¡Me disculpo enormemente! Tardé mucho y lo siento muchísimo. Tuve complicaciones como por ejemplo que se me dañó la pc, y tenía que hacer muchas cosas, de veras lo siento.
Lo importante es que ya estoy aquí con todo y conti /o/ espero me disculpen y espero no volver a tener retardos así. Como recompensa por la espera les traigo triple capítulo :v ¡a disfrutar criaturaaaas! Espero les guste.

••

Disclaimer. El mundo y los personajes de Naruto son de la autoría y propiedad de Masashi Kishimoto.

••

Capítulo 3

••
.

.

.

Jadeante, el pequeño volvía a adoptar la posición de batalla característica del puño gentil, Hinata tomó posición defensiva esperando a que volviera a atacar.

Las facciones de Boruto denotaban la seriedad necesaria en una pelea, el niño tomaba muy en serio los entrenamientos, y aunque sabía que su madre no combatía en serio él no se dejaba llevar por ese pensamiento, igualmente lo daba todo.

Su madre asintió, indicándole así que atacara nuevamente.

Segundos después el chiquillo se lanzó al ataque.

Con su byakugan activo, ella evaluaba cada uno de sus movimientos y a su vez el flujo de chakra; la satisfacción la llenó pues todo estaba excelente, el pequeño Boruto era realmente talentoso.

El cuerpo del pequeño se movía de un lado a otro con pericia y agilidad.
Aunque aún le faltaran muchos años de entrenamiento por delante, el rubio era por demás habilidoso.

Seguían en su danza, chocando, desviando y esquivando las palmas y las eventuales patadas.

Al recibir un golpe en su flanco izquierdo Hinata sonrió con orgullo, ella atacaba sin dejar salir su chakra, así sumaría un poco de dificultad a los movimientos del chico. No deseaba atacar en serio, algo que jamás se perdonaría era lastimar a su Boru-chan. Pese a que el pequeño fuera increíblemente bueno y que no tenía la menor duda de que esquivaría sus ataques de chakra a la perfección, su instinto maternal no le permitía lastimarlo, por muy mínimo y reversible que fuera el daño.

En la marcha de su entrenamiento observaba sus fallos -que eran mínimos- , errores que hasta shinobis experimentados cometían de vez en cuando. Sin embargo se los comunicaba de tanto en tanto para que así los corrigiera.

―Cuida tu postura.

―Eleva un poco más las palmas.

―No inclines tanto los dedos, cariño.

Era lo que le decía.

A pesar de haberse convertido en ama de casa después de su boda con Naruto, no olvidaba esos entrenamientos que tuvo años atrás con su equipo, no olvidaba lo bien que se sentía volver a entrenar como kunoichi; aunque le gustara dedicarle tiempo completo a su hogar y a su adorable criaturita rubia, le agradaba pasar un rato retomando sus movimientos, así no se oxidarían su habilidades tan drásticamente, y qué mejor que pasar esos momentos a lado de su adorado chiquitín, enseñándole todo lo que ella sabía.

El pequeño era muy bueno en el taijutsu, era todo un Hyūga, era con creces mucho mejor que ella a su edad, incluso que Neji, apenas con 6 años ya tenía los movimientos bien dominados. Dentro de su rango de edad era todo un prodigio, incluso fuera de él; con pocos días de entrenamiento lograba enormes avances, realmente se esforzaba (aunque no le costara mucho) para ser el mejor; era rápido, ágil, no podía estar más orgullosa, a ese paso en muy poco tiempo estaría listo para aprender las técnicas especiales del clan Hyūga.

Después de su pequeño duelo, practicaron las posturas uno a lado del otro, madre e hijo. El pequeño imitaba los movimientos de ella. A veces se equivocaba por prestarle más atención a los movimientos hipnóticos de su madre que a él mismo, pequeñas risillas salían de la chica al percatarse de que aunque el infante era serio en los entrenamientos, se despistaba a momentos.

Boruto miró sonriente a su madre. Ensimismado pensó.

"Kaa-chan es increíble... me pregunto si otou-chan será tan bueno como ella en taijutsu"

En medio de sus movimientos, siendo oportuno, un gruñido se dejó escuchar desde su estómago.
Un tanto avergonzado se rascó la cabeza.
Hinata rió y detuvo sus movimientos, se dirigió hacia la canastilla y comenzó a extender el mantel donde se sentarían.

―Hora del almuerzo, cariño.

Sin esperar más corrió hacia ella y se dejó caer juguetonamente en la tela extendida por encima del pasto.

Pasaba del mediodía, el sol iluminaba el lugar y se sentía feliz de compartir esos momentos al lado de la mujer que más amaba en el mundo.

Aunque no pudiera evitar recordar a su rubio padre no bajó el ánimo, no quería entristecer a su kaa-chan, se limitó a no dejar salir la leve tristeza que amenazaba con corromper la felicidad del momento; el chiquillo poseía una fortaleza comparable a la de la joven Hyuga, incluso llegaba a aparentar con algunas acciones una edad muy alejada de sus tiernos seis años.

Sin tener un rumbo fijo, en poco tiempo terminó cerca del campo de entrenamiento que según recordaba años atrás utilizaba el equipo 8 de su generación.

Mirando hacia el horizonte pensó en cualquier cosa.

Con la era de paz, ya casi no se presentaban problemas en la aldea, las organizaciones criminales y peligrosas como alguna vez lo fue Akatsuki parecían haberse borrado del mundo, no se presentaban mayores problemas a mínimos disturbios y miserables ladronzuelos, en lo cual no valía la pena perder el tiempo.

Siguió con su camino hasta que ruidos que le indicaban que no se encontraba solo en aquel lugar lo desconcentraron, entonces se detuvo.

Sumió su mirada oscura en la dirección donde provenían dichos sonidos, no lograba distinguir las presencias, aún se encontraba adentrado las sombras de la espesura del tramo de bosque, sin embargo, juzgando el sonido, supo en seguida que alguien estaba entrenando.

El hecho de que hacía mucho tiempo que nadie se paraba por esos campos logró despertar mínimamente su curiosidad, se acercó en silencio y sin salir de la sombra pudo diferenciar a las dos personas que estaban ahí e identificarlas; era Hinata Hyūga y su hijo.

En completo sigilo se dedicó a observarlos con indiferencia, observó sus movimientos y su forma de entrenar, practicaban el taijutsu de los Hyūga. Cruzando sus brazos quedó parado mirando como madre e hijo combatían.

En un flashback instantáneo, rememoró cómo cuando él solía ser más pequeño su madre practicaba algunos movimientos a su lado, justo como lo hacía la muchacha.

Chasqueando la lengua salió de sus recuerdos.

Su atención y por consiguiente su mirada ónix se posó en la chica, la escaneó de pies a cabeza; pudo percatarse de que sus movimientos eran elegantes, firmes, gráciles, delicados pero poderosos, su figura era esbelta con partes voluminosas, las curvas se distinguían mejor debido a sus ropas de entrenamiento pegadas al cuerpo, su tez blanca brillaba en medio de aquel escenario frente a sus ojos cual nieve siendo acariciada por los rayos del sol, dando la impresión de que emanaba luz propia; su largo cabello se mecía con cada movimiento.
Quedó inmóvil, admitió que sus movimientos eran un espectáculo digno de admirar, sobre todo porque en su porte había una dignidad que nunca antes había observado en ninguna otra mujer… su porte era altivo, orgulloso sin siquiera pretenderlo.

Al darse cuenta de que había dado un par de pasos sin consentirlo, se detuvo en seco y frunció el ceño, por primera vez alguien había conseguido captar su atención de esa manera; cerrando los ojos negó, ya la había observado suficiente.

La patéticamente desesperanzada vida que llevaba venía causando efectos secundarios casi ridículos, acababa de vivir uno de tantos.

Aunque tratara de restarle importancia al acontecimiento, sabía en sus adentros que era un hombre adulto y no un puberto idiota, y como tal, por mucho que le costara a su orgullo aceptarlo sabía reconocer que la chica le había parecido llanamente "atractiva".

"Tan sólo son un montón de estupideces"

Pensó.

Decidido a irse, dio otro paso.

Antes de continuar, por una simple casualidad giró el rostro apenas lo suficiente para observar al pequeño rubio, sus movimientos eran comparables a los de su madre pero en él había más agilidad y habilidad que gracilidad.

No se parecía en nada a Naruto, él era demasiado torpe y tosco a esa edad con sus movimientos, los del mocoso que estaba viendo eran precisos, certeros, le sorprendió genuinamente el hecho de que tuviera ese grado de habilidad a tan corta edad, podría decirse incluso que se le asemejaba a Itachi, que era un maldito prodigio desde que tenía uso de razón.

Seriamente, sin hacer más observaciones se dispuso a volver la vista al frente y seguir su camino, pero en lugar de cambiar de dirección, se encaminó hacia donde ahora estaban sentados, aparentemente almorzando. Supuso que sería divertido mirarlos aún más de cerca.

― ¿Puedo tomar otro onigiri, kaa-chan?

Contenta le extendió dicho alimento al rubio, éste lo tomó de buena gana y al degustar el primer mordisco suspiró, amaba los onigiris de su madre, tenían dentro pequeñas rodajas de tomate, su alimento preferido.

La mujer miraba con ternura a Boruto, se veía feliz y más distraído, estaba complacida de lograr que la ausencia de Naruto no causara tanto impacto en su hijo. Al menos no en ese momento, no en ese día...

Tomando los palillos llevó otro bocado a su boca. Almorzaron distraídamente hasta que unos pasos que se escucharon cercanos captaron la atención de Hinata, le pareció inusual, ya que casi nadie se pasaba por esos rumbos.

Al girarse, fue cuestión de segundos para que sus ojos se abrieran grandes, se sorprendió enormemente de ver a Sasuke Uchiha caminando hacia ellos.

Por un momento su estómago se contrajo, se preguntó si había sido enviado para informarle alguna cosa sobre su esposo, dudaba que por una mera coincidencia, él se encontrara allí.

Se reprendía mentalmente, maldecía a sus adentros a causa de haber hecho algo tan estúpido como caminar hacia ellos, ¿no podía simplemente largarse? Molesto hacia sí mismo negó imperceptible. Planeó desaparecer, aumentar su velocidad y desviar su camino, pero por alguna razón, sus opciones le causaban escalofrío de lo ridículo que se vería.

Sin poder evitarlo, ahora que se hallaba a escasos metros de ellos no podía cambiar su trayectoria o simplemente dar la media vuelta, sería absurdo.

Sin prestarles atención, pretendiendo que no se encontraban ahí, decidió seguir caminando como si nada con su mirada enfocada al frente, tan indiferente.

La Hyūga se mostró nerviosa por un momento, dudosa lo miró, al notar que no tenía intenciones de dirigirse hacia ellos, algo se alivió dentro de ella y pensó que simplemente era una coincidencia que pasara por ahí. Por amabilidad dejó su pequeño plato y se levantó, el rubio hizo lo mismo extrañado, ella espero a que se encontrara un poco más cerca para hacer una reverencia a modo de saludo, siendo secundada por su hijo, ellos siempre eran educados y que se tratara de Sasuke Uchiha no cambiaba ese hecho, sabía que era hosco pero no merecía la grosería de ser ignorado.

Sasuke los miró de reojo al escucharla decir:

―Buen día Uchiha-san.

El niño miraba con curiosidad infantil, no recordaba haber visto a ese sujeto antes, aunque si su madre lo saludaba significaba que ella lo conocía.

Hinata sonrió con amabilidad y observó a Sasuke detenerse.

―Hyūga.

Respondió el saludo, regularmente hubiera ignorado deliberadamente a cualquiera pero al ver su grado de respeto y educación, no le quedó otra opción, el clan Uchiha también era orgulloso y no deshonraría su reputación de elegancia haciendo un desplante a alguien como ella, además… era la esposa del dobe, si se enteraba de que había sido grosero no se lo quitaría de encima nunca. Y principalmente... él se había buscado aquello, no tenía opción.

La chica se quedó mirándolo por un momento, hacía mucho tiempo que no volvía a ver a Sasuke Uchiha, la última vez que recordaba, había sido cuando recién se aliviaba de Boruto, cuando acudió a su casa a felicitarlos junto con Sakura.

Boruto observaba callado al hombre alto de ojos negros que estaba frente a ellos. Con un toque de admiración lo observaba de arriba hacia abajo. Su un tanto crecido cabello negro le daba cierta aura de misterio y poder, su capa negra era asombrosa y qué decir de su katana, era increíble.

Sasuke desvío la mirada hacia el pequeño, al darse cuenta de que lo escaneaba con esos zafiros bufó.

―Hmp.

Boruto respingó y agachó la mirada avergonzado, había sido indiscreto, ocultándose un poco tras su madre comenzó a jugar con sus dedos, lo cual no pasó desapercibido para el joven. Si no mal recordaba la chica solía hacer eso cada que se avergonzaba.

Hinata pudo notar el desconcierto de su hijo, era razonable, después de todo aún era muy pequeño en ese entonces, seguramente no recordaba que ya había conocido a Sasuke Uchiha, el mejor amigo de su padre.

Dando un rápido vistazo del joven hacia su hijo, habló.

―Boruto, él es el señor Sasuke Uchiha.

Sasuke alzó una ceja ¿señor? ¿Tan viejo se veía?

Clavó su mirada en el rubio, este dio un leve saltito y reverenció nuevamente.

― ¡Buen día U-Uchiha-sama!―habló más fuerte de lo habitual, con un ímpetu innecesario, inmediatamente se avergonzó y agachó más haciendo una disculpa silenciosa con ello. Esas situaciones lo ponían de los nervios.

Esta vez alzó doblemente su ceja, parecía que esas dos personas no tenían nada que ver con Naruto, aunque fuera su réplica en miniatura, a diferencia de su amigo, él era respetuoso y educado.

No pudo evitar sentiste halagado por ese "sama", asintió con la cabeza a modo de respuesta, no le agradaban los niños, en cambio el que tenía frente a él no era ruidoso e histrionico como la mayoría, no se había lanzado hacia él dejando salir toda clase de preguntas estúpidas para conseguir la atención de todo el mundo, lo cual agradeció internamente.

Hinata miró sonriente a su hijo, con ella era confiado pero por una extraña razón, con los demás era algo tímido, le recordaba a ella en su infancia.

Sasuke observó en silencio al infante.
Su muy baja estatura, comparada a la de él le hizo pensar.

"Realmente es muy enano"

El viento silbó alrededor de ellos y Sasuke estaba dispuesto a irse de ahí, el extraño encuentro había conseguido despertarle unas cuentas inquietudes.

Sin esperar más se dio la vuelta y siguió caminando.

Hinata lo dejó seguir y volvió a su almuerzo, al tomar su plato y mirar los alimentos reflexionó, tuvo el pensamiento de que fue mal educada al no invitarlo a almorzar con ellos. Aunque en el fondo sabía que la rechazaría no perdía nada con preguntar.

Dejando nuevamente su plato se levantó para poder observar que afortunadamente el joven aún no se alejaba lo suficiente, y como si nada elevó un poco la voz.

―Uchiha-san.

El aludido giró la mitad del rostro para atender a su llamado, al ver que ella se aproximaba sus pies se plantaron en el piso.

Quería sentir molestia pero no lo consiguió, quería poner mala cara para así librarse de lo que fuera que quisiera decirle, pero sorprendentemente... tampoco lo consiguió.

La chica llegó a él y le propuso que los acompañara en el almuerzo.

―Disculpe el atrevimiento Uchiha-san, pero... ¿Le gustaría acompañarnos a almorzar?

El desconcierto en su cara era evidente, el grado de amabilidad y educación que poseía la fémina le sacaban escalofríos al muchacho. Con mirada gélida rechazó "gentilmente " la invitación y siguió con su camino.

―Debo ir a otro lugar.

Asintiendo con una reverencia por parte de ambos se dieron la espalda.

Al verla regresar no pudo evitar preguntar, su natural curiosidad infantil afloraba.

―¿Para qué llamaste a Uchiha-sama kaa-chan?

A Hinata le causo una sonrisa el apelativo de extremo respeto, tomando su plato respondió la cuestión de su hijo.

―Le pedí que nos acompañara a almorzar.

Boruto puso expresión triste al saber que obviamente había declinado a la invitación, le hubiera gustado preguntarle sobre su genial Katana.

Siguió comiendo.

Al dirigir su mirada zafiro hacia él, pudo ver en la distancia cómo Sasuke se alejaba cada vez más, con su capa ondeando al viento, sin darse cuenta sus ojos brillaron y los pequeños labios se entreabrieron, él parecía realmente poderoso.

Ya lejos del lugar se preguntaba qué había sido ese encuentro tan extraño, por primera vez no había sentido molestia ni irritación hacia las personas que estaban en su presencia o hacia alguna invitación que le hacían.

Lo reflexionó por un momento aunque la respuesta fuera sencilla, creía que tenía que haber una explicación ante su nulo desagrado y aversión que era común ante cualquier persona.

―Tsk

No había respuesta, era simple y llanamente eso: una invitación sin ningún interés de por medio, una cortesía genuina

Por ello no pudo sentir molestia.

Sonrió de lado con ironía, al tratarse del hijo y la esposa de Naruto, eso los convertía automáticamente en Uzumakis, en cambio esos "Uzumakis" no tenían nada de Uzumaki, excluyendo la arrogancia, ese par eran unos auténticos Hyūga.

••

••

••

Una vez en casa, Naruto dejó caer la capa de séptimo Hokage en el sofá, inmediatamente se dio cuenta de que no había nadie, suspirando miró el techo, se sabía un ser humano despreciable.

¿Cuándo su vida totalmente normal se había convertido en un vórtice de lujuria, apatía, culpabilidad e infidelidad?

Quería que todo fuera diferente, que deseara con impaciencia que el día terminara para llegar cada noche a casa a saborear la deliciosa comida de su dulce esposa, ver a su hijo jugar en la sala con shurikens de peluche, hacerle el amor a Hinata al ir hacia su habitación… quería desearlo, pero por más que pensara en ello, no podía, no le causaba ningún deseo llevar a su esposa a la cama, no le causaba interés ver a su réplica en miniatura. Se sentía una escoria. En lugar de ello quería finalizar el día, simplemente para penetrar a su "amiga" de la infancia, meterle su miembro palpitante por todos sus orificios, escucharla gemir sin control.

Golpeó la pared mientras se dejaba caer en el piso.

Todo era una mierda.

Con desánimo y hambre se levantó para dirigirse a la cocina, Hinata como siempre dejaba una ración preparada para calentarse por cualquier circunstancia, al mirar el plato sonrió con tristeza, realmente era una basura de ser humano, su esposa era increíble y él un cerdo lujurioso tentado por una chica infame y sus propios bajos instintos.

Al terminar su comida en silencio subió a su habitación, se sentó en medio de la cama y percibió el aroma impregnado de su esposa en todo el lugar, el delicado aroma se coló por todos sus sentidos y se tomó nuevamente la cabeza con desesperación. ¿Qué clase de bajeza le estaba haciendo a su familia? Se odiaba por no poder luchar y hacerle frente a la provocación.

Le dolía la cabeza, no podía concebir tanta maldita porquería en él.

Al cabo de unos minutos el rubio Hokage se recostó, debido al cansancio en cuestión de segundos quedó dormido con un sentimiento amargo anidándose en su pecho.

.

.

.

N/A. ¡Los amo! en serio que los amo ;-; les doy un agradecimiento más que colosal a todos, me llega al kokoro que digan cosas tan bonitas de mi y de mi historia, en serio me hacen feliz, sé que los capis son cortos pero aún así espero les haga felices a ustedes que haya puesto tres seguidos :9 Muchos abrazos y mil millones de millones de gracias por todos sus comentarios. Nos leemos en los próximos capi criaturas lindas.