Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la trama es completamente original y de mi autoria... Así que no al plagio.

Muchas gracias a quienes me están leyendo, prometo actualizar cada tres día aproximadamente.

¡Espero que les guste este capitulo! Se vienen más cosa buenas.

Con cariño, Creative of Shades.


CAPITULO 2

Al verlo, con su sonrisa descarada, su cabello negro húmedo y sus ojos penetrantes sentí como mi cuerpo reaccionaba automáticamente a su presencia. El dolor de noches y noches esperando un mensaje suyo, las lagrimas al no recibir noticias de el se evaporaban al sentir sus brazos en torno a mi cintura.

Subí a la moto de un salto, incapaz de esconder la sonrisa al abrazar su fornido torso.

Caminamos por la playa, y deje que las nubes de la incertidumbre se despejaran cuando tomo de mi mano.

El día era cálido aun cuando las nubes grisáceas se agolpaban en el horizonte, amenazando mi perfecta tarde junto al sol de mi vida.

— ¿Dónde has estado? —pregunté besando su mano.

—Haciendo cosas ¿y tú? —

— Ensayando con la banda, estudiando para un examen que no daré. —fruncí el ceño molesta ¿Por qué no podía decirme lo que había hecho para estar alejado de mí?

— ¿Por qué no darás el examen?

—Es evidente —sonreí irónica.

—Olvidé que aun ibas al instituto. —Se paso una mano por su barbilla— Es que eres tan madura. —Agregó.

— Sí, claro —Refunfuñé alejándome de él. — ¿Por qué no me has llamado?

— ¿Cuál es el problema, Cherry? —Se cruzo de brazos desarmándome con sus ojos negros.

—Es que…no sé nada de ti. Tú puedes buscarme y aparecer en mi vida cuando quieres pero yo no puedo saber que has hecho durante la semana.

— ¿Para qué quieres saberlo? ¿Cambiaria algo si lo supieras?

—Bueno, sí. Podrías ser un asesino serial. —Rió musicalizando mi alma.

—Eres una niña. ¿No crees que haya tenido infinidad de oportunidades para hacerte daño, si fuera un asesino?

—Quizás. —Pero él me hacía más daño que lo que cualquier criminal podría hacer conmigo.

— ¿No estoy contigo ahora? —Pasó su mano por mi cintura y mientras me atraía hacia él, subía la otra por debajo de la remera acariciando mi piel.

— ¿Por cuánto tiempo?

—Por el que tú quieras. —Dijo contra mis labios y ya no pude refutar más. Él sabía cómo envolverme con sus palabras, hacer conmigo a su capricho. Apreté mi pecho aun mas a el. Podía sentir el calor tomando mi cuerpo a medida que sus caricias se volvían más firmes y enardecidas. Me aleje un poco, buscando aire para mis pulmones y un poco de cordura en mis pensamientos.

— ¿Debes hacer algo el viernes? —Pregunté con la voz ahogada a causa de sus besos.

—Déjame pensar. —Miró hacia el cielo— Creo que no. —sonrió

— La banda tocara y…

—Te gustaría que este allí—culmino besándome la frente— Entonces si tu pequeña banda es tan importante para ti…iré.

— ¿Pequeña banda? —Me aleje un paso y lo miré confundida.

— ¿Acaso no es una pequeña banda de pueblo?

—Todas fueron pequeñas bandas de pueblo…Los Beatles, por ejemplo.

—Pero eran los Beatles. —Resaltó.

— ¿Y cuál es la diferencia? ¿Que somos mujeres? por eso no triunfaremos. —Tomé— Vaya Jacob creí que eras más abierto de mente. —Le sonreí de manera perversa y comencé a caminar por la playa, pateando unas piedras que la marea había dejado. De pronto me levanto en brazos.

—Si tu estas con tu banda…—Con uno de sus fuertes brazos rodeaba mi cintura manteniéndome en alto y con la otra acariciaba mi rostro— ¿Quién cuidara de nuestros hijos?

No respondí, en vez de eso busque sus labios con fiereza. Apreté mi rostro al suyo y lo bese con tanta pasión que me dolían los labios. Sentí su mano caliente ascender por mi espalda y apretarme más a él.

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.

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— ¿Acaso te has vuelto loca? —Alice estaba furiosa.

—Solo lo hice una vez. —Me defendí pobremente.

—Y estoy segura de que si ese perro llama otra vez te iras corriendo tras sus migajas. —Acotó Rosalie caminando de un lado al otro.

—Eso no es cierto. —Di una calada a mi cigarro.

—Sigue mintiéndote Cherry. —Murmuró enojada.

—Rosalie podrías por una vez entender que lo amo. —Me defendí comenzando a sentir la furia en mi ser.

—Si te amara no te hubiera propuesto escapar de la escuela. —Rebatió eficazmente.

—Cherry, pueden expulsarte por esto. — Susurró Alice

—No me importa si lo hacen. —Dije antes de pensarlo dos veces.

—Golpéala Alice, golpéala porque si no lo hare yo.

—Rosalie, cálmate. Cherry ¿alguien te vio salir del instituto?

—No, no que yo recuerde. —Me pase una mano por el cabello intentando hacer memoria.

—Estamos metidas en este lío por culpa de ese idiota— Murmuró Rose pero pude oírla. Al verla me pregunte una vez más porque ella estaba con nosotras. Alice y yo éramos en algún punto similar. En carácter, claro que no. Pero ambas éramos pequeñas, de piel blanca y bueno, ella llevaba su cabello negro y corto pero modelado mientras el mío era rebelde de nacimiento. Pero Rosalie era, si existiera, la Barbie rockera. Rubia de bote, dueña de un cuerpo de modelo internacional y de un carácter súper temperamental.

Estábamos sentadas en la parte más alejada del estacionamiento y no podía quitar de mi mente la imagen del cuerpo de Jake desnudo. La suavidad de su piel, el sabor de su cuerpo, la coordinación de nuestros organismos moviéndose al ritmo del placer.

—Mierda—Susurró Rosalie. Levante la vista, tirando automáticamente el cigarro cuando vi a la secretaria del director acercarse a nosotras.

—Señorita Swan…El Sr. Morris quiere hablar con usted. —Me pase una mano por la cara. Estaba frita…más que frita estaba a punto de ser expulsada.

Camine detrás de la secretaria con la cabeza gacha, sintiendo el murmullo de todos mis compañeros que me veían con ojos acusatorios. Era como caminar hacia mi sentencia de muerte. Podía sentir los tacones contra el suelo, como si fueran latigazos en mis nervios. Intente contener mi ira cuando al ingresar a la oficina del director Morris, un hombre comprensivo y amable, encontré sentada a Lauren, una de mis terribles enemigas.

Me dedico una sonrisa burlona, mientras se sacudía la cabellera rubia y estiraba su pollera azul con ribetes amarillos de porrista.

—Debí saber que estabas detrás de esto. —Dije al verla.

—Y tú me lo pones tan fácil. —Sonrió con suficiencia, esa sonrisa asquerosamente falsa.

—Zorra—Murmuré.

—Mira quien lo dice. —Sonrió de costado. Inspire y conté hasta mil. Quería arrancarle uno a uno los falsos cabellos rubios. Apoye la mano en mi frente y pensé en el desastre que se desataría en mi casa cuando la notificación de mi expulsión llegara.

René se había separado de Charlie hacia menos de seis meses y aun las cosas estaban mal. Prácticamente no hablaba con mi padre y con mi madre, solo compartía la casa pero cuando ella estaba en la cocina yo estaba en mi habitación…y así se nos pasaban los días. Pensé en mis amigas que comenzarían a buscar a Jake para gritarle en la cara que por su culpa había quedado expulsada.

El director se sentó frente a nosotras con cara de preocupación. Era un hombre bajo, de unos 50 años que siempre estaba dispuesto a buscar la mejor solución, aquella que dejara conforme a ambas partes. Yo lo sabía de sobra. Como la vez que corte el uniforme de Lauren o le tire la goma que habíamos creado en la clase de química en el cabello. El siempre había sido bueno conmigo… ¿lo seria esta vez?

—Isabella— Puaj…odiaba mi nombre—Creo que sabes el por qué de tu visita a la dirección.

—No. —Mentí poniendo la mejor cara de póker, Lauren rió y el director entrelazo sus manos sobre la mesa en un gesto de paciencia.

—Me han informado que te has escapado del establecimiento—

—Eso no es cierto. —Me defendí mientras Lauren decía con su voz chillona.

—Lo es...yo la vi. —Se acerco al escritorio— Por favor señor Morris no puede creerle. —Trabé la mandíbula con fuerza. Ya no podría contenerme y terminaría siendo expulsada por golpear a Lauren en la oficina del director.

Oí que la puerta de madera se abrió y luego se cerró con lentitud. De seguro seria la secretaria para dar apoyo al señor Morris.

—Ella escapo…yo la vi—Seguía insistiendo con falsa modestia cuando podía ver sus ojos brillando de satisfacción.

—Ayer estuve en la clase y debí retirarme por problemas femeninos pero me quede en el baño. Lo juro. —Mi voz se volvía temblorosa.

—Sabes que debes pasar por la enfermería en eso casos.

—No quise molestar a nadie —Mentí desesperada

—Ella no estaba enferma…todas la vimos sentada con su grupito riéndose de nosotras.

—Esto no es un asunto a la ligera Lauren—Resopló el director— Si realmente has visto a Isabella salir del establecimiento haces muy bien en decirlo pero si se trata de una afrenta entre grupos, también serás castigada. —Reí para mis adentros. Ya lo tenía, existía una pequeña luz de salvación

—No, no, no. Yo la vi…debe creerme.

—Isabella, voy a confiar en ti. Sabes que el castigo por escaparse del establecimiento es la expulsión así que quiero que seas sincera conmigo ¿te saliste ayer de la escuela? —Sus ojos cargados de pasividad y honorabilidad me hicieron flaquear pero no quería llevar más problemas a mi casa así que con una pesada dificultad inhale aire.

—No escapé. —Respondí.

—Está mintiendo. —Lauren se puso de pie— Ella escapo. Lo sé. ¿Por qué no le pregunta a todos los alumnos? Uno por uno, alguien debe haberla visto.

—No puedes insistir con esto—Me puse de pie y mire a Lauren. Que horrible era con sus labios pintados de rojo como una corista— Pregúntale a quien quieras y veras que tengo razón—Mientras se lo decía, la mejor actuación de mi vida, sentí un leve cosquilleo en las palmas de mi mano que se expandía por mis brazos, hasta el resto de mi cuerpo. Giré el rostro cuando contuve el aliento de golpe y abrí mis ojos de par en par.

Apoyado contra la pared amarillo pastel, estaba un joven alto, de cabello del color del bronce y unos ojos verdes que estaban fijos en mi rostro. Era imponente…caí sobre la silla encogiéndome en ella.

Mi corazón se aceleró…yo lo conocía. Yo lo había visto mil veces en mi vida. El era el presidente de los estudiantes del último curso. Los maestros lo amaban, el director tomaba decisiones junto a el, las chicas caían rendidas a su paso y yo… lo había chocado cuando escape del instituto.

Estaba perdida.

Me quede pálida y el solo atino a levantar la ceja levemente mientras parecía atravesarme con su mirada.

—Oh, por favor señor Morris, no puede creerle. Ella escapó. Tiene que creerme. —Ya no dije nada. No tenia sentido. En cuanto el abriera su boca estaría perdida.

—Isabella… ¿quieres decir algo? —Sugirió el director. Negué con la cabeza sin dejar de mirarlo. Estaba subyugada ante el poder que su mirada tranquila emanaba. Estaba cien por ciento segura que él sabía lo frágil que me sentía en este momento donde con una sola palabra de su sensual boca podría destruirme.

Se enderezó, cuadrando sus hombros. Era altísimo.

— ¿En qué momento precisamente viste a…? —Me dio una leve mirada y luego al director. Su voz era grave pero a la vez suave.

—Isabella—Aclaró el director.

— ¿En qué momento viste a Isabella salir de la institución, Lauren?

Si mi boca no se cayó hasta el piso, fue porque estaba sujeta por los músculos.

¿Qué estaba haciendo? ¿Me estaba defendiendo? El sabía a ciencia cierta que yo había escapado.

—No lo sé—Titubeó Lauren.

— ¿Puedes decir que estas en un 100% segura de haber visto a Isabella salir del establecimiento? — sonaba tan seguro y su forma de hablar era mas parecida a la de un profesor que a la de un estudiante. Volví a mirarlo confundida, esperando a que en cualquier momento dijera…"Quería saber cuan honesta eres Isabella y hasta donde pensabas llevar la mentira, lo siento pero quedas expulsada". Tragué con dificultad.

—No lo sé —Repitió la "rubia natural" "— Yo vi su espalda cuando iba hacia las duchas.

— ¿Su espalda? — Preguntó arqueando una ceja mientras contenía una sonrisa. Él director tomo aire y se enderezo en su asiento. ¿Yo? Estaba en coma.

—Bueno cualquiera la reconocería con ese atuendo de zorra…—El director carraspeó— Lo se, se que era ella—Comenzó a repetir nerviosa y elevando la voz. El director miro por sobre mi cabeza, de seguro al único que podría mandarme al tacho, y se puso de pie. Tome aire.

—Lauren es todo lo que necesitamos. Gracias—Dijo con aire ceremonioso levantando una mano para indicarle la salida. Lauren intento protestar pero el director la callo con la mirada y se marcho atragantada con su bilis. —Isabella—Dijo mirándome cansinamente —Debes saber que hoy te ha salvado el beneficio de la duda y… Que la antinomia entre tu grupo y el de Lauren es de larga data—Se levanto de la silla y miró por la ventana dándome la espalda. Aproveché para girar y ver con ojos como platos al joven que parecía harto de la situación, volteé cuando me miro a los ojos… ¿Por qué me ponía nerviosa? —Pero eso no te salvara de un castigo. —Estuve a punto de protestar pero tuve miedo que esto fuera una prueba y que ante el menor pio, el alumno ejemplar me saltara a la yugular.

—Aunque no lo tomes como un castigo—Continuó el director— Llamémosle un trabajo reconstructor.

— ¿Y cuál sería mi trabajo? —Pregunté frunciendo los labios.

—Seguramente sabrás que la institución colabora con la iglesia del pueblo.

— ¿La iglesia? —Dije con un tono de voz agudo.

—Prestaras servicio como voluntaria los días lunes, miércoles y viernes.—Abrí la boca y el levantó un dedo— durante 5 meses.

— ¿Qué?- dije sin aire.

—El pastor Cullen ha sido muy amable en recibirte en su iglesia y dejarte trabajar allí.

—Pero yo no soy voluntaria, usted me está obligando.

—No…solo te lo estoy sugiriendo firmemente—Dijo con una sonrisa, esa sonrisa que emplean las personas que tienen poder. —Deberás firmar la planilla de asistencias cada vez que asistas a la parroquia y seguir las instrucciones del señor Cullen.

—No voy a ir detrás del ministro por todo el pueblo—Me quejé riendo. Imaginándome las caras del grupo de oración cuando vieran entrar al ministro Cullen y luego a mí, con el cabello desmechado, mis pantalones ajustados, la remera cortada sobre el ombligo y un vocabulario propio de un pirata sin olvidar el cigarro en la boca.

—No iras con el ministro —Dijo riendo también

— ¿Entonces?- pregunte confundida.

—Irás conmigo—Dijo dirigiéndose a mí por primera vez. Me quedé mirándolo como una tonta y reaccioné cuando estrechó su mano con el director y se despidió. Tome mi mochila y corrí detrás de él. Tenía un aire tan elegante al andar, parecía que podía llevarse el mundo por delante y como si disfrutara con ello. Antes de gritarle, aspiré aire profundamente.

—Oye. —Grité, pero no giró.

— ¡Oye! —Volví a gritar— Mmm…Cullen—Se detuvo.

— ¿Sí? —Me había escuchado llamarlo las otras veces.

— ¿Qué es lo que quieres a cambio? —Le dije sin vueltas.

— ¿A qué te refieres? —Dijo mirando hacia el parque. Parecía como si estuviera aburrido.

—Basta de idioteces—solté— Tu me viste y me salvaste el trasero en esta. —Contuvo una sonrisa, no sé porque me hubiese gustado verlo sonreír—Pero soy lo suficientemente desconfiada como para saber que nadie hace nada por nada.

—Quizás tengamos algo en común—Murmuró— Pero en este caso…—Se pasó una mano por su cabello broncíneo, despeinándolo mas— considéralo un regalo.

Volvió a caminar, dejándome parada en medio del patio…Sin saber que decir.

—Aunque no te confíes Swan…—Dijo mientras caminaba— La próxima vez, pediré lo que salve—Giró para mirarme y sonrió de manera perversa. Una peligrosa sonrisa torcida.