¡Buenas! Aquí con nuevo capitulo.
Espero os guste.
Quiero aclarar ahora he estado actualizando rápido porque no tenía nada que hacer, pero ahora ya entré a clases nuevamente :'c Así que no me tendrán muy seguido.
Sin más, ¡disfrutad de su lectura!
Numero de palabras: 3157.
No me condenes a un mundo donde tú no estás.
Aun sobre la nieve buscaré el modo de estar a tu lado,
Siempre.
¿No estaríamos siempre juntos?
Dime si hay dolor,
Dime si es trise.
Dime el lugar a donde vas,
Y no te alejes tanto de mí.
A ningún lugar en donde no pueda alcanzarte.
CAPITULO TERCERO: MENTIRAS.
— ¿Qué es un Thestral? —preguntó curiosa.
— ¿Cómo?, ¿no sabes lo que es un Thestral?—el creador de varitas preguntó, de verdad, muy impresionado. En su rostro se plasmaba la curiosidad pura, pero aun continuó hablando, como si su voz no le perteneciera o solo no estuviera acorde a su expresión facial. —Es imposible. Una persona que porte una varita con un pelo de cola de Thestral como núcleo debería de poder verlos.
—Ella nunca ha estado frente a uno, eso es todo. —musitó Orión. El parecía enojado, por eso Lyra supo que ya no debía hablar más, aun cuando tuviera mil preguntas picándole la lengua. Su hermano seguía pegado al cuerpo del mayor, pero le miraba con algo de sorpresa, incluso Lyra divisó admiración. Él sabía qué era eso, y por su mirada pudo esperar una mala noticia; de inmediato, la niña prometió jamás preguntar sobre eso si allí mismo la duda no quedaba otrora.
El hombre no pareció prestarle atención al enojo del otro, pues se dirigió a la niña y le aclaró.
—Es un caballo—parecía que lo consideraba una maravilla el poder decir eso. — Es un caballo esquelético con una espeluznante cabeza de serpiente, alas de murciélago y ojos blancos fantasmales y diáfanos... Es el ser más espantoso y putrefacto que se pueda encontrar, pero no lo digo tan solo por su imagen, no que no...—se acercó más a la cabeza de Hermione como si fuera a decir algún secreto y luego le susurro… o más correcto sería decir que él grito gimiendo: —Tan solo pueden verlos aquellas personas que han visto a la muerte... Y supongo que usted ha visto morir a alguien.
No era una pregunta. Si solo las personas que son capases de ver a un thestral, como acababa de relatar el viejo hombre, podían tener una varita como la que la había escogido a ella (restando el hecho de que hubiese dicho que era la única que él tenía, y que aparte eran muy extrañas de existencia), y solo la personas que hayan visto morir a alguien podían ver a esas criaturas, entonces era natural que el hombre se tomara tal libertad de decir lo que pensaba. Sin embargo, no podía contestar nada vago con tan solo esa afirmación, porque eso no era para nada algo malo ni mucho menos podría ser su culpa.
Sentía la mirada de su padre clavada sobre su espalda y sin embargo no lo miró. Poco a poco Lyra se sintió más y más pequeña.
El hombre frente a ella volvió a su lugar y Lyra tan solo puso una cara de tristeza, comprendiendo lo que tenía que decir.
Agachó el rostro y se tomó las manos entre sí.
Incluso el leve temblor asistió para arruinar su pequeño influjo del valor contra las navajas que estaban resultando ser los ojos de Orión Black.
—A mi hermano—dijo con voz queda y encontrada. —. Enfermó cuando era muy pequeño.
~Beso monocromático~
— ¿Qué es lo qué piensas?—musitó Sirius. Se metió un par de chocolates a la boca y luego le extendió la caja hacia su hermana. Ella se limitó a apartar el rostro y mirara hacia la ventana ignorando el ofrecimiento.
—No pareces emocionada—comentó James, tratando de hacer contestar a la refunfuñante niña. Sirius permaneció con una expresión de indignación en sus aristocráticas facciones ante el poco interés que su hermana favorita le otorgaba.
Lyra ni se inmutó. Permaneció observando los arboles con distintos tonos de verde que iban pasando rápidamente por la ventana del vagón. Regulus permanecía a su lado, igualmente de afectado por la plática de los otros dos niños. Leía tranquilamente y parecía realmente concentrado en ello.
Pensó en la plática que tuvo con su padre antes de partir a King Kross. ¡Por supuesto que no estaba nada feliz! Su padre literalmente le dijo que la mataría si hablaba con sangres sucias. Porque aparentemente no lo habían agarrado del mejor humor esa mañana en que partían de casa, y que no lo volverían a ver durante mucho tiempo. Y no era precisamente eso lo que la tenía así (refiriéndose al enojo de su padre, obviamente); más bien era algo muy sencillo: ¡¿No se lo repitió millones de veces?! ¿Qué creía que haría?, ¿ir corriendo por la escuela buscando a un muggle con quien platicar sobre lo alegre que era su vida familiar, sobre su contagioso mal carácter? Por no decir que venía en sus genes. Y lo peor de todo es que él sabía más que nadie que una vez lejos de casa, no se entraría si obedecía o no.
El pequeño Maddoc dio un brinco y aterrizó sobre sus piernas. La miró inquisitivamente, movió la cola y luego maulló. Lyra le rascó detrás de las orejas y él se acurrucó contra su vientre. Ella masculló algo nunca planeó salir de su boca, solo queriendo dar a saber cuan enojada estaba.
Miró por un momento al felino de pelos negros y soltó:
—Ayúdenme con esta—canturreó tratando de mejorar su mala cara, se giró hacia Sirius y a Regulus; dejó fuera de su plática a James muy notablemente como claro tributo a su genética. —: ¿Por qué papá insistió tanto en que obedeciera a sus estúpidas reglas?
—Porque la relación entre Sirius y tú es muy estrecha—dijo Regulus con intrigante simpleza, obteniendo tres pares de ojos mirándolo con insistencia. Ni siquiera apartó la mirada de su libro de pasta morada cuando Lyra le contestó.
— ¿Qué tiene eso que ver con lo otro?
— ¿De verdad es necesario que te lo diga, Lyra?
—Es verdad, en cierto modo—Sirius se rascó la cabeza mientras parecía sopesar lo que iba a decir a continuación. —Papá me ha amenazado varias veces por desobedecerle. Incluso mamá ha intentado ahorcarme todas esas ocasiones, y entonces a papá se le pasa el enojo. —pronto James y él comenzaron a reírse como si aquello fuera toda una Azaña.
Lyra volteó lo ojos volviendo su mirada nuevamente a la masa de árboles allá afuera, olvidando por completo si intento fingir buen humor. Regulus, que jamás apartó la mirada del libro, no volvió a poner ningún comentario sobre la mesa. James le contaba muy animado a su primo cuales habían sido las mejores travesuras idiotas de las que había escapado con vida de su madre.
Pasaron quince minutos llenos de las carcajadas de los más grandes cuando la puerta del compartimiento se abrió. En ella se encontraba un chico alto y pálido. Parecía estar enfermo y su cabello era del color de la arena, que igual no le ayudaban nada con lo anterior; sin embargo eso no fue lo primero que vio Lyra una vez volteó a verlo.
Sus ojos eran dorados. Eran tan dorados que ella dudó sobre la realidad de ellos.
Que bonitos son, pensó.
Él la miró y sonrió, pero pronto se giró hacia James y Sirius, quienes ya le bombardeaban con preguntas.
—Idiota, ¿por qué no nos dijiste que llegaría tan temprano a la estación?—James lo jaló sobre de él y Sirius. Se sentó en medio de los dos y rodó los ojos. —Pudiste habernos dicho y así llegábamos antes y corríamos a nuestros padres.
— ¿Tanto miedo le tenías a mis hermanos como para evitarnos desde que entramos al tren?—para ese momento Sirius parecía un perro al que le iban a dar de comer. Reía y parecía muy feliz de ver a aquel niño de ojos bonitos.
Él solo giró a ver a la niña, que lo observaba atenta. Volvió a sonreírle antes de voltear a ver a Regulus, que desde la llegada del otro solo se había limitado a mirarle dos segundos antes de volver a su lectura.
—Esta es mi hermanita menor... y él es Regulus.
Lyra realmente que trató. Intentó por la moral de su hermano el no reír, pero fue imposible. Era algo de todos los días escuchar bromas de Sirius, y mucho más cuando estas insultaban a Regulus. No le gustaba participar en esas cosas, pero cuando el mayor se lo proponía, dijera lo que dijera, era un ataque de risa para ella. Pero paró cuando el pobre de su hermano la miró enfadado, encajando culpabilidad en Lyra.
Se dirigió otra vez al chico que la miraba divertido.
—Me llamo Lyra, mucho gusto.
—Remus—se presentó y sonrió amablemente.
Tiene una bella sonrisa, pesó.
James, Sirius y Remus se sumergieron en una plática en la que ella no trató de involucrarse. Miró a su otro hermano y comprobó que la miraba con desaprobación. Le interrogó con la mirada, pero tan solo volvió a poner su atención en el libro que había colocado sobre sus piernas. Trató de obtener su atención mirándolo fijamente por unos segundos, pero Regulus no cedió.
Al poco rato volvió a enojarse y trató de ignorar la escandalosa plática de los otros. Se pegó contra la ventana observando como poco a poco los árboles se hacían más y más espesos.
La luz del vagón y la del compartimiento se encendieron conforme el sol fue desapareciendo de la vista allá afuera. Los colores rosáceos del cielo al poco tiempo fueron sustituidos por un oscuro negro tapizado de nubes, y poco a poco los cansados ojos de Lyra fueron cerrándose. Pensó nuevamente en la sonrisa de aquel chico, Remus. Se imaginó su vida si tan solo Regulus sonriese de esa forma. Una bella imagen para cada mañana, para prepararse de un seguro y tortuoso asqueroso día.
Luego se dio cuenta de que aquel del cabello arena tenía toda una calcomanía tímida en el rostro. No podía soportar que Regulus sintiera timidez. Jamás podría dormir con la sola idea.
Pero inmediatamente, su otro hermano le llegó a los pensamientos.
¿Tímida?, pensó. Timidez, o "miedo de conocer a los hermanos menores" de Sirius, había dicho su hermano mayor.
¿Por qué tendría miedo? Sirius, principalmente, era quien mantenía el orden sobre los otros dos... o bueno, Lyra lo seguía a él y Regulus a ella, pero era lo mismo.
Mientras Sirius estaba en casa comentó sobre que su único amigo era James; nunca mencionó a ningún Remus—imaginó miles de causas que podían hacer a alguien olvidar mencionar a sus amigos, y por como hablaban podía deducir que eran muy buenos compañeros de bromas. —Aun así Sirius no es la clase de persona que se olvida de personas... ni tampoco es el tipo de niño que no habla sobre sus amigos. Tampoco es una persona mala, y por eso nunca negaría a ni a sus amigos, familia, ni a nadie;
"Mucho menos discrimina a la gente... ¿será que tenía miedo de mencionarlo porque su familia es pobre?, ¿o será de que es hijo de muggles?— sopesó sobre la grandes posibilidades de esto, pues aunque el chico no llevara ropa fina, sus ropajes lo hacían verse presentable.
La voz del protagonista de sus pensamientos la sacó muy bruscamente de su lugar. Pegó un pequeño brinquito, pero se sostuvo con la ventana y el cojín del asiento.
— ¿Sabes en qué casa quieres ir?—fue amable y una sonrisa adornaba su pregunta. Tal vez no quería dejarla fuera de la plática y solo lo hizo por amabilidad.
Observó a Sirius, que la miraba fijamente. No pudo comprender el significado de esta, así que solo dijo lo que le pereció correcto.
—Mi padre me dijo que si quedo en Slytherin será perfecto, que es la casa donde toda... casi toda la familia ha estado—observó a Sirius, que le observaba con una mirada de satisfacción, y como hasta James y Regulus ponían atención. —También dijo que Revenclaw no era una mala casa, pues allí podré concentrarme y aprender más junto con otros que puedan darme un buen ejemplo, pero igualmente Slytherin es mejor, según él... Luego dijo que si quedaba en Huflepuff iba a sentirse avergonzado de mi noble corazón—prosiguió, dándole un toque de sarcasmo a estas últimas palabras. Hizo una pausa en lo que Sirius lanzaba una risotada. Lo miró con mala cara y luego volvió hacia Remus. —, pues desde niños nos han inculcado el no confiar en nadie. Y si quedo en Gryffindor tengo rotundamente prohibido hablar con Sirius los próximos seis años que le quedan en Hogwarts. Pero, dice él, siempre Slytherin es mejor.
Escuchó con paciencia como el lugar se llenó de las risas estrepitosas de los tres; se dio cuenta de que hasta a Regulus se le había escapado una sonrisa.
Cuando el ruido se calmó un poco, continuó.
—Así que, creo yo, que cualquiera estará bien; sin embargo Regulus quiere estar en Slytherin, y toda mi vida he estado pegada a él, así que...
—Toda tu vida has estado junto conmigo también—replicó Sirius. Sirius pensaba en pronto sacar su complejo de hermano a flote y contra su otro clon (Regulus), pero Lyra lo detuvo.
—Pero aun así te veré todos los días. No seas celoso.
~Beso monocromático~
Oh, podrás pensar que horrible y viejo soy,
Pero mi mente no te la puedes ni imaginar.
Me comeré a mí mismo cuando encuentres
A un sombrero más inteligente que yo.
No hay nada escondido en tu cabeza
Que el Sombrero Seleccionador no puede leer.
Así que pruébame y te diré
Donde debes estar.
Puedes ir con Gryffindor
Donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
Pertenece a los Gryffindors.
Puedes ir con Hufflepuff,
Donde son justos y leales.
Donde el trabajo nunca será pesado.
O tal vez con la sabiduría de Ravenclaw,
Si es que una mente dispuesta tienes.
Porque los de inteligencia y erudición
Siempre encontrarás allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
Harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
Para lograr sus metas.
¡Así que pruébame!, ¡no tengas miedo!
Porque soy el sombrero pensante.
Todo el comedor estalló en aplausos y silbidos cuando el sombrero terminó de cantar. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez sobre el taburete. Parecía nuevamente un trapo desgastado.
Lyra permaneció firme en su lugar mientras la profesora McGonagall pasaba en frente con un largo y grueso pergamino en las manos.
—Voy a llamarles por sus nombres, y deberán ponerse el sombrero y sentarse en el taburete para que los seleccionen—dijo—. ¡Black, Lyra!
Maldición—pensó—. Maldigo que no haya nadie con la letra "A".
No dudó más y se aproximó a la profesora. Ella colocó el sombrero sobre su cabeza mientras que la niña se sentaba. Las hebras del Sombrero Seleccionador obstruyeron su visión. De alguna manera se sintió menos observada viendo el oscuro interior del sombrero.
—Vaya—dijo una voz muy cerca de su oreja—Tienes una mente muy sorprendente. La verdad es que eres fascinante. Tienes una inteligencia fascinante, un coraje fascinante, tus ambiciones son fascinantes, incluso. La forma de enfrentar a los demás por sobre todas las cosas y con tal de defender lo que te importa te hace digna de Gryffindor, sí.
Por supuesto que jamás dejaría de hablar con Sirius solo por ser "un mal ejemplo", cómo había dicho su papá durante toda su vida, pero no quería dejar a Regulus solo. No sabía estar sin él, en todo caso. Y por supuesto que no quería salir de su zona de confort. Regulus ambicionaba estar en la casa de las serpientes, y estaba más que segura de que no lo abandonaría solo por ir detrás de ella en el caso de quedar en alguna otra casa.
Eso no la hizo sentirse triste, conocía a su Regululs, simplemente.
—Ya veo, sí que lo entiendo... el problema es que justamente esos pensamientos te hacen una Gryffindor perfecta. Pero Ravenclaw tampoco es una opción, ¿cierto?—la vocecita hizo una corta pausa en la que parecía burlarse de la situación— ¿Estas segura?... porque tus deseos solo los podrás cumplir con Slytherin, lo veo, lo veo. Pero tu futuro no será bueno si eso sucede, ¿o no? En el fondo sabes que desafiar a tu padre es lo que deseas.
"Tú no deseas ser como él, pero a la vez lo anhelas tanto que te duele. Y por quien sacrificas tu derecho de pertenencia a un grupo perfecto para ti, desea ser cómo él. Él te quiere, pero no te hará ningún bien... Pero eso tú ya lo sabías, ¿o me equivoco?
Otra pausa.
¿Cuánto había tardado ya?, porque dudaba el hecho de que el sombrero tardara tanto en elegir una casa para cualquier mago. Según Sirius, en cuanto el sombrero tocó su cabeza, ésta gritó que iría a Gryffindor.
— ¡SLYTHERIN!—gritó tan fuerte que sus oídos dolieron.
El sombrero fue retirado de su cabeza, y de inmediato, la mesa de la izquierda comenzó a aplaudir eufórica. Observó cómo en su túnica el logo con una serpiente se dibujaba justo sobre el corazón, la corbata bien colocada al rededor del cuello de la camisa se coloreaba de verde y plateado opaco junto con el interior de su túnica.
Suspiró. El estómago comenzó a sufrir espasmos, como si estuvieran volando muchas mariposas dentro de ésta.
Corrió a reunirse con sus compañeros no sin antes captar con la mirada a Regulus. Le sonrió ampliamente. Él levantó un poco las comisuras de sus labios y asintió muchas veces en lo que su nombre era dicho por la profesora.
—Black, Regulus—él avanzó con paciencia, ganándose una mirada de resignación de ella. Unos segundos, y después el sombrero gritó: — ¡SLYTHERIN!
Nuevamente la mesa aplaudió hasta que él llegó y se sentó a su lado.
Pronto llegó el turno de su prima Narcissa (que obviamente quedó en Slytherin), el de varias personas de las cuales no reconoció sus apellidos, Diggory (Hufflepuff), Grengass (Slytherin), Holman (Gryffindor), Knight (Slytherin, que ironía) Justine Coleman y el hijo único de los Lovegood (Ravenclaw), Nott (Slytherin), las hermanas Logwood (Gryffindor)...
Lyra miró a Regulus por un momento, pero cuando él le regresó la mirada ella de inmediato se giró, recordando las anteriores palabras del sombrero; ahora sus ojos cayeron sobre la mesa de Gryffindor. Sirius la miraba; pudo leer decepción en sus ojos, así que para no sentirse culpable volvió a mirar al hermano junto a ella, que podía aguantar verla con un sonrojo sin preguntarle la razón.
—Me siento muy feliz, ¿sabes? —dijo ella, solo para calmar un poco su propio ambiente de tensión.
— ¿Ah, sí? —susurró, sin dejar de mirarla.
—Aja—suspiró ella bajito. Se recargó un poco sobre su propia silla, dándose cuenta de que la selección no estaba ni cerca de terminar. —Gracias a la túnica verde, ya puedo decir mentiras.
— Y sin sentir remordimiento—confesó él.
~Beso monocromático~
Me han preguntado casi en todos los comentarios quién es la pareja del OC. Bueno, cierta mente leo mucho sobre incesto, pero en esta historia la pareja de James/Oc... Aunque seguiría siendo incesto, son primos, hahaha.
¡Gracias por leer!
¡Saludos!
