NUEVAS CARAS, NUEVAS DECISIONES

Rose estaba sentada en su habitual lugar en el gran comedor, en la mesa Gryffindor. Con Sam a su lado y, Ann y Anthea delante de ellas.

Sus amigas aplaudían y se levantaban cada vez que alguien era destinado a la casa de Gryffindor por el sombrero seleccionador, pero la atención de Rose estaba puesta en otra cosa, o en otra persona.

Buscaba fervientemente a alguien, y al fin dio con él. Y daba la magnífica casualidad de que él también la buscaba. Sus miradas congeniaron a la perfección.

Scorpius le sonrió desde la mesa de Slytherin, desde el otro lado del comedor. Su mirada atravesó todo ese espacio distante hasta calar en Rose.

Ella le correspondió con una sonrisa de oreja a oreja.

Mientras se miraban Rose recordó el beso en el tren, y pensó en las tonterías que estaba haciendo. Pero como evitar lo que sentía, eso era así y ella no podía hacer nada para cambiarlo.

-¡Rose!

Sam la zarandeo.

-Acaban de mandar a tu hermano a Gryffindor-, dijo Sam entusiasmada.

Rose se giró hacia ella, y levanto la vista hasta su hermano que se encontraba al principio de la mesa saludando a sus amigos y todos los de la casa. Ella le guiño un ojo, y se volvió a sentar de cara a Ann y Anthea.

-¿A Lily la han colocado ya?

-No, aún está esperando.

-En el corredor de la muerte-, dijo sarcástica Sam.

Toda la atención fue hacia ella.

-Lily Potter-, Dijo la Directora Mcgonagall.

Rose se levantó levemente y vio subir a su prima al taburete donde espera el sobrero seleccionador.

-Este colegio va acabar harto de tantos Potters y Weasleys-, dijo el sombrero.

Rose rio, y vio como James en la otra punta de la mesa se levantaba y gritaba:

-¡Nunca habrá suficientes!

Rose rodo los ojos, y sus amigas rieron. Excepto ella y Ann.

-Bien, tengo muy claro lo que voy hacer contigo Lily Potter. ¡GRYFFINDOR!

Todo Gryffindor se levantó y vitoreo a la pequeña Lily, que fue rápidamente asentarse al lado de Hugo.

-Deberías decirle a tus padres que no tengan más hijos, por el bien de esta escuela.

Rose le dio un golpe cariñoso a Sam, y ella se tambaleo.

-Bien ahora que ya estáis todos bien cómodos en vuestras casas, antes de empezar la cena, tengo algo más que anunciar.

Esas fueron las palabras de la Directora Mcgonagall después de que todos los alumnos de primer año hubieran estado adjudicados en sus casas.

-Este año, se dará en la escuela un acontecimiento legendario, un acontecimiento que hace años que fue suspendido, y que ahora por mandato del Ministerio y consentimiento de las escuelas participativas se volverá a celebrar en Hogwarts-. La profesora hizo una pausa. - ¡El torneo de los tres Magos!-, esas últimas palabras las dijo con más fuerza y entusiasmo.

Todas las casas se levantaron de sus asientos aplaudiendo y vitoreando. Todos conocían los legendarios juegos que se habían dejado de celebrar hacia años, debido a la muerte de Cedric Diggory, y el regreso de Lord Voldemort.

-No puedo creerlo-, dijo Sam.

-Espera, ¿Qué demonios es el Torneo de los Tres Magos?

Pregunto Ann.

-¡Silencio!

Grito la directora Mcgonagall.

-Como parece que ya todo el mundo sabe lo que es, esperaremos a explicar detalladamente el nuevo funcionamiento del Torne cuando demos la bienvenida a nuestros invitados, que nos acompañaran durante todo este curso.

Todos se giraron en redondo al ver la gran puerta del comedor abrirse de par en par.

-¡Dar una fuerte bienvenida a los estudiantes de Durmstrang!

Poco a poco iban entrando todos los estudiantes, llevaban capas de piel de animales colgadas en sus espaldas corpulentas y esbelticas. Casi todos poseían una cara desfigurada y una expresión de asco en su mirada. Rose sintió un cosquilleo en el cogote.

-¡Por Merlín!-, Sam se levantó de su asiento y gritó: -¿¡Dónde habéis estado toda mi vida!?

Todos los de su alrededor rieron, y los estudiantes de Durmstrang se giraron para mirarla, algunos pasaron de ella, otros le guiñaron un ojo y volvieron a concentrarse en su desfilada por el pasillo.

-Sam siéntate-, Rose la cogió del brazo y la tiro hacia abajo.

-¿Rose tú has visto que cuerpos?-.

Rose apenas había dirigido una mirada –tal vez si–, pero no había prestado la suficiente atención como para fijarse en esos detalles. Tampoco quería –o eso pensaba ella–.

–Sam te entiendo, –dijo Anthea levantando la vista sin pudor y viendo como los estudiantes ya estaban sentándose en unas mesas colocadas a los lados extremos del comedor.

–Rose y yo somos las únicas normales aquí, –dijo Ann, que se dio enseguida cuenta de su error, y vio escandalizada como Rose también estaba mirando la entrada de los estudiantes, mirando fijamente a uno en concreto, que se distrajo mirándola a ella también–. ¡Rose! ¿Tú también?

–Ese me lo pido yo, –dijo Sam señalando con el dedo a uno de ellos. Un chico alto y corpulento que iba en medio de la desfilada.

Ellas no eran las únicas chicas que ahora estaban realmente sorprendidas, toda la parte femenina de Hogwarts se había quedado patidifusa por la entrada de estos despampanantes estudiantes.

Cuando los estudiantes de Durmstrang estuvieron sentados e instalados en unas mesas, que se habían colocado en el comedor, la profesora dio entrada y presentación a otra escuela.

– ¡Un fuerte aplauso para las estudiantes de Beauxbatons!

En ese momento todas las chicas de Hogwarts cambiaron su expresión, por una no muy agradable de observar. Un rosto enfurecido y rabioso que declaraba totalmente la rabia al ver como las caras de todos los chicos de la escuela era igual que las suyas cuando habían entrado –hacia unos breves minutos – la escuela Durmstrang.

Preciosas, pequeñas y delicadas muchachas entraban bailando al comedor. Dejando bocas abiertas allá por donde pasaban.

Rose dirigió una mirada fusilaría a la mesa de Slytherin para comprobar que Scorpius no las miraba como su primo James lo estaba haciendo –como babeantes y bobos babuinos–. Y por desgracia él y James tenían más cosas de las que creían en común.

Scorpius vitoreaba y aplaudía con sus amigos a las espectaculares y despampanantes chicas que bailaban dejando un rastro de flores a su paso.

Rose rodo los ojos, y pensó –Es Malfoy, ¿En qué mierdas estaba pensando? ¿En qué me estaría aplaudiendo a mí? ¿Qué me miraría a mí? –. Se giró hacia sus amigas i vio las caras de decepcionadas que tenían todas en sus rostros.

-Claro, mira que lo piensan bien los profes. Tíos buenos para nosotras, y tías buenas para ellos. –Dijo señalando a Will y a James–, que pena dan. –declaro Sam–

–Como vosotras antes, –todas fusilaron a Ann con la mirada, y la chica se excusó con un subir y bajar de hombros.

Las chicas de Beauxbatons se instalaron en el otro extremo del comedor, justo enfrente de la mesa de Durmstrang, que se disponían en los laterales –contrarios– de la mesa de profesores.

Este año, como siempre, los profesores no habían cambiado y todos estaban en sus sitios habituales. Excepto por las dos sillas que ahora había de más por los directores de las escuelas que habían venido como visitantes.

La profesora Mcgonagall se acercó al pódium donde siempre daba sus discursos, y empezó a hablar.

–Bien, ahora que estamos todos instalados, me gustaría comenzar con las normas del torneo. Lo primero que quiero que sepáis es que no todos van a poder participar en estos juegos, –Se oyeron al largo del gran comedor muchos abucheos y quejas, que fueron silenciados por la voz de la profesora Mcgonagall, que había reiniciado su discurso–. Como ya sabréis este torneo causo la muerte de un alumno hace muchos años, por causas externas. Pero aun así hemos cautelado las prevenciones y el ministerio y las escuelas participativas acordaron que los menores de 15 años no podrán participar, dado el escaso conocimiento de dotes mágicas para enfrentarse a las pruebas que se ejecutaran. Así que dicho esto, quiero que todos y cada uno de vosotros se comporte como magos y brujas responsables y, aceptéis estas normas sin ningún escándalo u estruendo. –Nadie se quejó, y el comedor era un silencio ensordecedor, pues desde que la profesora Mcgonagall era directora, nadie podía faltar a su palabra, nadie excepto James, Will o algún otro valiente que soportara sus duros castigos–. Así pues os are una breve explicación sobre lo que consiste el Torneo de los Tres Magos –la directora dio todo tipo de detalles sobre este, y respondía a todas y cada una de las preguntas que muchos de los alumnos interesados en el Torneo formularon al largo de su explicación–.

El rostro de James y Will había cambiado. Ahora estaban con una de sus habituales sonrisas burlonas y arrogantes que eclipsaba a todo aquel que intentaba interponerse en su camino.

–Will, mi querido William, tengo la extraña sensación de que este curso va a ser de lo más interesante –

–Oh hermano, ya te digo que lo va a ser –

Will y James estaban sometidos bajo su influjo de superioridad que ellos mismos habían creado en la escuela y, que nadie se atrevía a hacerlos bajar, y si alguien se atrevía claramente era en vano. James tenía el codo sujeto en el hombre de Will mientras hacían todo tipo de estúpido planes para poder salir, uno de los dos, seleccionados en el Torneo.

–Lo bueno es que podemos participar, –menciono Will. –Un punto en nuestro bando.

–No será tan fácil competir contra todos los estudiantes, hay gente más preparada. –James miraba a la lejanía, de mesa en mesa, observando a cada uno de los alumnos en el Gran comedor, comprando la rivalidad. –Ya sabes que los jueces eligen a los más preparados.

–Oh vamos James, por eso tú no te preocupes, sacas 10 en todo –

–Si pero pociones no es lo mío, y solo por eso ya tengo algo en mi contra. –James parecía pensativo mientras continuaba evaluando uno por uno a todos los alumnos. ¿Por qué? ¿Quién sabe? Lo que pasa por la mente inaccesible de James Sirius Potter es todo un misterio aún por descubrir, como una frase en el borde de un libro esperando a ser leída.

– ¿Quién te preocupa? –Claramente William Bean era el único que se acercaba a saber lo que pasaba por la lucida cabeza de su amigo.

–Mejor hagamos una lista, –James volvió en si, y miro a su amigo. '¡Espera! ¿No piensas presentarte al Torneo?'

Will le miro.

– ¿Yo? –Este abrió los ojos y miro a su amigo totalmente sorprendido.

James asintió iracundo.

– No te creas que te vas a librar de mi Potter. –Will le revolvió el pelo–.

– ¡William para!

La profesora Mcgonagall se volvió en redondo al ver los chismorreos de los dos alumnos que más la preocupaban debido al Torno, claramente sabía que tendría que soportar que alguno de los dos saliera como campeón, algo que la atormentaba día y noche.

–Bien, ahora que estamos todos reunidos solo quiero recordar a los muchos peligros que se enfrentaran los campeones de tal Torneo. Y que no me extrañaría que alguno de ellos, a mitad del Torneo, decida dejarlo, pero que no se le ocurra a nadie pues una vez dentro de tal ya no se puede volver atrás.

La directora dirigió una mirada a Will y a James levantando una ceja.

Asimilaron la indirecta pero no la interiorizaron.

–Dicho esto solo recordar que los resultados se darán en Halloween, y todos aquellos que se quieran presentar ya saben cómo. Así que ¡Que empiece el gran banquete!

Platos y bandejas repletas de comida y delicias brotaron de la mesa, inundando esta de colores vivos aquí y allá. El olor a deliciosa comida regurgito en el Comedor y lleno todos pensamientos. Las ganas de comer ocuparon la mente de todos los alumnos.

–Lo mejor de Hogwarts: La comida. –Bromeo Sam–. Como lo echaba de menos. Ojala mi madre cocinara así.

–Y la mía, –Dijo Anthea–.

Las chicas reían y cuchicheaban, sabían que les esperaba uno de los mejores cursos de sus vidas, lo que aún no sabían era lo rápido y drásticamente que podía cambiar todo.

La cena transcurrió con normalidad, todo era de aquello más tranquilo, todo y el griterío del primer día. Las incesantes historias veraniegas vividas, las graciosas y divertidas anécdotas que se divisaban allí y allá en las bocas de todos los alumnos que habían deseado llegar a este curso y explicarlas.

Rose no volvió a girar la mirada hacia la otro mesa ¿Para qué? Pensó irónicamente. No le serviría de nada, total Scorpius iba a estar babeando por las alumnas de Beauxbatons. Así que continúo escuchando y participando en la conversación de su mesa.

La cena acabo rápido, todos aquellos nuevos alumnos fueron llevados a sus casas por los prefectos, y ahí es donde Rose y Will intervinieron acompañando a todos los nuevos de primer año.

Subían las escalares principales hacia la segunda planta, con toda una hilera de chillones e ilusionados niños de primer año a sus espaldas.

–No es justo, ¿Por qué le has tenido que decir a Mcgonagall lo del tren, Rose?

–Will era totalmente necesario que cumplierais un castigo por las gamberradas que hacéis. Si fuera yo, ¡ja! Os caerían castigos más gordos.

–Pues me teme querida, que te vas a quedar tu sola haciendo la última guardia, yo tengo que ''cumplir mi castigo''

–Me parece bien, –Y torció para entrar en el pasillo que lleva al retrato de la señora gorda–, ¡Por aquí!

Will rodo los ojos, y maldijo el día en que le habían nombrado prefecto con Rose Weasley.

–¡Hola Ann! –James se apoyó en la pared de la sala común de Gryffindor frenándole el paso a Ann Prewett con intención de subir por las escaleras a su habitación, con Sam y Anthea detrás–.

–Potter, quita del medio. –Le empujo, el chico se tambaleo sobre sus pies y se removió el pelo–, porque no te vas por ahí a pegarte el lote con Carly West.

James abrió los ojos como platos, y luego los entrecerró llevándose una mano a la cintura. –¿O así que te has enterado? ¿Estas celosa? Creo que esa era la única función que Carly West tenia para mí, tu eres mi única meta, morena.

Ann le empujo y se abrió paso. Sam y Anthea se mantenían calladas tras ella. –Eres un cerdo, hipócrita y narcisista James Potter, y te digo una cosa ¡Más vale que te vayas buscando otra meta, bocazas, porque esto –La chica se pasó las manos por la cintura acompañándolo de un movimiento de caderas –, no lo tendrás nunca!

– ¿Lo haces a posta Prewett?

Ella soltó un gran suspiro y se abrió paso para poder subir las escaleras.

–Estámpate con la escoba Potter, ¡Y trágate la Snith!

Sam y Anthea subieron las escaleras detrás de Ann. Sam se paró para hablar con James, se puso a su lado.

– ¿Cuándo empezamos a entrenar capitán? –Sam jugaba en el equipo como golpeadora. Junto a Anthea como cazadora–.

–Ya te informare Sam, aun no hay fechas, –James estaba distraído y distante siguiendo los pasos de Ann subiendo la escalera hacia las habitaciones–, te avisare.

–¡Sam! –Gritó Ann.

–¡Ya voy! –Sam puso la mano sobre el hombro de James–. Buenas noches capitán. ¿Ahora el castigo no?

James asintió con la mirada perdida.

Cuando Sam llego hasta la habitación cerrando la puerta tras de si se encontró con el rosto enfurecido de Ann.

–¿Por qué siempre eres tan amable con él? –pregunto Ann.

–Es el capitán. No puedo arriesgarme a que me eche del equipo. –Sam se tiró sobre su cama, era la primera noche y los baúles aún estaban cerrados en la habitación, las camas bien hechas y todo perfectamente limpio. Poco tardaría en que la zona habitada por Sam Hewit pasara a ser una autentica pocilga.

Ann suspiro.

–Ann no es nuestra culpa que entre vosotros exista una tensión sexual alta, ¿Qué quieres que hagamos?

–¿Qué dices Anthea? ¿Tensión sexual? No puede haber nada de eso, si los dos no sienten lo mismo.

–O vamos Ann, madura de una vez y date cuenta de que estas coladita por él. –Anthea estaba de pie ordenando su armario mientras hablaba–. Es Potter, y te cuesta admitirlo, pero es obvio.

–Que directa Anthea, ya era hora –Dijo Sam–.

–Cuando los perros vuelen sin magia, avísame. Porque ese día afirmare que estoy loca por James Sirius Potter.

Rose estaba acostumbrada a vagar sola por los pasillos de noche haciendo la última guardia propia de los prefectos. Hoy Will no estaba así que por eso tenía que enfrentarse ella sola a los oscuros pasillos del castillo.

James y Will habían sido castigados por el accidente del tren, un castigo infringido por Mcgonagall. Y como esos hechos eran de lo más habituales, Rose había aprendido a ir sola de aquí para allá controlando los nocturnos pasillos.

Llevaba la varita en la mano iluminando el camino, aparentemente nadie había salido de excursión por los pasillos lo que facilitaba su obligación, hoy podría volver temprano a su habitación, y estar con sus amigas.

Al doblar el último pasillo para volver a la sala común, una figura oscura se dibujaba a medida que se acercaba a la entrada, cada vez se veía con más claridad, poco a poco se fueron definiendo los colores. Cuando Rose estuvo a una distancia considerable supo que era un chico alto y con unos cabellos dorados que le caían despeinados sobre la sien. La luz que la varita desprendía calaba en sus ojos convirtiéndolos en un azul más claro, tocando el gris. Su piel pálida y sus arrojados labios. Rose le reconoció enseguida.

Scorpius Malfoy.

El chico se acercó a ella.

–Rose– Su voz era queda y distante.

–Hola Scorpius, –se podía decir que su corazón latía a una considerable velocidad– ¿estás un poco lejos de tu zona?

–Si veras, es que venía a hablar contigo sobre –hizo una pausa– bueno, sobre lo del tren.

–Yo también quería hablar antes contigo, me pareció que sería apropiado que algún día paseáramos por los jardines y lo habláramos o que en alguna salida a Hogsmeade podríamos ir juntos. Tal vez si quieres dar una vuelta ahora, he parado antes porque como hoy no hay nadie por los pasillos, así que venía ya para…

–No Rose. –Se vio cortada bruscamente– He venido a decirte, en fin, que no podemos seguir siendo amigos, o lo que fuera que éramos.

En ese momento Rose no sabía si llorar, gritar, no hacer nada, o pegarle una patada en los huevos al imprestable que tenía delante para que dejara de jugar con ella de esa forma. No era justo lo que estaba diciendo.

– ¿A qué viene esto? –Rose balbuceo las palabras. Le salían a trompicones de su boca–, lo del tren fue raro, pero ¿Porque ahora esto?

–No es necesario que lo sepas, solo que te quede claro y entiéndelo. No te volveré a molestar.

Scorpius pasó por su lado y se iba cuando ella se giró en redondo para llamarle:

–¡Espera! –

Él se giró y la miro con las cejas encaradas y, los ojos entreabiertos como significantes de cansancio y estrés.

–Es por las de Beauxbatons ¿verdad?

Scorpius soltó una leve risotada con desgana.

–No Rose, ¡no es por ellas! ¿Crees de veras que tienen algo que envidiarte a ti, a Rose Weasley? –Scorpius se volvió a acercar a ella–, por Merlín, ¿Hay alguien en este mundo con la que te pueda comparar? Eres perfecta ¿vale? Pero mi apellido, nuestros malditos apellidos no nos permiten estar juntos.

–No entiendo…

– Eden vio el beso y me ha amenazado con contárselo a mis padres, esa es la maldita razón. Se acabó, cualquier cosa que pudiera haber existido Rose, se acabó.

– ¿Es eso?

–Me ha dicho que si pasara algo entre nosotros, que mis padres se enterarían de inmediato. Y que todo se arreglara si voy con ella al baile de Navidad, y todas esas chorradas que ahora tengo que compartir con ella eran las que quería compartir contigo, y hubieran sido como un sueño.

–Lo mantendremos en secreto, ¿Por qué decírselo a alguien? No es necesario.

El la miro intrigado

–Rose… Escúchame, tanto como tu como yo sabemos que esto es imposible, que no llegara a ningún sitio. Paremos ahora que podemos, no cuando estemos más implicados. –suspiro–, el problema es Eden, y nuestras familias.

– ¿Solo eso? –Rose se acercó más, sus caras estaban a escasos centímetros, pero continuo hablando– No me importa, no me importa lo que piense Eden, o lo que piensen nuestras familias, solo me importa lo que pienses tú.

–Lo siento Rose, pero a mi si que me importa lo que piense mi familia, no sabes hasta qué punto. –El muchacho paso su mano con delicadeza sobre el rostro de Rose, tocando cada fracción del rostro, y acariciando la comisura del labio. Y sin decir nada se fue, perdiéndose en la oscuridad del pasillo.

–¿Tensión sexual? –Ann le tiro un cojín a Sam que le dio en la cara–, ¿De dónde mierdas habéis sacado esa chorrada?

–Es evidente ¿no? –Anthea estaba tumbada en su cama, con las largas piernas puestas sobre la pared, estaba recostada del revés, mientras comía unos bombones de chocolate.

–Evidente es que cada vez que llegamos a la habitación, en la puerta encontremos un paquete de bombones con tu nombre Anthea y, una preciosa nota de amor: –El tono de de Ann era realmente sarcástico– O Anthea ¿Por qué no te fijas en mí? Tus ojos son azules, tus cabellos dorados y ello estoy enamorado –Recitaba Ann, imitando la nota de amor que le habían dejado a Anthea–

Anthea le tiro uno de los cojines a la cabeza.

–Si al menos supiera quien es…

–Si cada día es uno diferente –Dijo Sam–, no sé cómo lo haces.

–Es la Bestia Bella ¿Qué esperabas Sam?

La Bestia Bella era el apodo que le habían puesto a Anthea. Este la describía perfectamente, Anthea era muy alta y grande, tenía un cuerpo esbeltico pero con mucha forma. Era rubia y especialmente guapa, con sus ojos azules y sus labios carnosos. Pero era una bestia jugando al Quidditch, y se dice que jamás ha tenido novio, por eso es tan deseada.

Anthea se removía el pelo como signo de superioridad.

–Tu Sam, por lo contrario eres la Bestia Ogro, –Se burló Anthea–.

En ese momento de risas entre las tres chicas, Rose entro en la habitación cabizbaja y casi a punto de llorar. Sus rojos mofletes ahora estaban más rojos que nunca, sus cristalinos ojos marrones estaban salpicados por gotitas de agua que fluían por sus mejillas. Sin decir nada entro en la habitación, sin mirar a nadie, y se tumbó a sollozar en su cama, cogiendo la almohada y aferrándose a ella.

Todas se quedaron patidifusas al ver lo que le pasaba. Sam fue la primera en levantarse y acercarse a su cama, se sentó en la cama de Rose y le toco la cabeza que se hundía en la almohada.

–Rose cielo, ¿Qué te pasa? –Le pregunto suavemente Sam–.

Las demás se acercaron hasta allí y se sentaron a los pies de la cama de Rose.

–¿Rose? –Habló Anthea–.

–Chicas no me apetece hablar ahora, –sollozo Rose–.

–Rose Weasley, cuéntame ahora mismo porque lloras o te tiro por la ventana, –dijo Sam, aun por su sarcasmo Sam estaba preocupada. –Rose…

–¿Es por un chico? –dijo Ann.

Dio en el clavo.

Rose soltó un sollozo más grande, y lloro más fuerte.

–¡Por Merlín es por un chico! –Se sorprendió Sam. –¿Rose qué demonios haces llorando por un chico?¿Que no has aprendido nada de mi todos estos años? No se llora por esos homínidos sin neuronas, son….

–¡Sam para! –Sam nunca había entendido cuando parar con sus bromas– Rose cariño cuéntanoslo, ¿Qué ha pasado? ¿Quién…? –Pregunto Ann cuidadosamente–.

–Prometerme que no me chillareis ni os enfadareis conmigo. Y lo más importante no se lo digáis nadie. –Rose poco a poco se incorporó en la cama, sentándose con las piernas recogidas, y masajeándose los pies con las manos

–¿Por qué íbamos a chillarte? –

–Malfoy–

Se hizo en la habitación un silencio sepulcral.

–¿Qué? –

–Anthea lo has oído perfectamente –dijo Rose– Ya es lo bastante humillante para mí, imagínate.

–No cielo, no me lo imagino. Y sabes no me lo creo, me cuesta la verdad–

–Rose no le hagas caso, tampoco pasa nada, solo es un chico de Slytherin, –comento Ann–.

Sam aún no había dicho nada.

–¿Pero entonces porque lloras? –Preguntó Anthea–.

–Veréis; antes en el tren, –hizo una pausa y suspiro– Hace unos años que hablo mucho con él, y que nos llevamos bastante bien, y bueno en el tren… –se paró de nuevo–.

–¿Qué paso en el tren Rose? –Anthea subió el tono, y Rose la miro con los ojos rojos de llorar.

–¡Nos besemos! –Miro a sus amigas–, ¡Sí! … Me bese con Scorpius Malfoy. –Afirmó al fin–.

–No me lo creo–, susurraba Anthea–.

–De nuevo, no veo la razón por la que lloras, –insistía confusa Ann.

Sam seguía sin decir ni pio, lo del beso le había hecho abrir más los ojos. Su cara era un libro abierto.

–Eden Rowland lo vio, y ha amenazado a Scorpius con que si no va al baile de invierno con ella se lo dirá a sus padres y lo difundirá por la escuela –soltó un sollozo–.

–¿Y? –

Anthea estaba de pie, al lado de la cama de Rose. Ann y Sam seguían sentadas. Ann estaba a su lado, pero Sam alejada y sin decir nada desde que el apellido Malfoy había salido en la conversación.

–Y, que Scorpius no quiere que su familia se entere de que está conmigo, con una Weasley, con una mestiza.

–O Rose cielo, no llores por ese capullo. No ves que no le mereces, no le importas lo suficiente–

Ann se acercó a ella rodeándola con un brazo. Anthea se volvió a sentar en la cama, a los pies de esta.

–Rose, es un mierda, ¿no lo ves? No le importas lo suficiente para interponerte entre su familia–.

–Fue un error dejar que me besara –dijo melancólica Rose–.

–¡Espera! ¿Él te besó? –Esas fueron las primeras palabras de Sam, después de su trance– No puedo creérmelo, Scorpius Malfoy besando a Rose Weasley. –Sam se movía por la habitación moviendo los brazos y exagerando sus gestos– ¡No! ¡Espera! Que eso no es lo peor de todo: ¡Rose Weasley llorando porque Scorpius Malfoy la ha dejado…! –Sam se paró en seco después de decir esas palabras. Miro a Rose que tenía la cabeza gacha, se acercó a ella, y le subió la cabeza acariciándole la barbilla– Vamos a matar a ese cabrón.