Harry Potter y el Prisionero de Hogwarts

Ojalá les guste este cap tmbm. A mí si, jeje. Disfruten...


Capítulo 3: "La Primera Carta"

Harry entró al café con total naturalidad, teniendo como único objetivo dirigirse directamente al baño, pero para su desgracia, una chica de cabellos marrones y enmarañados se le acercó a toda prisa una vez se hubiera levantado de la gran mesa en la que estaba compartiendo una cena tranquila y familiar con un grupo de muchos pelirrojos.

Al verlo entrar por la puerta principal, no pudo evitar soltar un suspiro de alivio, e inmediatamente se le acercó para reprocharle su tardanza.

- ¡Harry! .¿Dónde te habías metido?- Hermione se acercó enseguida, y Harry no pudo más que evitar su mirada de preocupación e intentar safarse de ella con rapidez.- Un minuto¿eso es sangre¡Harry! .¿estás sangrando?. ¿Te encuentras bien?.¿Qué ha pasado?- la lluvia de preguntas no se había hecho esperar, mientras ella miraba sus propias manos con gesto alarmado y le dedicaba a él una mirada de profundo terror.

No pudo hacer mucho por evitar que dos adolescentes pelirrojos de su misma edad se acercaran con el mismo entusiasmo a recibirlo.

- ¡Harry!. Compañero¿Dónde estabas?- saludó Ronald Weasley.

- ¡Harry!. ¿Por qué tardaste tanto?- preguntó Ginny.

- ¡Harry está sangrando!- chilló Hermione con un hilo de voz, y el moreno maldijo mentalmente por su extremada atención hacia él.

- ¿Qué cosa?- preguntó despistado y arrugando el ceño el pelirrojo.

- Harry,¿estás bien?- Ginny se les agregó.

- Estoy bien, no es nada. Hermione suéltame,¿quieres?- avanzó atropellando prácticamente a su amiga castaña y no se detuvo tampoco cuando estuvo a punto de chocar con un camarero que llevaba en sus manos una bandeja plateada cargada de comida.

Hermione y los dos pelirrojos se dirigieron miradas de perplejidad, y en un mutuo acuerdo todos corrieron detrás del moreno.

A lo lejos, la señora Weasley los observaba atenta, y enseguida se alarmó al ver sus rostros preocupados. Dejó al señor Weasley a cargo del resto de sus hijos, y salió tras aquellos rumbo al baño de varones.


Harry se miró al espejo con aprensión, pero no tuvo mucho tiempo de reflexionar al oír cómo un montón de pasos apresurados avanzaban por el pasillo. Con la rapidez que lo caracterizaba como buscador, se internó en un cubículo del baño, y bajando la tapa del inodoro se subió a él sin muchos rituales demás.

Oyó con atención cómo la puerta era abierta con fuerza provocando que chocase contra la pared, seguido de un tropel de personas que entraban apresurados al lugar. La voz de Hermione resonó entre las paredes del baño de hombres, mientras preguntaba por él.

.- ¿Harry?. ¿Dónde estás?

.- Harry, amigo, sal. ¿Qué sucedió?- ese era Ron.

.- ¡Harry!- se oyó a Ginny llamar.

Evidentemente estaban inspeccionando todos los cubículos, por lo que Harry tuvo que taparse la boca con las manos para evitar soltar una carcajada cuando supuso que era Hermione la que se disculpaba, seguramente sonrojada hasta las orejas y totalmente apenada, cuando una de las puertas se abrió y rebeló a un hombre adulto que salía de haber terminado de hacer sus necesidades.

Sin perder más tiempo, y aún sin contestar, Harry comenzó a quitarse la túnica manchada con sangre, para poder limpiarla por completo con un simple pase de su varita. A continuación bajó con cuidado del retrete y se la colocó nuevamente sobre los hombros. Salió de adentro del cubículo con total naturalidad, mientras hacia un gran esfuerzo por no reírse de las caras atónitas de sus amigos reflejadas contra el espejo. Sus ojos brillaban con diversión, aún sin razón alguna, encontraba toda la situación realmente graciosa.

Tragó saliva, mientras se lavaba las manos, y no pudo evitar atorarse cuando la señora Weasley entró apresurada por la puerta. Tapó su sonrisa con una de sus manos mojadas cuando la cara de preocupación de Molly Weasley se transformó a una de completo alivio al verificar que todos estaban en perfectas condiciones.

Hermione y los demás le devolvieron la mirada a la señora Weasley cuando ella, aún en silencio, les preguntaba ¿qué había pasado allí?. A decir verdad, ninguno de los chicos entendía nada.

La castaña se acercó a Harry, quien se secaba las manos con un aparato muggle que se encendía al contacto con la piel largando aire caliente, y se recargó en la pileta de mármol tallado. Harry le dirigió una mirada inquisidora, intentando, fallando horrorosamente, en ocultar su sonrisa infantil.

- ¿Qué es tan gracioso, Harry?- Hermione lo miraba como si estuviera apunto de querer sacarle los ojos, mientras Ginny se cruzaba de brazos, evidentemente molesta, y Ron fruncía el ceño sin entender nada.

- N-nada, Herm. No sé de qué hablas.- tartamudeó Harry con esfuerzos.

- ¿Bromeas verdad?- soltó Ginny irritada. Harry le dirigió una mirada adusta, que ella no temió.

- No sé de que me hablan, ni ¿por qué? de tanto escándalo.- enfatizó él.

- Hermione dijo que tenías sangre en tu túnica,¿cómo explicas eso?- argumentó Ron, aunque ni él ni su hermana hubiesen visto nada. Harry lo miró fingiendo sorpresa.

- ¡Y es cierto!- se exasperó la castaña.- ¡Tenías sangre aquí!- dijo ella tironeando de la negra túnica de Harry para mostrarle a los demás. Todos miraron extrañados, donde antes la sangre había ocupado lugar, ahora simplemente no había nada. Hermione alzó la vista hacia Harry, quien alzó una ceja, incrédulo. Sabía que con eso ella se enfadaría, pero por alguna extraña razón, no le importó.

- ¿Lo ven? No sé de qué hablan, pero no se ustedes, yo me iré a comer.- dijo Harry pasando junto a la señora Weasley con aire despreocupado. Ella y los demás lo observaron salir en silencio. Antes de desaparecer rumbo a las mesas y reunirse con el resto de la familia, Harry creyó escuchar las réplicas de Hermione, alegando que ella estaba más que segura de lo que había visto.


- ¡Harry!. ¿Dónde te habías metido, muchacho?- lo saludó el señor Weasley al llegar a la mesa.- ¿Y qué pasó allí? Los vi a todos correr hacia el baño,¿sucedió algo malo?- preguntó curioso y con el ceño levemente fruncido, mostrando preocupación.

- No que yo sepa, señor Weasley. ¿Qué hay para comer?- cambió rápidamente de tema Harry.

No quería que el señor Weasley también se preocupara, ni que nadie lo acosara con extrañas preguntas. Enseguida después de haber formulado su pregunta, los gemelos Weasley le hicieron un lugar entre ellos y comenzaron a acercarle fuentes de comida y a servirle en un plato con su característica hospitalidad. Él les sonrió como saludo, y les agradeció mentalmente porque no cederle el lugar. De esa manera estaría alejado de los demás, y era más probable de que no le recordarían el incidente del baño.

Observó de reojo cómo los dos hijos menores de los Weasley, su mejor amiga, y la matriarca de la familia se acercaban a tomar sus respectivos asientos en la mesa y, disimuladamente le dirigían una recelosa mirada.


La velada pasó más rápido de lo que a Harry le hubiera gustado. Regresar a la Madriguera significaba que cualquiera de los miembros del club "los engañados por Potter en el baño", lo atacara de un momento a otro con preguntas o reproches incómodos para él. Por ese motivo, se mantuvo junto a los gemelos todo el tiempo, mientras "inocentemente" les preguntaba acerca de sus más recientes avances con su negocio de Sortilegios Weasley y cualquier producto que le pudieran mostrar.

Los gemelos, Fred y George, le mostraban encantados sus progresos y le contaban entusiasmados de sus nuevos proyectos a emprender para ese año. Descartaron la posibilidad de que Harry no les prestara en verdad la atención, cuando el chico les pidió que les mostrasen sus productos. Ambos pelirrojos lo condujeron a su habitación, en la que pasarían las noches en la Madriguera durante todo el verano mientras los más pequeños estaban de vacaciones por Hogwarts, y lo mantuvieron encerrado allí por horas, hasta que el señor Weasley atravesó el umbral de la puerta, avisándoles que su madre no quería que se desvelaran, por lo que Harry, muy a regañadientes y a pesar de los ruegos de Fred y George a sus padres, se dirigió con total parcimonia a la habitación contigua, la que compartía con Ron.

No le sorprendió para nada encontrarlo a él, rodeado de Hermione y Ginny, sentadas en las camas, y que callaran rápidamente de los datos que intercambiaban con tanto ahínco, cuando él se presentó frente a la puerta. Todos le dirigieron miradas acusadoras, aunque a él le pareció que lo de Ron era algo más por compromiso.

Sonrió de lado por el hecho, pero borró su sonrisa antes de provocar que las chicas hirvieran en ira. Se dirigió a su propia cama, donde estaba sentada Ginny en el borde, y tomando la colcha con ambas manos, tiró de ella con fuerza, provocando que la pelirroja fuera a parar al piso con un estrépito. Harry sabía que su comportamiento estaba siendo demasiado infantil, y que no sería para nada aceptado por los demás, pero una vez más, como antes lo había sentido así, eso no le importó. Sonrió con suficiencia cuando la mirada atónita y horrorizada de Hermione se clavó en él.

La castaña ayudó a Ginny a ponerse de pie, y ambas lo fulminaron una vez más con la mirada, incapaces de creer que él hubiera hecho eso. Ronald aún lo miraba perplejo y paralizado en la puerta, donde había permanecido desde que el moreno hubiese entrado a la habitación.

- Lo siento, pero la señora Weasley dijo que ya era hora de irse a dormir.- se justificó Harry, mientras tomaba su pijama prolijamente doblado de seda azul de una silla que se ubicaba junto a la mesita de luz. No estaba disculpándose por lo que había hecho, mas bien y en resumidas palabras, las estaba echando a ambas del lugar, para poder quedarse sólo a dormir. Tampoco que le importara mucho si Ron quería irse también.

Por lo que observó, Ginny estaba realmente enfurecida, porque Hermione comenzó a arrastrarla hacia la puerta con gran esfuerzo, evitando por poco que la pelirroja no se abalanzara hacia él. Ronald seguía en su misma posición, y sólo atinó a abrirles más la puerta. Murmuró atónito aún un simple y sencillo "¿qué te ha pasado?", mientras salía tras las chicas con paso apresurado.

Harry los miró irse. Parecían verdaderamente extrañados por su comportamiento. Aunque no podía quejarse, una parte de él también se recriminaba a sí mismo que ese día no era él mismo. O al menos no se comportaba como tal.

Sin saber porqué, la sonrisa aún no se había borrado de su cara, y seguramente su mirada seguía teniendo ese aire divertido.

Alzó la vista a la jaula de Hedwig, que descansaba en su percha de siempre, y lo miraba expectante. Él le indicó que bajara, y el ave así lo hizo. Harry acarició a la lechuza con aire ausente, y por inercia, dirigió su mirada a la ventana, donde el resplandor de la enorme luna postrada en el cielo teñía el lugar por completo. Se imaginó a Hedwig volar por ella, y entonces, abandonando las caricias hacia su mascota, fue hacia su baúl.

Sacó de allí un trozo de pergamino, tinta y pluma, y se acercó al escritorio que compartía con su pelirrojo amigo. Pensó algunos instantes lo que iba a poner, y a continuación garabateó unas cuantas palabras. Enrolló el mensaje, y se lo ató con destreza a la pata del animal.

Susurró bajito el nombre del destinatario, y la llevó anclada a su brazo derecho hacia la ventana, y la vio partir rumbo a destino con una sonrisa indescifrable.

Grandes cambios se estaban forjando en su persona, y tenía la sensación de que grandes cosas pasarían a partir de ahora.


Más tarde, y muy a lo lejos de aquella verde mirada, en otro lugar del Mundo Mágico, más específicamente en el Caldero Chorreante, Hedwig entraba agitada por una de las tantas ventanas.

Los presentes en el primer piso, incluso el señor que limpiaba vasos en la barra y los pocos clientes que estaban en las mesas tomando algo, observaron a la lechuza con avivado interés. No solía recibirse el correo a ésas horas de la noche. Aún así, no dejaron de mirarla sorprendidos y curiosos. La vieron subir planeando lentamente escaleras arriba, y esquivando a los magos que caminaban por los pasillos, hasta que decidió detenerse frente a una puerta que rezaba tallado en negro el número "13", generalmente clamado el número de la mala suerte, pero que para su habitante no significaba nada dadas las circunstancias.

Chilló molesta por no poder pasar por la puerta cerrada, y un mago alto y delgado de tez morena que acababa de salir de la habitación de al lado, la observó extrañado. Ella aleteó con fuerza frente a la puerta del "13", y el mago, aún sorprendido por la insistencia del ave, se acercó a la puerta señalada. Tocó dos veces claro y fuerte, y creyéndolo conveniente llamó alegando que tenían correo allí, y luego dirigiéndole una última mirada de despedida a la lechuza, se alejó por el pasillo hacia el primer piso.

- ¡Correo!- pronunció el hombre fuerte y claro, antes de desaparecer escaleras abajo.

Al momento siguiente, la puerta se abrió despacio, y Hedwig no esperó invitación alguna para entrar.

El habitante la miró extrañado pasar al interior por sobre su cabeza, pero aún así no replicó nada. Asomó la cabeza hacia el pasillo y observó a ambos lado, vigilando que no pasara nada extraño.

Se adentró nuevamente al interior de sus aposentos, y cerrando la puerta como es debido, giró sobre sus talones a observar al ave que descansaba sobre su cama. La observó unos instantes hasta creer reconocerla bien, en fin. Se le acercó despacio intentando no espantarla, aunque al parecer ese no era el propósito del animal, porque la mirada que le lanzaba era de total ansiedad e impaciencia.

La figura se acercó más y quitó de su para el recado. Se dejó caer con parcimonia y nada de elegancia sobre la cama, y comenzó a leer el mensaje. Una vez hecho, sonrió de lado, divertido y sorprendido a partes iguales al reconocer la letra, y tomando una pluma y un tintero que el conserje del lugar le había proporcionado con anterioridad, trazó enseguida una sencilla respuesta.

Miró al ave, con aire juguetón, y acariciándole la cabeza sólo unos segundos para evitar que el animal se irrite por completo, le ató a la pata el trozo de pergamino. Y con un pase de varita le abrió la puerta para que se vaya.

La vio alejarse por el pasillo, dejándolo pensativo. Definitivamente ese año sería todo distinto. O eso era lo que presentía.


"Malfoy:

Búscame mañana a primera hora. Tenemos que hablar. Ya sabes dónde encontrarme. "


"Siempre tan elocuente, Potter. Allí estaré."


Fin del cap

Espero que les haya gustado, a mí me encantó escribirlo y dejen reviews por favor.

Nos vemos en el próximo cap.