HOLA... ¿como estan?
Saben estoy muy contenta por la aceptación que ha tenido el fic. Pero a la vez estoy preocupada porque temo llegar a decepcionarlos, y mas a ti Karla que ayudas a que esto sea lo que es ahora mismo.. te kiero muxo... ojala y no los decepcione.
Agradezco a cada uno de los que me han dejado su review, ya que me dan una alegria al leerlos! Y a esos que me han agregado a sus favoritos o han puesto alertas, tambn MUCHAS GRACIAS. Ahora si.. los dejo con el capi.Con una mirada
3. Con una mirada
Tanto para Harry como para Ginny, la semana pasó con lentitud, cada segundo de convivencia entre ambos era insoportable debido al constante desacuerdo en las acciones que realizaban. Eran como el agua y el aceite, imposibles de combinar. Al menos eso era lo que ellos querían creer. No podían compartir el mismo espacio, ni el mismo tiempo, sin que una fricción, desacuerdo o riña se presentara, así que plantearon un límite de aproximación. Dos metros. Ese era el límite de distancia para ambos, al menos que la situación y su trabajo ameritara romper tal acuerdo.
La otoñal tarde del sábado traía consigo leves brisas que ayudaban a los árboles a soltar de una en una sus rojizas y amarillentas hojas, las cuales se apilaban y formaban pequeñas montañas donde los niños se divertían. Era una hermosa tarde en donde todos lucían tranquilos y contentos, todos menos Ginny Weasley.
Ginny se encontraba desesperada frente al gran portón de la mansión del Ministro Williams ubicada en uno de los más lujosos suburbios de Londres. Cada minuto que pasaba era acreedor a una especie de berrinche de la pelirroja, ya que eran las cinco y media y Harry, para variar, estaba retrasado una hora.
En cualquier momento el Ministro estaría listo para partir al congreso y su escolta personal se hallaba incompleta. Y para colmo ella no tenia ni idea de donde se encontraba Potter.
Ginny comenzó a caminar en círculos y aumentando el nivel de sus berrinches y justo cuando estuvo apunto de gritar de la desesperación Harry se apareció frente a ella y en vez de asustarse o gritar le cruzó el rostro con una cachetada a su compañero.
-¡Auch! Lindo saludo pero me parece que eso es infringir el límite de proximidad establecido.- dijo mientras se acariciaba la mejilla
-Pues violaré ese estúpido límite cada vez que tu sentido de irresponsabilidad sobrepase tu ego. –contestó furiosa la pelirroja.
-No recuerdo que halla sido estúpido cuando tú lo estableciste.- Harry se acercó mas a Ginny haciendo notar la diferencia de tamaño que había entre sus cuerpos a pesar que ella estuviese en botas de tacón alto.
Sus miradas se encontraron, y por un instante ambos se sintieron extraños, pero la sensación se rompió cuando Ginny lo apartó con un empujón y comenzó a caminar en círculos nerviosamente.
-Podrías calmarte. Abrirás una zanja si continúas haciendo eso. Y la verdad me tarde porque te estaba dando tiempo a que pudieras arreglarte decentemente. Imaginé que alguien como tu necesitaría tiempo extra.
-ARGG – Gruñó con rabia – Deja de dar excusas estúpidas y explícame con sinceridad ¿por qué demonios llegas a esta hora y por qué tu mujercita de turno me contestó tú celular luego de que te llame más de diez veces?
-Espera… no me digas que tu humorcito es porque estas celosa. ¿Estas celosa Weasley? – Harry volvió a acortar la distancia que los separaba y mostró su sensual sonrisa, ese tipo de sonrisa por la que cualquier mujer se quitaría la ropa, cualquiera excepto Ginny.
-¿¿QUÉ?? ¡NO! - Ginny de la impresión quedó pegada al portón de la mansión dejando a Harry a una distancia considerable- ¿Cómo crees que van a ser celos? A mi no me importa si quieres ser el gigoló mas cotizado del país o del universo. Lo único que espero de ti Potter, es que cuando tengas que trabajar conmigo seas responsable y no pongas a tus mujercitas a contestar tu celular.
-Si, si… como sea. Y ya ponte en posición que se acerca el Ministro.
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El traslado hacia el Ministerio fue un poco incómodo para Ginny, ya que en más de una ocasión descubrió como Harry quería ver a través de su larga gabardina de cuero y por respeto al Ministro, ella no podía amedrentar a Potter. Sin embargo para Harry el traslado fue entretenido ya que se percató que cada vez que miraba a su compañera, esta se molestaba y hacia una chistosa mueca con sus labios, la cual sinceramente la hacia ver como una niña hermosa.
A medida que se fueron acercando al Palacio Nacional, Harry y Ginny iban comprobando que sus unidades estuvieran ubicadas en sus puestos designados. Ya que la seguridad debía ser perfecta y meticulosa pues el congreso reunía no solo a todos los Ministros de Magia existentes, sino también a funcionarios de gran poder en el mundo mágico.
El lujoso Jaguar del Ministro Williams se detuvo en la entrada principal del Palacio e inmediatamente los aurores se situaron delante de la puerta por donde saldría el Ministro muy pendientes de cualquier situación fuera de lugar o sospechosa. Todo estaba bajo control, el Ministro estaba muy bien protegido, nada podría pasarle.
Al llegar al Salón de los espejos, lugar donde se llevaría primero la conferencia de prensa, el Ministro Williams dio inicio al evento con unas palabras de agradecimiento a todos los presentes al trigésimo sexto congreso que luego de veinte años se daba lugar nuevamente en Inglaterra.
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Mientras la prensa comenzó con sus preguntas habituales sobre los temas a tratar en el congreso y las posibles soluciones para los problemas en que habitualmente se encontraban los miembros del mundo mágico, Harry y Ginny encontraron un lugar discreto pero a la vez de gran fiabilidad para proteger al Ministro.
-Y entonces Weasley, ¿ya vas a confesarme que te morías de celos cuando escuchaste la voz de mi amiga cuando me llamabas?
-En serio Potter, ¿crees que me atraes? Por favor no me hagas reír, yo jamás me fijaría en alguien tan insoportable, ególatra e irresponsable como tú.
-Pues agradezco eso, así no tengo que sentirme una basura al decirte que no me interesas. Es más déjame verte sin la gabardina para reírme un poco de tu esfuerzo.
-¿Estás seguro que es para reírte?, Porque a mí me pareció que de verdad estabas interesado en verme cuando veníamos con el Ministro hacia acá.
Harry abrió la boca dispuesto a contradecir la acusación de Ginny, pero algo en la mesa de los Ministros le llamo la atención.
-Weasley, ¿dónde esta el Ministro Williams?
-¿Como, qué donde esta? En la mesa de ahí en frente junto a… Potter, ¿dónde esta el Ministro?-preguntó preocupada
De repente un gran estruendo se escuchó y dejo a todos en silencio. Harry y Ginny alzaron las varitas por inercia y se prepararon para actuar. Los segundos pasaban y nada ocurría. Se comenzaron a hacer presentes murmullos y tenues luces blancas aparecieron de las varitas de todos.
-Potter, esto no me agrada. Debemos hallar al Ministro. Si le sucede algo te aseguro que es el fin de nuestras carreras.
-Weasley, por primera vez estoy de acuerdo contigo.
Ambos aurores se movieron de sus lugares con cautela, pero de pronto sin que se viera venir un rayo violeta rozó el brazo de Ginny sacándole un grito que inicio una ola de terror.
Todos corrían y trataban de desaparecer pero no lograban ponerse a salvo mientras que más hechizos y maldiciones eran lanzados sin saber su procedencia.
Entre el tumulto de personas Harry se asustó al ver a Ginny en el piso y más al notar que estaba herida. Una incomodidad extraña en su pecho lo invadió y fue a ver que le sucedía. No era momento para alegrarse por su mal.
Ginny tenia un gran corte en el brazo que no paraba de sangrar. Mientras murmuraba varios hechizos de curación que no hacían efecto.
-Debes hacer que pare de sangrar. –dijo Harry mientras evitaba que un rayo le impactara.
-¿En serio? ¿Y qué crees que hago, admirar como me desangro? He tratado con todo lo que sé para esto, pero nada lo detiene. Esto es magia oscura.
-Ya se que hacer. ¡Quítate la gabardina!
-¿Qué? Pero…
-Pero nada. Quítatela. –le ordenó firmemente.
Ginny se quitó de mala gana la gabardina de cuero dejando por fin ver su corto pero elegante vestido negro. La tela era muy fina y se amoldaba a la perfección a las curvas de la pelirroja y esto fue como un hechizo para Harry porque lo dejo sin aliento y embobado.
-¡POTTER! ¿Podrías explicarme por qué me vez así?- preguntó con enojo Ginny.
-Ehh… nada –Harry desgarró un gran pedazo de la gabardina, la hechizó y la colocó justo encima de la herida de su compañera.
Ginny pudo sentir un frío agradable donde tenia el corte y recordó el caos en el que estaban.
-Potter. Hay que encontrar al Ministro.
-Cierto. ¿Dónde crees que esté? – preguntó un poco distraído porque su mirada recorría el interesante camino que estaba desde las botas de la pelirroja hasta el borde de su vestido.
-¡POTTER CUIDADO! –grito Ginny arrojándose sobre Harry para evitar que saliera lesionado. - Quisiera saber quien demonios nos ataca – contestó alterada la pelirroja mientras se quitaba de encima de su compañero y corría en busca del Ministro.
Ginny y Harry tomaron diferentes caminos y se dedicaron a buscar por su cuenta al Ministro Williams. La hazaña fue un poco difícil por separado pero luego de muchos problemas Ginny lo encontró bajo unas mesas. Discretamente y bajo un hechizo de protección lo llevo hasta las puertas y mientras trataban de abrirlas Harry se acercó a ellos pero en ese instante un rayo de un blanco fluorescente impacto de lleno en la espalda del Ministro. Y sin emitir sonido alguno, el cuerpo cayó y las luces se encendieron.
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Todos los sanadores y medimagos en San Mungo estaban alterados. Funcionarios importantes de todas partes del mundo se debatían entre la vida y la muerte, mientras otros tenían heridas muy graves. Pero entre todo lo mas preocupante era que no se sabia que ocurría con el Ministro Williams. Su cuerpo inerte no respondía a ningún encantamiento ni hechizo. Pero no estaba muerto ya que los latidos de su corazón eran débiles, pero estaban presentes.
Harry y Ginny luego de haber dejado al Ministro en Cuidados Intensivos fueron obligados a examinar sus heridas. El corte de Ginny ya había cicatrizado gracias a lo que había hecho Harry, pero sus nervios y su orgullo eran demasiados para poder agradecérselo.
Mientras tanto un muchacho pelirrojo de veintiséis años, vestido con un uniforme de Quidditch entró desesperado por la puerta principal del hospital. Esta no era la primera vez que lo hacia, ya que desde que su hermana se había unido al cuartel de aurores, cada vez que una misión incluía estar en el hospital, el dejaba lo que hacia para saber que sucedía con la menor de su familia. A su suerte, frente a él iba pasando la mejor amiga de su hermana, quien le facilito el número de habitación donde la estaban atendiendo.
Corrió a lo largo del pasillo buscando la habitación porque algo en los ojos de Luna no le agrado. Su mente viajó y la frase "no a mi hermana" le carcomía la existencia. Sin esperárselo tropezó con una sanadora haciendo que todos los papeles que ella llevaba cayeran al piso.
-Lo siento mucho… estaba tan metido en mis asuntos que no la vi.- decía el muchacho nerviosamente mientras apilaba los papeles.
-No, que va. La culpa es mía. No aprendo que no debo leer los expedientes mientras voy caminado.
-Bueno, tome. - Para él, las manos de la sanadora eran lo más delicado que había tocado. Levanto el rostro y al momento en que sus miradas se encontraron todo lo que pensaba quedo olvidado.
-Soy Hermione Granger – dijo la sanadora
-Y… yo… Ron… Ron Weasley.
N/A: Bueno ojala les halla gustado. Dejenme plis sus reviews y pues hasta la proxima!
...: Diminuta :...
