LA SEPARACIÓN:
-Está bien, ahora funciona de nuevo- susurró dificultosamente Peeta, Katniss seguía refugiada en su pecho y lloraba desconsoladamente, sabía que ahora él estaba bien, pero hacía un minuto su corazón no latía. Cómo poder explicar el miedo que había sentido, no recordaba la última vez que se sintió de esa forma, tan sola, quizá desde que su padre había muerto, esa sensación tan desoladora. Cuando el corazón de Peeta se detuvo el de Katniss pareció romperse por completo, sólo hasta que lo escuchó hablar que un poco del miedo se disipó, pero ahora le aterraba separarse de él.
-No puedo perderte, Peeta- le susurró cuando se puso de pie y de nuevo lo abrazó, quería quedarse allí más tiempo, asegurarse de que ahora estaba bien pero debían continuar. Caminaron un rato más pero Katniss seguía igual de distraída, cuidaba cada paso que daba Peeta y no lo perdía de vista ni un solo instante, tenía miedo de verlo desplomarse de nuevo. Cuando recordaba esa escena sus ojos comenzaba a arder y lágrimas amenazaban con salir, tenía un nudo en la garganta que se negaba a desaparecer y un temblor la sacudía constantemente.
-Tomaré la primera guardia- anunció Finnick, él, junto a Mags, eran sus únicos aliados. Katniss aún no estaba segura de confiar en él, pero le había salvado la vida a Peeta y eso parecía prueba suficiente.
-¿Cómo te sientes?- le preguntó a Peeta, se le veía un poco cansado aún.
-Estoy bien, no fue para tanto-
-¿No fue para tanto?- preguntó ella incrédula –Peeta, tu corazón se detuvo- de nuevo comenzaba a llorar, sus manos temblaban ligeramente, odiaba sentirse tan vulnerable, sentir que dependía tanto de alguien, aunque fuera alguien que la amara.
-Ven- le pidió, ella obedeció y se acunó en sus brazos –Lamento haberte asustado- se disculpó besando su frente. Era una sensación tan esperanzadora estar en sus brazos que por un instante se olvidó de que estaban en la Arena.
-Haré la primera guardia- anunció resignada –Trata de descansar-
-¿Aún no confías en Finnick?-
-Estaré más tranquila si vigilo yo misma- no quería ponerlo más riesgo.
-Ten cuidado- le pidió besándola suavemente. La joven le dedicó una sonrisa y se alejó.
Peeta la observó alejarse y suspiró desanimado, su intención participando en esos Juegos era proteger a Katniss, pero ni él mismo podía protegerse. Estaba tan lejos de poder cuidarla y salvarla de todo el caos que sucedía a su alrededor que le era imposible no frustrarse y sentirse diminuto ante los demás participantes, era casi un hecho que era el más débil. Observó detenidamente a su esposa, se le veía totalmente concentrada en su entorno, sabía cuanto odiaba ser sorprendida. No llevaba el anillo, era lógico pero ese anillo representaba la unión que compartían y sin el era como si todo hubiera sido un sueño, en momentos así envidiaba profundamente a Gale, el lazo que compartían ellos parecía ser irrompible, la forma en la que lo había defendido y cuidado después de recibir los latigazos en la plaza, ella lo quería. Dejó sus propias inseguridades y descansó un poco.
Despertó con los gritos de Katniss que advertía sobe una misteriosa neblina, lo siguiente fue intentar huir. No fue una empresa fácil, Katniss se había quedado atrás y su instinto protector lo obligó a protegerla, era para lo que estaba ahí. Esa prueba le recordó el costo que tenían que pagar, perdieron a Mags, sabía que no saldrían todos vivos pero aún así no estaba preparado para verlo de nuevo. Ella también había sido una voluntaria, sabía que ambos estaban allí para proteger a personas importantes, ella se había sacrificado para darles una oportunidad más de sobrevivir y vaya que necesitaban esa oportunidad. Habían escapado por poco para luego, cuando pensaban que estaban a salvo, sufrir otro ataque. Las cosas estaban resultando más difíciles de lo que hubiera podido imaginar, durante los primeros Juegos la principal preocupación eran los competidores restantes, sabías que debías cuidar tu espalda de ellos, pero esta ocasión, además de todo estaban esa clase de pruebas, era más difícil protegerla cuando no sabía exactamente que esperar.
Katniss pudo observar la compasión que Peeta le demostraba a la competidora moribunda que parecía se había sacrificado por él, le sorprendió que aún con todo el caos que los rodeaba él pudiera conservar esa humanidad tan escaza en la Arena, la forma tranquila y esperanzadora en que le habló aún estando al borde de la muerte la conmovió profundamente. Quizá Peeta no era el mejor vencedor o el más astuto pero tenía una esperanza tan palpable en él que lo convertía en el mejor aliado.
Por fin pudieron llegar a la orilla, ahí parecían estar a salvo. Solo entonces pudieron hacer el recuento de los daños, solo entonces reflexionaron, estaban de nuevo en los Juegos del Hambre.
-Para ti- Peeta le ofrecía algo, la joven no tenía ni idea de lo que podía ser, estaban en la Arena, de dónde podría haber sacado algo.
-Gracias- respondió conmovida cuando tuvo el pequeño pero valioso presente en sus manos, era una perla. No había recibido muchos regalos a lo largo de su vida pero ese era particularmente especial, era de parte de su esposo. Lo admiró unos segundos con mucha atención, era algo que después los uniría, el recordatorio de que él siempre pensaba en ella.
Después de eso tuvieron más aliados, apareció Johanna junto a Beetee y Wiress, ellos también habían perdido a uno, no había sido fácil para nadie. Katniss aún no aceptaba completamente a Johanna, sabía que era un poco rebelde y eso no era lo que le molestaba, era el hecho de haber coqueteado con Peeta lo que la enfurecía, aún no olvidaba su atrevimiento con él así que no estaba muy feliz de verla. Les contó lo que había sucedido pero ocasionalmente desviaba la vista hacia Peeta y eso la sacaba de quicio. Al final fue Wiress quien tuvo la respuesta al enigma, saber eso también les trajo más problemas, perdieron a Wiress, se enfrentaron al resto de los ganadores, todo comenzó a dar vueltas hasta que ella terminó por caer al agua, apenas pudo salir viva de ahí.
-Katniss- exclamó Peeta acercándose y ayudándola a incorporarse -¿Estas bien?- le preguntó claramente asustado, ahora comprendía un poco del miedo que ella había sentido horas atrás, cuando casi lo perdía.
-Sí- había tragado mucha agua y estaba cansada. Se abrazó a él y deseó poder salir lo antes posible de todo eso, volver a donde sea que el Capitolio los quisiera llevar, pero juntos.
-Vamos- la tomó de la cintura y la guió con sumo cuidado hasta la orilla, no la soltó en ningún momento. Quería un descanso, sentarse y asimilar todo lo que estaba pasando pero eso no pasó.
Katniss escuchó la voz de su hermana, ahí en la Arena, gritaba desesperada por ella. Aunque todos trataron de detenerla no lo lograron, siguió la voz asustada de su pequeña hermana que parecía no venir de ningún lado en particular, comenzaba a sentir que estaba enloqueciendo. Esa voz provenía de un simple pájaro pero después escuchó a Gale, Prim seguía gritando, todo se volvía ensordecedor. Cuando cayó en cuenta de que se trataba de una trampa ya era demasiado tarde, no sólo ella había caído sino también Finnick, trataba de gritarle por encima de todo el alboroto pero él sólo seguía gritando: Annie, al final sólo trataron de huir de esa parvada ensordecedora, quería volver con los otros, donde estaba Peeta.
-Está bien- le gritaba él –No es real, sólo son mutos- intentaba explicarle, pero había una barrera que le impedía tocarlo, eso sólo aumentaba su desesperación. Quería escapar de esos gritos pero los segundos pasaban y el martirio parecía no acabar, se cubrió los oídos pero el sonido seguía entrando.
-Katniss- sintió que alguien le tocó el hombro y eso la hizo saltar, cuando se dio cuenta de que era Peeta, lo abrazó con fuerza.
-Prim, tengo que salvarla- comenzaba a separarse pero él la retuvo entre sus brazos.
-No es real, Prim está a salvo, está en casa- le aseguró tomado su rostro entre sus manos con suavidad, la veía directamente a los ojos, parecía preocupado pero no asustado. Ella asintió, le creía pero sin duda esa había sido la prueba más difícil, sentir que su pequeña hermana estaba en peligro siempre le quitaba el aire.
-Tu esposo tiene razón -intervino Johanna –Todos aman a tu hermana, nadie se atrevería a tocarla- después de eso descargó su furia de nuevo e intentó amenazar al Capitolio pero terminó evidenciando la razón de tonto odio, Johanna no tenía a nadie ahora, estaba sola.
…
-El amor es extraño- observó Johanna después de explicarle quién era Annie Cresta, Katniss escuchó atenta el relato y al final asintió de acuerdo. Observó a Peeta y supo cuanta razón tenía Johanna, el amor era demasiado extraño, algunas veces ella misma se sorprendía de estar con Peeta, sabía que él era un gran hombre pero cuando compartieron sus primeros Juegos pensó que no lo querría volver a ver, que le recordaría todo lo que había sucedido allí pero resultó que él era el único capaz de hacerle olvidar un poco de ese infierno. Había creado un vínculo con un extraño que se convirtió en su esposo. Entendía por qué Gale dudaba tanto de su relación, casi parecía una locura, cuando estaban separados apenas podía creerlo ella misma. Era cuando estaban juntos que todo parecía tan obvio, era como si toda la vida hubiera estado esperando por sentirse así de protegida en los brazos de un hombre.
Después de eso Beetee trazó un plan que le ofrecía una solución en cuanto a los demás ganadores, al principio no estaba muy segura de aceptar pero era la única forma de ganar un poco más tiempo.
-Esperemos hasta la media noche, después de eso, tú y yo seguiremos por nuestra cuenta- acordó Peeta, él también quería protegerla solo a ella y era peligroso estar con el resto, se volvían un blanco más obvio –Tienes que sobrevivir, Katniss- le indicó él viéndola directo a los ojos y entregándole el collar que anteriormente le había dado Effie, lo abrió y le mostró las tres fotografías que contenía. Era su madre, su hermana y Gale, el corazón de Katniss se rompió un poco, era un presente que Effie había hecho para él pero resultó que era para ella, que siempre pensaba en ella.
-¿Qué hay de ti?- preguntó conmovida.
-Nadie me necesita-
-Yo sí, yo te necesito- declaró segura antes de besarlo. Se entregó por completo a ese beso, quería demostrarle que realmente lo necesitaba porque estaba más que segura de hacerlo, en medio de todo el caos y desastre que los rodeaba, ella lo quería y no podría decirle adiós nunca, jamás estaría preparada para despedirse de él. Lo besó con más fuerza, colocó sus manos en el pecho de su esposo y se acercó más a él, Peeta rodeó su cintura con delicadeza y prolongó ese íntimo beso –Yo siempre te necesitaré, Peeta- le susurró contra sus labios. El joven le devolvió el beso con un poco más de fuerza, como si quiera sellar sus palabras en una promesa, la observó intensamente y cuando parecía que diría algo de suma importancia Johanna los interrumpió.
-Vamos- Peeta se tragó sus palabras y la tomó de la mano para guiarla hasta donde estaba el resto. Notó que Katniss se aferraba con más fuerza a su mano, ambos sabían que algo no andaba bien, Peeta presentía que nada volvería a ser como antes. Hubiera querido decirle lo que se había tenido que guardar, decirle lo que todo el mundo ya sabía pero que jamás había salido de su boca en voz alta, que estaba profundamente enamorado de ella. Quizá si hubiera dicho esas palabras se hubieran ahorrado mucho.
Tuvieron que separarse, lo que habían estado evitando sucedió, era parte del plan y tenían que seguirlo. Peeta supo que debió escuchar a Katniss, irse sólo ellos dos, pero ahora era demasiado tarde, la besó por última vez, pasaría mucho tiempo para que pudiera hacerlo de nuevo, para que quisiera besarla de nuevo…
Katniss despertó aturdida, estaba recostada y apenas recordaba lo que había pasado, se quitó la máscara de oxígeno que le ayudaba a respirar. Notó que alguien descansaba a su lado, su corazón ingenuo se aceleró pensando que quizá era Peeta, pero bastó una simple mirada para comprobar que no era él, se levantó aturdida y tomó una jeringa, tenía que saber dónde estaba Peeta y dónde estaba ella. Dio un par de pasos, su ansiedad crecía cada vez más, temía las consecuencias del Capitolio, que los tuvieran a ambos, que él estuviera pagando sus errores y su descuidado proceder. De pronto escuchó voces, caminó cautelosa hasta ese lugar, sonaba como Haymitch.
-¡Lo prometiste!- le gritó furiosa cuando se enteró de la verdad. Ella estaba relativamente a salvo pero Peeta estaba en el Capitolio. Todo había sido un plan para sacarla de la Arena, todos parecían saberlo -¡Lo prometiste!- le repitió mientras era sedada, algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Su mente no dejaba de atormentarla con Peeta, era lo que había tratado de evitar, había querido protegerlo pero lo entregaron en bandeja de plata al Capitolio. Siempre se trataba de ella, siempre la salvaban a ella, la ayudaban a ella, se preguntó si realmente habían pensado en ayudarlo a él. Había sufrido lo mismo durante sus primeros Juegos, se habían enfocado sólo en ella y dejado a Peeta atrás, le enseñaron todo y él tuvo que aprender por su parte, la convirtieron en una ganadora y a él lo usaron como un accesorio.
Estaba furiosa y antes de perder la consciencia supo que no quería ser parte de todo lo que habían planeado para ella, estaba cansada y sentía que dejaba de ser ella, no quería más de nada, por masoquista que sonora, deseaba que todo fuera como antes, la rutina y la vida predecible, ahora no había nada seguro, nadie estaba a salvo. Se preguntó si realmente había hecho lo correcto al disparar esa flecha, al revelarse contra el Capitolio, quizás Peeta aún estaría a su lado o por lo menos no tan lejos. Fue el último pensamiento lógico que tuvo, el sedante actuó por completo y cayó completamente dormida.
-Peeta- susurró inconsciente, por unos segundos se olvidó de lo que había sucedido, pero cuando sintió su dedo anular izquierdo libre del peso que provocaba el anillo recordó todo cuanto había sucedido –Peeta- volvió a llamarlo inconscientemente.
-Katniss- susurró una voz, pero no era la de él. La joven abrió los ojos y encontró a quien la llamaba.
-Gale- se desanimó un poco, esperaba ver a alguien más -¿Dónde estamos?- no reconocía la habitación. El joven le contó todo lo que había sucedido mientras ella estaba en la Arena, lo que había ocasionado su flecha. La única buena noticia era su familia, su madre y hermana estaban bien y a salvo, gracias a Gale, aún así sentía una sensación agridulce que no se molestó en ocultar.
-Hay cosas más importantes en qué pensar, Katniss- no era de extrañar que él adivinara el rumbo de sus pensamientos.
-No todos están a salvo- desvió la mirada y terminó observando su dedo desnudo, el vacío en su pecho se hizo más profundo.
-¡¿Crees que no lo sé?!- su tono de voz fue bastante rudo –Pero tienes que dejar de pensar en él, no es el único que necesita ayuda, Katniss- la observó frustrado y después suavizó su mirada un poco. Supo que tenía razón pero no podía evitarlo, estaba segura de que las pesadillas volverían.
Pasaron un par de días más y tal como predijo las pesadillas volvieron, estaba exhausta pero temía cerrar los ojos y ver a Peeta sufriendo. No se estaba acostumbrando a la nueva vida que se había ganado cuando disparó la flecha, el Distrito trece era muy diferente y no tenía con quién hablar sobre el miedo y la duda que revolvían cada recuerdo de su mente, hacía días que no veía a Haymitch y aún no estaba segura de querer verlo pero él era el único que realmente podría entenderla. Se estaba volviendo loca.
-Sólo cinco minutos- imploró. Se escapaba con frecuencia, no le gustaba ese lugar, detestaba no poder dormir y odiaba las pesadillas que le robaban cualquier ocasión para descansar. No la dejaban sola. Terminaron encontrándola y llevándola hasta su habitación para sedarla de nuevo, ellos no entendía que no quería dormir, que sólo soñaría pesadillas.
Durante los siguientes días trató de recuperar un poco de cordura, ver a Prim era la mejor ayuda que pudiera tener, ella le regresaba un poco de esperanza, verla a salvo la tranquilizaba. Aún luchaba por acostumbrarse al Distrito, por asimilar todo lo que estaba sucediendo, aún esperaba recibir noticias y se sobresaltaba cuando alguien paseaba por los pasillos.
-Quería volver por Peeta pero no podía moverme- explicó Finnick desanimado, se le veía completamente perdido –Tienen a Annie, ojalá estuviera muerta, ojalá todos lo estuviéramos- la desesperación de Finnick aumentó sus miedos, su estómago se revolvió al imaginar a Peeta en el Capitolio.
Cuando por fin la llamaron no fue exactamente para recibir noticias, era una petición más, ahora que la rescataban la querían como imagen de la revolución, le explicaban por qué ella y trataban de motivarla, no había noticas de Peeta y ella sospechaba que ni siquiera intentaban saber de él, sólo la querían a ella.
-¡Entonces debieron salvar a Peeta!- explotó contra la presidenta Coin y Plutarch, ambos creían que sería fácil para ella encabezar una revolución de la que algunas veces se arrepentía de haber iniciado. Salió de esa habitación furiosa, seguían utilizándolos ahí, incluso cuando deseaban un Panem libre los utilizaban para sus propios propósitos y ella estaba cansada de eso. Si Peeta estuviera le pediría su opinión, él siempre se preocupaba más por ella y la ayudaría a tomar la decisión correcta, además de todo él hubiera sido mucho mejor representante de la revolución, sabía cómo agradarle al resto, tenía una sonrisa luminosa que podía ganarse la confianza absoluta de todos, se había ganado la de ella que siempre fue desconfiada e insegura. Sonrió al pensar en él, en la forma en la que habían sucedido las cosas entre ambos, se ruborizó al recordar el tibio contacto de sus labios sobre los suyos y la forma en que algunas veces la tomaba de la cintura. Si no recibía noticias pronto, acabaría por volverse loca.
Tomó la perla, la observó detenidamente y sofocó las ganas de llorar, tenía que volver a verlo pronto. No era usual que necesitara tanto a alguien, normalmente evitaba sentir esa clase de apegos emocionales con alguien que no fuera su propia familia pero con él todo había sido involuntario, por primera vez la compañía de Gale no funcionaba, esa fuerza que siempre lo había caracterizado no actuaba más en ella. En el pasado solía creer que jamás podría enamorarse y lo más cerca que había estado era el cariño que sentía por Gale pero ahora no podía dejara de pensar en Peeta, parecía estar completamente llena de él.
Se despertó en medio de la noche, de nuevo las pesadillas; se incorporó en su cama y trató de controlarse un poco pero su corazón latió desbocadamente cuando vio a Peeta de nuevo, había entrado a su habitación, seguramente al escuchar sus gritos.
-¿Te quedarías conmigo?- le pidió enseguida.
-Claro- se acercó hasta ella y se recostó envolviéndola en sus brazos, su aroma inundó sus pulmones e inmediatamente se relajó –Siempre- confirmó besando su frente con suavidad –Tengo algo para ti- Katniss lo observó curiosa mientras él sacaba algo de su bolsillo.
-¿Dónde lo encontraste?- preguntó sorprendida cuando él le entregaba su anillo de bodas, se lo habían quitado antes de llevarla a la Arena y no estaba segura de volverlo a ver –Gracias- Peeta le dedicó una sonrisa serena y le colocó el anillo como si fuera la primera vez, después besó su mano –No vuelvas a dejarme sola- pidió acercándose a él para besarlo.
-No te rindas, Katniss- susurró contra sus labios, estaba apunto de besarlo. Pero despertó, despertó en su cama. No había tenido una pesadilla pero soñar que Peeta estaba a su lado había sido un golpe muy bajo a su corazón. Observó que no había ningún anillo en su dedo, claro que no lo había, todo era un sueño, tener a Peeta junto a ella era el sueño más grande que alguna vez tuviera.
