follara. Más de una vez me ha apoyado para que me follara a sus amigos, o al puto camello, para que le diera crédito.
—¿De qué estás hablando? —inquirí confuso.
—Emmett lleva años metiéndose una dosis más grande de drogas cada vez. Sabía que no debía hacerlo, pero el muy idiota se creía invencible. Pues ahí tienes, no era invencible.
—Eres una puta zorra, hija de puta —rugí furioso contra esa mujer.
La puerta de la habitación se abrió y salió una camilla con el cuerpo de mi hermano dentro de una negra funda forense.
—Debemos tomaros declaración —nos informó el oficial que había llegado con Carlisle, sentándose frente a nosotros para mirarnos con rostro apenado.
Espero que no me quieran matar por matar a Emmett tan pronto.
Espero que les gustara el capi.
Una vez más gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Siempre pueden visitar el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki, donde nos reuniremos para comentar y compartir ésta y mis otras historias.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Eli Val por la genial portada que me hizo para el fic.
Pera l.t: Gracias.
