Los personajes de Saint Seiya The Lost Canvas (y otras variante de la serie) no me pertenecen.
Capítulo 3: La vida en El romance.
-Verán -El hombre puso una mano en el hombro de cada uno, Albafica sentía una inmensa furia interna ante la impotencia generada por los sucesos vividos- La vida aquí es sencilla, cada quien cumple su papel y todos contentos -Cerró un poco los puños, haciendo presión en los hombros de sus involuntarios oyentes- Actor que se sale de su papel, actor que sale del set -Hizo una pausa- ¿Me explico? ¿No? -Preguntó con fingida incredulidad- Si alguno de ustedes intenta una estupidez, el otro la paga junto con el responsable... Para algo son un matrimonio, en las buenas y en las malas según sus votos nupciales -Se sentó en el escritorio frente a ellos y miro el reloj-Pero que tarde es... -Exclamó sorprendido- Ya se me paso la hora de cenar -cerró el reloj de bolsillo de oro y lo guardó nuevamente en su elegante traje- Mi esposa me matara cuando llegue a casa -Dejó salir una lúgubre risa- Bueno, en fin. Si se aprenden las reglas y son un feliz matrimonio que se porta bien, verán lo fácil que es vivir en este pueblo.
La puerta fue abierta y alguien entró, el ruido de tacones les hizo saber que se trataba de una mujer.
-A... aquí está lo que me pidió, señor -dijo la temblorosa voz de una mujer.
-Gracias Sasha, eres muy amable. -Escucharon que replicaba el alcalde- Saludarme a Sisifo.
-Si, señor, como usted desee -El paso rápido de la mujer saliendo no se hizo esperar.
-Como ven, todos se adaptan a las reglas de casa. Ella es mi secretaria y su esposo es el profesor de ciencias sociales del colegio. -Informó sereno, antes de mirar a la pareja- Dado que ambos trabajan con plantas, supongo que querrán una casa con invernadero -Hizo una pausa- Nos falta un profesor de química -Miro a Albafica- podríamos tener una tienda de flores... Supongo que sabes armar ramos ¿Cierto? Tengo entendido que ya trabajaste en una florería. -Agatha, no era capaz de mover ni un músculo- tomare eso como un si. -Miró los papeles que tenía en sus manos- hay algo que tienen que saber, siempre. -Volvió a embozar esa sonrisa llena de dientes puntiagudos- el comisario y yo siempre sabemos todo. -Dejó las hojas en la mesa- Y si son listos, se portaran bien o dejaré que el comisario los tenga de marionetas. Más que seguro, ya se hizo muñecos de ustedes con su cabello real. -Miró a uno y otro, la mirada aterrada de Agatha y la feroz de Albafica-Les dejare pensar un poco, mientras voy por la llave de su nueva residencia permanente.
Apenas se cerró la puerta Agatha rompió en un desesperado llanto, si ella no se hubiera puesto en quisquillosa los últimos meses, ahora no estarían en ese aprieto. Si hubiera sabido entender que Albafica venía cansado del trabajo, que necesitaba descansar apenas llegaba a la casa y si hubiera comprendido que realmente necesitaba siempre tener el celular a mano... Ahora no estarían en ese enredó, en esta situación desesperante en la que jamás parecía terminar. Sintió un roce en su mano, cuando observó Albafica intentaba alcanzar su mano y aferrarse. Se notaba una zona rojiza en su muñeca, consecuencia del trabajo que le llevó a su amado tratar de tocarla a pesar de la amarra.
Sus ojos se encontraron, los cobalto de el prometían la esperanza de escape que ella no tenía. Sabía que Albafica haría hasta lo imposible para que ellos escaparan de este infierno que recién iniciaba. Ella movió su mano con gran dificultad y sus dedos rozaron los de su esposo. Sintió el ardor en su muñeca cuando la piel fue lacerada por el áspero cuero sin curtir. Lágrimas cayeron de sus ojos, quería creerle a Albafica y su promesa de escape... Pero el terror que tenía, si le hubiera mostrado el papel al inicio cuando apenas lo encontró entre las servilletas. El pensar eso, le genero un nuevo derrame de lágrimas. Le pareció escuchar a Albafica llamarle a pesar de la cinta de sus labios, volvió a sentir el roce de los dedos. Ella lo miró, suplicando con la mirada que le jurara que realmente escaparan de ahí.
El sol salió, Agatha estaba ligeramente dormitando en la silla a la que fue amarrada horas atrás. Albafica, todo el tiempo estuvo en vigilia, mirando a su esposa llorar hasta quedarse dormida. A medida que la luna y el sol se movían, dando señal del paso de las horas quienes cruelmente parecían transitaras lentamente.
Albafica cerró los ojos, se había logrado mantener frío a cada segundo evitando caer en la desesperación. Tenía que ser fuerte, dado que tenía que cuidar de ella. De su amada Agatha, de la joven a la que le regalo una rosa roja en la primera cita... Tenía que ser fuerte por ella, blindarse para enfrentar cualquier adversidad que se presentará en el futuro y sospechaba que en ese pueblo habría muchas. Sabia de quienes tenía que cuidarse: el alcalde y el comisario. Quienes posiblemente habían estado amarrados a esa sillas al igual que ellos ahora: el doctor, la mecerá y el mecánico... Ellos habían intentado prevenirles, hacerles huir antes que fuera tarde. Pero su exepticismo les había impedido el escape, cuando quisieron escapar ya era tarde para ello. Ahora eran presas de los hilos del destino manipulados por el comisario y dirigidos por el alcalde. Si querían escapar, tendrían que actuar para el alcalde y a la vez romper los hilos que manipulaba el comisario. El director de orquesta era el alcalde, pero el comisario el que vigilaba que cada quien tocara su instrumento y cumpliera sus líneas.
¿Querían que fueran parte de su teatro? Pues ellos harían su parte del guión, mientras a la vez planeaban cómo realizar una salida triunfal del poblado, a fin de cuentas no existen los imposibles. Hasta la ecuación más compleja tiene solución.
-Buenos días -Al escuchar esa voz, Agatha abrió los ojos de manera aterrada. Al encontrarse con la mirada firme de Albafica, decidió imitar a su esposo y conservar la calma. Conocía mejor que nadie el significado de esa mirada-Mis disculpas por la tardanza, tuve que hacerle una visita al doctor. -Realizó una sonrisa de lado- y luego me entretuve teniendo una modesta charla con la señorita esmeralda y ese chico rudo que tiene por novio -Comentó, mientras tomaba asiento tras el escritorio- El es parte del cuerpo de bomberos, es curioso porque tiene una personalidad muy ardiente. -Parecía aburrirse el hablarle solo, por eso se levantó y les retiró la cinta de los labios de la pareja. -Conseguí la casa perfecta para ustedes -Anunció con una amplia sonrisa- Los vecinos son muy amables y la casa es amplia, supongo que está en sus planes tener familia ¿Cierto?
-Aún no hemos hablado de eso-Informó Agatha, serena, a pesar de la sorpresa contenida en los ojos de Albafica. El alcalde arqueo una ceja- Hemos estado teniendo dificultades... Hasta llegamos a pensar en el divorcio... -¿Realmente Agatha había pensado en el divorcio?
-Pues verán que aquí todo se soluciona fácilmente -Dijo con una amplia sonrisa-Tengo entendido -Miro a Albafica- Que ambos se están especializando en el área farmacologica de la botánica -hizo una pausa -¿Cierto?
-Ella todavía no se ha recibido -Replicó sereno, como si no estuviera amarrado a una silla- Solo tiene el título de Técnica en botánica... El título intermedio. -Notifico.
-Interesante -Comentó ampliando su mueca burlona- El comisario y el oficial Byaku los llevaran a su nuevo casa, para que no se pierdan en el trayecto -Se levantó de su lugar y les sonrió- Ahora si me disculpan,.tengo otros deberes esperándome y otros ciudadanos que entrevistar.
El comisario y su ayudante les quitaron las amarras y les dejaron libres, Agatha no tardó en refugiarse en la seguridad de sus brazos en la primera oportunidad presentada.
-Por favor, seguidme. -Les indico el ayudante del comisario, mientras comenzaba a andar hacia la puerta. Ellos le siguieron, escoltados por el comisario que sonreía por demás burlón ante la situación que presentaba la pareja.
Calle.
Agatha, contuvo el impulso de salir corriendo apenas el imponente sol acarició de manera sutil su mejilla. Albafica le tomo la mano con fuerza, para recordarle que él también estaba ahí... Otra vez había quietud en el pueblo, nadie en la calle a pesar que hubiera alguna que otra tienda abierta. Por la posición del sol, dedujeron que estaban cerca del mediodía.
Una patrulla les esperaba al final de los escalones de mármol, con el pulso completamente desbocado y difícil de desacelerar, la pareja subió al asiento trasero del vehículo.
Barrio residencial.
Un grupo de diversas casitas, cada cual de un color y diseño distinto para darle mayor singularidad a cada una conformaban el barrio residencial de "El romance". Si se quitaba el hecho que vivirán ahí en contra de su voluntad, sin duda parecía el barrio en que toda persona de bien disfrutaría habitar. La casa asignada para ellos tenía dos plantas y claramente un ático.
Tenía tejas de pizarra color verde, paredes de una suave tonalidad marrón y enredaderas de rosas subiendo hacia las ventanas. Un pórtico delantero con una hamaca mecedora y sillones de mimbre con sus respectivos almohadones. El piso de lustrosa madera, los tirantes y columnas del mismo material trabajado. Su jaula, sin duda era bonita.
-Llegamos -Anunció el comisario- Su auto ya está en el garage, lo traje anoche. -Notifico mientras baja del auto. Agatha aferró con fuerza la mano de Albafica cuando fue turno de ellos. -Aquí tienen -Les tendió dos juegos de llave- Obviamente, yo también tengo una copia de todas esas llaves -Sus ojos se entornan peligrosamente- Me intriga saber cuanto tardaran en obligarme a usar… mi juego.
-¡NUNCA!
-Agatha, silencio. -Le reprendió Albafica, aunque él quisiera pegarle a ese sujeto en medio de la cara. Con el único fin de no ver mas esa maldita sonrisa y esa expresión de segura arrogancia.
-Solo porque son nuevos -Amplio una tétrica sonrisa- Se lo dejaré pasar, señora De la Roses. La próxima vez, su esposo paga. -Se alejó por la acera y subió al auto, ellos no comenzaron a transitar el sendero, hasta que no le vieron lo suficientemente lejos.
Albafica abrió la puerta, antes de entrar miró sobre su hombro, un niño de cabellera azul le miraba desde el otro lado de la calle. No tardó ver cómo lo sacaban de la ventana y corrían la cortina. Mamá o papá no quería que interactuara con los nuevos vecinos.
La casa era bonita, con escalera de lustrosa madera y alfombras de símil persa... Apenas entradas, tenías dos umbrales a cada lado. Uno era el comedor y el otro el living con chimenea incluida. Delante, la escalera que conduce al primer piso. La baranda flaquea un lado del pasillo superior; al subir, notan un entrepiso que sin duda antaño fue lugar de juego de algún menor. El apretón a su mano no tardó en llegar, los muebles estaban en todas las habitaciones, al igual que los utensilios y demás objetos de cocina. Para alivio de ambos, ninguna habitación dio señal de haber sido habitada por años (tampoco daba señal de vida de algún niño).
Luego de recorrer toda la casa, de encontrar todos los rincones de la casa. De dar con un modesto estudio en la planta baja y montones de objetos raídos en el ático. Luego de todo eso, terminaron en la cocina... Miraron las ventanas, ninguna poseía cortinas, tendrían que comprar algunas si querían privacidad.
-¿Qué pensaste? -La pregunta, le tomó desprevenido.
-Seguirles el juego, hasta que encuentre la forma de escapar -Le tomo la mano con fuerza- Te prometo que escaparemos... Y antes que te des cuenta, estaremos en casa ¿Puedes confiar en mi? -Ella asintió, ante la pregunta… Ella haría lo que fuera necesario por escapar juntos de ese maldito pueblo.
Otra no les quedó más que dormir en ese lugar, no salieron en todo ese cálido domingo de la casa. Durmieron en el sillón, abrazados el uno al otro… Albafica casi no duerme, cualquier ruido o las luces de algún auto en la calle, cualquier cosa les despertaba y no era para menos. Estaban en una casa contra su voluntad, obligado a vivir en un pueblo cuyo alcalde parecía más demonio que persona. Un pueblo donde el comisario tenía un juego de llaves de la casa y estaba ansioso de que le dieran motivos para usarlas.
Cuando Agatha despertó, solo se higieniza y se lava la cara con Albafica montando guardia en la puerta del baño. Permanece sentada en la tapa del retrete cuando su esposo procura hacer lo mismo con puerta cerrada. De haber podido hubiera cerrado con llave, pero no había de esa habitación.
Calle.
-¡Def! Aprisa -Una mujer de cabellera gris, sujeta con moños, está junto a dos niños pequeños que aparentan ser gemelos. Un adolescente, de unos 12 años, sale rápido de la casa y no demora en subirse al auto con mochila escolar a cuestas. La mujer no tarda en subir a los menores al asiento trasero apenas ve a la pareja en la vereda. Un hombre de cabellera azul sale de la casa, mira a la mujer y luego a la pareja. Se acerca a esta y le dice algo. La mujer sube al auto y se va en camino hacia el centro del pueblo.
-Bienvenidos al infierno disfrazado de cielo. -Dice cuando se les acerca a ellos, Agatha se tensa y Albafica le lanza una mirada de advertencia- Me llamo Aspros -Se presentó- Quien se acaba de ir es mi esposa Chris, Defteros es mi hijo mayor y los más pequeños se llaman Saga y Kanon.
-Veo que puede vivir en este lugar. -Comento Agatha, la mirada helada del hombre le ponia los pelos de punta y Albafica le provocaba la necesidad de cautela extrema. Entendía que si él veía algo raro, lo diria solo para preservar la seguridad de sus tres hijos. Tendría que ser muy cuidadoso cuando planeara el escape.
-Solo si agachas la cabeza -Replicó apretando los dientes- Chris estaba embarazada cuando llegamos a este pueblo, en esas condiciones escapar nos fue imposible…
-¿Hace cuanto que llegaron? -pregunto Albafica luego de unos segundos de silencio, era claro que llevaban su tiempo ahí.
-Doce años -Cerro los ojos- el comisario asesino a mi hermano gemelo. -Informo mientras abria y entornaba un poco los ojos- No se fíe nunca de él…-Miró a Albafica- Mucho menos del alcalde, estaba dispuesto a quitarnos a mi hijo a menos que le pusiéramos el nombre de mi hermano… -Ambos se hacían una idea que la fecha de nacimiento y del fallecimiento eran por demás cercanas- No les gusta si llegan solteros.
-Supongo que si conoces las reglas del pueblo. -Informó Agatha, esa le puso los pelos de punta ¿No querían solteros en el pueblo?
-Lo suficiente, como para saber que ya he hablado mucho con ustedes -Replicó antes de comenzar alejarse- Soy el encargado de tesorería, si necesitan algo relacionado con eso… Pueden acercarse.
-Escucha… -comenzo Albafica, querían saber algo más. Era claro que ese lugar no era cualquier lugar. No seria tan facil de escapar, si ya había un antecedente de un asesinato (o varios).
-Aganme un favor, si algún día ven a alguno de esos cerca de mis hijos y nosotros no estamos cerca -Les miro- Hagan hasta lo imposible para meterlos dentro de mi casa o en la suya… -realizo una profunda pausa- No sería la primera vez que se llevan al hijo de alguien, según tengo entendido.-La pareja se quedó helada, mientras el hombre subía a un segundo auto y se alejaba de la residencias.
Mercado, pueblo.
Nunca realizaron, desde que estaban casados, una compra en silencio. Siempre discutían por la marca o por algún capricho. Pero ahora tomaban lo necesario sin siquiera atreverse a objetar la compra, en las góndolas de limpieza se encontraron con un hombre de cabellera rubia y ojos ámbar. Su rostro pálido y pulso tembloroso mientras leía el prospecto de un limpia cañerías puso por demás nerviosos a ambos. Agatha y Albafica se apresuraron a tomar, disimulando su velocidad de la forma más discreta posible, los productos de limpieza cuando apareció el comisario.
-¿De compras Radamanthys? -Albafica vio los labios del hombre palidece- No se que lees tanto, todos los limpias cañerías tienen lo mismo… -Le miró fijamente a los ojos- me pregunto que clase de cañería piensas limpiar, para que andes tan pensativo con tu elección. -Albafica tomó del brazo a Agatha y comenzaron a alejarse por el pasillo, a ambos les pareció que el lugar se alargaba y se volvía interminable.- Si quieres limpiar las cañerías de tu casa, te recomiendo que llames al gusano de Raimi… Es un idiota lambiscon, pero es bueno destapando cañerías. -Amplió su sonrisa- Creo que luego iré a visitar a Pandora…
Lograron llegar a la esquina, antes de que el hombre pudiera replicar algo. Por suerte no llegaron a escuchar las respuesta.
Calle.
-¿Viste eso? -Agatha sostenía el carrito mientras Albafica guardaba las compras- No se que pensar…
-No pienses nada, Agatha -Albafica le miro a los ojos- No podemos hacer nada ahora, es claro que nos vigilan las primeras semanas.
Albafica cerro el baúl del auto y a lo lejos vio a una pareja, uno era el médico y la otra integrante era una mujer de cabellera platino. De la mano de ambos iba un pequeñín con gran parecido al hombre… Él no pudo evitar sentir un escalofrío cuando vio que apenas aparecía el alcalde, el doctor tomó en brazos al niño y su esposa se aferro a él. El terror hacia ese hombre, era capas de captarse incluso desde la distancia.
Recordó el pedido de ese tal Aspros: "jamás dejar a los niños solos" si veían a las dos máximas seguridades tenían que entrar a los niños a la casa. Aunque estaba seguro, que ambos hombres se la ingeniarían si querían tener a uno de los menores cerca de ellos.
Como bien había dicho su vecino ese lugar era "el infierno disfrazado de paraíso".
Continuará.
Nota: La mujer de Aspros, es Chris de Cetus o Chris Walden... Quien aparece en su Gaiden. A falta de una mujer oficial para Defteros, decidí involucrarlo en la historia de otra forma.
Según wikia, Seraphine tiene el cabello gris por lo tanto la represente de esa forma.
