Si en la escena anterior quien armó jaleo fue Davis (y después la colaboración de la madre de Ken), en esta, aunque saltándome varios capítulos por el medio, no podía dejar de lado la actuación de DemiVeemon. Al fin y al cabo, sucedieron en un espacio de tiempo prácticamente idéntico (recordad, Ophanimon envió a los dos guerreros al mundo humano, pero el mundo digital continuó con su trabajo)
Durante el capítulo "Cinco guerreros", Examon apareció en el castillo de Kerpymon después de haber dejado a los cinco niños elegidos con DemiVeemon entre los brazos. La escena fue la siguiente:
La puerta de entrada volvió a abrirse y esta vez entró Examon con un digimon más pequeño en los brazos. Lo dejó en el suelo y se volvió a ir sin decir nada a nadie.
-¿Ya has hecho alguna de las tuyas, DemiVeemon?
-Simplemente me colé en un túnel enemigo y me tocó correr…
-Siempre igual –susurraron Lopmon y Terriermon −, imprudente hasta decir basta.
¿Qué fue lo que pasó en aquel túnel enemigo? ¿Cuánto corrió exactamente el pequeño digimon azulado? En parte, la respuesta la tenéis en el título:
TODO POR UN BOLLITO
V-mon había tenido que ayudar a uno de los Devas a organizar las evacuaciones. Por suerte, y al no estar solo, habían finalizado rápidamente con todo y tuvo tempo de salir a observar por sí mismo lo que ocurría en los alrededores.
Caminaba tranquilamente, esquivando las sombras porque muchos de los digimons evacuados decían haber visto extrañas criaturas en ellas y él tenía algo de miedo.
-Seré tonto… Heredé el emblema del valor de Tai y Agumon… ¡Yo no tengo miedo! ¡No, no y no! –chilló haciendo pataletas.
Se imaginaba lo que le podría decir Davis, su compañero humano, si se atreviese a mostrarse asustado. Ya de por sí, el humano se alteraba bastante y solía actuar de forma rara cuando algo no salía como él quería. Por ejemplo: le incomodaba muchísimo que Kari, la chica de la que estaba enamorado, hablase o riese con otro chico de cabellos rubios llamado Takeru, su eterno rival. V-mon empezó a sentirse mejor recordando todo aquello, los momentos en los que todos reían y le contagiaban la risa, aunque fuesen provocadas por las tonterías de su compañero.
Otro recuerdo que le vino a la mente fue la primera vez que vio a Angemon. TK y él estaban muy contentos por haber logrado alcanzar aquella digievolución. Y Davis, a su lado, estaba muy sorprendido. Pero lo que realmente encendió al chico de los googles fue el comentario de Patamon, explicando la digievolución de Gatomon. En ese momento, el alocado líder de los elegidos zarandeó y ordenó convertirse en un ángel, en UltraAngemon.
-Como si eso hubiese sido posible –sonrió el digimon mientras caminaba distraído.
De pronto se detuvo y suspiró. Patamon y Gatomon habían logrado convertirse en dos de los tres grandes ángeles. Mientras que él no había logrado nada. Seguía siendo un digimon más, aunque algunos le habían dicho que él era único. Pero eso a Davis no le serviría; el humano de seguro que preferiría que fuese alguien importante, un héroe.
Agachó la cabeza, sin ánimos al darse cuenta de la situación en la que estaba. No le desagradaba, al contrario, prefería tener toda la libertad de la que gozaba. Pero, ¿y si hubiese llegado más lejos? No obtuvo respuesta a su pensamiento; un agujero ante él llamó su atención. Lleno de curiosidad, se acercó e intentó observar. Escuchaba voces, pero no veía nada.
-Esas voces no me suenan de nada, pero parecen tramar cosas malas. Debo saber qué pasa ahí –decidido, empezó a meterse en el tubo, pero cuando tuvo medio cuerpo dentro, se dio cuenta de su error −. Soy un poco bastante grande… Mejor hacerme más pequeñín para infiltrarme –sonrió satisfecho por su buena idea.
Regresando a su forma de DemiVeemon, logró entrar al completo en el agujero y, con mucho cuidado, avanzó hasta que vio luz. En silencio, se acercó al final y observó. Digimons malignos pasaban por un pasillo cercano, mientras que en aquella estancia, un Devimon y un IceDevimon apostaban por ver quién se comería el bollito de crema que había sobre una mesa.
-Te digo que me lo comeré yo –decía el demonio negro.
-¿Tú? ¡Ayer ya te comiste uno! ¡Ahora me toca a mí! –le gritaba el blanco.
-¿Y qué más? Yo tengo hambre y ya verás como acabaré comiéndomelo yo.
-Entonces, ¿qué tal si lo decide LadyDevimon? Ella seguro que me dirá a mí.
-Me prefiere a mí a su lado que a ti –le repuso Devimon dándole golpes en el pecho con un dedo −. Así que, por mí, adelante.
Ambos salieron de la sala llamando a gritos a LadyDevimon, dejando la estancia vacía, con el bollito encima de la mesa. DemiVeemon sintió crujir sus tripas.
-Ese bollito se ve delicioso –babeaba −. Si pudiese ser mío… si lograse alcanzarlo…
Observó con cuidado el lugar. Estaba completamente vacío, pero no sabía cuánto podrían tardar en volver aquellos dos demonios. Aun así, con sus tripas protestando, saltó del agujero y se encaramó a la mesa. Estiró el bracito hacia delante y logró coger el anhelado bollito. Con los ojos brillantes, lo agarró con fuerza y se soltó, cayendo de culo en el suelo.
-¡Bollito, te presento mi estómago! –dijo y, sin más preámbulos, empezó a devorarlo.
Mientras daba bocados, vio una jarra con una especie de zumo. Sentía la boca pastosa por la crema del bollo, así que decidió acabar de tragarse la pasta para trepar hasta la mesa nuevamente, en donde agarró la jarra y, tras oler el contenido y hacérsele la boca agua, la volcó lentamente sobre él para beber su contenido, lleno de felicidad.
En el pasillo, Devimon intentaba hacerle entender a LadyDevimon de qué iba la pelea. A ésta, simplemente, al escuchar la palabra "bollito", se le iluminó la mirada y tras mandar a los dos a buscar a otro digimon al que molestar, se dirigió a la sala en busca del preciado manjar.
DemiVeemon seguía bebiendo, feliz, sin vigilar el tiempo, cuando escuchó los gritos de LadyDevimon y, asustado, se le escapó la jarra de las manos y el líquido se derramó sobre él y la mesa. Más asustado, saltó de la mesa y trepó por la pared hasta el agujero, dejando un extraño rastro en la pared que, en cierto modo, no llegaba a parecerse a él. Siguió corriendo hasta dar con la salida del túnel, pero aun con esas, no se detuvo hasta que alguien le cogió por la nuca y alzó. Aún dándole a las piernecitas, se giró para descubrir a Examon. El pequeño no pudo hacer nada más que calmarse y sonreír tontamente.
Dentro del escondite de los Devi, LadyDevimon observaba la jarra derramada sobre la mesa, las migas del bollito por el suelo y manchas de pasos en el suelo y trepando por la pared, a demás de otras manchas en la pared que recordaban pequeñas alas.
-Maldita seas… ¡DEMIDEVIMON! DEVUÉLVEME MI BOLLITO –chilló la digimon saliendo de la sala.
Por detrás, IceDevimon y Devimon se asomaron y, al no ver el bollito, se escandalizaron de tal manera que se quedaron tirados en el suelo, llorando la desaparición de su preciada comida.
Después de un duro trabajo, el dinosaurio azulado se merecía algo de comer, ¿no? Aunque podría haberse dirigido a un castillo de primeras, que se lo hubiesen dado sin problema alguno.
La víctima de todo esto... DemiDevimon, claro está. ¿Qué le pudo hacer LadyDevimon al pequeño de los Devi? Esa es una gran pregunta con una respuesta no muy bonita. Imaginación al poder, gente, todo vuestro el castigo.
