Disclaimer: Los personajes mencionados pertenecen a Rumiko Takahashi, excepto Takeshi que le pertenece a Sherrilyn Kenyon.

.-.

PODER LIBERADO

.-.

シール魂

(Sello Del Alma)

- ¿Iremos a algún lugar?

- Si.

- ¿A dónde?

- Muy lejos.

- ¿Qué tan lejos?

- Bastante.

Ella gruño, había estado preguntándole a Takeshi muchas cosas pero el hombre se negaba a hablar más de la cuenta, ella estaba acompañándolos para que la entrenara, se estaba arriesgando a que ambos sean personajes malignos y le hicieran daño. Por lo menos, debía responder con claridad lo más básico.

Volteo el rostro para encontrarse que el muy confianzudo de Soujiro se había quedado dormido apoyado en su espalda, ¿Cómo rayos un hombre tan delgado podía pesar tanto?

Con un dolor punzante en su espalda, trato de nuevo, buscarle conversación a Takeshi, el cual parecía bastante concentrado en el camino, como esperando que apareciera cualquier demonio y los atacase sorpresivamente.

Ella no sentía absolutamente nada cerca.

- Joven Takeshi.

- ¿Si?

- No quisiera incomodarlo pero… me gustaría caminar.

- ¿No estas cómoda en el caballo que nos proporciono la señora Kaede?

- No es eso, es que… - ella suspiro y se acerco al cuello del caballo un poco más, inevitablemente el peso de Soujiro la siguió y casi siente que sus costillas se destrozarían.

- Oh… - dijo al ver tal suceso – te ayudare a bajar.

Detuvo al caballo y tomando de la cintura a Kagome, la bajo al suelo. Soujiro cayó como peso muerto sobre el caballo que no estaba tan quejicoso por su carga.

- Lamento eso – Takeshi soltó a Kagome y tomando las riendas del caballo siguió caminando junto a la muchacha - Soujiro no ha dormido alrededor de dos días, lo he tenido entrenando su resistencia, tu sabes. Los demonios tienen la manía de atacar en la noche justo cuando las personas bajan las defensas por estar dormidos. Siempre hay que estar alerta.

Ella asintió, sentía como si esta fuera su primera lección.

-Desde ahora te voy avisando que esto sucederá todas las noches, es un método bastante práctica, tienes que aprender a dormir lo más ligeramente posible. Todas las noches, o Soujiro o yo te atacaremos, no seremos responsables si sales herida, ya es tu responsabilidad. Procura siempre tener un arma, cualquier cosa cerca. Es una regla de supervivencia.

Ella gimió, amaba dormir, ¿Qué tortura era esta?

- Con Soujiro ya subí el nivel, por eso esta tan cansado, yo ya estoy acostumbrado a que el mínimo ruido de la naturaleza me levante. Aprovecho eso para atacar sin medida a Soujiro, por suerte el siempre despierta y esquiva mis ataques. Esta prevenido, una vez le corte el cuello…

Ella abrió los ojos con horror - ¿Qué?

- Si, estuvo tentado a gritarme a pesar de su voto de silencio, pero yo se lo había advertido. No dijo nada – Takeshi sonrió ante el recuerdo, Soujiro había estado rojo como un tomate debido a la cólera.

- ¿Y eso será todos los días?

- Todos los días, prepárate. Esto no será nada fácil.

Y ella que pensaba que los sacerdotes y las sacerdotisas solo entrenaban sus poderes, no sus físicos e instintos de alerta, pero ahora que lo pensaba, era cierto, Miroku siempre abría los ojos junto con Inuyasha ante cualquier ruido, casi no dormía.

Ella suspiro… lo que se le venía encima.

.

Llego la noche y Kagome no podía estar más nerviosa. De los nervios había cerrado los ojos pero no podía dormir, soñaba con su familia y amigos y no podía quedar dormida debido al terror de que en cualquier momento alguien la atacara.

Sintió una rama moverse y sudo frio. ¿Quién era? ¿Soujiro y Takeshi? No paso ni medio segundo para que abriera los ojos en su totalidad, no hubo pasos pero muy cerca de su cuello tuvo una respiración, un aliento caliente que estremeció su cuerpo por completo debido al pánico.

¿Quién era? ¿Quién rayos era?

- Kag…

Ella se aferro a su almohada.

- ¡DESPIERTATE PEDAZO DE BRUJA!

- ¡AAAHHHHHH! – grito con todas sus fuerzas y tomo su arco en sus manos, de un zarpazo mando a su agresor a un árbol.

Ella se fijo de que su arco estaba partido a la mitad por la fuerza utilizada, miro con horror a Takeshi de cabeza en las raíces de un árbol, había roto la madera del arco en la cabeza del sacerdote. Quiso morir por la vergüenza… trato de defenderse.

- Fu… Fue tu culpa ¡No tenias que gritarme así!

El muchacho fue ayudado por Soujiro que al parecer también estaba despierto y con la cara negra como el carbón ¿Qué rayos?

Takeshi levanto el pulgar en señal de victoria para ella.

- Muy bien – Takeshi se acaricio la cabeza – Si no te levantabas con esa, Soujiro te tendería una emboscada, por eso ves que su cara esta negra, la pintamos con un poco de tinta.

Ella hizo un face palm sin poder evitarlo, los dos estaban locos de remate, acababa de destrozar su arco en su cara ¿y la felicitaba? Sin razón alguna empezó a reír, de alguna manera, era divertido. Este hecho contagio a Takeshi que sonrió francamente y a Soujiro que levanto levemente una comisura de sus labios. Kagome rio alrededor de algunos minutos, cuando finalmente se canso porque le dolía el estomago…

Gruño.

- Que no vuelva a suceder o hundiré una de mis flechas en alguno.

Se echo a dormir mientras Soujiro se ponía pálido y Takeshi, muy sonriente, volvía a un árbol para seguir durmiendo. Él pensó que la chica estaba tan nerviosa por la conversación en la tarde que no había dormido nada, pondría sus manos al fuego por este hecho. Lo que no pensó es que destrozaría su arco en su cara.

Sobo su mejilla con una mueca de dolor, maldita sea, vaya que le había dolido una barbaridad. De todas maneras, era bueno que estuviera atenta. Indicaba que era obediente… de alguna manera.

La siguiente noche…

- ¡TE MATARE BRUJA!

- Hm…

- ¡AAAAAHHHHHH! MALDITA SEA ¿OTRA VEZ? – esta vez no se arriesgo a atacarlo con su nuevo arco, no quería tener que perder dos por su culpa… esta vez cogió una rama súper gruesa para pegarle en la cabeza. Justo cuando estaba a un maldito paso de quedarse dormida… viene Takeshi y la despierta, de pronto estaba empezando a caerle mal el muchacho sonriente. Maldita sea, Takeshi no podía dejar de sonreír, nunca.

Hasta cuando lo golpeaban. Era divertido y contagioso lo admitía, pero era suficiente.

Soujiro salió bien librado pues antes de que el tronco le cayera en la cabeza, salto lo bastante alto para evitarlo. Pero Kagome sabía que él también se las debía.

- No saldrás bien, Soujiro.

- Hm – emitió el chico antes de recibir con la cara, la rama que balanceaba Kagome con maestría. Cayó en un árbol sin mayores preámbulos, ella suspiro. Si pasaba esto de nuevo, no tomaría un tronco, tomaría sus flechas puntiagudas antes y atacaría con todas sus fuerzas.

Los tres regresaron a dormir.

Pero ella ya no estaba confiada y los ojos no se le cerraban.

- Kagome.

- ¡Pero tú no entien…! – Takeshi tapo su boca con un solo movimiento e inmovilizo sus manos, ella frunció el ceño, ¿ahora qué? ¿Quería que se defendiera, tal vez? Él le susurro algo muy bajo.

- Takeshi está confiado, cree que me he olvidado de él, ahora mismo está dormido pero alerta. Pero seguro espera que lo despierte mañana para asustarte así que ¿me ayudarías a atacarlo?

- Yo…

- ¡Gracias!

Takeshi regreso a dormir con cuidado, evitando pisar alguna rama o patear alguna roca y despertar en el acto a Soujiro, que ya se conocía de memoria cada una de sus manías y movimientos.

Kagome suspiro, ni siquiera la dejo hablar, aun no muy convencida en confiar en él regreso a su estado de sueño ligero, al cual tenía que acostumbrarse rápidamente.

Llegada la mañana siguiente, Takeshi los llevo al rio.

- Practicaremos algunos movimientos físicos de lucha ¿de acuerdo? Tienes que dominarlo Kagome, sígueme.

Los tres entraron al rio que les llegaba hasta las rodillas y emitía una fuerza que trataba de arrastrarlos, con esfuerzo Kagome podía pararse bien.

- Muy bien, empecemos. ¡Kikku!

Takeshi y Soujiro dieron una patada al aire, Kagome no lo hizo. Ambos la miraron como si fuera un bicho raro.

- ¡No me miren así! Saco un pie de la tierra y la corriente me llevara.

Takeshi lo pensó un momento. Al parecer Kagome no tenia equilibrio, debía tener un entrenamiento diferente entonces. Quizá debía hacer que se parara en una roca y dejarla así una hora. Tal vez hacer que escalara una montaña y bajara tres o cuatro veces… o quizás…

- Bien, no te muevas. Quédate en el rio, acostúmbrate a la corriente.

Era una chica y debía estar consciente de eso. No podía darle ejercicios difíciles como a Soujiro, con ella debía ser un poco más suave y paciente. Sin contar que no había tenido el debido entrenamiento, Kagome asintió y apoyo los dos pies, de verdad, la corriente era poderosa y caudalosa, casi la llevaba a rastras con ella.

Soportando la corriente observo como Takeshi y Soujiro seguían entrenando en el agua, solo que un poco más rápido.

- ¡Kikku! ¡Dageki! ¡Kikku! ¡Dageki!

Embelesada se dio cuenta de que las patadas y los puñetazos al aire eran rítmicos y atrayentes. Eran una serie de movimientos sincronizados. Hasta que Takeshi metió el salto y todo fue aun más bello. El baile consistía, en una patada al aire, un puñete, una patada, un golpe con la mano cerrada al aire de nuevo. Patada y doble patada en el aire.

Se pregunto cuándo podría hacer esos movimientos que parecían tan complicados, sin contar que ella no podía saltar exactamente muy alto como sus amigos. Incluso Sango podía lograr eso. Aunque bueno… ella había sido entrenada para eso desde niña.

- ¡Kikku! ¡Kikku! ¡Dageki!

Se concentro, no quería quedar atrás. Tratando de poner un poco más de esfuerzo, levanto un pie con miedo.

- ¡Kikku! ¡Dageki!

Podía hacerlo, podía quedarse de pie tranquilamente en la corriente, con un pie, intento soltar un poco de su energía descontrolada. Sabía que sus poderes no los tenía dominados pero podía reunir mucha energía en ciertos lugares de su cuerpo. Por ejemplo al soltar una flecha, concentraba la energía en sus manos, eso sí que podía dominar.

Mando su esencia de poder hacia los pies. Donde buscaba apoyarse y obtener energía a cargo de eso. Claramente, lo consiguió, contenta, empezó a imitar los movimientos de Takeshi, que se mantenía delante y de espaldas. Moviéndose y saltando sin parar.

- ¡Kikku! ¡Dageki! ¡Kikku! ¡Dageki!

Patada, puñete, patada, puñete, podía hacerlo y así lo hizo. Siguió los movimientos de Takeshi casi con maestría, con un poco de dificultad debido a su poca experiencia pero pudo lograrlo y al cabo de media hora ya podía seguirles el paso, excepto en los saltos, no confiaba en eso.

- Muy bien Kagome, has mejorado increíblemente. Me doy cuenta que tienes un problema en los saltos, Soujiro te ayudara con eso, si soy yo, te meteré demasiada presión y no quisiera asustarte.

Soujiro y Kagome asintieron. Soujiro guio a Kagome hacia el bosque y apunto un árbol cualquiera. Ella lo miro confundida, se pregunto si las cosas serian un poco más difíciles debido a que él no hablaba.

Soujiro dio un salto y llego al árbol naturalmente, y ella no sabía si eso la ayudaría, el señalo sus pies. Ella seguía confundida. Soujiro señalo sus pies y cerró los ojos en señal de concentración como diciéndole "concéntrate en tus pies, confía en que saltaras hasta la rama"

Ella no confiaba en si misma pero lo intento, la energía que vibraba en su interior pulso, y como hizo anteriormente la energía se concentro en la palma de sus pies. Nada nuevo. La idea era que saltara a la rama.

Lo intento… y fallo cayéndose de cara.

Okay, tal vez fue demasiada confianza en que llegara a la rama y desprotegía la zona facial. Se regaño a sí misma, aunque lo que más le dolió y molesto fue que Soujiro tenía una sonrisa burlona. Casi retándola con la mirada.

"Pero que nenaza resultaste ser, no puedes ni saltar a un árbol, que desperdicio de sacerdotisa" Si, la cara de Soujiro decía todo eso, por increíble que parezca. A ella no le gusto para nada y volvió a intentarlo sin éxito alguno, Takeshi que estaba cerca mirando el esfuerzo de Kagome, se concentro en los movimientos de la muchacha más a fondo.

Tenía físico, probablemente ella corría mucho o hacia variados ejercicios abdominales. Tenía poder y almas en su interior, eso se podía aprovechar. Con entrenamiento justo dominaría sus poderes y seria una sacerdotisa digna de respetar. Él lo recordaba, uno de sus discípulos, al que instruyo en el arte de la guerra y la pelea.

Su discípulo se llamaba Acheron, un griego que buscaba quien le enseñara dominar sus poderes, por recomendación de alguien muy importante para los dos, Takeshi lo encontró. Acheron era increíblemente poderoso con el cuerpo atiborrado de poderes y almas sin final ni espacio. Al igual que Kagome, contenía un sello que al cabo del tiempo desapareció y fue lo mejor. Aun se mantenían en contacto, Acheron probablemente sea el discípulo del que más se siente orgulloso pero esta chica. Esta oriental llamada Kagome tenía esa aura, tal poder a pesar de ser humana que estaba seguro de que con paciencia…

Ella llegaría a derrotar a su enemigo. Tal vez, ella sola.

- ¡Lo logre!

Takeshi sonrió, Kagome estaba saltando de árbol en árbol con maestría. Era muy buena aprendiendo, definitivamente ella… oh… Kagome se cayó…

- ¡Arrghh! Soujiro, no te rías.

Takeshi se rio. Si, ella tenía futuro.