Mussa se dirigió a su habitación mirando antes de cerrar la puerta a la celda del payaso, el cual estaba sentado en una de las sillas con la cabeza apoyada en la mesa. Mussa sintió un poco de pena, seguramente estaría incómodo con eso, pero si era peligroso era mejor que estuviera atado.

Cerró la puerta y pasó toda la tarde leyendo las atrocidades que supuestamente había hecho, al parecer devoró a varios niños pequeños y a unos cuantos adultos por las marcas y por la cercanía de los cadáveres, o lo que quedaba de ellos, alrededor y dentro de las alcantarillas.

Según esos documentos, el payaso vivía en el sistema de alcantarillado de Derry, en cuyo centro había una gran montaña de objetos apilados de forma increíblemente anómala, jamás habían visto algo así.

Cuando lograron quitar todo para ver la finalidad de ese apilamiento, encontraron la extravagante escultura de la tortuga enterrada todavía más profundamente del nivel del suelo, la cual produjo una serie de convulsiones al payaso que le dejaron en un extraño estado por el cual pudo ser capturado.

-¿Pero qué…?- estaba horrorizada viendo fotos de desmembramientos, fotos de varios carritos de bebé apiñados en ese montón de objetos, un chubasquero amarillo de un niño llamado George Denbrough, era algo digno de pesadillas.

Se levantó dejando la mesa repleta de papeles y fotos, aun le quedaba mucho por mirar. No entendía nada, ¿quién era ese tipo? Ahí solo decía que se le conocía como Pennywise el payaso bailarín, el nombre de Bob Gray era falso, no tenía una identidad real.

Abrió la puerta con cuidado dejando una pequeña rendija y le vio en casi la misma posición, casi, porque ahora su cabeza miraba hacia su puerta como si supiera que ella iba a asomarse. Pennywise sonrió cuando sus miradas se encontraron. Se veía espeluznante, pero ella era fuerte y sabía tragarse esas sensaciones, por lo que abrió de par en par la puerta y se apoyó contra el marco de la puerta cruzada de brazos.

-Doctora Mora, ya te estaba echando de menos.- dijo levantando la cabeza de la mesa. Mussa cerró la puerta sin decir ninguna palabra y se acercó al cristal.

Pennywise se puso serio y se levantó para ponerse frente a ella, intentaba parecer imponente con su altura e intimidarla. Solo les separaba el cristal, eso debería asustarla. El payaso intentó captar su olor por los pequeños orificios para respirar pero no percibía nada de miedo en ella. Mussa miró con detenimiento al payaso de arriba a abajo, cualquier persona estaría muerta de miedo, más después de haber visto esas fotografías, pero no era su caso.

Pasó su mirada por sus rasgos, el maquillaje no dura tanto como para tenerlo intacto, más bien parecía la piel, que era así. Había algo muy extraño con ese hombre, tenía cara de niño pero a la vez era un rostro adulto y siniestro que no inspiraba confianza.

-Eres diferente.- Mussa miró repentinamente a sus ojos, ojos ¿azules? como el océano.

-¿Cómo es que tienes los…?

-Para atraerte.- interrumpió con brusquedad.

Mussa dejó de mirarle y volvió a encerrarse en su habitación. Lentamente volvió a sentarse en la silla preguntándose de dónde había salido esa joven y por qué no le tenía miedo. Era como si no sintiera emociones en ella, quizás sea la puta tortuga, pensó enfadado.

Cuando Mussa regresó a la habitación cogió el teléfono y llamó a Simmons para no tener que subir.

-¿Sí?

-Tiene los ojos azules.

-¿Qué? Los tiene amarillos, Mussa.

-¡Que no! Ahora los tenía azules cuando me he acercado y le he mirado de cerca. ¿Cómo es que puede cambiar su color de ojos? Porque lentillas es imposible que lleve, no puede cambiárselas.

- No, no lleva lentillas. Siempre le hemos visto con ojos amarillos, no sé qué puede significar.

-Creo que tiene que ver con las emociones, además ha dicho cuando le he preguntado que era para atraerme más, así que…

-¡Eso es genial! ¡Significa que le gustas!

-¡Vaya! ¡Qué bien!- respondió sarcástica.

-No, a ver… ¡significa que hay más posibilidades de que contigo pueda abrirse y le saques una confesión! ¡Intenta seducirle!

-¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo? No es ético hacer eso.

-El fin justifica los medios, señorita. Aunque no sea ético este caso es excepcional, por lo que no habrá consecuencias. Póngase guapa.- Simmons colgó el teléfono.

-¡Pero…!

¿Y cómo iba a hacerlo? ¿Pero y si la atacaba o algo? ¡Era peligroso! ¡Si era verdad que había cometido todas esas atrocidades era un psicópata! ¡Los psicópatas son apáticos! Seguro que salía mal. De todas formas los psicópatas no tienen la habilidad de cambiar su tono de ojos, ¿quién o qué diablos era Pennywise?