Capítulo 3 Deseo a la luna llena
Anoche pedí un deseo,
Mientras cerraba los ojos,
Veía tu rostro tan sólo con mis manos,
Estoy solo,
Recordando cada segundo,
Mirando la ventana.
Noches eternas deseándote,
Silenciosamente,
Sintiendo que me quemo por dentro,
Todavía sigo bajo el umbral esperándote,
Querido, sigo aquí.
A veces pienso en ti,
Como una fuerza sobrenatural,
Un tornado que me destroza,
Escucha estas palabras que me desbordan,
Toma mi mano, mírame otra vez,
Te amaré toda mi vida.
Noches eternas esperándote,
En nuestro lugar,
Sintiendo que tú eres todo para mí,
Todo mi deseo, cae en ti,
Todo lo que amo eres tú,
Mi estrella, brilla,
Mi amor, es eterno.
Noches eternas deseándote,
Silenciosamente,
Sintiendo que me quemo por dentro,
Todavía sigo bajo el umbral esperándote,
Querido, sigo aquí.
Mi estrella, brilla,
Mi amor, es eterno.
Pensé que mi cuerpo era más fuerte… pensaba que esta clase de sentimientos no podían surgir de un momento a otro. Pensaba que no podría llegar a sentir algo remotamente parecido a esto… por ti.
Por unos segundos, creí que íbamos a estar así para siempre. En sus labios, tan suaves… su lengua, como un terciopelo que me guía, me embriaga, me envenena.
-Wolfram…- decía Yuuri, mientras sus ojos se iban abriendo poco a poco después del beso.
Sentía que su pecho iba a explotar. Su corazón era un tambor que sonaba a mil por hora.
Latiendo con tanta fuerza que creyó iba a salir de su pecho. Como una especie de quinceañera… que descubría qué era el amor.
-Quédate, esta noche- decía el rubio, quien torturaba su cuello con besos.
Sólo asintió… sin percatarse del mundo, o de otras personas, llegaron a la habitación de Wolfram.
Todo lo que alguna vez creyeron, se esfumó. Todo lo interno, salió a flote. Pasión, dominio, todo lo que jamás pensaron que existía de verdad.
Porque para Wolfram, él era la llave de su corazón. El único que le había visto flaquear y a la vez, despertar cada fibra de su ser, con sólo una mirada, una simple mirada que no alcanzaba a llegar más allá.
Sólo puedo pedir un deseo esta noche… y es que esta noche sea eterna… inolvidable.
Una melodía podía escucharse a lo lejos… era "primavera" de Mozart. Ese debía ser Gwendal que estaba practicando en su habitación.
Como eco en las murallas, se fue haciendo más intenso.
Más propio. Como palabras que quedaban grabadas en su cuerpo, así eran los besos y caricias recibidas.
Gemidos que escapaban de sus labios… era la melodía perfecta… la interpretación del placer.
Y esa mirada, jamás podría olvidarla.
Él era como un ave que estaba preso en su jaula… enfermo… esperando ayuda… aquella luz que le liberara de sus tinieblas. Que le diera el corazón que poseía y no latía… ahora era capaz de entender la música. La música es partitura, práctica, corazón y alma. Todo de ti, se expresa, te llena, te colma y te hace viajar a pasajes desconocidos de ti mismo.
Fue la música que nos acercó. Por la música, es que aún puedo verte en mi mente…
Wolfram despertó en mitad de la noche. Había soñado otra vez con Yuuri. Habían lágrimas que brotaban de sus ojos… había vuelto al presente.
Vio el piano que estaba en su habitación. Retiró la tapa y comenzó a tocar.
Tanta desesperanza y tristeza, brotaba de sus notas.
Al cerrar los ojos, pudo verle con toda claridad y sin pensarlo dos veces, volvió a sumergirse en ese sueño sin fin… donde nada cambiaba… donde aún podía tenerle.
Le besaba como si se fuese la vida. Con sus manos, recorría ese moreno cuerpo que se estremecía. Quería recordar, tan sólo con el tacto. Así jamás podría olvidarle.
Yuuri, sólo podía enredar sus dedos en esos cabellos que parecían de oro. Estar con él, era como el Paraíso.
La luna llena, con todo su brillo y esplendor, iluminó la habitación. Las cortinas rojas corridas a un costado, le permitían participar de este ritual de amor.
-No te vayas- decía el ojiverde, abrazándole- quédate- decía al oído.
-Podemos seguir viéndonos en la escuela- decía el pelinegro, sonriendo.
-No es lo mismo- decía y fruncía el ceño. Parecía un niño pequeño.
-Tenemos las lecciones de piano.
-Eso no es suficiente- volvía a decirle poniendo en aprietos a Yuuri.
-Tendrá que serlo- sonríe- sospecharán si me quedo mucho en tu casa.
-No me interesa.
-A mí sí- mira serio- vamos a dormir- bosteza, cerrando los ojos.
-No quiero dormir, despierta.
Pero Yuuri ya se había dormido.
Wolfram, ve las marcas de los golpes en el cuerpo de Yuuri. Eso era imperdonable.
Pasó el resto de la noche, contemplando a su amante.
AL OTRO DÍA…
Yuuri y Wolfram llegaron juntos a la escuela. Como siempre, más de alguno le jugó bromas pesadas al moreno.
Mientras el rubio se mantenía a distancia.
Wolfram se fue a la azotea. Sintió la brisa helada que revolvía sus cabellos dorados y tuvo un mal presagio.
Quisiera que este momento quedaran grabados en nuestras mentes para siempre.
Al ver la luna llena, sólo pedía un solo deseo, permanecer a tu lado.
Yuuri fue acorralado por los mismos compañeros de clase que le golpearon.
-Todavía no aprendes la lección- saca una cortaplumas y la coloca en el cuello de Yuuri- aléjate de él o te mueres.
-No sacas nada con matarme- dice el pelinegro, sonriendo.
-Si no lo sueltas, yo te mataré- dice Wolfram furioso.
-Nosotros no queríamos…- decían al unísono sus pretendientes.
-Si sales con él nada bueno pasará- dice el pelirrojo que había amenazado a Yuuri.
-No me interesa lo que tú digas- dice el rubio, tomando a su amante de la mano y yéndose del lugar.
-Nos las pagarás… Yuuri Shibuya- dice el pelirrojo, golpeando la pared.
-Detente Mihoushi- dice su rival en la conquista del nuevo estudiante.
-Mataré… juro que lo mataré.
No debí hacer oídos sordos a esa amenaza. Debí matarlo con mis propias manos sin dudarlo.
Sin embargo, no lo hice.
CASA DE WOLFRAM…
-Wolfram, ¿me enseñarías la sinfonía "primavera" de Mozart?
-Esa es más avanzada en cuanto a complejidad, ¿estás seguro?
-Quiero ser tan bueno en el piano como tú.
-Te enseñaré- busca en un maletín de cuero las partituras.
Luego de hallarlas, las colocó en el respaldo del piano y comenzó a interpretarla.
Yuuri quedó fascinado. Era tan melodiosa, alegre, compleja y profunda. Deseaba con todas sus fuerzas, aprender.
Pasaron dos semanas y Yuuri al fin creyó que todo volvió a la normalidad. Pero el destino le tenía algo preparado.
Mihoushi, junto con sus compañeros, le secuestraron.
Wolfram no sabía nada al respecto. Buscó a su amante por todas partes.
En una habitación oscura. Con sólo una débil luz que estaba a punto de extinguirse se encontraba, Yuuri Shibuya. Atado con cinta adhesiva de embalaje, amordazado.
-Ahora nadie vendrá a salvarte- ríe sádico Mihoushi con su cortaplumas en la mano.
Yuuri cerró los ojos, con fuerza. El eco de las risas de los compañeros de Mihoushi, llenaban el lugar.
El eco de un golpe seco quedó en la habitación. Y la sangre, tiñó el piso, junto con lágrimas y un dolor apresado.
Continuará…
