e_ c_ 0000 forkshs. com
Llevaba mirándolo tanto tiempo que si cerraba los ojos, seguramente vería la dirección en la parte interna de sus párpados. Y era la dirección más extraña del mundo. Sus iniciales y... un montón de ceros. ¿Quién hacía eso? Normalmente se escogía el nombre completo para que todo el mundo lo recordara y fuera fácil de teclear, no aquel galimatías. Bueno, bien pensando, en Edward nada era normal, así que no sabía por qué se había esperado otra cosa.
Como que apareciera en la playa. En serio, ¿en algún momento pensó que aceptaría? La invitación había sido torpe y atropellada y en el coche ni siquiera le contestó. Seguro que pensaría que era algún tipo de agradecimiento por haberla llevado hasta su casa, un agradecimiento a modo de castigo porque llovió todo el fin de semana y en la playa estuvieron a punto de morir de frío y hambre, además de ella de tortícolis por estar mirando hacia el aparcamiento con la vaga esperanza de ver el coche de Edward aparecer.
En vano.
Porque para colmo, si las cosas con Jessica estaban mal desde que Tyler y Mike le habían pedido que le acompañara, peor se pusieron cuando se enteró de que ella se lo había preguntando a Edward.
-¿Cómo va ese fuego, Bella?
Tardó unos instantes en contestar porque seguía mirando el alto del cerro por si acaso aparecía algún coche plateado, pero no, sólo una ráfaga de aire frío y húmedo que le heló hasta el último músculo facial.
-¿Bella?- repitió Angela dándole un codacito.
-Eh, sí, sí, muy bien- dijo en un respingo.
La chica se rió y tomó otra ramita para intentar avivar el fuego como hacía Bella, sin ningún éxito. Ésta le sonrió pero volvió a mirar cerro arriba. Nada, ningún coche plateado.
-¿Esperas a alguien?
-¿Que?- preguntó en otro sobresalto.
-Llevas todo el rato mirando hacia el aparcamiento. O te quieres ir, o es que esperas a alguien.
Miró a ambos lados, cerciorándose de que nadie les escucharía y se adelantó hacia Angela. Nunca había sido muy de contar sus secretos porque tampoco había tenido muchas amigas antes, pero Angela era muy discreta, callada y sensible, así que seguro que la escucharía y necesitaba compartir sus desvelos con alguien que no estuviera al otro lado del país, como su madre.
Tyler hablaba con Ben a varios metros, Jessica hacía el tonto con Mike aunque no les quitara ojo, Lauren perseguía a Eric que le había gastado una broma con un palo...
-Verás...- carraspeó- El viernes, cuando se me estropeó la camioneta, mi padre tenía que ir a recogerme al instituto, pero se olvidó. Edward estaba en el aparcamiento esperando a sus hermanos y... se ofreció a llevarme.
La chica, que seguía palabra por palabra, abrió la boca hasta que terminó de hablar, para repetir:
-¿Edward? ¿Edward Cullen?
-Sí, fue muy amable. Me invitó a subir a su coche y hablamos un rato mientras esperábamos, pero después como era tan tarde sugirió llevarme a casa. Me envió incluso unos apuntes de Biología por email, así que creía que vendría a la playa. Me hubiera gustado mucho. ¿Sabías que ha estudiando en un Conservatorio y que le gusta la música clásica? Ha vivido en Nueva York, en Denver, en... ¿Por qué me miras así?
A la vez que hacía esa pregunta notó cómo se sonrojaba, aunque el bochorno fue menor dado que Angela también se sonrojó a la par que cerraba la boca. Se subió las gafas y carraspeó antes de contestar:
-Perdona, sólo que estoy muy sorprendida. Edward jamás ha hablado con nadie, y eso que muchas lo han intentado de todas las formas posibles- señaló con la cabeza a Jessica- Debes de gustarle mucho.
-¿Gustarle yo?- repitió nerviosa- Que dices. No. Sólo quiso ser amable. Y me hubiera gustado mucho que viniera, siempre está solo con sus hermanos, y seguro que se hubiera divertido. Aunque le dije que escamparía y ha estado peor que ningún día.
Angela se rió y con su palo, atizó de nuevo el fuego, del que sólo salía humo por la humedad de los troncos. Allí jamás se haría fuego ni podría preparar la barbacoa, así que morirían de hambre si alguien no pensaba en otra alternativa.
-Quizás le surgió otra cosa y no pudo avisarte.
-Podía haberlo hecho por email.
-Es muy frío a una invitación personal- insistió Angela.
-Qué invitación personal, a lo mejor no lo tomó como tal. Se preguntaría por qué debería de perder más el tiempo conmigo si ya me había traído a casa- suspiró- Estoy comiéndome el tarro por nada. Edward no sabe ni que existo.
-Te gusta Edward. A ti te gusta mucho. ¿Verdad?
-No, es sólo...
-Bella, en mí puedes confiar. ¿Sabes quién me gusta a mí?- dijo bajando el tono- Ben. Siempre espero que me pida una cita o que le acompañe después de clase, pero resta que nunca lo hace.
-¿Y por qué no se lo pides tú?
-¿Pedírselo yo?- repitió.
-Somos mujeres independientes. Ahora ya no se espera a que un chico te pida una cita. A mí no me ha salido muy bien, pero quizás tú tengas más suerte con...
-¿Una cita?- preguntó una voz chillona tras de sí- ¿A quién le has pedido una cita?
Casi dando un salto, Bella se volvió para comprobar que la voz efectivamente era de Jessica y que para colmo venía seguida de Tyler y Mike. Bueno, eso no era de extrañar, porque últimamente cada vez que se giraba, allí estaban esos dos chicos con sus tonterías y sus chistes sin gracia. Pero en ese momento ninguno tenía cara cómica, menos Jessica quien le lanzaba dagas envenenadas con la mirada.
-No era una cita, sólo...- balbuceó en un rubor rojo profundo-... pretendía ser amable.
Jessica levantó la ceja en busca de más información y fue en busca de la otra persona componente de la conversación, pero ésta no aguantó más la presión y dijo:
-Bella invitó a Edward Cullen. Y a mí me parece muy bien, nunca nadie le invita a nada.
-Ni falta que hace- bramó Mike Newton- No queremos a ese perdedor por aquí. Ya es suficiente con aguantar a su hermano en el equipo.
-Sí- le coreó Tyler- No es más que un friki que se cree superior a los demás porque tiene un cochazo último modelo.
-O ese teléfono mega-caro. Alguien debería de robárselo y metérselo en el váter. Yo creo que es marica.
-Es simplemente un creído- añadió Jessica- Aunque no es el único. Hay gente que parece que nunca tiene suficiente- dijo clavando su mirada con su daga en Bella- ¿Vamos a por los perritos, chicos? Tendremos que comer algo y el fuego parece no estar listo.
Y a partir de ahí, Bella pensó que más castigo que Jessica le lanzara sus dagas, era que le hiciera el vacío y cuchicheara con Lauren cuando sabía que hablaba de ella en todo momento.
Quizás por eso, nunca había sido persona de muchos amigos. Ni de multitudes. ¡Ni de chicos! Porque podía darle consejos a Angela de que invitara a Ben, como si ella supiera lo que hacía, cuando era la primera vez. ¡Y menudo éxito! Creyéndose que iría a la playa porque le había mandado unos apuntes. Con aquel email tan raro. Si hoy no aparecía por el instituto, ni le sorprendería.
Pero sí estaba. Por lo menos su coche. Al lado de un BMW rojo descapotable en su plaza habitual como si allí no pasara nada. Y eso la enfadó muchísimo. Quizás no tenía motivos para enfadarse, pero lo estaba. Porque no le había gustado que los chicos le insultaran o le pusieran motes y él aparcaba allí, como si nada. Y no estaba por el pasillo. ¡Demonios, no era un instituto tan grande! Por lo que cuando llegó la hora de la comida, sería capaz de golpearle de indignación.
Entró en la cafetería, miró directamente a la mesa pero sólo la pequeñita, Alice, y el chico rubio, estaban allí. Bueno, aparecería. Y entonces le diría que...
-Hola, Bella.
Se volvió casi tirando la bandeja porque lo que menos que esperaba era que le hablara o que estuviera allí, de pie, junto a la fila de la caja. Como si le estuviera... ¿esperando? ¿Esperando a ella? Le pareció más alto que al verle de pie en el aparcamiento y más guapo y atractivo que cada día en clase, si eso era posible. Era el chico más increíblemente perfecto que había visto en su vida.
-Hola- dijo con un hilo de voz por la impresión.
-Te las dejaste el viernes en mi coche- añadió él levantando las manoplas- Quería dártelas hoy a primera hora, pero no pude esperar demasiado porque tenía examen de Francés. Lamento si las has necesitado.
Bella abrió la boca para contestar, pero apenas cogió las manoplas y las estrechó contra su pecho, como si no fueran un andrajo de lana vieja, rezando porque se les hubiera pegado algo del olor de Edward. Que afortunadas, dos días completos con él. Si se reencarnaba, querría hacerlo en sus manoplas.
-No, no, está bien. Gracias por acordarte. Y gracias por los apuntes.
-Podemos hablar de ellos en el tiempo de estudio de Biología, si te parece bien.
-Claro, estaría genial.
-Tus amigos creo que te esperan- señaló cafetería adelante- Este es tu tiempo con ellos y te estoy usurpando demasiado. Te dejo marchar. Hasta clase, entonces.
¿Sus amigos? ¿Que amigos? Miró y en la mesa estaba Angela sonriente, Jessica con cara de asco y Mike y Tyler dispuestos quizás a echar un pulso para que vieran quién era más fuerte de los dos. En esa cafetería no había gente que le importara más que quien tenía enfrente.
Meneó la cabeza y como no estaba dispuesta a que sus conversaciones giraran solo en torno a la estúpida Biología, tomó ella el toro por los cuernos. Fue el centro de sus consejos. Así que le echó valor y añadió:
-Sobrevivirán- contestó- Han estado todos estos años sin mí, así que superarán estos minutos. No viniste. A la playa.
El gesto de Edward cambió y se le pintó uno que no había visto antes: no era la acritud, ni la indiferencia, ni su sonrisa preciosa. Vio incluso unas líneas sonrosadas en sus mejillas y no le sostuvo la mirada, incluso se la rehusó mirando hacia el comedor.
-Sí que fui, os vi desde el acantilado, pero no creí que fuera buena idea.
Su corazón saltó de una manera que nunca se lo había hecho con un montón de sentimientos: felicidad, tristeza, indignación, molestia, simpatía...
-¿Por qué?- insistió Bella a media voz.
-Había demasiada gente- añadió- No me van los sitios tan concurridos. Y a tus amigos no les caigo demasiado bien
-Podías haberme avisado y hubiéramos hecho algo juntos. A mí tampoco me van los sitios concurridos como tampoco les caigo demasiado bien.
-Entonces, ¿no te divertiste?
-No. Estuve demasiado tiempo pendiente del aparcamiento para divertirme. Y hacía mucho frío.
-Lo lamento mucho. La fiesta parecía al menos, interesante.
-¿Interesante?- repitió Bella.
-Olvídalo- hizo una mueca con la boca- Tengo que irme a mi mesa, mis hermanos me esperan. Nos vemos en Biología.
Y sin más, como si ni siquiera hubieran estado hablando, cruzó la cafetería para sentarse en su habitual silla, junto con sus hermanos. La pequeñita, Alice, le dijo algo pero él negó con la cabeza y el chico rubio, Jasper, le dio hasta una palmadita en la espalda, pero sólo la rubia, Rosalie, se le quedó mirando a Bella como si... ¿le debiera algo? No logró entender el por qué de aquella mirada, pero como tampoco se la pudo sostener sin ruborizarse, cruzó la cafetería para dirigirse a su mesa.
-¿Que tal, Bella?- la saludó Angela cordialmente sin borrar su sonrisa- Te estuve esperando a la salida de la clase de español.
-Tenía prisa. Tenía que recoger unos libros de mi taquilla- se disculpó tomando su silla- Perdona por no avisarte.
-¿Sólo recoger unos libros de tu taquilla?- repitió Jessica- ¿No habías quedado con alguien que el domingo ya te dio plantón? Quizás deberías de sentarte con ellos en su mesa, si tanto te gustan.
-Eso, eso- le coreó Tyler- Y de paso que vas, róbale el móvil. Vale unos 500 pavos.
Esa fue la gota que colmó su vaso. ¿Qué pasaba con toda la gente en Forks? ¿No podían ser como Angela, por ejemplo? Metiéndose en la vida de los demás y metiéndose verbalmente con ellos. Si había cosas que no soportara, la falta de respeto era una de ellas.
-Los Cullen ni me gustan particularmente, ni me dejan de gustar. No les conozco, como vosotros, así que antes de juzgarles deberíais de intentar conocerles, quizás os estáis perdiendo alguien extraordinario que ha visto más mundo que vosotros y que os pueda enseñar un montón de cosas nuevas.
Al menos, con eso se sintió bien... por un rato.
-¿Puedo pasar?- preguntó su madre picando ligeramente a la puerta para asomarse con su amorosa sonrisa.
Edward suspiró y se echó hacia atrás en la silla de su escritorio para que su madre se adentrara para ante todo, darle un abrazo y un beso. Hacía eso cada vez que estaban más de cinco minutos separados, desde bebé, como si el tiempo que estaban el uno sin el otro fuera insoportable. Aunque, a veces, lo era. Antes su madre lo podía solucionar todo: un raspillón en la rodilla, un bolsillo de la chaqueta desgarrado, el dolor de barriga... Ella vendría, le abrazaría, le besaría, le diría "mamá está aquí" y se le olvidaba el mal.
Hasta hoy.
No había otro tema de conversación en su familia desde el hallazgo de las manoplas en su coche que Bella, él y Bella. Por cada esquina de la casa y eso que era enorme, y por fortuna su habitación estaba alejada del resto y no compartía baño con nadie. Pero incluso cuando bajó a la cocina para comer algo, se topó con Emmett por el pasillo y éste le regaló un muestrario de besos y arrumacos consigo mismo que no le hacían más avergonzar.
Así que sabía, como si les conociera como su propio reflejo en el espejo, que en el momento que su madre puso un pie en la casa al llegar a casa de trabajar, alguien la había asaltado para ponerla al corriente.
-Hoy ha sido un buen día, ¿verdad? Parece que el instituto al fin y al cabo, no es un sitio tan malo.
Con eso le guiñó un ojo y le dio un codacito, que le hicieron volver a suspirar. Vale, ya sabía quién no había podido tener la boca cerrada ni durante cinco segundos, y Rosalie debía de estar muy ocupada con su tarjeta de crédito en su poder.
-Alice te ha contado que he llevado a Bella a su casa. Además, me ha invitado este fin de semana a ir a la playa, pero esa parte, hasta ahora, era secreta.
Iba a dar un gritito, o unas palmaditas, incluso un saltito feliz, tal como haría Alice mientras se lo contaba, pero cómo él no interactuó más, su madre ladeó la cabeza y le preguntó extrañada:
-¿Por qué no estás más emocionado? Esa chica, parece que te gusta.
-¿Me gusta?- preguntó él levantando una ceja.
-Claro que te gusta, Edward. Soy tu madre y soy mujer, entiendo de esas cosas. No has hablado más de volver a estudiar por correspondencia desde que regresaste de Denali y estás de mucho mejor humor. Si esa chica tiene algo que ver, deberías de presentármela. ¿Es guapa?
Edward bajó la cabeza y jugueteó con la costura lateral de sus pantalones, sin saber qué decir. Aunque siempre lo había hablado todo tanto con su madre como con su padre, esos temas eran novedosos. Chicas. Él preocupándose por chicas. Inaudito. Y en cierto modo le daba hasta vergüenza, porque pensar en Bella hasta ahora había sido algo ciertamente íntimo y en su familia, se había abierto la veda.
-Es la chica más guapa que he visto jamás.
-¿Y después de eso vas a decirme que no te gusta? Oh, cariño- le volvió a abrazar- Estoy tan contenta por ti. De que por fin tengas algo normal en tu vida, de que seas un adolescente como cualquier otro. De que puedas compartir algo con otra persona del mismo modo que hacen tus hermanos entre ellos.
Volviendo a suspirar, tomó la mano de su madre en su diálogo para entrelazar sus dedos y después jugueteó, como cuando era niño, con su alianza de boda y con el anillo de compromiso. Objetos que a su madre le daban esa normalidad que tanto ansiaba, pero que en su caso tampoco iba a poder lograrse con tanta facilidad.
-¿Y si no es buena idea?
-¿Cuando el amor no es buena idea?
-Cuando tienes un secreto que es tu vida y has llevado una identidad falsa hasta ahora. Mamá, ni siquiera puedo hablar con ella.
-Claro que puedes hablar con ella- le rebatió- Puedes hablarle de tus gustos, de lo que haces en tu tiempo libre y de tus aficiones.
-Pero... ¿y si llegamos a conocernos más? ¿Si pregunta algo que no puedo contestar? ¿Y si me enamoro? No creo que soportara alejarme de ella, porque ya me cuesta y ni siquiera es nada mío.
-Edward, hijo mío, ojalá tuviera una respuesta a todas tus preguntas, pero a veces, nadie las tiene. Sólo puedo darte un consejo y es que no te cierres a esta experiencia. Bella puede que sea tan maravillosa como te lo parece y sólo te aporte cosas buenas que te mereces.
Haciendo caso a las siempre sabias palabras de su madre, el domingo se subió a su coche y comprobó en el GPS de abordo donde diantres estaba esta playa de La Push, porque el día era de perros. No cesó de llover y ventar todo el camino, y cuando por fin dio con el lugar, se dio cuenta de que no había accedido por el aparcamiento donde había dos furgonetas, un utilitario y la camioneta de Bella, si no por el acantilado. Así que como si el destino le hubiera llevado a ese sitio para observar sin ser visto, se deleitó unos instantes antes de decidir nada.
Bella venía recogiendo leña para lo que parecía un fuego, dando unos saltos encantadores entre las rocas, cogiendo una ramita y después otra. Sabía lo suficiente de supervivencia por las acampadas que hacía con su familia, que aquello tan mojado no ardería ni así lo impregnase de gasolina, pero le gustó que Bella fuera de esas chicas, de las que no tienen remilgos de ir a buscar leña o saltar entre rocas. Había más chicos y chicas por los alrededores – lo que su vista distinguió, su amiga Angela, Ben, el chico del periódico, Lauren, la acosadora de Jessica Stanley,...- pero Bella parecía realmente cómoda por estar sola, incluso si su vista no le engañada, aquello blanco que colgaba por debajo de su gorrito de lana eran sus auriculares. Caminó aquí y allá, saltó entre más rocas y después gritó. Estuvo a punto de correr hacia su coche para rodear aquel estúpido acantilado e ir a comprobar que estaba bien cuando se dio cuenta de que no era más que el estúpido de Mike Newton asustándola, tanto que hasta dejó la leña caer. Al instante ambos se agacharon a recoger el montón y cuando estaba la lecha repartida se añadió el imbécil de Tyler Crowley, así que como tres ya eran multitud, decidió volver a casa.
Quizás, estar cerca de Bella no era tan buena idea como le parecía a su madre. Así que mejor alejarse ahora que dolería menos. Él no era nadie libre como Mike Newton y Tyler Crowley para competir por ella. Y era injusto ponerla en esa situación, en una situación que jamás cambiaría, jamás podía confesarle y siempre tenía que darle la mitad de él: la mitad de la verdad, la mitad de un pasado y la mitad de un futuro. Le devolvería las manoplas que secó cuidadosamente y guardó como oro en paño en su armario por si Emmett pretendía pedir rescate por ellas, hablarían de Biología y nada más. Como arrancar una tirita: rápido e indoloro.
No era nada suyo y nunca lo sería. Punto final.
Ese era su plan y lo llevaría a cabo hasta las últimas consecuencias.
Cuando Bella cruzó el umbral del laboratorio de Ciencias, ya le parecía de mal humor. Podía decir que hasta enfadada. Y no era para menos, porque aquellos dos patanes la seguían pisándole los talones, aunque ella fuera con los auriculares puestos, ladraban algo tras ella, e incluso Mike Newton batía su gorro lleno de caspa y pulgas sobre la preciosa cabeza de Bella. Pero ella no parecía percatarse, porque le miró directamente a él y cruzó el aula para sentarse al lado, arrastrando incluso la banqueta, sin dejar de mirarle.
¿Le había hecho algo para que estuviera así con él? Había sido amable, educado, respetuoso y le había devuelto sus pertenencias. No la había acaparado demasiado para que sus amigos no la interrogaran a preguntas cuando hablar con él fuera de clase seguro que era lo que provocaba y después no la había mirado durante la comida para no incomodarla.
-¿Va todo bien?- le preguntó.
-¿Te parece que algo va bien?- le espetó quitándose los auriculares- No, nada va bien, Edward.
Un respingo sintió por toda la espalda por escucharle llamarle por su nombre. Le ocurría normalmente desde que ese nombre, su nombre real, había salido de su ámbito íntimo y familiar y cualquiera lo podía usar, lo que le ocasionaba diferentes reacciones, desde el agrado, como cuando Bella le llamó por primera vez para pasarle la hoja de los deberes, hasta asco, como ocurría con la acosadora de Jessica Stanley. Pero ahora lo dijo con tanta inquina que le puso hasta el último vello de punta.
-¿He hecho algo que te haya contrariado?
-Más bien es algo que no has hecho- replicó Bella.
¿Se refería a la conversación anterior? ¿Estaba así porque le había dicho que no había bajado a la playa aunque la hubiera visto? Quizás le había molestado la confesión. No era para menos, y después él se quejaba de que Jessica Stanley le acosaba. Mejor dejar las cosas claras.
-Mira, Bella, creo que es mejor que no seamos amigos.
-¿Cómo?- repitió abriendo los ojos como platos.
-No es nada personal, pero es mejor dejar las cosas como están. Eres muy amable y me siento muy bien en tu compañía, pero es lo mejor, confía en mí.
-¿Que confíe en ti?- repitió de nuevo, elevando ligeramente el tono- Estás de broma, ¿verdad?
-No, no lo estoy. Así que entendería si le pidieras al señor Banner que nos asignara otros compañeros de laboratorio.
La cara de Bella cambió por completo. Se sonrojó, pero no de su manera natural y adorable, si no de un tono rojo brillante como si estuviera a punto de explotar. Y ahora le pareció furiosa, muy furiosa. Más molesta que antes cuando esos patanes la acosaban siguiéndola.
-No voy a pedir nada: Acabo de llegar con el semestre empezado, no quiero generar más molestias en la clase y necesito mis créditos en Ciencias para graduarme.
-Bien- respondió él- Yo tampoco lo voy a hacer. Podemos seguir compartiendo apuntes si no tienes inconveniente.
-Entonces, ¿a qué viene esto? ¿Tanto te disgusto?
¡Disgusto! ¿Cómo podía creer eso? Si ocurría algo, era concretamente lo contrario, así que mejor conservar el tipo y dejar que las habladurías le precedieran y en cosa de unas horas ella ya sería la tesorera del club de antifans de Edward Cullen.
-No es eso, no lo entiendes. Da igual.
-No da igual, y necesito entender las cosas.
-He dicho que sería mejor que no fuéramos amigos, no que no lo desee.
-¿Y eso qué diantres significa?- insistió Bella.
-Que quizás no sea el tipo de persona que tú crees que soy- espetó.
-¡Oh!- suspiró- ¿Ahora se trata de adivinar?- dijo irónica- Déjame intentarlo a mí primero: te escondes tras una máscara y creas un muro a tu alrededor para disimular el rechazo que esta gente cerrada y anticuada tiene por ti y tu familia, pero sólo se trata de un mecanismo de defensa. Quizás estés intentando alejar a la única persona en todo este condenado pueblo que te entiende.
Se quedó durante unos segundos aguantando la respiración, mirándola fijamente e incluso sintiendo la fortuna de que en aquella aula estaban ellos dos solos, sin nadie molesto alrededor. Bella no sólo era preciosa, dulce, inteligente y brillante, sino que era intuitiva y sensible con los que tenía cerca, lo que le hizo que el nudo que se le ponía en la garganta cada vez que la tenía enfrente, casi le ahogara.
Pero no, no tenía razón. Bella no sabía de lo que hablaba. Era lo mejor para ella, para los dos. No le entendía, ni podría jamás. Había cosas que nunca le podría confesar, que comprometerían su vida y la de su madre. Tenía que ser fuerte por toda la familia. E incluso por ella.
-Entonces, espero que disfrutes de la decepción.
Bella le miró más turbada que antes, más turbada que en toda la conversación. Le miró como si en ese momento pudiera saltarle a la cara y arrancarle los ojos, pero cuando tomó aire para rebatir en su efímera discusión, un portazo le hizo sobresaltarse y mirar hacia adelante, donde el profesor accedía.
Recogió sus libros en un montoncito, se puso en la esquina contraria de la mesa y se echó el pelo de lado. Y con ese gesto sintió que serían las últimas palabras que cruzaría con Bella Swan.
Ese era su tirón para arrancar su tirita.
