Este fic participa en el Reto #14: "Amortentia al azar" del foro Hogwarts a través de los años.

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.


DETALLES SIN IMPORTANCIA

III. Café

—Toma algo conmigo, Lily, por favor.

La bruja maldijo en voz baja y se giró con las manos en las caderas y mirada fulminante.

—No.

—Vaaaaaa, Lilyyyyyy, veeeengaaaaaa. —Le sacaba más de una cabeza, pero James Potter se las arregló para adoptar una cara adorable e insistir como un niño pequeño.

—¿Pero cómo puedes ser tan pesado, por amor a Merlín? —preguntó, exasperada. James llevaba una semana insistiendo para que fueran a tomar algo juntos –guardándose mucho de mencionar la palabra cita, por si acaso–, y ella empezaba a temer por su salud mental porque tenía ganas de ceder de una vez y aceptar.

Que vale que él fuera detallista y casi agradable cuando quería, pero seguía siendo James Potter.

—Solo un café —insistió él—. Por favor.

—No me gusta el café —refunfuñó Lily.

—Eso es porque no has probado el café correcto —respondió él sin inmutarse—. Ven conmigo, toma una taza y te juro que te dejo en paz hasta San Valentín.

—San Valentín es en diez días —contestó ella, sonriendo a su pesar.

—Por eso lo digo. Serán diez días sin mí, Evans. ¿Podrás soportarlo?

Ella meneó la cabeza, todavía sonriendo, pero al final lo miró a él, miró el pueblecito de Hogsmeade y suspiró.

—De acuerdo. Vamos a tomar ese café, pero como no me guste te acuerdas de mí.

Su cara entera se iluminó y él le dedicó una sonrisa brillante.

—No te arrepentirás —prometió—. Ven, es por allí.

Ambos empezaron a caminar por uno de los pequeños callejones laterales del pueblo. Caminaban en un silencio agradable, tranquilo, sin tensiones ni incomodidad de ningún tipo.

James no pudo dejar de mirarla en todo el camino. No podía creer que ella hubiera aceptado. Lily Evans le había dicho que sí y ahora caminaba a su lado con el pelo revuelto debajo de su gorro verde y la nariz roja por el frío. Era preciosa.

—Ya estamos aquí —anunció, abriendo la puerta y dejándola pasar primero.

Una vez dentro, Lily observó el establecimiento con curiosidad. Era una cafetería pequeña y acogedora, con un estilo antiguo, que no había visitado antes.

—Hola, James —dijo una anciana bruja que apareció detrás de la barra—. Veo que por una vez vienes bien acompañado.

—Ya ve, Elizabeth. A veces tengo suerte y no tengo que hacer de canguro de Sirius. —Él le guiñó un ojo a la bruja—. Ella es Lily Evans. Lily, la señora Elizabeth Dalloway, creadora del mejor café con pastas del mundo.

La bruja sonrió dulcemente.

—Eres demasiado bueno, cariño. —Miró a Lily—. Has escogido a un buen chico, sois una pareja preciosa.

Lily se sonrojó, pero no se atrevió a replicar a la señora.

—Venga, id a sentaos a la mesa del fondo y estaréis tranquilos. Ahora os llevo el café especial de la casa.

—Gracias —dijo James, empujando suavemente a Lily en dirección al fondo de la cafetería.

Escogieron una mesa apartada y se sentaron. Para sorpresa de Lily, él se sentó a su lado en lugar de frente a ella.

—No me mires así —comentó él, divertido—. Puedo sentarme frente a ti, pero eso implicará que esto es una cita de verdad. ¿Quieres eso?

—No, no. Así estás bien —dijo ella, apartándose el pelo de la cara con nerviosismo.

James abrió la boca para decir algo, pero en ese momento llegó la bandeja voladora que llevaba sus cafés.

—Lo cierto es que huele bien —comentó Lily, rodeando su taza de café con las manos y aspirando el olor.

—Sabe mejor —afirmó él, dando un sorbo a su taza. Ella lo imitó y, para su sorpresa, descubrió que él tenía razón.

La bebida tenía un sabor dulce pero con ese punto amargo propio del café, invadiendo sus papilas gustativas y haciéndola soltar un suspiro de placer.

James la miró, esperando el veredicto.

—Está muy bueno —dijo ella, y James sonrió.

—Te lo dije.

La tarde pasó animadamente. Ambos conversaron, se tiraron cosas –bueno, Lily le tiró una servilleta a la cabeza por descarado y él se rio– y disfrutaron de la compañía del otro sin darse cuenta de la hora.

Volvían paseando tranquilamente cuando James se paró cerca de la calle principal de Hogsmeade.

—¿Qué haces? —preguntó Lily, sorprendida.

—¿Quieres que te vean volver conmigo? —contestó él seriamente—. Porque la gente empezará a rumorear que al fin has cedido, y sé cuánto te molestaría eso.

Lily lo miró como si lo viera por primera vez. James Potter, pensó, era más que un Merodeador. Se había dado cuenta de eso hacía tiempo, pero fue en ese momento, con esa preocupación por su bienestar, cuando realmente fue consciente de lo mucho que él había madurado.

Y, observándolo mejor, se dio cuenta de lo bien que le había sentado madurar. El muy capullo era guapísimo.

Él alzó una ceja.

—¿Vas a decir algo? ¿Me quedo aquí, seguimos adelante juntos…? ¿Qué quieres hacer? —Las preguntas no se referían únicamente a cómo iban a volver a Hogwarts, y Lily se mordió el labio mientras tomaba una decisión.

—James —dijo suavemente.

—¿Qué? —preguntó él, intentando parecer tranquilo.

—¿Y si me das un beso y me lo pienso después?

James la miró atentamente unos instantes antes de inclinarse lentamente, cogerle la mandíbula suavemente y acercar su boca a la de Lily. La sangre se agolpó en sus oídos y su corazón comenzó a latir más rápido cuando sus labios rozaron los de ella y estuvo a punto de perder la cabeza cuando Lily tomó la iniciativa y entreabrió los labios.

Fue un beso lento, sin prisas. Se exploraron con tranquilidad, aprovechando hasta el máximo cada instante, intentando fundirse con el otro y grabar su tacto y su olor para siempre en su memoria.

Cuando se separaron, Lily solo tenía un pensamiento en la cabeza: James Potter sabía a café.


Y ya está, aquí termina este pequeño fic. ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado?

Muchísimas gracias a ClausXD, Naza Ford, Ceci Tonks y MrsDarfoy por los reviews (doble agradecimiento a Darfoy por aguantar mis histerismos de «AAAAHHH NO SÉ DESCRIBIR UN BESO», entre otros).

¡Nos vemos en otro fic!

LadyChocolateLover