3.- Dulce Navidad
La casa de los Potter era todo silencio (claro, a las 3 de la mañana qué querías, ¿fuegos artificiales?). Era la primera noche que James, Albus y Lily dormían en sus camas desde septiembre. Lily se había curado rápidamente del accidente con la bludger. Todos habían tomado a James como un gran héroe, pues de no haber sido por él la pelirroja habría caído al vacío y probablemente… bueno, mejor no pensarlo. Sin embargo, James no se sentía como un héroe, si la bludger le hubiese golpeado a él, su hermana estaría bien. El partido lo habían ganado milagrosamente. James encontró la snitch revoloteando cerca del palo de su escoba a los cinco minutos de volver al juego, pero la sensación de victoria le pasó de largo y en lugar de quedarse celebrándolo con sus compañeros fue corriendo a la enfermería.
Por la mañana, el primero en despertarse fue Albus, que encontró una pila enorme de regalos a los pies de su cama. Empezó a desenvolverlos rápidamente. En el primero había un jersey de lana con su inicial, regalo de su abuela Molly. El segundo contenía varios libros sobre animagos y algunas chocolatinas. Siguió rompiendo papeles de colores y encontró muchas cosas más: una nueva túnica, un caldero, un surtido completo de artículos de Sortilegios Weasley (regalo de George y sus primos Fred y Roxanne), un juego de ajedrez nuevo, algunos libros más y muchos dulces.
En la habitación de al lado, su hermano encontraba regalos parecidos, sin embargo, éste tenía una nueva escoba último modelo y un kit profesional para tenerla siempre perfecta.
Lily también se había despertado y desenvolvía con cuidado todos sus regalos. Su montón era mucho más grande que el de sus hermanos. Ventajas de ser la única hija y el ojito derecho de papá. Ya había desenvuelto paquetes con túnicas nuevas, más cosas de Sortilegios Weasley, el mismo kit de mantenimiento de escoba que James y muchas muchas golosinas. Sin embargo el regalo que más ilusión le hizo fue una caja con las pelotas de quiddith firmadas por su equipo favorito: las Arpías de Holyhead. "Como te quiero, papá" pensaba mientras admiraba cada una de las pelotas. Una de las bludgers estaba firmada por Gwenog Jones, golpeadora y capitana.
-¡¡Mamáaa!!- gritó James desde la habitación de al lado.
Lily se levantó con cuidado y fue a ver qué pasaba. En el umbral de la puerta del cuarto de James estaba su padre y dentro su madre, intentando no reírse de su hijo, que llevaba un jersey rosa chicle con una gran "J" amarillo canario en el pecho.
-Creo que la abuela ya no distingue bien los colores- dijo Lily mientras intentaba no tirarse al suelo de la risa.
-Me niego a ir con esto a la comida familiar- James estaba rojo como un tomate en conserva.
-Ya sabes que la abuela se enfada mucho si no vais con sus jerséis- contestó Ginny- además cariño, este color te favorece mucho.
Albus que acababa de llegar a ver qué pasaba, se sujetaba las costillas para no rompérselas con las risas. James, que cada vez estaba más y más enfadado le lanzó uno de los nuevos productos de su tío George, que resultaron ser "Polvos de tostado" con lo que Albus se quedó como el negrito del Cola-Cao. Entonces fue James el que se rió en el suelo con su hermana. Albus parecía una tostada quemada (vaya, de ahí el nombre) y fue corriendo al aseo para quitarse ese color. Al final, y después de media hora en la ducha, consiguió un moreno caribeño bastante favorecedor.
***
Ese año la comida familiar de los Weasley se realizaba en "El Caparazón", la casa de Ron y Hermione (tenemos La Madriguera, El Refugio y ahora El Caparazón). Ésta se encontraba a las afueras de Londres y era lo suficiente grande como para albergar a varias generaciones de pelirrojos.
Cuando los Potter llegaron, se encontraron con todos los hermanos de Ginny, sus mujeres y sus hijos. Exceptuando a Rose, Roxanne, Albus y James la nueva generación Weasley era completamente pelirroja. La familia podría estar tranquila de que ese rasgo tan característico perdurara durante mucho tiempo.
Molly Weasley hacía carantoñas al más pequeño de todos sus nietos, Louis, el último hijo de Bill y Fleur. Arthur charlaba con Charlie, Percy y Audrey (la mujer de éste último) sobre un nuevo artilugio muggle muy famoso, un chisme llamado Wii que hacía que estos hicieran movimientos ridículos y sin sentido delante de eso que llamaban televisor. Victorie hablaba con sus primas Molly, Lucy y Rose sobre lo fantástico que era su novio, Ted Lupin, que era capaz de cambiar el color de su cabello a su antojo y combinarlo con el color del vestido que vistiese la chica. Roxanne discutía con Dominique (la hija mediana de Bill) qué colegio era mejor, si Hogwarts o Beauxbatons. George, Ron y Angelina estaban enfrascados en una diputa por saber quién sería el ganador de la copa de quiddich del año siguiente y desde luego no parecían ponerse de acuerdo. La única de toda la casa que pareció darse cuenta de la llegada de Harry y su familia fue Hermione, que corrió a saludarles. La chica había cambiado mucho desde que salieron de Hogwarts, pero su melena castaña (clavada a la de Rose) seguía intacta, esta vez recogida en una gran trenza que le caía por la espalda. Tenía cara de estar un poco agobiada (claro, imagínate tener que cocinar para 25 personas, fácil fácil no es) y cogió a Ginny de la muñeca para arrastrarla a la cocina y que le ayudase un poco. James (que al final había dejado su jersey rosa en casa) se metió en la disputa sobre quidditch y Lily escuchaba como Dominique hablaba sobre Beauxbatons, que parecía un lugar fantástico, aunque seguro que no tanto como su Hogwarts querido. Albus arrastró a Rose a otro salón antes de que Victorie le comiera el coco con lo fantástico que era Ted. Claro, eso lo decía porque no se comía siempre el último trozo de pastel de chocolate o cogía la última chuleta cuando iba a cenar a su casa.
La comida resultó ser un éxito. Hermione había preparado todos los platos típicos Navideños: pavo, patatas asadas, salsa de carne, pudin… Todos charlaron animadamente sobre sus vidas, sus trabajos y sus anécdotas mientras comían. El señor Weasley ya se había jubilado y se pasaba el día en la Madriguera estudiando cachivaches muggles (lo útimo que había descubierto era el teléfono móvil y no entendía por qué la gente hablaba sola por la calle con un trozo de plástico en la mano). Bill y Fleur seguían trabajando para Gringotts en Londres, aunque a veces les tocaba viajar a Egipto o Francia. Habían decidido que su hija Dominique estudiase en Beauxbaton para no perder la tradición de los Delacroix. Percy y su mujer, Audrey, trabajaban en el ministerio como secretarios del Ministro y habían enchufado a Lucy, su hija mayor, a trabajar allí, Molly, la pequeña, era medimaga en San Mungo. Charlie seguía en Rumanía con sus inofensivos dragoncillos que eran su familia más querida. George continuaba con su gran empresa de artículos de broma, ya tenía tiendas por todo el país y algunas otras por Francia y España. El pelirrojo había hecho a Harry co-propietario de Sortilegios Weasley, pues decía que acabaría pareciéndose a Bill Gates con tanta pasta. Su mujer, Angelina (Jones), trabajaba como periodista de El Profeta y se encargaba de hacer la sección de deportes. Ninguno de ellos eran los jóvenes que había estudiado en Hogwarts. Unos estaban más calvos, otros más viejos, otros más ricos… Pero seguían siendo aquella familia que acogió al joven Harry Potter cuando su propia familia no quería ni verle.
Después de comer Ron y Charlie empezaron una partida de ajedrez. Fleur explicó la preparación de un famoso plato francés a sus cuñadas mientras la señora Weasley ponía cara de asco. Hermione y Harry entablaron una conversación sobre el estado de Hogwarts, el castillo se hacía viejo y se había hundido el techo de una torre.
Albus y Rose vagueaban cada uno en un sofá de otro salón de la casa.
-Así que estas así de moreno por uno de los cachivaches del tío George. Ya decía yo que era imposible que hubieses ido al Caribe y no me hubieses dicho nada.
-Sí, James a veces es demasiado idiota para su propio bien. Como con lo de Lily. Mi hermana casi se mata porque no quería romperse su preciosa nariz con una bludger.
-Albus, eso que dices está totalmente fuera de lugar. Tu hermano nunca hubiese imaginado que pasaría algo así- Albus sabía que exageraba, pero es que estaba enfadado. Su hermano siempre había sido un irresponsable, sobre todo con Lily. Cuando la pelirroja tenía seis años, la subió a una escoba y se fueron volando. Volvieron a las 5 de la madrugada, helados y con la pequeña llorando porque se habían perdido. La bronca que le había echado Harry fue monumental, primero por hacerle eso a su hermana y segundo por coger su escoba sin permiso y volar tan lejos. Era más irresponsable que una patata.
James y Lily, en ese momento, jugaban un mini-partido de quiddith con Roxy y Fred, hermanos con hermanos y primos contra primos.
-¡Gol!- gritó James, que acababa de anotar.
-Para nada primito, eso no ha valido- Roxanne volaba muy cerca del moreno.
-Porque tú lo digas.
-Hasta un búho con gafas hubiese visto que no era gol.
-Creo que a la que le hacen falta gafas es a ti, ha entrado claramente.
-No.
-Sí.
Lily y Fred bajaron de sus escobas para ir a tomar algo caliente mientras sus respectivos hermanos se peleaban por ver quien había ganado.
Se sentaron en la mesa de la cocina con Hugo y Dominique, que comían bizcocho con chocolate caliente. Entonces llegó Roxanne, totalmente empapada.
-¡Bizcocho!- gritó antes de cogerse una porción que habría llenado a Hagrid.
-Deja algo para los demás, señora egoísta- James acababa de llegar en las mismas condiciones que su prima y con cara de pocos amigos. Se ve que al final había tenido que admitir que su gran jugada no había sido gol y que había perdido. Roxanne, que tenía la boca llena de bizcocho le hizo un gesto poco familiar al chico y siguió engullendo.
-No sé cómo no revienta de tanto comer- dijo Fred en voz baja a sus primos- ayer mi madre preparó su comida favorita y tuvo que hacer el doble de lo normal, casi se come los platos. Roxy le echó a su hermano una mirada poco conciliadora.
-Eso es porque echaba de menos la comida de mamá- dijo mientras paraba de comer para beberse una taza de chocolate caliente de un trago.
-Les presento a "Aspiradora" Weasley- dijo James en plan presentador de televisión. La castaña se le echó encima para intentar ahogarle cuando llegó la señora Weasley.
-Roxy, cariño, suelta a tu primo, que se está poniendo azul- dijo en todo cansado. Había presenciado muchas peleíllas como esas entre sus nietos, primero por la pelota, luego por la escoba y ahora por algún comentario soez, seguro. –Ay, mis chiquitines, que mayores estáis ya, parece que fue ayer cuando correteabais por el jardín detrás de los gnomos o os bañabais desnuditos en la piscinita de plástico -los chicos se pusieron rojos. Esos detalles de sus vidas era mejor que no se recordaran. La señora Weasley pasó de ellos y siguió hablando con voz melancólica. –Recuerdo la primera vez que James hizo magia, fue para protegerse de una piedra que le había lanzado Roxanne –sí, la chica siempre había sido así de delicada.
***
Una chica rubia andaba muy deprisa por el Hogwarts Express en lo que parecía una búsqueda desesperada. Los estudiantes volvían de las maravillosas vacaciones de verano y estaban llenos de anécdotas que contar sobre las cenas familiares y sus regalos. Algunos de los que pululaban por el pasillo miraron asombrado a la chica, que pasaba velozmente. Era muy guapa, con ojos azul cielo y labios rojos. Parecía una Barbie andantes a tamaño real. Al final encontró a la persona que buscaba dentro de un compartimento. Abrió la puerta delicadamente. Los cuatro integrantes que estaban sentados en los asientos le miraron extrañada.
-Oh, James, me alegra haberte encontrado- dijo aliviada. Tenía un acento raro, pero hablaba el inglés perfectamente.
-Mmm… ¿nos conocemos?- preguntó el chico algo desconcertado. Si hubiese visto alguna vez a esa diosa griega personificada se habría dado cuenta.
-Soy Amelie Lemieux, sobrina de Bill y Fleur. Soy hija de Gabrielle, la hermana de Fleur.
-Encantado- dijo Miles saltando del asiento como si se hubiese quemado el culo. Cogió la mano de la francesa y la besó gentilmente –Miles Dingle, a tu servicio.
Roxanne bufó.
-Y dime, ¿qué te trae por aquí?- preguntó James mientras se sentaban (Miles no le quitaba los ojos de encima).
-Vengo de intercambio desde Beauxbaton.
-Es verdad, Elisabeth Waves se ha ido a su escuela una temporada- Evan se acababa de acordar.
-¿No te dijo nada mi tía Fleur?- James hizo memoria. Probablemente lo mencionara, pero había estado demasiado preocupado por consolar a su abuela, que se había sentido muy ofendida porque uno de sus nietos no llevase su jersey reglamentario y alegaba que era imposible que lo hubiese hecho de color rosa-complemento-de-Barbie. Roxanne tampoco recordaba ese momento exacto.
El resto del trayecto lo pasaron hablando y contando historias sobre Hogwarts. Miles babeaba abiertamente por la rubia, cosa que molestaba tremendamente a Roxanne y James simplemente se limitaba a observarla como se observa el "Guernica" de Picasso.
Lily, Hugo, Albus y Rose estaban en otro compartimento aburriéndose mortalmente. Los pelirrojos miraban por la ventana y Albus garabateaba rápidamente en un pergamino una redacción de Historia de la Magia que había olvidado completamente, es decir, que estaba más ocupado en comer polvorones y turrón que en hacer los deberes. Rose le miró reprobatoriamente y siguió leyendo un artículo de El Profeta.
-Ha pasado un ángel- dijo Hugo para romper el silencio.
-Un ángel no, la corte celestial entera- contestó Lily.
-La tía Angelina se ha lucido con su último artículo. Como se nota que las Arpías son su equipo favorito. Solo le ha faltado decir qué color de ropa interior llevan.
-Es verde –todos miraron mal a la pelirroja -¿Qué? Es mi equipo favorito, esas cosas se saben.
En ese momento entró Roxanne como un tornado en el compartimento y se sentó al lado de Albus que del susto emborronó una parte de su trabajo y soltó una palabra poco educada. Tenía cara de asesina en serie.
-Emm… Rox, cariño ¿qué te pasa? –preguntó cuidadosamente Rose que no quería ser la primera víctima de Roxanne Lecter.
-El inútil de Dingle, que no para de babear por una francesa pariente nuestra.
-Ah, Amelie. Fleur dijo que estaría aquí una temporada… -si las miradas matasen, Hugo habría estirado la pata en medio del compartimento.
Ninguno de los que estaban allí sentados preguntaron nada más. La furia de su prima era comparable a la de un centauro recién levantado, así que decidieron pasar y seguir a lo suyo, es decir, a nada.
-¡Por fin!- grito Albus al cabo de media hora –me he inventado más de la mitad, por cierto ¿Gurnuk el Baboso fue el rey de los trolls?
-FENRIR el Baboso fue rey de los enanos –le corrigió Rose.
-Valla… -el chico miraba detenidamente la redacción –bueno, se queda así, de todas formas no creo que me pusiera mejor nota.
***
-¿Qué se ha creído esa? Viene aquí, con su melena rubia y sus ojos azules a molestar, porque lo único que hace es molestar…
Roxanne no soportaba la presencia de Amelie en Hogwarts. Cada vez que la veía despotricaba cuanto podía de ella: que si tenía el pelo demasiado rubio, que si era demasiado pálida, que si tenía un acento estúpido… Claro que ella siempre decía que sus comentarios eran porque estaba descentrando a su primo James de los estudios y que no tenía nada que ver el hecho de que Miles besara el suelo por donde pisaba.
-Rox, como sigas así te van a salir arrugas –Rose se arrepintió enseguida de haber dicho eso pues su prima estuvo a punto de hacerle tragar los cereales de golpe y ahorrarle sus diez minutos de desayuno.
Para ser febrero hacía un buen tiempo inusual que provocaba la salida masiva de los alumnos del colegio en busca de un poco de sol ahora que todavía podían. Los entrenamientos de quidditch se hacían cada vez más y más largos, pues según James el tiempo podía cambiar en cualquier momento y recluirlos en el castillo, lejos de sus escobas. Dicho y hecho. A mitad de febrero cayó una nevada espectacular y los alumnos volvieron a sacar las túnicas de invierno que habían guardado. James y Miles mataban el tiempo de los entrenamientos vagueando en la sala común. A ellos eso de los EXTASIS y esas cosas les chupaba un pie. Ya estudiarían más adelante.
-Tío, creo que estoy enamorado de Amelie –dijo Miles en tono bajo, para que nadie de la sala le escuchase. –Desde hace unos días solo sueño con crepes, cruasanes y torres Eiffel.
-¿Y qué pasa con Brown? –la Raven con la que había estado antes de que apareciera la rubia.
-No lo entiendes, macho. Amelie es como el queso de los macarrones, como el tomate en la pizza, como el jamón en el bocadillo… -no hace falta decir que se acercaba la hora de la cena.
James no sabía qué decir. La llegada de la rubia también le había afectado. Cada broma que hacía era para escuchar su risa y ver sus dientes de anuncio de pasta de dientes y se había pasado más horas de las que imaginaba en la biblioteca para verla y estar con ella. Pero que Miles le dijera que estaba enamorado le fastidiaba el plan. El primero que se confiesa se lleva a la chica y él había llegado tarde. Mierda.
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Buenas ^^
Supongo que este capítulo es para explicar un poco qué paso con los Weasley después de la batalla y tal. No me convence mucho, pero quería subirlo rápido para que no espereis mucho (yo también odio que tarden semanas en subir capítulos, cuando llega ya has perdido el hilo de la historia u.u')
En fin, muchísimas gracias por los reviews, me hacen muy feliz :D
Un besote enorme a todos :)
