— ¿Todavía aquí y tan tarde? —se sorprendió Hank cuando entró al laboratorio, parecía un poco incómodo, como si hubiera esperado encontrarse solo en el lugar. Hice como si no notara aquello y le ofrecí una sonrisa cansada, quitándome las gafas especiales que estaba utilizando en mi tarea.
— Estoy trabajando en un proceso de desintegración a partir de las células de Raven; me demoré un poco más de la cuenta y hablé con Charles, como está lloviendo ya es imposible que salga de la propiedad sin morir, así que me dijo que podía quedarme en una de sus mil habitaciones por hoy —expliqué con gracia y fingí bostezar—. He estado trabajando desde el almuerzo ¿Sabes?, mi trabajo es estar aquí mientras ustedes entrenan… —hice una pausa y él continuó mirándome en silencio—. Bien, creo que es suficiente, el proceso terminará mañana así que pasaré por aquí a primera hora para ver cómo avanzó —le avisé.
Hank parecía sinceramente aliviado ¿En qué estaría trabajando?
— Buenas noches, Mischa, espero que no te pierdas.
— Honestamente espero lo mismo —le sonreí—. Buenas noches, Hank.
Caminé por los interminables pasillos de la mansión y en unos cinco minutos me encontré con la biblioteca, un lugar lleno de libros, un par de sofás, un televisor, un tablero de ajedrez al centro y una chimenea. Maravillada, me adentré sin poder contener la curiosidad y comencé a pasear mi vista por los títulos de los libros, descubriendo que no solo había sobre ciencia, sino que también había literatura, historia —mucha—, matemáticas, leyes, biología, química, todo lo que pudiera desear.
Saqué un libro de historia antigua y me volteé, dejándolo resbalar hacia el suelo cuando vi a Erik en el umbral de la puerta, de brazos cruzados, mirándome.
— ¿No es un poco tarde para leer? —preguntó.
— No tengo sueño —respondí, inclinándome a recoger el libro—. Además, creo que he sido desalojada del laboratorio.
— ¿Acaso Hank te ha sacado? —continuó él, avanzando hacia el interior de la habitación.
— No, él solo parecía un poco incómodo con mi presencia; se me ha ocurrido que está trabajando en algo a solas, no quiero importunar —avancé hacia un sofá y me senté, era bastante cómodo, podría quedarme a dormir aquí mismo en vez de perder el tiempo buscando una habitación—. ¿Qué haces tú aquí? —me atreví a preguntar.
— Este es el único momento en el que este lugar se encuentra en un silencio suficiente como para poder leer algo —contestó.
— Oh —lo pensé un poco, me estaba sucediendo lo mismo que con Hank, solo que Erik era mucho más obvio. Tenía que salir del lugar.
Me puse de pie, pero él me detuvo.
— ¿Dónde vas?
— No quiero molestar —dije en voz baja, respetuosamente.
Él se sentó, sin ningún libro, y esperó.
— Estabas aquí primero, debería preguntar si yo molesto al estar aquí —me contradijo.
Suspiré con los labios bien cerrados y volví a sentarme.
— No —musité, perdiendo las ganas de leer—. Pero me gusta leer cuando estoy sola.
— ¿Entonces?
— Hablemos —propuse, arriesgándome a que la idea no le pareciera y eligiera irse por su propia cuenta sin que yo lo echara de aquí, sin embargo, se quedó en su lugar y cruzó las piernas, adueñándose del sofá en donde estaba cómodamente.
— Tú dirás —juntó sus manos sobre su regazo, tranquilo.
Dios, me irritaba. Me irritaban sus gestos y hasta su lenguaje corporal, el cual irradiaba confianza y arrogancia a la vez, se creía superior a mí y eso es algo que hasta un idiota podría haber notado. Que ahora me aceptara porque prácticamente ambos somos de la misma calaña no cambió para nada el hecho de que él creyera que mi raza está en proceso de extinción y la suya, en cambio, en un proceso ascendente que asegura el triunfo por sobre la de nosotros.
¿No es irónico? Es como Hitler y su tropa, pensaba, en parte. ¿Cómo llegó a eso?
Por un lado siento que entiendo todo el coraje y resentimiento que hay en su interior debido a la situación en la que ambos estuvimos, porque literalmente tuvimos que sobrevivir a ello o morir en el intento, fuimos lo peor del mundo y entiendo que él no quiera que eso mismo le pase a los de su especie, pero ¿Por qué quiere que eso le pase a la mía?
He estado ahí donde él ha estado, he sido él.
— ¿Por qué odias a los humanos? —pregunté de forma directa. Erik, lejos de estar sorprendido parecía haberse esperado la pregunta.
— Llevan siglos provocando su propia destrucción porque unos se creen mejores que los otros sin saber que todos son lo mismo, ¿Qué crees que pensarán de nosotros? ¿Qué crees que harán con nosotros cuando nos descubran? ¿Aceptarnos? Si nosotros nos mostramos como somos, es decir, tomamos el derecho que tenemos a ser libres tanto como ellos, comprenderán desde el primer minuto que se encuentran ante una amenaza y, al encontrarse ante seres superiores, temerán desaparecer con el tiempo. En su intento por negar aquello, desearán nuestra destrucción.
— Erik, sé que la raza humana pese a todos sus intentos y sistemas es inferior e incluso me atrevo a decir que la mayor parte de los gobiernos intenta engañar a su propio pueblo, provocando la destrucción de la que hablas. Ellos son malos, traicioneros, y sé que recuerdas el holocausto como algo que esta raza, mi raza causó, pero tienes que recordar que ellos también me quitaron todo, como a ti.
— Pero tú no puedes hacer nada en su contra —me indicó—. Yo sí.
— No —negué, intentando pensar qué decir para hacerle entender que ese no era el camino—. Al hacer algo en su contra lo que harás es generar el rechazo que tú crees que les tienen. Estás destruyendo toda posibilidad de entendimiento entre ambas especies.
— El rechazo ya está, lo he visto, somos monstruos que ellos temen, ese temor eventualmente se convertirá en odio, envidia, deseos de exterminio, es por eso que nos estamos preparando. Esta no es una ofensiva, nosotros nos vamos a defender de su rechazo e ignorancia…
— Ellos —lo miré mientras apuntaba hacia la puerta como si señalara con eso a todos los que se encontraban en este momento bajo el mismo techo de la mansión—. Se están preparando para derrotar a Shaw, y tú… tú estás pensando como Shaw —añadí, estupefacta, cerrando los ojos por un momento.
Al momento de abrirlos, en segundos, él estaba frente a mí, inclinado hacia el sofá, acaparando con su mano casi más de la mitad de mi cuello, presionando los costados sin fuerza, pero demostrando que podría hacerlo si quisiera, asfixiándome. Podría matarme en este mismo momento si así lo deseara. Acercó su cara hacia la mía y me obligó a mirarlo de frente.
— Shaw asesinó a mi madre frente a mí —habló con los dientes apretados. Dejé de respirar voluntariamente por un milisegundo ante aquello, algo que hubiera preferido no escuchar y él no contar. Guardé un respetuoso silencio ante aquel secreto que juré para mis adentros enterrar y nunca revelar así como los míos—. No vuelvas a decir que pienso como él o que soy como él porque tú no sabes nada.
Me mantuve firme, era usual que Erik Lehnsherr siempre tuviera que poner mi corazón a latir con violencia del miedo que me inspiraba, así que supuse que me estaba acostumbrando a la sensación, a ese escalofrío que me daba el hielo en sus ojos.
— Uno de los tuyos te arrebató a tu madre —susurré, temblando, sintiendo que me estaba pasando de la raya, pero era lo que sentía—. ¿Y tú sigues pensando que nosotros somos el enemigo?
Presionó un poco más con sus dedos y dejé escapar un gemido de dolor.
— Shaw estará muerto muy pronto, y sí.
— ¿Me vas a matar, entonces?
Él se detuvo y soltó sus dedos, volviendo a ejercer una presión normal a los costados de mi cuello. Mi respiración agitada me delataba, aún sentía miedo, pero no tanto, lo estaba considerando, un ser tan poderoso como él estaba considerando lo que le pregunté.
— ¿Qué piensas de nosotros?
— Ustedes no son como nosotros, pero no por ese motivo no tienen el derecho de vivir en libertad. No les temo, no los rechazo… —expliqué sin dudar—. Mira lo que me hicieron, Erik, ellos no solo te lo hicieron a ti, mira tú brazo, hay miles antes que tú, millones, el número te lo dice.
No puedes justificar por siempre tus ansias de poder y destrucción con la vulnerabilidad que te ha generado ese pasado, pensé tristemente, pero no se lo dije, no quería morir esta noche, ni la siguiente, quería quitarme su mirada de la mente, quería irme a dormir y no pensar más en él.
— Desafortunadamente, sería demasiado ingenuo si pensara que todo ser humano es como tú. No puedo tomar ese riesgo —me soltó y no volvió a su puesto, sino que caminó hacia la salida. Me toqué instantáneamente el cuello, dejándome caer en el sofá, y observé cómo abandonó la biblioteca sin decir nada más con un nudo en la garganta.
