Disclaimer: Los personajes y todo lo que reconozcáis le pertenece a James Dashner.
La historia es mía.
Capítulo 02.
Minho estaba algo nervioso.
A decir verdad, en el laberinto había tenido sus… como decirlo… experiencias, pero nunca había llegado hasta tan lejos con ningún clariano.
La tarde anterior, cuando le habían administrado el suero a Newt, uno de los doctores les había entregado un pequeño librito donde explicaban los pasos a seguir durante el acto sexual entre dos hombres.
Los preliminares, la preparación…
Incluso les habían dejado un bote de lubricante en la habitación.
En cuanto el suero le fue suministrado, Newt había dejado de sentir los efectos del destello.
Aún tenía la sensación de que estaba ahí y que luchaba por seguir pudriéndole el cerebro, pero lo que fuera que tenía ese suero, hacía que la enfermedad se mantuviera a raya.
La doctora McEiden le había explicado que durante los nueve meses de gestación, le suministrarían suero una vez al mes.
Después de dar a luz, le seguirían suministrando la medicina durante tres meses más y después, sería totalmente inmune.
Ya había llegado el momento en el que Minho y Newt tenían que mantener relaciones sexuales pero ninguno se sentía listo.
El chico rubio quería echarse para atrás, pero el asiático no se lo permitiría.
Con determinación, se acercó a su amigo y aprovechando que estaba tumbado en la cama, le aprisionó con su cuerpo.
Al ser Minho más fuerte, el rubio no tenía oportunidad de zafarse.
El musculoso corredor sujetó las muñecas del más delgado con una de sus manos y las colocó por encima de su cabeza.
Después, con su otra mano se apoyó en la cama y buscó los labios del rubio con los suyos.
El beso fue un tanto accidentado, pues Newt no dejaba de mover la cabeza.
Sin embargo, en cuanto Minho profundizó el beso, su amigo se calmó.
Previamente, a petición de ambos clarianos, la doctora les había dejado una especie de bebida que te hacía sentir placer. Los chicos estaban seguros de que necesitarían tomarla, pero no fue así.
En cuanto sus caderas chocaron, no pudieron evitar gemir.
Minho soltó las manos de su compañero para poder acariciar su cuerpo.
Newt, que estaba muy nervioso, quería que todo acabara pronto así que no tardó en quitarle la camiseta al asiático.
Entre besos, mordiscos y caricias, la ropa de ambos fue desprendida.
Al verse desnudos, los jóvenes no supieron muy bien que hacer.
El rubio acercó tentativamente una de sus manos a la erección de su compañero el cual no dejaba de mirarle.
Rozó tímidamente el miembro con la yema de los dedos.
Newt se mordió el labio pensativo.
Después, sujetó la erección con la mano derecha y comenzó a bombear como él hacía con la suya propia en la intimidad.
El moreno, al sentir la mano de su amigo, hizo lo mismo que él.
Pronto los dos adolescentes estaban masturbándose mutuamente.
-N Newt… Espera… V vamos a probar algo.
-¿El qué?
El guardián de los corredores se inclinó sobre el otro clariano y unió ambos miembros.
Aquella sensación casi les hizo gritar.
Se frotaron cada vez más rápido, pero cuando estuvieron a punto de terminar, Minho paró.
-¿Qué pasa?
-Tenemos que… Hay que…
El moreno no dijo nada más.
Besó cada franja de piel que encontró desde la boca hasta el ombligo del rubio donde se detuvo.
Aún no estaba listo para hacerle sexo oral, así que mientras abría las piernas de Newt le masturbaba.
Colocó un cojín bajo las caderas del más delgado para tener mejor acceso mientras le preparaba.
Cogió el lubricante de la mesita de noche y se embadurnó los dedos con él.
Como el rubio comenzaba a agitarse, Minho le besó y jugó con su miembro para distraerle.
Como pudo, introdujo un dedo en aquella estrechísima abertura.
Newt se quejó, pero el asiático había aprendido a mantener la atención del rubio en otras cosas más placenteras.
Cuando introdujo el segundo dedo, el chico gruñó incómodo.
mientras el guardián de los corredores movía los dedos, tocó algo que hizo gritar a su compañero.
-Eso debe ser la próstata. -Murmuró para sí.
Y siguió golpeando ese nudo de placer.
Meter el tercer dedo fue un poco más fácil porque Newt estaba ido debido al placer que sentía.
Minutos más tarde, cuando el corredor consideró que estaba lo suficientemente dilatado, sacó sus dígitos y lubricó bien su gruesa longitud.
Se introdujo poco a poco en el interior del rubio provocando que este soltara algunas lágrimas debido al dolor.
Minho trató de distraerle besando sus labios y su cuello.
Cuando estuvo completamente dentro, tuvo que apretar los dientes para no correrse.
-Joder Newt… Estás tan estrecho… No sabes lo jodidamente bien que se siente esto.
-Lo dirás por ti. -Jadeó el otro clariano.
Más tarde, cuando Newt estuvo listo, movió levemente las caderas para que el moreno hiciera lo mismo.
Al principio, el guardián de los corredores fue lento pero a medida que iban entrando en calor, las envestidas fueron más rápidas y fuertes.
En la habitación solo se oían golpes, gemidos, gruñidos y más golpes.
Con una estocada especialmente profunda, ambos jóvenes se corrieron al mismo tiempo.
Exhaustos y aún temblando debido al placer, los dos clarianos se tumbaron uno al lado del otro tratando de regular sus respiraciones.
Minho se giró y abrazó a su amigo por la cintura.
Compartieron algunos besos lentos hasta que se sintieron con fuerzas para levantarse.
Tras ducharse y vestirse, esperaron a que la doctora McEiden volviera para darle algo a Newt para el dolor.
Ella les había dicho que después del acto, iría a darle unas pastillas.
Minho miró las bebidas de lujuria y sonrió con maldad.
-¿Te imaginas si echáramos estos frasquitos en los zumos de Thomas y Gally?
Newt rió con ganas.
-Esos dos juntos… Yo quiero verlo.
