Hola, espero que se encuentren muy bien(: ¡He aquí el segundo capítulo!

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, de ser así probablemente qué haría -inserte sonrojo feroz aquí.-

Advertencia: escenas subidas de tono, si no le gusta no las lea(:


Comenzaremos esto con algo un tanto complejo, Anya y Arthur, eran los mejores amigos, no se separaban nunca, el inglés tenía un fuerte deseo por la rusa, la que en el fondo de su alma también lo sentía, pero jamás se lo iba a decir, ni siquiera lo hizo cuando lo tuvo cerca, tan cerca como lo llegó a tener. Probablemente este episodio la haría confesar que el fondo él le gustaba, pero todo cambió a la mañana siguiente de esa noche. Pero, dejemos que Anya nos diga que pasó:

Desperté esa mañana, demasiado cansada y con un poco de frío, toqué las sábanas de mi cama, había un lado vacío que la noche anterior no lo estaba, pero había algo más, un papel. Me senté sobre la cama y tomé el papel, estaba escrito en inglés así que comencé a leerlo, en buenas cuentas esto era lo que decía:

"Anya, espero que lo que pasó anoche no arruine la bella amistad que tenemos, trataré de verte pronto, cuando consiga ordenar mis pensamientos. Espero que hayas tenido un buen despertar y hayas dormido bien, te quiero mucho, te adoro con mi vida, pero recuerda que esto no te lo volveré a decir de nuevo (espero que esto si te haya dado risa). Hasta pronto".

Tragué saliva, no sabía que pensar, me sentí realmente extraña. Ni yo creía en lo que había pasado, probablemente había que hablar bien estos temas, pero… En persona. Fueron duras semanas de pensar si había hecho lo correcto, si todo esto estaba bien, y fue ahí cuando recibí la noticia más difícil de digerir en mucho tiempo, Arthur llegó a la cafetería, pero no venía solo.

-Hola Julchen –saludó a mi amiga que estaba limpiando unas mesas-, hola Anya… -yo estaba mirando hacia otro lado, cuando lo miré me di cuenta de que venía acompañado, de una muchacha de cabello castaño y bonitas curvas, parecía agradable.-

-Hola –saludé y miré con agrado a la muchacha.-

-Anya, ella es mi novia, su nombre es Emily –el inglés no quiso hacer contacto visual conmigo cuando me dijo eso.-

-Ah –traté de sonreír con tranquilidad-, mucho gusto, espero que este tonto te haya dicho buenas cosas de mí –reí.-

-Encantada de conocerte, dear –sonrió, aunque tenía un dejo de falsedad.-

-Bueno, Anya, quiero servirme algo, es que Emily debe ir a la universidad…

-Yes, justamente… Nos vemos luego amor –besó brevemente al inglés-, que estés bien, Anya –me sonrió, insistía en pensar que era una falsa.-

Arthur se sentó, yo le llevé comida, le llevé lo que siempre pedía, no tenía la menor intensión de seguir mirándolo a la cara, por lo que me fui a atender otras mesas, él no podía ser tan imbécil de no darse cuenta de que yo estaba molesta, pero, no tenía ninguna intensión de decírselo. Rato después, la cafetería se fue vaciando un poco, no quería mirarlo, no quería. Por suerte, sentí las campanas que indicaban que la puerta se abría y la persona que venía me animaría un poco.

-¡Schwester! –dijo, el albino de ojos rubí, al igual que su hermana.-

-¡Bruder! –gritó animada mi querida amiga Julchen-. ¿Cómo estás?

-Bien, ¿y tú? –la saludó con un cálido abrazo.-

-Sé a quién estás buscando –rió-, está allá atrás…

A quien se refería, claramente era a mí.

-Anya –me saludó, sonriendo alegremente.-

Bueno, como comprenderán, cuando recién me conocí con los hermanos Beilschmidt, luego de un año de habernos conocido comencé una relación con Gilbert, la cual terminó a causa de una infidelidad que no pude soportar (ya que odiaba las mentiras y los engaños). Sin embargo, él y yo nunca dejamos de ser amigos, aunque no tanto como antes, de hecho, comenzamos a hablar de nuevo meses después del incidente. Su hermana solía regañarlo por haberme engañado, ya que éramos las mejores amigas.

-Hola Gilbert –sonreí-, ¿cómo has estado?

-Muy bien, te he extrañado bastante –rió-. Mi asombrosa persona a veces hace eso…

Yo lo miré riendo, su sentido del humor era bastante raro, pero me caía muy bien.

-Anya –me dijo-, ¿no quieres salir un día de estos? Es que tengo tiempo libre y quería que conversáramos, hace mucho que no hablamos más en privado –volvió a reír.-

-No hay problema, cuando quieras –sonreí.-

De lo me había percatado pero no le tomé importancia es que Arthur estaba ahí mientras nosotros hablábamos, aunque repentinamente se paró, dejó un poco de dinero en la mesa, pero no se comió todo… ¿Qué estaba pasando por la cabeza de ese idiota inglés? Yo por lo menos no lo sabía, ni me importaba saberlo en ese momento. Me despedí de Gilbert amablemente y continué con mi trabajo, luego me encontré con mi otra mejor amiga, la dulce y coqueta Marianne.

-¿Me ayudas aquí, Marianne?

-Claro que sí, rojita –este era un calificativo que ella me daba por mis tendencias rusas, ella insistía en que los rusos teníamos la metralleta bajo el brazo por la revolución y los soviets.-

-Necesito conversar algo contigo y con Julchen, pero no sé como lo van a tomar…

Al sentirse mencionada, la alemana llegó rápidamente a donde estábamos nosotros.

-¿Qué pasó? –me dijo, con su tono de preocupación.-

-Creo que he cometido un error, muy grave… Hace dos semanas Arthur me acompañó a la casa y bueno, ocurrió algo sin que yo me diera cuenta…

-¿Follaron? –dijo Marianne sin tapujos.-

-Sí –suspiré, mi cara ardía y comencé a sentirme intranquila.-

-¿Q-Qué? –Julchen comenzó a gritar-. ¡Ese inglés de mierda me las va a pagar! ¿Cómo se atrevió a tocarte un pelo? ¡Hijo de la mismísima perra!

-Pero, espera –comenzó Marianne-, él llegó hablando de una novia y no sé qué cuento, o sea que… ¿No significaste nada? ¡Quién mierda se cree que es!

El español notó que sus empleadas hablaban muy fuerte y con demasiadas groserías, pero prefirió no acercarse creyendo que algo malo iba a suceder si lo hacía.

-Creo que tienes razón, él hizo su trabajo y se fue, me dejó una nota diciendo que no quería arruinar nuestra amistad…

-Hijo de mil… -Julchen estaba a punto de explotar, tanto así que la tuve que sostener para que se tranquilizara.-

-Tranquila, querida, tranquila –la abracé, sabía que si hacía eso estaría mejor.

Con esto entendemos más o menos por lo que Anya estaba pasando, tenía tanto dolor oculto en el pecho que podría hacer cualquier cosa para liberarse, para dejar de sentirse tan pasada a llevar, después de todo, ella no se involucraría con cualquier persona, a menos que existieran motivos para hacerlo, y claramente, con Arthur estos sobraban. Pero ahora, comenzaremos a hablar de otra persona importante en la vida de Anya, que ella nos presentará desde su perspectiva.

Sumergida en un especie de enojo decidí irme muy lento a mi casa, caminaba sin querer mirar a las personas, hasta que choqué con alguien, conocido muy bien por mí, por cierto.

-Francis –dije, susurrando.-

¿Quién era este muchacho? Bueno, él era el hermano mayor de Marianne, si me dirijo al día en que nos presentó debo recordar que él siempre actuó de la misma manera conmigo, era muy parecido a su hermana, parecía un donjuán dispuesto a conquistar a cualquier muchacha, aunque siempre dijo que conmigo era diferente.

-Rojita, éste es mi hermano Francis –me dijo ese día Marianne, animadísima.-

-Hola –saludé cordialmente.-

-Hola, chéri –me guiñó el ojo-, veo que mi hermana no exageraba cuando me decía que eras preciosa…

-Gracias –dije, algo confundida y sin saber qué decir.-

A él y las muchachas las conocía más o menos hacia 3 años, exceptuando a Emma y a Elizabeta que empezaron a trabajar unos meses después. Francis era muy atento conmigo, siempre andaba detrás de mí. Yo sabía que era un mujeriego, razón por la cual nunca le di la mayor importancia, exceptuando el día donde más dolor sintiera mi alma.

-Hola, preciosa –me saludó con ánimo-. Veo que hoy saliste más temprano, ¿cómo has estado?

-¿Realmente te interesa saberlo? –suspiré-. No puedo decir que muy bien…

-¿No quieres contarle algo a tu papi Francis? –rió-, sabes que soy como un hermano para ti, bueno, no creo que los hermanos hagan lo que yo quiero hacerte a ti –sonrió, de un modo demasiado malicioso al que estaba acostumbrada.-

-No me apetece del todo salir, pero acepto –suspiré.-

Me abrazó amablemente y caminamos, había un lugar donde vendían jugos, hubiese preferido mil veces un vodka, por lo cual compró unas botellas de jugo de naranja y me dijo que mejor me iba a dejar a la casa.

-¿Hace cuánto que pasó lo que me contaste, Anya? –me dijo, le había contado todo lo ocurrido.-

-Dos semanas, más o menos… Hoy lo vi y pasó lo que te mencioné –estaba aún triste.-

-No te preocupes, los idiotas son así –rió-, si me lo permites puedo hacer que te olvides de eso, ¿no crees?

Habías llegado al cruce antes de llegar a mi casa, en realidad era una pequeña casita que estaba arrendando, pegada a muchas casas donde vivían muchachas en la misma situación, era como un barrio universitario, ya que la mayoría estudiaba o trabajaba para costear los estudios.

Cruzamos rápidamente y llegamos a la puerta, no tenía idea si estaba bien lo que estaba haciendo pero hice entrar al francés a la casa, de todos modos él compró el jugo y yo no iba a beber vodka con naranja de modo solitario, eso hubiese sido de lo más deprimente. Se sentó, comenzamos a beber con tranquilidad, a él no le gustaba mucho el vodka, lo consideraba fuerte y que dejaba gran resaca. Yo por mi parte, estaba acostumbrada y ni siquiera me embriagaba.

Miré el reloj, eran las 10 de la noche, Francis estaba bastante alegre conversando conmigo, me decía que no estaba interesado en llegar a su casa porque de todos modos Marianne no iba a estar, o si estaba de seguro iba a estar con Antonio.

-Para interrumpir ese tipo de cosas yo no sirvo –rió.-

-Duerme aquí si quieres –dije, mientras comenzaba a guardar las cosas.-

-Sólo si es en tu cama –sonrió con malicia.-

-¿Estás soñando mucho, no crees?

-Por favor, una vez, sólo una, después nunca más te lo voy a pedir…

Francis siempre me dio esas indirectas, bastante incómodas de por sí. Creo que desde que me conoce que ha soñado que le digo que sí, cosa que en ese momento en lo personal me daba igual.

El francés se acercó sagazmente a mí y me agarró con fuerza, debía admitir que estar con él en ese momento no era malo, era tan dulce cuando se lo proponía y todo lo que había pasado antes había sido un error. No estaba haciendo nada malo, ¿verdad?, probablemente terminaría siendo pareja de Francis como Marianne tanto lo quería, siempre me lo decía.

-Mi hermano es bastante guapo y está interesado en ti, ¿no crees que deberías darle una oportunidad? Por lo menos para ver, ¿no?

-¡Ay, Marianne! Ahora no estoy interesada en eso… De verdad…

-No se te vaya a ir el tren, rojita~ -me guiñó el ojo al decir esto y se fue.-

En ese momento, creí que las palabras de mi dulce amiga cobraban sentido, no había nada más que hacer, cuando me di cuenta el francés ya me había dejado completamente vulnerable y comenzó a besarme con fiereza, no supe cómo corresponder, pero los impulsos biológicos se encargaron de ello.

-¿Dónde está? –me preguntó de repente.-

-¿Qué cosa? –dije, con algo de dificultad.-

-Tu cama, mon amour –rió con picardía.-

-Arriba –contesté.-

-Pues, ¿qué esperas? –me tomó de la cintura con fuerza y me pegó a él.-

-Está bien –contesté y lo llevé a mis aposentos, definitivamente no tendría remordimientos.-

Él entró, yo cerré la puerta, se puso detrás de mí y comenzó a besar mi cuello con frenesí, jugar con sus manos. Definitivamente, necesitaba corresponder de alguna manera. Me volteé y lo miré a los ojos, tan azules y furiosos, su pequeña barba que pocas veces afeitaba y su alborotado cabello. Volvió a tomarme con fuerza y me dejó sobre la cama, comenzó a besarme con la misma intensidad de antes, provocando un leve sonrojo en mi rostro, se veía nervioso, esto me pareció extraño… ¿Él nervioso? ¿No que era un seductor de primera? Creo que esto en realidad no importaba, porque sus nervios no duraron nada. Se quitó la ropa con rapidez, parecía impaciente.

-He esperado tanto tiempo por esto –comentó-, no dejo de temblar… Pero, chéri, ¿por qué continúas con ese vestidito puesto? –rió.-

Con rapidez me desvestí, luego él volvió a rozar mis labios, ya nada importaba, comenzó a aferrarse a mí, me lamió el cuello, parecía un vampiro o algo por el estilo. Junto su pelvis con la mía, me miró intrigado, inquieto, luego dijo:

-Si empezamos ahora no podrás arrepentirte –me miró con dulzura.-

-No importa, Francis –sonreí-, no me he negado a nada…

Dicho esto, comenzó a introducirse, primero con timidez pero finalmente acabó siendo un compás bastante fuerte. Me abrazó para no hacerme sentir mal o algo así, y sin dejar de llevar a cabo el coito me hablaba al oído, con una voz grave y seductora.

-Quiero felicitarte –decía entre intensos jadeos.-

-¿P-por qué? –respondí, de la misma forma.-

-Superaste –dijo, tratando de hablar-, superaste todas mis expectativas –dicho esto, intensificó sus movimientos, ya no pude responder.-

Gritaba con fuerza, porque realmente parecía una tortura, algunas lágrimas cayeron de mis ojos, pensaba que moriría en ese mismo instante. Al notar esto, se calmó un poco, además de que estaba realmente cansado. Secó mis lágrimas y besó mi frente, se retiró de mí y fue recuperando su respiración, luego se acostó a mi lado y miró el techo.

-Me gustó bastante –suspiró con tranquilidad.-

-Me alegra –comenté, por alguna razón le tomé la mano.-

-Siempre me gustaste, ¿te lo había dicho?

-Un par de veces –reí.-

-Bueno, ahora me gustas más, y aunque llegue alguien interesado en ti, seguirá siendo así. Aunque, por la única persona que te dejaría ir es por el idiota inglés –me miró, sonriendo.-

-¿Por qué lo dices? –lo miré, algo intranquila.-

-Él seguro es un imbécil que se niega a sí mismo lo que siente, por lo cual debe estar pensando en ti en este minuto. Me lo imagino, follando con la otra cuando en su mente estás tú –su charla comenzaba a ponerme muy nerviosa-, pero, ¿sabes?, yo lo entiendo, lo haces de maravilla –rió con alevosía-. Pero, no quiero amargarte con esto, te ves cansada, deberías dormir. Mañana te preparo el desayuno, ¿está bien? Así que ni pienses en levantarte tan temprano, sé que mañana entras más tarde…

-Está bien –sonreí.-

El lector no debe juzgar a Anya por lo que hizo, ya que ella aceptó a Francis sólo porque junto a Gilbert probablemente sea uno de los hombres que más ha querido y le han atraído, cosa que además es mutua. Por otro lado, probablemente la actitud de Arthur sea confusa, y de hecho, su mente lo es, por esto se debe hacer caso a lo que Francis dice, que es en totalidad cierto.


~Espero que te haya gustado(:

Nos vemos cuando nos veamos~.