Siento muchísimo el retraso, me parece mentira que hace más de un mes que no actualizara este. Como recompensa intentare subir este fin de semana, o como muy tarde a principios de la semana que viene el siguiente capítulo. A decir verdad, este capítulo y el siguiente ya lo tenía pensado, pero he estado algo liada con los exámenes y con otros fics que no he podido actualizar, y hoy me he dado cuenta de cuando actualice el anterior, que he querido subir hoy este.
Disclaimer: One Piece y sus personajes pertenecen a Eiichiro Oda.
-¿De cuánto dinero hablamos?
-¿Dinero?- preguntó para después soltar una sonora carcajada- no quiero nada de dinero de ti.
-Entonces, ¿qué es lo que quieres?
-Quiero que mates a alguien por mí.
-¿Qué es lo que has dicho?
-Fu, fu, fu, para recuperar a tu chica, tendrás que matar a alguien.
Aquel hombre estaba hablando en serio, tenía que asesinar a alguien. ¿Cómo narices iba a hacer eso? Él no era un asesino.
-No creas que te he escogido a ti por casualidad- escuchó decir al hombre después de haber estado en silencio durante casi un minuto.- se todo acerca de ti, muchacho. Sé que eres muy bueno con la espada, era… al kendo a lo que te dedicabas, ¿verdad?
-¿Me has investigado?
-Por supuesto que si.- termino aquella frase con una risa.- Te dejare pensártelo durante un día. Cuando termine el plazo, te llamare. Si la respuesta es positiva, te daré la información del hombre al que quiero que mates, si es negativa… nunca más veras a tu chica.- tras aquello colgó.
Zoro apretó la mandíbula, se obligó a sí mismo a dejar su teléfono sobre la mesa. Sentía tanta rabia como si estuviera a punto de estallar. Cerca de él diviso un jarrón, lo cogió y lo estampo contra una pared gritando. Necesitaba canalizar su ira de alguna forma. Observaba como los trozos de aquella cerámica quedaron esparcidos por el suelo. Tenía que sobrellevar aquello de alguna manera, los nervios y la ira lo estaban carcomiendo por dentro.
No sabía que era lo más correcto.
No podía ir a la policía.
No podía quedarse de brazos cruzados.
Si rechazaba Nami moriría.
Si aceptaba se convertía en un asesino.
¿Qué era lo que tenía que hacer? ¿Qué era más importante? La vida de la persona a la que amas o los valores propios.
Zoro siempre se había metido en peleas cuando era joven. Su padre adoptivo le propuso entrar en su dojo para canalizar su agresividad y de ese modo evitar que se peleara. Le había dado una serie de valores que Zoro siempre seguía con mucha honra. Y ahora aquel desgraciado le estaba obligando a tirar todo aquello por la borda.
Al día siguiente, después de haber estado pensando durante todo el día que era lo que tenía que hacer, por fin se decidió. Estaba sentado sobre su sofa mientras esperaba pacientemente su llamada.
Un chico moreno con pelilla estaba sentado en un sillón viendo la televisión. Aquel día era extrañamente aburrido. Normalmente siempre tenía algo para hacer. Pero aquello no le desagradaba, de ese modo podía tratar de idear su plan. No podía dejar que Donquixote Doflamingo saliera impune.
-Oi, Law, toma la bandeja y llévasela a la chica.- le dijo una chica morena con un vestido morado y un delantal.
Law sin decir nada se levantó y cogió lo que la chica le había dejado. Abrió la puerta de salida y se encontró con un pasillo completamente oscuro. A ciegas busco el interruptor de luz y lo pulso. El lugar acababa en unas escaleras. Fue hasta ellas y no pudo evitar sentir algo de asco al encontrarse un ratón corriendo al lado suya.
Cuando bajaron, solo se podía escuchar dos cosas. El goteo de unas cañerías viejas y el sollozo de una chica.
Este se acercó hasta una puerta metálica la cual tenía junto a la ranura unos botones con números. El moreno pulso el código y después escuchó como la puerta se abría para dejar a la vista a una mujer de largo cabello naranja.
-Te he traído la comida- le dijo Law dejando la bandeja en una pequeña mesa.
La pelinaranja apenas le miro. Ella estaba acurrucada en la cama que le había dejado. No quería que aquel chico se le acercase, lo único que quería era salir de aquel lugar, quería pensar que aquello solo era una horrible pesadilla.
-No vas a moverte- escuchó decir al moreno. Este cogió un plato y se lo acerco a ella.
-Vete.- dijo temblorosa.
-No hasta que me asegure que comes. Siempre dejas la comida. A este paso acabaras enferma.
-No quiero vuestra comida. Solo quiero salir de aquí.
-Terminara antes de que te des cuenta- le contesto de forma fría.- ahora come. No voy a irme hasta que lo acabes.
-No puedo fiarme de ti.
Law sabía a lo que se refería, al fin y al cabo había sido él quien la había secuestrado. Eran las órdenes y él tenía que cumplirlas. Todos los días era él quien bajaba a verla. No quería que se quedara con el rostro de sus compañeros. Y todos los días ella siempre intentaba alejarse lo más que podía de él. Pero tarde o temprano tendría que cambiar y tendría que confiar en él. Law ya había tomado una decisión con aquella chica respecto a su plan.
Por fin se escuchó la llamada que él tanto esperaba. Respiro profundamente para tranquilizarse. El simple hecho de escuchar la melodía de su móvil le había creado un nudo en su garganta.
-Diga- dijo el peliverde tras pulsar el botón verde.
-Hola muchacho, ¿has tomado una decisión?
Zoro volvió a respirar profundamente mientras dirigía su mirada a una fotografía que los dos se hicieron en unas vacaciones a Paris.
-Sí. Lo hare.
-Fufufu, sabía que no iba a ser de otro modo. Uno de mis compañeros te enviara la información del hombre que quiero que mates.
El secuestrador colgó y en menos de cinco minutos Zoro escucho el timbre de su casa. Cuando el hombre le había dicho que lo tenía vigilado, no era mentira. Además que tampoco era la primera vez que iban hasta su casa.
Abrió la puerta y miro hacia los lados en busca de quien podía haber sido el enviado del secuestrador. Pero las calles estaban totalmente desiertas. Miró al suelo y se encontró con una pequeña carpeta. La recogió y se dirigió al salón.
Se sentó en el sofá y saco los papeles que tenía en la carpeta. Apenas eran una fotografía con el nombre del individuo y otra de un local. Le dio la vuelta a la segunda y pudo ver que tenía escrito a mano una hora y una fecha para una reunión en la que su víctima iba a participar.
Miro la fotografía de aquel hombre. Era un hombre de piel morena y tenía el pelo rapado. Su nombre era Daz Bones.
nn: Tranquila que tengo pensado algo ZoRobin también jajaajaja, y lo del detective creo que me va a dar mucho juego, o eso espero.
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