Este capítulo es más bien un nexo, mientras ordeno lo que se viene =3

Hay un leve, levísimo Espabel, que no pude evitar.

Tercera lectura

Antonio aun dormía la siesta cuando Romano se escurrió cautelosamente de la cama para regresar a la biblioteca y retomar la lectura secreta, como si se tratara de un peligroso asunto de Estado. Pasó algunas páginas rápidamente, ya que no había nada relevante que leer allí, solo algunas trivialidades relacionadas con el toro de Antonio que había cruzado un canal o algo así y luego muchas cosas relacionadas con el Nuevo Mundo, los pequeños mocosos que tenía allá, sobre el clima y los tomates, muchos tomates. Lovino dejó la lectura con la boca hecha agua, bajó a la cocina a buscar unos cuantos tomates y luego de saciar su antojo, continuó con el plan.

Comenzó a leer otra vez a partir de donde España regresaba de uno de sus tantos viajes.

Aun sin calendario.

No puedo creerlo, de verdad me cuesta un mundo creerlo… y eso que puedo creerme muchas cosas.

Llegué molido de mi último viaje a las Américas, esperando encontrar mi hogar tal y como lo dejé, eventualmente un poco más ordenado… extrañando la tierra firme, una cama que no se mueva, el piso seco y comida que no haya sido degustada antes por ratones, ser recibido afectuosamente por mi familia… bueno, tampoco pido tanto, pero al menos dejar de ver a tanto soldado. Sin embargo, cuando toqué la puerta, esperando ver a mi linda Bélgica o al tierno Romanito, aunque sea insultándome (que todo es bienvenido) me encontré con un guapo muchacho casi desconocido para mí.

"¿Eres tú, Romano?"

Pregunté incrédulo. Estaba tan alto y esbelto, como las estatuas que se hacían en casa de su hermano, ya casi me llegaba al cuello y eso que solo me desaparecí unos meses, nunca me imaginé que se iba a pegar el estirón en mi ausencia, fue un poco lamentable… me hubiese gustado estar a su lado en el proceso. Digo, no es fácil irse dejando a un niñito rechoncho y volver encontrándose a un hombre casi formado, me dio una especie de revoltura en el estómago, supongo que la nostalgia… aunque generalmente dicen que eso se siente en el corazón, pero quizás con las naciones sea distinto.

"No, idiota, soy el Papa"

"¡Su Santidad, qué hace en mi casa!"

Romano bufó y se alejó de la puerta, dejándome pasar, entonces aproveché que estaba desprevenido y pude saludarlo como corresponde, con un gran abrazo, desde luego que ya no era lo mismo, su cabeza quedó en mi cuello en lugar de mi estómago y cuando mis brazos rodearon su cuerpo sentí como… como si encajáramos.

"¡S-suéltame, maldito asqueroso!" gritó crispándose como un gato y separándose rápidamente, su rostro mostraba ese tono rojo fuego que tanto extrañaba, también había adquirido mayor fuerza, seguramente sus cabezazos dolerán más, debería evitarlos. "Y ya no me trates como un pendejo"

Agregó bajito.

"Sé que llevo semanas en un barco y no he podido bañarme, Lovi, pero no tienes que ser así…"

Lovino simplemente desapareció de mi vista y yo partí a bañarme, luego saludé a medias a los demás, me reporté con los jefes y me pusieron a trabajar en los asuntos de Estado de los que me perdí, sin un mínimo de respeto a mi cansancio. Solo al anochecer pude sentarme con mi familia a cenar en paz, o al menos a intentarlo.

Fue muy gratificante volver a sentarme con ellos a compartir la comida como Dios manda, aunque Holanda siguiera abriera la boca solo para molestarme, Romano me ignorara como si nunca hubiese estado presente allí y Bélgica, la única que me dio una bienvenida afectuosa, no me pusiera atención por estar más entretenida en contar unos chismes de la novia del ahijado de la jardinera… al menos el cotillo fue interesante.

"Esta noche al fin podrás dormir largamente en tu cama, jefe"

Dijo Bélgica después de terminar de descuerar a la pobre Rosa (la novia del ahijado de la jardinera), no sé si fue cosa mía o en su voz había una insinuación, lástima que perdí la oportunidad de comprobarlo, porque respondí

"No, aun no… quedé con algunos chicos de la tripulación de ir a la taberna y no sé a qué hora llegue, llevan semanas sin ver una bota de vino."

Bélgica asintió resignada, pero Romano se exaltó mucho y gritó.

"¡Acabas de llegar y ya piensas en irte! ¿Así te llamas nuestro jefe?"

Parecía muy afectado, o sea, Bel me dijo que cuando era más pequeño se sentía bastante mal cada vez que me iba (aunque después lo negara), pero ahora era muchísimo más evidente, además no parecía triste sino furioso y eso no me agradó. Mi primera intención fue la de pararme y ponerlo en su lugar por hablarme de esa manera, creo que los demás se dieron cuenta de cómo mi rostro se fue endureciendo, porque Bel me dio un fuerte codazo en las costillas y regañó suavemente a Romano, a ella sí que la escuchó sumisamente, todavía se cohíbe un poco en su presencia, debe ser porque le gusta… bueno, el caso es que mientras me sobaba las costillas reflexioné rápidamente y comprendí lo que Bélgica había hecho, no podía responder con violencia a la rebeldía de Romano, pues eso es lo que desea: una excusa para odiarme y yo, por supuesto no pretendo dársela, lo quiero mucho como para hacer eso.

Entonces se me ocurrió una gran idea para arreglar el asunto, mientras nos reponíamos del mal rato, dije con la mejor de mis sonrisas

"Si tanto quieres verme, Romano ¿Por qué no me acompañas?"

Juro que nunca había visto un hueso de pollo volar tan alto, desde la boca del atragantado italiano hasta quedar pegado en el cuadro de uno de mis ex reyes. Fue un alboroto de esos de proporciones, Bélgica corrió con un vaso de agua que Romano vació de una sola vez, para tragar lo que aun tenía en la boca, todo esto entre sonidos escandalosos muy a su estilo, cuando al fin volvió a respirar, pasó del tono púrpura peligroso al blanco cadáver y al rojo tomate ¡cómo me encantan los colores de este chico!

"¡Quién dijo que quería verte!... A-Además p-por qué habría de ir yo con los vagos bárbaros de tu tripulación…"

"Pues porque me encantaría ir contigo" Agregué, Lovino se puso aun más nervioso, pero al menos ahora sus colores no eran tan preocupantes, deduzco que para él mi propuesta era una especie de prueba de hombría.

"Anda, Lovino, seguro que te diviertes un montón…"

Aportó Bel, Roma comenzó a dudar, buscó alguna ayuda con la mirada alrededor y solo entonces nos dimos cuenta de que Holanda se había escurrido, seguramente en el caos de antes. Aproveché para arremeter otra vez.

"Creo que deberías venir y conocer a los muchachos, para familiarizarte… has crecido y quizá podrías comenzar a acompañarnos al Nuevo Mundo pronto…"

"Como si quisiera ir a llenarme de mosquitos a tu nuevo mundo…" dijo con una sonrisa torcida que para mí fue el triunfo "Iré solo para que asumas que ya tengo edad para eso."

"¡YAY~ Ese es mi niño!"

"¡Idiota, te dije que… nah!" se levantó de la mesa resignado. Había olvidado mencionar que incluso su voz había cambiado, ahora sonaba más grave y seduct… adulta, eso iba a escribir sin duda, adulta.

"Ponte algo abrigado, querido"

Hasta yo entendí que al momento de decir eso, Bélgica tenía una mirada que claramente decía que quería que nos dejara solos un momento.

"Sí, sí…"

Respondió Romano, mirándonos con recelo, supongo que no puede evitar verme como un rival amoroso, pobrecito… Luego salió del comedor ruidosamente, Bélgica también se levantó de su silla y se situó detrás de mí rodeando mi cuello en un abrazo. Me dio un poco de temor que Romano nos estuviera viendo, claro que no hacíamos nada malo ni raro, pero no quería que él malinterpretara las cosas, de verdad no soportaría que por una mujer (menos por quien considero una gran amiga) terminara disgustándose conmigo.

"Lo estás haciendo muy bien, jefe"

"¿Lo dices en serio? Nunca sé cómo actuar con él, vosotros no erais así…"

"Nosotros no fuimos criados por ti, tonto" Repuso ella dándome golpecitos en la cabeza con su dedo "Romano es completamente distinto de todas las colonias que has tenido y que tendrás ¿no?"

"Es cierto…" No sé exactamente por qué sentí una punzada de dolor al pensar que Lovino era tan especial entre los demás, me siento orgulloso de eso, pero a la vez algo apenado. Él transformó mi vida con su llegada y sigue haciéndolo con sus nuevos cambios, se supone que con él aprendí a ser un jefe, pero no puedo verlo como un subordinado… para mí siempre ha sido mucho más que eso. Qué confuso se torna esto, ni siquiera logro entenderme.

"Lo siento, seguro que os ha hecho pasar muchas rabias en mi ausencia…"

"Para nada, cuando no estás es completamente distinto… me ayuda en los quehaceres, estudia un poco y se dedica al huerto, como el mejor de los hermanitos"

"EEEEEHHH?" Mi ánimo decayó de golpe, hasta me pareció ver una nube gris a punto de romper en lluvia sobre mi cabeza "Eso solo quiere decir que me odia…"

"Ciertamente eres bien bobo a veces" rió Bélgica como una gatita, siempre hace lo mismo, me da a entender que sabe algo que yo no y me mantiene en la duda hasta que me aburro, desentraño el asunto o ella consigue lo que quiere, que es lo más frecuente "Hay algo mucho más profundo y complejo allí, pero debes descubrirlo por ti mismo. Habla con él esta noche, seguro les ayuda mucho."

"Vale" asentí todavía un poco agobiado, en consuelo, Bélgica me dio un besito en la frente antes de irse. De verdad valoro mucho su amistad, aunque a veces diga cosas que no entiendo, sus consejos siempre me orientan y sus mimitos me levantan el ánimo.

Ahora, mientras escribo esto Romano ya aporrea con rabia la puerta de mi aposento para apurarme a salir, así que no lo haré esperar más o terminaré agregando una puerta a las reparaciones de la casa y no queremos más trabajo ¿no?

La lectura de Romano se vio interrumpida por el sonido del picaporte abriéndose, tan abstraído estaba que no se había dado cuenta de que España se había levantado y lo buscaba en cada habitación llamándolo por su nombre.

-¿Lovino… estás aquí?

Preguntó a medida que asomaba su cabeza en el umbral de la puerta, Romano debía pensar rápido, no podía dejarse descubrir con el diario de Antonio en las manos, su tiempo ya se acababa…

-Roma ¿Qué haces con mi…?