3. Black Raven | Cuervo Negro

Ritsu estaba molesto. Lo llamaron esperando que hoy liderara la guerra. Después de repetir un montón de veces que 'no', con una mirada fulminadora, y arrojando al suelo a unos cuantos Demonios, finalmente lo dejaron tranquilo.

Ritu ajustó su máscara negra que siempre usaba cuando estaba en el infierno; lo cubría la mitad inferior de su rostro y la parte superior de su cabeza dejando libre sus ojos, también la máscara ocultaba su voz, haciéndola más siniestra. Además, sus alas estaban cubiertas por una armadura negra, la única persona quién alguna vez vio sus alas era ese Ángel que siempre lo visitaba en el árbol de Cerezo.

Ritsu se sentó encima de la montaña negra que daba al campo de batalla, viendo tanto Demonios como Ángeles alineados para la guerra.

Las nubes negras se arremolinaban en torno al campo relampagueando, brindando la única luz en este infierno. El suelo estaba rígido y la muerte cubría la arena. Las jaulas de metal rotas estaban arrojadas por todas partes, con las barras que sobresalían del suelo. Las armas de las batallas anteriores también decoraban la tierra.

Los Demonios vestían una armadura cubierta de la sangre de las almas que torturaban, con los cráneos de máscara de los Ángeles caídos. Los Ángeles usaban su brillante armadura blanca que iluminaban en la oscuridad.

Los humanos sufrían por esto también. Cuando grandes batallas como estas ocurren, peligrosos tsunamis, terremotos y tornados infligían caos sobre ellos. Las personas morían sin alguna explicación, se generaba enojo provocando suicidios y violencia en el mundo.

Ritsu tomó su decisión evitando esta Guerra. No quería ser parte de ella.

Uno de los Ángeles subió la mirada hacia la dirección de Ritsu provocando que todos los demás Ángeles la subieran también. Al instante, Ritsu sintió miedo y una determinación que emanaban de ellos. En realidad, no le sorprendía. Aún le temían después de la última batalla donde obtuvo el nombre de Black Raven. Probablemente, creían que sería parte en esta guerra.

Ritsu reconoció al hombre que dirigía todo su ejército. Su armadura era parecida a la suya pero esta cubría su rostro completamente y fue el mismo quién luchó en la guerra anterior. El líder de los Ángeles dio un paso hacia adelante y anunció.

"Me ocuparé de Black Raven."

-Takano

La batalla comenzó.

Takano fue a por Black Raven, con los Demonios dándole acceso fácil. Sus sonrisas arrogantes y burlándose de que Black Raven sería la única cosa que viera. Takano los ignoró, determinado esta vez de vencer a Black Raven.

Hace unos cien años, Takano lo enfrentó. Había sido una experiencia diferente para Takano; no estaba luchando con unos furiosos Demonios normales sino con unos animales. La diferencia era que los animales eran astutos y rápidos; estaban acostumbrados a luchar todos los días para sobrevivir simplemente. Los Demonios luchaban por el entretenimiento, sin usar una estrategia en lo absoluto. Cuando la guerra había terminado, Takano despertó en la enfermería y vio que estaba muy mal herido, incapaz de caminar por semanas.

Takano aterrizó en frente de Black Raven con su espada apuntando su garganta. Aburrido, Black Raven esperó para ver que haría.

Black Raven miraba sin expresión alguna a Takano, sin moverse un milímetro. Takano estaba confundido de por qué Black Raven no estaba agarrando su propia espada. ¿Tenía tan alta estima de sí? Furioso, atacó Takano, sorprendiéndose cuando Black Raven empujó la espada. Rápidamente, Takano se echó hacia atrás pensando que Black Raven iba a atacar ahora pero solo se sentó allí viendo la Guerra debajo de ellos.

"¿No vas a pelear?" rugió Takano.

"No."

Parpadeó Takano. "¿Qué?"

Black Raven lo ignoró.

Takano no le gustó ser ignorado por lo que atacó de nuevo con indolencia, destruyendo la roca donde estaba sentado Black Raven. Takano sintió a Black Raven junto a su lado y dio un paso al frente. Black Raven solo lo miró. Takano volvió a atacar apenas tocando su armadura esta vez. Black Raven era conocido por sus movimientos veloces incluso para Takano.

"¡Maldita sea, pelea!" Black Raven inclinó su cabeza y desapareció. Takano gritó sorprendido cuando el hombre pateó su pie debajo de él.

Ritsu aterrizó lejos de él. "Ya te dije que no lucharé."

"¿Por qué?" se devolvió Takano, ambos enojados y entretenidos con ese truquito.

"Porque no quiero." Ritsu miró la batalla, parece que los Ángeles ganaban. "Estoy cansado de todo." Dijo en voz baja. Takano simplemente lo vio con incredulidad. Ritsu rodó sus ojos. "¿No vas a seguir peleando?"

"¡No juegues conmigo! Pagarás por matar a muchos de mis Ángeles." Ambos se rodearon, buscando uno del otro por alguna debilidad.

Resopló Ritsu. "Solo los herí, no fue mi culpa de que no se levantaran con la suficiente rapidez antes de que los Demonios los agarrarán."

"¡Pero fue tu culpa!"

Ritsu no dijo nada. No podía dar ese golpe final a esos Ángeles, no habían hecho nada malo. No le importaba si era resultado de lo que hizo pero él, con sus propias manos, no había matado a los Ángeles.

"¿Vas a matarme o no?" preguntó Ritsu, ya sin importarle en realidad.

Entrecerró sus ojos Takano. "¿Tanto deseas morir?"

"… Sí." Eso confundió al Ángel. También confundió a Risu un poco. ¿Realmente quería morir? Ritsu cerró sus ojos. Por tanto tiempo sufrió un gran dolor. Caminaba por doquier como un muerto viviente en una existencia de nada más que odio y dolor. ¿Realmente quería seguir con esa existencia?

Ambos se quedaron escuchando la batalla de abajo. Por alguna razón, Takano no podía dar ese paso y matarlo. ¿Por qué estaba dudando? Takano sintió como si viera una parte de Black Raven que nadie había visto; vulnerabilidad.

Escucharon a los curtidos Ángeles y Demonios gritar de terror antes de gorgotear por sus gargantas cortadas. Por todas partes, había guerreros muertos que yacían destrozados con sus ojos ciegos aún abiertos de sorpresa.

Los Demonios se deleitaban con esta clase de dolor y odio de sus víctimas, incluso las disfrutaba. Pero este hombre se veía disgustado por todo ello. Incluso ahora, seguía observando el campo de batalla, con una mirada de dolor en sus ojos.

Ritsu tomó su espada. Takano preparó la suya.

En seguida, Takano un ataque furioso dirigiéndose contra el Demonio, enviándolos hacia el suelo tirando ambas espadas en el proceso. Se estrellaron contra la roca, pulverizando la capa hasta convertirla en polvo. Usando sus puños y sus uñas se cortaron entre ellos. Esta vez Takano tenía la ventaja, todo lo que necesitaba hacer era acorralar al hombre así sería capaz de acelerar su salida. Ritsu frunció el ceño. Takano sonrió.

Ritsu levantó su cabeza a la misma altura golpeando a Takano en su cabeza. Takano se cayó, Ritsu se alejó de él.

Ritsu buscaba donde estaba su espada, eso fue un error. El Ángel uso su distracción y lo derribó con la fuerza de un tren de carga, aplastándolo en el suelo. Ritsu sintió que su hombro se salía de su articulación, y un rodillazo conectó con su mentón.

"¡Maldición, hombre!" sonrió Takano.

"No tan duro ahora, ¿eh?" se burló Takano.

Ritsu lo golpeó con su brazo bueno. No le gustaba ser acorralado. Ritsu se las arregló para liberarse de nuevo, esta vez sin perder tiempo en que el Ángel tomara ventaja. Dieron vueltas, Ritsu tomó su espada sin perder de vista al Ángel.

Ambos hombres estaban consumiéndose, que no notaron a Kirishima moverse furtivamente detrás de ellos. Kirishima clavó su espada en la espalda de Ritsu, la hoja penetró a través de la armadura de Ritsu y dentro de su piel. Por instinto, Ritsu empujó su espada detrás de él consiguiendo herir el hombro de Kirishima. Logró liberarse de la espada.

Ritsu se alejó del hombre asegurándose que ambos hombres eran visibles. El dolor agudo adormeció el brazo de Ritsu dándole al hombre alguna ventaja.

"¡Takano! ¿Qué estás esperando? ¡Acábalo!"

Antes de que Takano pudiera de registrar siquiera lo que acaba de suceder, montones de Demonios atacaron a los dos Ángeles dándole a Ritsu una oportunidad de marcharse lentamente.

-Ritsu

Ritsu hizo una mueca al dolor. La espada por poco perforaba su corazón. Ritsu apretó su pecho como si quemara.

La guerra había terminado, el sol presentaba a todos los Ángeles y Demonios que habían muerto.

Korero, un Demonio general se acercó a Ritsu, con un ceño fruncido acompañando a sus rasgos. Los Demonios no tenían cuernos o dientes afilados como los humano creían que tenían. Se parecían a los Ángeles excepto que tenían esa apariencia de chico malo con que la mayoría de las mujeres fantaseaban. Korero tenía un brilloso cabello negro y penetrantes ojos azules. Su piel estaba cubierta de cicatrices por años de guerras. Era bastante guapo para atraer a cualquier Ángel a que pecara por él.

"¿Por qué no peleaste? ¡Hoy perdimos demasiados compañeros!"

"¿Y me importa por qué? Ya te dije que no estaría en esta guerra." Frunció el ceño Korero.

Percibiendo que Korero estaba a punto de atacar, Ritsu voló a su hogar aislado de la tierra. Estaba situado en el bosque, el sol no estaba bastante fuerte para penetrar lo que el bosque protegía tan cerca de su seno. Se aseguró de poner un sello en la tierra asegurándose de que ningún Ángel o Demonio lo encontrara.

Su pecho estaba doliendo demasiado tratando de repararse. Ritsu embistió su brazo contra la entrada de la puerta volviendo a poner su hombro en su lugar.

Molesto consigo mismo por permitirse bajar la guardia, Ritsu decidió ir a dormir por ahora.

Y esperanzadoramente, pensó, en nunca volver a despertar.


Hola! c: Siento por tardar en publicar este capitulo, he tenido unos inconvenientes pero nada malo.

Gracias a Denisse Kagamine 24seven por leer y comentar, éste fic es increíble y vale la pena leerlo. Me esforzaré más para seguir traduciendo esta historia :3

Y gracias al que sigue y lee la historia (porque es una muy bella :3).

Trataré de subir sin falta la próxima semana c: